S.B.H.A.C.

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2.4- Galería de militares republicanos en la GCE
(incluyendo los oficiales de milicias)

Enlaces

De Jesús Martínez de Aragón A Ángel Pastor Velasco (50)

Jesús Martínez de Aragón

Abogado, hijo de un capitán del Ejército que había conspirado contra Primo de Rivera. Mandó el sector de Sigüenza, que perdió. Posteriormente fue el primer jefe de la 2 Brigada Mixta. Resultó muerto en combate en abril de 1937.

Pedro Martínez Martínez.

Pedro Martínez Martínez, había nacido en Torrepacheco (Murcia) pero siempre vivió en Elche (Alicante) combatió en el 5º Regimiento, a las ordenes de Enrique Líster. En la foto, a la salida de la cárcel  en Silla (Valencia) el 15/05/41. Es el mas alto.

Fuente: su hijo, Pedro Martínez Aniorte.

Pulse en la imagen para ampliar la foto.

Fernando Martínez de Monje Restoy.

General de brigada, procedente del Arma de Infantería, que en julio de 1936 se hallaba al mando, desempeñando puesto de superior categoría, de la III División Orgánica, con cabecera en Valencia. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano —al parecer, los generales sublevados no intentaron entrar en relación con él—, si bien durante los primeros días del conflicto observó una actitud un tanto dudosa, lo que le valió la desconfianza de ciertos sectores oficiales. Destinado, posteriormente, a los frentes de Córdoba y Málaga, no le acompañó la fortuna en ninguno de los dos casos, por lo que, a la caída de Largo Caballero, fue detenido y acusado de traición, aunque no se le probaron los cargos que se le imputaban y se le puso, al poco tiempo, en libertad. Más tarde ocupó una serie de cargos burocráticos de escasa relevancia. Al final de la contienda se exilió, primero, a Francia y, después, a la República Argentina, país este último donde se supone que falleció pocos años después.

Ángel Martínez Peñalver

Coronel, jefe del Regimiento de Infantería de Almansa 18 y Comandante Militar de Tarragona. No había sido invitado a participar en la sublevación. El día 19 de julio se le ordena, desde Barcelona que declare el estado de guerra, pero se niega, por no proceder de la jefatura del Estado Mayor. Intervino en la aprobación de la condena capital de Goded y Fernández Burriel

José Martínez Vallespi

Teniente coronel de Infantería con destino en el Regimiento de Albuera 25. El mismo 19 de julio es detenido por los oficiales sublevados. Una vez que se conoce la rendición del general Goded , reúne algunos soldados que se ponen a sus ordenes y logra restablecer la autoridad del Frente Popular. El 20 de julio asume el Gobierno militar de Lérida.

Manuel Martínez

Segundo maquinista que se pone, junto a las clases de la base submarina, en Cartagena, frente a sus jefes, a fin de dominar la sublevación de éstos; es designado por poco tiempo jefe de la Base de Submarinos. 

Ramón Martorell Otzet

(1901-1967). Militar del Arma de Ingenieros que durante la guerra civil se alineó en el bando republicano. Al finalizar la contienda se exilió a la República Dominicana —donde falleció—, en cuyo país fue uno de los fundadores y primer director de Instituto Geográfico y Geológico, organismo adscrito a la Universidad de Santo Domingo.


Nos escribe José Ramón Martorell Delgado para decirnos:

Estimados señores. Con enorme gusto he encontrado su página y disfrutado enormemente de su contenido. Sin embargo, al hacer una revisión de los personajes en su sección biográfica encontré grandes inexactitudes en la biografía de mi abuelo el Comandante (según el ejército franquista) o General (según el ejercito Republicano) Ramón Martorell Otzet

Algunas cosas que aclarar:

1.- Ramón Martorell termina la guerra con el grado de Comandante General de Ingenieros del Ejército del Este (un poco más que simple arma de ingeniería)

2.- Efectivamente, Ramón, Junto con su Esposa Nieves y su hijo Enrique, logran embarcar hacia la República Dominicana, donde funda y dirige el Instituto que Uds. mencionan, entre sus logros se encuentra la publicación de la "Carta Preliminar de la República Dominicana", "Mapa general de la República Dominicana", "Carta Gnomónica de las Antillas" y "Carta Gnomónica de la República Dominicana" esta última sigue siendo referencia obligatoria para los estudios de la República Dominicana.

3.- La República Dominicana fue sólo paso para Ramón y su familia (como lo fue para la mayoría de los exiliados). El gobierno de Trujillo hacía imposible para los Republicanos el permanecer allí. A mediados de los años 40 Ramón y su Familia emigran hacia México, donde Ramón se dedica a ejercer la ingeniería y lleva una vida inconspicua de clase media acomodada. Ramón juró no volver a España mientras Franco fuera jefe de estado, promesa que cumplió aun cuando se le contactó varias veces (desde el gobierno de la dictadura) para su regreso.

4.- Ramón Martorell no muere en la Republica Dominicana, país que abandona más de 20 años antes, sino que fallece en la Ciudad de México en 1967, no teniendo que ser testigo de las masacres que un año después cometería el gobierno de México contra sus estudiantes (esto hubiese matado a Ramón pues amó y defendió a México a capa y espada)  Hoy en día únicamente sobrevivimos el hijo de Ramón, Enrique, que en la actualidad vive en un pequeño poblado de Oaxaca, México y sus nietos, Isabel, Carlos y José Ramón, hijos del primer matrimonio de Enrique, e Isis, hija única del segundo matrimonio.

Carlos Masquelet Lacaci

Ascendido a general de División en 1933. Era masón y republicano liberal. Amigo íntimo de Azaña, fue ministro de la Guerra del gobierno frentepopulista de 1936 y posteriormente jefe de la Casa Militar de Azaña. Ingeniero, fue el autor del plan general de fortificaciones en torno a Madrid, pero no ocupó ningún otro puesto de mando durante la guerra. Pasó a Francia en 1939.

 

 

 


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Ferrolano, nacido en 1871, este general del Cuerpo de Ingenieros tenía, pues, sesenta y cinco años al inicio de la guerra. Es un militar de carrera brillante: secretario del Consejo Superior de Guerra, profesor de la Academia de Ingenieros, de la de Máquinas de la Armada, autor del proyecto de la base naval de El Ferrol, cuyas obras dirigió personalmente durante la Dictadura de Primo de Rivera. En octubre de 1930 ciñó el fajín de general. Su sano republicanismo y el gran prestigio profesional de que gozaba le llevaron, al año siguiente, a la subjefatura del Estado Mayor Central. Unos meses más tarde accedía a la jefatura del mismo con motivo de su ascenso al grado de general de división. Al subir Azaña a la presidencia fue nombrado ministro de la Guerra, según Jackson por lo mucho que le había ayudado en las reformas del Ejército durante el primer bienio. Más tarde ocuparía el puesto de jefe del Cuarto Militar del presidente de la República. Pero lo que realmente le confiere un puesto de honor en las armas republicanas es su labor en pro de la defensa y fortificación de Madrid, algo que hasta el momento se ha subestimado. No hay que olvidar que el general Masquelet estaba considerado como la primera autoridad en España en materia de fortificación militar. A pesar de su avanzada edad, en septiembre de 1936, siendo ya general Asensio y jefe del TOCE, se encargó por orden suya de las obras de ingeniería y fortificación de la capital de España. El 19 de julio de 1937 pasó a la situación de reserva. A pesar de ello, después de la reestructuración del Ejército en diciembre del mismo año, fue nombrado jefe de la recién creada Comisión de Fortificaciones. Exiliado en Francia, murió en los inicios de la década de los cuarenta.

Jaume Mata Romeu.

Piloto de las FARE que se distinguió por su audacia a los mandos de  bombarderos Tupolev SB-2 Katiuska del 24 Grupo. Participó en el hundimiento del "Baleares" Sufrió las cárceles franquistas pero pudo rehacer brillantemente su vida. Fue presidente de la Asociación de Aviadores de la República.

Manuel Matallana Gómez.

(1894-1952). Comandante del Arma de Infantería, con diploma de la Escuela Superior de Guerra, y licenciado en Derecho, que participó en la campaña de Marruecos, y que al estallar la guerra civil, hallándose destinado en la plana mayor de la II Brigada de Infantería, de guarnición en Badajoz, se mantuvo, no obstante sus ideas conservadoras y derechistas, fiel al Gobierno republicano. Durante gran parte de la contienda, quizá porque no inspiraba demasiada confianza a sus superiores, desempeñó cargos fundamentalmente burocráticos, aunque en 1937 se le confió el mando del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos Centro-Sur y, más tarde, ascendido ya a general, la jefatura suprema de dicho grupo. En los postreros días de la guerra, asistió a la reunión celebrada en el aeródromo de Los Llanos, presidida por Negrín, en la que expuso la situación del ejército republicano en aquellos momentos (reproducimos aquí la versión dada por Guillermo Cabanellas en su libro La guerra de los mil días, Ed. Heliasta, S. R. L., Buenos Aires, 1975, tomada, a su vez, de la obra de García Pradas Cómo terminó la guerra de España): "Pueblo y Ejército coinciden en la necesidad de que la guerra termine inmediatamente; el hambre obliga a tomar una decisión; la moral es de derrota. El Ejército carece de materias primas, vestuario y equipo para la tropa; la desmoralización es casi total. Las reservas son escasas; poca y desgastada la artillería; ausencia casi absoluta de morteros; reducida cantidad de armas automáticas; la Aviación, sin eficacia, y lo mismo ocurre con los carros blindados y material antitanque y antiaéreo. El problema de los transportes es pavoroso y se carece de los repuestos y accesorios necesarios. El enemigo se encuentra en inmejorables condiciones para abatir a un Ejército integrado por fuerzas débiles y mal dotadas." A continuación, apoyó el golpe de estado de Casado, desobedeciendo las órdenes de Negrín y facilitando una valiosa información al enemigo. Esto y más reconoce la sentencia que dictó contra él el consejo de guerra sumarísimo a que fue sometido por los vencedores recién terminada la guerra (1). Rechazado por Franco como interlocutor válido para gestionar la paz, fue hecho prisionero en Valencia por las tropas nacionalistas, tras cumplir la penosa misión de rendirse al frente de sus hombres. Condenado a doce años de prisión, salió en libertad después de pasar algunos años en la cárcel, estableciéndose en Madrid, teniendo que trabajar de capataz en la construcción para mantener a su familia y donde falleció posteriormente.


(1) Nota: Hemos discutido mucho sobre el comportamiento al final de la guerra de Matallana, que desde algunos aspectos podría considerársele como traidor, el lector puede ahora leer este extracto de la sentencia del tribunal franquista que juzgó a Matallana:

"Tanto la prueba testifical practicada como la documental aportada, aparece que el procesado es persona de antecedentes inmejorables de ideas derechistas, amante del orden afecto al parecer al MN (Movimiento Nacional), .Según costa en lo actuado, a fines de 1937, el procesado estableció contacto con los representantes y agentes de la España Nacional en la Zona roja, procurándoles algunas informaciones, y siendo partidario de la rendición sin condiciones de la zona central ,aún en poder de los marxistas, para lo cual trabajó intensamente y que a principios de 1939, procuro a un agente de la Zona Nacional un superponible de las fuerzas en línea y reserva de Ejército rojo, para que fuera pasado a la España Nacional y estas fuerzas pudieran atacar  por donde mejor conviniera. También se ha puesto claro que el procesado reprimió la intentona comunista de 1939 y facilitó en gran manera la rendición total de la zona roja a la España Nacional. Consta igualmente aquel procesado obtuvo el ascenso automático a teniente coronel a fines de 1936, el de coronel en Septiembre de 1937 y en el mismo mes de 1938 el de general, que debe admitir forzosamente; en virtud y teniendo en cuenta que del rematado constan los antecedentes relativos a su atención a los servicios prestados ala causa Nacional que recogen hechos probados..."

Pedro Mateo Merino

Estudiante de Matemáticas que mandó un batallón en el Jarama, la 101 Brigada en Brunete y la 35 División en el Ebro. Estaba muy bien considerado por su superior inmediato, Tagüeña, que era de su misma edad. Después de la guerra estudió en la academia Frunze de Moscú y marchó a Yugoslavia. En 1971 vivía en Moscú.

      


Nota: Pedro Mateo Merino era un estudiante de Exactas, como Tagüeña, y ambos fueron autodidactas en la ciencia militar y ambos se comportaron como consumados comandantes. Mateo escribió un libro extraordinario "Por vuestra libertad y la nuestra" que era un lema de las Brigadas Internacionales. Tenía las medallas del Valor (derecha) y la de la Libertad (izquierda). En la foto con el uniforme de profesor de la academia Frunze.

Diego Medina Merijo.

Capitán, médico, con destino en el Escuadrón de la Escolta Presidencial Republicana. Se mantuvo en apariencia al lado del Gobierno. Fue agente entre el Régimen de Burgos y Segismundo Casado para lograr la rendición del Ejército republicano. Fue enlace además entre elementos de la quinta columna y el Cuartel General de Casado. 


Nota: Era el médico personal de Casado.

Eduardo Medrano Rivas

Oficial retirado que reingresó en el ejército, siendo ayudante del coronel Villalba en Aragón, actuando después en la 3 División del Ejército catalán y luego en la 33 División. Fue capturado por los nacionalistas después de la guerra y ejecutado.

Ernesto Melero Blanco

Capitán de Infantería de 53 años de edad procedente de la tropa. Jugó un papel importante en el aplastamiento de la rebelión en Carabanchel y posteriormente mandó la 61 División.

Arturo Mena Roig

Teniente coronel retirado que mandó grupos milicianos en Toledo y Madrid. Después estuvo al frente de la 61 División y del VII Cuerpo.

Julio Mena Zueco

General de Brigada, Comandante Militar de Burgos. Cesó como Subsecretario del Ministerio de Guerra y, en sustitución del general Gonzalo González de Lara, fue nombrado jefe de la XI Brigada de Infantería. El 18 de julio intenta tomar posesión de su cargo en el cuartel de uno de los regimientos de Infantería. En el mismo acto es detenido. Contrariamente a lo sostenido no fue fusilado.


Nota: Al general Mena se le dio por fusilado debido a que Antonio Ruíz Villaplana, secretario del juzgado de Burgos y que huyó a la zona republicana para salvar su vida, escribió un dramático testimonio de los fusilamientos en Burgos ("Doy Fe") donde confundió al general Mena con otro militar leal fusilado por los rebeldes en esa capital. El equívoco se mantuvo muchos años.

Nicolás Nicanor Menéndez

Auxiliar naval, integrante del Triunvirato, presidido por el suboficial Marqués, que, al iniciarse la Guerra, actuaron con dureza en la isla de Menorca.

 Leopoldo Menéndez López

Capitán de Infantería diplomado de EM. Jefe del Batallón presidencial, había conjurado en favor de la República. Fue nombrado subsecretario de la Guerra en agosto de 1936 y después jefe de EM del sector de Montoro, frente a Córdoba. Posteriormente mandó el XX Cuerpo y, a finales de 1937, los Ejércitos de Maniobra y de Levante combinados. Fue ascendido a general en agosto de 1938. Participó en la rebelión de Casado y después de la guerra marchó a Londres, trasladándose posteriormente a México. Falleció en 1965. Un hermano suyo, Arturo, fue detenido al principio de la guerra en Calatayud con listas de militares republicanos para contactar. Inmediatamente fue trasladado a Zaragoza, donde Cabanellas ordenó su  fusilamiento.

Leocadio Mendiola Núñez

Nace en Badajoz el 8 de febrero de 1909. Ingresa como voluntario en el cuerpo de ingenieros de aviación y en julio de 1926 fue destinado al aeródromo de Cuatro Vientos, ascendiendo a sargento al año siguiente. Entre 1931 y 1932 realiza el curso de piloto en Alcalá de Henares y es enviado a la Escuela de Mecánicos de Los Alcázares, donde realiza el curso de ametrallador bombardeo, obteniendo posteriormente en la Escuela de Mecánica de Cuatro Vientos el título de la misma especialidad. En diciembre de 1934 es destinado al grupo 21 (León). Al poco tiempo y ya con el empleo de brigada, fue transferido a la 3ª escuadrilla de la segunda escuadra (Sevilla),hasta que en junio de 1935 solicita el traslado a la 1ª escuadrilla del grupo 31 (Getafe), donde le sorprende la Guerra Civil. Desde los comienzos destacó por su actuación, primero en los frentes de la sierra y luego en la defensa de Madrid, siendo uno de los primeros pilotos españoles que formaron en la escuadrilla de bombardeo Tupolev SB-2 "Katiuska", donde los mandos y sus pilotos eran rusos. Su actuación en los bombardeos de Pingarrón y a comienzos de la batalla del Jarama le valieron su primer ascenso por méritos de guerra. Siempre con los Katiuska, obtuvo un nuevo ascenso en la batalla de Brunete, pasando después al frente de Aragón, con base en el aeródromo de Reus. Desde aquí intervino en los bombardeos sobre Belchite, hasta la ocupación definitiva de ésta plaza. En éste mismo sector,el día 15 de octubre la 3ª escuadrilla a su mando, logró destruir seis Heinkel HE-46 y seis Fiat en el aeródromo de Sanjurjo (Zaragoza). Intervino también de forma destacada en la batalla de Teruel al mando del grupo 24 de Katiuska, ya con el empleo de comandante. Trás la batalla del Ebro siguió actuando sobre los frentes de Cataluña. La aviación republicana contribuía en éstas fechas al intento de frenar el avance nacional sobre Barcelona. Mendiola era ascendido a teniente coronel. En septiembre de 1938 recibe la Laureada de Madrid . Siendo el único condecorado con tan preciada condecoración en la F.A R.E.. En una arriesgada operación pierde a dos aviones y cuatro hombres en el bombardeo del 16 de diciembre de 1938 sobre el aeródromo de La Cenia, base de la Legión Cóndor. Salvándose los observadores Rafael Ballester Linares y Ricardo Aresté. Finalizada la campaña, marchó a Orán (Argelia), donde permaneció hasta 1942, viajando después a México, donde residió hasta febrero de 1967, fecha en la que regresó definitivamente a España. Fallece el 18 de julio de 1998.

Fuente: Ángel Sánchez. de http://members.es.tripod.de/SANMARCA/pilotos.htm 

Francisco Menoyo Baños

Capitán de Ingenieros destinado en Menorca. A principios de 1938 estaba al frente del IX Cuerpo y a finales de la guerra el coronel Casado le encargó del Ejército de Andalucía. 

Cipriano Mera

Era un obrero de la construcción, dirigente de su sindicato anarquista, en Madrid, encarcelado en repetidas ocasiones. Tras haber dirigido a las Milicias que aplastaron la insurrección en Alcalá de Henares y Guadalajara, fue el responsable político de la columna del Rosal. Rápidamente aceptó la necesidad de la militarización y mandó la 14 División y posteriormente el IV Cuerpo, siendo ascendido a teniente coronel en 1938. Ayudó a Casado a derrotar a las fuerzas comunistas de Madrid. Después de la guerra fue condenado a muerte. Amnistiado, pasó a vivir a Francia, donde falleció en 1975.

   


Palabras de Mera al dirigirse al pueblo madrileño por radio para apoyar el golpe de Casado:

Trabajadores antifascistas: Españoles con dignidad. Un hijo del pueblo, carne de su carne y sangre de su sangre, militar porque desde julio de 1936 siente y cumple el deber ineludible de empuñar las armas para la defensa y la libertad de su patria, se dirige a vosotros con el corazón y la conciencia en los labios, para explicaros con toda sencillez la trascendencia de la actitud que con toda la responsabilidad asume en este momento histórico. La derrota sufrida por las armas antifascistas en Cataluña me ha resultado, además de dolorosa, inexplicable, mientras no he tenido el convencimiento de que fue precedida por la traición de unos hombres dispuestos a vender a precio de oro y de orgía la sangre generosa del pueblo español. La traición aludida que nos hizo perder pedazos de nuestra Patria, que ha estado a punto de dar al traste con el movimiento obrero español y que ha puesto en peligro la dignidad del antifascismo que es nuestro interés moral de mayor valía, ha culminado en la actitud alevosa v criminal de Juan Negrín, gobernante indigno de los combatientes y de los trabajadores, cuya política personalista le ha hecho incompatible con los Ministros de su Gabinete y no tiene más finalidad que la de hacer un alijo con los tesoros nacionales y huir, mientras el pueblo queda maniatado frente al enemigo. Durante las últimas veinticuatro horas ha sucedido todo lo que puede suceder donde hay gobernantes traidores a sus promesas, a su pueblo y a todos los principios ideológicos y morales. Esto nos ha creado una situación delicada, ante la cual, este militar que os habla con la emoción que le produce el recuerdo de su vida austera y dura de trabajador manual, piensa que sólo se puede servir disciplinadamente a quien sirve a su Patria y que es indispensable enfrentarse con quien la roba, la vende o la traiciona. Las tres cosas ha hecho, como gobernante perjuro y desaprensivo, el doctor Negrín, y Cipriano Mera, albañil ayer y hoy, uno de los Jefes del Ejército del Centro, pero siempre leal hijo del pueblo, al pueblo debe y quiere defender. Por eso se une a estos hombres de buena voluntad y de historia inmaculada, representantes del pueblo antifascista que constituyen el Consejo Nacional de Defensa y por eso también con toda su gente sobre las armas, y el pensamiento en la dignidad antifascista y de la Patria, os grita desde Madrid, desde este noble corazón del mundo: A partir de este momento, conciudadanos, España tiene un Gobierno y una misión: la paz. Pero la paz honrosa, basada en postulados de justicia y de hermandad. Estas palabras no son para vosotros sino para toda España. Sin humillaciones, ni debilidades, pero con la conciencia de nuestros actos, queremos la paz para España, pero, si por desgracia para todos, nuestra paz se pierde en el vacío de la incomprensión, también os digo serenamente que somos soldados y como tales estamos en nuestro puesto hasta sucumbir defendiendo la independencia de España. ¡Trabajadores y combatientes! ¡Antifascistas dispuestos a morir por el honor de nuestra causa! De cara a todos los traidores y todos los enemigos. ¡Viva la España invicta, independiente y libre! Todos en pie de guerra por la vida y el honor del pueblo que nos dio la misión de defenderle. ¡Viva su Consejo Nacional de Defensa


Vea aquí una foto de Mera con sus hijos

Lea este artículo dónde Mera tiene protagonismo.

José Miaja Menant

Había tenido una carrera en la que habían alternado los puestos de guarnición con los destinos en Marruecos y períodos en cajas de reclutas. En 1931 era coronel de Infantería y contaba 53 años de edad. Fue ascendido a general en 1932, cesado del mando a principios de 1936 y nombrado jefe de la 1ª Brigada de Infantería en marzo de 1936. Durante breve tiempo fue jefe de la División de Madrid, después de que Martínez Barrio le pidiera que fuese su ministro de la Guerra en el gabinete del 19 de julio de 1936, que únicamente duró tres horas, pues pensaba que tendría alguna influencia sobre los sublevados. Después dirigió un intento fallido de recobrar Córdoba. Su gran momento sobrevino cuando fue presidente de la Junta de Defensa de Madrid, habiéndote encargado de la defensa de la capital. Posteriormente fue comandante en jefe de toda la zona centro y en calidad de tal dirigió las batallas de Guadalajara y Brunete. En abril de 1938 fue nombrado comandante en jefe de todas las fuerzas del Grupo de Ejércitos del Centro y Sur. Aceptó el golpe de Casado y el puesto de presidente del Consejo de Defensa Nacional casadista. Después de la guerra marchó a México y falleció en 1958.


 

 

 


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Es una de las figuras más controvertidas de nuestra guerra civil, pues mientras unos lo convierten en el héroe de la defensa de Madrid, otros no ven en él más que al militar mediocre elevado a la categoría de mito por los comunistas. Los juicios que emiten sobre él quienes le trataron no pueden ser más dispares. Negrín, que tanta confianza parecía haber depositado en él, le confiesa a Azaña que «Miaja es un chisgarabís, no sirve para nada, no sabe por dónde va el frente, no le caben en la cabeza cuatro soldados». Rojo, por el contrario, siente por él una especial predilección que conservará hasta su muerte: Miaja es el organizador sereno, el hombre arrojado que detiene a los milicianos en fuga a punta de pistola a pocos metros del enemigo. Casado, que tanto se aprovechó a última hora del prestigio y la popularidad de Miaja, se contenta con apuntar «ayudado por valiosos medios de información» que la popularidad del viejo general «era muy superficial, mayor en extensión, que en profundidad». Más ponderado en sus juicios, Julián Zugazagoitia lo considera un militar adicto a la causa republicana y dotado de una gran capacidad militar, mientras que para Antonio Cordón «no había hecho muy brillante carrera» y en su profesión «no se había distinguido ciertamente». La lista de opiniones se haría interminable. De hecho, Miaja fue un gran táctico militar —el fracaso ante Córdoba se debió sin duda a la desorganización de las columnas de milicianos o, quizá, a causas más ocultas, especialmente en las batallas defensivas, de ahí su obstinada resistencia a desprenderse de efectivos con los que reforzar los frentes debilitados. Miaja nació en Oviedo en 1878. Tenía, pues, cincuenta y ocho años al empezar la guerra. Allí estudió el bachillerato e ingresó después en la Academia General Militar, haciendo su carrera en África. En 1932 alcanzó el generalato —general de brigada— tras ocho años de coronel. De sus devaneos políticos se ha escrito mucho, quizá demasiado. En abril de 1936 Ángel Galarza, ministro de la Gobernación, informa a Largo Caballero en el sentido de haber encontrado la ficha acreditativa de que Miaja militaba en la UME (Unión Militar Española), de militares derechistas, ficha que el propio Miaja destruirá más tarde. El mismo ministro, Largo, que no siente ninguna simpatía por el defensor de Madrid, le dirá a Azaña en mayo del 37 que aquél se ha hecho comunista, lo cual hará sonreír al presidente porque sabe por boca del interesado que él sólo es un militar republicano de tendencia más bien moderada que afirma no transigir con los socialistas. Y es que, en lo concerniente a la política, a Miaja no hay que tomarlo muy en serio. Rodion Malinovski define esta faceta del general con las siguientes palabras: «Coleccionó, literalmente, los carnets de todos los partidos del Frente Popular, que le entregaban como héroe de la defensa de Madrid.» Y añade: «Para no faltarle, a su edad, tenía incluso el de la JSU (Juventud Socialista Unificada).» De la total ausencia de vocación política, así como de la gran humanidad y campechanía que caracterizaban a Miaja, dejan constancia estas palabras de Arturo Batea escritas en La Forja de un rebelde: «Tenía la cazurrería lenta de un campesino gallego que no quiere mezclarse en cosas más allá de su entendimiento, y sabía absolutamente de su propio valor como símbolo de la resistencia de Madrid. Sabía que estaba en su mejor momento cuando podía expresar los sentimientos de los hombres en las trincheras y en la calle, en las palabras crudas y rudas que eran su mutuo lenguaje. Y estaba en su peor momento cuando se mezclaba en el juego de la política o de los problemas estratégicos.» Es éste un retrato bastante acorde con la imagen que refleja su aspecto apacible y bonachón, propio. del hombre rechoncho que, sin exteriorizarlo, tenía exacta conciencia de su responsabilidad al frente de la defensa de Madrid cuando era rompeolas de una inconmensurable avalancha de fuego y metralla. Cuestión harto debatida es el presunto comunismo de Miaja. Se ha repetido en muchas ocasiones que perteneció al PCE. Es lo más probable, entre otras cosas porque, como asegura Malinovski con cierta socarronería, el viejo general coleccionaba carnets políticos como quien colecciona sellos. Lo que sí parece seguro es que existió cierta afinidad con los más destacados dirigentes comunistas —a pesar de haber aceptado a última hora la presidencia del Consejo Nacional de Defensa, sin representación política, en lo que quizá influyeran ocultas razones de conciencia o ciertos escrúpulos de cara a lo que se veía venir—, afinidad que podría interpretarse en el sentido de la disciplina comunista, a la que se inclinaría como un mal menor. En febrero de 1936, tras la victoria del Frente Popular, ocupa provisionalmente el cargo de ministro de la Guerra; ello explica que al producirse el levantamiento tuviera a su mando la 1 brigada de Infantería con sede en Madrid. El 19 de julio, al formarse el Gobierno Martínez Barrio, siguió con la cartera de Guerra en este gabinete, que duraría unas horas. Sin llegar a asumir funciones, trata por todos los medios de disuadir a Mola en una histórica conferencia telefónica; éste le hace saber que no se ha sublevado contra la República sino contra el Gobierno Casares. «Usted pensaba lo mismo que yo —le dice irónico— por lo menos cuando me instó repetidas veces a afiliarme a la Unión Militar Española en la época en que usted lo hizo.» Mola le cuelga el teléfono tras advertirle que se atenga a las consecuencias. Al frente de una columna emprende una expedición por tierras levantinas que culmina con la conquista de Albacete (25de julio) tras habérsele unido algunos batallones procedentes de Murcia. Por entonces ya se había resuelto a favor de la República la situación en casi todo el país vasco. Pero también se iniciaba la revolución social en la España republicana y fuertes contingentes nacionalistas ponían todo su empeño en apoderarse de Madrid. Suérte muy distinta tendría su progresión por Andalucía, en agosto. Miaja, demasiado lento, se retrasa. Trata de montar una operación perfecta en unos momentos en que se imponía la decisión y la rapidez, y detiene sus unidades frente a Córdoba. El entonces ministro de la Guerra, general Hernández Saravia, le telefonea desde Madrid: «¿Cuándo entra usted en Córdoba, mi general?», le pregunta. Miaja contesta enfurecido: «¡Nunca!» La lealtad de Miaja se pone en duda, quizá porque el general tiene a un hijo, una hija, a su yerno y un nieto en Córdoba, en manos de los sublevarlos. Le quedan otros dos en la zona republicana, uno de los cuales, José, cae en poder de los hombres de Yagüe en Talavera. Cuando se entera Miaja se pega un tiro en la sien; la pistola no se dispara porque su ayudante ha tenido la precaución de descargarla al saber lo sucedido. Al formar gobierno Largo Caballero, para quien Miaja sigue siendo persona non grata, es destinado a la Comandancia Militar de Valencia al mando de la III división. Miaja pide a Largo plenos poderes para acabar con el desorden reinante en la región y el presidente le destituye. Aprovecha la circunstancia para descansar en Alicante del 10 al 24 de octubre; el 28 de este mismo mes toma posesión del cargo de General en Madrid. Cuando el dramático noviembre se cierne sobre la capital de España y Miaja ostenta la jefatura de la I división orgánica, poca gente cree en el milagro Miaja. El 6 de noviembre, cercada prácticamente Madrid, el Gobierno huye a Valencia. El panorama en eI resto del país no es más halagador: el Alcázar ha sido liberado el 26 de septiembre por las fuerzas de Varela y con él cae Toledo; en Europa se ha decidido la no intervención; el 1 de octubre la Junta de Defensa Nacional nombra a Franco generalísimo de los ejércitos y jefe de Estado del Gobierno. En condiciones tan precarias, Pozas y Miaja reciben sendos sobres de manos del subsecretario de Defensa, el general Asensio Torrado, con orden de que no los abran hasta las seis de la mañana. Ambos generales desobedecen de común acuerdo tratando de ganar tiempo. Pero los sobres están cambiados por error. Es lo que menos importa. Las órdenes dicen que hay que resistir a toda costa, que hay que salvar la capital de España cueste lo que cueste. En seguida que conoce el contenido de los sobres Miaja traslada su Cuartel General a los sótanos del ministerio de Hacienda, que es un verdadero fortín por las peculiaridades de su construcción. Llama urgentemente a los jefes de los distintos sectores, que se ponen a las órdenes incondicionales del viejo general, dispuestos a morir en la lucha que se avecina. Luego constituye la junta de Defensa de Madrid con los dirigentes políticos y los mandos sindicales. En el orden estratégico le ayudará el teniente coronel Vicente Rojo, nombrado por Largo Caballero jefe de Estado Mayor del general que ya empieza a ser conocido como el defensor de Madrid. Por una vez, la suerte parece acompañarle al capturar los carabineros de Trucharte a un oficial nacionalista que lleva el plan de ataque del enemigo para el día 7 de noviembre. Rojo se multiplica y reestructura las unidades de acuerdo con dicho plan, mientras solicita repetidamente a Valencia un material de guerra que parece que no llega nunca. Finalmente, el 19 de noviembre Miaja declara a los periodistas madrileños que Madrid no será tomado por el enemigo. El 23 del mismo mes Franco ordena que sea suspendido el ataque frontal sobre la capital. El milagro en el que nadie creía acaba de producirse. Han contribuido a ello la aparición en el teatro de la guerra de una poderosa fuerza de choque, anárquica pero enfebrecida, que son las Milicias Populares; más tarde, taponarán las brechas los hombres de las Brigadas Internacionales (los primeros grupos procedentes de Francia ya están listos en Barcelona el 12 de octubre). Pero el factor decisivo es el genio táctico en la lucha defensiva que despliega Miaja y, muy particularmente. su extraordinario olfato para rodearse de buenos profesionales, uno de los cuales es el ya insustituible Rojo. «El general republicano —dice Ricardo de la Cierva refiriéndose a Miaja—, gordo y bonachón, acostumbrado a jugar con todas las barajas estuvo en amistosa comunicación con Mola durante la gran conspiración de 1936, simpatizante de la UME y de la UMRA, afiliado al Partido Comunista y a media docena de sindicatos, a veces contradictorios, era en realidad, y en medio de sus defectos, un jefe excelente que poseía la principal cualidad del jefe: saber elegir a sus colaboradores inmediatos y saber mandar. En la Junta de Defensa de Madrid —la segunda, creada tras la huida del Gobierno a Valencia después de la primera casi sólo nominal que se formó en la etapa final del avance africano— mandaba Miaja; fue Miaja quien eliminó a Kléber y quien mantuvo a veces contra viento y marea a Vicente Rojo y a Francisco Galán.» A últimos de mes, Miaja tiene ganada una doble batalla. La militar y la civil, por llamarla de algún modo. Porque es lo cierto que tiene en sus manos todos los resortes del poder. Es él quien toma las decisiones, él quien coordina las distintas fuerzas, él quien preside una junta de hecho independiente de las decisiones de un Gobierno lejano, casi inaccesible. «Miaja es hombre tranquilo y cauto —escribe Ramón Salas—; bastante más inteligente de lo que ahora dicen sus aduladores de ayer, aunque menos genial de lo que entonces le consideraban o decían considerar, fue un gran jefe. Con formas suaves y habilidades de campesino ibérico, dominó la Junta de Defensa de Madrid, que siempre fue dócil instrumento de sus deseos y ambiciones, capeó al duro Largo Caballero, se enfrentó con éxito a su superior Pozas y manejó con enorme habilidad a los prepotentes consejeros soviéticos.» Dejando aparte las ambiciones de Miaja, si es que el ilustre historiador alude a las de tipo personal, la cita refleja exactamente la situación del momento y da cabal idea del enorme poder concentrado en las manos del general republicano. Especialista en batallas defensivas como dejamos dicho, y sabedor del peligro que corre Madrid, se niega a distraer parte de las unidades que defienden la capital para ponerlas a las órdenes de Pozas, angustiado por lo que está pasando en el Jarama. En cambio, prescinde de algunas brigadas internacionales, la XI y la XII, con lo que se quita de en medio a Kébler. Es la táctica que emplea y con la que salvará Madrid: retener las mejores tropas para su defensa y enviar como fuerzas de choque a las Internacionales, algunas de las cuales quedan totalmente destrozadas. Pronto, en cambio, se percatará de su error y proclamará «en el momento de asumir el mando que en el Jarama se juega el destino de Madrid y vierte sobre su nuevo territorio brigada tras brigada convoy tras convoy» Allí desaparecerá casi totalmente el batallón Lincoln, cuyo jefe, Merriman, es herido; allí se producirán diez mil bajas en el bando republicano (tres mil de ellos en las filas de las Brigadas Internacionales), pero la ofensiva desencadenada por los nacionalistas será detenida y Madrid podrá de nuevo respirar tranquilo. Como jefe del Ejército del Centro, Miaja dirige las opera4ciones de Guadalajara en marzo de 1937; colabora con él en el Estado Mayor Vicente Rojo. Las Brigadas Internacionales van a tener ocasión de vengar toda la sangre que vertieron en el Jarama. Los días 9 y 10 de marzo es Miaja, asesorado por Rojo, quien reorganiza los sectores y frena el avance italiano en Brihuega y Trijueque. El día 19, día de su santo, cae Brihuega en poder de las armas republicanas. Según cierta versión, desmentida categóricamente por Mera, sería el Campesino quien le ofrecería la ciudad como regalo de onomástica. Se había producido el gran desastre del CTV en España, lo mismo que antes se produjo la gran sangría de las Brigadas Internacionales en el Jarama. En el verano del 37, con el V y el XVIII Cuerpos de ejército, más algunas reservas de Madrid —Miaja fue siempre muy cauto a la hora de distraer tropas de la defensa de Madrid, que era su principal objetivo—, se monta la operación Brunete. A pesar de la opinión de Rojo, no fue ésta una batalla más, sino el intento de desmontar todo el dispositivo del ataque nacionalista sobre Madrid, sorprendiendo al ejército sitiador en su retaguardia. Fue aquélla una lucha titánica, «de resistencias decisivas» (Casas de la Vega), que terminó en tablas el 25 de julio al estabilizarse los frentes, pero que supuso el gran parón, ya que allí quedaría frenada la iniciativa de las armas republicanas. Miaja en esta ocasión mandó personalmente la agrupación de las fuerzas de Brunete. [Con anterioridad a esta batalla, Miaja se había opuesto, con Rojo, a la campaña de Extremadura, que se canceló]. Los últimos meses del 37 arrojan un saldo negativo para las tropas republicanas. Habían caído Vizcaya, Asturias y Santander, y el resultado de las operaciones de Belchite, tan espectaculares al principio, quedaba más o menos a la altura de las de Brunete. Para remediar tantos males juntos, y a fin de evitar el estrechamiento del cerco de la capital de España, se emprendió la ofensiva de Teruel (15 de diciembre), cuyo éxito más resonante sería la caída de la capital aragonesa, el 7 de enero, aunque se perdió poco después. En vista de la lamentable situación de los frentes (el 11 de marzo del 38 los nacionalistas recuperaban Belchite y el 15 de abril salían al Mediterráneo por Vinaroz), se procedió a una nueva reestructuración del Ejército el 16 de abril. Se crea el GERC (Grupo de Ejércitos de la Región Centro), que se reserva Miaja, con lo que extendía su influencia hasta los ejércitos de la zona Centro-Sur. Independientemente de este poderoso ejército surgiría el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental), al mando del general Hernández Saravia. Como se ve, Miaja sigue sin olvidar la defensa de Madrid y se desentiende del GERO, más tarde Agrupación Autónoma del Ebro, y finalmente Ejército del Ebro, al mando de Modesto y con militares de alta graduación comunistas: Líster, Tagüeña, Vega, entre los más cualificados. Tarde y desafortunadamente ordena la expedición a Extremadura. Se le acusa de pasividad. Se habla también de que se desentiende de la suerte de las unidades que operan en el Ebro en los meses julio-noviembre. Pero quizá esa pasividad del general republicano obedezca al decidido empeño de mantener bien defendida a Madrid, al fin y al cabo la misión principal que le había encomendado el Gobierno de la República. Desde otro punto de vista, su actitud supone un mentís a su pretendido comunismo. El Ejército del Ebro, lo hemos visto, es prácticamente comunista. El de Miaja es simplemente republicano. Cuando los frentes catalanes empiezan a derrumbarse, Miaja es nombrado el 24 de enero de 1939 generalísimo de los Ejércitos. Ha ganado la Placa Laureada de Madrid (decreto del 12 de junio de 1937) y se ha convertido en mito. Pero sigue pesando sobre sus espaldas la suerte que le espera a la capital de la República. Es en estos momentos cuando más confusa aparece su actuación. Tiene plenos poderes, es nombrado delegado del Gobierno el mismo día en que se declara el estado de guerra en la zona republicana (antes sólo existió el estado de alarma), pero a pesar de todo no toma iniciativas. Su obsesión sigue siendo la defensa de Madrid, la suerte de sus moradores, de sus defensores. Su ejército «fue formidable» (Ramón Salas), cubriendo hasta el último momento un frente sólido en el que se hacía punto menos que imposible el ataque. Los comunistas recelan de él y piden a Negrín su destitución y la del coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro. Negrín se niega, quizá sin sospechar las verdaderas intenciones de los conjurados. Entre el 28 de enero y el 2 de febrero de 1939, Miaja hace causa común con Casado y el general Matallana, jefe del Estado Mayor de Miaja. Cuatro son los puntos fundamentales que acuerdan: no existe más autoridad que la militar; negociación con el enemigo; en el supuesto de que Negrín vuelva a la Zona Central, será inmediatamente destituido por el Consejo Nacional de Defensa; dirigentes de todos los partidos políticos formarían parte de dicho Consejo, menos los comunistas. A la caída de Cataluña, Miaja envía a Francia al capitán López Fernández, ayudante suyo, para que se entreviste con Azaña y con Negrín. A éste le hace saber que la Zona Central no puede resistir mucho tiempo y que Miaja es partidario de la capitulación. A Azaña lo ve en la embajada de España en París. El presidente se desentiende de todo. Son sus palabras: «Dígale al general Miaja al oído que haga lo que mejor le parezca y considere su deber como militar y como español.» El 16 de febrero asiste Miaja a la reunión que se celebra en el aeródromo de Los Llanos (Albacete), convocada por Negrín. Acuden con él los generales Matallana, Escobar y Bernal, el almirante Buiza y los coroneles Camacho y Moriones. Todos son partidarios de la rendición, menos Miaja, que sostiene lo contrario: hay que resistir hasta el fin. Ha sido la única forma de engañar a Negrín, que se manifiesta de acuerdo con el defensor de Madrid alegando que «el enemigo no quiere pactar».Todavía asiste a otra reunión, el 2 de marzo, con el presidente del Gobierno, Casado, Matallana y Buiza. Negrín confía a Casado su intención de apartar a Miaja de la jefatura del Ejército y nombrarlo para un cargo tan burocrático como ridículo, dadas las circunstancias: inspector general del Ejército de Tierra. Hasta que en la noche del 5 al 6 de marzo se produce la sublevación casadista en Madrid. Todo el Gobierno, reunido en la posición Yuste, cerca de Elda (Alicante) espera la llegada de Miaja, que está en Valencia apartado de unos y de otros hasta el último momento. Cuando le llama por teléfono Cordón en nombre de Negrín, preguntándole la causa de su tardanza, Miaja se enfurece «¿Qué significa eso de mi inspección general? ¿Por qué me quitan a Matallana?» Y termina con una frase no por populachera menos expresiva: «¡Yo no me chupo el dedo!» Miaja acaba de traicionar al Gobierno al que con tanta fidelidad había servido en los tres años de guerra. Pero no traiciona a sus hombres, ni a los madrileños. No traiciona a la ciudad que viene defendiendo desde que estallara el conflicto, como si en el fondo de su ser existiera el oculto temor de que sin su presencia allí una gran catástrofe fuera a destruir físicamente la capital de España. Mientras el gobierno republicano vuela hacia el exilio, Miaja se dirige a Madrid para asumir la presidencia del Consejo Nacional de Defensa. Sabe que la guerra está irremisiblemente perdida y no es improbable que exista en su fuero interno la necesidad biológica de negociar la entrega de una plaza sitiada durante tres años y que nunca, en ningún momento, le fue arrebatada de las manos por el enemigo. El alegará más tarde que su única intención fue servir de moderador entre comunistas y casadistas, entre éstos y los vencedores. En cualquier caso, ya poco puede hacer. Asistir a unos sangrientos combates, los más inútiles de la guerra, porque Franco exige la rendición incondicional. El 29 de•marzo vuela hacia Orán, desde donde lo hizo al día siguiente a París. Empezaba su vida de desterrado, que ter-minaría diecinueve años después en la ciudad de México. Exactamente el 13 de enero de 1958.

Modesto, Juan Guilloto León.

(1906-1969). Militante del Partido Comunista, nacido en la provincia de Cádiz, que participó como soldado en la campaña de Marruecos, y que tras una corta estancia en la URSS regresó a España, donde fue encargado de la preparación militar de algunas unidades de las milicias de dicha organización. Al estallar la guerra civil se hallaba en Madrid como jefe nacional de las MAOC, donde desde el primer momento se lanzó a la lucha armada, en la que destacó tanto por sus conocimientos como por su valor y sus dotes de mando. Empujado por el citado partido, pronto se convirtió en uno de los jefes más cualificados del ejército republicano, siendo nombrado comandante del centro de formación y entrenamiento de milicias conocido por 5° Regimiento, participando posteriormente en numerosas operaciones: frentes de Guadarrama, Tajo, Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, etc. Ascendido a teniente coronel de milicias y nombrado jefe del V Cuerpo de Ejército, tuvo bajo sus órdenes a Walter, a Líster, a Valentín González el Campesino, a José María Galán, etc. En agosto de 1938, siendo ya coronel, fue nombrado jefe del Ejército del Ebro, cargo que desempeñó con su acreditada eficiencia, aunque, a la larga, la suerte le fuese adversa, y las tropas nacionalistas se alzasen con la victoria. En los últimos meses de la contienda intervino en la campaña de Cataluña, resultando igualmente derrotado, replegándose con sus tropas hasta alcanzar la frontera francesa. Desde Francia regresó a la zona republicana, tratando de organizar, sin ningún éxito, una parte del maltrecho ejército gubernamental de clara obediencia comunista. Ascendido a general en los postreros días de la contienda, a primeros de marzo de 1939 huyó de España, en un avión pilotado por Ignacio Hidalgo de Cisneros, instalándose en la URSS, donde, tras una corta estancia en la Academia Frunze, le fue reconocido su empleo de general. Posteriormente fijó su residencia en Praga (Checoslovaquia), en cuya ciudad pronunció di-ersas conferencias sobre estudios militares y en la que permaneció hasta su fallecimiento. Para Michael Alpert (El ejército republicano en la guerra civil, Ed. Ruedo Ibérico, París, 1977), «la figura de Juan Modesto resulta sobresaliente. No sólo fue el oficial de Milicias de mayor graduación, siendo coronel desde julio de 1938 y ascendido a general en el último mes de la guerra, sino que además los autores de memorias sobre aquella época se cuidan de no criticarle. El propio general Rojo, jefe del E. M. republicano, se halló fuertemente impresionado por él En febrero de 1938, durante la batalla de Teruel, escribió al ministro de Defensa: Me inspira gran confianza. Tres días después, el 22 de febrero, Rojo se refirió de nuevo a las relevantes cualidades de Modesto, quien era verdaderamente admirable por su actividad y por el acierto que ha tenido en el manejo de las unidades, ya que la descomposición que aquí había ha sido perfectamente contenida y en su frente, desde que vino al mando, los acontecimientos se han sucedido con el mayor orden dentro de las dificultades inherentes a la situación táctica que tenía que resolver».

Nicolás Molero Lobo

(1870-1947). General de división, procedente de Infantería y jefe de la VII División Orgánica, con destino en Valladolid. Trató de mantener la guarnición leal al Gobierno. En la noche del 18 de julio, el general Saliquet y algunos acompañantes lograron penetrar en su despacho, conducidos por el oficial de servicio. Se produjo entonces un tiroteo en el cual fue herido Molero. En agosto de 1937 fue juzgado por un consejo de guerra que lo condenó a tres años y un día de prisión. Un nuevo proceso pronunció una sentencia de treinta años de reclusión, que fue conmutada en 1938 por la de doce años y un día. En 1940 fue puesto en libertad bajo fianza.

Alberto Montaud Noguerol

Teniente coronel de Ingenieros y profesor de fortificaciones en la Escuela Superior de Guerra. Fue nombrado jefe de EM del Cuerpo vasco, estando en buenas relaciones con el presidente vasco, Aguirre. No obstante, fue destituido poco antes de la caída de Bilbao. Desconociéndose su paradero, fue expulsado del ejército en agosto de 1938.

Gustavo Montaud Noguerol

Comandante de Ingenieros, había sido el ayuda de campo de Alcalá-Zamora, el primer presidente de la República. Fue nombrado director de la Escuela Popular de Guerra (ingenieros). En 1938 se le concedió la Medalla del Deber.

Mariano Monterde Hernández

(1881-1936) Teniente Coronel del Arma de Ingenieros, jefe del batallón de Zapadores Minadores nº 7 y comandante militar de la plaza de Alcalá de Henares (Madrid), que al estallar la guerra civil se negó a sumarse a la rebelión permaneciendo fiel al gobierno. Entonces los militares felones le asesinaron.

Crispulo Moracho Arregui

(1876-1936) Coronel del Arma de Infantería, jefe del Regimiento de Alcántara nº 14 de guarnición en Barcelona y de probada fidelidad a la República. Al estallar el golpe se encontraba en Zaragoza, pero el general Miguel Cabanellas ordenó su fusilamiento inmediato (como ya había hecho con Núñez de Prado y otros muchos, ¡ay Cabanellas!)

Máximo Moreno Martín.

(1896-1936) Teniente de la Escala de Reserva del Arma de Infantería que tras haber sido condenado a reclusión perpetua por su participación en la revolución de octubre de 1934 y amnistiado tras el triunfo del Frente Popular , se hallaba destacado en la Guardia de Asalto de Madrid, al parecer también instruía a las MAOC. Al estallar el golpe militar participó en el asalto al Cuartel de la Montaña. Pasó luego a la Aviación y en septiembre de 1936 fue derribado y al caer en zona rebelde decidió suicidarse ante el temor de ser torturado por las fuerzas moras que venían a su encuentro.

Domingo de Moriones y Larraga

(1883-1964) Tercer Marqués de Oroquieta y Teniente coronel en el regimiento de Ferrocarriles. Después de haber ayudado a dominar la rebelión en Madrid, mandó Milicias y posteriormente la 2 División y el I Cuerpo. En 1938 asumió el mando del Ejército de Andalucía. No apoyó el golpe de Casado y éste le destituyó. Después de la guerra, cumplió una condena de encarcelamiento. Falleció en 1965.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Domingo Moriones, marqués de Oroqueta, era teniente coronel de Ingenieros al empezar la guerra. En los primeros días mandó en la Sierra un batallón formado por soldados de Ferrocarriles, unidad que formaba parte de la columna del coronel Castillo. El 27 de julio, a la muerte del teniente coronel Puig, se hizo cargo de las tropas de vanguardia que combatían en este sector y operó con ellas distinguiéndose por su valor. Posteriormente sustituyó a Asensio en el mando de las fuerzas del frente del Guadarrama. Ostentó luego el mando de la 2 división y, después de su ascenso a coronel, fue nombrado jefe del I Cuerpo de ejército en marzo de 1937. En mayo del mismo año tomó parte en el ataque republicano a Segovia, con el apoyo de la división Barceló, pero no se pudo conquistar la ciudad. Al producirse la reestructuración del Ejército conservó su puesto, pasando a depender del Ejército del Centro al mando de Miaja. Colaboran con él jefes tan prestigiosos como Barceló y Tagüeña. En los primeros días de junio de 1938 se hace cargo del mando del Ejército de Andalucía, que también dependía del GERC. Asiste a la reunión de Los Llanos, cerca de Albacete (16 de febrero), en la que defiende la necesidad de una pronta capitulación. A mediados de marzo es destituido por Casado del mando del Ejército de Andalucía; le sustituye un militar socialista, el coronel Francisco Menoyo Baños, que sería fusilado por los nacionalistas en Granada después. Después se pierde su rastro.

José de los Mozos Muñoz

Comandante de Ingenieros, ayudante de campo de confianza de Azaña. Colaboró en la colocación de minas bajo el alcázar de Toledo. En 1938 era jefe de la sección de Trabajos de la Inspección general de Ingenieros del Ejército del Ebro.

Félix Muedra Miñón

Capitán de Infantería. Sirvió en el E M del Ejército del Centro, siendo nombrado casi al final de la guerra jefe del EM del Grupo de Ejércitos Centro-Sur. Autores comunistas le acusan de traición. 

Pablo Murga Ugarte.

Capitán de Ingenieros, era el jefe de una red de espionaje en Bilbao y fue ejecutado por las autoridades republicanas en noviembre de 1936. 

Narciso Muñoz Del Corral

Capitán de Infantería y piloto aviador. El 20 de julio fue designado jefe de la Base de Armilla (Granada). Destruyó los aparatos que allí había y con la tropa a sus órdenes se retiró hasta Almería, donde logró dominar la situación.

Antonio Naranjo Limón

Era comandante de la Guardia civil, ayudante del general Pozas cuando este fue Ministro de la Gobernación, más tarde fue nombrado jefe de la sección de Organización del EM vasco. Escapó a Francia y fue expulsado del ejército republicano en marzo de 1938.

Enrique Navarro Abujas.

Al finalizar la batalla del Jarama, el teniente coronel (Diplomado de Estado Mayor) Enrique Navarro Abuja tomó mando de la segunda división del Primer Cuerpo de Ejército del recién formado Ejército del Centro, unidad que cubría el frente de la Sierra. Para mayo de 1937 pasó a mandar la Brigada de Tanques (Orden General de  Operaciones nº 35) esta unidad se llamaría posteriormente Brigada de Autos Blindados. En octubre se formó la División de Ingenios Blindados bajo mando del coronel Julio Parra Alfaro, Enrique Navarro paso a mandar el Estado Mayor de la División, compuesta por la brigada de autos blindados y la brigada de tanques. Esta unidad con este u otros nombres y composiciones participó en todas las grandes ofensivas republicanas. Hay informaciones que afirman que Navarro formó parte también de la Escuela Popular de Estado Mayor.

Ismael Navarro Serrano.

(1891-1936) Comandante de la Guardia Civil que en 1932 fue sancionado por su participación en la sublevación que encabezó el General Sanjurjo y que al estallar el golpe rebelde del 18 de julio de 1936 se puso a disposición de la República siendo enviado al frente de Alcalá la Real (Jaén) al mando de un centenar de Guardias Civiles que tras apresarle se pasaron al enemigo. Ipso facto, el comandante Navarro fue fusilado por orden de las autoridades militares rebeldes locales.

Carlos Núñez Mazas

(1899). Capitán del Arma de Infantería y piloto observador que combatió brillantemente en la campaña de Marruecos. De filiación comunista, al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano. Desde el primer momento tomó parte activa en la contienda —batallas de Guadalajara, Teruel, etc—, desempeñando la subsecretaría del Aire —en uno de los gobiernos presididos por Negrín— y la jefatura del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas. Tras la derrota republicana en Cataluña pasó a Francia, aunque pocos días después regresó a la zona centro-sur de España, donde organizó la evacuación aérea de las últimas personalidades republicanas. Al terminar la guerra había alcanzado el grado de coronel. Exiliado en México, dirigió durante algún tiempo el Boletín de la Asociación de Militares Profesionales Leales a la República Española.

Miguel Núñez de Prado y Susbielas

(1882-1936). General de división, procedente del Arma de Caballería, que tomó parte en la campaña de África, en la que obtuvo, entre otras condecoraciones, la Medalla Militar Individual. En los últimos años de la Monarquía, y no obstante ser gentilhombre de cámara de Alfonso XIII, intervino con otros militares en una serie de conspiraciones encaminadas a derribar el régimen y proclamar la República. Afiliado a la UMRA. en julio de 1936 desempeñaba el cargo de director general de Aeronáutica, lo que al estallar la guerra civil le permitió ejercer un cierto control sobre las fuerzas aéreas, consiguiendo que la mayor parte de éstas permaneciesen fieles al Gobierno republicano. En la madrugada del 18 de julio de 1936, y con el fin de que se hiciese cargo de la grave situación militar, fue nombrado inspector general del Ejército. Tras intentar en vano trasladarse a Marruecos, que a esas horas estaba ya en manos de los insurrectos, se dirigió en avión a Zaragoza, acompañado de su ayudante, el comandante del Arma de Caballería Francisco León López, con el fin de sustituir al general Miguel Cabanellas y hacerse con el mando de la V División Orgánica. Detenidos por este último, Núñez de Prado fue trasladado a Pamplona y puesto a disposición del general Mola, quien poco tiempo después ordenó su fusilamiento. ¡Ay, Cabanellas!

Carlos Núñez Maza.

Capitán de Infantería y piloto aéreo. Desde el primer momento, al lado de la República en Madrid. Gestionó con éxito la entrega de armas al pueblo. Con Prieto, Jefe del Estado Mayor de Aviación. Con Negrín, Subsecretario del Aire, Acompañó al mismo, el 6 de marzo de 1939, al abandonar el territorio de la República hacia el exilio definitivo.

Fernando Oliva.

Jefe del Estado Mayor de Marina en la Base de Cartagena, que participó en la conspiración que en aquella plaza se opuso a que el coronel Francisco Galán tomara el mando de esa base.

 Urbano Orad de la Torre

Orad de la Torre, Urbano (1904-?). Comandante del Arma de Artillería y veterano militante del PSOE que en los primeros días de la guerra civil alcanzó gran popularidad en Madrid por ser el encargado de cañonear el cuartel de la Montaña, contribuyendo así a quebrantar la moral de los defensores de dicho cuartel y a que los mismos, viendo perdida la partida, decidieran deponer las armas. Durante la contienda desempeñó diversos puestos de mando. Ascendido a teniente coronel, mandó la 20 división en la zona Sur, nombrándosele, más tarde, comandante militar de Almería, en cuya plaza mantuvo el orden hasta el último momento de la contienda, negándose a entregar el mando de la misma a un quintacolumnista que lo pretendía. Condenado a muerte, le fue conmutada la pena. En 1971 vivía en España.


Reseña de Cristóbal Zaragoza

Este comandante de Artillería, veterano militante del Partido Socialista, alcanzó gran popularidad en Madrid en los primeros días del levantamiento. Fue él, en efecto, quien el 20 de julio cañoneó el Cuartel de la Montaña. Si bien fue aguerrido y supo mantener en todo momento la moral de sus hombres, no sobresalió por su capacidad de mando. Hizo casi toda la guerra en los frentes del Sur, menos en la desafortunada acción sobre Illescas, en octubre de 1936. Orad mandó en aquella ocasión una unidad de circunstancias formada por tres columnas al mando de Rojo, Puigdendolas y Modesto. Los tres jefes coinciden en la falta de capacidad de mando y en la conducta un tanto arbitraria de Orad. Destituido, fue destinado al Ejército del Sur, al frente de la XXII división formada por tres brigadas mixtas (51, 78 y 93). Sucedía esto en mayo de 1937, poco después de que Negrín formara Gobierno. Luego se incorpora al recién creado Ejército de Andalucía; manda la XX división del IX Cuerpo de ejército. En abril del 38, después de la pérdida de Vinaroz (día 15), sigue al frente de la misma unidad con el puesto de mando en Andújar. El 5 de mayo asciende por antigüedad al grado de teniente coronel, con el que terminaría la guerra. Orad se mantuvo en su puesto en el Ejército de Andalucía hasta que fue nombrado comandante militar de la plaza de Almería. Supo mantener allí su autoridad hasta el último momento, negándose a entregar la ciudad a un representante de la quinta columna que se lo exigió. Asimismo disparó sobre el cañonero Cánovas del Castillo —disparos de aviso— cuando este navío trataba de meterse por la bocana del puerto, el día 29 de marzo. Estando ya la ciudad prácticamente tomada por los falangistas de la quinta columna, que se apoderaron de los edificios del Gobierno Civil y de Telégrafos, Orad siguió negándose a entregar la plaza. Cedió el mando al comandante Antonio Burgos, quien lo pasó al capitán Cuesta. Se desconoce la suerte ulterior de Orad de la Torre, que no llegó a embarcar en Alicante.


Hemos recibido:

HAN EXISTIDO VARIOS ORAD DE LA TORRE

JOSÉ ORAD DE LA TORRE, MI ABUELO, INGENIERO DE CAMINOS, TRABAJABA EN EL CANAL DE ISABEL II Y SI QUE MURIÓ DE UN CAÑONAZO EL 19 DE JULIO DE 1936 CUANDO SE DIRIGÍA A CORTAR, PERSONALMENTE, EL AGUA DE LA ZONA DE LOS CUARTELES QUE SE HABÍAN LEVANTADO CONTRA EL RÉGIMEN VIGENTE.

URBANO ORAD DE LA TORRE SI QUE ERA CORONEL DEL EJERCITO REPUBLICANO. MURIÓ EN SU CASA YA MUY MAYOR. ESTUVO CONDENADO A MUERTE DESPUÉS DE LA GUERRA, INDULTADO Y DESTERRADO A SEVILLA DONDE TUVO UNA ACADEMIA EN LA QUE AYUDO A APROBAR MATEMÁTICAS A MUCHOS SEVILLANOS.

ARTURO ORAD DE LA TORRE QUE MURIÓ EN LA CÁRCEL DESPUÉS DE LA GUERRA, DEJANDO MUJER Y DOS HIJOS

ROGUI ORAD DE LA TORRE, MÉDICO, QUE TAMBIÉN MURIÓ BASTANTE MAYOR EN DOS HERMANAS (SEVILLA)

 LOS ORAD DE LA TORRE, QUE FUERON MUCHOS, ERAN  HIJOS DE EL GENERAL MEDICO LAUREADO CON LA LAUREADA INDIVIDUAL DE SAN FERNANDO: DON URBANO ORAD GAJIAS, POR LOS MERITOS ADQUIRIDOS EN LA GUERRA DE CUBA COMO MÉDICO Y COMO MILITAR Y CUYO NOMBRE LLEVA HOY DÍA EL HOSPITAL MILITAR DE ZARAGOZA, DE LO QUE LA FAMILIA SE SIENTE MUY AGRADECIDA Y ORGULLOSA.

B.R.deC.

 Kepa Ordoki Vázquez.

Nacido en Irun en 1903, cuando estalla la guerra en 1936 trabajaba de albañil y militaba en el sindicato ELA-STV y en el partido ANV. Tras participar en la defensa de Irun, pasó a combatir en el frente de Bizkaia hasta que en 1937, tras la caida de Bilbao, y ya como capitán del batallón San Andrés, fue hecho prisionero. Condenado a muerte, estuvo en capilla en varias ocasiones, pero su ejecución siempre fue aplazada por diferentes circunstancias. Consiguió escapar de prisión en 1939, cruzando la frontera por Biriatu, poco antes de la invasión de las tropas de Hitler. Durante los primeros años de la dominación nazi, Ordoki vivió en la clandestinidad, integrándose en la Resistencia. Fue detenido en tres ocasiones y en las tres consiguió escapar. En 1944 bajo las órdenes del Gobierno Vasco, formó el batallón Gernika, encuadrado dentro del 8º Regimiento Mixto Marroquíes-Extranjeros. Entre el 14 y el 20 de abril de 1945, el batallón Gernika combatió los últimos focos de resistencia alemana en Pointe de Grave, por lo que Ordoki fue condecorado con la Cruz de Guerra con la estrella de plata. Por cierto, la ikurriña de este batallón había pertenecido en la guerra civil al batallón Saseta, que fue el primero en el que se alistó Ordoki, y fue saludada por el general de Gaulle en persona, cuando pasó revista a las tropas que habían participado en este combate.

En esta foto (está señalado) en una concentración de maquis entre la Gironda y Charente.

Fuente: Felipe Peña

Antonio Ortega Gutiérrez.

Llevaba treinta años de servicio militar, habiendo sido ascendido recientemente a alférez de carabineros, en 1936. Al estallar la guerra civil se alineó en el bando republicano. Nombrado gobernador civil de Guipúzcoa, participó en la defensa de Irún y de San Sebastián, al mando de tropas vasco-republicanas, haciendo a partir de entonces una brillante carrera militar. En 1937, siendo director general de Seguridad, desempeñó un importante papel en la detención y posterior desaparición de Andrés Nin, así como en la disolución del POUM, a consecuencia de lo cual fue cesado en dicho cargo, enviándosele al frente de batalla, al mando del III Cuerpo de Ejército. Incondicional comunista, según Juan Negrín, adoptó una actitud un tanto ambigua cuando, en los últimos días de la guerra, el coronel Segismundo Casado se sublevó contra el Gobierno presidido por el citado Negrín, haciendo el papel de mediador entre ambos bandos republicanos. Ascendido a coronel, al finalizar la contienda fue ejecutado por los rebeldes.

Leopoldo Ortega Nieto.

Militar del Arma de Caballería. Al iniciarse la Guerra tenía el cargo de capitán y hasta hacía poco se había desempeñado en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas en Alhucemas. A principios de marzo de 1939, siendo comandante, diplomado de Estado Mayor por la Escuela Superior de Guerra y jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor de la Agrupación de Ejércitos —después de haber desempeñado diversos puestos en el Estado Mayor del Ejército del Centro—, fue comisionado por Segismundo Casado para que, con plenos poderes del Consejo Nacional de Defensa, se trasladase, junto con el coronel Antonio Garijo Hernández, "al lugar o lugares que el Gobierno Nacionalista de España designase", al objeto de tratar la cuestión de entrega de la zona a cargo del Consejo y plantear las diversas cuestiones relacionadas con la misma

Juan Ortíz Muñoz

Comandante de Aviación procedente del arma de Infantería. En los primeros días del levantamiento ocupaba el mando de la Segunda Región Aérea, que tenía su base principal en Los Alcázares (Murcia). Según Hidalgo de Cisneros, este aeródromo constituía un fuerte baluarte republicano desde que lo organizara el comandante Ricardo Burguete y «cumplió un papel importantísimo en los primeros días de la sublevación, haciéndola fracasar en varios lugares de aquella zona». Ortiz tuvo a su mando las escuadrillas que operaban en el frente de Andalucía en las primeras semanas del conflicto. A finales del 36 fue comisionado por Prieto para gestionar en Francia la compra de algunos aparatos. En febrero del 37 adquirió cinco Dw-510, pero estos aparatos nunca llegaron a España. Lo mismo sucedió con varios aviones Dw-371. Ortiz acusó a Prieto de alta traición en un documentado informe inculpatorio. Se produjo el escándalo, pero sin más consecuencias que su propia caída, la de Ortiz, producida en virtud de dos desconcertantes órdenes ministeriales. Por la primera, se obligaba al comandante Ortiz a dejar el arma de Aviación y reintegrarse a las unidades de Infantería; por la segunda (D. 26 de junio de 1937) se le expulsaba del Ejército sin ningún tipo de explicación. Ramón Salas coincide con Hidalgo de Cisneros al afirmar que la actividad del comandante Ortiz, su decidida acción en los primeros momentos del levantamiento, fue causa del fracaso de los rebeldes en las bases del Mar Menor. Estaba en posesión de la Medalla Militar.

Antonio Ortiz Roldán

Dirigente de las MAOC en Espejo (Córdoba) y miembro del PCE. Dirigió fuerzas milicianas y unidades del Quinto Regimiento, la 53 Brigada y la 226 Brigada, la primera que cruzó el Ebro. Más adelante mandó la 42 División, llegando a ser teniente coronel. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética y estudió en la academia Frunze, pasando después a Yugoslavia.

Antonio Ortiz.

Carpintero de profesión y militante de la CNT. Dirigió una de las primeras columnas de Aragón. Durante breve tiempo estuvo al frente de la 25 División, pero fue destituido por ser hostil a la militarización.

Miguel Palacios Martínez

(1895). Capitán medico de Sanidad Militar que durante la dictadura del general Primo de Rivera conspiró contra el régimen encabezado por éste, entrando en estrecho contacto con elementos de la CNT y otros grupos de filiación anarquista. Al estallar la guerra civil se puso de parte del Gobierno republicano, mandando la 39 Brigada, la 5 División (formada principalmente por efectivos anarquistas) y el XVI Cuerpo de Levante, al frente de cuyas unidades participó en diversas operaciones bélicas. Al término de la contienda huyó al extranjero, volviendo a España después de algunos años v fijando su residencia en Madrid.

Lorenzo Pallares Cacha.

Teniente Coronel de Artillería de la Armada que durante la guerra civil prestó servicio en el ejército republicano. En marzo de 1939, es decir, pocos días antes de que finalizase la contienda, hallándose destinado en Cartagena, secundó, junto con otros militares y algunos paisanos, la sublevación pro nacionalista que se produjo en dicha plaza, tras lo cual fue nombrado o se nombró jefe de la base naval, cargo que desempeñó el breve espacio de tiempo que medió hasta que fuerzas leales a la República restablecieron el orden en dicha ciudad, huyendo entonces Pallarés en un submarino, acompañado de otros jefes y oficiales que se habían sumado a la sublevación.

Ángel Pastor Velasco.

Con la llegada del gobierno de Negrín de mayo de 1937, el Ministro de Defensa, Pietro creó en junio la Subsecretaria de Armamento y Municiones con tres delegaciones (Centro-Levante, Cataluña y Norte) y nombró al teniente coronel  Angel Pastor como subsecretario. Pastor fue el alma de este importantísimo servicio de la industria bélica republicana.