Escritores imposibles

 

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Dago el Cruel

PROEMIO

Me siento empujado hacia un fin que no conozco. Tan pronto como lo haya alcanzado, tan pronto como no sea necesario, bastará un átomo para hacerme pedazos; pero hasta entonces, nada podrán contra mí todas las fuerzas humanas...

(N. Bonaparte)

En el año 978 del tercer milenio de la era Groor...
"Muchos hombres aman marchar hacia delante, pero yo me movería andando hacia atrás".

AVISO.

Algunas veces, Hon, mi gata negra, siente necesidad de afilar sus largas uñas en el reborde dorado de mis babuchas, y yo, que siempre he sabido lo inútil que es regañar a un gato, la contemplo con benevolencia. Trae a mi recuerdo Thubán y sus calles claras como porcelana acerada.

Pero no es Hon ni Thubán el motivo que me ha movido a imprimir en el cristal óptico estas palabras, y aunque ambos producen en mí ese dulce sentimiento que es la añoranza, debo confesaros el motivo real. Es también un sentimiento humanizador, suponiendo que la muerte de alguien pueda serlo, es como sabéis, la ejecución de Dago el Cruel.

Mi amante se esfuerza en darme calor en las frías noches que envuelven este planeta perdido de los catálogos imperiales. El viejo Sheratán, tranquilo y animoso, me entretiene con sus historias marineras, mientras llena de humo la estancia, perjudicando sus pulmones y los míos. Un cierto silencio ha caído sobre la Galaxia. "Ellos" han confirmado sus precisos cálculos. Los otros, los generales, afilan el cuchillo que repartirá el pastel. Algunos de nuestros marineros fumarán satisfechos la embriagadora resina del Armistán. La República abrirá sus bodegas en el exilio y correrá el vino espumoso de Quemll. Pero aquí, entre los viejos Noor, un viento helado anuncia la muerte de Dago el Cruel.

Podría preguntarme a mí mismo por el significado de una profecía, imagino que sabréis que el hecho de profetizar, acerca los acontecimientos hacia una confluencia azarosa. No soy un experto en futuro, soy un viejo escéptico y cerraré mis labios con fuerza tratando de aparentar indiferencia. Recuerdo un antiguo dicho marinero: "cierra la boca si quieres respirar".

No estoy seguro de querer hacerlo, lo confieso. Por eso, luego de fuertes dudas, he decidido dar a conocer las palabras del propio Dago, graves, emotivas y preñadas de pasión. ¡Hay tanta belleza en su descargo, que el sofoco me hace abrir la boca y ahogarme!

Tengo a mi lado su confesión, la última noche de su vida. La he escuchado atentamente y aunque dictada en rapipalabra, no he podido dejar de estremecerme cada vez que su voz se introduce en mí con la fuerza que le caracterizó. Allá en Axón, sus veteranos preparan el funeral pirata más luminoso que jamás Noor alguno tuvo. Los soldados son gente poco reflexiva, pero mis viejas ideas no se escandalizarán ante tamaño despilfarro, sólo siento no estar presente en el sepelio del que fue generalísimo del Caos, para encender la estrella que nacerá como testigo de su postrero acto de poder. De Aramiel Asarya, Martin Dago entre los piratas. Dago el Cruel para la Historia, si es que ésta tiene arrestos para seguir.

En esta fría tarde y con los inconfundibles sonidos del astropuerto como fondo, he terminado la traducción al demótico universal del testimonio de Dago. El relato de su vida.  Ya sé que a los jóvenes poetas de hoy no les va a gustar mi trabajo, pero considero más óptimo el demótico que el expresivo pero excluyente rapipalabra axonita. Aclarado este punto y sabiendo lo que se espera de mí como presidente que fui de la Sociedad Benéfica de Hermanos Armónicos y Caóticos, paso a considerar algunos aspectos de lo que podríamos titular —como fenomenología— el brazo armado de la ambición Noor.

Era muy joven cuando escuché por primera vez la profecía: qué nacerá en un reino alejado quien levantará a los sin patria de la Galaxia, para crear un nuevo orden erigido sobre un baño de sangre! ¿De dónde y de quiénes surgió?  Si del Alaya fue, hay una expresión de los tenebroso en nosotros, que como pompa, nació, creció y desapareció en un "pop" de millones de muertos. Si nació de alguna artificiosidad, entonces es que 'Ellos" se encontraban ya entre nosotros. Y si todo no es más que parte de la fiesta de las casualidades, debemos hacernos a la idea, que la humanidad, como aseguraron nuestros antepasados, no puede ir más lejos, que no vamos a dar ese salto fuera de este pequeño rincón de la Galaxia.  El Imperio se hundió en sí mismo como una estrella de neutrones. ¿Estamos asistiendo al principio del fin?  Quizá pronto, los pocos astrónomos que nos quedan anunciarán en lacónico parte astral que la contracción ha comenzado, el corrimiento hacia el violeta. Los dioses salven al hombre si vuelven las tinieblas de los abismos negros.

En todo caso, no somos nosotros los destinados a juzgar los acontecimientos presentes, sólo a sufrirlos. Y así las cosas y remitiéndome al testimonio de Dago el Cruel, me atrevería a sospechar que su fuerza no provenía de misteriosas y esotéricas habilidades de lejana ayuda, sino simplemente de la utilización favorable de los acontecimientos, que él, como estratega genial, siempre supo aplicar.  Dago era un asceta del tiempo, sin un ligero relajo, amoldando continuamente el "tempo" presente a su favor. También su vital idea del poder, a tenor de lo grabado, fue en todo momento otro de los motivos de su comportamiento. Eso y la pasión que tuvo por Alana Claudia.  Una pasión capaz de doblar el destino, anudarlo y mantenerlo fijo, por emplear una de sus propias figuras.

Hemos de reconocer los veteranos Noor, la parte de culpa que nos corresponde. Teníamos una idea, un deseo. Creíamos en grandes e irrefutables verdades, el universo, la energía, ¿dónde encontrar razones más poderosas? Recuerdo incluso un viejo poema que generación tras generación guardábamos como cabalística expresión de nuestras creencias:

La energía es la única vida
procede del cuerpo.
La razón es la frontera o círculo
exterior de la energía.
La energía es deleite eterno.

¿No paladeáis la frescura tibia, pero vivificante, del último verso?  En él se esconden las leyes que nuestro gran Markov reveló al mundo. No deseo entrar en polémica con quienes aún mantienen encendida la llama del Caos en sus corazones, sería ridículo después de lo ocurrido, pero ni los hechos ni las teorías aclaran fácilmente por qué el brazo que aterro rizó la Galaxia, que hizo añicos el naciente poder de la República, triste monipodio del pasado, que rasgó el velo corrupto del Reino, devolviendo la razón a aquellos que la habían perdido en el castrante orden imperial, que armó el brazo de los inflexibles, de los crueles, de los asesinos, de los genuinos representantes de la especie, y que todos manteníamos escondidos como si de impertinentes espejos de nuestra deforme y vampiresca civilización se trataran, por qué, digo, pudo arrastrar a los hombres del Caos a semejante vorágine. Debemos reconocer nuestra culpa y preguntarnos, cómo el Caos, preciándose de tener aguda visión, pudo estar tan ciego en su mayor parte.  Os confesaré mi personal opinión: fuimos cegados por el terror, el terror y la parálisis que provoca descubrir frente a uno mismo, a un asesino que no temblará al usar su sable. No trato de justificar a la Sociedad Benéfica, y menos a sus capitanes y marineros que fueron las bases de las banderas de Dago el Cruel. Ignorábamos que a cualquier lado que nos encontremos del universo, las cualidades que buscamos están siempre en el otro.  Estas cualidades se llaman utopías. Imaginábamos una redención futura, todo lo futura que el pestilente olor de Thubán nos dejaba, podíamos ver la fecha prometida entre los papeles sucios de nuestros filósofos, pero el cerebro se nos había vuelto espuma, nuestros ojos velan a través de las paredes del universo de la teoría general y alucinamos la existencia de una utopía de felicidad.  Y sin embargo, ahora sabemos que es falso, completamente falso, aunque ha sido lógico, aplastante, natural, una idea para un guión interestelar, una ópera espacial ¿Quién duda de que conseguiremos la felicidad? Protagonista, pero no autor, el único que no creía en el libreto ¡Dago el Cruel!

¿Y ahora qué vamos a hacer?, esa es la pregunta que de verdad me cosquillea. La utopía caótica ha muerto. ¿Reinventaremos otra con la ayuda de "Ellos"? ¿Qué vamos a hacer ahora que hemos comprendido?  Sí, ya sé que el amor tiene su lecho de rosas esperándonos, pero también es un lecho de espinas. Quizá este aviso sea una traición, quizá la mayor de las traiciones sea advertimos. Hay otras formas de entender a Dago, un viejo dicho que se remonta a nuestros orígenes como especies "El que está avisado, está armado". Los dioses salven al hombre.

CRISPO CRUM.

ELOIM de la Sociedad Benéfica de Hermanos Armónicos y Caóticos.