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El Ejército Popular de la República

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El ejército español en 1936. Conclusiones y bibliografía.

 

Los militares republicanos que participaron en la reforma de Azaña vivieron su compromiso en una atmósfera llena de conflictos políticos y de una u otra forma se encontraron en una difícil posición. Fueron tachados de antipatriotas y de la misma forma que la reforma técnica quedó en ciernes, no pudieron conseguir el objetivo fundamental, separar al ejército de la política. Pero aún más, el mayor efecto que produjeron las razonables reformas de Azaña fue dividir completamente a la oficialidad, obligándola a identificarse a favor o en contra, o lo que es lo mismo, emprender la carrera de la lealtad o de la rebelión. Los sucesos posteriores al primer gobierno de Azaña, la revolución de octubre, y la victoria electoral del Frente Popular en febrero del 36, fueron los hitos que marcaron la conciencia de los oficiales en uno o en otro sentido, variando su activismo según convicciones personales, pero afianzando radicalmente la perspectiva personal ante el futuro, de la misma manera que le ocurría a la sociedad civil. No dudamos de que un considerable porcentaje de oficiales, de motu propio, nunca hubiera protagonizado ningún tipo de asonada, pero una vez estallada la rebelión, los dudosos fueron los menos.

    ¿Pero por qué el cuerpo de oficiales del ejército español no vio en las reformas de Azaña una oportunidad de mejora para el ejército, y en definitiva para la defensa de la patria que decían amar? La explicación se basa en varios ejes:

Los oficiales del Ejército español llevaban décadas ignorando la descarnada ineficiencia de su burocracia militar. Este no era un asunto de prioridades para nadie, salvo notorias excepciones de militares ilustrados que siempre hubo en el ejército. Por tanto, aun  asumiendo en parte esta realidad, no fue considerado aspecto esencial por la clase militar.

La envidia y los celos profesionales envenenaron todas las relaciones personales que se necesitaban para poner en marcha semejante proyecto. La voluntad de cooperación se volatilizó ante las primeras injusticias, reales o ficticias, que se generaron desde el gabinete técnico de Azaña, perdiéndose para la reforma señalados próceres, como es el caso del general Goded. La obsesión por los ascensos, en parte justificada por la precariedad económica de la clase militar, contribuyo tanto como la anterior a la reprobación general de la reforma. Resumiendo, los militares, como venía ocurriendo desde tiempos inmemoriales, antepusieron su situación personal a la colectiva. El patriotismo de verdad brilló por su ausencia.

La simplista reducción que hacía la oficialidad, de los partidos de izquierda, metiendo en el mismo saco de sus desprecios y odios, a republicanos moderados, como a la radical izquierda obrera española, agrandando aún más la dificultad de tender puentes entre el gobierno y la clase militar.

La incapacidad del gobierno y en especial de Azaña para hacerse comprender por el ejército, que con su desafortunado sentido de la oportunidad arruinaron las pocas posibilidades que la reforma tenía.

El oportunista papel que se otorgo la derecha para instrumentalizar las aspiraciones militares y convertirlas en un instrumento de su política antirrepublicana.

     De modo que el ejército siguió siendo el mismo. Las elites africanistas continuaron su imparable ascensión hacía la rebelión. Los oficiales leales siguieron considerándose discriminados. El ejército siguió siendo nulo como fuerza militar y se acrecentó, recuperando las posiciones perdidas, como fuerza política decisiva y principal problema de estabilidad de la España republicana. Nada había mejorado realmente en la burocracia militar, pero todo, por contra, había empeorado. Si muchas veces se culpa a las fuerzas políticas de derechas y de izquierdas de no saber asumir las formas de la democracia y por ello de ser incapaces de resolver las necesidades del pueblo, unos por exceso y otros por defecto, el Ejército español, como fuerza política del momento, fue uno de los mayores culpables de este desastre democrático, mucho antes de que se la rebelión se planteara. Y en cierto modo, esta es la primera derrota militar de la República.

   Bibliografía recomendada:.

  • Ejército y sociedad en la España liberal, 1808-1936. S.G. Payne. Akal. Madrid 1.977.

  • El problema militar en España. Gabriel Cardona. Historia 16. Madrid 1.990.

  • El ejército republicano. Michael Alpert. Ruedo Ibérico. Paris 1.977.

  • Militarismo y civilismo en la España contemporánea. C. Seco Serrano. Instituto de Estudios Económicos. Madrid 1.984.

  • El militar de carrera en España. J. Busquets. Ariel. Barcelona 1.967.