| S.B.H.A.C. Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores |
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2.5- Galería de
militares republicanos en la GCE |
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De Carlos Pedemonte Sabín A Carlos Romero Jiménez (35) |
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Carlos Pedemonte Sabín. Comandante de E M y colaboró con las Milicias en 1936. Había regresado a la zona republicana desde Africa, donde estaba destinado en 1936. |
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Primitivo Peire Cabaleiro. Mandaba el batallón de Ametralladoras acantonado en Castellón. Después de haber ocupado distintos puestos de mando en el frente Sur dirigió la 44 División en Belchite. En 1938 se le nombró al frente de un centro de recuperación de tropas desperdigadas y gobernador militar de Igualada (Barcelona). |
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Cristóbal Peña Abuín. General al mando de la División de Caballería. No tomó parte en el alzamiento y se jubiló en 1937. |
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Guillermo de la Peña Cusi. Comandante de Infantería al frente de una caja de reclutas. Presidió el tribunal militar que juzgó a los generales rebeldes Goded y Fernández Burriel, que fueron condenados a muerte. Posteriormente mandó la 1 División del Ejército de Cataluña en 1937. |
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Juan Perea Capulino
Nota: Entre 1939 y 1940, Perea escribió un libro tremendamente injusto con Vicente Rojo y otros mandos del Ejercito Popular El análisis que Perea hace de las causas de la derrota republicana en su libro "Los culpables" (hasta el título apunta maneras) no se sostiene y durante toda su lectura uno tiene la sensación de que Perea estaba terriblemente resentido con el Estado Mayor Central. En cierto modo está en la línea de Jesús Pérez Salas, y otros militares profesionales que apoyaron a la República pero que por las circunstancias que fueran no tuvieron el protagonismo militar que ellos hubieran deseado.
Reseña de Cristóbal Zaragoza Procedente del voluntariado militar, Perea se había retirado de capitán el 20 de septiembre de 1924. Hizo su ingreso en Infantería a los catorce años —nació el 10 de febrero de 1890 e ingresó el 27 de octubre de 1904—, alcanzando el grado de teniente el 29 de enero de 1915. Muy robusto, arrojado, dotado con las virtudes castrenses del militar nato, en julio de 1936 se presentó voluntario en el Ministerio de la Guerra. Tenía cuarenta y seis años. Ascendió en seguida a comandante y se le dio el mando de una columna. El 6 de agosto se destacó en la acción de Navafría al frente de la citada unidad, más tarde convertida en 38 brigada mixta. Operó con ella en los duros combates de Somosierra. En enero de 1937 lo encontramos al mando de la V división; en mayo del mismo año se le confía el IV Cuerpo de ejército, en Guadalajara. Con él permanece hasta el 15 de septiembre. Tomó parte en la batalla de Belchite, en la que sobresalieron sus dotes de organización. Mandó, poco tiempo, el X Cuerpo de ejército y el 23 de octubre sustituía a Casado en la jefatura del XXI Cuerpo de ejército. Su carrera es, pues, meteórica. A principios de 1938, ya coronel, seguía al mando del XXI Cuerpo de ejército, en Lérida, con puesto de mando en el pueblo de Binéfar. El 30 de marzo se le confía el mando del Ejército del Este, a cuyo frente estuvo en las operaciones de Cataluña hasta el derrumbamiento de sus líneas. A pesar de sus probadas dotes de estratega y de la voluntad que puso, Perea no puede sustraerse al desastre: el 3 de abril caía Lérida, ocupada por las tropas de Yagüe, y el 4 entraba Aranda en Morelia. Roto el frente catalán, al crearse el GERC siguió mandando el ejército del Este de la región catalana, formado casi exclusivamente por el IV Cuerpo de ejército. El 29 de mayo Perea sigue al frente de su unidad al crearse el ejército del Ebro con lo que antes había sido Agrupación Autónoma del Ebro, al mando de Modesto. El nuevo ejército del Este estaba formado por tres Cuerpos de ejército (el X, XI y XVIII) y algunas nuevas unidades mixtas. Con él —al frente de él— vivió el último acto de la guerra, según escribe Cordón, dispuesto a luchar hasta el último momento. Se exilió en 1939 y murió en México poco después. |
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Enrique Pérez Farrás.
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Augusto Pérez Garmendia. Comandante de E M y ayuda de campo del coronel Aranda, quien se sublevó en Oviedo. Al estallar la guerra se encontraba de permiso en San Sebastián. Mandó unidades de Milicias, pero fue capturado por los rebeldes y murió a consecuencia de las heridas recibidas.
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José Manuel Pérez Gazzolo. (1892-1939). Comandante del Arma de Infantería, perteneciente al Servicio de Estado Mayor, que desde que estalló la guerra civil luchó en las filas republicanas, siendo, durante algún tiempo, ayudante del general Miaja. Ascendido a teniente coronel, pasó a desempeñar el cargo de segundo jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos Centro-Sur. Poco antes de concluir la contienda fue fusilado —sin que hasta ahora se conozcan las razones— por fuerzas leales al gobierno que en Madrid peleaban contra los hombres de Casado y aliados sublevados. |
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José Pérez Martínez.
"Concentraba la capital los grupos de Asalto 1º, 2º y 3º, tres escuadrones de caballería, tres compañías de especialidades y once compañías urbanas. Muchas de estas fuerzas estaban motorizadas y contaban con blindados y compañías de ametralladoras. Los grupos de Asalto estaban mandados por los comandantes Pérez Martínez, Sánchez de la Parra y Burillo, todos ellos afectos al Frente Popular". Estuvo junto a Miaja en la defensa de Madrid. En la pág 202 del libro de J.M. Reverte "La Batalla de Madrid" cuando hace referencia al momento en que Miaja abre el sobre con las órdenes que le ha dejado el Gobierno republicano huido a Valencia y toma el mando de la defensa, puede leerse: "Los primeros movimientos de Miaja son rápidos. Forma parte de su equipo: como ayudante tiene al teniente coronel José Pérez Martínez; como jefe de Estado Mayor llama al coronel Vicente Rojo, ayudado a su vez por los comandantes José Fontán y Manuel Matallana". Al final de la guerra se unió al levantamiento de Casado. Al acabar la guerra pudo salir de España escapando a Argelia, quedando su mujer y cinco hijos en Madrid. Ya durante la Segunda Guerra Mundial, le ofrecieron incorporarse a la Legión Extranjera francesa con el grado de capitán. Esto ocurrió can anterioridad a la entrevista Franco-Hitler en Hendaya, cuando muchos pensaban que España entraría en guerra del lado de Alemania. Así lo creyó también mi abuelo, considerando además que Franco necesitaría militares de carrera y daría una amnistía a los militares republicanos para fortalecer su ejército. Empujado por esta idea, retornó a España donde fue inmediatamente detenido, juzgado y condenado a tres penas de muerte. Consiguió que Muñoz Grandes declarara a su favor, dado que le había ayudado a pasarse al lado franquista durante la guerra. Esto le valió la conmutación de las penas de muerte por una condena de 18 años. Murió en Madrid en 1960 desposeído de profesión y tras haber pasado su familia muchos apuros económicos en los años de posguerra. Está enterrado en Pamplona.
Fuente: Eduardo Gómez-Leal Pérez (nieto del coronel Pérez Martínez) |
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Jesús Pérez Salas.
Nota: Jesús Pérez Salas escribió en el exilio "Guerra en España 1936-1939", donde defiende la aptitud de los militares profesionales republicanos versus los mandos de milicias. El libro es tan injusto como el de Mera, Perea y similares. Pérez Salas no se da cuenta de que Franco los hubiera barrido del mapa en unos meses si la República hubiera tenido que defenderse exclusivamente con fuerzas de orden público y profesionales, de las que una importante parte tenían escasa motivación para la lucha, motivos que no vamos a juzgar ahora, pero que así eran. En la foto, en el centro, al frente de la columna Macia-Companys se dirige al frente de Aragón. Reseña de Cristóbal Zaragoza: Los Pérez Salas fueron cinco hermanos, todos ellos al servicio de las armas republicanas menos Julio, que hizo la guerra con los nacionalistas. Cuando murió, en Madrid en 1970, era teniente general de Caballería. José vivía retirado en Barcelona de su empleo de capitán del arma de Artillería cuando se produjo la sublevación en la Ciudad Condal. En julio reingresó con el grado de comandante. Pasó toda la guerra como profesor de la Escuela Popular de Guerra de Cataluña y de la de Artillería en las postrimerías del conflicto. Manuel fue jefe de estudios de la Escuela Popular de Guerra de Infantería, Caballería e Intendencia. Sólo actuó en los frentes al principio, al mando de una columna, en Teruel, hasta febrero de 1937. Durante los últimos meses estuvo destinado en la Comandancia Militar de Valencia y en la zona interior. Jesús era en 1933 jefe de policía de Barcelona. De él dice Luis Guarner, que le ayudaba personalmente en su Secretaría, que era hombre desprovisto de toda ambición y que aceptó el cargo sólo por complacer al presidente Maciá, quien deseaba su colaboración para facilitar el traspaso de los servicios de Orden Público, reorganizar las fuerzas de Seguridad y Asalto y seleccionar el personal de policía que iba a prestar servicio en Cataluña. Cuando Companys sucedió en la presidencia de Cataluña al fallecido Maciá, Jesús Pérez Salas dimitió; en febrero de 1934 fue nombrado jefe de los Somatenes Catalanes, al mando de los cuales participó en octubre del 34 en la aventura de la independencia catalana. El 19 de julio de 1936 tuvo ocasión de presenciar las primeras declaraciones de Goded en la Comisaría de Orden Público. Según él, Goded, aterrado por el gentío que pedía a gritos su cabeza, levantó el puño en un momento de pánico. Mandó la columna Maciá-Companys, en la que iba como delegado civil Enrique Canturri, antiguo alcalde de Seo de Urgel. Esta poderosa unidad instaló su primer puesto de mando en Alcañiz, pasando luego a Montalbán, donde había de enlazar con las fuerzas que desde Valencia atacaban Teruel. Estabilizó el frente ante la sierra de Cucalón. En mayo-junio es ya jefe de la XXX división del ejército del Este, al mando del general Pozas. Toma parte en la batalla de Belchite. Durante algún tiempo desempeña el cargo de secretario general del Ministerio de Defensa. Asciende a coronel y es nombrado subsecretario del ejército de Tierra. Organizado el GERO, toma el mando del XVIII Cuerpo de ejército, hasta entonces en reserva. Se exilió y dejó escrita una obra muy poco conocida sobre sus experiencias en la guerra. Joaquín era teniente coronel de Artillería al empezar la guerra. Había ingresado en la Academia de Segovia y pasó casi toda su vida militar en Valencia, sirviendo en el regimiento de Artillería número 6 de guarnición en aquella plaza; luego, en el parque divisionario. Antonio Cordón, que coincidió con él en Andújar, dice de él que era la encarnación del espíritu artillero, que era republicano y alardeaba de anticomunista. «Había cumplido ya los cincuenta años (cuando se encontraron en Andújar), no era muy fuerte físicamente, era extremadamente miope y estaba continuamente aquejado de fuertes jaquecas. Comía poquísimo; se alimentaba fundamentalmente de café con leche y... aspirina, que tomaba en cantidades verdaderamente comerciales.» Entre sus compañeros se hicieron famosas sus rarezas, que Zugazagoitia disculpa, e incluso comprende, dadas las condiciones en que tuvo que combatir en los frentes andaluces. «Afortunadamente —escribe—, el mercurio seguía en nuestras manos, gracias, por segunda vez, al coraje de Pérez Salas, un militar que no era nada más que republicano y que quizá por esta circunstancia, verdaderamente extraordinaria, gozaba fama entre los profesionales de loco 'y de original. Su locura y originalidad, de haberse generalizado, le hubiera sido a la República de considerable provecho. Consistía la enajenación en cumplir escrupulosamente con el deber, participando con los soldados en las vicisitudes de la campaña, de suerte que en los momentos de apuro los estimulaba con su presencia, les aconsejaba con su experiencia y les encandilaba con la victoria. [... ] Un escrito al presidente, en el que, a la vista de la monstruosa conducta que seguían los mandos en las unidades [...] le notificaba que a él, personalmente, sólo le ilusionaba la esperanza de hacerse matar avanzando al frente de sus hombres, contra el enemigo.» Al inicio de la guerra mandó en Andalucía una columna formada por guardias de Asalto en su mayoría de la guarnición de Jaén. Con esta unidad tomó parte en las operaciones de Córdoba, ciudad que no logró conquistarse por las demoras de Miaja. Más tarde fue destinado a Valencia al frente del 5º regimiento ligero. Entre sus éxitos hay que destacar la victoria alcanzada sobre Queipo en Pozoblanco, el 13 de marzo de 1937, por la que la República pudo mantener en sus manos las tan necesarias minas de Almadén. Según Ramón Salas «es la figura más destacada de los frentes andaluces y aragoneses». Queipo de Llano, por su parte, decía en sus charlas radiofónicas, no sin cierta aviesa intención, que el coronel Joaquín Pérez Salas era un gran militar en el que, además, reconocía su «caballerosidad» en el trato con los prisioneros nacionalistas que le había hecho. En mayo del 37 tiene bajo su mando la XIX división del ejército del Sur, a las órdenes éste del coronel Morales, con el que no se aviene desde el principio. Ya casi al final fue jefe del Ejército de Extremadura. El desenlace lo vivió en Cartagena como jefe de la base naval, de la que tomó posesión entre el 8 y el 9 de marzo; gracias a su energía y decisión, cortó rápidamente las represalias contra los quintacolumnistas sublevados y pacificó la ciudad. No se unió a los casadistas y se negó a seguir las sugerencias de sus subordinados para abandonar España, y fue fusilado al término de la guerra. |
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Joaquín Pérez Salas.
Otras fuentes... Coronel de Artillería del Ejército de Extremadura donde mandó un Cuerpo, fue igualmente fusilado, a pesar de que un informe nacionalista afirmaba que había protegido a muchas personas de los excesos revolucionarios y persecuciones políticas en la zona que controlaba, actitud que le había valido la enemistad de los comunistas Pero tenía un historial previo que le convertía en "indeseable" al haber planeado un levantamiento contra Primo de Rivera en Valencia en 1929, haber estado implicado en la rebelión de Jaca y tener amistad con Azaña. También se había unido a los leales desde el principio y ya el 20 de julio de 1936 había dirigido una columna miliciana contra Córdoba, de manera que no podía considerársele de modo alguno un "leal geográfico", alguien que había servido a la República por haberse hallado accidentalmente en esa zona. Y además no había contribuido a acelerar el fin de la guerra, pues aplastó la sublevación de los quintacolumnistas de Cartagena el 6 de marzo de 1939. En algunas cosas, era uno de los oficiales más originales del Ejército republicano. Era fuertemente anticomunista y trataba descortésmente a su asesor soviético " Se le tenía por "loco y excéntrico", y tenía fama de haber ideado la frase de "Venceremos a pesar de los comisarios" Se rumoreó, y también era típico de él, que insultó al Comandante diplomado de E M. Después de ser jefe de Información fue nombrado jefe de E M del Ejército del Centro en mayo de 1937. En 1937, se le nombró al frente del Ejército de Levante y posteriormente jefe del Grupo de Ejércitos del Centro, siendo ascendido a general en agosto de 1938. Nota personal por cuenta de M. Blacksmith: Joaquín Pérez Salas representa dentro del EPR a los militares republicano-conservadores que no comprendieron realmente la naturaleza del Ejército Popular. Enfrentado al EMC, es decir a Rojo, al que calificaba de "comunistoide", no dejó de crear problemas a la jerarquía del EPR durante toda la guerra, enfrentándose a Líster, quizá con razón, y a Cordón, que es el militar que más acertadamente le retrata en sus memorias. Joaquín Pérez Salas pensaba que la guerra se estaba perdiendo por culpa de los Comunistas, sus seguidores, y sobre todo por culpa de los Comisarios Políticos. Abogaba por un ejército mandado por profesionales y libre de la injerencia de los políticos. Desgraciadamente no comprendió que esa hora ya había pasado, y que los militares profesionales, salvo las excepciones de todos conocidas, se habían demostrado más incompetentes y desmotivados que la mayoría de los oficiales de milicias que tanto criticaba. Pero además, él mismo también hacía política en el Ejército Popular, llegando la CNT a proponerle en 1938, en sustitución de Rojo, como Jefe del Estado Mayor Central, lo que teniendo en cuenta las características del personaje y la realidad político-militar de ese año, sí que hubiera sido un desastre monumental. Muchos historiadores que se muestran muy críticos con Rojo, por su supuesta obediencia comunista, se muestran, por contra, muy condescendientes con Joaquín Pérez Salas al que elevan a una categoría militar que en realidad no tuvo, pese a algún éxito defensivo en Pozoblanco, donde, por cierto, mantenía un feudo personal, que rayaba en la más pura indisciplina. Sin embargo, los mandos que tuvo, nunca actuaron contra él, lo que pone en contradicción las afirmaciones de su hermano Jesús. A favor del personaje hay que decir que fue de los pocos militares profesionales que no se sublevaron con Casado contra el gobierno. Y es que militares profesionales rebeldes destruyeron la República, y militares profesionales republicano-conservadores le dieron la puntilla. No obstante, los franquistas, en absoluto comunistas, fusilaron a Joaquín Pérez Salas pese a que había salvado la vida de muchos derechistas. ¡Vaya!, el gobierno de Negrín, tan roído por los comunistas, nunca le toco un pelo y encima le dio puestos militares de importancia de acuerdo a sus supuestas capacidades. Los rebeldes, que en algunas biografías de este militar aparecen meramente como comparsas, le pegaron cuatro tiros sin ninguna piedad. ¡Qué extraña guerra libraron algunos republicanos, contra el gobierno, y bueno, también contra Franco, pero en los ratos libres! Si simpatiza usted con el personaje, no deje de visitar este sólido estudio: http://espanol.geocities.com/joaquinperezsalas/index.html Lea también: |
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Manuel Pérez Salas. Hermano de los anteriores. Teniente coronel de Infantería, con destino en el Regimiento de Otumba 7, con Plana Mayor en Valencia. Actuó junto al Gobierno el 30 de julio en el Regimiento de Guadalajara 13, cuyo mando debía tomar. Fue detenido y poco después liberado por las milicias que ocuparon el cuartel. Dirigió los estudios de una Escuela Popular de Guerra y fue ejecutado después de la guerra.
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Vicente Pertegás Martínez Maestro nacional y miembro del Comité Central del PCE. Mandó la 9 División. |
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Rosendo Piñeiro Coronel. Gobernador Militar de Bilbao que se mantuvo fiel al Gobierno. |
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Sebastián Pozas Perea
Reseña de Cristobal Zaragoza: Nació en 1876 en el seno de una familia conservadora. A los diecisiete años ingresó en la Academia de Caballería. Teniente en África, llega a ostentar el cargo de jefe de la Intervención Militar de la zona de Melilla. Medalla Militar individual por los servicios prestados en África. En los años de la Dictadura asciende a general de brigada. Por uno de esos extraños juegos del azar, al ser detenido Azaña el 9 de octubre de 1934 en Barcelona, el general Pozas es designado juez instructor de su causa. Ferviente republicano como era, luego le serviría fielmente en diferentes cometidos. De él dice Cordón que «no era de los que habían inventado la pólvora», y Luis Guarner lo deja retratado en sus páginas de la siguiente forma: «Era el general Pozas hombre de elevada estatura, canoso, con espesas cejas que enmarcaban una mira-da gris. Gustaba de hablar mucho, con aparente y afable benevolencia, pero sin gran dicción y como buen jefe "africano", pero no era muy conocedor de la técnica militar moderna.» En febrero del 36, siendo inspector general de la Guardia Civil, Franco le aconseja que declare el estado de guerra en vista del triunfo del Frente Popular. Pozas se niega en redondo. Además, se apresura a ponerse a la disposición del nuevo Gobierno. Cuando se produjo el levantamiento seguía en el mismo cargo, lo cual explicaría el hecho de que en las grandes ciudades este Cuerpo no secundara la acción de los rebeldes. Más tarde fue ministro de la Gobernación en el primer Gobierno del 19 de julio, sin dejar el cargo de inspector de la Guardia Civil. Participó en las acciones del Jarama y Belchite. El 22 de octubre pasó a mandar el ejército del Centro, sin por ello dejar la presidencia de la Junta de Defensa de Madrid. Por estas fechas, aún está a sus órdenes Miaja, encargado especialmente por el Gobierno de la defensa de la capital. El 28 de diciembre decide un ataque sobre Guadalajara, pero a últimos de febrero del 37 queda en situación de disponible quizá por enfermedad. Secundado por el coronel Escobar interviene en los sucesos de mayo de Barcelona. En junio del 37 dirige la campaña de Huesca con Guarner en la jefatura de Estado Mayor. En principio se, trataría de descongestionar los frentes del Norte, lo cual no consigue el Gobierno de la República: Bilbao cae el 19 del mismo mes. A finales de agosto inicia una ofensiva sobre Aragón. Se persiguen idénticos fines que en Huesca, aunque no se descarta la posibilidad de llegar hasta Zaragoza. El 28, ya en plena batalla de Belchite, choca con Modesto, que se niega a retirar la XXXV división, desoyendo las órdenes de Pozas. La ofensiva republicana en el frente aragonés es detenida el 26 de septiembre. Es general jefe del ejército del Este —finales de 1937 y principios de 1938—, formado por los X, XI y XII Cuerpos de ejército y dos brigadas mixtas de reserva. En la ofensiva de marzo sobre Aragón, al mando de estas unidades, establece su puesto de mando en Caspe, desde donde dirige las operaciones. Inicia el ataque a Teruel el 15 de diciembre y el 7 de enero Rey d'Harcourt entrega la guarnición. Sin embargo, su actuación resultaría tan deficiente como irregular, por lo que se le destituye; es sustituido por Perea Capulino. En los últimos momentos de la guerra es comandante militar de Gerona, puesto del que es relevado por el coronel Villalba a punto de caer Barcelona en poder de los nacionalistas. Termina la guerra como comandante militar de Figueras y se exilia. |
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Adolfo Prada Vaquero
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Artemio Precioso Ugarte.
Lea el relato de Artemio Precioso sobre estos hechos.
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Ricardo de la Puente Baamonde. Comandante de Ingenieros y aviador militar. Jefe de las Fuerzas Aéreas de África. En la tarde del 17 de julio se niega a aceptar el ultimátum que le formula el coronel Sáenz de Buruaga y resiste con las armas en el Aeródromo de Sania Ramel. En la madrugada del día 18 se rinde con las fuerzas a su mando y poco después es detenido y fusilado. Era primo carnal del general Franco, aunque escribían de distinta manera el apellido materno.
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Antonio Puig. Teniente coronel de Infantería; acompañó a Ramón Franco en la sublevación de Cuatro Vientos el 15 de diciembre de 1930; participó en la Guerra al lado de los republicanos. A la caída de Cataluña, pudo pasar a Francia, siendo allí detenido por la Gestapo sin que, sin embargo, fuera entregado a los franquistas.
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Ildefonso Puigdendolas Ponce de León.
Nota: Comentario sobre Puigdendolas aparecido en la lista Tinet: La fuente más directa que tenemos para saber qué pasó con Puigdendolas, por encima de Guillermo Cabanellas o Manuel Rubio Cabeza, son las memorias de Ángel Lamas Arroyo, testigo presencial de lo ocurrido como ayudante del coronel que era. Y lo que cuenta es simple: Puigdendolas fue asesinado por sus propios hombres después de herir a un soldado y de matar a bocajarro personalmente a un capitán de las milicias republicanas que se retiraba con sus hombres de la posición asignada. Según el mismo autor no era la primera vez que actuaba así con los milicianos, que lo consideraban un "faccioso". Esto ocurrió cerca de Parla. Sin embargo, estas memorias ("Unos y otros") publicadas por Caralt en 1972 plantean ciertas dudas. No resulta muy tranquilizador leer a renglón seguido de la narración de la muerte de Puigdendolas lo siguiente: "No sentí la intensa indignación que por un crimen semejante, en relación con mandos de mi Ejército (sic) de siempre, sentido hubiera; ni admití la obligación de hacer causa común con los otros oficiales, en contra de la soldadesca. Puesto que no era jefe mío y de mi bando la víctima y sólo pasajera y circunstancialmente me hallé a su lado" (p. 92). Si alguien tiene datos sobre Lamas Arroyo, que parece ser la fuente de la que todos han bebido para esta historia, me gustaría conocerlos. Sinceramente, aunque factible, resulta poco fiable esa historia, en ese tono, en el 72 y en Caralt. La Biblioteca Nacional posee tres obras más de este hombre: "Fuerzas Morales: Conferencias" (Capitán Lamas, Academia Militar de Toledo, 1934), "Gibraltar" (Bilbao, 1968) y "Los muertos hablan" (Ed. del Autor, 1980). Por lo demás, sabiendo la tremenda frustración que supuso para los golpistas no hacerse con el coronel Ildefonso Puigdendolas para asesinarlo en Badajoz, ¿no representa acaso esta versión la venganza definitiva sobre la memoria de un militar al que odiaban desde 1931? El caso es que parece que lo han conseguido... |
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Manuel Quesada del Pino. Comandante de Estado Mayor y jefe de Seguridad y Asalto en la jefatura de La Coruña. Las fuerzas a su mando se dividen, ya que unas apoyan a los sublevados y otras al Gobernador Civil. El comandante Quesada del Pino dirige, junto con el Gobernador, la defensa de los escasos baluartes que se oponen a los sublevados. Promediada la tarde del lunes 20 de julio de 1936, cesa toda resistencia y el comandante Quesada del Pino es detenido por soldados del Regimiento de Zamora 8. Después iba a ser asesinado.
Nota: Era de la promoción de Vicente Rojo. |
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Vicente Ramírez Teniente de navío que se encontraba, al iniciarse la Guerra, al mando del submarino C-2, en la Base Naval de Cartagena. Se mantuvo fiel al Gobierno de la República y se opuso a la sublevación militar. Al término de la lucha era jefe del Estado Mayor. Decidió embarcarse, junto a otros jefes, cuando los restos de la Escuadra levaron anclas en Cartagena para fondear en la base francesa de Bizerta.
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Antonio Rexach Fernández Parga. Capitán de aviación que conspiró contra la Dictadura de Primo de Rivera y desafió al hijo de éste, José Antonio. Participó en el ataque al Cuartel de la Montaña y en las jornadas iniciales de la Guerra. Se marchó al extranjero en circunstancias que fueron muy criticadas en ese momento. Murió en el exilio, que compartió entre Cuba, los Estados Unidos y México.
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José del Rey Hernández. Guardia de asalto perteneciente al Cuartel de Pontejos, que viajó en el camión 17 y participó en la detención y asesinato de José Calvo Sotelo. Era escolta de la diputada Margarita Nelken. Nota: Fusilado en Madrid según el estudio de Mirta Nuñez y Antonio Rojas del libro de inscripción de defunciones del Cementerio del Este de Madrid. |
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Felipe del Río
Fuente: Felipe Peña |
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Luis del Río Díaz.
Fuente: Sirio Valdés del Río
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Ruperto Riobóo Llobera. Comandante de Infantería y ayudante del general Molero, jefe de la VII División. En la noche del 18 de julio, al intentar el general Saliquet tomar el mando de la VII División, Riobóo actuó en defensa de su jefe e hizo fuego con su pistola. Herido gravemente por quienes acompañan a Saliquet, falleció poco después. |
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José Riquelme y López Bago.
Reseña de Cristobal Zaragoza: Este viejo militar —tenía cincuenta y seis años al empezar la guerra— había hecho su carrera en África y se caracterizaba por sus ideas democráticas y su republicanismo. En 1921, siendo coronel y jefe de la Policía Indígena, tras el desastre de Arruit se pronunció por que el expediente Picasso llegara hasta el fin para depurar las responsabilidades, por muy altas que fueran las personas que cayeran. Su polémica con el general Sanjurjo llegó a tal extremo que estuvieron a punto de batirse en duelo, pero todo se resolvió con la destitución de Riquelme del cargo de jefe de la Policía Indígena. En 1924 tomó parte en la conquista de Tetuán. Enemigo de Primo de Rivera, ya que Riquelme era partidario de un régimen de libertad y de la penetración pacífica en África, forma parte del consejo de guerra que juzga a Sánchez Guerra con los generales Fernando Berenguer, López de Roda, Ceferino Pérez y Manuel García Benítez. Riquelme, ya general, es el primero en votar por la absolución del acusado, que en efecto queda absuelto por sentencia dictada el 28 de octubre de 1929. Era el primer golpe serio contra la Dictadura. Al proclamarse la República y volver a la actividad los generales pasados a la reserva durante la Dictadura, el general de brigada José Riquelme pasa a ocupar la Capitanía General de Valencia. Azaña lo mantiene alejado momentáneamente, aun-que no tardará en convencerse de su lealtad. Cuando Gil Robles consigue de Lerroux el ministerio de la Guerra designa a Franco como jefe de Estado Mayor con plenos poderes. Franco remueve los altos cargos militares, separando del mando a los republicanos; uno de los generales que cesa en su cargo al frente de la III división orgánica en Valencia es Riquelme. Con el triunfo del Frente Popular no mejorará mucho su suerte: está ocupando un cargo burocrático, el de vocal del Consejo Militar de las asambleas de las órdenes militares de San Fernando y San Hermenegildo. El viejo general se resigna. Al producirse el levantamiento, siendo ministro de la Guerra el general Castelló, Riquelme es designado el 20 de julio jefe de la I división orgánica, por destitución del general García Antúnez. Combate en la Sierra y defiende el Guadarrama sustituyendo al coronel Castillo, que muere en combate. El 6 de agosto del mismo año es nombrado jefe del Teatro de Operaciones del Centro; le sustituye en la división el hasta entonces ministro de la Guerra, general Castelló. Pero empiezan los reveses. Sufre un descalabro en Oropesa, que cae en poder del enemigo. Lo mismo le sucede en Talavera de la Reina, conquistada el 3 de septiembre. Infructuoso es asimismo el ataque que dirige para rendir el Alcázar de Toledo. Riquelme es desposeído del mando y procesado. Durante un tiempo se mantiene alejado de los puestos de responsabilidad en espera de ser juzgado. Finalmente, cuando los nacionalistas rompen el frente por Vinaroz (15 de abril de 1938), es nombrado comandante militar de Barcelona tras haberse visto su causa, que se resuelve en su favor. Se mantiene en este puesto bastante oscurecido hasta el final, en que es sustituido por Brandaris de la Cuesta. Se exilia en Francia y muere en París, a los 91 años, en enero de 1972. |
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Ambrosio Ristori de la Cuadra
Nota: Se le concedió la Laureada de Madrid.
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Luis Rivas Comandante de la 101 BM en Brunete y Teruel. |
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Rodríguez Mantecón Subsecretario del Ministerio de la Guerra de Carabineros, ascendido a General de Brigada para este cargo, aboliendo así la antigua Dirección General de Carabineros |
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Vicente Rojo Lluch
Nota: Rojo al que habían prometido inmunidad para su regreso a España, fue juzgado por Rebelión militar y condenado nada menos que a 30 años, ¡en 1957! Ya es rencor... Naturalmente, le indultaron. Reseña de Cristobal Zaragoza: Nació en 1894 y muy niño quedó huérfano de padre, un sargento del Ejército colonial. Su instrucción primaria transcurre en la fría rigidez de un colegio para huérfanos de militares. Ingresa luego en la Academia General de Infantería de Toledo, de la que más tarde sería profesor. Tomó parte en la guerra de Marruecos, breve paréntesis casi obligado para los hombres de armas de la época. Pero la verdadera afición de Rojo eran los libros, de texto y de historia y táctica militar, por lo que pronto se incorporó como dejamos dicho a la Academia de Toledo. Al mismo tiempo siguió los cursos de Estado Mayor. Políticamente no es un exaltado. Si creemos a Largo Caballero, Rojo sería de la UME (Unión Militar Española), una asociación de jefes y oficiales monárquicos. Su ficha sería destruida por Miaja, junto con la suya, durante las primeras semanas de la contienda. Al inicio de la guerra era comandante y, a pesar de sus antecedentes más o menos monárquicos, fue uno de los puntales más sólidos con que contó el Ejército de la República. Para Julián Zugazagoitia fue el más caracterizado, «el mejor» de los colaboradores de Miaja. Hidalgo de Cisneros expresa su admiración por él con las siguientes palabras: «En aquellos días [se refiere a los primeros del levantamiento en Madrid] me di cuenta de su gran valor como jefe militar, de su sangre fría en situaciones gravísimas y de su plena lealtad a la causa de la Re-pública. Es decir, me produjo una impresión francamente buena. Más tarde, por los puestos que ocupábamos, tuvimos que colaborar constantemente (él era oficialmente jefe del Estado Mayor, pero en realidad, hasta el fin de la guerra, fue el verdadero jefe del Ejército), y puedo asegurar que cuanto más le iba conociendo, más me gustaba como persona y como militar.» Escritor, profesor de táctica, director de una revista militar y autor de varios tratados sobre materias relativas a su especialidad, Rojo sobresale por su capacidad organizadora. Medita la orden que tiene que dar y la da con precisión y energía. Para Miaja, que sigue a pies juntillas sus disposiciones, es uno de los «sabios», de los que «lo saben todo y nunca se equivocan». Lo dice con cierta socarronería, propia de su carácter, pero lo cree. Según Ramón Salas, que no parece demostrar excesiva simpatía por él, Rojo es un temperamento vacilante y desconfiado. Lo que no se le puede negar es la gallardía. En el verano del 36, en Lozoyuela, le dice de pronto al comunista Castro Delgado, responsable del Quinto Regimiento: «Yo soy católico, apostólico y romano.» El otro debió de mirarle perplejo, y Rojo se explicó: «Pero estoy a las órdenes de un Gobierno legítimamente constituido, aunque no esté de acuerdo con él, ¡aunque esté contra él desde el punto de vista católico y político!» Castro Delgado exclamó: «¡Usted debería estar con ellos!» Y Rojo se encogió de hombros: «Pero estoy con ustedes.» Castro comprende en seguida el valor que representa para los comunistas contar con un jefe de Estado Mayor católico practicante, de cara a la galería, aunque no consiguió que le confiase, al menos, su republicanismo. Mientras combate al frente de una columna en Somosierra, la milicianada saquea la casa de Rojo en Toledo, ciudad en la que se ha hecho fuerte Moscardó en el histórico edificio del Alcázar. Rojo parlamenta con el coronel Moscardó y sus antiguos compañeros de armas. Invitado por éstos, se niega a unirse a los defensores. Accede, sin embargo, a la petición de enviarles un sacerdote, y se designa para ello al canónigo Enrique Vázquez Camarasa, de la catedral de Madrid. En noviembre, cuando el Gobierno de la República se traslada a Valencia, es nombrado jefe de Estado Mayor de Miaja, el general bonachón que sabe rodearse de excelentes colaboradores. Cuenta para la defensa de la ciudad con 13.700 hombres en primera línea y unos 10.000 más en reserva; el enemigo dispone de más de 30.000 atacantes. Es un momento de tensión, de angustia. Corre el rumor de que el bastión defensivo del extrarradio está a punto de caer de un momento a otro. Incluso se da la fecha exacta de la ocupación. Pero en la noche del 7 de noviembre cae en poder de Rojo un detallado plan de campaña para el día siguiente, al ser apresado un oficial que lo llevaba consigo. El enemigo se in-filtraría en la capital atacando por la Casa de Campo y progresando por el Manzanares, hasta ocupar una base o cabeza de puente entre el Cuartel de la Montaña y la Cárcel Modelo. El documento encontrado en poder de este oficial nacionalista impedirá que caiga Madrid. Se refuerza el sector el día 8, al tiempo que desfilan por las calles de la ciudad sitiada los primeros contingentes de las Brigadas Internacionales, al mando de Kléber. Rojo urge a este general para que con la brigada XI entre en fuego la noche del 8 al 9. Se resiste éste alegando que no ha recibido órdenes del Ministerio de Defensa, pero accede llegadas éstas. Los choques entre Rojo y el general soviético no han hecho más que empezar. Esa noche a la que acabamos de referirnos Madrid es un infierno. Las unidades que entran en combate se desgastan rápidamente a causa de la violencia e intensidad de los mismos. Pero los rebeldes no consiguen entrar. El 26 de noviembre, quizá celoso por la popularidad alcanzada por Kléber al frente de los internacionales, en quienes muchos madrileños ven a los salvadores de la capital deslumbrados por la propaganda comunista, Rojo eleva a Miaja abundantes quejas contra el general soviético, que parece despreciarle olímpicamente. Finalmente Kléber es alejado de allí y retirado del mando hasta bien entrado 1937, en que se hará cargo de la XII brigada internacional a la muerte de su jefe, Lukács. Ha transcurrido menos de un mes desde que se iniciaran los ataques frontales a Madrid, cuando, el 19 de noviembre, Miaja, su defensor, y a la sombra de éste su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel Rojo, anuncian a la prensa la buena nueva: la capital de España se ha salvado. De momento, es inexpugnable. Pero la batalla de Madrid no ha hecho más que empezar. Ahora se trata de alejar el frente e intentar la ruptura del cerco. Rojo monta la operación Brunete, para lo cual busca el asesoramiento de los soviéticos —concretamente le hace el ruego a Rodion Malinovski— de mayor prestigio. Se trata, además, de obligar al enemigo a distraer fuerzas del Norte, demorando el avance sobre Santander, ya que Bilbao ha caído el 19 de junio. El infierno de Brunete, donde bajo el sol y el fuego arden la tierra y los hombres, se prolongará desde el 6 al 25 de julio. Como batalla, quedará en tablas, aunque desde el punto de vista estratégico constituya un fracaso: Santander cae el 20 de agosto. Belchite es una batalla de características muy parecidas a la de Brunete, de idénticos resultados, con los mismos fallos. El principal, quizá un fallo de la táctica de Rojo, al que habría que añadir la debilidad de Miaja, que se niega a distraer los hombres que tiene empeñados en la defensa de Madrid. Prieto se queja ante Azaña de que en Belchite se han cometido los mismos errores que en Brunete «a cargo de la misma gente». Líster le echa toda la culpa del fracaso a Rojo, si bien solapadamente, por agotar las reservas en el ataque a Belchite y no intentar la penetración por la franja de más de treinta kilómetros que separan este pueblo de Codo, mal defendida por el enemigo. Desde el punto de vista táctico, las operaciones de Aragón tienen «un atractivo extraordinario» para Vicente Rojo: la conquista de Zaragoza o, en su defecto, su amenaza constante. Estratégicamente se trataría de frenar el avance de los nacionalistas en el Norte. Los combates son de los más sangrientos de la guerra y la batalla constituye un fracaso, al decir del propio Rojo, ya que no consigue el objetivo principal, Zaragoza, y el mismo día de la conquista de Belchite por los republicanos los nacionalistas conquistan Santander. El 20 de marzo de 1937 Rojo asciende a coronel, tras el desastre sufrido por los italianos del CTV en Guadalajara. El 21 de octubre termina la campaña del Norte con la caída de Gijón. El mismo mes asciende a general (B. O. 254, del 22 de octubre de 1937). Después de la conquista de Teruel por los republicanos y de su pérdida, y tras la imparable ofensiva sobre Aragón a cargo de las tropas de Franco, sólo queda el último acto, la última gran batalla librada por Rojo: la del Ebro. En esta ocasión hay que evitar que caiga Valencia, que se salva en efecto, si bien a costa de las mejores unidades del Ejército del Ebro. Para entonces, las tropas de Alonso Vega han salido al Mediterráneo por Vinaroz (15 de abril de 1939) y dos meses justos después ha caído Castellón. Rojo concibe una operación que es pura artesanía en la táctica militar: una ofensiva en el Ebro, entre Mequinenza y Cherta, con fuerzas del general Hernández Saravia bajo el mando del jefe de la Agrupación del Ebro, Modesto. «La difícil maniobra a que nos habíamos aventurado —dice Rojo— tuvo una preparación minuciosa [...] Tenía la mira ambiciosa de alcanzar Gandesa, Batea, Valderrobles..., buscando una salida ofensiva al Ejército de Cataluña hacia el Sur, y ligar sus operaciones al Ejército de Levante; propósitos que la realidad de nuestras posibilidades iría restringiendo hasta conformarse en alcanzar el primer objetivo... y el cual había de lograrse del siguiente modo:
Por
aquellas fechas Rojo ya ha ascendido a general. Ha ganado la Placa
Laureada de Madrid después del doble desastre, para uno y otro bando, de
Teruel. Se lleva bien con los comunistas y con los republicanos, a pesar
de que ambos saben, lo mismo que los anarcosindicalistas, que tiene
sobre su mesa de noche un crucifijo. Su prestigio, y el de Miaja, no
tiene límites. Se le permite intentar la gran aventura del Ebro, que
pudo haber cambiado la suerte de la guerra. Y el 25 de julio de
madrugada el XV Cuerpo de ejército, al mando de Manuel Tagüeña, cruza el
Ebro. La operación, planeada minuciosamente por Modesto, es impecable,
como lo sería la retirada, a cargo de Tagüeña, cuando las vanguardias
nacionalistas cruzan de nuevo el río por Flix y Ribarroja y finaliza la
batalla más sangrienta de la guerra de España, que costó más de treinta
mil hombres y acabó con el ejército más poderoso de la República. Rojo
ha salvado Valencia, pero ha decidido la suerte de Cataluña y de la
guerra. 64. V. Rojo, España heroica, Fidel, Barcelona, 1975. El 26 de
enero de 1939, Azaña y el jefe de Gobierno, Negrín; se entrevistan con
Rojo en el castillo de Perelada. El informe que da el jefe del Estado
Mayor no puede ser más objetivo y, en consecuencia, más pesimista: la
guerra se ha perdido irremisiblemente. Aunque la zona Centro se
conserva, no existen posibilidades de defensa, privada como está la
República de industria pesada, de alimentos, de material bélico, de
hombres, de ilusiones... Rojo sugiere a Negrín la rendición para ahorrar
vi-das humanas. Negrín se niega por varias razones. Sin embargo, cuando
el general visita a Azaña en la Embajada de España en París, afirma todo
lo contrario: la guerra debe continuar, puesto que en el Centro existen
posibilidades todavía. Azaña dimite sin atender a razones. Rojo se
indigna y se dispone a incorporarse a su puesto en Madrid. Todo parece
dispuesto en París para emprender el viaje a España, y de repente decide
quedar-se, posiblemente al conocer la sublevación que prepara Casado. |
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Manuel Romerales Quintero. General de Brigada de Infantería y jefe de la Circunscripción Oriental de Marruecos. En marzo de 1936 cesó en el cargo de Jefe de la Comandancia Militar de Navarra, en el que lo sustituyó el general Mola. Por orden de Azaña fue llevado a aquel cargo, en el que procuró mantener disciplina y contacto con una oficialidad rebelde. En la tarde del 17 de julio, el general Romerales era detenido en Melilla y poco después juzgado por Consejo de guerra y fusilado. |
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Luis Romero Basart. Teniente coronel de Infantería, jefe del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache 4. Escapó a la zona francesa. Actuó con los republicanos. Al terminar la Guerra se expatrió. En 1942 regresó a España, fue condenado a 12 años de prisión.
Reseña de Cristóbal Zaragoza Nació en Cuba, donde el padre, procedente de tropa, era teniente de la Guardia Civil. Africanista, jefe de Regulares en Larache antes de pasar al cuerpo de Aviación, fue un hombre de profundas convicciones anarquistas y aficionado al periodismo y la literatura. El 18 de julio estaba destinado en Ceuta y se opuso a los sublevados escapando al Marruecos francés, desde donde se trasladó a la península. En Madrid, debido a sus conocimientos teóricos, se le destina a la oficina de mando de Aviación. Ya ascendido a coronel, pasa a desempeñar el cargo de comandante militar de Málaga, pero al parecer choca con los mandos militares. Es trasladado de nuevo a la jefatura de operaciones aéreas de Madrid, de la que toma posesión a primeros de diciembre de1936. Inmediatamente inicia una labor asidua en la prensa: artículos revolucionarios de un contenido anarquista a veces bastante personal. En julio de 1937 Prieto lo expulsa del Ejército (D. del 12 de agosto), acusado de abandonar su puesto en el frente de Madrid. Se traslada a Barcelona, donde actúa como asesor militar de las milicias de la CNT. Al final de la guerra se exilia a Francia. Vuelve a España en 1943 y es condenado a cadena perpetua por un tribunal militar. Su hermano Pedro fue segundo jefe del Alcázar de Toledo. A él se debe en buena parte la leyenda del Alcázar. |
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Carlos Romero Jiménez Se había retirado del ejército, pero reingresó al estallar la guerra, mandando un sector de Madrid con la 4 Brigada. Posteriormente mandó la 6 División y el II Cuerpo. En el Ejército de Levante estuvo al mando del XIII Cuerpo y actuó de gobernador militar de Barcelona durante breve tiempo antes de su caída en 1939. Reseña de Cristóbal Zaragoza: Este viejo y prestigioso jefe, de quien dice Ramón Salas que fue «el héroe máximo de la defensa de Madrid», no obtuvo distinción alguna y permaneció siempre en la penumbra. Procedía del voluntariado militar, cuerpo de suboficiales. Ingresó en el Ejército en 1908 —había nacido en 1894— y se retiró en los años de la Dictadura con el grado de teniente de Infantería. El 19 de julio reingresó voluntario y fue ascendido a comandante. Su valerosa conducta al frente de una columna en los duros ataques del puente de los Franceses le valió el ascenso, personalmente por Miaja, a teniente coronel. Sucedía esto el 15 de noviembre de 1936, a los cinco meses de haber empezado la guerra, pero este ascenso no sería una realidad hasta abril de 1938, cuando mandaba ya un Cuerpo de ejército. El teatro de sus heroicidades fue el Madrid sitiado, en las zonas periféricas, donde actuó con un batallón de la 4 brigada mixta a veces de forma suicida. Llegó al mando de esta brigada, que operó más tarde en el sector centro-derecha a las órdenes del coronel Álvarez Coque. En mayo de 1937 se le dio el mando de la VI división. Dos meses más tarde Modesto le pone al frente del II Cuerpo de ejército. Poco después es nombrado comandante militar de Madrid. Actuó brillantemente en Brunete con este Cuerpo de ejército, formado por dos divisiones al mando de Bueno y Gallo. Se mantuvo al frente de esta gran unidad, dependiente del Ejército del Centro, hasta julio del 38, aunque reforzado con cinco divisiones. En su carrera ascendente, reclamando siempre los puestos de mayor peligro, fue jefe del XIII Cuerpo de ejército desde julio de 1938 en que fue creado. En los últimos meses de la guerra se pierde su rastro. |