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El Ejército Popular de la República |
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Las Milicies Pirinenques y el "Cojo de Málaga" [1] Antonio Gascón Ricao
La política de Estat Català y las Milícies Pirinenques Aunque nacionalistas, cuando se forman las Milícies Pirinenques a mediados de setiembre de 1936, oficialmente y según sus fichas de filiación, el 40% de sus miembros están afiliados a la UGT, organización sindical dependiente del recién nacido PSU (Partido Socialista Unificado, más tarde PSUC), a los cuales siguen en orden de importancia los militantes de Estat Català con un 30%, entre ellos la gente de Nosaltres Sols!, mientras que el resto se reparte entre la CNT, el POUM o ERC.[2] Esta aparente paradoja en los porcentajes, con predominio de la UGT, obedece a la propia división que existe dentro del seno de Estat Català donde cohabitan, como mínimo, cuatro corrientes políticas. De este modo, en orden decreciente, de las dos tendencias más significativas, en su caso las más definidas ideológicamente, destaca el grupo de Miquel Badia que en aquel momento oscila, al bascular entre el nacionalismo o el socialismo, aunque al final parte de él se decante integrándose en el PSUC. De este último grupo sobresalen Salvador Galobardes, Francesc Millet o Ramón Reinés, los dos últimos, de hecho, fundadores de una de las primeras milicias alpinas que dicho partido acaban de formar. Embrión que días más tarde dará lugar a la posterior creación de las Pirinenques.[3] Esto con independencia de que uno de sus “padres”, Reinés, acabe militando en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), heredero político del BOC (Bloque Obrero y Campesino), escisión, según el punto de vista del PCE “non santa” al seguir los postulados de Trosky, cuestión política harto discutible. Por su parte, la segunda en orden de importancia, por afinidad, es la partidaria de un diálogo con elementos muy concretos del anarco-sindicalismo, en su caso, con los más “puros”, grupo que encabezan los trabajadores de artes gráficas o los redactores del Diari de Barcelona, órgano de Estat Català, afiliados casi todos a la CNT y que están dirigidos por Marcel.lí Perelló. La tercera es, a nivel ideológico, algo difusa, pues en ella milita un grupo híbrido, aunque partidario de reforzar el vacilante poder del gobierno de la Generalitat frente a la temporal hegemonía de la CNT, sin descartar entre sus proyectos futuros el de una aproximación o una posible alianza con Esquerra Republicana. En ella milita, en cierta forma, Torres-Picard, secretario de Estat Català. Actitud que se reforzará aun más en el grupo, cuando se produzcan los penosos y luctuosos Hechos de Mayo de 1937. La cuarta y última corriente es la más combativa en el ámbito nacionalista, pues se trata de la gente de Nosaltres Sols!, el grupo Daniel Cardona, que contra viento y marea intenta mantener su “apoliticismo” político, pero que muestra un interés muy particular en aprovechar la situación del momento, propicia para promover el encuadramiento, la militarización y el adoctrinamiento de todas las fuerzas separatistas, puesta su vista en la total y radical independencia de Cataluña con respecto al estado español, aprovechando que a causa de la guerra está muy debilitado. Sin embargo, en principio, todos aquellos grupos, de hecho muy minoritarios dentro Cataluña, tienen un común denominador: quieren acabar como sea con la “insanía” anarquista con la que mantienen desde hace años “una lucha a muerte”.[4] La Compañía de Esquí de las Milícies Pirinenques El alma “mater” de la Compañía de Esquís de las Milícies Pirinenques es, sin duda alguna, Narcis Casas i Devesa, presidente de la Federación de Esquí de Catalunya antes del inicio de la guerra, al cual Josep M. Benet, jefe de aquellas Milícies, le solicita ayuda adjudicándole de entrada el mando de aquella particular unidad, única hasta entonces en la Historia militar española. Mando que le arrebata el 6 de octubre, de forma casi violenta y ante la “pasividad” de Benet, Carles Balaguer, jefe de la compañía en el futuro. Hecho que lo dejará relegado al cargo de sargento de la tercera Sección de la compañía, al mando del teniente Altaba.[5] Antes de aquel acontecimiento, Casas, hombre catalanista pero apolítico de convicción, no ha dudado en ponerse a las órdenes de Benet, ayudándole tanto en el diseño como en la confección de los equipos necesarios, o poniendo a disposición de la unidad un libro escrito por él mismo en Italia en 1934, durante una estancia en la estación de esquí de Sestrieres, después de haber tomado notas o fotos de las evoluciones, en unas maniobras, del ejército alpino italiano. Manual de tácticas de guerra sobre esquís que Casas tenía pensado editar en España, con ilustraciones realizadas por su hermano Joan y que desempolva en una reunión de mandos de la Compañía. Manuscrito que nunca se editará, al perderlo Casas y que hará suyo propio Andreu Xandri Serrano, teniente de la misma compañía, el más mitificado de sus componentes, a causa de su prematura y fortuita muerte en Bielsa en junio de 1938.[6] Al final de octubre de 1936, las Milícies Pirinenques tienen ya desplegadas dos cortas compañías en el sector denominado “Jaca”, más conocidas como “Grupo Alpino de Sabadell”, además del segundo batallón de raquetas, de guarnición en Figueres, cuyas compañías están al mando de los oficiales Salvador Galobardes, Leandro Pons, Francesc Millet y Roger Rodés, todos ellos socios del nacionalista Club Català, refugio hasta entonces del OMNS (Organizació Militar Nosaltres Sols), el aparato paramilitar del grupo de Cardona. El otro batallón, el primero, más la compañía de esquís, continúan de guarnición en su cuartel general de Barcelona, ubicado en el colegio de los Escolapios, situado en la confluencia de Balmes con Travesera. Por aquellas fechas, también en el sector “Jaca”, los pirenaicos tienen desplegados 150 hombres más, antiguos militantes de Estat Català que se habían alistado en la unidad el mes de septiembre anterior, a su regreso del fracasado intento republicano sobre Mallorca. A finales de noviembre, inopinadamente y sin explicación alguna, se dan de baja de las Milícies Pirinenques, pasando a alistarse de nuevo en las de Estat Català que los va a destinar a un trabajo clandestino, ignorado por la gran mayoría de los militantes de base del partido.[7] El trabajo principal consiste en pasar gente a Francia, de manera clandestina, ante la necesidad que tienen muchos de huir de Cataluña, pero cobrando el servicio por anticipado. Fondos dinerarios que supuestamente deberán servir para la compra del material bélico necesario, pero a espaldas de la propia Generalitat. Actividad idéntica de la que se acusa públicamente, cargando mucho las tintas, a los anarquistas, que según los propios nacionalistas poseen en Barcelona una serie de “agencias” clandestinas dedicadas a la misma actividad. “Viajes” que en general, según la misma fuente, concluyen en robos o en asesinatos, una de las muchas excusas que aducirán los pirenaicos a su favor, a la hora de su desembarco en la Cerdanya. De hecho, Estat Català mantendrá aquella misma actividad hasta finales de abril de 1937, al tener un destacamento permanente, compuesto por ocho personas, en Areu (Vall Ferrera). Pelotón que dependiente de Josep Tramunt, miembro del Consejo Ejecutivo, responsable de defensa interna del partido y jefe de las milicias, cobra por servicio individual 5.000 pesetas.[8] Parte también de aquellos hombres, pasan a ejercer de “policía” de fronteras, con la excusa de depender de la propia Generalitat, situándose, por ejemplo, en ciudades tales como Puigcerdà o en pueblos como Bellver de Cerdanya. La Molina También en los finales de noviembre de 1936, las tres secciones que integran la Cía. de Esquís, del ahora llamado oficialmente Regiment Pirinenc nº 1 de Catalunya, compuestas por un total de ciento treinta hombres, al mando del capitán Carles Balaguer,[9] sustituto de Narcis Casas, con el auxilio respectivo de los tenientes Andreu Xandri, Nicolau Gauset y Ricard Altaba, se instalan en el chalet que en La Molina posee el Centre Excursionista de Catalunya, con la intención “oficial” de efectuar un curso intensivo de esquí a la espera de su previsible traslado al frente norte de Aragón. Lugar donde aparte del propio chalet está la estación de ferrocarril homónima, o algún que otro pequeño refugio como el de Font Canaleta, dependiente del Club Muntanyenc Barcelonés.
En aquella espera, sin que se conozca de quién parte la orden directa, instalan puestos de control en la Collada de Tosses, a pie de carretera y emplazando una ametralladora, o en el Santuario de Nuria con veinte hombres, o en Bellver de Cerdanya con ocho hombres más, lo que en la práctica significa que Puigcerdà y su comarca queda prácticamente bloqueada, tanto por vía férrea como por carretera, en perjuicio directo del autodenominado “Consell de la Cerdanya” anarquista que allí gobierna, que queda así aislado de Barcelona o de La Seu d’Urgell, dominada también por un poderoso Comité de la CNT dirigido por Fortuny. Puigcerdà, donde el alcalde por Esquerra Republica de Catalunya elegido en febrero, Josep Clot, conserva extrañamente el cargo, es en aquellos días el centro de operaciones de unas “centurias” dependientes de denominado “Consell de la Cerdanya” y que preside Antonio Martín Escudero, de sobrenombre “el Cojo de Málaga”, bajo la jurisdicción del cual recae toda la comarca y, consecuentemente, el municipio de Alp, lugar donde está situado el chalet y los pirenaicos. Por ello, su presencia en aquel sitio concreto no deja de ser una grave y provocativa intromisión, si se mira desde el punto de vista de los anarquistas.[10] Puigcerdà Con independencia de los miembros de aquellas “centurias” anarquistas dependientes del “Consell”, las fuerzas militares presentes en la capital de la Baixa Cerdanya y sus alrededores son una compañía de carabineros, que está compuesta por 219 hombres y supeditada a Madrid, aunque en aquel momento bajo el mando de un grupo de sargentos entre los cuales destacan Luis González Salas, Aragón y Estelles.
Antes del 19 de julio, dicha unidad de carabineros estaba mandada por el capitán Ramos ayudado por cuatro tenientes, todos ellos implicados en el próximo alzamiento militar. Tras producirse aquel, Ramos y un oficial habían sido pasados por las armas, dos oficiales habían huido por Bourg- Madame y el cuarto había dado con sus huesos en las cárceles de Barcelona. A la fuerza anterior hay que sumar un reducido contingente de Estat Català, en concreto 10 hombres que ejercen de “policías” en Puigcerdà, o un destacamento del POUM acuartelado en el sanatorio de Pedrola, situado en la población de Alp, más otro destacamento del mismo partido afincado en el refugio de Segramorta, todos ellos al mando de Ramón Reines, uno de los dos fundadores de las Milícies Pirinenques, ahora militante del POUM.[11] A diferencia de los carabineros, que se mantienen neutrales, los hombres del “Cojo de Málaga”, tal como vamos a ver, poseen una buena relación de cooperación con los del POUM. Siguiendo Martín las directrices marcadas por la CNT, según afirma Abad de Santillán,[12] el duro régimen de control policiaco que ejercen sus hombres en la villa, o el aparato propagandístico que ha montado en torno a los juicios sumarísimos a que somete de normal, dada la situación de guerra civil en que vive España, a los capturados en su baldío intento clandestino de huida del país, es de suponer que para él enemigos declarados de la amenazada República, aunque siempre abiertos a la prensa extranjera, en particular la francesa, le reporta de inmediato, en determinados círculos conservadores, el apelativo de sanguinario o la inquina particular de grupos políticos muy concretos y determinados, entre ellos los nacionalistas radicales o el propio PSUC, circunstancias que en el futuro fomentarán su leyenda negra. En el caso de los últimos, por haber implantado un férreo control de la aduana, en ambos sentidos, con el doble objetivo de poder incautar las armas que procedentes del exterior y con destino al PCE van a parar así a manos de la CNT-FAI y a través de ella al desguarnecido frente de Aragón a causa de la política comunista, evitando de paso, en lo posible, la entrada de más brigadistas que puedan reforzar, aun más, el peligroso y ascendente poder político y militar de los propios comunistas. De hecho, de las 36 víctimas relacionadas, las correspondientes a todo el período de la guerra civil, en un recordatorio impreso en Puigcerdà en setiembre de 1960 con motivo de una misa funeral por los “Caídos” locales, los muertos por “arma de fuego” registrados en el juzgado local durante la época que nos ocupa, es decir, desde julio de 1936 a mayo de 1937, ascienden a un total de 22. El clima político en la Cerdaña Aquel control fronterizo, que en aquellos momentos no es precisamente deshabitual, ya que, por ejemplo, Port-Bou está bajo el control de Roca, un ex militante de Acció Catalana, mientras que Le Perthus está en manos del “faista” Sagaró y del anarquista francés Andre Leghort, también es visto con mucho recelo por el propio gobierno central de Madrid. Este problema está causando graves perjuicios a la República, provocados por las arbitrariedades en el paso de las mercancías, por la falta de cobros de los aranceles aduaneros, o por el férreo control sobre personas que por una u otra causa deben cruzar la frontera. Prueba de ello es que el mismo Juan Negrín, jefe del gobierno republicano, se personará en Puigcerdà el 17 de abril de 1937 para comprobarlo.
Pero más que el constante conflicto con los carabineros, a causa de haberse arrogado aquel control fronterizo, el “Consell” tiene dos graves motivos de inquietud. El primero y principal es la resistencia obstinada por parte de los habitantes de Bellver, segundo pueblo en importancia del municipio, así como la de los pequeños lugares o caseríos más próximos, a la imposición de precios sobre la carne marcados por el comité de “Proveïments” del “Consell”, lógicamente inferiores a los deseados por los ganaderos, medida unida a la limitación efectiva del habitual contrabando del mismo ganado a Francia, en la búsqueda de más beneficios, según se mire, en aquel momento ilícitos.[13] A lo anterior, se añade el dogal amenazador con que el que se acaba de estrangular Puigcerdà, a cargo de la Compañía de esquís de los pirenaicos, cuya sola presencia promueve y exacerba aun más la oposición a todas las órdenes dimanadas de aquel organismo, sean cuales fueren, por parte de aquellos vecinos, que ahora ven reforzada su resistencia gracias a la presencia armada de un grupo de esquiadores de guarnición casi permanente en el propio Bellver, a los que se unirán un grupo de “policías” de Estat Català, e incluso, un tiempo más tarde y al desertar, el propio antiguo lugarteniente de Martín, Juan Jordá, más conocido por el “Penja-robes”, hombre realmente sanguinario, lo que no deja de ser una extraña historia. El mito del “Cojo de Málaga” Lógicamente Antonio Martín, más conocido por “el Cojo de Málaga”, es un personaje controvertido, al airearlo, según conveniencia, los dos bandos en conflicto. Es decir, por una parte los suyos, que harán de él un “mártir laico” de la Revolución, al haber cumplido siempre con su deber como anarquista, mientras que por la otra, nacionalistas catalanes y comunistas, lo convierten en un demonio enloquecido y sanguinario, acumulando sobre él todo tipo de bulos o de extrañas especulaciones, al afirmar, por ejemplo, que dirigía un centro de espionaje franquista, o que como infiltrado tenía como misión desprestigiar la causa de la República, además de dedicarse a falsificar pasaportes u organizar fugas clandestinas cobrando. En realidad, todo falso.[14] Antonio Martín Escudero, había nacido Belvis de Monroy, provincia de Cáceres, el día 17 de enero de 1895 y era hijo de Celestino Martín Muñoz, labrador, de 26 años de edad, y de Ascensión Escudero Jara, de 26 años de edad y de “profesión de su sexo”. Unos años más tarde, enfermo de la pierna derecha a causa de una osteítis quedará poco a poco cojo, aunque no se conoce el por qué del origen real de su apodo. Entre 1920 y 1922, con motivo de la lucha arbitraria que lleva a cabo contra el activo movimiento obrero el gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido, que provoca un sangriento enfrentamiento entre los pistoleros de la patronal y la CNT, emigrante en Cataluña, Martín pasa a formar parte de los llamados “grupos de afinidad” anarquistas. Cuando a fines de 1922 se forma el grupo de “Los Solidarios”, con base en Barcelona y encabezado por Ascaso y Durruti, Martín pasa a convertirse en “colaborador directo” del mismo.[15] En septiembre de 1923, al producirse el golpe de Primo de Rivera, Martín, delegado por la CNT, pasa a Puigcerdà donde ayuda en el necesario contrabando de armas con destino a la lucha contra la Dictadura. Pero a causa de su enfermedad, en 1924 pasa al exilio, residiendo en París, donde en 1927 tiene una hija llamada Florida Martín Sanmartín, que le sobrevivirá. En 1934 regresa a España, pasando a residir a caballo entre Font Romeu y Puigcerdà, trabajando tanto de paleta en Bellver, de mozo en la fábrica de leche SALI de Puigcerdà, como sacando piedra, él que era cojo, a tanto el metro cúbico, en la carretera de Meranges. En abril de 1936, es el Delegado del Sindicato de Puigcerdà en el Congreso Extraordinario de la CNT que tiene lugar en Zaragoza. Dedicado en aquel momento a la construcción, es pues de antiguo un militante destacado de la Confederación. En definitiva: “Martín […] era un militante anarquista de vieja lucha confederal, partidario de la acción más intransigente con tal de avanzar en el camino de la Revolución”.[16] Los días previos al asalto de La Molina Decidido a acabar con el problema que representan los pirenaicos, el lunes 22 de febrero de 1937, Martín, trasladado en automóvil, ordena en persona a los cuatro pirenaicos que están situados en la caseta de peones camineros del Km. 21 de la carretera de Ribes a Puigcerdà, (Tosses), el abandono en 24 horas del control. El mismo ultimátum lo recibe también el destacamento de guarnición de Bellver. Inmediatamente se da la orden desde La Molina de que el grupo de Tosses se repliegue al chalet, sin que sorprendentemente se tome más precauciones, o sin que el capitán Balaguer se moleste en subir a La Molina, pues se encuentra de permiso en Barcelona. Tres días más tarde, el jueves 25, quince pirenaicos armados de máuseres, pistolas y bombas de mano, a las órdenes del jovencísimo teniente Andreu Xandrí, marchan a las 4 de la tarde en un camión a Bellver, a requerimiento de sus compañeros, quedando el chalet bajo el mando del teniente Altaba, que ordena por su cuenta se vuelva a reestablecer, día y noche, vigilancia en la collada de Tosses, con la misión de que caso de que vieran pasar milicianos anarquistas, procedentes de Barcelona y con dirección a Puigcerdà, se avise inmediatamente a los diecinueve pirenaicos de guarnición en Nuria y a la base de La Molina. Altaba también ordena doblar la guardia del chalet,[17] prohibiendo que ningún pirenaico abandone el recinto. Aquella misma noche, procedente de Bellver, arriba un automóvil ocupado por el teniente Xandri, dos pirenaicos y un policía de Estat Català. Estando en el chalet observan en dos ocasiones como un automóvil se dirige al refugio de Segramorta, ocupado por un destacamento del POUM. A la vuelta del segundo viaje, la guardia para el coche y lo hace llegarse hasta el chalet, donde el único ocupante es interrogado por Xandri. El detenido manifiesta que debido al movimiento que han observado en Puigcerdà, y habiendo sido amenazados por Martín de que iban a ser expulsados del Sanatorio de Pedrola (en Alp), tenía la misión de recoger gente de Segramorta llevándola a dicho sanatorio para reforzarlo. Xandri, inocentemente se cree la historia y lo deja marchar, a la par que junto con sus compañeros regresan a Bellver. El asalto al chalet Pecando de indolencia o de descuido, las fuerzas que están acuarteladas en el chalet de la Molina, que siguen sin tomar ninguna medida especial de protección, o sin pedir refuerzos a Barcelona, son sorprendidas la madrugada del día 1 de marzo, por el cerco de más de un centenar de hombres que lucen insignias de la CNT-FAI y del POUM. Vista la impresionante superioridad de los asaltantes o la potencia de fuego de sus armas, después de un breve parlamento, el teniente Altaba, único oficial de servicio, resuelve la rendición incondicional constituyéndose el mismo como rehén de garantía, cosa que comporta la entrega inmediata de todas las armas, cortas y largas.[18] Formada la compañía, al mando interino de Serra Hernández, tras comunicarles Altaba que a él se lo llevaban como rehén a Puigcerdà, uno de los asaltantes les lanza una arenga, afirmando que dado que no han opuesto resistencia y de que todos eran “obreros”, no les iban a hacer ningún mal, es más les dejaban volver a Barcelona. En aquel momento, en el guarda esquís, se oyen dos o tres detonaciones producidas por algunas balas que los esquiadores habían introducido en la estufa, no se sabe si por hacer una gracia o por demostrar con ello su capacidad de resistencia. Ante el incidente los asaltantes cambian de opinión, decidiendo retenerlos como prisioneros. También en aquel momento, los asaltantes deciden que Altaba avise por teléfono para que la guarnición de Bellver, más los quince hombres de refuerzo que estaban a las órdenes de Andreu Xandri, se desplacen inmediatamente al chalet donde deberán constituirse en prisioneros. Cosa que efectuaran aquella misma noche, después de una disparatada historia de idas y venidas que no conducen a absolutamente nada.[19] Cuando se retiran los asaltantes, aposentados en dos coches de turismo, en dos camiones de gran tonelaje y en un autocar, llevándose con ellos como rehenes a Altaba y Serra Hernández, a los que un poco más tarde se les unirán Xandri y el capitán Balaguer, quedan en el chalet una docena de guardianes que se hacen cargo de los detenidos, a los que se les avisa de que caso de que se produzca algún incidente, por ataque a alguno de ellos, lo pagarán muy caro todos. Al mediodía, en la estación de La Molina, a la llegada del tren procedente de Barcelona, son detenidos cuatro esquiadores más de propina, entre ellos el propio comandante en jefe de la compañía, Carles Balaguer que en teoría subían al “rescate”. Concluye el conflicto Retenidos los oficiales, los hombres de Martín despachan la tropa a Barcelona, donde aquel mismo día han llegado noticias telefónicas gracias a dos esquiadores huidos del chalet en un momento de confusión. Las gestiones conducentes a la liberación de los rehenes, iniciadas a la carrera por Tarradellas ante la CNT, de García Oliver y del mismo consejero de Defensa, Francesc Isgleas, y por la propia organización confederal con Martín concluyen en un pacto de caballeros: los oficiales no solo no serán fusilados, como en un principio amenazaba el “Consell”, sino que serán puestos en libertad a condición de que los Pirinencs no vuelvan a aparecer por el sector, comprometiéndose además la Generalitat a no destinar allí más fuerzas de ningún tipo. Después de tan tremendo desastre, buena muestra de la incompetencia total de los mandos, todo serán excusas, o según sea el punto de vista personal de algunos, heroicidades, que con el tiempo servirán para alimentar la leyenda de la “mítica” compañía de esquí.[20] Por otra parte, las extrañas circunstancias que envolverán la muerte violenta de Martín, “el Cojo de Málaga”, a las puertas de Bellver, cuando encabezaba el asalto a dicho pueblo el día 27 abril de 1937, en el pórtico de lo que serán los Hechos de Mayo barceloneses, o el asesinato, unos días más tarde, de todos los miembros del “Consell” en Puigcerdà, a manos de un misterioso grupo de guardias de asalto, son otras historias aun hoy en día pendientes de clarificar, lo que no deja de ser una auténtica pena. Notas: [1] Árticulo publicado en la revista Armas y Cuerpos. Revista de la Academia General Militar, núm. 106, marzo 2005. [2] Archivo del autor. [3] “Una notable milicia Pirenaica”, “La Vanguardia”, 2-9-1936. [4] Frases acuñadas por Claudi Ametlla, Memòries polítiques, Barcelona, 1983, pp. 136-137. [5] N. Casas i Devesa, Els meus seixanta anys d’esquí, UEC, Barcelona, 1993, p. 41-42. Testimonio de Jordi Dalmases al autor, primavera de 1982. [6] N. Casas, obra citada, p. 30; R. M. Terrafeta i Badia Andreu Xandri: mística y força, Barcelona, 1988. [7] Testimonio de Manuel Cruells al autor, 19-7-1983. [8] Testimonio de Josep Terrats al autor, 14-12-1985. [9] A. Manent, “Carles Balaguer, oficial de les Milícies Pirinenques”, “Serra d’Or”, febrero de 1976, pp. 97-99. [10] Según un estadillo titulado “Milicianos que prestan servicio en turnos de 8 horas en los siguientes puestos de la frontera”que se le remite a la Generalitat y esta a su vez a las Milícies Pirinenques, aquellas “centurias” están en realidad integradas por un total de 136 hombres, cifra muy similar en hombres a la de la Cía. de esquís. Archivo del autor. [11] Testimonio de Narcis Casas al autor, 3-2-1986. [12] Abad de Santillán, ¿Por qué perdimos la guerra?, Barcelona, 1977, pp. 98-99. [13] El primer ganadero que se opone a la medida, al cual seguirán después otros, es Joan Solé, a la sazón alcalde de Bellver, que junto con sus hermanos Esteve y Emili se dedican al negocio de compra y venta de ganado vacuno, a un lado u otro de la frontera. La defensa durísima de sus propios intereses por parte de Solé, en este caso por una diferencia en el precio de 50 céntimos por kilo, dará pie a la opinión local de que por su causa se producirán los hechos de abril en Bellver, donde Martín perderá la vida siendo enterrado en el cementerio de Puigcerdà, en el nicho B-48-1 propiedad de Serafina Maranges Gisves, de donde pasará a la fosa común el 21-2-1957. [14] La obra que más se aproxima a la realidad de Martín, al destruir muchos de aquellos mitos, es la de J. Pons i Porto y J. M. Solé i Sabaté, Anarquía i República a la Cerdanya (1936-1939). El “Cojo de Málaga” i els fets de Bellver, Barcelona, 1991. Como muestra de los muchos bulos o de los estereotipos ver Joan Rocamora Cuatrecasas, “Les violencias internes en la Catalunya de l’any 1936”, “Catalunya”, núm. 122, Buenos Aires, 1941. [15] Dentro del grupo de “colaboradores directos”, están también C. Flores y Más, dos personajes que en el año 1936 formarán parte del “Consell” y que serán asesinados en Puigcerdà en mayo de 1937. R. Sanz, El Sindicalismo y la política, Los “Solidarios” y “Nosotros”, Toulouse, 1966, pp. 103-104 [16] Obra antes citada, p. 33 [17] Lo de reforzar resulta casi un eufemismo, pues en el acuartelamiento solo han quedado, aparte de algunas pistolas particulares, 2 máuseres y 45 balas, con las cuales, se supone, se piensa resistir. [18] Cuando concluya toda la operación, el botín asciende a 30 pistolas, 15 fusiles y una vieja ametralladora “Hotchkiss”, a parte de esquís y material de montaña, según un informe cursado por los pirenaicos con motivo del incidente. Archivo del autor. [19] N. Casas, obra citada, pp. 49-50. [20] Tanto los antecedentes previos al asalto, como el asalto en sí, están tomados casi al pie de la letra de un informe redactado el día 3 de marzo de 1937, por los pirenaicos Ramón Oliver y Lluis Busquets, los únicos que consiguieron escapar del cerco y avisar a Barcelona. Archivo del autor. |