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Introducción a la historia de la Guerra Civil Española

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6 de noviembre de 1936.

Publicado en Tiempo de Historia nº 84 noviembre de 1981

Cerco y resistencia de Madrid

Carlos Sampelayo

Ya empezaban los escritores y periodistas a tomar notas para libros sobre la guerra de España. Ya invadía la zona republicana una serie de corresponsales extranjeros que habían de ser notarios subjetivos de hechos de vanguardia y retaguardia. Las crónicas que publicaban en sus periódicos han podido constituir más tarde volúmenes de investigación y narrativa, de gran aportación a la historia o la literatura. Pudieron describir los hechos y el espíritu que los animaba.

6 de noviembre de 1936

En Pravda ha aparecido un primer articulo de Dolores Ibarruri cuya traducción ha llegado a España, y en el que se expresan términos como éste: "Lo mismo que siento yo, lo sienten ahora todas las mujeres y madres del pueblo español, las que han mandado a sus maridos al sangriento combate y las que luchan, ellas mismas, por la libertad, por la Felicidad del pueblo español, por la paz en todo el mundo, contra los provocadores fascistas de la guerra."

El Comisariado está instalado en el Ministerio de lo que pasado el tiempo se llamará de Defensa. Pero en todo el edificio no se encuentra un alma. El despacho del ministro está vacío. Todos se han ido. A las seis de la tarde, en el momento de la huida general de los elementos oficiales, el sustituto del ministro, general Asensio, llamó a Miaja y le entregó un sobre cerrado y sellado en el que se leía: "No abrirlo hasta las seis de la mañana del día 7 de noviembre de 1936." Ahora confiaban en Miaja para que defendiera Madrid todos los que se reían cuando el 18 de julio había sido nombrado ministro de la Guerra. Nadie le hacia caso entonces, y ahora le encomendaban la misión más dura de toda la contienda.

El general vejado abrió el sobre sin esperar a la hora señalada. Era una orden del ministro de la Guerra, en la que se le decían cosas como ésta: "Si, pese a todos los esfuerzos, resulta necesario entregar la capital, se encarga a dicho órgano (1) de la salvación de todo el material de guerra, así como de todo cuanto pueda tener valor para el enemigo. (...) El Estado Mayor y la Junta se instalarán en el Ministerio de la Guerra."

Pero al Ministerio seguía sin comparecer ni un alma. Se repetían para el general las vejaciones y desconfianza en su capacidad que había sufrido el 18 de julio.

A las tres de la madrugada se le presentó el capitán de una brigada de tanques, a pedir municiones. Llegó lleno de cansancio, con la ropa hecha girones, como un espectro.

(1) Se refiere a la Junta de Defensa nombrada al efecto durante la Presidencia de Miaja.


Los comunistas

Los que mayor conciencia demuestran de la situación son los militantes del Partido. En unión de otras gentes de confianza se dedican a recorrer las casas de vecinos, piso por piso, para allegar voluntarios. En cada edificio crean un comité de guerra entre sus habitantes, con la misión de defenderse hasta el fin, rindiéndose sólo cuando la casa esté en ruinas.

Dividen a los trabajadores reclutados en tres partes: una al frente, otra a hacer fortificaciones, la tercera al abastecimiento y producción de guerra: fabricación y recolección de armamento, munición, etc.

Las calles se llenan de automóviles, camiones, turismos. La ciudad es una botella atascada. Es mejor caminar a pie haciendo regates y abandonar el coche donde se ha atascado. Ya se le encontrará o no cuando se pueda.

Los periódicos de este día 6 publican el parte del Ministerio de la Guerra, que sólo da detalles de breves tiroteos en los frentes de Aragón y el Norte. Comienza el inútil disimulo de la situación en Madrid.

Entre las noticias publicadas al margen del parte, un telegrama de Barcelona anunciando que el consejero de guerra, coronel Sandino, informa que cerca de Bujaraloz tres soldados se han pasado a las fuerzas republicanas. Noticias banales en comparación con el caos madrileño.

Se tiene mucha confianza en la Brigada Internacional, compuesta en su casi totalidad de franceses y alemanes. Quizá la confianza de la gente radica en que van bien vestidos, con guerreras nuevas, gorros oscuros, polainas o bandas. Se les ve más bien jóvenes. Se dice que tienen experiencia de la guerra del 14, pero no es posible.

Los Junkers atacan de pronto el Ministerio de la Guerra, que no tiene refugio antiaéreo, pero las bombas caen en el paseo de Recoletos. Producen una explosión en un gran garaje cercano al Ministerio con muchas víctimas.

En el cine Monumental se celebra por la noche un mitin dedicado a la defensa de Madrid. El comunista Antonio Mije enumera brevemente, de una manera concisa, pero con toda precisión y de forma concreta, las condiciones sin las cuales la defensa de Madrid, aunque sólo sea por unos días, será imposible; hay que crear numerosos destacamentos de combate, ofrecer una resistencia tenaz, luchar casa por casa, hacer fortificaciones, trincheras, barricadas, observar una rigurosísima disciplina militar, establecer el orden en la retaguardia, castigo implacable contra la "quinta columna", contra todos los terroristas, provocadores, espías, recoger todas las armas, producir pertrechos de guerra, economizar rigurosamente los víveres.

La segunda parte de su discurso la dedica Mije a la Unión Soviética, que este mismo día está celebrando el aniversario de su Revolución. Habla de la de octubre, de la guerra en Rusia, la victoria del socialismo, la lucha contra los trotskistas y derechistas, los planes quinquenales, la dirección del Partido, la política del Komintern.

Luego, Dolores se dirige a las mujeres presentes en el mitin con frases como ésta:

—¡Veo que no han desaparecido aún las heroínas de la Guerra de la Independencia, las intrépidas españolas de aquella progenie que luchó contra las tropas de Napoleón Bonaparte y las arrojó del país!


...Y el Gobierno en Valencia

Han pasado tres días. De Valencia, del ministro de la Guerra, del Estado Mayor Central, no se sabe nada. Como si hubieran desaparecido. Ha llegado un batallón de guerrilleros del Guadarrama, jóvenes valientes, dispuestos a partirse el pecho. El Guadarrama, que hasta ahora habla sido el frente más cercano a Madrid, es ya el más apartado de la capital, porque toda ella es frente de guerra. Por eso estos muchachos se han replegado a ella como han podido para sumarse a la defensa popular.

Al fin se sabe del Gobierno. Al Estado Mayor llega un ayudante de Largo Caballero provinente de Valencia y le entrega al presidente de la Junta de Defensa un sobre, diciéndole:

—De parte del jefe del Gobierno, ministro de la Guerra.

Miaja lee la carta. En ella, el jefe del Gobierno y ministro de la Guerra, Largo Caballero, se dirige al general, presidente de la Junta de Defensa de Madrid, con un ruego urgente: dado que el Ministerio de la Guerra y el Estado Mayor Central, al partir, no tuvieron tiempo de llevarse consigo la vajilla de mesa y la mantelería, cosa que da origen a ciertas dificultades, se entregarán al portador de la presente los servicios de mesa y de té del Ministerio de la Guerra, con los correspondientes juegos de manteles y servilletas, y, asimismo, se le facilitará el autotransporte necesario para trasladar inmediatamente los objetos citados a Valencia...

Pero no hay discusiones ni protestas. Esta Junta de Defensa es menos sonora, más práctica que lo era el Ministerio de la Guerra cuando se aposentaba en este mismo lugar.

Mientras tanto, el frente. se sustenta. Parece que de momento se podría resistir dos o tres días más, al cabo de los cuales puede decidirse la suerte de Madrid y quizá de toda la guerra.

El dia 11 continúa la resistencia. Las desarticuladas columnas madrileñas, abandonadas al azar por el ministerio, han podido contener el primer ataque frontal del fascismo, han podido frenar el asalto a la ciudad, poner orden en sus propias filas, defender Madrid, casi sin armamento, durante cinco días, gracias a la abnegación de algunos jefes, a la decisión y valor de los trabajadores, a la dirección política de los comisarios. Es un milagro que no se podrá prolongar mucho tiempo más sin ayuda del exterior.


Heroísmos

El piloto de caza republicano Pablo Palancar se ha lanzado él solo contra un grupo de Junkers. Tras él se ha lanzado una escuadrilla de Heinkels y lo ha derribado. El piloto ha podido saltar en paracaídas y caído en la Castellana. La gente que desde toda la ciudad ha presenciado emocionada el combate le ha rodeado aplaudiendo, lo ha metido en un coche y lo ha llevado en cuarto de hora ante la misma Junta de Defensa. Lo abrazan, lo felicitan, lo condecoran, lo citan en la orden del día.

El 19 de noviembre por la noche los bombardeos sobre Madrid son pavorosos. Todas las fantasías sobre la guerra de exterminio se han hecho realidad en estos feroces ataques. Se calcula que en 15 días, la capital de este país neutral en la Gran Guerra ha sufrido más que todas las capitales europeas durante toda ella. El héroe es la ciudad.

Noche a noche "Unión Radio" transmite a las diez los partes de guerra y las noticias políticas. Después se oye la emisora de Burgos, que desde el día 4 comienza lo mismo: cuál será el orden en que se llevará a cabo la parada fascista por la calle de Alcalá hasta Cibeles, los nombres de los directores de las bandas militares que armonizarán el desfile participando en él. Los distritos que corresponden a cada destacamento de castigo de "Falange Española", el plan para el traslado de las instituciones de Burgos a los edificios oficiales de Madrid.

Algunos partes de guerra dan rabia por lo optimistas y tranquilizadores, cuando se está viendo todo lo que ocurre alrededor. Son antiperiodisticos, desinformadores. Pero la defensa de Madrid continúa esforzada por el instinto del pueblo, sin atender a razones. Esta defensa se ha convertido en un combate general. y quizá decisivo de la guerra civil, que se intuye ya en diciembre que será larga, premiosa, dificilísima, porque Franco posee mucho material, en proporción mayor que hombres para usarlo.

De los pueblos aledaños de Madrid, El Escorial se ha salvado de las bombas. Parece que Franco lo quería coger intacto y esperaba la ocasión propicia. Se cree que aposentará en el monasterio su cuartel general imitando a Felipe II, quien hasta orando en aquella catedral dirigía entre rezo y rezo las guerras del imperio y los negocios del Estado.


Rojo

El que los republicanos tengan a su disposición uno de los jefes de más popularidad y más inteligencia del ejército, Vicente Rojo, es decisivo para la resistencia de Madrid. El gobierno ha tenido en todo momento tanta confianza en él y en su prestigio entre los militares que hasta lo había mandado al Alcázar de Toledo como parlamentario, aunque sin resultado. Es uno de los estudiosos de la táctica nada menos que del Gran Capitán Gonzalo de Córdoba, pero yo creo y es de suponer que ha superado en estrategias de combate a aquella figura histórica difuminada, pues el Gran Capitán necesitó muchos años y dos guerras para organizar por primera vez una conjunción en combate de artillería, caballería e infantería, y Rojo, sin la experiencia de aquellas guerras, ha intuido aquella táctica desde el primer momento. Ha tenido que dar cursos perogrullescos a los soldados. Por ejemplo, que no disparen sin discriminación; que sólo disparen cuando crean que el disparo ha de dar en un blanco elegido de antemano.

Ya no hay guerrilleros folklóricos vestidos de cualquier manera y ostentando hasta un sable en el costado. Ya hay disciplina porque la guerrilla se ha tornado en guerra general, y el invierno ha hecho que las unidades se conjunten y los jefes las puedan mandar con acierto. También se han disciplinado al mando superior estos jefes anónimos salidos de la milicia.

Hay pocos comisarios de guerra que sepan su oficio, su misión. El que la sabe evita que el combatiente o la unidad se recargue de objetos superfluos que impidan la libertad de movimientos personales para el ataque.

Nadie sabe lo que hará después de la guerra. Es una de las preocupaciones que asaltan al soldado-miliciano.

Casi ninguno desea seguir siendo militar cuando acabe. Pero todos creen que la vida va a cambiar totalmente o en gran parte.

Ha llegado la Nochebuena. Dentro de Madrid, en sus calles —en las que todavía siguen intactas—, no parece que haya guerra.

En los frentes, se ha aprovechado el "impasse" navideño para reorganizar definitivamente las columnas en brigadas de iguales efectivos, aproximadamente según la plantilla que fue adoptada a finales de octubre en base al proyecto del Quinto Regimiento.


Verdades perdidas

El ejército alemán ya se había distinguido por su aviación durante la guerra del 14. En Madrid se está ensayando para la guerra futura, más perfeccionado, más efectivo. La escuadrilla del famoso Richthofen derribó 147 aviones durante año y medio de aquella contienda. Esto se comenta entre los aviadores republicanos, y es paradójico que todos quieran emular o superar las hazañas de la escuadrilla del legendario alemán.

Han sido minadas las alcantarillas cercanas al frente. Con esto se emplea una táctica de previsión por si, al fin, se decide la lucha por los facciosos y comienzan a entrar en la ciudad. Volarán sin necesidad de aviones. Los recursos de la guerra defensiva son incontables. Superan todas las teorías guerreras, la táctica y estrategia que se lee en los libros militares, y casi siempre es más útil y da mejores resultados la improvisación de los profanos, de los que no han estudiado en las academias. La mayoría de estas improvisaciones ha sido luego adoptada en guerras siguientes como instrucciones de técnica y táctica militares.

En una guerra civil como la de España, cualquier medio defensivo era pertinente, como lo fueron las navajas en la Independencia, o las hoces en el Corpus de Sangre catalán.

Para advertir a los fascistas corre entre los árboles de la Casa de Campo un camión con altavoz, servido por Gabriela Abad, una muy joven propagandista del Comisariado. Los prisioneros dan datos sobre la situación en el lado fascista, donde el abastecimiento de pertrechos por parte de los ejércitos italiano y alemán es normal. Obuses, cartuchos se reciben diariamente. El cansancio, el hambre, el frío, la mala alimentación, los fracasos ante Madrid y la prolongación general de la guerra han provocado un estado de ánimo bastante depresivo entre las unidades de los facciosos.


Retaguardias

En los pueblos de la Mancha, donde la guerra no ha llegado aún, se procede a la detención de los desafectos a la República. Puede calcularse un promedio —un pueblo con otro— de quince detenidos, y otros tantos escondidos. Las haciendas han sido confiscadas, pero no repartidas todavía a los trabajadores. Las autoridades de los pueblos esperan a que acabe la guerra para ver después qué se hace. Todos los habitantes de estos pueblos preguntan a los periodistas, que pasan por allí camino del frente andaluz, cómo va la guerra, cuándo se va a acabar, si de verdad nos ayudan del extranjero. Hay pueblos de distinto comportamiento: en algunos apenas se disimula su hostilidad y sabotaje a la República y a su guerra defensiva; miseria demostrativa, ostentosa, en poblaciones que siempre han sido ricas, acaparación y ocultación de productos y especulación con ellos. explotación de campesinos y jornaleros pobres al socaire de una engañosa postura izquierdista de colectivismo, lo que puede resultar sencillamente una protección de la tierra de sus propietarios en espera de que estos vuelvan. Por ahora, en plena guerra, es muy difícil descifrar las posturas y orientarse en los objetivos.

Sin embargo, la reserva de productos alimenticios en estos pueblos puede decidir la suerte de la contienda y de la democracia.


La política en Valencia

En Valencia todo el mundo está en contra de Largo Caballero. Se le reprocha haberse ido de Madrid. Hasta los propios caballeristas le critican "sotto-voce". Pero el llamado "Lenin español" ejerce aún una autoridad sobre los suyos a veces temible. Es violento y gritón. No quiere que le lleven la contraria. Como ministro de la Guerra parece que resolverá todos los problemas de ella sin dar cuenta a nadie, en la antinomia de las ideologías, como haría después el "führer" en la Alemania de la conflagración. Tampoco en los otros problemas de la administración pública pretende que nadie le haga objeciones. Por lo visto, el antiguo solador de oficio cree, como el pintor de brocha gorda, que los jefes de Gobierno deben ser dictadores. Así, no da cuenta a nadie de sus actos.

Hacia el 17 de febrero, la guerra ha tomado ya las proporciones de una gran guerra. Ya no es guerra de guerrillas. Los combates de esta primera quincena del mes están llenos de episodios heroicos que demuestran lo dura y encarnizada que es ya la contienda general. Lo que el director de mi periódico creía al principio que iban a ser escaramuzas sin gran trascendencia, son ya batallas en toda la extensión de la palabra —que es corta, pero rotunda— sin con-descendencias de ninguna clase. Desde hace tiempo, en Madrid, no digamos en Alicante, en Valencia, en Barcelona, comparten con los soldados las vida de guerra viejos, mujeres y niños.

Pero la batalla más grande durante el primer año de asedio se ha dado al sudoeste de Madrid, batalla que ha durado las últimas tres semanas de febrero. en que no se ha interrumpido ni un solo momento la lucha, en combates sucesivos.

Era poco probable que la batalla del Jarama decidiera la suerte del frente de Madrid, y mucho menos la de toda la contienda, aunque así lo creyeran algunos jefes y elementos del Gobierno. Pero esa batalla ha entrado en la historia como una gran batalla, complicada, utilizándose todos los tipos de tropas y armamento. Sin embargo, hay que salir al paso de los historiadores que exageran elogios a los esquemas sobre la disposición de las unidades. Lo más importante de ella es que se contuvo el avance, teniendo en cuenta que por parte facciosa combatían verdaderos guerreros alemanes, perfeccionados, al mando de generales e instructores; y por el otro, el pueblo armado, juventudes dirigidas por mandos de milicias y jefes de división que llevaban apenas me-dio año empuñando las armas como sencillos voluntarios.


Guadalajara

Se ha interrogado a tres soldados italianos capturados en el frente de Guadalajara. De sus declaraciones se desprende que han venido a España después de sacarlos de la guerra colonial de Abisinia, adonde Mussolini enviaba a todos los que no podían pagar una cuota para no ir. O sea que estamos luchando contra los italianos más pobres. Siempre pasa lo mismo. A las guerras coloniales son enviados los pobres; los ricos se quedan en las metrópolis. Los tres soldados están pesarosos de que los hayan enviado a otra guerra. Dicen que, sin embargo, el clima de España es muchísimo mejor que el de Africa. Hablan como los turistas. Lo que menos piensan es en pelear.

Nuestra reflexión es pesimista. Si ninguna potencia democrática se opuso a la invasión de Abisinia, ¿por qué se van a oponer a esta invasión de Italia y Alemania en España?

El cuerpo de ejército derrotado en Guadalajara el 12 de marzo está dotado de todo cuanto hace falta en una batalla de ese tiempo para un ataque a un frente limitado: un regimiento de artillería, más de 100 tanques, divisiones especiales antitanques y antiaéreas, unidades de enlace, unidades de zapadores, y como complemento, unidades para la guerra química. ¡Se preparaba sobre Madrid nada menos que un ensayo de guerra química! Hace ya más de medio año que el pueblo español lucha lleno de inocencia, como cobaya de los criminales que tratan de experimentar sus diabólicos instrumentos de matanzas en masa.

Pero la paliza ha sido enorme. Aparte los numerosos prisioneros, se han capturado camiones italianos llenos de víveres y utensilios intactos. Es admirable ver lo bien que se habían pertrechado los desmoralizados expedicionarios en su excursión hacia Madrid.

Se teme de todas maneras la represalia que va a tomar Mussolini ante este fracaso, dado el mucho armamento que aún poseen, tanto italianos como alemanes, y sobre todo esa guerra química, que ya comienza a ser un fantasma entre los republicanos españoles.


Con sus propias armas

El botín ha sido enorme. Los estados mayores llevan cinco días repartiendo el material capturado, distribuyendo por las brigadas cañones y ametralladoras, estudiando documentos, listas de personal y órdenes de los generales italianos. Las carreteras están obstruidas con morteros, cañones, setenta camiones italianos sólo en la Brihuegas, con alambre espinoso, cajas de obuses, cartuchos, bombas de mano y otros pertrechos.

Al mayor italiano Luciano Silvin, hecho prisionero, se le ha preguntado:

—¿Cómo ve usted la guerra de España?

— Es una guerra de españoles contra españoles —ha respondido el muy cínico.

— ¿ Y por qué se mezclan ustedes en ella?

— En interés de Italia.

No se le puede sacar más. Es inverosímil esta victoria si se considera que la expedición italiana se componía de varios miles de camiones adaptados para el fuego de ametralladora y de fusil, un enorme parque de artillería compuesto de varios centenares de cañones de diferentes calibres, un gran parque de tanques, nutridísimas reservas de obuses y municiones, y las armas químicas. No se puede imaginar un ejército europeo mejor dotado en aquel tiempo.

Mientras tanto, los partes de guerra fascistas daban la noticia de que habían conquistado Taracena y los arrabales de Guadalajara. Adelantaban acontecimientos, porque entonces la gran derrota había sido treinta kilómetros antes de aquellos objetivos.

En todas las batallas del mundo se habían cogido prisioneros. Pero aquella vez se superó la marca de todas las anteriores. Ninguno sabia por qué combatía, y el que lo sabia se sentía ya hostil a la causa que les había llevado hasta aquella trampa. Los mandos abominan también ahora el ensayo de guerra. En el diario encontrado a un capitán prisionero se lee: "De haber sabido que todo esto iba a ser tan repugnante, habría esquivado esta guerra que parece tan seductora vista desde lejos."

Ninguno de los extranjeros que luchan con el ejército republicano popular, y que han tomado parte en guerras civiles en sus tierras, ha visto cosa igual.


Primavera en las retaguardias

A últimos de marzo ya hace calor en Valencia. Los funcionarios del Ministerio de la Guerra se bañan en la playa, pero los milicianos organizan redadas de bañistas y los devuelven a sus puestos de combate: las oficinas. ¿Será verdad que a trescientos y pico de kilómetros haya guerra, hambre y muerte? Aunque Valencia comienza a dejar de ser la apacible retaguardia. De cuando en cuando la visitan los aviones. Pero todavía parece una frontera de la paz, de la vida muelle que no oye el estruendo de los cañones. Desde el principio de la guerra la ciudad ha estado tranquila, con las terrazas de los cafés repletas, como olvidada de lo que ocurre. La Valencia republicana de las violencias verbales de Blasco Ibáñez y Rodrigo Soriano sigue atenta ahora las contingencias de la guerra como si no fuera con ella, como si cotejara los resultados de la liga de fútbol. Posiblemente es la ciudad que menos voluntarios ha aportado a la lucha. Y no es porque haya demasiados valencianos fascistas, pero tienen prisa de que la guerra se termine antes de que llegue al Grao y antes de que se queden sin poder pescar. En el puerto se balancean los barcos de guerra, dos británicos y un francés. El control de la no intervención.

La "no intervención", sin embargo, donde más se deja sentir es en la frontera francesa. Alli todas las facilidades son para los fascistas y ninguna para los republicanos, aunque de cuando en cuando un avión franquista —"desconocido", según el comité— arroja bombas sobre ciudades fronterizas francesas sin que el gobierno de Blum se conmueva. Hasta Hendaya llegan balas de la guerra. Instructores alemanes pasan la frontera "como Pedro por su casa" e instruyen a los quintos jóvenes de los fachas que atacan Bilbao, acosado por todo tipo de aviones enemigos, y no defendido por ningún amigo. Es, pues, una falacia que los partes de guerra fascistas pregonen que en el Norte baten a los "rojos" en el aire. Lo que hacen es quemar con bombas incendiarias de termita matorrales y bosques, asfixian con humos pestilentes al ganado y a las personas, pasando poco a poco a la guerra química. Y los barcos de guerra de la "no intervención" esperan en el mar la caída de la gran ciudad.


El Congreso de Escritores

El 19 de junio, en Valencia se celebra el pleno del Comité Central del Partido Comunista. Se levanta a hablar Dolores, y dice:

—¿Quién iba a pensar al principio de la guerra que íbamos a tener bajo las armas a medio millón de hombres?

Y es verdad. Asombroso que un país que llevaba más de setenta años sin guerras interiores pudiera llegar a aquella celeridad en organizarse para el combate con entusiasmo y tesón.

Al Congreso de Escritores han faltado muchos significados como hombres de izquierda en el extranjero. Ha habido subterfugios, como lo difícil que era conseguir los pasaportes y otras zarandajas, para no comprometerse.

Para preparar el Congreso se ocupan de ello tanto el gobierno central como el catalán, y de cada uno tres ministerios: Relaciones Exteriores, Gobernación e Instrucción Pública, aparte el de Guerra, el Comisariado general, la Alianza de Escritores Antifascistas, y varios elementos más que personalmente trabajan esforzadamente. Los burócratas ministeriales se esfuerzan asimismo por hacerles olvidar a los congresistas que España está en guerra, alojándolos en los sitios más apartados y seguros. "¿Pero dónde está la guerra?", se preguntan asombrados los huéspedes.

Alvarez del Yayo saluda a los participantes en la sesión de apertura, como comisario general de Guerra.

En la reunión de Madrid, y tras ver el esfuerzo del pueblo español por sobrevivir en libertad, algunos escritores han dejado sus trabajos literarios y han empuñado el fusil para disparar tiros en la Ciudad Universitaria. En el auditorio se discute la siguiente ponencia: ¿Cómo ha de conducirse el escritor, en contacto con la guerra civil de España?

La de Rusia y la victoria de los pueblos de ese gran pais, las dictaduras del fascismo en Italia y Alemania, la guerra civil en España había convertido a los escritores en luchadores y compañeros de sus pueblos en la contienda por sus libertades y su cultura. Cuando el Congreso termina ha pasado más de un año desde que empezó la guerra.


La unidad social-comunista

Se ha llegado a la lucha de tanques como la más eficaz. Jefes y soldados de este arma valoran y tienen en mucha estima las preciosas máquinas, creadas con tanto trabajo en las condiciones de los combates y del bloqueo fascista. La propaganda cartelera ha inventado un "slogan" que, sin embargo, ha sugerido ironías, pero que encierra una gran verdad:

"¡Haced tanques, tanques! Son la llave de la victoria!"

El Comité nacional de enlace de acción conjunta entre los partidos socialista y comunista ha elaborado un programa cuyo primer punto común reclama que se intensifique la capacidad combativa del ejército popular republicano, que se establezca una disciplina de hierro, que se efectúe una enérgica limpieza en el ejército y se expulse a los elementos hostiles, que se ayude práctica y moralmente a los comisarios, que se organice la instrucción militar de los jóvenes antes de que entren en quintas y que se creen potentes reservas de tropas.

En otros puntos, el programa exige la nacionalización de la industria guerrera, que se ponga orden en el transporte automóvil y ferrocarrilero, que se creen unidades de zapadores y antiaéreas modelo en el frente y en la retaguardia.

El sexto punto señala la necesidad de luchar mientras se combate por el mejoramiento de las condiciones del trabajo y de la existencia del proletariado en las ciudades y el campo.


Frente de Aragón

Sin dominar Quinto no es posible acercarse a las proximidades de Zaragoza y atacar esta ciudad, que se considera fuera de todo peligro hace ya diez meses de los trece que llevamos de guerra.

Antes de ella viví varios días en Quinto, porque era el pueblo del padre de Jardiel Poncela, y vacacionamos allí los dos una semana. Ahora me da mucha pena saber que algunos parientes republicanos de mi amigo el humorista han sido fusilados por los facciosos.

Se ha tendido un puente en el Ebro por el que han pasado los cañones y demás impedimentos guerreros. La batería Thálmann ha traído a este frente un viejo cañón del 75 del siglo XIX tomado del Museo Histórico Militar de Madrid al principio de la contienda. Esto mueve a risa conmovedora.

Al tomar Quinto se ha recogido documentación de oficiales rusos zaristas que también ayudan a Franco. Pertenecen a una organización titulada "Unión Nacional Rusa", con carnets extendidos en Francia al comenzar la guerra.


Cataluña

El 11 de septiembre, en Barcelona, habla Companys desde una tribuna junto a la estatua de Rafael de Casanova. Las ovaciones le interrumpen. Se refiere, entre otras cosas, a los grandes esfuerzos que ha de realizar el pueblo catalán en la presente guerra, esfuerzos decisivos de los que depende la victoria.

Cataluña puede sostener la guerra con sus técnicos, sus finanzas y su situación geográfica. La juventud catalana está dispuesta a dar todo por la victoria, aunque haya defecciones como ésta que se lee en el número 319 del "Diario Oficial de la Generalitat": "Requisitorias. Juan Antonio Samaranch, hijo de Francisco y de Juana, natural de Barcelona, soltero, estudiante, de dieciocho años, que desapareció el 10 de julio de este año de la 84 Brigada Mixta, 336 Batallón, domiciliado últimamente en Barcelona (...), procesado del supuesto delito de deserción en causa número 600 (...), rogándose a todas las autoridades civiles y militares la busca y captura de dicho individuo (...)" Etc.

Hay una cosa simple: durante la guerra mundial del 14 contra las potencias imperialistas, Cataluña producía para Francia varias veces más de lo que produce ahora para la España republicana de la que forma parte, aunque las dificultades de la conflagración europea también las sufría ella. Parece inverosimil, pero es verdad: en el verano del 37, el Ministerio de la Guerra del gobierno central tuvo que comprar en el extranjero tela caqui y zapatos para el ejército republicano. Pero no era culpa de la clase obrera catalana, que ponía a contribución, y estaba dispuesta a seguir poniendo, todo su esfuerzo, todo su sacrificio por la victoria final contra el fascismo. Las discusiones entre las comisiones gubernamentales de Valencia y Barcelona —y la corrupción, todo hay que decirlo—, creadas para regular la producción de guerra, eran una de las causas por las que paradójicamente se producía menos.

Las fábricas observaban con largueza todas las fiestas o manifestaciones sindicales para no trabajar. Esto, en el momento en que media España estaba en poder del enemigo, era nefasto. En los barrios burgueses de Barcelona, por ejemplo, en la llamada derecha del ensanche, a pesar de ser la ciudad más a retaguardia de los frentes, se velan constantemente caras largas y se oían pretextos contra la guerra, y palabras hostiles a la misma. El "slogan" dañino entonces pudiera haberse transformado en: "Con Franco viviremos mejor." Sin embargo, el gobierno catalán, en septiembre, ha conseguido que en cinco meses se haya producido más material de guerra que antes.


Una ley de divorcio ejemplar

Y legisla. Veamos, si no, la ley de divorcio, obra del presidente Companys y el consejero de Justicia Bosch Gimpera:

"Artículo 1.° Además de mutuo disenso, son causas de divorcio, para los que tienen la condición jurídica de catalanes:

1.° El adulterio no consentido ni facilitado por el cónyuge que lo alegue.

2.° La bigamia, sin perjuicio de la acción de nulidad que pueda ejercitar cualquiera de los cónyuges.

3.° La tentativa del marido para prostituir a su mujer y el conato del marido o la mujer para corromper a sus hijos, o prostituir a sus hijas, y la connivencia en su corrupción o prostitución.

4.° El desamparo de la familia sin justificación.

5.° El abandono culpable por espacio de un año.

6.° La ausencia del cónyuge cuando haya transcurrido un año de la fecha de su declaración judicial.

7.° El atentado de un cónyuge contra la vida del otro, contra la de los hijos comunes o de los de uno de ellos, los malos tratos de obra y, además, las injurias graves.

8.° La violación de alguno de los deberes que impone el matrimonio, o la conducta inmoral o deshonrosa de uno de los cónyuges, que produzca una perturbación de tal naturaleza en las relaciones matrimoniales, que haga insoportable para el otro cónyuge la continuación de la vida en común.

9.° La enfermedad contagiosa y grave de carácter venéreo, contraída en relaciones sexuales fuera del matrimonio y después de su celebración, y la contraída antes que haya estado ocultada de una manera culpable al otro cónyuge al tiempo de celebrarlo.

10. La enfermedad grave, de la cual, por presunción razonable, pueda esperarse que en su desarrollo produzca in-capacidad definitiva para el cumplimiento de alguno de los deberes matrimoniales, y la contagiosa, contraídas las dos antes del matrimonio y ocultadas culpablemente al tiempo de celebrarlo.

11. La condena del cónyuge a pena de privación de libertad y por tiempo superior a diez años.

12. La separación de hecho, en distinto domicilio, libremente consentida durante un año.

13. La enajenación mental de uno de los cónyuges cuando imposibilite su convivencia espiritual en términos gravemente perjudiciales para la familia, y que excluya toda presunción racional de que aquélla pueda restablecerse definitivamente. No podrá decretarse el divorcio en virtud de esta causa si no queda asegurada la asistencia del enfermo.

14. El que hayan sufrido las relaciones matrimoniales una perturbación profunda como consecuencia de la diferencia de costumbres o de mentalidad entre los cónyuges o una otra causa de naturaleza parecida que no signifique culpabilidad para ninguno de ellos.

Artículo 2.° El divorcio por mutuo disenso podrá decretarse siempre que hayan transcurrido seis meses desde la fecha de celebración del matrimonio.

Artículo 3.° Por mutuo disenso y por las mismas causas que el divorcio, podrán los cónyuges pedir la separación de personas y bienes sin disolución del vínculo. Pero en el caso de que por una misma causa, que no represente culpabilidad para ninguno de los cónyuges, uno pida el divorcio y el otro la separación, el Tribunal, si estima justificada la causa alegada, forzosamente habrá de conceder preferencia a la petición de divorcio.

Las separaciones podrán elevarse a divorcio, dictándose la oportuna sentencia, a petición de los dos cónyuges o de uno solo si en la sentencia no se ha hecho declaración de culpabilidad. El cónyuge declarado culpable no podrá hacer dicha petición hasta pasado un año de la fecha de la sentencia de separación.

Artículo 4.° La tramitación de los juicios de divorcio y la separación se ajustará al procedimiento establecido por la legislación general de la República.

Artículo 5.° La Generalidad de Cataluña será parte en los juicios de divorcio y separación, y de todas sus incidencias, cuando existan menores, ausentes, incapacita-dos o litigantes declarados en rebeldía, en el caso, respecto a estos últimos, que no hayan sido citados personalmente o por cédula. En representación de la Generalidad actuará el procurador de Cataluña con las mismas facultades y obligaciones en las leyes señaladas por el Ministerio Fiscal.

La intervención de la Generalidad no será obstáculo para el ejercicio de acciones o recursos que dentro del mecanismo de las leyes procesa-les en vigor puedan corresponder a cualquiera de las partes.

Artículo 6.° Se crea en Barcelona un Juzgado Especial para la tramitación de todas las demandas de divorcio y separación que se formulen en dicha ciudad. Este Juzgado tendrá la misma categoría que los de Primera Instancia de la propia ciudad. Si el número de asuntos lo requiere, se podrán crear nuevos Juzgados Especiales.

Se mantiene en la Audiencia Territorial de Barcelona la Sala Especial de Divorcios con la misma constitución actual, pero limitándose su intervención a los juicios que le correspondan de acuerdo con la legislación de la República.

Artículo 7.° Al interponer-se recursos de revisión contra las sentencias de divorcio o separación, la Sala que los haya dictado emplazará, en todo caso, a las partes ante el Tribunal de Casación de Cataluña, el cual tramitará el recurso si se considera competente, o emplazará a las partes ante el Tribunal Supremo en caso contrario.

Articulo 8.° En todo lo que no se oponga a la disposición de este Decreto, subsistirán los preceptos de carácter sustantivo de la Ley de Divorcio de la República, los cuales se consideran incorporados al Derecho Civil Catalán vigente.

Artículo 9.° Quedan derogadas las disposiciones anteriormente dictadas en materia de divorcios o separaciones de personas, y de bienes. Se faculta al Consejero de Justicia para dictar las normas necesarias para la aplicación de este Decreto."


Quinta columna, y sexta columna industrial

En Madrid actuaban como quinta columna varias "bandas" compuestas por antiguos soldados de la guardia republicana, de la guardia de transportes, de la guardia de los edificios de Gobernación y de Guerra, e individuos de las fuerzas autoblindadas de la policía.

Los jóvenes republicanos estudiaban constantemente los libros sobre la guerra civil en Rusia. Madrid es más consciente en todo lo que se refiere a industria guerrera que se ha consolidado, organizándose literalmente bajo el fuego enemigo. Plan aprendido, sin cansarse nunca de aprender, la fabricación de pertrechos para el combate, de muchos tipos, municiones varias de imperiosa necesidad. En las cuatro paredes de un parque de automóviles, sin una máquina, el obrero con insignias de capitán Jesús Barreira Sánchez ha creado una fábrica de material guerrero. Ha construido, además, un edificio para que habiten los trabajadores. Esa casa pasará tras la victoria a poder de los mismos, como premio a su esfuerzo. Más de un año de guerra ha dado lugar a numerosos detalles difíciles de recordar. Después de todo la lucha aportará cosas nuevas. No se va a terminar en dos días, es la impresión.

Los trabajadores de Francia, la prensa antifascista del país, vienen exigiendo de su gobierno desde hace tiempo el envío a Gijón de una caravana de barcos custodiados por la armada para la evacuación de los asturianos, en primer lugar, mujeres y niños. Todos estos llamamientos han caído en el vacío.


Segundo 6 de noviembre

Madrid es muy distinto de hace un año, cuando el Ministerio de la Guerra quedó abandonado, pero los locales de las organizaciones obreras, los comités de los partidos, en aquella noche de noviembre estaban llenos de madrileños.

Los fascistas han pasado ahora a la guerra de posiciones y de minas subterráneas, disponen sobre la ciudad de artillería alemana de largo alcance.

Hoy, ante la gloriosa tozudez del pueblo de Madrid en no rendirse, las fuerzas del nazi-fascismo en Europa han desplegado toda su propaganda reclutando a jóvenes indecisos con insinuantes consejos. Los jóvenes tienen miedo a una posible conflagración contra Hitler, y los viejos tratan de demostrar que se puede evitar esa guerra con cabildeos diplomáticos, acuerdos, concesiones, compromisos, uno de los cuales es sacrificar a España. Hasta Suiza, un país neutral en todas las épocas, fabrica ahora por decisión de su presidente Motta, piadoso anfitrión de la Sociedad de Naciones, armamento guerrero en Locarno, Lausana y Ginebra para abastecer a Franco, a los Balcanes y al Japón. El piadoso señor Motta se hace el tonto ignorando esas fábricas en los alrededores de dichas ciudades. Y claro, no digamos Alemania, aún convaleciente de la pasada derrota, convertida ahora en una inmensa factoria del mismo material exportable a sus amigos. Es la política dictatorial de Hitler.

Pero el pueblo madrileño ya se ha acostumbrado a los bombardeos. Una portera barre en el portal y la acera de su casa los escombros y trozos de metralla del último cañonazo, y comenta:

—Lo peor es que lo ponen todo perdido...

En este segundo 6 de noviembre de martirio madrileño no deja de recordarse a la Rusia en fiestas conmemorando otro victorioso 6 de noviembre.

 C. S.