S.B.H.A.C.

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El Ejército Popular de la República

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1a) Organizaciones paramilitares de primera hora y grupos de autoprotección.

 

Antecedentes: 

Desde antes de la revolución del 34, los partidos de izquierda, y al calor del matonismo creciente de la extrema derecha (la falange se fundó en octubre de 1933), se habían propuesto crear milicias de autodefensa que permitieran el desarrollo con seguridad de las actividades políticas, no sólo de sus líderes, sino de las cotidianas actividades de propaganda, venta de prensa, etc... Esta decisión era un paso más en la constitución de los ya fomentados grupos paramilitares que desde el principio del bienio negro, a modo de guardaespaldas, pistoleros de ocasión y similares habían proliferado en la agitada vida política de la II República española, donde la peligrosa espiral acción-reacción que con tanto esmero practicaban las derechas, había atrapado a la izquierda en una larga cadena de hechos violentos que se perdían en los años y que ya era imposible de justificar ni de objetivar. La espiral crecía, y la creación de estas milicias justo antes de la revolución del 34 sólo venía a equilibrar las extremadas fuerzas paramilitares que la derecha estaba poniendo en juego, sobre todo entre las juventudes tradicionalistas y monárquicas, frente a lo que siempre se ha creído al respecto de Falange, que realmente empezó a crecer, cuando estas juventudes se integraron en masa en la formación fascista española por excelencia.

De modo que se observan con facilidad dos periodos diferenciados en creación y estructura de las organizaciones paramilitares de izquierda, uno primero anterior a 1934, dedicado a la autoprotección y tareas similares cuyo momento más álgido es el inicio de la revolución de Octubre, y las formaciones que surgieron a partir de embriones de las anteriores o no, y que fueron las creadas a tras la reorganización de las fuerzas republicanas y de izquierdas al año de la debacle del 34, y que además alcanzan su punto principal con la victoria de febrero del 1936.

1) Madrid. Las Milicias Socialistas,  las milicias de las Juventudes Socialistas, la "Motorizada" de Prieto y los guardaespaldas de Largo Caballero.

Además de los pistoleros de los sindicatos, UGT y CNT, los guardaespaldas de los líderes más señalados, y los muchos militantes armados de todos los partidos del espectro republicano, las izquierdas entendieron que era urgente y necesario crear estructuras paramilitares para asegurarse el espacio político, que las más de las veces era la simple y vulgar calle mientras tanto se preparaba la revolución. Las juventudes de los partidos, las libertarias y otras, vinieron a engrosar estas milicias que nacían con vocación militar en el caso del PSOE y del PCE y sus juventudes, y como unidades de acción directa en el  caso de los anarquistas. Estaba, además, el caso alemán y austriaco, donde el movimiento socialista alemán había sido liquidado sin lucha en el 33, y el austriaco lo fue en febrero del 34 en unos pocos días por el canciller Dollfus. La fracción Largocaballerista tomó la decisión de constituir milicias socialistas de autodefensa. Una de sus primeras asambleas se realizó sin sigilo de ningún tipo en el Círculo Socialista del Oeste. Allí se organizaron las escuadras de diez milicianos. Su primera actuación vino a resultas de la cacareada concentración de la CEDA el 22 de abril de 1934 en el Escorial, donde los milicianos alborotaron sin consecuencias. La mayor parte de los servicios que recibieron se trataban de protección de locales y personalidades. El asalto a los locales del contrario, era el deporte nacional de las juventudes de todos los partidos. En hechos de ese estilo hubo varios jóvenes muertos. Su jefe militar fue pronto el italiano Fernando de Rosa, apoyado por Francisco Ordóñez, José Laín y Manuel Tagüeña que se había desligado recientemente del entonces sectario Partido Comunista. La preparación del movimiento insurreccional de octubre, decisión minoritaria de la fracción de Largo Caballero, asumida de forma insensata por la mayoría del partido socialista, implicó muchas y rocambolescas aventuras alrededor de alijos de armas. El caso más señalado es el del vaporcito Turquesa capturado en Asturias por fuerzas del gobierno con parte del alijo de armas que los revolucionarios portugueses habían vendido, con gran gusto, pues llevaban meses llevándolas de un sitio para otro sin encontrar ocasión de usarlas, y que los contactos de Prieto habían facilitado. La revolución de octubre se hizo para evitar la entrada en el gobierno de la República, de la CEDA, extremadamente reaccionaria, compuesta de partidos de gran veteranía a la hora de conspirar contra la República, y cuyas intenciones eran evidentes, destruir la República desde dentro y reinstaurar el antiguo régimen con cambio de fachada de coqueteos fascistas. La izquierda no tenía ninguna probabilidad de impedir tal cosa por medios violentos, pero Largo Caballero, antiguo Ministro de Trabajo y que tenía un pasado moderado en la UGT, se encontraba como pez en el agua en su nuevo papel de dirigente revolucionario, líder de las masas obreras y futuro presidente de los soviet españoles. El papel de las milicias socialistas fue muy discutible en estos hechos, en Madrid se concentraron en le Circulo Socialista de Prosperidad y tras un tiroteo de más de dos horas con la Guardia de Asalto se rindieron con un muerto por cada bando, y de centenares de detenidos. Cataluña con el fiasco de los Escamots del Estat Català y Euzkadi con los sucesos de Eibar, son de sobra conocidos, incidentes menores, en suma.

Sólo Asturias, donde las milicias de todos los partidos y sindicatos fueron capaces de organizarse y hacer tambalear el poder del estado en la zona principal de esta región. El papel de las milicias socialistas en esta insurrección es decisivo al inicio, siendo paulatinamente superado por las milicias comunistas según las cosas se iban estropeando para los revolucionarios. El resultado, también conocido, es la debacle para la izquierda, que el gobierno derechista aprovecha para reprimir a todo el espectro republicano. Hay miles de detenidos e incluso de muertos. Las milicias obreras quedan descabezadas y desarticuladas en toda España. En el caso de las Milicias Socialistas Madrileñas, cuenta Tagüeña, que un miembro destacado de las milicias, "hábilmente" interrogado por el capitán Santiago, había revelado los nombres de todos los responsables de la organización, información que fue rápidamente publicada por la prensa derechista. Los dirigentes hubieron de esconderse o salir del país. Hasta mayo no hubo cierta normalidad política, cuando ya liberado sin cargos Azaña, se produjo el gran mitín del campo de Mestalla en Valencia, donde Azaña fue aclamado por la más ingente multitud jamás reunida en España. Era el 26 de mayo de 1935 y las carnes de país estaban abiertas. Otro mitin de Azaña el 20 de octubre en las cercanías de Madrid con pareja asistencia dio a entender al gobierno que los republicanos se recuperaban poco a poco a pesar de la dura represión y de las largas condenas a que habían sido condenados millares de dirigentes de la izquierda. Durante este periodo, del 34 a enero del 36, los milicias de las juventudes socialistas permanecen latentes hasta que se disuelven las Cortes y Portela Valladares convoca elecciones para el 16 de febrero del 36. La agitación es entonces máxima. Se forma el Frente Popular de izquierdas, donde, como siempre, quedan fuera los anarquistas. La amnistía para los presos de octubre es la consigna más aclamada, y todas las milicias obreras y estudiantiles resurgen como por ensalmo. El capitán Faraudo, el teniente Castillo y el capitán Condés participan en la reorganización. La sorpresa es que la FUE universitarios progresistas) está prácticamente desmantelada y las universidades están en manos falangistas. Al hacer balance, dice Tagüeña que apenas eran doscientos hombres con unas pocas armas salvadas del 34. Como las derechas, con Gil Robles a la cabeza, pensaban ganar las elecciones por goleada -¡¡A por los trescientos!! (diputados)-, la jornada trascurrió sin incidentes, tanto en Madrid como en provincias. El triunfo del Frente Popular cambió radicalmente el panorama. Las derechas no aceptaron la derrota (¿les suena?) y el poderoso grupo de militares africanistas encabezado por Mola y Goded comenzaron a conspirar con el apoyo de las capas más reaccionarias de la sociedad española y una abundante tropa de choque de la incipiente Falange y su dialéctica de los puños y las pistolas. A primeros de Abril, Alcalá Zamora es forzado a dimitir de la presidencia al no contar con los apoyos suficientes. Se nombrará presidente a Manuel Azaña, y los socialistas, profundamente divididos quedarán fuera del gobierno, por tanto será un gobierno muy débil. A partir del día 13 de abril los sucesos y la tensión se disparan, el magistrado Manuel Pedregal que había condenado a larga prisión a un pistolero falangista por el asesinato de un vendedor de periódicos socialista, es asesinado por miembros de la Falange. Al día siguiente en el desfile militar para conmemorar el 14 de abril se producen serios incidentes, con tiroteo y muerte de un alférez de la guardia civil conocido por sus ideas derechistas y que se encontraba justamente debajo de la tribuna de Azaña. El fotógrafo Alfonso tomó instantáneas de este hecho. Parece que la actitud sospechosa del alférez, al ser reconocido por militares republicanos detonó el incidente dónde terminó muerto. El entierro se convirtió en una manifestación de militares reaccionarios, de uniforme y armados que atravesaron todo Madrid armas en mano, terminando disparando contra los obreros de una obra que les apedreaban. Las Milicias socialistas se movilizaron rápidamente y no sabemos que hubiera pasado si no fuera por los guardias de asalto que disolvieron sin contemplaciones a los excitados militares derechistas. 

Todos los partidos, e incluso las fracciones del partido socialista organizaban sus grupos de acción. Prieto, que tenía motivos para protegerse, disponía de una milicia propia, el embrión de la "Motorizada" (futura Brigada Motorizada del Partido Socialista) que mandaba Enrique Puente. Este nombre de "La Motorizada" se hizo muy popular al principio de la guerra, pero entonces se usaba poco y venía a cuento porque este grupo paramilitar usaba abundantes vehículos para proteger a Prieto. Largo Caballero, que también tenía motivos para protegerse de los pistoleros falangistas (sufrió un atentado falangista), tenía sus propios guardaespaldas, que a veces se confundía con las milicias de las Juventudes Socialistas. Por otro lado, la fusión de las Juventudes socialistas y comunistas en las JSU no conllevó la unificación de sus respectivas milicias que siguieron por libre. 

El Primero de Mayo de 1936, con serios rumores de golpe militar, se celebró una concentración del Frente Popular. Las Milicias Socialistas de Madrid, tres compañías que disponían de uniforme, camisa roja y corbata negra, y las MAOC con camisa azul(1) y corbata o pañoleta roja, y pantalón oscuro para ambas, amén del correaje si se disponía, desfilaron marcialmente y se ocuparon del servicio de orden rivalizando entre sí. Esta demostración de fuerza, estaba muy bien como manifestación de masas, pero las fuerzas paramilitares de la izquierda en Madrid, y sin duda, en el resto de España, eran irrelevantes militarmente, como venimos contando. Sólo eran grupos de autoprotección, hábiles para la lucha callejera, en la universidad y en las huelgas, pero nada más.

El 9 de mayo fue asesinado el capitán Faraudo, uno de los mandos militares de las Milicias Socialistas. A finales de mayo, en un mitin conjunto socialista-comunista, Largo Caballero se despachó a gusto con el izquierdismo que le caracterizaba en aquellos días. Los miembros de las Milicias de las Juventudes Socialistas se ocuparon de su protección, cuenta Tagüeña. Después vino Casas Viejas y otras decenas de sucesos que mantenían la tensión social al rojo vivo. La hipocresía de los líderes derechistas se puso de manifiesto en las Cortes del 17 de julio, donde Calvo Sotelo, en el climax de la demagogia que le costaría la vida, detalló todos los incidentes violentos que se habían dado desde el triunfo del Frente Popular, todos ellos "culpa del gobierno", naturalmente, a pesar de que la mayoría provenían de actos directos de pistoleros derechistas o de la espiral acción-reacción que sus actos provocaban. El 12 de julio la estrategia golpista, alcanzó altas cotas, cuando pistoleros derechistas asesinaron al Teniente Castillo de la Guardia de Asalto. Un grupo de guardias y militares de izquierdas prepararon las represalias desde el Cuartel de Pontejos y a este efecto varias camionetas de la Guardia de Asalto salieron en busca de destacados líderes derechistas, con los que pensaban vengar la muerte de Castillo. Sólo encontraron a Calvo Sotelo al que, detenido y sentado en la camioneta nº 17, disparó un par de tiros en la nuca por la espalda, Luis Cuenca, un guardaespaldas del grupo de Prieto. Al mando de la camioneta iba el capitán Condés que se había hecho responsable de la seguridad de Calvo Sotelo. Cuenta Tagüeña que Condés quiso suicidarse la mañana del 13. El plan, frente a todo lo que han dicho los historiadores franquistas, y a las declaraciones tras de la guerra de protagonistas detenidos y maltratados, no existió como tal, los compañeros de Castillo y otros presentes esa noche en el cuartel de Pontejos salieron con la rabia en la boca a por el primer jerifalte de derechas que pillaran. La desgracia de Calvo Sotelo fue que Gil Robles no estaba en su domicilio (estaba en Francia), y uno de los tripulantes de la camioneta nº 17 recordó en ese momento el cercano domicilio del jefe del Bloque derechista. Nadie de las Milicias de las Juventudes Socialistas participó en la acción. Y es más, jamás, se preparó asesinato alguno desde esta organización paramilitar. La propaganda histórica rebelde montó un falso escenario sobre este asesinato, implicando a ministros, a líderes socialistas y hasta al propio presidente. Todo eso está muy bien cuando acabas de ganar una guerra y nadie puede rebatirte.

Las milicias socialistas tuvieron una importante participación en toda España en el aplastamiento del golpe militar, allá donde estuvieron presentes, sus unidades, mandadas por militantes y por militares simpatizantes se desplegaron en los puntos decisivos y con el concurso de otras fuerzas paramilitares, y lo más importante, con el de las fuerzas de orden público leales, conjugaron la rebelión en las grandes ciudades, excepto Zaragoza y Sevilla. En Zaragoza la mayor responsabilidad del fracaso popular recae desde el punto de vista paramilitar sobre la CNT y en Sevilla, la comparten los partidos socialista y comunista y la propia CNT.

Las milicias socialistas determinaron la formación de varios batallones de milicias, los batallones Octubre nº1 y nº 11, el batallón Largo Caballero, el UHP, el Primero de Mayo, el batallón Margarita Nelken nº 1 y el nº 2, el batallón Pablo Iglesias, etc...

2) Las MAOC

Las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas fueron las fuerzas paramilitares del PCE en toda España de autoprotección y prevención de golpes militares hasta el mismo día del golpe. No está muy claro cuando se crearon estas fuerzas de autodefensa, si bien las primeras unidades paramilitares organizadas del PCE datan del verano de 1933, desconocemos si ya con ese nombre. Durante la revolución de Asturias no parece que como tales existieran las MAOC en Asturias, y probablemente, es con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36 cuando ante la encorajinada mala aceptación de los resultados por parte de la derecha, el PCE, y todos los partidos del Frente Popular, más los sindicatos, preparan a marchas forzadas sus fuerzas paramilitares en previsión de lo que pudiera ocurrir. Modesto dice que el 19 de febrero de 1936 se presentaron al gobierno los estatutos de las MAOC y que la primera actuación legal consistió en defender junto con las milicias socialistas, la gran demostración del Frente Popular el 1 de mayo de 1936 de la que hay abundantes documentos gráficos.

Las MAOC nacieron con voluntad antigolpista y se organizaron con una estructura rígida (las famosas troikas) copiada de las formaciones paramilitares bolcheviques (muchos de sus valedores habían sido adoctrinados en Rusia) estructura que en la realidad era pura ficción, pues el PCE era un partido pequeño y de poca influencia política que acababa de salir del largo túnel del sectarismo. Las MAOC aspiraban a ser en realidad clandestinas, pero no lo eran, paramilitares, pero con escasa formación y pocas armas en  realidad, y disciplinadas, pero tampoco lo eran mucho, los Radios del PCE, siempre fueron "territorios" prácticamente independientes a efectos paramilitares hasta la llegada de la guerra. Recuérdese lo que le costó al Buró Político del PCE meter en cintura al díscolo Enrique Castro comandante en jefe del Quinto y baranda durante años del Radio Norte. El propio Modesto fomentaba, según sus palabras, la iniciativa y las actuaciones audaces.

Las MAOC tenían presencia en Madrid, Asturias, Euzkadi, alguna en Andalucía y muy poca en el resto de España. En el libro "Los comunistas en Asturias" coordinado por Francisco Erice se dice que las MAOC asturianas sólo contaban con 3.000 hombres en el mes de julio del 36, pero eso es del todo improbable dado que el mismo informe alude a un total de 7000 afiliados al PCE para toda Asturias en las mismas fechas.

Demostración de las MAOC Asturianas en la conmemoración de la revolución de octubre, el 31 de mayo del 36, en el cementerio de Sama de Langreo

Las MAOC de toda España no superarían los 3000 miembros. Como hemos dicho muchas veces, el universo paramilitar republicano era militarmente insignificante antes de julio de 1936. Otra cosa es la propaganda franquista. En esas fechas era jefe nacional de las MAOC, Juan Modesto, siendo líderes destacados Juan Fernández (Juanito) y Agustín Lafuente en Madrid y Antonio Muñiz en Gijón.

La actuación de las MAOC contra la rebelión militar (para lo que habían sido creadas) fue importante en las zonas donde tenía presencia para aplastar la rebelión. Ya el día 16 de julio, su jefe nacional, Modesto, ordenó su puesta en alerta y concentración en puntos claves. Al igual que las Milicias socialistas, las MAOC estaban coordinadas con el Teniente Coronel Rodrigo Gil del parque de artillería, para que en cuanto llegaran las primera noticias de rebelión empezara el reparto de fusiles, pese a que, como obligaba un decreto gubernamental a raíz de la Sanjurjada, los cerrojos de los fusiles del parque se guardaban en otras dependencias militares, gran parte de ellos concretamente en el Cuartel de la Montaña.

En Madrid tomó parte en el asalto del Cuartel de la Montaña y del complejo militar de Campamento. La propaganda comunista quiso hacerles protagonistas principales del asalto al Cuartel de la Montaña, y algunos jefes de las fuerzas de orden público que realmente llevaron el peso del asalto militar protestaron airadamente en la prensa. Parece que donde más importancia tuvieron las MAOC madrileñas fue en la zona de Campamento y Carabanchel, Radios donde eran importantes. Modesto da cuenta de la actuación de las MAOC de Getafe en la reducción del cuartel de artillería de esa localidad. En el Norte y en concreto en el País Vasco, también tuvieron actuación destacada, como en Rentería. En Asturias, no tanto, por ser minoría tanto en Oviedo como en Gijón. Como las milicias socialistas, cumplieron bien su papel paramilitar y terminaron creando batallones de milicianos que en cierto modo se constituyeron gracias a la estructura de mando de las MAOC. Finalmente, en Madrid, las MAOC, completaron la fundación del 5º regimiento, con la base de las MAOC de Cuatro Caminos. 

3) Las Milicias Confederales.

Las milicias confederales son la contrapartida anarquista a las organizaciones paramilitares anteriores al 18 de julio. Dada la particular idiosincrasia de este movimiento obrero, nunca adoptaron una forma militar declarada, y su visión autodefensiva pasaba siempre por la formación de un Comité de Defensa local que llamaba al pueblo a las armas, mejor, a las barricadas. No hay pues una milicias anarquistas anteriores a la rebelión, simplemente los comités de defensa confederal se organizaban alrededor de señalados activistas, de larga tradición en el movimiento, para superar las crisis provocadas por sus radicales huelgas y su violenta visión de la lucha de clases. No quiere esto decir que no dispusieran de apoyos netamente militares, pues sí hubo militares profesionales simpatizantes de la causa anarquista, se dice del propio hermano de Franco, Ramón, que les apoyaron en muchas ocasiones. Aún así, cuando la fuerza paramilitar anarquista hubo de ponerse a combatir, resultó tan efectiva, en términos locales, como otras milicias mejor estructuradas, y es la propia presencia de las masas las que determinan el éxito o el fracaso (2). En las grandes ciudades obreras, dónde triunfaron las fuerzas progresistas, la unidad de acción como cuenta Eduardo de Guzmán en Madrid rojo y negro, es completa, se han olvidado las diferencias para la tarea de aplastar la rebelión. Es sólo una tregua como se verá más tarde. En cualquier caso, los Comités de Defensa Confederal organizaron tantos o más batallones y columnas que socialistas y comunistas juntos, y esto era así por la mayoritaria presencia del movimiento en Barcelona, Levante, Andalucía, Extremadura y casi, casi Madrid. Las terribles pérdidas de Zaragoza, Sevilla, Córdoba y Granada, tan decisivas, ponen de manifiesto lo que venimos señalando en este artículo, la debilidad de los Comités de Defensa, y de todas las fuerzas paramilitares de izquierdas, pero señalan sobre todo la falta de iniciativa y de organización de los mayoritarios sindicatos anarquistas, cuando no encontraron el apoyo de un núcleo decidido de militares y fuerzas de orden público leales al gobierno. Este extremo sólo es reconocido por relatores de las diversas fuerzas del Frente Popular nunca por la historiografía anarquista que en mi opinión carece de la más elemental autocrítica (pese al gran periodista anarquista Eduardo Guzmán al que absolvemos de esta afirmación). Los otros, los comunistas y el gobierno Negrín, pues muy parejos, pero no hay libros como los de Zugazagoita o Tagüeña entre los largocaballerístas y anarquistas. Naturalmente, en las quejas anarquistas sobre el trato injusto que recibieron del gobierno Negrín, hay cierta verdad pues casos se dieron (3)

La vocación antimilitarista de la CNT y la FAI propició que las fuerzas milicianas afectas a este ideología se organizaran a su gusto y manera, con nombres que sonaban poco militares, como centurias, grupos, columnas, etc... En cualquier caso eran lo mismo que querían evitar, compañías y batallones, como señala Alpert. Sólo en Madrid, el día 21, las milicias anarquistas controladas por el Comité de Defensa, ya disponía de cuatro mil hombres armados, encuadrados y mandados políticamente por destacados líderes sindicales, como Cipriano Mera, y conducidas por militares simpatizantes como José del Rosal. Dice Alpert, que revisó escrupulosamente la contabilidad de la Comandancia Militar de Milicias, que en septiembre se pagaron sumas para más de doce mil hombres encuadrados en varias columnas, como La Columna de Andalucía, la Columna España Libre, las Milicias Confederales, etc... Pero en diciembre, y estamos hablando siempre de teatro de operaciones del Centro, se pagaron nóminas para 23.000 en dos unidades consolidadas, la columna de Andalucía y las Milicias confederales. Probablemente casi las mismas cifras que tuvo el Quinto regimiento o quizá un poco menos. Alpert termina afirmando que la organización miliciana confederal no tenía nada que envidiar al Quinto, y mucho menos en acciones bélicas. Lo que les diferenciaba era naturalmente la ideología, una ideología que les hacía ver las cosas de modo muy distinto y que les llevaría a unos y a otros por derroteros que viraban desde la tolerancia mutua hasta la agresión.

En Cataluña, las cosas fueron distintas para los confederales, la preponderancia anarquista no dejó ver más milicias que las propias, pero existían grupos de acción en todos los partidos, POUM, comunistas, socialistas, etc... y que dieron lugar en mayor (CNT) o menor (el resto) grado la constitución de unidades. El control lo tomo el Comité de Milicias Antifascistas, dominado por los anarquistas, pero que teóricamente englobaba unidades de todo tipo con la aquiescencia de la por entonces inmovilizada Generalitat. Los anarquistas con sus líderes más combativos a la cabeza, fueron los amos del frente de Aragón, lo que no les sirvió de mucho pues no pudieron tomar Zaragoza, ni Huesca ni Teruel, sus objetivos principales. El victimismo, no les sirve de nada aquí, eran superiores en efectivos a los rebeldes, tenían una industria colectivizada a sus espaldas, pero hacían la revolución para por descontado, ganar la guerra. Con semejante ingenuidad, que roza la irresponsabilidad si me apuran, era difícil constituir un ejercito miliciano capaz de tomar ciudades resueltamente defendidas. Valor y todo eso no les faltaba, convicciones revolucionarias, sobraban por todas partes, pero un ejército no se hace sólo con eso, ni siquiera un ejercito de milicianos. Cuando las columnas catalanas acudieron en ayuda de Madrid, tanto anarquistas como otras, eran en realidad bisoños que venían de una guerra de paqueo y poco más, y el irresponsable que les puso en primera línea para la misión más audaz, fuera Durruti, que parece que lo pidió, o Miaja, o Rojo, o algún listillo que quería verlos fracasar, les estaba conduciendo al matadero, mal armados y desconocedores de la terrible guerra de trincheras que se vivía en Madrid. Su disciplina de la indisciplina no valía nada, y sus colegas de la CNT madrileña eran a su lado y por comparación, duros y disciplinados veteranos.

4) Otras milicias.

Las fuerzas republicano-burguesas no contaban con milicias paramilitares antes del 18 de julio, aunque no sería extraño que los políticos señalados contaran con escoltas privados, dado el grado de violencia que los pistoleros de extrema derecha daban al día a día político desde las elecciones de febrero (atentados fallidos contra Jiménez de Asua, Largo Caballero y Ortega y Gasset). Lo que si es cierto, es que una vez desatada y controlada la rebelión, los republicanos crearon sus propios batallones e incluso columnas, como el batallón Azaña, el batallón de Izquierda Republicana, el batallón Pi y Margall, etc... Todas estas unidades de republicanos terminarían encuadradas en otras mayores según la guerra las iba disolviendo.

Son bien conocidas por su actuación en la revolución de 1934 los Escamots, las milicias paramilitares de las juventudes de ERC y de Estat Català, cuyos líderes Dencás (Consejero de Orden Público de la Generalitat) y Badia tuvieron cierta fama en la Cataluña republicana. Tenían una organización que al marxista Andreu Nin le parecía fascista, camisa verde, correajes y todo eso. Pero esa estética la tenían todos, a izquierda y derecha, era la estética paramilitar de los años treinta. Su actuación en octubre de 1934 en Barcelona fue tan pobre como la de las milicias socialistas y las milicias comunistas de Madrid en esas fechas. Y es que no pasaban de pequeños grupos muy voluntariosos pero mal armados y peor instruidos.

En cuanto a los nacionalistas vascos, estos si que disponían de fuerzas paramilitares propiamente dichas, desde las netamente policiales al servicio del gobierno vasco hasta las juventudes de movimientos tipo jagi-jagi y los "mendigoitxales" y otros. Muchas de estas fuerzas paramilitares se encuadrarían en la policía nacionalista vasca, la Ertzaina, que fue la fuerza paramilitar más importante del principio de la guerra. Es evidente que el esfuerzo militar del nacionalismo vasco fue muy exitoso en cuanto a la recluta de voluntarios (casi la mitad de los batallones vascos eran nacionalistas). La tradición miliciana del país vasco viene de muy antiguo, concretamente de la guerra de la independencia y de las tres guerras carlistas que sufrieron en propia carne más que ningún otro sitio, y son corrientes las demostraciones festivas de milicias ciudadanas en alardes señalados. Aun así, no se forma un ejercito con entusiastas escopeteros, y las milicias vascas, nacionalistas o no, tuvieron dificultades para formar un verdadero ejercito con capacidad ofensiva. La ofensiva sobre Villarreal lo dejó bien claro. Los rebeldes de Vitoria motejaron a Aguirre, comandante en jefe del Eusko Gudarostea, como "Napoleontxu". Sobraban voluntarios y valor, faltaba lo de siempre, organización, materiales e instrucción. La Historia de siempre.

Notas.

(1) A este respecto hay un poco de confusión. Tagüeña y otros dicen que el uniforme de las Milicias Socialistas y de las MAOC era camisa azul mahón y pantalón oscuro (¡y el de la Falange!), pero Modesto en un sucinto párrafo referente a la presencia de unidades de las Milicias socialistas uniformadas el 1º de mayo de 1936, asegura que llevaban camisa roja.

(2) Zaragoza, el ejemplo más palmario de la impotencia anarquista, donde el movimiento era mayoritario y no contó con apoyos de las fuerzas de orden público, deja en evidencia que la estrategia anarquista de Comités de Defensa mostraba grandes insuficiencias. En Madrid, al Comité de Defensa Confederal, la rebelión le pilla ocupado en otras tareas, como la dura huelga de la Construcción liderada por Mera y compañeros, y que a la sazón se encontraban en la cárcel, y donde estos comités habían presionado tanto a la patronal como a sus compañeros de UGT por métodos muy violentos, como bombas en los tajos y el tiroteo a sindicalistas de UGT. Es decir, para el movimiento anarquista, lo importante es preparar el camino de la revolución, y la republica burguesa allá se las componga con los, en el fondo compadres, para el imaginario anarquista, militares golpistas. Este grave error de escenificación lo padecería durante toda la guerra parte del movimiento libertario, y la amargura de su impotencia frente a las fuerzas fascistas y frente a las fuerzas burguesas progresistas, le llevaría a caer en un exagerado victimismo, que les hacía ver a los comunistas y socialistas gubernamentales, como más peligrosos que los fascistas. La historia les dio una buena lección (se la dio a todos) y el movimiento jamás se recuperaría de esta crisis del todo o nada.

(3) Un ejemplo de lo que hablamos es la actuación de la Columna de Hierro, especie de Quinto regimiento anarquista en la zona levantina, (llegó a tener 12.000 inscritos), y que no sólo hacia la guerra (aunque no tenía capacidad para tomar Teruel, pues estaba mal armada y peor instruida) sino que también hacía la revolución. En el otoño del 36 la Columna de Hierro iba y venía del frente a Valencia y de Valencia al frente según los avatares de la retaguardia. En el camino desarmaba a unidades de la Guardia Civil, probablemente con razón, quemaba los archivos judiciales, nuevamente no sin cierta lógica, y también arramplaba con lo que hubiera para financiar la compra de armamento (todas las milicias lo hacían de vez en cuando a cambio de vales de comités). Cuando recibió duras críticas, incluso de la CNT y la FAI, sacó un comunicado inaudito, incluso para los tiempos que corrían. Los dirigentes de la Columna de Hierro pretendían imponer por la fuerza su revolución a todas las fuerzas valencianas, incluso a sus propios sindicatos nacionales y hasta a la misma FAI. El anarquismo valenciano vivía sus sucesos de mayo por adelantado que culminaron en el incidente del 30 de octubre del 36 en la Plaza de Tetuán en Valencia, cuando la comitiva fúnebre de un anarquista (supuestamente asesinado por la Guardia Popular Antifascista), comitiva formada por milicianos de las columnas anarquistas del frente de Teruel (columna de Hierro, Torres-Benedito y CNT 13) se enfrentaron con la las milicias de retaguardia controladas por el gobierno, con un balance de centenares de muertos.

Notas bibliográficas.

  • Soy del Quinto regimiento. Juan Modesto.

  • Testimonio de dos guerras. Manuel Tagüeña.

  • Memorias de un luchador. Enrique Lister.

  • El ejercito republicano. Michael Alpert

  • Madrid rojo y negro. Eduardo de Guzmán

  • Crónica de la Columna de Hierro. Abel Paz.

  • Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Cipriano Mera.

Enlaces de interés:

http://elcieluporasaltu.blogspot.com/2006/03/las-fuerzas-paramilitares-de.html