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El Ejército Popular

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B 1) La primera hora: Batallones, Columnas, Milicias.

por Mike Blacksmith

1.- Orígenes de las Milicias Populares. Milicias, Partidos y Organismos de Control.

Introducción.

La Columna, como unidad de combate efectiva en España, fue inventada en las guerras napoleónicas y las posteriores carlistas: un conglomerado de pequeñas unidades, fuerzas y servicios, donde todos los escalones están en el primer nivel. Una forma rápida de organizar las fuerzas, de carácter móvil, y sin dependencias regladas, que permite la marcha, el combate y la ocupación de forma óptima, pensada para superar iniciales dificultades técnicas, orográficas o políticas. Podía estar compuestas de fuerzas regulares, de paisanos en armas, o de una mezcla de las anteriores. Las fuerzas españolas en la guerra de Marruecos utilizaron este tipo de organización militar durante todas sus campañas, el principal motivo fue la inexistencia de unidades regladas de envergadura, más las características propias de estas campaña. Las Columnas son pues las Divisiones de los países pobres y en crisis.

Por tanto, las columnas milicianas que defendieron la República en el verano del 36, no suponen ningún tipo de innovación militar, sino la lógica conclusión del propio estado de las fuerzas leales, mezcla de soldados regulares, fuerzas de orden público y voluntarios (milicianos). La única novedad estriba en la presencia mayoritaria de elementos civiles en armas, organizados políticamente alrededor de un partido, sindicato o institución, patrocinadora de la unidad. Puestas las cosas así, la formación de columnas milicianas era la conclusión lógica a las ansias de armas del pueblo en la noche del 19 al 20 de julio, alentado por sus líderes naturales, organizado y dirigido alrededor de sus formaciones sindicales o políticas, y decisivo tras la práctica desaparición de toda fuerza militar organizada en Madrid y Barcelona principalmente, y en menor medida en otras regiones donde las fuerzas populares tomaron el control. A esto hay que añadir la presencia de núcleos paramilitares con relativa instrucción y disciplina y que mayoritariamente habían surgido desde febrero del 36 como repuesta a la violencia derechista. Nacieron pues las columnas milicianas al margen del gobierno, con el unitario afán de acabar con la rebelión, pero con muy dispares maneras de enfocarlo según las adscripciones políticas correspondientes. Ninguna unidad miliciana nació, entonces, con la radical decisión de ponerse a las órdenes del gobierno, pues este perdió todas sus oportunidades en dos hechos políticos desafortunados, la licencia de todos los soldados cuyas unidades estuvieran implicadas en la rebelión y la desastrosa maniobra política de las más altas autoridades republicanas de formar un gobierno la noche del 18 de julio que permitiera pactar con los rebeldes. Tarea, esta última que Azaña encargó a Martínez Barrios y que tenía sus raíces en la ilusión de suponer que la rebelión no era más que otra sanjurjada. Esta miopía política no sólo la padeció el gobierno, la padecieron todos los actores: los rebeldes, pues creían que el golpe iba a durar días, semanas como mucho, y los partidos y sindicatos del Frente Popular, que se vieron obligados, no a hacer la revolución, cosa para la que estaban preparados y que ya comenzaban a practicar, sino a hacer la guerra, una actividad para la que en absoluto estaban preparados.

 Origen de las Milicias Populares.

 

Guardias Civiles de la Columna Fantasma posan en los primeros días de la guerra. Aunque han perdido cierta uniformidad, aun presentan ese aspecto imborrable de su cuerpo de pertenencia. Los rostros, sin alegrías, ningún puño en alto, nos demuestran que en su interior, estos guardias llevan su propia procesión. Alma partida que dijo aquél, el cuerpo con unos y el corazón con los otros.

Los partidos y sindicatos que formaban el Frente Popular sabían lo que se estaba fraguando en las salas de banderas a comienzos del verano de 1936, el gobierno también lo sospechaba, aunque se engañaba a sí mismo pensando en otra sanjurjada, como ya hemos dicho. Desde febrero, sindicatos y partidos de izquierda organizaban unidades paramilitares susceptibles de convertirse en unidades operativas, "La Motorizada" de los socialistas (de Prieto), las MAOC, las milicias de las Juventudes Socialistas y Comunistas, y otras organizaciones de semejante carácter como los Comités de Defensa Confederales, indicaban claramente la voluntad popular de organizarse contra el fascismo. Armas apenas había, pero todo el mundo sabía dónde estaban. La noche del 18 de julio dimite el gobierno de Casares Quiroga mientras alrededor de las sedes de partidos y sindicatos, los trabajadores madrileños piden armas una y otra vez. El nuevo gobierno de Giral, que buscaba pactar con los rebeldes, agudizó aún más la voluntad popular de cortar por lo sano en vez de contemporizar. La indignación popular en la noche del 19 al 20 en la capital de España fructificó en la entrega de fusiles (la mayoría sin cerrojo). Ni el gobierno, ni los rebeldes, ni los partidos y sindicatos del Frente Popular tenían bajo control las principales capitales del país. Pero a medida que las posiciones se clarifican, surgen centros de poder y decisión que van conformando el universo paramilitar de lo que será todo el verano de 1936 en la España Republicana. De una parte el gobierno y sus fuerzas de seguridad más un puñado de militares republicanos, de otra, las organizaciones populares y los sindicatos se lanzan a la formación de sus propias milicias. Nadie confía en el gobierno, nadie confía en nadie. Los partidos y los sindicatos, una vez reprimida la rebelión en las grandes capitales, confiscan cuarteles, edificios emblemáticos, reclutan oficiales leales y se ponen a la tarea de instruir someramente a los voluntarios, para rápidamente disponer de una fuerza armada que les garantice su supervivencia. Prima la indisciplina y el entusiasmo, hay un desconocimiento general de la situación real del país y nadie ve más allá de sus narices. No obstante, el gobierno hace algunos nombramientos de urgencia y los militares leales organizan columnas en dirección a Alcalá, más tarde Guadalajara y Toledo y finalmente a la Sierra. En Barcelona, la CNT y las Fuerzas de Seguridad, una vez clarificado el panorama, organizan también columnas hacia Aragón, muchas de ellas con significativa presencia militar. En el Levante, donde menos ha quedado dislocada la organización militar, se organizan también columnas contra los focos rebeldes. Y lo mismo ocurre en el Norte y en las zonas leales de Extremadura y Andalucía. Podemos decir que la situación se repite machaconamente. Las estructuras legales quedan desplazadas, aunque no eliminadas, y en las zonas bajo control republicano, se forman milicias de primera hora basadas en voluntarios y fuerzas de seguridad (en algunos casos de escasa lealtad). Las armas son pocas y hay escasez de munición y muy poca artillería, pero lo mismo le pasa a los rebeldes.

La Pasionaria revista el Batallón de Acero instruido en el 5ª Regimiento. Todos sonríen, puños en alto, relativa marcialidad, y caras muy jóvenes en los voluntarios.

Resumiendo:

  1. Las milicias se forman por el patrocinio de un partido o sindicato local, a partir de voluntarios civiles y de núcleos aún organizados de soldados regulares y fuerzas de orden público. La organización más popular es el batallón de milicias (de nombres evocadores, pero que la mayoría de las veces nada tenían que ver con este tipo de unidad reglada). Los batallones se organizan en columnas dónde prima la homogeneidad política.

  2. Las estructuras paramilitares anteriores al golpe inciden decisivamente en el carácter y composición del mando de la columna.

  3. La estructura de las unidades milicianas es igual para todas a pesar de sus espontaneidad: fuerzas combatientes, mando político, mando militar, escalón de suministros y sanidad en retaguardia, con cuartel, oficinas, y centro de instrucción y reclutamiento (confiscados).

  4. El mando político prima sobre el militar en las unidades combatientes dificultando la labor organizativa y táctica de los oficiales del Ministerio de la Guerra.

  5. El gobierno trata de crear una estructura superior de mando con el concurso de los Comités de Milicias, a los que reconoce y autoriza, y los oficiales leales organizados en el Ministerio de la Guerra (Madrid), la Consejería de Defensa de la Generalitat (Barcelona), y organismos similares en Euzkadi y Asturias.

  6. El estado moral de las unidades es exultante. Su grado de instrucción escaso, su disciplina es puramente política, y su fuerza militar discutible.

  7. Los nuevos líderes milicianos no nacen como consecuencia de brillantes acciones de guerra, sino de la necesidad de contar con jefes milicianos fiables y carismáticos a disposición de sus respectivos partidos y sindicatos. En su mayoría son líderes nacidos en el papel prensa independientemente de sus virtudes de liderazgo y de sus cualidades de mando, que sin duda muchos las tenían.

2) Hitos iniciales en la formación de las Milicias Populares.

En este apartado, estudiaremos únicamente los hechos ocurridos allí donde fracasó la rebelión, como prólogo de lo que será el estudio de la inmediata y como consecuencia, creación de columnas milicianas.

Largo Caballero y Wenceslao Carrillo visitan el frente de la Sierra a finales de julio. El atuendo de ambos políticos no puede ser más popular. El futuro presidente lleva incluso un fusil.

Madrid:

El primer hito decisivo en Madrid es la decidida voluntad de actuar de los militares leales de la UMRA, y así el mismo 18 de julio, mientras el gobierno se debate en la búsqueda de acuerdos con lo sublevados, Los oficiales que siguen al teniente coronel Hernández Sarabia, aseguran la guardia presidencial, el regimiento de infantería del Ministerio, el propio Ministerio, y todos los centros de mando y comunicaciones de la división. Además y de acuerdo con el teniente coronel Rodrigo Gil jefe del parque de artillería se repartieron 5000 fusiles en lotes de 1000 que presumiblemente armaron a los cinco batallones de voluntarios que se crearon tempranamente entre los días 18 y 19. Los cerrojos de estos fusiles habían seguido una complicada y negociada ruta desde el cuartel de la Montaña (cuyo comandante, el teniente coronel Serra, todavía no se había declarado en rebeldía) y el parque, pero el caso es que el mismo día 18 por la tarde se encontraban en poder de Rodrigo Gil, que ferviente republicano, comenzó su reparto, como decimos. Las unidades de milicianos creadas fueron:

  1. Batallón Primero de Asturias. Socialista bajo el mando del Teniente Coronel Mangada. (Algunas informaciones aseguran que se constituyó con mineros llegados a Madrid la tarde del 18 de julio, pero esto el altamente improbable, pues ninguna de las dos columnas de asturianos que salieron con rumbo a Madrid sobrepasaron Benavente, habiendo de retroceder al recibir las noticias de la sublevación de Oviedo.

  2. Batallón Socialista - UGT. Bajo mando del Teniente Coronel Julio Marina.

  3. Batallón Anarquista - CNT. Bajo mando del Teniente Coronel Víctor Lacalle.

  4. Batallón UGT. Bajo mando del Comandante Narciso Sánchez Aparicio.

  5. Batallón, principalmente comunista. Bajo mando del Comandante José Fernández Navarro. Del que la mayor parte de los encuadrados provienen de las MAOC de Cuatro Caminos para formar el 5º Regimiento y que será primeramente mandado por Enrique Castro Delgado y serán comisarios Vittorio Vidali (Comandante Carlos) y el gaditano Daniel Ortega.

Otras informaciones dan este reparto para el día 19 y ya con la autorización gubernamental que coincide con la toma de posesión como Ministro de la Guerra del general de brigada Castelló, que mandaba hasta la fecha la brigada de infantería de Badajoz. El resto de los fusiles almacenados (unos 60.000) se encontraban sin sus cerrojos según una orden que provenía de 1934 y que obligaba a los generales de división a que todos los máuseres almacenados en los parques de las divisiones orgánicas lo hicieran sin sus cerrojos, que debían guardarse en distintos cuarteles. Por ello, estas armas no fueron entregadas hasta el día 20 por la tarde y siguientes según cuenta Martín Blázquez que fue quien organizó meticulosamente su reparto a las organizaciones paramilitares obreras, cuando los cerrojos ya habían sido recuperados tras el asalto al Cuartel de la Montaña.

Sarabia no pierde tiempo y comienza a radiar ordenes para la concentración de medios materiales y efectivos regulares leales para su marcha contra los centros rebeldes, órdenes que hace firmar al propio subsecretario de la guerra, el general Cruz Boullosa, que tiene las horas contadas como tal. En la mesa del Ministerio, Sarabia y sus hombres trazan círculos sobre los objetivos, declaradamente rebeldes o en situación dudosa y organizan las columnas que marcharán contra ellos. Sarabia, como cuenta Cordón, dividió a su hombres del Ministerio en dos secciones, uno primero en funciones de Estado Mayor, y un segundo auxiliar encargado de facilitar información de situación. Por su cuenta, las organizaciones obreras, con suficientes armas, como hemos contado, organizan también sus fuerzas que de modo natural se unen a las regulares inmovilizando a las fuerzas facciosas en sus recintos.

La noche del 19 se organiza en el parque una improvisada batería con dos obuses de 155 y un cañón del 75 bajo mando del capitán Urbano Orad de la Torre y que será decisiva en la reducción del Cuartel de la Montaña y que bien de madrugada se emplazan en la Plaza de España con el concurso de decenas de civiles. Del parque salieron también dos vetustos carros de asalto que Rodrigo Gil había puesto todo lo a punto que el material permitía, piezas que se apostaron junto con dotaciones de autos blindados de las fuerzas de orden público. Y así, el 20, de madrugada, comienza el bombardeo artillero y aéreo de los centros rebeldes. Dentro del Cuartel de la Montaña, reina un cierto desbarajuste que hace que unos saquen bandera blanca y otros abran fuego de ametralladora contra los milicianos, muchos de ellos desarmados, y las fuerzas de orden público. Estos hechos que se repitieron, varias veces, calentaron el ánimo de los sitiadores y provocarían actos finales de venganza cuando, ya tomado el recinto, la multitud entró en él. Las fuerzas de orden público que tomaron el Cuartel de la Montaña protegieron la vida de los cabecillas rebeldes, pero esta protección no se le pudo dar a todos los sublevados y muchos fueron fusilados en situ por los recién armados milicianos. No obstante la mayoría de los soldados salieron del cuartel y se marcharon a sus casas sin mayores problemas, pues se sabía que habían sido engañados por sus mandos, y los altavoces gubernamentales se habían hartado de comunicarles que salieran del cuartel pues el gobierno había disuelto sus unidades y por tanto estaban licenciados. A las 11 horas del día 20 todo había terminado en el cuartel. Habían participado por parte gubernamental fuerzas de la Guardia Civil al mando del comandante Bretaño, el grupo de guardias de asalto del Comandante Burillo, el recién creado batallón de Mangada armado la tarde anterior en el parque de artillería por el teniente coronel Rodrigo Gil, y una multitud de milicianos de diversa adscripción.

En Campamento, dónde existía un gran complejo militar, el día 19 los oficiales rebeldes que contaban con pocos apoyos se liaron a tiros, luego que el teniente coronel Carratalá de la UMRA, abrió las puertas del cuartel de Zapadores a las milicias con la intención de facilitarles armamento. De esta acción resultaron muertos, el propio Carratalá y otros oficiales leales y varios heridos, abandonando los leales el cuartel. Los oficiales rebeldes del cantón intentaron declarar el Estado de Guerra y que tras varias vicisitudes consiguieron con la ayuda del recién llegado general García de La Herrán para hacerse cargo del mando de todo el complejo militar  y proclamar la rebelión. No obstante, estas fuerzas permanecen inmóviles todo el día 19, sabiéndose sitiados y con gran parte de la dotación contraria a la rebelión. El día 20 tampoco consiguen organizar una columna en socorro del cuartel de la Montaña aunque rechazan un primer intento de asalto de las fuerzas leales, pero la llegada de Jurado al frente de importantes fuerzas regulares decide la situación y los rebeldes se rinden. Muriendo el general García de la Herrán a manos de soldados leales.

Sólo el regimiento de transmisiones del Pardo, que puso tierra por medio y partió con argucias para unirse a las fuerzas de Mola en la Sierra llevándose como rehén a uno de los hijos de Largo Caballero, se salvó de la debacle rebelde. Los conjurados de Madrid actuaron, nunca, mal y tarde, y lo pagaron muy caro. Por contra, los oficiales leales actuaron siempre, bien y pronto, siendo, junto con Barcelona, la primera victoria militar de la República, debida prácticamente a la lealtad de la mayoría más dinámica de la guarnición. Cierto es que muchos oficiales dudosos se inclinaron por el gobierno cuando vieron las pocas posibilidades de triunfo, y que de haber tenido los rebeldes mejores mandos, la lucha hubiera sido mucho más encarnizada, aunque, sin duda, a mayor precio de sangre, el triunfo rebelde era imposible en Madrid. Lo que vendría después, es naturalmente, otra historia.

En el Ministerio, el socialista Juan Simeón Vidarte crea el Comité del Frente Popular con intención de controlar las unidades de milicianos que se están reclutando, y Sarabía organiza fuerzas en dirección a Alcalá-Guadalajara (Coronel Puigdendolas) y Toledo (Riquelme, nuevo jefe de la 1 División Orgánica) pues mientras todo lo contado ocurría en Madrid, en Alcalá de Henares y en Guadalajara, oficiales rebeldes reducen y en ocasiones matan a sus mandos leales y proclaman el estado de guerra pero tampoco se mueven. El día 21 columnas gubernamentales comenzarían su reducción.

Valencia y la 3 división orgánica:

Se decreta la Huelga General el 19 de julio y se forma el Comité Ejecutivo Popular a partir del Comité de Huelga, pero las fuerzas militares siguen en situación dudosa. Sin embargo la indecisa actitud de los mandos conjurados y sobre todo del general González Carrasco, amen del famoso telegrama del líder de la CEDA en la región condenando la rebelión, el malogrado Luis Lucia, aprisionan la rebelión inmovilizándola.

El día 20 el gobierno crea la Junta Delegada del Gobierno para los Territorios de Levante presidida por Martínez Barrios. Su Comisión ejecutiva reconoce de facto al Comité Ejecutivo Popular, quedando al mando (en realidad sólo nominalmente) el Coronel Ernesto Arín. Las fuerzas de orden público mantuvieron sitiados los cuarteles y se llega a una extraña situación de status quo en la que todos se vigilan a todos pero nadie da el primer paso. Mientras el Capitán Uribarri y el Teniente Benedito organizan milicias que finalmente ocupan algunos cuarteles comenzando entonces a organizarse columnas que partirán en distintas direcciones:

El coronel de carabineros Fernández Bujanda parte en dirección a Teruel con guardias civiles y milicianos. Esta columna tendría una dramático final, cuando en las cercanías de Teruel los guardias se sublevaron, tomaron rehenes a los jefes de la columna y numerosos milicianos y dispersaron al resto se pasaron al enemigo, que procedió al fusilamiento inmediato de todos los rehenes.

El coronel de infantería Joaquín Tirado Tomás partió con fuerzas para reforzar Madrid.

El comandante Balibrea siguiendo órdenes del Ministerio de la Guerra, destaca fuerzas de la 3 división para sofocar la rebelión en Albacete el día 21, asegurando completamente la plaza cuatro días después.

El General Martínez Cabrera organiza fuerzas en dirección a Granada bajo mando del Coronel Mariano Salafranca. Estas fuerzas pasan primero por Almería.

El día 27 Miaja, proveniente de Madrid es encargado de dirigir una fuerte columna en dirección a Córdoba, y con la misión también de controlar Despeñaperros.

El día 31 una columna al mando del coronel Manuel Eixea parte en ayuda de Madrid.

A pesar de estas iniciativas la mayoría de la guarnición Valenciana sigue acuartelada sin saberse a ciencia cierta si permanece leal o rebelde. Para acabar con esta situación, el mismo Ministro, general Castelló se traslada a Valencia el 30, destituyendo y nombrado a significados militares de la guarnición, pero es la acción de un suboficial, el sargento Fabra del cuartel de Zapadores de Paterna quien abrió las puertas a los milicianos que pronto se hacen los dueños. La noticia llega al resto de los cuarteles de la región que poco a poco van abriendo sus puertas, terminando la absurda situación el día 3 de agosto. Los militares rebeldes de la UME habían protagonizado una de las más ridículas asonadas, pasando de anteriores y patrióticos llamamientos a la rebelión antes del 18 de julio, a la callada cuando llegó la hora. El gobierno tampoco salió muy lucido pues consintió la duda durante demasiado tiempo, si bien en su descargo hay que decir que la situación le convenía, evitando la lucha y mandando pequeñas columnas a otros lugares donde se precisaban. En el resto de las provincias de la división la situación fue pareja, indecisión, dudas, cobardía a la hora de la verdad, y finalmente la defección y en algunos casos la propia incorporación a las fuerzas leales como si allí no hubiera pasado nada.

Barcelona y resto de Cataluña:

Una de las especiales características de la zona Catalana en lo que respecta a las fuerzas de orden público es que la Comisaría de Orden Público dependía de la Generalitat, bajo la férula de dos militares, catalanistas y decididos, el capitán de caballería Federico Escofet Alsina y su ayudante el comandante de infantería del Servicio de Estado Mayor Vicente Guarner Vivancos. Ambos vinieron a cumplir el papel de Sarabia en Madrid, pero con mucha mayor prevención en cuanto a repartir armas al pueblo. Escofet, Guarner, y los líderes catalanistas preferían conjurar el peligro con la simple intervención de las fuerzas de orden público que en Barcelona era tan poderosas como la guarnición. Ninguno de ellos ignoraba que una vez la CNT consiguiera masivamente armas la situación escaparía de su control, como así fue.

Como en Madrid, la fuerzas gubernamentales fueron las artífices de la derrota rebelde con el apoyo popular de los sindicatos. La rebelión en Barcelona no corrió pareja a la de Madrid, pero casi, las columnas rebeldes avanzaron en dirección al palacio de la Generalitat con la intención de ocuparlo y declarar el estado de guerra. Una estrategia ritual y decimonónica, típica de espadones poco reflexivos que no habían tenido en cuenta en absoluto dónde estaban, pues no se trataba de una pequeña ciudad de provincias, como Burgos o Valladolid, donde los militares hacían uso del ordeno y mando con el apoyo de parte de la población. No. Se encontraban en Barcelona, la ciudad más revolucionaria de todo el Mediterráneo desde la Semana Trágica de 1909 e incluso antes. Repartidos en varias columnas, los rebeldes consiguieron desembocar en la Plaza de Cataluña y ocuparon la Telefónica. Faltos de coordinación y recibiendo continuas contraordenes del mando de la división, que ocupaba todavía el general leal Llano, decidieron apostarse a la espera de acontecimientos, mientras una de las columnas rebeldes, un grupo de artillería sin protección de infantería avanzaba bajo fuego por la avenida Icaria con intención de unirse al resto.

La única posibilidad de estas fuerzas era la defección de las fuerzas de orden público, lo que era muy difícil en Barcelona, Guardia Civil incluida, dado el carácter de sus mandos, y lo escaldada que estaba esta institución de pronunciamientos. Aún así, hubo cierta incertidumbre cuando en la tarde del 19 se dirigió a la Plaza de Cataluña un gran contingente de fuerzas del Instituto encabezadas por el coronel Escobar. Fueron momentos de mucha tensión hasta que la Guardia Civil comenzó a desalojar por la fuerza a los rebeldes apostados en la Plaza. La suerte estaba echada y ni siquiera la llegada de Goded desde Palma podía cambiar las cosas. Aislados y rodeados por fuerzas de orden público y el pueblo con algunas armas, Goded rinde la división el día 20, haciendo pública su rendición por la radio. Poco había durado la asonada. Las fuerzas que los derrotaron fueron las Fuerzas de orden público al completo (Guardia Civil, Guardia de Asalto y Mozos de Escuadra), la Aviación del teniente coronel Sandino, y los sindicatos, fundamentalmente la poderosa CNT.

Cuando todo terminó, salvo pequeños focos aislados que aguantaron hasta el 22, los sindicatos tomaron las armas del ejército sin que nadie pudiera impedírselo. Y este fue el hecho más importante y de mayor trascendencia de todos. La CNT, y también la UGT y otros partidos tomaron las armas sin necesidad de que ningún organismo se las diera, sus líderes se dirigieron a la Generalitat convocados por Companys y allí queda evidenciado que los anarquistas, como era de esperar, no quieren el poder ni los órganos de gobierno, ellos van a funcionar a su modo y nadie podrá impedírselo. Inmediatamente se crea el Comité Central de Milicias Antifascistas compuesto por 25 miembros. Destacando Juan García Oliver en la sección de Guerra, Diego Abad de Santillán en la de Milicias y Aurelio Fernández en la de Seguridad. Comienza la revolución.

En el resto de las plazas catalanas las situaciones se resuelven fácilmente, en Lerida tras una previa declaración del estado de guerra, y ante los sucesos de Barcelona, los rebeldes acatan la orden de Llano para que tome el mando el leal teniente coronel José Martínez Vallespí, como así ocurre, regresando la tropa a sus cuarteles. En Gerona lo mismo, la tropas salen a declarar el estado de guerra, pero la división (Llano) les ordenó que regresaran a sus cuarteles. En Tarragona no se llegó a declarar el estado de guerra. En Figueras no se movió nadie y en Barbastro, el coronel Villalba se mantuvo leal con su media brigada de montaña pese a que seguramente estaba con los conspiradores. No obstante en todas las plazas se produjeron incidentes menores que desembocaron en deserciones y huidas de oficiales rebeldes. Toda Cataluña estaba en manos republicanas, que no del gobierno.

El Norte

En las cuatro provincias que permanecieron leales del Cantábrico, existían los siguientes efectivos de fuerzas del ejercito y de orden público. Dos regimientos de infantería (Santander-Santoña y Oviedo), dos batallones de infantería (Bilbao y Gijón), dos regimientos de artillería (San Sebastián y Oviedo) y un batallón de zapadores (Gijón). Lo que hacían 10 batallones y 24 baterías. Las fuerzas de orden público sumaban 3000 guardias civiles y 200 guardias de asalto. Lo que completaban los 10.000 efectivos. Más de la mitad de ellos se sublevaron. La clave inicial de la desventaja republicana fue la defección de Aranda y sus guardias de asalto impidiendo la distribución de las armas (fusiles, fusiles ametralladores y ametralladoras) almacenadas en las dependencias de la fábrica de armas y depósitos adyacentes. De este modo armas y municiones escasearon muy pronto en todo el norte republicano, y fue el principal elemento, como decimos de la desventaja gubernamental.

A mediados de septiembre, las fuerzas del Norte contaban con unos diez mil hombres. 5000 en Asturias, más de 4000 en la Euzkadi leal y 1000 aproximadamente en Santander. Disponían de mauseres españoles de 7 mm. y había una penuria de municiones peligrosísima, tanto es así que dice Ciutat que se recibía munición por avión desde Madrid en lotes que no pasaban de 50.000 cartuchos (cinco por fusil).

Siguiendo con el estudio de Ciutat, este eficiente oficial de Estado Mayor, nos dice que no existía coordinación militar alguna entre provincias, y si me apuran entre sectores de la misma provincia. Funcionaban los Consejos de Defensa, que no veían más allá del territorio que defendían. Los comités provinciales cayeron en una estúpida autarquía que hoy es muy jugosa para los historiadores y aficionados, pero que fue un desastre para las fuerzas republicanas, pese a serios intentos del gobierno Giral de organizar el Ejercito del Norte, del que Ciutat fue nombrado Jefe del Estado Mayor, y meses después su comandante en jefe, Francisco Llano de la Encomienda, al que nadie hizo el menor caso. Como Comisario General se nombró a Ramón González Peña, haciendo oficial lo que ya era oficioso.

Vizcaya:

La guarnición, un batallón de infantería de montaña, permaneció leal y gracias a la colaboración temprana del gobernador civil y del jefe accidental de la guarnición coronel Fernández Piñerúa quienes procedieron a detener a los oficiales rebeldes. Se facilitan armas a los trabajadores y se forma la Comisaría de Defensa a cuyo mando queda el propio Gobernador Civil. El teniente coronel Vidal Munárriz, jefe del batallón organiza una columna en dirección a Vitoria y que fue detenida por los rebeldes en Ochandiano. Otra columna la del teniente Justo Rodriguez con fuerzas de orden público se dirigió a San Sebastián donde actuó para sofocar el levantamiento. En Mondragón, el teniente de la Guardia Civil, Juan Ibarrola, con fuerzas del instituto y milicianas organiza la defensa del valle del Deva. Nacionalistas y mendigoitxales aseguran igualmente el monte Gorbea. La retaguardia con Santander es cubierta por fuerzas mixtas. Hasta la asunción del poder militar por parte de gobierno vasco, la Consejería de Defensa bajo el mando del socialista Paulino Gómez se constituyeron las siguientes columnas:

La columna del teniente de Asalto Justo Rodríguez, que partió para San Sebastián con 300 hombres.

La columna Arlabán-Mondragón con otros 300 hombres al mando del capitán de la Guardia Civil, Juan Ibarrola.

La columna de Ochandiano al mando del teniente coronel Vidal Munárriz con 800 hombres.

La columna de Ubidea con 400 hombres al mando del teniente Alfredo Samaniego.

La columna de Orduña, con 300 hombres al mando del comandante Aizpuru.

La columna del Gorbea, unos 100 nacionalistas que mandaba el médico Ángel María de Agirretxe.

En total, unos 2000 efectivos con poco armamento y sin buena organización.

Guipuzcoa:

Las fuerzas populares toman la iniciativa rápidamente en esta ciudad organizando una columna que debería atacar Vitoria al mando del comandante de Estado Mayor Eugenio Pérez Garmendia. La Guarnición se acuartela mientras los mandos rebeldes ocultan sus actitud en espera de las columnas de Mola, pero las fuerzas provenientes de Eibar y la columna de Pérez Garmendia que regresa a la ciudad al tener noticias de la rebelión hacen posible la rendición de los sediciosos el día 28 después de que sus jefes huyeran. La iniciativa militar de los republicanos corre a cargo de los voluntarios organizados en las milicias obreras paramilitares, socialistas, comunistas, anarquistas y juventudes unificadas. Al mando de estas fuerzas milicianas y de las que de refuerzo llegaron de Vizcaya estaba el dirigente comunista Jesús Larrañaga.

En Irún, otro comunista, Manuel Cristóbal Errandonea con el apoyo de fuerzas de carabineros dominó prontamente la situación tomando el control de la frontera y amenazando Navarra. 

En apoyo de las milicias del Frente Popular actuaban también señalados nacionalistas, destacando Telesforo Monzón.

Santander:

Se crea el Comité del Frente Popular que preside el Presidente de la Diputación Juan Ruíz Olazarán tras el audaz contragolpe del militar republicano capitán García Vayas, quedando para la República una provincia netamente derechista. Al frente del Departamento de Defensa de la provincia queda el diputado socialista Bruno Alonso. Los voluntarios del Frente Popular organizaron pequeñas columnas que apenas se movieron de sus posiciones iniciales. A finales de agosto la provincia contaba con unos efectivos de 800 hombres organizados en las siguientes columnas:

La columna del puerto de Tornos, con 300 hombres al mando del diputado José Villarías.

La columna del Portillo de la Sía, al mando del comunista Cieza.

La columna del puerto del Escudo con 100 hombres.

La columna de Reinosa con 200 hombres al mando de Navamuel.

La columna de Potes con 150 hombres.

Avanzado septiembre y octubre, fuerzas santanderinas combatieron cerca de Eibar y también en Oviedo. Parte de estas fuerzas eran regulares y provenían del regimiento de infantería de la ciudad. A fines de octubre guarnecían el frente provincial unos 3000 hombres.

Asturias:

La tarde del 18 dos columnas de cerca de 5000 trabajadores más algunos oficiales y guardias de asalto, prácticamente desarmadas, pues apenas habían conseguido de Aranda 100 fusiles y tres ametralladoras, más algo de munición, salieron de Oviedo rumbo a Madrid a petición de Prieto y contra la voluntad de otros dirigentes y de los comunistas que no se fiaban de Aranda. Una de las columnas partió por ferrocarril con 3000 hombres y al mando del socialista Otero, la otro con el resto, unos 2000 hombres y al mando del comunista Damián Fernández partió en camiones y vehículos requisados. Ambas columnas dependían del mando del dirigente minero Francisco Martínez Dutor, que había sido suboficial del ejército a favor de los revolucionarios en el 34. Cuando ya estaban bastante lejos, Aranda se apodera de Oviedo. A las 10 de la mañana ambas columnas llegan a León, dónde el general Caminero ordena la entrega de armas. Pero el coronel del regimiento, que tenía intención de sublevarse en cuanto la columna partiera, apenas les entrega otro centenar de fusiles y unas pocas ametralladoras y munición. Ambas columnas reemprenden la marcha, una por carretera y la otra por ferrocarril. Ese mismo día, ya de noche, alcanzan Benavente donde se enfrentan a un compañía de guardias civiles. En este momento y tras reducir la resistencia de Benavente, las columnas asturianas han alcanzado un importante objetivo estratégico pues la plaza de Benavente impedirá las comunicaciones de la meseta con Galicia. Desgraciadamente las noticias de Asturias son terribles. Las columnas deciden regresar y abandonar Benavente y sortear León, donde la guarnición también se ha sublevado. Un grave error militar que le costará al norte la guerra. Las columnas emprenden la retirada por la ruta de Astorga, Ponferrada y Villablino. La marcha se hace dura pues son atacados en todas partes. El 20 los asturianos llegan a Trubia y las fuerzas se reorganizan. Se ha perdido una oportunidad histórica. El primer error, abandonar Oviedo, el segundo abandonar León y el tercero, retirarse sin intentar retomar ambas plazas. Esta posibilidad de mantenerse fuertes en la meseta, era muy arriesgada, pues ambas columnas apenas contaban con 1000 fusiles y media docena de ametralladoras, y sobre todo muy poca munición, pero era una apuesta muy audaz que se lo hubiera puesto muy difícil a los rebeldes, amén de que las fuerzas locales del Frente Popular, sin duda, hubieran colaborado, incluso fuerzas de orden público.

Es la mendacidad del coronel Aranda comandante militar de Asturias, la que determina decisivamente la pérdida de la plaza de Oviedo, y la rebelión de gran parte de las fuerzas de orden publico, incluida la Guardia de Asalto, donde su anterior jefe en la plaza, el comandante Caballero que se encontraba en Oviedo, se presentó en el cuartel de los de Asalto y con el apoyo de la mayoría de la oficialidad arrestó primero al leal comandante Alfonso Ros Hernández que había procedido a distribuir armas a los mineros, y al poco, al negarse éste, lo asesinó junto a otros oficiales leales. Otros, también leales, pudieron huir. Este hecho cuando todavía Aranda no había concentrado a sus tropas en Oviedo, es de nuevo decisivo. En Gijón, donde nada parecido ocurrió, los rebeldes del cuartel de Simancas no pudieron cumplir la misión ordenada por Aranda y pronto se vieron sitiados. A continuación el Comité del Frente Popular de Sama de Langreo bajo el mando de Belarmino Tomás organiza el asedio de Oviedo, y el Comité del Frente Popular de Gijón bajo mando del anarquista Segundo Blanco inicia las acciones contra los rebeldes del cuartel de Simancas y del de zapadores. Las fuerzas asturianas leales se vieron así condicionadas a cubrir tres frentes (cuatro con Gijón), Luarca-Tineo, por dónde avanzaban los gallegos rebeldes, León-Pajares dónde se asentaban bastante fuertes los sublevados y el propio Oviedo con Aranda y sus fuerzas. Tres días de julio, como dice Luis Romero, que fueron decisivos para componer la gran desventaja estratégica de los leales asturianos.

Además de las fuerzas de Dutor que cercaban Oviedo identificamos tres columnas más en los frentes asturianos:

La columna Otero que se enfrentaban a las fuerzas gallegas. Contaba con 1500 hombres pobremente armados.

Una columna de 300 hombres parapetada sobre posiciones cercanas a La Robla cubriendo los accesos al puerto de Pajares.

Otra columna aun más pequeña, al mando del "Coritu", un líder socialista, cubriendo el puerto del Pontón defendiendo los accesos desde Riaño.

A estas fuerzas hay que añadir los 600 militantes de la CNT que asediaban el cuartel de Simancas en Gijón y otras fuerzas menores en dirección a Teverga.

El saldo general, es a estas fechas, desfavorable para los gubernamentales en la provincia. Poco más de 5000 milicianos con cuatro mil fusiles y unas 20 ametralladoras. Munición escasísima. Dinamita, abundante, pero la dinamita no toma las trincheras enemigas, y una variopinta docena de piezas de artillería. Los rebeldes por contra contaban con más de 8000 hombres bien armados y piezas de varios regimientos de artillería, incluyendo el de Oviedo.

Esta correlación de fuerzas se corrigió en cuanto las autoridades del Frente Popular tomaron medidas para la adquisición de materiales y munición y el encuadramiento y recluta de milicianos.

Andalucía y Extremadura.

La situación sobrevenida tras la rebelión militar del 17-18 de julio en Andalucía es desastrosa para el gobierno, todas las guarniciones importantes se rebelan y tras duros momentos iniciales de incertidumbre triunfan excepto en Málaga, donde la presencia del destructor Sánchez Barcaíztegui ya a las órdenes del gobierno y la indecisión del mando rebelde, el general Patxot, consiguen abortar la rebelión que en principio tenía muchas posibilidades. En Huelva, donde la pequeña guarnición se mantuvo leal, excepto la columna de guardias del comandante Haro que enviada por orden del general Pozas, inspector general de la Guardia Civil para combatir a Queipo, se pasó en masa al bando rebelde dejando atrás a los milicianos que les acompañaban. En Almería, donde se mantiene la incertidumbre hasta que aparecen fuerzas de aviación y el destructor leal Lepanto. Y en Jaén, donde las dudas del General Nuñez durante casi un mes, terminan la situación con la retirada de la Guardia Civil al Santuario de N.S. de la Cabeza y posterior asedio.

En Extremadura, sólo Badajoz queda con la República, dónde Castelló confirma su lealtad y la de la guarnición. Una columna de dos compañías del regimiento de infantería nº 3 parte para Madrid a requerimiento del gobierno, otra que días más tarde sale con tres compañías de la Guardia Civil en dirección a Sevilla, se pasa al completo a Queipo. El 6 de agosto, otras fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto se sublevan, toman como rehén al coronel Puigdendolas y se atrincheran tras pedir auxilio a Ceuta. El resto de las fuerzas leales los dominan al día siguiente libertando a Puigdendolas, quien no toma represalias y se limita a encerrar a los rebeldes.

La Nelken, el señor Faure y el comandante Ristori en la sierra de Madrid. Ristori moriría en combate en este frente.

3) La evolución de los Ministerios de la Guerra y de Marina. Los organismos gubernamentales.

Dos grupos de oficiales de la UMRA, uno bajo el liderato de Coronel de artillería Juan Hernández Sarabia que se instala en el Ministerio de la Guerra, y otro bajo el mando del Comandante de Infantería de Marina Ambrosio Ristori que se instala en el de Marina se hacen cargo de todas las tareas administrativas y de control propias de sus ministerios. La primera orden de Sarabia es ordenar (sic) al Subsecretario en funciones General Manuel de la Cruz Boullosa la concentración de todos los medios bélicos, suministros y municiones en el Parque de Artillería de Madrid que bajo el mando del Coronel Rodrigo Gil, leal republicano, se encargará del reparto a los milicianos y tropas regulares leales. Esta orden fue decisiva para el control gubernamental de la zona de Madrid.

El gobierno nombra Ministro de la Guerra al General Castelló que mandaba la II Brigada de Infantería (Badajoz) y Ministro de Gobernación al General Sebastián Pozas anterior Inspector general de la Guardia Civil.

Boullosa será a continuación sustituido por el General Carlos Bernal. El Jefe del Estado Mayor, General José Sánchez Ocaña será destituido por dudoso. El General Joaquin Rodriguez Mantecón reemplazará al rebelde Queipo de Llano como General Inspector de Carabineros. Pozas que había pasado a Ministro de la Gobernación será sustituido en la Inspección General de la Guardia Civil por el General Rodríguez Arias. Mandará la Guardia de Asalto el Coronel Pedro Sánchez Plaza. En la Armada, el Jefe del Estado Mayor Vicealmirante Francisco de Salas será sustituido por el Teniente de Navío Pedro Prado.

A partir de aquí se suceden las órdenes, nombramientos y disposiciones del Ministerio con inusitada rapidez:

Riquelme, nombrado el día 20 jefe de la I División Orgánica recibe órdenes del someter Toledo y a tal efecto organizará una columna contra Moscardó. Días después se verá igualmente obligado a formar varias columnas con destino a la Sierra para detener a las tropas de Mola.

Se nombra Subsecretario de la Guerra al Comandante Leopoldo Menéndez en sustitución del General Carlos Bernal.

Castelló, que pasa por un trance personal muy difícil, su familia está en zona rebelde, no por ello deja de anotar las inmediatas necesidades militares del gobierno:

  1. Afrontar la situación militar controlando los accesos a Madrid y reduciendo los focos rebeldes de Alcalá, Guadalajara, Toledo y Albacete.

  2. Organizar, armar y dotar de mando militar a las columnas que deberían realizar las tareas expresadas en el punto anterior.

  3. Establecer una estrategia nacional de defensa válida para todo el territorio controlado por el gobierno y hacerla llegar y cumplir a todos los centros de poder militar republicano.

  4. Restablecer el cuerpo de oficiales leales, depurando a los rebeldes y dudosos.

  5. Adquirir armas y materiales para llevar a cabo las anteriores tareas y las venideras.

El 6 de agosto causa baja por depresión Castelló y lo sustituye el teniente Coronel Juan Hernández Sarabia quien además controla ya el Comité del Frente Popular alojado en las dependencias del Ministerio de la Guerra desde el día 18 de julio. 

Sarabia organiza una política defensiva basada en varios ejes: 

1) Estrategia de distracción: ataque y cerco de Oviedo, marcha sobre Córdoba (Miaja)

2) Estrategia de contención sobre puntos fuertes en los Valles del Guadiana y del Tajo.

Gobierno y autoridades republicanas:

Indalecio Prieto publica el 9 de agosto en el Socialista su famoso discurso sobre los recursos para ganar la guerra.

Decreto del 20 de julio para el ingreso en el servicio activo de militares retirados que probaran su lealtad al gobierno.

Disposición del día 26 de julio reorganizando las fuerzas de la I División Orgánica y ordenando la vuelta de los soldados de permiso y movilizando a los mozos disponibles de los reemplazos de 1934 y 1935 y que residan en la zona central.

Decreto del 11 de agosto para la creación de Escuelas de Formación de Oficiales de las tres armas. Este decreto no se puso en práctica por la oposición de las Milicias

Batallones de Voluntarios y la Junta de Reclutamiento.

El gobierno Giral en un intento de crear un ejercito de carácter profesional mandado por militares profesionales saca el decreto del 3 de agosto creando los Batallones de Voluntarios. El área de reclutamiento será la zona de Madrid y se confía el mando a oficiales de las fuerzas de Orden Público. Ante el rechazo generalizado de partidos y sindicatos sale el decreto del 17 de agosto creando el Ejercito de Voluntarios, cuyo Comité ejecutivo presiden Martínez Barrios, el general Martínez Monje antiguo jefe de la III División Orgánica y el ex-ministro Mariano Ruíz Funes. La recluta será por seis meses como mínimo y los honorarios de 10 pesetas diarias, pero los voluntarios correrán con los gastos de su manutención, condiciones peores en realidad que las de los milicianos. Los mandos serán oficiales y suboficiales retirados del servicio activo con avales progubernamentales. En Albacete se organizan las fuerzas con previsiones de hasta 12 batallones. Posteriormente se extiende el territorio para la Junta de Reclutamiento a las Divisiones Orgánicas Primera, Segunda y Tercera.

A primeros de agosto, esta sección de ametralladoras de la Columna Mangada posaba para el fotógrafo en lo que parecen unas prácticas de tiro, Corneta incluido.

La cuestión de las milicias versus ejercito regular en el gobierno Giral.

Era del todo imposible que el Gobierno Giral (19 de julio - 4 de septiembre de 1936) pudiera combatir la rebelión utilizando únicamente las fuerzas militares leales, más nuevos reclutas, más unas Fuerzas de Seguridad potenciadas. La guerra ya la estaban haciendo las milicias de los partidos y sindicatos. Y de hecho, las columnas se compusieron con una mezcla de fuerzas regulares y voluntarios milicianos. Las fuerzas militares y las paramilitares se necesitaban mutuamente. Las primeras, rotos los escalones de suministros y mando, necesitaban de las organizaciones populares. Las segundas necesitaban de la disciplina, conocimientos y mando militar. Ninguna columna se sustrajo a a esta ecuación, un mando bicéfalo político-militar, un esqueleto militar basado en fuerzas militares leales o en Fuerzas de Seguridad, y una masa malamente encuadrada de voluntarios milicianos. El mismo 20 de julio, las fuerzas que atacan Alcalá y el 22 Guadalajara están nominalmente mandadas por el Coronel Puigdendolas pero políticamente controladas por la CNT (Mera y cía.)

Lo que está del todo claro es que los partidos y sindicatos que poseen unidades milicianas no van a permitir la formación de un ejército regular cualquiera que sea su naturaleza. La prensa política, los mítines, los líderes obreros se oponen tajantemente a esta pretensión y la iniciativa del gobierno Giral fracasa. Sin embargo, según la situación militar se va imponiendo de forma desoladora en el valle del Guadiana, y mientras en el frente de Aragón, las milicias catalanas viven una idílica pero frustrada realidad, todos son conscientes de la necesidad de militarizar, controlar, organizar y aumentar las fuerzas militares de que cuenta la República. El partido más dinámico y mejor asesorado así la ha entendido poniendo en marcha el mejor centro de instrucción y reclutamiento con que cuentan las fuerzas populares, el 5º Regimiento de Milicias Populares. De forma que dos cuestiones elementales sustentan esta necesidad de militarizarse: La evidencia militar de la incapacidad de las milicias para detener el avance rebelde y la creciente influencia del PCE en la visión popular de la guerra motivada por su exitoso 5º regimiento y su más exitosa propaganda de guerra. No hay falsedad en esta pretensión del PCE cuando anuncia la necesidad de militarización, en verdad que los comunistas gustarían de un disciplinado ejército de milicianos, si posible su ejercito, aunque en realidad eso le pasa a todos los partidos y sindicatos, sin excepción, incluso en los sectores más radicales de la CNT-FAI, que andan con aquello de la disciplina de la indisciplina. En esta hora de debilidad del gobierno, todos parecer desear cuanto menos gobierno mejor y cuantas más milicias bajo su control también mejor. Esta ruda contradicción entre los deseos y la realidad, violentamente expuesta por las derrotas del valle del Guadiana, con las caída de Almendralejo, Zafra, Merida y sobre todo Badajoz, resolverá la crisis favorablemente para la militarización. Pero aún tenía que caer Talavera y con ella el gobierno Giral.

Organismos de Control de la Milicias durante el gobierno Giral (Centro y Cataluña):

20 Julio. Consejo de Defensa de la Generalitat. Organismo de la Generalidad de Cataluña a efectos de la Guerra mandado por el Teniente Coronel Díaz Sandino.

21 de julio. Comité de Milicias Antifascistas. Formado en Cataluña a iniciativa de Luis Companys por los comités de milicias de los sindicatos y organizaciones frentepopulistas de Cataluña. Era su secretario Enrique Pérez Farrás. Sus cuarteles fueron rebautizados como Lenin, Bakunin, Marx, Vorochilov... Fue disuelto con el decreto de militarización de la Generalitat del 24/10/36 (Ejercito de Cataluña).

3 de agosto. Junta Central de Reclutamiento. Se creo por decreto y estaba presidida por Martínez Barrio. Tenía jurisdicción en toda la España republicana, excepto el Norte y Cataluña. Y creaba Batallones de voluntarios según el decreto de ese día. Tenía su sede en Albacete. A mediados de octubre se habían creado tres batallones. Pese a todo el 28/08/36 cedió sus atribuciones a la Comandancia Militar de Milicias.

8 de agosto. Inspección General de Milicias - Comandancia Militar de Milicias. Se creo para ordenar la situación caótica de las columnas de milicias al principio de la guerra. Administraba los estadillos, suministros, cuarteles y pagaduría. La dirigían comités de partidos frentepopulistas. Era Inspector General el oficial Luis Barceló (PCE) recién ascendido a Coronel. El 20 de octubre pasó a ser controlada por el Jefe de Operaciones de la zona Centro, que entonces era el general Asensio cambiando su nombre por el de Comandancia Militar de Milicias. Su nuevo director fue Servando Marenco que hizo un gran trabajo. Según Alpert que lo estudió minuciosamente, era un organismo muy eficiente.

En el frente de Aragón, esta sección de morteros, probablemente Valeros de 50 mm. y que por la uniformidad incluso podría tratarse de una unidad regular, se apresta para hacer fuego, seguramente a petición del fotógrafo (Piortiz)

El gobierno de Largo Caballero.

El 4 de septiembre cae el gobierno Giral y Azaña encarga a Largo Caballero que forme gobierno. El anterior gobierno había intentado definir una política de defensa nacional y construir un ejército de voluntarios sujeto a disciplina y mandos militares que no dependiera de las milicias de partidos y sindicatos. Como consecuencia de ambos fracasos y de la irrupción de los rebeldes en el valle del Tajo, se produce la crisis que determina un nuevo gobierno. El gobierno de Largo Caballero tenía en el fondo las mismas pretensiones, organizar el caos, remendar la autoridad de la República, aunar voluntades, y formar un ejército de tierra, otro de aire, y revitalizar la flota. Para esta tarea, Largo Caballero contó con una sorprendente ventaja sobre su anterior, la aparente unidad de todas las fuerzas políticas del Frente Popular, anarquistas incluidos (un poco después). Para la Marina y el Aire contaba con Prieto, animal político donde los hubiera, inteligente como pocos y gran organizador. Para mandar la aviación, que se encontraba muy mermada de efectivos tras mes y medio de campaña se ratificó a Hidalgo de Cisneros, reconocido militar y que ya ejercía tareas parejas desde los primeros días de la rebelión. Pero la principal tarea que Largo encomendó a Asensio que sustituía a Riquelme en el Centro, fue la de organizar todos los recursos que el gobierno tenía pensado movilizar mediante el concurso de un equipo técnico en el Estado Mayor del Ministerio de la Guerra, donde entraron señalados militares que compartían las tesis comunistas en cuanto a la futura organización del ejército, como eran Estrada, Rodrigo Gil, Cordón y Díaz Tendero. Este peculiar nombramiento de militares cercanos al PCE indicaba claramente que el PSOE, aunque disponía de numerosas y afamadas milicias, no tenía en realidad una idea clara de cómo organizarlas y menos una política de Defensa que ofrecer al líder de la UGT y actual presidente del Consejo de Ministros. El 5º Regimiento cosechaba éxitos políticos. Alguien tenía las ideas claras en aquel maremagno miliciano. Pero para el principal mando militar de la zona al alcance de la autoridad del gobierno, Largo no se dejo seducir por los comunistas y nombró como hemos dicho, al coronel Asensio Torrado que no gozaba de las simpatías del PCE. Asensio, militar de corte tradicional, africanista como sus compañeros rebeldes y con ganas de pelear al mejor estilo del ejército de África preparó una ofensiva que reconquistara Talavera, la plaza que le había costado el puesto a Giral. La ofensiva fracasó por la falta de instrucción de las milicias en liza y las unidades perdieron copioso material insustituible. No obstante, los rebeldes se detuvieron para reorganizarse y ello enmascaró en cierto modo el fracaso de Asensio y su evidente falta de comprensión del manejo de unidades de milicianos. El 11 de septiembre se crean cuatro teatros de operaciones divididos a su vez en sectores. Se pretende dotar de mando y Estado Mayor a cada sector:

  1. Teatro de Operaciones Militares del Centro de España (TOCE): Sectores de Guadalajara - Somosierra - Guadarrama - Toledo - Extremadura

  2. Teatro de Operaciones Militares de Aragón: Sector Norte (Zaragoza y Huesca) y Sur (Teruel)

  3. Teatro de Operaciones Militares de Andalucía: Sectores de Málaga - Badajoz - Córdoba y Granada.

  4. Teatro de Operaciones Militares del Norte de España: Sectores de Asturias - Santander - Vizcaya-Guipúzcoa.

Asensio, que estaba corto de personal y material preparó una defensa en profundidad en el frente de Talavera aprovechando el entrante de Santa Olalla y Maqueda. Las milicias se defendieron con valor pero sucumbieron nuevamente ante las columnas rebeldes. Para el 22 de septiembre los rebeldes dominaban el sector y Madrid estaba a su alcance. Un nuevo parón de Franco, desvío para tomar Toledo y liberar el Alcázar (28 de septiembre), operación militar clave para afianzar a Franco en el mando rebelde permitió al gobierno mejorar sus suministros y su organización y así el 30 de septiembre se publican los Decretos de Militarización de las milicias y en fechas posteriores se anunciaron nuevas medidas que llevaron a la creación del El Ejército del Centro, el Comisariado de guerra, la Comisión de Armamento y Municiones, los Centros de Movilización y Reserva (CRIM), las nuevas Maestranzas de Artillería (COPA), las Escuelas Populares de Guerra, y la aviación como nuevo ejército (FARE). Asimismo, el Gobierno de Largo contaba por primera vez con una política de Defensa que proyectaba ofensivas para un futuro próximo. El Ejercito Popular nacía sobre el papel con la creación el día 10 de octubre de las seis primeras Brigadas Mixtas. Asensio obtuvo algunos éxitos locales (Illescas) y fue nombrado Subsecretario de  la Guerra. Su labor fue muy positiva en este puesto como manifiesta Cordón que le siguió de cerca, pese a sus maneras de militar tradicional y otros defectos menores que le granjearon enemistades políticas y que le costarían el cese a la caída de Málaga.

Organismos de Control de la Milicias durante el gobierno de Largo Caballero:

5 septiembre. Estado Mayor de Ministerio de la Guerra. Antecesor del Estado Mayor Central. Intento de Largo Caballero de poner orden en el caos del Estado Mayor del Ministerio de la Guerra. Operaciones: Casado, Rojo y Cordón. Artillería: José Luis Fuentes (Más tarde Inspector General de Artillería) Consejeros de la reorganización del 20 Octubre: Carlos Contreras (5º Rgto.) Ángel Gil Roldán y Miguel González Inestal (CNT), Daniel Ortega (PCE). Se nombra a Rojo segundo Jefe de Estado Mayor.

21 octubre. Comandancia Militar de Milicias (decreto del 20 de agosto). Creada para suplir La Inspección General de Milicias y la Junta Central de Reclutamiento. Su director fue Servando Marenco que hizo un gran trabajo. EL 21 de octubre se anunció su estructura. Tenía un secretario y cinco secciones:

  1. Reclutamiento

  2. Organización y personal

  3. Armas y vestuario

  4. Alimentación

  5. Servicios Médicos.

Este organismo terminó con la transmisión de dinero a los milicianos por parte de sus organizaciones políticas. Desarrollo un enorme trabajo de concienciación de la necesidad de militarización. Hizo un extraordinario trabajo de control de pagaduría no abonando pagas a las columnas que no aceptasen la autoridad del gobierno. Dejó unos excelentes archivos y una escrupulosa contabilidad. (Alpert)

17 de octubre. Milicias de Vigilancia de retaguardia. Organismo para evitar el caos criminal que se apoderó de las numerosas milicias pseudopolicíacas y que estaban ensangrentando la República. Se creó por decreto de la Gaceta del 17 de octubre del 36

24 de octubre. Exèrcit de Catalunya. La Generalitat pretendía crear un ejercito catalán con todas las fuerzas milicianas desde Huesca a Teruel. Formó tres divisiones (Columnas Ascaso, Carlos Marx y Durruti) al mando del Coronel De la Peña, Coronel Villalba y Eduardo Medrano. En enero del 37 surgió una cuarta división. En teoría estas fuerzas eran independientes del Estado Mayor de Valencia. Este estado de cosas terminó con los sucesos de mayo del 37. La División Durruti pasó a ser la 26, Carlos Marx la 27, Ascaso la 28, Macía-Companys la 29.

26 de octubre. Euzkogudarostea. Intento de gobierno vasco de crear su propio ejercito. Pese al General Llano de la Encomienda, Aguirre movilizó un amplio ejercito de casi 25.000 hombres con un Estado Mayor que presidía el propio Aguirre. Amén de los batallones de infantería, disponía de un regimiento de artillería, seis batallones de intendencia, sanidad y otros servicios. Los batallones nacionalistas no tenían comisario, sino un doblete de oficiales, uno para operaciones y otro para intendencia.

9 noviembre. Consejo Superior de Guerra. Organismo creado en 1931 y reformado por Largo Caballero en Noviembre de 36. Lo constituía el ministro de la guerra y ciertos ministros, junto al jefe del Alto Mando. 

Esta joven y sonriente miliciana cargada con su fusil, la cantimplora, el casco, el vaso de latón y las cartucheras, participa en un informal desfile de la Columna Mangada.

M.B.


Apuntes bibliográficos:

El ejercito republicano. Michael Alpert.

Guerra y revolución en España. Comisión presidida por Dolores Ibarruri.

Relatos y reflexiones de la guerra de España. Francisco Ciutat de Miguel.

La guerra en Asturias. César M. Arconada.

La Guerra militar. La Guerra de columnas. Gabriel Cardona y Fernando Fernández Bastarreche. Historia 16