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Antonio Gascón Ricao

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La otra Memoria histórica, o como justificar determinadas muertes.

El  caso de Antonio Martín Escudero, mal llamado el Cojo de Málaga.

de Antonio Gascón Ricao y Agustín Guillamón Iborra


En los duros tiempos que hoy en día corren, a nadie parece extrañar que la tibia ley de la Memoria  Histórica, aprobada en el 2007, se haya quedado, según el parecer de muchos,  corta. Y más corta aún ante lo que últimamente acaece, donde hasta las disposiciones de las Naciones Unidas, firmadas por España, son desatendidas olímpicamente por los organismos españoles pertinentes.

 Pero en Cataluña aún es peor, dado que el llamado Memorial Democrático, organismo dependiente de la Generalitat, que tiene como supuesto objetivo la recuperación, conmemoración y fomento de la memoria democrática durante el período comprendido entre 1931 y 1980,  en ocasiones no solo no cumple con su supuesta misión sino que se dedica a sesgar la historia de forma netamente  partidista, obviando,  por ejemplo, los hechos de mayo de 1937, o  la conspiración contra Companys de noviembre de 1936, asuntos que han sido reducidos a simples comentarios, o a manipular el contenido de determinadas placas, según se mire,  conmemorativas, o explicativas, como es el caso que en esta ocasión nos ocupa.

 Así, cuando algún despistado turista se acerca a visitar las murallas de Bellver de Cerdanya, en la parte superior y dando vistas al puente de entrada a la población, se pueden ver varios paneles explicativos de  lo supuestamente ocurrido en aquel lugar el 27 de abril de 1937, con un texto redactado en cuatro idiomas; catalán, castellano, francés e inglés. Hasta aquí todo normal.

Pero leído el mismo, y si se conoce algo más de aquella historia, se advierte que existe un problema que pasa por el detalle de que las noticias que se dan sobre aquellos mismos hechos no se corresponden estrictamente a la realidad que allí  acaeció, sino a una difundida leyenda local. Leyenda que el pueblo en masa ha asumido como propia, y sin crítica alguna,  hasta  tal punto que la plaza mayor de la población lleva por nombre el de aquella misma fecha de 1937.

 Coincidencia que hace llegar a la conclusión simple de que con ello se ha pretendido  conmemorar aquel día, rememorando de aquel modo la alevosa muerte a las puertas de la villa del revolucionario libertario Antonio Martín Escudero, asesinado a traición en el puente de entrada, y de ahí también la existencia misma de las citadas placas del Memorial.  

 Ahora bien, de pretender, como se pretende, desmentir dicha información,[1] se hace imprescindible citar en extenso el contenido de la  misma, que es de suponer está pensada con la intención de culturizar y entretener a los circunstanciales turistas:

 “El 27 de abril de 1937 desde varios puntos de esta parte de la muralla, los vecinos de Bellver abatieron a tiros a Antonio Martín Escudero, líder de la CNT-FAI de Puigcerdá.

Martín Escudero, conocido como “Cojo de Málaga” se había establecido en la Cerdaña en 1923, tras el golpe de estado de Primo de Rivera. Los primeros días después del alzamiento (sic) fascista del 18 de agosto (sic), se extendió una dinámica revolucionaria, un colapso de la administración pública, que en Puigcerdá fue aprovechada por Martín y sus compañeros para hacerse con el poder en el Ayuntamiento de Puigcerdá y dirigir el Comité Revolucionario.  El grupo de Martín, el Cojo de Málaga atemorizó a toda la comarca y en agosto de 1936 asesinaron  a un vecino de Bellver que ellos consideraban de derechas. Uno de los objetivos de Martín fue centralizar en Puigcerdá la producción ganadera de la Cerdaña para abastecer el frente. Ante el rechazo que esta medida despertó entre los ganaderos de Bellver, que dudaban del destino de la carne, en febrero de 1936, el alcalde Joan Solé, lideró la resistencia ante esta pretensión.

Tras un periodo de calma, el 27 de abril de 1937, unos 150 hombres liderados por el Cojo de Málaga atacaron el pueblo, pero la resistencia organizada con la presencia de guardias de asalto, guardias nacionales republicanos consiguieron hacerle frente. Martín murió el mismo día y sus compañeros incapaces de culminar el asalto se retiraron con 8 bajas, después de 46 horas de sitio y tiroteo.

En Bellver nunca se quiso identificar al autor de los disparos que mataron a Martín Escudero. Siempre se ha dicho que fue el pueblo el  que  se defendió.”

 Conocido ahora el contenido de la placa conmemorativa,  de tener la intención de analizar de manera crítica los anteriores comentarios, se deberá empezar por el principio, donde se afirma:

 “El 27 de abril de 1937 desde varios puntos de esta parte de la muralla, los vecinos de Bellver abatieron a tiros a Antonio Martín Escudero, líder de la CNT-FAI de Puigcerdá.”

 Afirmación anterior hasta cierto punto relativa, porque aparte de los vecinos que por aquel mismo sitio andaban atrincherados el día en cuestión, también había mucha más gente que precisamente no eran vecinos, detalle que por supuesto no figura en la placa.

 Así muchos días antes de aquel 27 de abril de 1937, por el pueblo deambulaba un nutrido grupo de supuestos miembros de las  llamadas Milicias Pirenaicas, con base en La Molina,  pero personajes que en realidad nada tenían en común con las patrullas de aquella misma unidad que de vez en cuando se dejaban ver por la población, al mando de determinados oficiales.

 De ahí que digamos supuestos, ya que para empezar el sargento que los mandaba,  apellidado   Masbernat,  nunca perteneció a dicha unidad al no figurar su apellido en las listas de revista de la unidad y que todavía se conservan.[2] Sin embargo, de aquel mismo individuo sabemos que estaba a las órdenes de Pons Garlandí, miembro de la Junta de Seguridad Interior que en aquellos momentos andaba  metido a conspirador, con la declarada intención de asesinar como fuera a Antonio Martín Escudero, tal como muchos años más tarde confesara por escrito el propio Garlandí, desconociéndose si su iniciativa de acabar con Martín era a título personal o por orden directa de Companys.

 Junto a aquel grupo de “pistoleros”, en el pueblo había otro  grupo similar, en su caso conformado por  unos supuestos policías, expulsados por Martín de Puigcerdá, al mando de un tal Vicente Climent, que después se descubrirá que era un destacado “agente” del PSUC, ya que un tiempo más tarde se hará cargo de la secretaría política del Radio de Puigcerdá. Personaje y gente que estaba bajo las órdenes de otro cabecilla de aquella misma formación política, Mas Tiò, que en su caso se había hecho amo y señor de Ripoll, siendo además delegado del Comité Central del PSUC en la Región VI. 

 Lugar donde Tiò había sembrado el terror, y desde el cual se dedicaba, por mandato directo  del PSUC, a cambalachear en la frontera, pasando por dinero  a gente enemiga a Francia, o pasando hacia España a gentes afines, brigadistas internacionales, o armas. Armas que en todos los casos eran compradas en Francia con dinero ajeno, sacado en buena parte de cuentas bancarias locales, y armas, no con destino el frente, sino destinadas a la retaguardia, en su caso a la lucha que no tardará en estallar, contra la CNT y el POUM, en resumen para la contrarrevolución.

 Junto a aquellos “mercenarios”, había otra pequeña tropa, de hecho un reducido comando, conocido con el sobrenombre de “la Peña de los Patos”, en su caso conformado por gente de  Estat Catalá, [3] del cual formaba parte, entre otros, Carles Balaguer el despechado jefe de la Compañía de esquís expulsada por Martín de La Molina en febrero anterior.[4]

 Grupo que también tenía como encargo el asesinar directamente a Martín, aunque una parte de aquel mismo grupo había sido apresado hacía unos días en La Seo de Urgel, al intentar pasar a Francia, a cambio de dinero, a un grupo de sacerdotes. Dinero que en todos los casos tenía como destino el engrosar la caja de Estat Catalá, muestra de que aquella gente servía tanto para asesinar como para pasar por dinero a Francia a cualquier enemigo de la República.

 Al parecer, y según otros testimonios, a aquellos tres grupos de afinidad nacionalista se había unido un cuarto formado por antiguos anarquistas, ahora “arrepentidos”, al mando de Joan Jordá, “El Penja-robes”, conocido asesino local, que en aquel momento estaba al “servicio” de Bellver, al haber aportado, entre otras cosas, una ametralladora.

 Personaje, al cual Viadiu, delegado de Orden Público de Lérida, y el alcalde local Solé, le adjudicaran a posteriori y sotto  voce la autoría de la muerte de Martín, tras ponerse ambos de acuerdo, tal como consta por testimonio escrito del propio Viadiu, con la aviesa intención de desviar la atención en todo lo que hacía al asesinato de Martín, y de paso esperando que sus antiguos correligionarios lo  asesinaran, cerrando de aquel modo el círculo de la conspiración, al no quedar vivos determinados e incómodos testigos de dicha “operación”.

 Previsión que no se cumplió, puesto que el Penja-Robes, acabará en Francia haciendo compañía a Mas Tiò, según informaba años más tarde la propia policía española,  hecho que descubre la doble militancia del personaje, o su más que oportuna deserción del bando libertario,  lo que conduce a no descartar la posibilidad de que los asesinatos cometidos por el personaje durante el año 1936, fueran una maniobra orquestada por los enemigos de Martín, de la cual el Penja-Robes fue la mano ejecutora.

 Conocido lo anterior habrá que reconocer que los pocos vecinos que había en el pueblo en el momento del supuesto asalto, pues muchos deberían andar trabajando fuera del pueblo, al menos así consta en las declaraciones posteriores, estaban muy bien acompañados, cuando menos, por  unos supuestos “alpinos”, por unos “policías” de pega, o por  aguerridos “comandos” de Estat Catalá, acompañados todos además de un grupo de “anarquistas arrepentidos”, sin descartar la presencia de algún que otro ex guardia civil reconvertido, según afirmaba más de un testigo.

 En resumen, toda una “tribu” de incontrolados que pululaban por la retaguardia, armados hasta los dientes y con las más variadas excusas, excusas que se les acabaran a los nacionalistas cuando concluido mayo se les envió de forma obligatoria al frente de Aragón,  del cual muchos de ellos se dieron de baja, al pedir su traslado  voluntario a otras unidades que se seguían formando en Cataluña, con la excusa de querer formar parte de unas fuerzas de montaña vasco-catalanas, motivo por el cual seguirán sin entrar en combate hasta la primavera del año siguiente, y sólo para demostrar una vez más su incompetencia guerrera.[5]

Vecinos, los de Bellver, que no estaban precisamente desarmados, tal como afirma la leyenda local, al estar pertrechados, además de sus habituales escopetas de caza, muy propias del mundo rural, con modernos fusiles máuser y revólveres reglamentarios en  el ejército, proporcionados al ayuntamiento de Bellver en agosto de 1936 por el diputado de ERC, Canturri, muy amigo del alcalde Solé.

 Otra clara demostración del desprecio de la persona de  Martín, por parte de los redactores de aquella historia, aparece en el siguiente comentario de dicha placa:

 “Martín Escudero, conocido como “Cojo de Málaga” se había establecido en la Cerdaña en 1923, tras el golpe de estado de Primo de Rivera.”

 De ser medianamente serios, el apodo de “Cojo de Málaga”, con el cual se trata de identificar al personaje, es falso, al resultar ser un “invento” que proviene no de sus amigos sino de sus enemigos, en un desafortunado intento por ridiculizarlo, ya que Martín por nacimiento era extremeño, y sus compañeros jamás lo utilizaron, y dicho alias  sólo aparecerá en alguna nota de prensa a partir de septiembre de 1937, o en ocasiones, no muchas, en la Causa General franquista.

 Por ello, aquel alias debió obedecer a una ocurrencia “graciosa” de sus enemigos, al hacerse con él  una burda y sangrante comparación  de Martín, por su parecido, en el plano de la discapacidad,  con un famoso “cantaor” de flamenco, afincado en aquellos años en Barcelona,  llamado Joaquín Vargas Soto, “el Cojo de Málaga” afectado como Martín con una minusvalía en su pierna derecha, uno por la osteoporosis (Martín) y el otro por la poliomielitis (Vargas).

 Por otra parte, el hecho de que Martín se estableciera en la Cerdaña tras el golpe de estado de Primo de Rivera, tal como se comenta en la placa de Bellver, no debería sorprender tanto, puesto que obedeció a una orden directa de la dirección de la CNT, que fue la que le asignó el papel de proveedor de armas con las que la Confederación pretendía luchar contra la Dictadura militar, armas que Martín debería comprar en Francia y de ahí su presencia en la frontera. Hecho que dará motivo a sus detractores para afirmar que  Martín era “contrabandista”, entendido el término en el sentido delincuencial y no en el político como en realidad le corresponde.

  De igual modo que por aquellas fechas Macià pasó a Francia, primero a Perpiñán  y después a París, y por motivos muy semejantes, al tener también la intención de luchar contra la Dictadura, y de ahí su intento de Prats de Molló, y a nadie se le ha ocurrido llamarlo por aquel motivo terrorista o desertor.

 Sin entrar en la explicación al respecto de cómo Martín se hizo con el poder en Puigcerdá en julio de 1936, y no en agosto siguiente como se afirma en la citada placa, pues resultaría muy largo y prolijo, bastará decir, de forma muy resumida, que los responsables locales habían huido a Francia, como también habían huido algunos de los oficiales responsables de los carabineros o los vistas de la propia aduana,[6] y de ahí que ante aquel caos general el recién creado Frente Popular y Antifascista decidió tomar el poder, y entre ellos Martín. Por ello pasaremos a comentar el siguiente párrafo donde se afirma que:

 “El grupo de Martín, el Cojo de Málaga atemorizó a toda la comarca y en agosto de 1936 asesinaron  a un vecino de Bellver que ellos consideraban de derechas.”

 Es innegable la cadena de actos violentos que se produjeron durante los primeros tiempos de la revolución, pero sacar de ello la conclusión de que el único responsable fue Martín, es muy atrevido, cuando existen testimonios de familiares de las victimas que apuntan con el dedo en otra dirección muy diferente, acusación aquella que tiene visos de ser auténtica, en el caso concreto de la gran matanza de los 21 en septiembre de 1936.

 Del mismo modo que el comentario de aquel asesinato en concreto de Bellver quedó  desmentido por un vecino del propio Bellver, Ventura Nicolau, al afirmar que aquel vecino había sido asesinado por una simple y vulgar cuestión de dinero,  puntualización  que apunta a un posible ajuste de cuentas local y no precisamente por cuestiones políticas, tal como se deja entrever en el comentario del texto.[7]

 Pero lo más curioso es cuando en la placa conmemorativa se trata de explicar las causas que supuestamente generaron el conflicto que se desencadenó entre Bellver y Puigcerdá,  pero simplificando al máximo los problemas, en un intento encaminado a ocultar que el problema pasó por una simple cuestión mercantilista y por tanto no política como apuntan, de forma muy interesada, algunos autores:

 “Uno de los objetivos de Martín fue centralizar en Puigcerdá la producción ganadera de la Cerdaña para abastecer el frente. Ante el rechazo que esta medida despertó entre los ganaderos de Bellver, que dudaban del destino de la carne, en febrero de 1936, el alcalde Joan Solé, lideró la resistencia ante esta pretensión.”

 A dicho comentario habría que añadir que lo que en realidad lideró Solé, fue la defensa de determinados intereses, en primer lugar los suyos propios y los de su hermano, pues ambos eran tratantes de ganado, o los de la Cooperativa local, dedicada a la fabricación de quesos, dado que el control  económico de Puigcerdá implicaba la supervisión por parte de dicha población de gran parte de los pequeños negocios familiares de Bellver, en un momento en que los propietarios de dichos negocios veían con buenos ojos la posibilidad de poder ganarse muy bien la vida, ante la carencia que sufría el mercado en Barcelona, y por tanto resistencia, que en buena medida obedeció a una simple cuestión de carácter económico, ya que de llevarse a cabo aquella intervención de Puigcerdá, existía la posibilidad cierta de una previsible pérdida de beneficios de dichos negocios familiares. 

 El siguiente párrafo afirma que:

 “Tras un periodo de calma, el 27 de abril de 1937, unos 150 hombres liderados por el Cojo de Málaga atacaron el pueblo, pero la resistencia organizada con la presencia de guardias de asalto, guardias nacionales republicanos consiguieron hacerle frente. Martín murió el mismo día y sus compañeros incapaces de culminar el asalto se retiraron con 8 bajas, después de 46 horas de sitio y tiroteo”.

Habrá que reconocer que en esta ocasión el comentario sobre el asalto y la muerte de Martín, se inicia de forma comedida, porque otros autores, entre ellos varios afamados historiadores, cuantificaban el número de asaltantes, según el gusto, entre 200 y 350, cifras evidentemente más elevadas que la comentada en placa, que la reduce a tan     solo 150. 

 Pero el detalle que se debe resaltar de dicho comentario, es el que afirma que en Bellver estaban atrincherados, aparte de la gente del pueblo, unos guardias de asalto y guardias nacionales republicanos, en el caso de los últimos se trataba de antiguos guardias civiles, en aquel momento reconvertidos en guardias nacionales, asunto que ya se sospechaba, puesto que así lo recogía en un comentario el diputado Canturri, amigo del alcalde Solé. Detalle que Solé o Viadiu siempre negarán, pero que de ser cierto implicaría una substancial modificación de la historia, en su aspecto cuantitativo.

 Porque de haber sido así, la presencia de cuando menos cuatro grupos ajenos al pueblo, formados por un número indeterminado de individuos, que en partes posteriores se calificaran de “milicianos”, a los cuales habría que sumar ahora los  guardias citados en placa del Memorial, daría que el  número total de defensores foráneos, no fue precisamente pequeño. Hecho que desmerece en mucho el papel protagonista que al principio de la placa se pretende dar a los paisanos  locales.

 Presencia de guardias que también confirmaba Ventura Nicolau en una entrevista, hablando incluso de la construcción anterior de una serie de trincheras,  en las cuales se invirtieron siete u ocho días de trabajo,  trincheras que se supone debieron hacerse a la entrada del pueblo, con vistas a la emboscada que le estaban preparando a Martín.

En cuanto a las bajas de los asaltantes, en realidad sólo fueron tres las confirmadas, y no ocho tal como se afirma en la placa. Del mismo modo  el combate no duró 46 horas sino tan sólo cuatro horas,  según afirmaron diversos testigos posteriormente,  en concreto a la hora de su declaración en la Causa general franquista, por tanto, resistencia un poco menos épica de lo que se sigue afirmando, cuestión distinta sería que a  aquellas 4 horas se hubiera sumado las horas del previsible estado de alerta en que debió estar el pueblo a la conclusión del tiroteo, que no es precisamente lo mismo.  

 A destacar el interés que mostraron los instructores de la Causa General en el asunto de la muerte de Martín, o los comentarios de algunos vecinos que en cierto modo justificaban aquel incidente, al afirmar que en el pueblo se protegía y amparaba a las “gentes de orden”, apelativo que apuntaba en directo a la gente derechista.

 Y en todo lo que hace referencia a la propia muerte de Martín, con el tiempo han estado apareciendo testimonios y comentarios que vienen a poner en duda la versión hasta ahora aceptada, es decir, que al encabezar Martín en persona el asalto al pueblo, él que era cojo de la pierna derecha, fue abatido desde la muralla.

De hecho, según consta por un testigo, que horas antes del supuesto inicio del combate intentaba llegar  con su coche al pueblo, pues tenía la pretensión de huir a Francia y estaba explorando el terreno, después de pasar el puente, le salieron al paso, saliendo de la cuneta, un grupo de milicianos que lo apuntaron con sus fusiles, pegándole un susto de muerte, y que al ver que no era la persona que estaban esperando, lo dejaron pasar sin más problemas. [8]

 Prueba directa que un tiempo antes del asalto, a Martín ya lo estaban esperando a pie de carretera. Y por tanto el ataque no cogió de sorpresa a nadie, tal como se afirma, la prueba está en que incluso había gente apostada y a la espera de su prevista llegada, pues tenían una cita con él.

 Historia que confirma a López Sánchez uno de los supuestos asesinos de Martín: “Así fue el 27 de abril, cuando en el puente de entrada al pueblo llegaron una camioneta y dos coches con los faístas de Puigcerdà: el Cojo y dos más, nada más apearse, fueron acribillados, y Antonio Martín, gravemente herido, murió al día siguiente”.[9]

 Historia que en cierta medida también se ve confirmada en un informe de la CNT, elaborado con lo que les informó el propio Viadiu, máxima autoridad en el pueblo después de los incidentes, al ser el delegado de Orden Público de Lérida: “Martín, no sabemos con qué fin, venía  con un coche, y al bajar del mismo fue alcanzado por los disparos que los payeses de esa localidad le hicieron, ante el pánico que tienen de que vengan  los anarquistas y les roben sus tierras”

 Dicha versión, que Viadiu después no dará en su libro, resulta bastante más coherente que todas las versiones anteriores, al afirmar que Martín había sido tiroteado directamente  al bajar de un coche, y aunque no se diga exactamente dónde tuvo lugar el incidente, o quién fue en realidad el autor material de aquellos disparos, ya que conocida ahora la gran cantidad de gente que tenía el encargo de acabar con él y que lo estaban esperando, en aquel caso pudo ser cualquiera.

 Detalle que pasó desapercibido, pues hace años que ya se sabía que había habido gente esperándole fuera, tal como reconoció Albert Manent, en un trabajo sobre Carles Balaguer  que apareció en Serra d´Or en 1976, gente, que según Manent, era la del Penja-Robes, en un nuevo intento por desviar la atención de la participación en aquel asesinato de la  gente nacionalista.

 Conocido ahora como se produjo el incidente,  ahora ya se puede descartar la increíble historia, según la cual Martín encabezó  una supuesta “carrera” por el puente, o la que afirma que fue él en persona el que realizó los consiguientes disparos, los correspondientes a la orden de asalto, y con los cuales supuestamente se desató aquella batalla campal. Historia que apareció en un famoso folleto editado por el ayuntamiento local, con la intención de encubrir lo ocurrido.

 Otra cuestión que parece quedar en claro al conocerse aquel comentario,  es que Martín al bajar del coche, y sin mediar palabra por parte de nadie, poco menos que fue fusilado a bocajarro por: “los payeses de esa localidad”, o por unos personajes desconocidos, añadimos nosotros, justificando así el informador, en su caso Viadiu, que la causa de su muerte había sido “el pánico que tenían (los payeses) a que los anarquistas vinieran y les robaran sus tierras”.

 Muertes fortuitas que de hecho acontecían muy a menudo en los habituales controles, provocando de forma lastimosa la muerte incluso a gente muy conocida, como por ejemplo  fue el caso de Antonio López Raimundo, conocido dirigente de la UGT. De ahí que ahora quede en la sombra si los disparos que alcanzaron a Martín, fueron realizados por una mano consciente o de forma fortuita salieron de un grupo de “nerviosos” campesinos.

Historia que viene a encajar con la del alcalde de Bellver Solé, al afirmar que: Yo sostengo que fue el pueblo, y no una persona concreta (el que lo mató).

 Comentario, tras el que  Solé intento diluir la culpabilidad de aquel asesinato, haciéndola extensiva al “pueblo”, como colectivo, una manera como otra cualquiera de diluirla, con la pretensión de evitar posteriores y previsibles represalias, que de realizarse deberían alcanzar a todo el pueblo.

 Sin descartar que con ello se intentará ocultar que aquel asesinato, a manos de unos “nerviosos”, podría haber sido la causa auténtica que desencadenó el posterior intento de asalto al pueblo por parte de los libertarios, que pudieron haberse lanzado al mismo con el justificado propósito de tratar de vengar la  muerte a traición de Martín y de sus acompañantes a la entrada del mismo, asunto que Viadiu justificará con una enrevesada historia de teléfonos intervenidos,  o de supuestas conversaciones de algunos de los protagonistas, historias por otra parte insostenibles.

 Y de ahí la frase con la que se cierra el panel informativo de Bellver que  se remata diciendo:

 “En Bellver nunca se quiso identificar al autor de los disparos que mataron a Martín Escudero. Siempre se ha dicho que fue el pueblo el  que  se defendió.”

 Después vendrá la leyenda de que Martín murió en el puente, o en la casa situada a la entrada al puente, donde llegó tras ser bajado al rio por una pasarela lateral, o en la Farga Vella, cuando nadie testifico nada al respecto, y menos aún los compañeros que lo acompañaban aquel día, o cuando Fortuny, que lo acompañaba murió en Puigcerdá un  día más tarde, por lo que cabe sospechar que a lo mejor al personaje que vieron retirar herido durante los primeros momentos fuera Fortuny y no precisamente Martín.

 En resumen, enredos, comentarios interesados, manipulaciones, mentiras, pactos de silencio, trasmisiones orales mal explicadas y peor interpretadas, o burdos intentos por eludir la culpa y con ella la responsabilidad de una vulgar emboscada, por parte de la misma gente que acusaba al enemigo de  no ejercer la justicia, pero que a la hora de la revancha actuó del mismo modo, con riesgo añadido de que su acción pudiera provocar que todo un pueblo, en represalia, pagara con su vida aquella osadía, bajo la cual se encubrían, no cuestiones políticas como se afirma, sino vulgares cuestiones de dinero.

 Conocido lo anterior, la conclusión que se desprende es que de muy poco o de nada sirve grabar placas, cuando la historia evidentemente no ha sido contrastada, tal como ha quedado demostrado.

 Cuestión que desmerece y mucho la recuperación de la supuesta Memoria Histórica, en este caso la memoria democrática, al ocultarse tras ella determinadas conspiraciones evidentemente partidistas, en contra de un sector muy concreto del movimiento antifascista, ocultas bajo el manto de supuestas operaciones de carácter vindicativo, con la excusa de hacer justicia, y cuando justamente y en aquella misma historia Bellver tenía muy poco que “vengar”, y con el agravante añadido de haber dado protección y cobijo en la población al supuesto asesino de la única víctima local, historia que todavía se mantiene en la sombra.

 Cuestión distinta fueron los beneficios posteriores que reportaron la muerte de Martín a nivel local, en el plano económico, o la despiadada represión que se desató contra la CNT de la comarca, con el consiguiente rastro de muertes, en la cual jugaron un papel muy importante las supuestas víctimas anteriores, historia hoy en día todavía por explicar. Como tampoco se ha explicado la autentica causa que llevó a Martín a su encuentro con el destino, cuestión que conocía muy bien hasta la propia policía francesa, puesto que figura en sus archivos.

 Antonio Gascón Ricao y Agustín Guillamón Iborra


Notas:

[1] Antonio Gascón, Agustín Guillamón, Martín Escudero, Antonio (1895-1937), “El  Durruti de la Cerdanya” (1), revista Catalunya, novembre, 2014.

[2] Dichas listas se pueden consultar íntegras en el Archivo del Pabellón de la República, en Barcelona, donadas por uno de las actuales autores

[3] Pere López Sánchez, Rastro de rostros en un prado rojo y negro, Barcelona, 2013, p.287.

[4] Antonio Gascón, Las Milicias Pirinenques y “El Cojo de Málaga”. Ver en http://www.sbhac.net/Republica/Fuerzas/EPR/EprD/CojoMalaga.htm

[5] Antonio Gascón Ricao, (2005) Unidades vasco catalanas en la guerra civil española (1936-1938). Ver en http://www.sbhac.net/Republica/Fuerzas/EPR/EprD/VascoCatalanas.htm

[6] Funcionario aduanero responsable de permitir el embarque de las mercancías sujetas a los impuestos arancelarios y de inspeccionar el cargamento.

[7] Queralt Soler, La mort del Cojo de Málaga, Cadí Pedraforca, Dossier temps de la guerra, mayo, 2007, pp. 58-60.

[8] Correo del lector, Avui,  Dissabte, 13 setembre 1980, p.  9.

[9] Op. Cit., p. 287.


Bibliografia básica:

Blanchon, J. L.: 1936-1937 Une experiencia libertarie en Cerdagne, Toulouse, 1985

Blanchon J. L.: 1936-1945. Deu anys de depuració a la Cerdanya. Ceretania. Quaderns d’Estudis Ceretans. 2012

Canturri i Ramonet, Enric: Memòries: república,guerra i exili, Ayuntament de la Seu, 1987.

Com ocorregueren els fets de Bellver de Cerdanya, s/n., (Ver en UPF)

Pons Garlandí, Joan:  Un republicà enmig de faistes, Edicions 62, Barcelona, 2008.

Pons i Portu, J. y Solé i Sabaté, J. M.: Anarquía i República a la Cerdanya (1936-1939). El “Cojo de Málaga” i els fets de Bellver, Barcelona, 1991.

Viadiu, Francesc: Delegat d’ordre públic a “Lleida la Roja”, Barcelona,   1988.