S.B.H.A.C.

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores - nº 2

Escritores Imposibles

Sáinz-Rozas

Blacksmith

Honorio

El Wili

Antonio Palma

Mario Meléndez

Escritores imposibles

La Luna Árabe

de Mike Blacksmith

 

-9-

Una lección de política

—¿Por dónde te metes, que no se te ve? —le preguntó el Rubio, una tarde que coincidieron en la sala de la tele.

—Una tía —fue su sincera respuesta.

—¿La chandé?

—Sí.

—Ándate con ojo. Esa es una Pasionaria.

—¡Tú qué sabes!

—Pregúntale a Charo.

—Pero si son troncas...

—¡Viven en la misma queli! No es lo mismo.

—¡Pero qué dices!, si son las tres del mismo rollo político. ¿Por cierto?, ¿ya no sales con Maite?

—Ya no. Fue de buten, pero mi americana me tira más.

—Haces bien.

—¿Has leído la prensa? —dijo el Rubio cambiando de tercio.

—No, ¿qué pasa?

—Han ingresado a la momia en la Paz.

—¿Y la espicha de una puta vez?

—No sé, tronco, pero no veas la que hay liada, de periodistas y de personal histérico.

—Ese cabrón la va a diñar[1] en la piltra[2], ¿no, tronco?

—Para mí que está ya muló, y están montando el paripé.

—Es chachi, habrá que estar alinquindoi.

El Granada vino a decirle al Jambo que alguien preguntaba por él. Salió por el pasillo, un poco con pena por dejar la conversación. En el patio le esperaba el Pater.

—¿Sabes quién soy? —le preguntó éste.

—Sí, pero pasa.

Le llevó a su habitación.

—¿Pasa algo? —preguntó el Jambo cuando se hubieron sentado.

—No, nada, sólo quería hablar contigo.

—¿Conmigo?

—Ya sé que no nos conocemos. Y perdona el atrevimiento.

El Pater era un tiarrón. Iba ya por los cuarenta. Tenía buen careto. Una jeró expresiva y bondadosa. De ahí le venía el mote. Llevaba toda la vida en la guerra.

—Es que estoy preocupado...

—Ya.

—Me parece que vais por mal camino.

—Pero, yo soy el último ahí —se escurría el Jambo.

—No lo creas. Tú eres la pieza clave.

El Jambo se encontraba incomodo pese a que el Pater le inspiraba confianza. En el fondo de su corazón sabía a lo que había venido: que no hicieran locuras.

—Yo soy la última mierda. Además, vosotros sois una organización, y sabréis lo que hacéis.

—Aunque te parezca mentira, no.

—Que no, ¿qué?

—Que aquí nadie sabe lo que hace, ni tú, ni nosotros.

—Pues Ana sí lo sabe.

—La camarada María José —le corrigió el Pater.

—Pues eso.

—Mira Charly, por culpa de esta historia, estamos al borde de la escisión.

—Pero, hombre, ¿a mí qué me cuentas?

—Eres mi última esperanza.

Parecía deprimido. Cansado de esperar a que amaneciera.

El Rubio llamó a la puerta. Que estaban dando la noticia por la tele. Franco estaba en la Paz, sangrando por dentro. No estaba mal que sangrara él. A ver si la perdía toda.

Resulta que el Rubio y el Pater se conocían, de la guerra, claro. Y además hacían buenas migas. Al parecer, el Pater era un figura.

Cuando volvieron de ver el parte, el Jambo lo que quería era darle bola al Pater, pero a petición del Rubio y tras la llegada de Perico, se fueron a cenar a ca Manolo, verdurita rehogada, y sardinas o filete de cerdo, una caña de vino, y una pera o yogur.

En la cena tuvieron una animada discusión política. Sólo el Rubio estaba a la altura del Pater.

Claro —decía éste—, muchos quieren apuntarse ahora —lo decía por el notable crecimiento del PCE y de algunas otras organizaciones clandestinas—. Todo el mundo ha comprado champán, y todo el mundo cree que muerto el perro se acabó la rabia.

—¿Y no es así? —preguntó Perico, optimista impenitente.

El Pater negó con la cabeza.

—Todo está atado y bien atado[3].

—No jodas —le abuchearon.

—No me refiero al franquismo.

—A qué leches te refieres, entonces.

—A la Democracia.

—La República y todo eso —confirmó el Jambo.

—No, no creo... —dijo el Pater

—¿Una monarquía? —le interrumpió el Rubio—. ¡Imposible! Eso no lo quieren ni ellos.

—Lo querrán.

—Explícate —le pidió el Rubio.

—Es muy sencillo. ¿Qué quiere la burguesía?, ¿una ruptura? No. Quieren una transformación paulatina a la democracia europea. Y si en el camino los trabajadores quedan peor que sus homónimos europeos, pues mejor que mejor.

—¡Venga, hombre! —se mosqueó Perico.

—Me explico —continuó el Pater—. Había un Partido Socialista cuyos dirigentes estaban en la inopia. Pero hubo un congreso, todos lo sabéis. ¿Y quién manda ahora?

—Los del interior—le respondieron.

—Bueno, sí. Pero quiero decir, ¿cuáles son las expectativas del Partido Socialista? No tiene apenas militantes, ni siquiera la UGT, salvo en Bilbao y Asturias. Es decir, ¿cuál es el capital político del socialismo?

—No tiene más capital que las urnas —aseveró el Rubio.

—¡Exacto! Cuando no se tiene militancia no queda más remedio que confiar en las urnas. Los socialistas no pueden plantearse huelgas generales, ni acciones de ningún tipo. Tienen que pactar por narices.

—Bueno, como todo el mundo al final —confirmó el Rubio.

—No, como todo el mundo, no. Porque el Partido Comunista tiene fuerza. No se si será suficiente, porque todavía no hay manera de cuantificar las acciones, pero en cualquier caso, son los únicos que tienen capacidad de movilización, la que sea, pero la tienen. Cierto que no se sabe muy bien cuáles son sus verdaderas intenciones...

—Pero la Junta Democrática —terció el Rubio—, tiene una propuesta bien clara.

—Yo no lo dudo. ¿Pero respóndeme a una pregunta? ¿Por qué los socialistas no se han unido a la Junta?

—Bueno, ellos dicen que no quieren ser títeres de Carrillo. Además, las relaciones nunca han sido buenas, ya desde la guerra —explicó el Rubio.

—¿Y te parece una razón de peso político?

—Toda la izquierda está dividida —dijo Perico—.  De siempre.

El Pater continuó sin prestar atención a la mención de Perico:

—Pero surgió una organización que tiene implantación nacional y capacidad de convocatoria. Responded entonces, ¿por qué los socialistas han fundado esa plataforma, a sabiendas de que no tienen ningún poder de movilización?

—Porque en el fondo es una estrategia correcta —dijo el Rubio, que parecía seguir el razonamiento del Pater.

—¡Claro! Agrupar fuerzas para las luchas que se avecinan. Pero no me refiero a eso. En la Plataforma están también los nacionalistas. Los socialistas y los nacionalistas no puede convocar Acciones Democráticas Nacionales, pero representan a mucha gente. Tenemos la manía de creer que como parece que sólo se mueve el PCE y su izquierda, no hay que contar con nadie más. Esto nos traerá muchos disgustos, ya lo veréis. Por otro lado, el Partido Socialista —siguió el Pater—, es la fuerza política más presentable frente a la burguesía. No en vano gobiernan en media Europa. Si el Partido Socialista avalara a la Junta Democrática, la ruptura tendría probabilidades. El continuismo con Juan Carlos sería imposible o al menos muy difícil.

—¿Y por qué no lo hacen?

—La explicación es muy compleja. El pasado... No sé, no sé cómo piensan realmente los socialistas, he leído muy poco de ellos. Pero estoy seguro de que nunca pactarán con Carrillo, con el PCE... Creo que en el fondo, PCE incluido, todos  aspiran a ir solos en cuanto tengan fuerzas.

—¡Vaya jarro de agua fría que nos has echado! —se quejó Perico.

—¿Entonces, según tú, qué podemos hacer nosotros? —preguntó el Jambo.

Pero el Pater seguía con su razonamiento, sin hacer en realidad caso a las preguntas de sus oyentes:

—¿Qué podemos hacer? De acuerdo que la Junta es la única capaz de movilizar a los trabajadores. Pero cuidado con sobreestimarse. Pueden surgir desagradables sorpresas. No creo que Carrillo ni nadie sepa realmente la fuerza que tiene la Junta.

—¿Y qué, nos integramos con los carrillistas?

—¡Sí, eso es lo que hay que hacer! Integrarse en la Junta Democrática, pero no para hacer la puñeta, hay que entrar con unos planteamientos mínimos y unitarios, y qué queréis que os diga, los de la Junta me parecen suficientes de momento. El problema surge con la confianza. La confianza en el PCE. Yo, personalmente, desconfío de Carrillo y su intacto aparato de la Unión Soviética, aunque ahora se lo ventile en Rumanía, y desconfío mucho. Pero no veo otra salida que la unidad. He leído artículos de gente muy preparada, Semprún, Claudín y otros. Se cómo se las gasta Carrillo y su tropa. Pero es la única alternativa que tiene hoy la izquierda. La izquierda del PSOE, quiero decir.

—¿Y ETA, qué? —preguntó el Jambo.

—Espero que desaparezca en cuanto les den el Estatuto —respondió el Pater

—Por ahí no tragan los militares —afirmó Perico.

—Podría ser que Euskadi amargara el invento a todo el mundo  —dijo el Rubio.

—Sí. Euskadi será sin duda el punto de inflexión. Una incógnita más dentro de la gran incógnita que será la muerte de Franco. Aunque, yo personalmente no guardo ningún temor. ¿Por qué los vascos iban a ser distintos? ETA está tan cansada como todos. Todo el mundo está harto. Y además, de algo sí que estoy convencido. Sin Franco, no habrá franquismo. Venga lo que venga, será mucho mejor.

—Sí —afirmó el Rubio—. Necesitamos que toda la oposición sea una piña. No sé si lo verán mis ojos...

—¡No seáis pesimistas! —casi gritó Perico.

—¿Y quién no? —confirmó el Pater—. Para cualquiera que tenga un mínimo de visión de la situación, mientras la izquierda esté dividida, dudo que tengamos verdaderas oportunidades de cambiar algo. Otra cosa son los delirios revolucionarios de algunos.

La mirada, casi triste que el Pater dirigió al Jambo, no hizo mella en el ánimo del vallecano. Para él, toda esta especulación teórica, no era más que eso, especulaciones. El futuro es por definición impredecible. ¿Qué sabemos de lo que ocurrirá muerto el dictador? ¿Que no hay condiciones para un proceso revolucionario?, ¿que la correlación de fuerzas no es desfavorable? ¡Las condiciones se crean! Eso lo sabe cualquier leninista. Y la correlación se cambia agudizando las contradicciones del franquismo.  El problema es la unidad de la vanguardia. Una cuestión de mero bolchevismo. ¡Pero si es de manual!

Cuando se comieron la pera, Perico y el Rubio se volvieron para el Comunín, el Jambo, a petición del Pater, le acompañó hasta la parada de la garrula.

—No pude terminar lo que quería decirte —decía éste último.

—Sé lo que quieres, y no me gusta nada —le respondió el Jambo, sin ninguna gana de discutir.

Sabía que el Pater tenía razón al menos en una cosa. Era el momento menos indicado para hacer chorradas. Sí, claro, había que agruparse alrededor de los carrillistas. Qué duda cabe. Pero no le hacía ninguna gracia tal tesitura. Los conocía bien, si raspabas un poco en el barniz de la Junta Democrática, te salían al paso los duros militantes comunistas de toda la vida. Disciplinados, autoritarios, y con muy poquita tolerancia a las opiniones ajenas. Esta era una de las razones de la existencia de tantas organizaciones, presuntamente comunistas, a la izquierda del PCE, desde el Partido del Trabajo de España, hasta terminar en los más duros, el Partido Comunista (reconstituido), actual padre del GRAPO, pasando por todos los grupos prochinos, incluido eso llamado FRAP, hijo del Partido Comunista de España (m-l). La lista de siglas llenaría una cuartilla. Y he aquí, que una pequeña organización de intelectuales, cogida en el vórtice de su inoperancia, se plantea, como única forma de salir de las tinieblas, la financiación directa, rápida, y si todo sale bien, limpia. ¡Qué tenía de malo, violentar un poco la sacrosanta propiedad privada! Quitarles unos kilos a los verdaderos dueños del tinglado, los que financiaban con gusto los balbuceos democráticos del país. Desde luego, ellos no nos van a dar ni una sola oportunidad. Tomémosla nosotros. Así se lo expresó al Pater.

—Toda eso está, muy bien, de verdad, tienes un buen pico. —le respondió—, pero es puro infantilismo. Delirios de la esquizofrenia que vive la extrema izquierda. Pero la realidad es muy distinta. No hay fuerzas para tomar el palacio del Pardo, esté quién esté dentro. Así que no hay más juego que el que ellos marquen, y el que nosotros seamos capaces de arrancar, eso sí, pacíficamente. Ningún país, ni formación política europea, apoyará jamás a fuerzas violentas. Ni moverán un dedo cuando los militares tengan la excusa para barrernos como en Chile. Cuando dije antes que estaba todo atado y bien atado, no me refería a lo que dijo Franco, quien lo tiene todo atado es Europa, Alemania, más concretamente. En los despachos de los planificadores de las grandes empresas alemanas, España ya tiene escrito su destino. El Mercado Común nos quiere de consumidores, y de camareros. A cambio ayudaran a los socialistas a conseguir el poder. Porque no hay nadie que represente como ellos la esperanza de las gentes y la seguridad de que la burguesía no correrá ningún riesgo. Por eso hay que atraerse a los socialistas, convencerlos de la necesidad de unidad, con tacto, paciencia, y por supuesto haciendo concesiones. Es un precario equilibrio, pues, el que la izquierda comunista debe mantener. Hay que unirse y presionar con todas nuestras fuerzas hasta que se produzca una ruptura pacífica al estilo del treinta y uno. Pero primero tiene que morir Franco.

—La verdad, me sorprende oír esto de alguien que milita en IC.

—Pero eso no tiene ninguna importancia en esta discusión. Lo que verdaderamente quiero rogarte es que reflexiones. Que te olvides de los planteamientos de la camarada María José. Tú no estás obligado a nada. En cierto modo eres un extraño entre nosotros. Reconozco que ha sido un buen trabajo de captación de esta camarada. Pero no tenéis ninguna posibilidad de éxito. Izquierda Comunista no tiene recursos ni personas para abordar otra tarea que no sea su integración en otra mayor, cuando menos atracar bancos, aunque sólo sea una vez. Nos desarticularán en una semana. Y personalmente, tengo miedo a eso.

—Pero eso no me lo digas a mí. Díselo a tu organización.

—Ya lo he hecho. Pero, desgraciadamente, la mayoría sigue las consejas de la camarada María José.

—Pues salte. Deja Izquierda Comunista.

—Sí. Aunque me concederás el derecho a intentar impedir lo que considero un desatino, y que me temo terminará por romper la organización.

—Desde luego. Pero comprenderás que no comparta tu pesimismo. Todo lo contrario. Creo que en cuanto muera Franco, este país despertará, amanecerá por decirlo así. Se abrirán muchas expectativas y sin ninguna duda, serán mejores tiempos. E Izquierda Comunista contribuirá a ello con todas sus fuerzas.

—Lo dices como si ya fueras militante.

—Tengo intención de integrarme.

—¡Pero si no has leído ni una publicación nuestra!

—No me hace falta. Un grupo que se plantea, en los momentos que corren, acciones de este tipo. Es el partido dónde yo quiero militar.

—¡Que bobada! Para hacer el loco hay muchos grupúsculos mejor preparados que nosotros. ¡Únete a ellos!

El Jambo le miró con ira. Pero al ver su rostro se le pasó. El Pater parecía cansado, temeroso. Y lo estaba. Los años de militancia le habían afectado más allá de su pensamiento político. Para el Jambo esto era evidente. Y mientras para el vallecano, Izquierda Comunista representaba una nueva esperanza, físicamente representada en la camarada María José, Para el Pater, la previsiblemente muerte de Franco, ensombrecía su vida, a caballo de los miedos que esa muerte traía en la grupa.

Se despidieron cuando llegó la camioneta[4]. El Pater le tendió la mano. El Jambo se la apretó pero encontró el gesto fuera de lugar. Un tipo listo, este Pater, se dijo, aunque muy extraño. Después se encaminó para el Común. Pero se sintió mal. La conversación le había deprimido. Tanto es así, que dio la vuelta para el Puente y le pilló un talego de costo al camello de guardia.

[1]Morir.

 [2]Cama.

 [3]Frase pronunciada por Franco en la última gran concentración de la Plaza de Oriente.

 [4]Nombre con el que popularmente se conocía a los autobuses que unían los barrios bajos con el centro, para diferenciarlos con los de la E.M.T.