S.B.H.A.C.

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Imágenes de la Guerra Civil española Enlaces

23.2- POEMA PARA LA COLECCIÓN DE ROSTROS INFANTILES DE LA GUERRA CIVIL (2)

- EXILIOS -

23.2.1 La primera expedición infantil de niños vascos hacia Francia tuvo lugar el 20 de marzo de 1937. Organizada por el Gobierno Vasco en colaboración con el Gobierno de la República, condujo a 450 niños vascos, entre cinco y doce años, a la colonia llamada "Maison Heureuse" (Casa Dichosa), situada en la isla de Oléron, en la localidad de Boyardville.

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23.2.2 Esta imagen publicada en el Daily Mail muestra a niños vascos acogidos por instituciones inglesas. Al chaval le han regalado un Boby inglés de cartón con aspecto bonachón que en aquella época parece que lo eran. Los niños parecen contentos y sanos.

23.2.3 Estos, en el mismo país y también niños vascos, no parecen tan dichosos, con la enfermera y el pastor detrás, pero seguro que nos les faltó de nada (excepto cariño) hasta su repatriación, dónde sí que les faltó de todo a tenor de los testimonios de niños exiliados y repatriados a la España franquista.

23.2.4 Como decimos, en Inglaterra, estos niños españoles escriben a sus familiares en un limpio y agradable campamento de verano. A destacar el rubiales sentado en un cubo. Las voluntarias inglesas ayudan a los niños a componer una carta que levante el ánimo de sus lejanos y anhelantes padres.

23.2.5 Niños vascos en Inglaterra. La hora del reconocimiento médico, niños y niñas, y sin la mojigatería hispánica

23.2.6 Niños de Tossa de Mar llegan a Conblain au Pont (Belgica). Casi todos los niños que llegaron a Bélgica en abril y mayo de 1937 fueron acogidos por el POB-BWP (Partido Socialista Belga) y repartidos en adopción entre familias socialistas, pero hubo también otras instituciones que se ocuparon de la acogida. En este sentido, varias organizaciones y familias católicas atendieron la llamada que hizo el Cardenal Van Roey, Arzobispo de Malinas, para apadrinar a niños vascos. Fueron unos 1.200 los acogidos por sectores católicos de la sociedad belga. Además, otros organismos acogieron en torno a 1.000 niños como la Cruz Roja Belga, la sección belga del Office Internationale pour l' Enfance, Socorro Rojo Internacional, el Grupo Español para la Defensa de la República o, en el caso de los niños vascos, el Departamento de Asistencia Social del Gobierno de Euzkadi que colaboró con la organización del Home Belgo-Basque de Marchin-lez-Huy (Lieja).

Nadie, como el cachorro humano, es capaz de representar el desamparo. No hay un sólo rostro, ni delante ni detrás que exprese optimismo. Es de noche, los niños están cansados, desorientados, no conocen a los adultos que los dirigen, y tampoco conocen el lugar. Mil millas de mirada de desamparo.

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23.2.7 Frontera con Francia. El gendarme, al ver a las dos mujeres con sus cuatro niños y cargadas de bultos, se apiadó y les echó una mano. A petición del fotógrafo, todos se han parado. La mujer del fardo que, a todas luces no es la madre de los niños, mira al gendarme con desconfianza. Eso dice mucho de la realidad de la foto. Detrás, medio tapada, la probable madre de los críos.

23.2.8 Loor y gloria a los bebés punkis que en el mundo han sido. Aquí, este arrapiezo no le quita ojo al periódico del gendarme, que, tenga lo que tenga, una seguro que va a ir al coleto de nuestro héroe. Puede que esta foto (¡y la anterior!), sean mera propaganda, o puede que no. Pero la única certeza de esta imagen es la capacidad de reacción del niño para trincar la tajada. Entrañable criatura. Uno de los nuestros y rostro como un poema.

23.2.9 Los franceses separaron a las mujeres y los niños de los hombres, seguro que con alguna razón sanitaria o de orden público, pero separaron a las familias. Aquí vemos un campo de internamiento francés y su comedor.

23.2.10 Las hermanas mayores y los niños a su cuidado se comen unas galletas que les han repartido almas caritativas francesas. Además de los refugiados destacan unos fardos de corcho que hemos visto en varias imágenes de este reportaje. Este corcho español, que los franceses necesitaban para sus botellas de vino, seguro tuvo inicialmente menos problemas para entrar en Francia que los refugiados, que hubieron de esperar bastantes días hasta que se abrieron las fronteras.

23.2.11 Las chicas de la fotografía anterior y su familia han llegado a un punto marcado con una flecha al estilo de las de "espere aquí". Frontera francesa, y sobre todo, orden, mucho orden con estos peligrosos rojos, como las protagonistas de la foto. Peligrosísimas...

23.2.12 Este amable francés reparte trozos de pan entre los refugiados mientras los gendarmes garantizan el susodicho orden. Aún así, hay cierta confusión contenida, el hambre aprieta y es fácil perder las maneras, pero todos se comportan con mesura. El adulto del fondo, expresa su desolación con un gesto lastimero. La niña en primer plano, suplica y busca la mirada del paisano. El niño rubio esta a punto de meter la mano en la cesta y dejarse de modales.

23.2.13 El padre, combatiente de la República, se despide de su hijo, pues los separan en la frontera. La mano sobre la espalda del niño apresura el gesto cariñoso de padre e hijo y lo hace extraño. El niño está enfadado y no quiere separarse de su padre y además mira al fotógrafo como diciéndole, ¿y tú, qué haces aquí? ¡vete por ahí!

23.2.14 Niños españoles vestidos de marinerito de la flota Roja, llegan a la estación de Koursk en Moscú, dónde les dieron un emocionante recibimiento. Los rusos trataron a nuestros niños muy bien hasta que los alemanes invadieron su país, después los trataron como a todo el mundo.

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23.2.15 En un bello paisaje y vestidas de semejante traza, estas niñas españolas participan en un acto propagandístico. Todas parecen sanas, moderadamente contentas, y el sitio es idílico. Lo malo vendría después, con la guerra, ¡y la posguerra!

23.2.16 Estos pioneritos españoles reciben la visita de un camarada compatriota. La imagen parece un poco forzada con una decoración soviética cien por cien, pero viendo los rostros de los niños y viéndolos de todas las tesituras, colegimos que algo de espontánea hay en la estampa.

23.2.17 Aquí de espontáneo, muchos menos. Los niños llevan unos días en Rusia y están hartos de posar y todo eso. Detrás, una señora fornida y más detrás un comisario o lo que sea.

23.2.18 Niños de Morelia. Lea estos párrafos encontrados en la red:

Nada como la despiadada mirada y el diagnóstico de los niños que llegaron a México hace setenta años, acompañados por un grupo de maestros españoles, a los que habían prometido que podrán ocuparse de la educación de sus alumnos, y un refugio digno, a salvo de la guerra civil. Nada de eso se cumplió. Al mismo llegar, cuatrocientos cincuenta y seis niños entre seis y doce años fueron separados de sus maestros, internados en régimen semi-carcelario, separados por sexo en dos antiguos seminarios, con una severa disciplina militar, y en condiciones de supervivencia extremas, gracias a la vieja e inveterada corrupción, que enriquecía a los responsables a costa del presupuesto destinado a la alimentación y necesidades básicas de los niños, que venían en condiciones precarias de salud, sin reservas después de un año de guerra y una travesía en el Mexique. En estas condiciones, murieron y desaparecieron niños que nadie pareció echar de menos, y algunos tuvieron la suerte de fugarse y no ser devueltos a su encierro, y pueden narrar sin ira y sin piedad lo que significan los afables discursos que ofrecían su melosa ración de buenos sentimientos, según es costumbre en México, adonde se da la mayor proporción de gobernantes émulos del padre de los Karamazov, malos y sentimentales. Para acabar de condimentar su estancia, aquellos niños (entre los seis y los doce años, no lo olvidemos), recibieron todo el rechazo y los ataques que su condición de "rojos" y "comunistas" pudieran inspirar, como el discurso furibundo de Manuel Zorrilla ante la protección que se brindaba a niños extranjeros y ''rojos". Esa parva de chiquillos hambrientos, como respuesta a tan píos propósitos, apedrearon las iglesias de Morelia y a los representantes de la carcundia moreliana que habían acudido a misa. Aquellos hijos del demonio tuvieron ocasión a lo largo de su vida de comprobar que la sumisión y la bondad no suele dar frutos con los opresores, y quien sobrevivió lo hizo gracias a mantener una actitud beligerante, algo que parecían haber olvidado los descendientes de los insurgentes de la revolución mexicana. Los supervivientes de los llamados "niños de Morelia", protagonizaron un motín tras otro, y se convirtieron en un problema de orden público, del que tuvo que ocuparse directamente Lázaro Cárdenas. Lo resolvió cesando al sádico director y carcelero, y suavizando las condiciones de encierro y supervivencia, hasta que, poco después, se cerraron los dos establecimientos, el destinado a las niñas y el de los niños, y fueron dispersados con destinos inciertos. Los exiliados españoles con una formación y un estatus académico, y los representantes del Gobierno legal de la República en el exilio no se ocuparon, ni mucho ni poco de aquella partida de niños facinerosos, que poco podían servir a su prestigio intelectual. La historia edulcorada del México acogedor, hospitalario, benefactor de los vencidos de la guerra española es acogida con carcajadas sarcásticas por los supervivientes de los niños de Morelia. Porque ellos también fueron los destinatarios de la política de exterminio institucionalizada contra el pueblo mexicano, y, quizás por eso se sienten unos gachupines tan mexicanos como el que más, y siempre estuvieron en pugna contra el poder.

Fuente: http://atenco.blogia.com/2007/010501-los-ninos-de-morelia.php

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23.2.19 Este tierno infante espera sentado su repatriación. Su mirada, un poema. Ojos que se pierden, pero no en el infinito de la esperanza, todo lo contrario. El muchacho sabe que lo que le viene encima va a ser todavía peor que lo que ha vivido. No por nada especial, solo por derrotado en la España de los vencedores, auténticos propietarios del solar patrio, y el resto unos perdonados de la vida.

23.2.20 Qué imagen tan extraordinaria. Las cuatro figuras del primer plano, cuatro niños rubios, quizá parientes, dirigen sus penetrantes miradas, cargadas de anhelos y quizá también de miedo, hacia algún adulto, quizá adusto, quizá uniformado. Los niños están expectantes, contenidos, sumisos.