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Gabriela Abad Miró.
Nacida en Alcoi, en 1913; fallecida en
México (D.F.) en 1.941. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Madrid.
Dirigente de las Juventudes Comunistas del PCE y de las Juventudes Socialistas Unificadas
(JSU). Militante del PCE, responsable de política de acción social del Comité de
Madrid. Responsable de Acción Social del Vº Regimiento (1.936-1.937). Responsable de Acción Social del
Socorro Rojo Internacional en Madrid (1.938-1.939). Secretaria del Comité del campo de Internamiento de Chateaubriad
(Francia) en 1.939. Amiga y colaboradora de Tina Monotti, responsable en España del Socorro Rojo
Internacional y compañera de Vittorio Vidali (Comandante Carlos Contreras,
comisario político del 5º Regimiento) En 1939 se exilió a México, donde
murió de septicemia dos años después.
 Fuente: Familia Abad Miró. Alcoi (País Valencià)
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Diego Abad de Santillán. (Sinesio García
Delgado)
Destacado dirigente
anarcosindicalista, nacido en un pueblo de León, de donde, en su niñez,
emigró con su familia la República Argentina. En 1913 regresó solo a
España para estudiar el bachillerato, que cursó en dos años y medio,
matriculándose después en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid.
Cuatro años después, y con el fin de eludir el servicio militar, volvió
a emigrar a Argentina, donde ingresó como redactor en el periódico
anarquista La Protesta. En 1922 se trasladó a Berlín como corresponsal
de dicha publicación, contrayendo matrimonio con la hija de Fritz Katar,
uno de los líderes más cualificados del movimiento ácrata alemán. Poco
tiempo después retornó a Argentina, viéndose obligado a buscar refugio
en Uruguay por haberse opuesto al golpe de estado del general José Félix
Uriburu. En 1931 volvió de nuevo a España, y tomó parte en el congreso
extraordinario de la CNT que se celebró en Madrid. Tres años más tarde
se instaló en Barcelona, donde trabajó como redactor del diario
Solidaridad Obrera, dirigió el semanario Tierra y Libertad, fundó la
revista Tiempos Nuevos y trabó estrecha amistad con los hombres más
representativos del anarquismo: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y
Juan García Oliver. En la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hallaba
en Barcelona, y se presentó, junto con otros dirigentes de la misma
ideología, a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña,
demandando la inmediata entrega de armas para los voluntarios
anarquistas. Pocos días después, y en representación de la FAI, formó
parte del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, verdadero y
único gobierno de Barcelona durante los primeros días de la guerra
civil. Designado consejero de Economía de la citada Generalidad,
patrocinó y financió el Batallón de la «Muerte» y convenció al citado
Durruti para que no asaltase el Banco de España, de Barcelona, operación
que este último tenía proyectada. Durante los sucesos acaecidos en dicha
ciudad en mayo de 1937 volcó todo su prestigio y prestó una eficaz
colaboración al restablecimiento de la normalidad, lo cual le obligó a
renunciar a algunos de sus ideales y deseos. Poco a poco fue
distanciándose de la política, limitando su quehacer a la dirección de
la revista Timón, desde la cual criticó duramente la actuación del
Gobierno. Al finalizar la campaña de Cataluña (enero de 1939) se exilió
a Francia y, posteriormente, a Buenos Aires. Regresó a España en 1976.
Autor, entre otras obras, de Psicología del pueblo español, La
revolución y la guerra de España (publicada en Barcelona en plena guerra
civil), Por qué perdimos la guerra (llevada al cine en colaboración con
Luis Galindo), Contribución a la historia del movimiento obrero español,
De Alfonso XII a Franco y Memorias 1897-1936 (Ed. Planeta, Barcelona,
1977). Fue, además, el compilador de la Gran Enciclopedia Argentina
(obra compuesta en ocho tomos).
Fuente: Manuel Rubio
Cabeza (Diccionario de la GCe)
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José Adarraga Larburu.
(1881-1936) Sacerdote guipuzcoano
destinado en Hernani que al estallar la guerra civil prestó apoyo al
gobierno autónomo del País Vasco. Hecho prisionero por los rebeldes
y conducido a Ondarreta (San Sebastián) fue juzgado por un consejo de
guerra, el cual le condenó a muerte y ordenó su ejecución.

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Ángel Agirretxe Goikoetxea
Nacionalista
vasco, fue director de la revista Jagi-jagi del movimiento mendigoxale
(montañeros), que eran la expresión social del nacionalismo
independentista escindido del PNV. Fue el primer comandante del batallón
“Lenago il” (Antes morir), y durante la II Guerra Mundial comandante
médico de las Fuerzas de la Francia Libre. En la foto es el de la
derecha, el de la izquierda es Luis Arana, hermano de Sabino y fundador
del PNV, y el del centro Lezo de Urreiztiteta.
Pulse en imagen para ampliar
Fuente: Felipe Peña
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Juan María Aguilar Calvo.
(1889-1948) Catedrático de
Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, elegido en 1936
diputado a Cortes por dicha ciudad (Izquierda Republicana). Durante la
guerra civil prestó apoyo a la causa gubernamental, exiliándose a Panamá
al finalizar la contienda, donde fue profesor de la Universidad Nacional
y en cuyo país residió hasta su fallecimiento.
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José Antonio Aguirre Lecube.
(1904-1960).
Abogado —experto en temas municipales—, empresario y jugador de fútbol
del Athletic de Bilbao. «Joven, elegante, amable: por su aspecto parece
un artista, pero su especialidad es la producción de chocolate», lo
describe Koltsov, en su
Diario de la guerra de España, aludiendo, sin duda, a los negocios a que
se dedicaba su
acomodada familia, vinculada al carlismo por tradición. Organizador y
presidente de las
Juventudes Católicas bilbaínas, hizo suyo el lema «Dios y la Ley Vieja».
Al advenir la República se convirtió en el máximo exponente del
nacionalismo vasco, que él mismo definió como una agrupación de
«católicos viriles e íntegros»; hizo causa común con los carlistas y
formó en las filas de la oposición al Gobierno en el bloque vasconavarro.
Sin embargo, con el tiempo fue rompiendo con sus antecedentes pro
monárquicos hasta convertirse en un decidido partidario de una república
vasca dentro de una federación de repúblicas españolas. Promotor, con
otros de sus correligionarios, de la asamblea de Estella, celebrada el
14 de junio de 1931, en la que se aprobó un proyecto de Estatuto que,
según Indalecio Prieto, constituía un intento de convertir el País Vasco
en un «Gibraltar vaticanista». Diputado en las Cortes constituyentes por
Navarra, en representación del Partido Vasconavarro; reelegido en 1933 y
1936 por la provincia de Vizcaya (Partido Nacionalista Vasco). En 1933,
tras el triunfo electoral de las derechas y ante el temor de que la
aprobación del Estatuto se estancara, buscó apoyo en las izquierdas, lo
cual justifica, en gran parte, su alineación posterior. Fracasada la
sublevación militar en Vizcaya y en Guipúzcoa en julio de 1936, se
prestó a colaborar con el Gobierno formado por Largo Caballero —en el
que figuró un representante del nacionalismo vasco— a cambio de
que el Estatuto autonómico se convirtiera en una realidad.
Efectivamente, por ley de 1.0 de octubre de 1936, promulgada el día 4
del mismo mes y año, «Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituían en
región autónoma dentro del Estado Español, adoptando la denominación de
País Vasco». El 7 de octubre, antes de que la Gaceta de Madrid publicara
el Estatuto, Aguirre era elegido presidente del Gobierno provisional del
nuevo país autónomo. Poco tiempo después, y ante los continuos
descalabros sufridos por las tropas republicanas en el frente del Norte,
puso especial empeño en organizar un ejército propiamente vasco, del que
se nombró jefe supremo —de ahí el apodo que le dieron de Napoleontxu—, a
pesar de lo cual no consiguió mejorar la situación. De igual modo
procedió respecto a la Marina, creando una Armada de emergencia,
consistente en artillar cuatro grandes barcos bacaladeros, los cuales
sucumbirían en el primer encuentro que tuvieron con el Canarias, a la
salida de la ría de Bilbao. «Hablar del Ejército del Norte —escribe
Dolores Ibárruri en El único camino— era un eufemismo. Había las
milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco,
que en general actuaban cada una con sus propios mandos... No se
toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque
la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la
catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la
República...» «Todas las cuestiones vinculadas con la guerra —pone
Dolores Ibárruri en boca de José Antonio Aguirre—, relativas a la
utilización de los efectivos humanos y de los recursos materiales en el
territorio de Euzkadi, a excepción de la dirección de las operaciones
militares, son competencia directa del Gobierno de Euzkadi y de su
ministro de la Guerra.» Tras la caída de Bilbao en manos de los
nacionalistas, Aguirre se retiró a Santander, y ante la gravedad de la
situación, el Gobierno vasco hizo algunas gestiones oficiosas para
llegar a una paz pactada con los nacionalistas, pero ninguna de tales
gestiones dio resultado positivo. Con la pérdida de Santander se
derrumbó definitivamente el frente del Norte. Aguirre escapó
milagrosamente a Francia, y de allí pasó a Barcelona, donde pretendió el
traslado de las tropas vascas al frente catalano-aragonés para, con
ellas, atacar Navarra, pero no consiguió que el Gobierno republicano
prestara atención a su demanda. Al finalizar la guerra en Cataluña se
refugió en Francia. Buscado por la policía alemana cuando los ejércitos
de Hitler ocuparon este último país, consiguió despistarla huyendo a
Berlín. De allí pasó a Estados Unidos, donde es nombrado profesor de
Historia de la Universidad de Columbia. Terminada la segunda guerra
mundial, regresó a Francia, donde se ocupó, hasta su muerte, de la
reorganización del Gobierno vasco en el exilio. Es autor, entre otras
obras, de Entre la libertad y la revolución, 1930-1935 (1935) y De
Guernica a Nueva York pasando por Berlín (1944).
Fuente:
Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe) 
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Artemi Aiguader i Miró
(1889-1946). Político catalán,
afiliado a Esquerra Republicana de Catalunya, que durante la guerra
civil prestó apoyo a la causa republicana. Miembro del Comité de
Milicias Antifascistas de Cataluña, fue más tarde consejero de Seguridad
Interior del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, hasta que, en mayo
de 1937, cesó en dicho cargo como consecuencia de los sucesos acaecidos
en Barcelona en los primeros días de dicho mes. Al término de la
con-tienda se exilió a Francia y, posteriormente, a México, donde
falleció.

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Jaume Aiguader i Miró
(1882-1943). Hermano del anterior.
Político, médico y periodista catalán, afiliado, primeramente, a la Unió
Socialista de Catalunya y, después, a Estat Catalá, que demostró gran
preocupación por los problemas sociales de la época y tuvo estrecha
relación con sindica-listas de cierto renombre, como Salvador Seguí y
Francisco Layret. Perseguido por la dictadura del general Primo de
Rivera, asistió, en representación del citado Estat Catalá, al acto que
en agosto de 1930 culminó con la firma del Pacto de San Sebastián.
Diputado a Cortes por Barcelona en 1931, 1933 y 1936 (Esquerra
Republicana de Catalunya), y alcalde de Barcelona en 1933, al
iniciarse la guerra civil prestó incondicionalmente apoyo al bando
gubernamental, siendo nombrado ministro sin cartera en noviembre de
1936, en un gabinete presidido por Francisco Largo Caballero, y más
tarde, en otros dos presididos por Juan Negrín, ministro de Trabajo y
Asistencia Social, dimitiendo su cargo, en la última ocasión, por no
prestar su conformidad a algunos decretos dictados por el Gobierno que,
en su opinión, recortaban los poderes de la Generalidad de Cataluña.
Poco antes de que acabase la contienda se exilió a Francia y,
posteriormente, a México, donde falleció. Autor, entre otros libros, de
Cataluña y la revolución, publicado en 1932.

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Manuel Albar.
Dirigente socialista miembro de la
comisión Ejecutiva del POSE, que durante la guerra civil trabajó a las
órdenes directas de Indalecio Prieto Tuero, de que era ferviente
admirador, cuando éste desempeñaba la cartera de Defensa, coordinando
una serie de agencias de noticias y sustituyendo en ocasiones a Julián Zugazagoitia en la dirección del periódico El Socialista. |
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Gervasio Albisu Vidaur.
(1871-1936). Coadjutor de la
parroquia de la Asunción de Nuestra Señora en Rentería (Guipúzcoa) que
durante la guerra civil prestó apoyo al Gobierno autónomo del País
Vasco. Hecho prisionero por los nacionalistas a las pocas semanas de
producirse el alzamiento, fue acusado de separatismo, lo cual, al
parecer, fue motivo suficiente para que la autoridad militar ordenase su
inmediato fusilamiento sin previa formación de causa, no obstante la
fama que gozaba de ser un sacerdote ejemplar.
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Álvaro de Albornoz y Liminiana.
(1878-1954).
Abogado asturiano afiliado al partido Republicano Radical, por cuya
organización política fue diputado a Cortes en la monarquía de Alfonso
XIII. Perseguido por sus ideas políticas durante la dictadura del
general Primo de Rivera, en 1929 fundó, junto con Marcelino Domingo, el
Partido Radical Socialista. Autor de algunos libros, entre los que
destaca el ensayo titulado El partido republicano, y colaborador de la
prensa diaria de mayor circulación: La libertad, El liberal, etc. En
agosto de 1930 suscribió, con otros políticos, el llamado Pacto de San
Sebastián; formó parte, a continuación, del comité revolucionario que
preparó el advenimiento de la República, motivo por el cual fue reducido
a prisión en unión de otros firmantes del mencionado pacto. Ministro de
Fomento en los gobiernos provisionales de la República presididos por
Alcalá-Zamora y Manuel Azaña. Más tarde, ministro de Justicia en un
gabinete presidido por el citado Azaña. Presidente del Tribunal de
Garantías Constitucionales. Diputado por Oviedo en las Cortes
constituyentes (Partido Radical Socialista). Reelegido, también por
Oviedo, en las elecciones de 1936 (independiente). El mismo día que
estalló la guerra civil fue nombrado embajador de España en Francia,
donde gestionó, con escaso éxito, la ayuda de este último país al
Gobierno republicano. Al terminar la contienda se exilió a México, donde
falleció. Había presidido uno de los gobiernos republicanos en el exilio
y desarrollado una gran actividad internacional contra el régimen
franquista, formando parte de la Junta Española de Liberación. En 1941
fue condenado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería
y el Comunismo "como convicto de pertenecer a la Secta."

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José
Alcalá-Zamora y Castillo
(1914-1938). Hijo de Niceto
Alcalá-Zamora y Torres —primer presidente de la II República española— y
miembro del Comité Nacional de la FUE. Al estallar la guerra civil se
hallaba en Francia, de regreso de un largo viaje que en unión de sus
padres e hermanos habla realizado por el norte de Europa, de donde se
trasladó inmediatamente a España y se enroló en el ejército republicano,
formando parte del cual tomó parte en las operaciones que tuvieron por
escenario las proximidades de Madrid (Villaverde, Cuesta de las
Perdices, Cerro de los Ángeles, Jarama, etc.) y alcanzando el grado de
teniente en campaña del Ejército Popular de la República, tras pasar por
la academia correspondiente. En marzo de 1937, hallándose en el frente
de Guadalajara como oficial de la 11 División, mandada por Enrique Líster, dirigió una carta pública al citado padre en la que, entre otras
cosas, le decía: Yo soy feliz luchando en las lilas del Ejército
Popular; lo soy porque cumplo con mi deber de español. Todos los que
abandonen España, los que tacita o expresamente acuden a los invasores,
máxime cuando han ocupado puestos tan altos como el de presidente de la
Republica, no tienen derecho en este momento histórico a llamarse
españoles. Hoy mas que nunca, estoy seguro de la victoria del pueblo
español, que no sólo será la victoria de España, sino también la
victoria de la democracia universal.» Un año después falleció en
Valencia, a consecuencia de una enfermedad. |
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Luis
Alcalá-Zamora y Castillo
(1912) Hermano del anterior. Al
estallar la guerra civil se hallaba en Francia, de donde regresó a
España para incorporarse al ejército republicano, en el que, tras una
corta permanencia en el frente de Madrid, fue elegido para asistir a la
Escuela Popular de Guerra de Paterna (Valencia), en la cual se graduó
como teniente en campaña; posteriormente intervino en las operaciones de
Teruel y Cataluña. Finalizada la contienda se refugió en Francia, donde
fue. internado en un campo de concentración. En 1942 consiguió marcharse
a Argentina, donde fijó su residencia. |
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Niceto Alcalá-Zamora y Castillo
(1906-1985). Hijo de Niceto
Alcalá-Zamora y Torres.
Catedrático de Derecho Procesal, al estallar la guerra civil se hallaba
en Francia, donde optó por exiliarse y no participar en la contienda.
Poco tiempo después se trasladó a Argentina y, posteriormente, a México,
en cuya Universidad fue profesor durante muchos años y recibió el
titulo de investigador emérito de dicho centro docente. En 1946, junto
con Alicio Garcitoral y Guillermo Cabanellas suscribió un llamamiento de
concordia a los españoles, propugnando la apertura de un frente que
condujera al establecimiento de la III República española, llamamiento
que tuvo escaso eco en España y fuera de ella. Autor de numerosos
trabajos de carácter jurídico y presidente del Instituto de Derecho
Procesal Iberoamericano. Tras la muerte del general Franco regresó a
España, fijando su residencia en Madrid, donde falleció. |
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Niceto Alcalá-Zamora y Torres.
(1877-1949). Abogado. Miembro,
desde su primera juventud, del Partido Liberal Monárquico. Letrado del
Consejo de Estado. Profesor auxiliar de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Madrid. Durante muchos años, diputado a Cortes por el
distrito de La Carolina (Jaén). "Cacique contumaz", según lo definió
Mella. Llamado, despectivamente, el Botas, por usar habitualmente este
tipo de calzado. Director general de Administración Local. Subsecretario
de Gobernación. Ministro de Fomento. Representante de España en la
Sociedad de Naciones. Ministro de la Guerra. Presidente de la Real
Academia de Jurisprudencia y Legislación v miembro de la Real Academia
Española. Transigió, en un principio, con la dictadura del general Primo
de Rivera, aunque, puco tiempo después de caer ésta, en un discurso
pronunciado en Valencia (abril de 1930) se declaró abiertamente
republicano, suscribiendo el llamado Pacto de San Sebastián en
representación de la Derecha Liberal Republicana, lo que influiría no
poco para que, en abril de 1931, muchos elementos burgueses y
conservadores votasen a favor de la República. A finales de 1930, siendo
presidente del comité que preparaba el advenimiento del nuevo régimen
conocido por el nombre de Comité Revolucionario— fue detenido y
encarcelado, siendo condenado, junto con otros prohombres republicanos,
a seis meses de prisión, aun-que todos los encausados fueron puestos en
libertad en cl momento mismo en que concluyó el juicio. Al proclamarse
la República, en abril de 1931, fue elegido presidente del Gobierno
provisional —Gobierno que asumió todos los poderes del Estado tras la
huida de Alfonso X111—, puesto del que dimitió al discutirse en el
Congreso de los Diputados el articulo 27 de la Constitución, que
prohibía que las órdenes religiosas se dedicasen a la enseñanza,
autorizaba la nacionalización de los bienes de dichas órdenes y acordaba
la disolución de la Compañia de Jesús y la expulsión de sus miembros,
todo lo cual pugnaba con su condición de católico convencido y
practicante. En diciembre del mismo año, dos días después de haberse
aprobado la Constitución —que, en su articulado, recogía todos aquellos
principios que tanto le contrariaron mientras se discutían en el
Parlamento—, fue elegido primer presidente de la II República española,
cargo del que fue depuesto por las Cortes el 7 de abril de 1936, tras
ser acusado de haber rebasado las facultades que la Constitución
confería al jefe del Estado. Al estallar la guerra civil se
hallaba en el extranjero realizando un viaje de recreo en unión de su
familia, y optó por no regresar a España ni apoyar a ninguno de los dos
bandos contendientes, no conociéndosele otra intervención política
durante la contienda que la de demandar a su consuegro, el general
Queipo de Llano, que interviniese en favor del general Batet, condenado
a muerte por los nacionalistas y ejecutado poco tiempo después. Al final
de su citado viaje vivió algún tiempo en París, Pau y Marsella, en cuyo
puerto se embarcó, ya en plena segunda guerra mundial, con rumbo a
Buenos Aires, adonde llegó 236 días después, y en cuya ciudad residió
hasta su fallecimiento. Tras la restauración de la monarquía en la
persona de Juan Carlos I, sus restos mortales fueron trasladados a
España. Durante su estancia en la República Argentina, que se
desenvolvió en un ambiente rayano en la pobreza, desarrolló una callada
labor intelectual, pronunciando conferencias v colaborando en los
periódicos y revistas de mayor circulación de Buenos Aires. Autor de
numerosos libros sobre cuestiones jurídicas y otros diversos temas,
entre los que cabe señalar El Poder en los Estados de la Reconquista,
Los intentos del pacifismo contemporáneo, El Derecho y sus colindancias
en el teatro de D. Juan Ruiz de Alarcón, Reflexiones sobre las Leyes de
Indias, Régimen político de connivencia en España, La oratoria española,
Figuras y rasgos, El pensamiento de «El Quijote» visto por un abogado,
Dudas y ternas gramaticales, La guerra civil ante el Derecho
Internacional, Los protagonistas en la vida y en el arte, etc. Autor,
asimismo, de un libro titulado Memorias (Segundo texto de mis Memorias)
las primeras, según testimonio del propio Alcalá-Zamora, le fueron
sustraídas durante la guerra civil por orden de las autoridades
republicanas (Largo Caballero, Angel Galarza y Santiago Carrillo, entre
otros) de la caja de un banco en el que se hallaban depositadas,
publicadas por Ed. Planeta, S. A., Barcelona, 1977. Miembro de la Real
Academia Española.

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Bruno Alonso González.
(1888-?).
Político socialista —amigo personal de Indalecio Prieto—, elegido
diputado a Cortes por el PSOE en 1931, 1933 y 1936 (Santander). Durante
la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana, siendo designado, a
finales de 1936, Comisario General de la flota, cargo que desempeñó
hasta que finalizó la contienda. A lo largo de su mandato, y a falta de
otros aciertos —era lego en cuestiones navales—, consiguió reimplantar
la disciplina en la Marina republicana, muy relajada desde los primeros
momentos del conflicto. En los últimos días de la citada guerra
desempeñó un importante papel en la decisión unilateral de internar
dicha flota en el puerto de Bizerta (Túnez) dejando sin escapatoria a
miles de cuadros republicanos (aunque las tripulaciones embarcaron sus
familias). A continuación se exilió a México, donde escribió algunos
libros sobre temas de historia española contemporánea: La Flota
republicana en la guerra civil española (Memorias de su comisario
general), Imp. Gratos, México, 1944; El proletariado militante, Casa
Ramírez, México, 1957; Los últimos momentos de la guerra civil de
España, Revista Mundo, México, 1943; etc.
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Plácido Álvarez-Buylla y Lozano.
(?-1938). Diplomático y político
republicano afiliado a Unión Republicana que durante la monarquía de
Alfonso XIII desempeñó diversos puestos en el extranjero. Al proclamarse
la República fue nombrado director general de Marruecos y Colonias,
cesando en dicho cargo tras el triunfo electoral de las derechas, en
1933. Ministro de Industria y Comercio en sendos gabinetes presididos
por Manuel Azaña, Diego Martínez Barrio y José Gira]. Durante la guerra
civil volvió a la carrera diplomática, desempeñando el cargo de
embajador de la República en Uruguay y en Francia. Falleció en París
antes de que concluyese la contienda.
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Santiago Álvarez.
Había nacido en Orense y organizado sindicatos y
participado en actividades de izquierdas antes de cumplir
los veinte años, transcurriendo un breve período en la
URSS. Al principio de la guerra fue comisario de las
Milicias gallegas y más tarde comisario de la 1ª
Brigada, la 11 División y el V Cuerpo, acompañando a Líster,
que estaba al frente de esas unidades. Incluso Castro
Delgado, normalmente hostil, comenta de mala gana a este
respecto: "No era malo cuando Líster no estaba
delante." Cuando el Ejército de Cataluña pasó a
Francia en 1939, se le ordenó permanecer con él para
cuidar de los intereses de los comunistas. Marchó a
Rusia, y después a América latina, regresando a Europa
después de la guerra y fue capturado en España, siendo
condenado a una larga pena de cárcel.


Necrológica publicada en el País de 1 de mayo de 2002 de Santiago Álvarez:
Con Santiago Álvarez, fallecido anteayer en un hospital madrileño a consecuencia de una neumonía, desaparece uno de los grandes luchadores antifascistas del siglo XX europeo. Nacido en San Miguel de Outeiro (Valdeorras, Ourense) el 11 de febrero de 1913, desde muy joven estuvo con todos los intelectuales que vinieron al mundo no sólo para estudiarlo, sino también .para transformarlo.
Con pocos y pobres estudios primarios, Santiago Álvarez, llevado de su curiosidad intelectual, siempre alerta, percibió ya a los 18 años que la República de 1931 era el régimen político más idóneo para luchar contra los privilegios que la Monarquía defendía, y no tardó en percibir -intuición de humillado lúcido- que el socialismo (el socialismo sin adjetivos, salvo los humanistas) era la única música moral concorde con la causa universal del progreso. Ya en el verano de 1936, días después de la gran sublevación reaccionaria, Santiago Álvarez, con la entusiasta colaboración del diputado galleguista Castelao, organiza las Milicias Populares Gallegas, constituidas, en parte, por campesinos gallegos que habían ido a Castilla a segar trigo ajeno. Castelao y Álvarez les hicieron ver, con su oratoria, simple y rigurosa a la vez, que la causa de aquellos humildes segadores era la de la República del Frente
Popular. Estamos convencidos de que, de conservarse aquellas alocuciones, constituirían, como piezas "literarias", un capítulo del discurso universal contra la injusticia.
Santiago Álvarez, campesino y segador en su primera juventud, fue, en la guerra de España, muy joven, un comisario político querido por muchos y respetado por casi todos. Ya en el exilio trabajó por la causa comunista en Francia, Cuba y otros países. En 1945, clandestino en Madrid, cae en las garras de la policía de Franco. No hay hipérbole: aún hoy los calabozos de la Dirección General de Seguridad recuerdan el horror de la tortura infligida a Santiago Álvarez durante tres días y tres noches. No cantó.
Ya en la prisión de Logroño, estuvo aislado en celda -la número 8- de 1946 a 1951, situación inhumana que no le enloqueció ni le rompió, porque, consciente del peligro, se sometió a un régimen severo de lecturas, todas las que eran posibles en el duro sistema penitenciario franquista. Lector de Cervantes y de Homero, de algunas obras de Shakespeare y de todo Fray Luis de León, era un gozo oírlo hablar del Quijote, de Tirso de Molina o de la Historia de España de Rafael Altamira, que fueron sus universidades en la celda número 8 de la prisión de Logroño, y también su salvación..
Santiago Álvarez fue, desde su fundación en 1968, secretario general del Partido Comunista de Galicia. En los últimos 15 años, este luchador, este revolucionario, se dedicó, no a hacer la historia -consciente del paréntesis en que estamos-, sino a escribirla. Ahí están, entre otros estudios y libros, los seis volúmenes de sus memorias (Ediciós do Castro), fundamentales para entender el proceso político español de 1931 a 1980. Páginas hay que fueron escritas por quien no es ajeno al ejercicio literario.
Sus cenizas laicas serán enterradas en Madrid hoy, día 1 de mayo de 2002, en su día.
XESÚS ALONSO MONTERO, catedrático de Lengua y Literatura Gallega.
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Segismundo ("Segis") Álvarez.
Mecánico,
dirigente de las Juventudes Comunistas y alumno de la Escuela Leninista
de Moscú en los años 30. Tras la fundación de las JSU fue elegido
secretario de organización. Organizó el 13 Batallón
"Pasionaria" durante los primeros compases de la guerra civil,
antes de la formación del histórico 5º Regimiento. Posteriormente,
se centró de nuevo en la actividad política: ingresó en el Comité
Central del PCE y ascendió al Secretariado de la Internacional Juvenil
Comunista. Salió de España el 24 de marzo de 1939, en la última
expedición aérea, encabezada por Jesús Hernández, que abandonó el
país con destino a Argelia. Tras un breve internamiento en un campo de
refugiados, marchó a la URSS, donde siguió con las tareas de enlace
entre las JSU y la IJC, colaborando en las emisiones de Radio España
Libre y supervisando las condiciones de vida de las colonias infantiles
españolas. Se alineó junto a Jesús Hernández en la lucha por la
secretaría general del PCE tras la muerte de José Díaz. Ello le valió
la caída en desgracia ante Dolores Ibárruri, la posterior marginación
del trabajo político -quedó relegado a la función de mero
bibliotecario de la Komintern- y su definitiva depuración en 1947.
Depuesto de todas sus responsabilidades partidarias, fue enviado a
trabajar a las cadenas de montaje de la fábrica de automóviles "Stalin",
de Moscú. Retornó a España con su familia en 1971
Fuente: Fernando
Hernández
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Basilio Álvarez Rodríguez
(1877-1943). Sacerdote, abogado y
periodista gallego que se acreditó como un acendrado defensor del
campesinado de su tierra natal, del que se convirtió en uno de sus más
cualificados líderes. Fundador del diario La Zarpa de Orense y del grupo
político de tendencia pro socialista Acción Gallega, que propugnaba la
desaparición de los foros —contrato muy frecuente en Galicia en virtud
del cual una persona cede a otra, ordinariamente por tres generaciones,
el dominio útil de una cosa mediante cierto canon o pensión— y del
caciquismo, la fundación de bancos y cajas de ahorros que atendieran las
necesidades económicas de las gentes del campo, etc. Al advenir la
República fue elegido diputado por Orense en representación del Partido
Radical, siendo reelegido por los mismos partido y distrito en 1933. El
18 de julio de 1936, aunque de hecho no militaba en ninguna organización
política, se puso a disposición del Gobierno republicano («lo mismo
sirvo para barrendero que para gobernador de Galicia>›, dijo en aquella
ocasión). Escribió una serie de artículos, publicados en la prensa
argentina, cubana y estadounidense, contra los militares sublevados y en
apoyo de la legalidad republicana. Murió en el exilio, en el hospital
del Centro Español de Tampa (Florida).
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Julio Álvarez del Vayo.
(1891-1975).
Político socialista que desarrolló una intensa actividad como
periodista, escritor y diplomático. Hombre de sólida formación
humanística —estudió en la London School of Economics y en la
Universidad de Leipzig, y trabajó como traductor en EE. UU.—, fue
colaborador de los más prestigiosos periódicos españoles de la época y
corresponsal de prensa en diversos países europeos y americanos, lo que
le brindó la oportunidad de conocer a gentes de especial significación
en los campos intelectual y político: Rosa Luxemburg, Liebkneckt, Lenin,
etc. Tras varios viajes a la URSS, contó sus experiencias en una serie
de libros que despertaron gran interés: La nueva Rusia, La senda roja,
Rusia, a los doce años, etc., en los que expuso con todo detalle los
logros alcanzados por el comunismo ruso en lo que respecta a la
investigación científica, las artes, el teatro, el cine, etc., sin
eludir un amargo comentario sobre el «innecesario rigor de la represión»
. La actividad política de Álvarez del Vayo está enmarcada por completo
en el PSOE, aunque Largo Caballero —de quien Álvarez del Vayo se
manifestó siempre leal seguidor— dijera de él, en un libro publicado en
México en 1954, que «se titulaba socialista, pero se hallaba
incondicionalmente al servicio del Partido Comunista,,, extremo éste que
apuntan también algunos historiadores. Participó en los preparativos de
la proclamación de la República y, al advenimiento de ésta, fue nombrado
embajador en México, estando, además, a punto de serlo en la URSS, de
cuyo Gobierno ya había recibido el placet, aunque luego se malograran
las conversaciones para fa apertura, por primera vez, de relaciones
diplomáticas entre la República Española y la URSS. Diputado a Cortes en
1933 y en 1936 en representación del Partido Socialista por Madrid,
capital, y Madrid, provincia, respectivamente. Vicepresidente de la
Asociación Socialista madrileña. Patrocinador de la fusión de las
juventudes socialistas con las comunistas, lo que dio lugar al
nacimiento de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), de clara
tendencia comunista, propugnando, además, la creación de milicias
populares convenientemente armadas. En vísperas de estallar la guerra
civil acompañó a Largo Caballero a Londres, formando parte de la
delegación de la UGT que asistió a un congreso sindical internacional.
Tras el alzamiento militar, fue nombrado ministro de Estado en el
gabinete presidido por Largo Caballero, cargo que desempeñó del 5 de
septiembre al 5 de noviembre de 1936, y desde esta última fecha, hasta
el 18 de mayo de 1937, representando a España ante la Sociedad de
Naciones en Ginebra, ante cuya asamblea pronunció una serie de discursos
acusando al Comité de No Intervención de poner a la España republicana
en igualdad de condiciones que a los rebeldes —lo que calificó de
«monstruosidad jurídica,— y denunciando reiteradas veces la ayuda que
Italia y Alemania prestaban a los alzados, pidiendo, además, que se
condenara a estos países por haber reconocido el Gobierno nacionalista.
Nombrado, asimismo, comisario general de Guerra —cargo que simultaneó
con la cartera de Estado— participó, como miembro nato, en el Consejo
Superior de Guerra, lo que le obligó a protagonizar gran parte de los
acontecimientos de la época. Simpatizante, cada vez más, de los
comunistas, se solidarizó con éstos en cuantas crisis se presentaron a
lo largo de la guerra. Desde el 5 de mayo de 1938 hasta el final de la
guerra, volvió a desempeñar el Ministerio de Estado, en el segundo
gabinete presidido por Negrín, compartiendo con éste la idea de
prolongar la guerra hasta que se produjera un conflicto bélico de
dimensiones internacionales o, como última esperanza, hasta que pudiese
garantizarse una paz sin represalias. Ante la inminente caída de
Cataluña en manos de las tropas de Franco, organizó la salida de España
de la mayor parte de las obras pertenecientes al Museo del Prado de
Madrid, que se hallaban en Figueras, trasladándolas a Ginebra (Suiza),
donde quedaron depositadas bajo la custodia del secretario general de la
Sociedad de Naciones. En los últimos días de la guerra trató, junto con
Negrín, de llegar a un entendimiento con los nacionalistas, valiéndose
de los buenos oficios de los embajadores británico y francés, pero la
operación no tuvo éxito, como tampoco lo tuvo el viaje que hizo de
Madrid a París con el propósito de convencer a Azaña, todavía presidente
de la República, de que regresara a Madrid, para hacer frente a los
últimos acontecimientos. Tras el golpe de estado del coronel Segismundo
Casado abandonó España y fijó su residencia en el extranjero, donde
permaneció hasta su fallecimiento. En 1974 fue nombrado presidente del
Frente Revolucionario Antifascista Patriótico (FRAP). Autor, entre otros
libros políticos, de La senda roja, Las batallas de la libertad y El
último optimista. los dos últimos de carácter autobiográfico, publicados
en inglés.

Fuente: Manuel Rubio
Cabeza (Diccionario de la GCe) |
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Juan Ambou
(1909). Obrero ferroviario, nacido
en Lérida, y presidente del sindicato ferroviario de Oviedo, que durante
la revolución de Asturias de octubre de 1934 se reveló como uno de los
líderes comunistas más cualificados; formó parte, posteriormente, de la
delegación española que asistió al VII Congreso de la Internacional
comunista y de la Internacional juvenil de dicho partido. Durante la
guerra civil se alineó en el bando republicano; asumió la dirección de
la Consejería de Guerra del Comité del Frente Popular de Asturias y, más
tarde, la de Instrucción Pública del Consejo Interprovincial de Asturias
y León. Tras el derrumbamiento del frente republicano del norte de
España, consiguió huir de esta zona y reincorporarse a la España
gubernamental, donde fue nombrado miembro de la comisión
político-militar del Comité Central del Partido Comunista, cargo que
desempeñó el resto de la contienda. Al finalizar ésta se exilió a
Francia y, algún tiempo después, a Hispanoamérica. Regresó a España años
después, y fijó su residencia en Oviedo. Autor de un libro titulado Los
comunistas en la resistencia nacional republicana (Ed. Hispamerca,
Madrid, 1978), con el que se aportan numerosos e interesantes datos
sobre las campañas del País Vasco, Santander y Asturias.
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Juan Andrade.
Militante del Partido Obrero de Unificación Marxista, detenido, después de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona y juzgado. Su detención se produjo el 22 de junio de 1937 y en octubre de 1938 se celebró la vista de la causa.
Más información:
http://bteysses.free.fr/espagne/ANDRADE.HTM
 
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Daniel Anguiano Mangado.
Presidente
de la Federación de ferroviarios de UGT. Se exilió a Francia.
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Mariano Ansó Zungarren
(1899-1981). Abogado y
político navarro que defendió ante los tribunales de Justicia a los
líderes anarquistas Juan García Oliver y Aurelio Fernández —que durante
la guerra civil desempeñarían, respectivamente, la cartera de Justicia y
la jefatura de los servicios de Orden Público de la Generalidad de
Cataluña—, acusados de haber intentado asaltar el Banco Hispano
Americano de Pamplona. Alcalde de la citada ciudad al proclamarse la
República y diputado a Cortes por Navarra en 1931 (Acción Republicana) y
por Guipúzcoa en 1936 (Izquierda Republicana). Al estallar la guerra
civil permaneció fiel al Gobierno legalmente constituido, desempeñando
la subsecretaría de Justicia y, posteriormente, dicha cartera
ministerial en sendos gabinetes presididos por Juan Negrín. Al finalizar
la contienda se estableció en Francia y en Suiza, donde permaneció
durante muchos años. Según sus propias palabras, «después de largos años
de exilio, en diciembre de 1956 tuve el honor de poner en manos del
Gobierno del general Franco toda la documentación relativa al depósito
de oro español en Rusia». Poco tiempo después fijó su residencia en
España, donde permaneció hasta su fallecimiento. Autor, entre otros
trabajos, del libro titulado Yo fui ministro de Negrín (Ed. Planeta,
Barcelona, 1976).
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Francisco Antón.
Militante
comunista, de cuyo partido fue secretario del Comité Provincial de
Madrid, que durante los primeros meses de la guerra civil tuvo una
destacada actuación política a través del 5º Regimiento, participando
en numerosos actos de propaganda organizados por dicha unidad. Protegido
por Dolores Ibárruri —con la cual, al parecer, sostenía relaciones
sentimentales—, se negó a ir al frente cuando por su edad fue llamado
afilas, lo que desató las iras de Indalecio Prieto, a la sazón ministro
de Defensa, que lo destituyó del cargo que venia ejerciendo de
comisario-inspector del frente del centro, no obstante lo cual siguió
desempeñando dicho puesto. Al concluir la contienda se exilió a la URSS,
donde, junto con otros prohombres comunistas, prosiguió su lucha contra
el franquismo, siendo uno de los organizadores y realizadores de la
emisora Radio España Independiente, Radio Pirenaica.

Nota:
Francisco Antón adquirió notoriedad cuando Prieto le ordenó
incorporarse con su quinta a un destino anodino. Antón que ya era
comisario de brigada, aunque en puridad atendía otras tareas del PCE,
recibió el apoyo de Dolores Ibarruri y por ende del poderoso PCE. La Ibarruri, con quien Antón mantenía discretas relaciones sentimentales,
se tomó el acto de Prieto como una ofensa personal. Prieto perdió este
conflicto.
Terminada la guerra, Antón emigró a la URSS y rompió con Dolores
solicitando visado para Francia donde quería casarse con su novia. La
Ibarruri se lo puso muy difícil y Antón estuvo a punto de perder la
vida, convirtiéndose además en un marginado político. Antón era un
"guapo" y también un trepa, pero no se merecía tan mal
trato.
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David Antona.
Albañil de profesión y líder
cenetista, de cuya organización era secretario general del Comité
Nacional, que al estallar la guerra civil se hallaba preso en la cárcel
Modelo de Madrid por su intervención en numerosos conflictos sociales de
la época, y que el 20 de julio de 1936 fue puesto en libertad por orden
del ministro de la Gobernación, general Sebastián Pozas, incorporándose
acto seguido a las milicias republicanas. Tuvo una destacadísima
actuación en la sofocación del alzamiento militar en Alcalá de Henares y
en Guadalajara. |
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Graciano Antuña.
Diputado socialista por Asturias; el 18 de julio intentó que el coronel Aranda
entregara armas a los mineros. Su actuación fue intensa durante los primeros
días de la Guerra.

Nota: Parece que fue fusilado por Aranda. (Zugazagoitia
GR08, Pág. 53)
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|
Luis Araquistaín y Quevedo.
(1886-1959). Escritor —periodista, ensayista, novelista y dramaturgo— y
político socialista que evolucionó de la social-democracia a un
socialismo moderado, pasando por el revolucionarismo pro soviético y el
anticomunismo. Cuñado de Julio Álvarez del Vayo, fue consejero
intelectual de Francisco Largo Caballero y subsecretario de Trabajo
cuando este último desempeñó dicha cartera al proclamarse la República.
Elegido diputado por el Partido Socialista en las Cortes Constituyentes
(Bilbao), salió reelegido por el mismo partido (Madrid, capital) en las
de 1933 y 1936. Miembro de la Diputación Permanente de las Cortes en
esta última legislatura y concejal del ayuntamiento de Madrid. Director
del periódico Claridad, órgano de las juventudes caballeristas,
publicación siempre en pugna con El Socialista, diario del ala prietista
del PSOE. Embajador en Berlín. Director de Leviatán —revista de «hechos
e ideas y— y de la revista España, que también había dirigido Manuel
Azaña. Durante la guerra civil fue embajador en París puesto que llevaba
aneja la presidencia de la comisión republicana encargada de la compra
de armas en Francia—, cargo del que dimitió cuando Largo Caballero ceso
como presidente del Gobierno y fue sustituido por Negrin. Autor de
numerosos libros de viajes, novelas, obras escénicas, ensayos, etc., v
de algunos otros relacionados más o menos directa-mente con la guerra
española de 1936-1939: El comunismo en la guerra civil española (Imp. de
Travailleurs Réunis, Carmaux, 1939), España ante la idea sociológica del
Estado (UGT, París, 1953), España en el crisol (Un Estado que se
disuelve y un Pueblo que renace) (Minerva, Barcelona, s.a.), La verdad
sobre la intervención y la no intervención de España (Barcelona, s.a.),
Mis tratos con los comunistas (Ed. de la Secretaría de Propaganda del
Partido Socialista Obrero Español en Francia, Toulouse, 1939).
Colaborador de los principales diarios y revistas españoles e
hispanoamericanos. Al terminar la guerra se exilió a México, donde
permaneció hasta su fallecimiento.

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Carlos Arias Esperanza
(1915-1984).
Licenciado en Filosofía y Letras y político gallego, cofundador, junto
con Lorenzo Varela y Angel Fole, de un movimiento político
representativo de la izquierda de su región natal. Durante la guerra
civil prestó apoyo a la causa republicana y participó en numerosas
operaciones militares de la contienda —entre ellas, la defensa de
Madrid— como oficial del ejército. Ya en la paz actuó en la
clandestinidad contra el régimen franquista, siendo detenido en
numerosas ocasiones. |
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José Joaquín Arín
Oyarzábal
(1875-1936).
Sacerdote vasco, cura ecónomo y arcipreste de Mondragón, de notoria y
reconocida piedad, que tras la ocupación de Guipúzcoa por las tropas que
mandaba el general Mola fue hecho prisionero por éstas, siendo entonces
acusado de separatista, por lo que fue reducido a prisión en Ondarreta
(San Sebastián), de donde fue sacado poco tiempo después y fusilado sin
formación de causa, en unión de otros sacerdotes y seglares. En opinión
del obispo de Vitoria, Mateo Múgica, "mejor habrían hecho Franco y sus
soldados besando los pies de este venerable sacerdote, que fusilándolo".
 |
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José Ariztimuño Olaso
“Aitzol”
Este sacerdote
natural de Tolosa desarrolló una gran actividad periodística y
literaria, pertenece al igual que “Lauaxeta” al movimiento que
supuso un renacimiento de las letras y la cultura vasca. Participó
activamente en la organización de certámenes de poesía y de
bertsolaris, siempre teniendo como objetivo la defensa de la lengua
vasca, cuyo retroceso le angustiaba. Asimismo, fue un impulsor del
sindicalismo de inspiración cristiana. “Aitzol” fue capturado
por los franquistas en un barco que zarpó de Baiona en dirección a
Bilbao, fue encerrado en la cárcel de Ondarreta y finalmente fusilado
en el cementerio de Hernani. La "cruzada cristiana" de Franco
no dudó en fusilar a 17 sacerdotes vascos, entre ellos a Aitzol, por
considerarlo nacionalista, sindicalista y precursor de la doctrina
social cristiana. El Obispo Mateo Múgica, escribe de los sacerdotes
fusilados "Desde Franco hasta el último soldado debieron no matar
al Venerable y ejemplarísimo Arcipreste de Mondragón, y a otros
sacerdotes, sino besar las huellas de sus plantas."

Fuente: Felipe Peña. |
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Domingo Ascaso
Abadía
(?-1937). Dirigente anarquista
y panadero de profesión. Perteneció al grupo "Los solidarios", fracción
más radical de la FAI y que detentaba el control de la organización. Tomó
parte en el asalto al cuartel de Atarazanas en Barcelona y mandó la
columna que lleva su nombre en Aragón. Tras la muerte de Francisco
Ascaso el 18 de julio de 1936 y de Durruti en Madrid, Domingo quedó como
figura más destacada de la FAI. Murió en 1937 durante los «sucesos de mayo» en Barcelona.
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Francisco Ascaso Abadía
(1901-1936). Fundador, con
García Oliver, Durruti, Ricardo Sanz y otros, del grupo "Los
solidarios", calificados activistas del anarquismo. Fue acusado de
participar en el asesinato del cardenal arzobispo de Zaragoza (conocido
por su intransigencia y su participación en procesos contra
anarquistas), se le acusa también del fracasado atentado contra Alfonso
XIII y del asalto al Banco de España de Gijón. La República lo exilió.
Al estallar la guerra se encontraba en Barcelona, tomando parte muy
activa en el aplastamiento de los rebeldes, de resultas de ello murió el
19 de julio durante el asalto del Cuartel de Atarazanas en Barcelona.

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Joaquin Ascaso Budría.
Pariente
(¿Tío?) de los hermanos Ascaso y que como el resto de su familia tuvo una destacada
actuación en los primeros días de la Guerra Civil en Barcelona. Fue presidente del Consejo
de Aragón, territorios colectivizados por la fuerza de las armas por la CNT, con más oscuros que
claros, hasta que la 11 división gubernamental (Líster) bajo las
órdenes directas de Prieto, coincidiendo en esto con los comunistas,
lo disolvió.
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Juan Manuel Astigarrabia
Andotegui.
(1902).
Político vascongado, carpintero de oficio, fundador en 1935 del Partido
Comunista del País Vasco, en el que ocupó el cargo de secretario
general. Un año después, iniciada ya la guerra civil, desempeñó la
cartera de Obras Públicas en el Gobierno autónomo vasco que presidió
José Antonio Aguirre y más tarde, cuando las tropas nacionalistas
estaban próximas a Bilbao, fue nombrado miembro de la Junta de Defensa
de dicha ciudad. En 1937 fue expulsado del citado partido, acusado de
hacer una política seguidora del nacionalismo vasco en detrimento de los
ideales y fines perseguidos por los comunistas. «Nos ha salido con la
ideita —escribe sobre él Mijail Koltsov— de que el Partido Comunista de
Euzkadi no es una parte del Partido Comunista de España, sino que
mantiene con él meras relaciones fraternales.» Poco tiempo después
abandonó España y regresó en 1982, tras cuarenta y cinco años de exilio.
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Manuel Azaña Díaz.
(1880-1940). Político, escritor y presidente del Ateneo de Madrid. Fundador y dirigente de los partidos Acción Republicana e Izquierda Republicana. Ministro de la Guerra (de abril a octubre de 1931) y jefe del Gobierno (de octubre de 1931 a
septiembre de 1933). Uno de los principales artífices de la coalición de izquierdas o Frente Popular, cuyo triunfo electoral en febrero de 1936 lo llevó de nuevo a la jefatura del Gobierno, pasando en mayo del mismo año a ocupar la presidencia de la República, en la que se mantuvo hasta febrero de 1939.
Renunció al cargo en circunstancias trágicas. Era partidario de obtener una paz honrosa.
Gran escritor. Sus ensayos de crítica son sus mejores páginas. El 4 de noviembre de 1940 fallecía en Montauban (Francia).
Sus restos contra toda lógica permanecen en Francia y no en Alcalá de
Henares.

Nota:
Sí que es significativo que en la transición se trajeran al país los
restos de Alfonso XIII, y que dos jefes del estado español, los que
fueran presidentes de la II República, Alcalá-Zamora y Azaña, estén
enterrados en el Extranjero.
Nota
2: Hemos encontrado en la lista Tinet este pequeño pero excelente
análisis de Maribel a propósito de Azaña:
Estimados
compañeros: Vaya por delante que a mi entender Azaña es
posiblemente el político español más clarividente del siglo XX. A
pesar de ello, y a pesar también de que yo suelo citar mucho
sus memorias en esta lista, Azaña es también un personaje multifacético
donde sus características personales en muchos casos aparecen como
contradictorias. Es cierto que hay pocas autocríticas del lado
franquista. Yo solo conozco unas realmente sinceras, las memorias de
Ridruejo. Esto es porque generalmente los vencedores no hacen autocrítica,
y aún menos cuando lo único que se puede contar es muerte, muerte,
y muerte. No obstante este argumento, siendo cierto es débil,
porque elude el debate de fondo, y sobre todo, porque ni los
diarios de Azaña ni la Velada de Benicarló son una autocrítica.
Azaña era un individuo al que su extraordinaria inteligencia
racionalista, le hacía ser muy soberbio y creerse siempre en posesión
de la verdad, aunque no lo manifestase con agresividad, sino con
desdén. En sus escritos, hay sobre todo críticas a sus compañeros
de bando por no hacer lo que él hubiera hecho o les haya dicho que
hicieran. Cuando se publicaron las Memorias de Azaña a finales de
los años 60, Max Aub se sintió una "terrible impresión"
por lo beligerante y despreciativo que era con quienes no eran sus
amigos. Era un hombre de pocas filias (Casares, Giral, Ossorio,
Cipriano, Prieto durante la guerra...) e incontables fobias (la
mayor: Negrín). En este aspecto Azaña es uno de esos odiosos
personajes que todos conocemos que no se quitan el "ya lo
decía yo". Unas cosas las decía, y otras cosas decía que las
decía pero no las decía. El
Azaña político (el Garcés de la Velada) provenía del liberalismo
francófilo de la Ilustración: Mucho racionalismo, mucha
democracia, mucho Estado bien organizado y mucha reforma desde el
poder (una especie de Revolución Burguesa dirigida desde arriba con
retraso de casi un siglo). En sus propias palabras, sus instrumentos
de poder eran "los votos y las razones". Es el mismo que
ingenuamente, en 1937 sostiene que hay que llegar a un arreglo con
el enemigo basado en dos premisas "Paz y República"
siendo negociable todo
lo demás. El Azaña intelectual (Morales en
la Velada) es aquel Azaña del que decía Unamuno: "no hay nada
más peligroso que un escritor sin lectores".
La tesis de Azaña (del intelectual, no del político) es que los
problemas de España son de orden psicológico, ya que somos
portadores de la violencia fratricida en nuestro inconsciente
colectivo "los españoles llevamos la violencia en las entrañas",
aunque él no se aplica a si mismo la frase "Alguien tendrá
que comenzar a resolver problemas sin fusilar a nadie. Comenzaré yo
mismo".
Dicha tesis, proveniente del psicoanálisis, queda muy plástica,
pero es relativamente fácil de desmontar. Varios autores han
establecido las raíces del conflicto en el antagonismo feroz de
quienes no estaban dispuestos a perder ni un solo privilegio (sobre
todo económicos), y los que no confiaban en que la democracia fuese
un sistema suficientemente eficiente y veloz en reformar y
concederles lo que les había sido negado durante generaciones. El
momento en el tiempo coincide con la aparición de los grandes
movimientos políticos de masas, negadores del concepto de
individuo, y casi también del de sociedad. Visto desde la
perspectiva de hoy, lo que asombra es que la República Democrática
durase lo que duró. El Azaña político desdeñaba la economía,
que casi siempre está en el núcleo de los problemas políticos. El
Azaña intelectual pensaba que el modo de arrancar "la
violencia de las entrañas" a los españoles era mediante la
Cultura. Azaña, como su amigo Prieto, nunca pensó que la guerra se
podía ganar, aunque conservó esperanzas hasta el otoño de 1937 de
que la guerra se podía "no perder" y llegar a un arreglo
razonable, donde las potencias Europeas presionasen a Franco para
suspender hostilidades y entablar negociaciones (algo parecido a la
ex-Yugoslavia de los años 90). Recordemos que la Velada de Benicarló
se escribió en Barcelona, en la primavera de 1937, antes de los
"Hechos de Mayo".
Un
cordial saludo. Maribel
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Justino de Azcárate y Flórez.
(1903). Abogado y político leonés
formado en la Institución Libre de Enseñanza y en la tradición liberal v
republicana de su familia, que en la década de los veinte militó en el
Partido Reformista que acaudillaba Melquíades Alvarez. En abril de 1931
fue elegido diputado a Cortes por León por el grupo Al Ser-vicio de la
República (del cual fue secretario) y más tarde, al disolverse éste,
participó en la constitución, junto con Felipe Sánchez-Román v otros
intelectuales, del Partido Nacional Republicano, partido que en 1936 se
negó a integrarse en el Frente Popular por formar parte de éste el
Partido Comunista. Durante el régimen republicano fue subsecretario del
Ministerio de Justicia, siendo Fernando de los Ríos titular del
departamento, y posteriormente de Gobernación, en un Gobierno de
coalición republicana. Al estallar la guerra civil, exactamente la noche
del 18 al 19 de julio de 1936, fue nombrado ministro de Estallo con el
Gobierno presidido por Diego Martínez Barrio Gobierno que sólo duró unas
horas—, sin que llegara a tomar posesión del cargo por hallarse en León,
ciudad que desde el primer momento quedó en poder de los sublevados.
Detenido en Burgos pocos días después por un grupo de falangistas, fue
trasladado a Valladolid, siendo encarcelado y quedando a disposición del
general Mola, en cuya situación permaneció por espacio de año y medio,
al cabo del cual fue canjeado por el líder falangista Raimundo
Fernández-Cuesta. En opinión de Guillermo Cabanellas ("La guerra de los
mil días"), este canje se proyecto como maniobra maquiavélica de Prieto
y los suyos, para facilitarle a Falange primeras figuras que pudiesen
crearle dificultades de orden político a Franco. Al recobrar la libertad
se marchó de España y, según propia confesión, "por razones de
principio, no quiso intervenir en la guerra. No dude de mi simpatía e
inclinación por el bando republicano, pero por cuestiones de humanidad
me dediqué a trabajar en todo lo que sirviera de acercamiento entre los
dos bandos. En esta tesis estaban Ortega, Marañón, Castillejo, Madariaga
y gente importante de la política francesa e inglesa. A través del
movimiento Paz Civil de España, desde París, participe en la promoción
de canjes, indultos y conmutaciones de penas de muerte". Exiliado a
Venezuela al terminar la contienda, regresó a España en 1977, ocupando
el cargo de senador por designación real en las primeras Cortes
convocadas después de la muerte del general Franco. En 1984 fue elegido
miembro de la Comisión Ejecutiva del Partido Reformista Democrático.
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Pablo de Azcárate y Flórez.
(1890-1971).
Hermano del anterior. Jurisconsulto y diplomático madrileño que hizo sus
primeros estudios en la Institución Libre de Enseñanza, a la que
familiarmente estaba muy vinculado, v que después fue catedrático de
Derecho Administrativo en las universidades de Santiago y de Granada,
diputado a Cortes y secretario general adjunto de la Sociedad de
Naciones. Durante la guerra civil prestó apoco ala causa republicana y
desempeñó el cargo ale embajador de España en Londres, desde el cual se
esforzó en vano para que el Gobierno británico prescindiera de los
acuerdos riel Comité ele No-Intervención y se decidiera clara-mente a
ayudar a la España republicana. En los últimos días de la contienda
llevó, al parecer, a cabo una serie de gestiones para que, con la
intervención de Gran Bretaña, se pusiese fin a la lucha armada, siempre
y cuando los nacionalistas renunciasen a toda clase de represalias,
pero, corno sabido, tales gestiones no obtuvieron ningún éxito. Al
llegar la paz fue expulsado de su catedra pr disposición del Gobierno de
Franco. Dirigió desde el exilio el servicio de ayuda a los republicanos
españoles. En 1948 fue elegido presidente de un comité de la ONU para la
tregua de Palestina. Autor, entre otros libros, de La liga de las
Ilaciones y las minorías rtaciotutle, Wellington r España, La
intervención nazi-fascista en la guerra de España, La protección de las
minorias, La guerra del 98.

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Santiago Aznar Sarachaga.
(1903-1979). Político socialista
vasco que militó en el Sindicato Metalúrgico de la UGT y que en 1923,
tras el golpe militar del general Primo de Rivera, hubo de exiliarse
durante algunos años. A su regreso a España fue elegido secretario
general de la citada organización sindical en Vizcaya, cargo que
conservó hasta 1936. Elegido concejal del ayuntamiento de Bilbao en
1931, participó muy activamente en el movimiento municipalista de 1934,
así corno en la revolución de octubre de dicho año, por cuya causa fue
condenado y encarcelado, si bien poco tiempo después logró huir al
extranjero. Al triunfar el Frente Popular en las elecciones de febrero
de 1936 volvió a Bilbao y desempeñó un papel decisivo en los
acontecimientos que tuvieron lugar en los primeros días de la guerra
civil. Durante la contienda formó parte del Gobierno autónomo vasco que
presidió José Antonio Aguirre, consiguiendo mantener la operatividad de
la industria vizcaína y, especialmente, la de la flota mercante vasca.
Nombrado miembro de la Junta de Defensa de Bilbao, desempeñó dicho cargo
hasta poco antes de caer la ciudad en poder del ejército de Franco. Al
terminar la guerra se exilió a Francia y, posteriormente, a Londres,
México, Nueva York y Venezuela, falleciendo en este último país. En 1940
pretendió la formación de un Partido Socialista Obrero Vasco de
exclusiva «obediencia vasca», pero no consiguió su propósito dada la
tenaz resistencia de la mayoría de los socialistas en el exilio, y muy
especialmente de Indalecio Prieto, a cualquier movimiento de carácter
secesionista.
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Benjamín Balboa López.
(1901-1976).
Oficial de 3.a clase del Cuerpo Auxiliar de Radiotelegrafistas de la
Armada y destacado masón que al producirse el alzamiento militar de
julio de 1936 desempeñó un importantísimo papel en el desarrollo de los
acontecimientos que tuvieron lugar en la estación de radio o centro de
comunicaciones que la Marina tenía instalada en la Ciudad Lineal de
Madrid, desde la cual, mediante la TSN y utilizando el sistema Morse, se
establecían todas las comunicaciones con las bases navales y los buques
de la flota. Aunque existen diversas versiones sobre cómo se produjeron
tales hechos, parece fuera de toda duda que el citado radiotelegrafista,
sobre las 6.30 de la mañana del día 18 de julio, captó un mensaje
del general Franco, transmitido desde Tenerife y dirigido al jefe de la
Circunscripción Oriental de África (Melilla), que decía: «Gloria al
heroico Ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo
entusiasta de estas guarniciones, que se unen a vosotros v de-más
compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el
triunfo. Viva España con honor. General Franco.» Momentos después volvió
a detectar otro radiograma con el mismo texto e idéntica firma, dirigido
«al general jefe de la 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª y 8.a División
Orgánica, en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Burgos,
Valladolid y La Coruña; al comandante militar de Baleares; al general
jefe de la División de Caballería, en Madrid; al jefe de la
Circunscripción de Ceuta y Larache; al jefe de las fuerzas militares de
Marruecos y a los almirantes jefes de las bases navales de El Ferrol,
Cádiz y Cartagena». Todavía captó un tercer mensaje, transmitido desde
la base naval de Cartagena, que terminaba con la orden de «cúrsese a las
guarniciones» y que despertó aún más sus sospechas. «La indignación que
le produce el hecho en sí —escribe Daniel Sueiro en La Flota es roja, Ed.
Argos Vergara, S. A., Barcelona, 1983—, se acrecienta en Balboa ante la
descarada pretensión de los sublevados de servirse de ellos y utilizar
nada menos que la vía oficial para propagar el alzamiento y levantar a
los cuarteles v demás dependencias militares de Madrid; y, sobre todo,
le duele que sea un compañero el que, desde la estación de radio de
Cartagena, esté dando curso a tales mensajes. Obedeciendo al primer
impulso, con el texto de la circular de Franco garra-pateado en una hoja
que sostiene nerviosamente en la mano, pulsa el entrecortado reproche
que quiere hacer llegar al radiotelegrafista de Cartagena: ... no hagas
eso, compañero.... no transmitas esa circular..., no te das cuenta de
que es un acto de subversión... La respuesta quiere ser una
justificación y es una llamada angustiosa por parte del auxiliar de
radio, Albiol, que Balboa sabe captar: estaba cumpliendo órdenes
superiores, de jefes que en ese momento le rodeaban en la misma estación
de radio. Y la circular no solamente había sido transmitida ya a
Madrid, sino también a la base de Mahón. Sin perder más tiempo, Benjamín
Balboa corre a uno de los teléfonos, cuidándose de no utilizar el que
estaba conectado con el domicilio del jefe de la estación, el capitán de
corbeta Cástor Ibáñez Aldecoa, sin duda al pie del aparato en sus
habitaciones, a la espera de aquella noticia. Saltándose así a su jefe
inmediato, por las buenas razones que él tiene para hacerlo, se pone al
habla con el jefe de la secretaría del ministro de Marina, el teniente
de navío Prado Mendizábal, al que lee por teléfono el texto lanzado por
Franco. Prado copia rápidamente las palabras que Balboa le dicta y
antes de colgar y pasárselas a su ministro, Giral, le indica al auxiliar
radiotelegrafista que, por su parte, pase a limpio la circular y se la
envíe con toda urgencia y en sobre cerrado y personal al ministro de la
Guerra y presidente del Consejo, Casares Quiroga.... Y en ese momento es
cuando aparece el jefe del servicio, capitán Ibáñez Aldecoa. Al darse
cuenta de que el esperado mensaje de Franco, en lugar de ser transmitido
a las guarniciones, para que se sumen al alzamiento, como estaba
previsto por la conspiración, iba a ser enviado al ministro o al jefe
del Gobierno, se apoderó bruscamente de él, arrebatándolo de las manos
del funcionario, reclamando la vía jerárquica del jefe del Estado Mayor
de la Armada, vicealmirante Salas, como primer destinatario natural y
obligado del mismo. Mientras se dirigía a la cabina telefónica de la
misma estación, no ahorró palabras de desprecio y de amenaza por la
conducta del auxiliar Balboa. Con el almirante Salas sostuvo una
eufórica y alborozada conversación en alta voz, después de la
entusiasmada transmisión de la circular de Franco, manteniendo
ostensiblemente abierta la puerta de la cabina, como para contagiar a
las fuerzas de custodia y demás presentes de su propia alegría. El
capitán y jefe del centro hizo hincapié, antes de atravesar los cien
metros de jardín que le separaban de su vivienda privada, de que desde
ese momento era más rigurosa aún la orden dada por él acerca de la
utilización exclusiva del teléfono conectado con su casa, con la
prohibición consiguiente de utilizar los otros dos teléfonos. Y ese
teléfono que Ibáñez Aldecoa quería que le sirviera para enterarse de lo
que hablaban subordinados suyos en los que no confiaba, sirvió también a
éstos, que por lo demás mantenían hacia su jefe una actitud equivalente
y opuesta, para escuchar algo de lo que él mismo decía en tal momento.
Así fue como el mismo Balboa pudo oír la conversación personal que, a
renglón seguido, mantuvo Ibáñez Aldecoa con su jefe el vicealmirante
Javier de Salas. Quería éste que el mensaje de Franco se hiciera llegar,
por los medios que fuera, a todas las guarniciones. Y replicaba Aldecoa:
Hazlo tú. Un nuevo apremio de la otra parte. Ibáñez Aldecoa confiesa: Es
que tengo aquí un hueso... En un momento dado, Ibáñez Aldecoa se decide
a intentar transmitir la llamada de Franco a las guarniciones, de
acuerdo con los deseos de Salas y siguiendo, sin duda, los planes
trazados con anterioridad. Ya es de día cuando atraviesa de nuevo el
jardín, y llega a la puerta del gabinete telegráfico. Allí le sale al
encuentro Benjamín Balboa, que seguramente le está esperando. El capitán
de corbeta quiere hacer valer su autoridad y le indica al auxiliar que
se considere arrestado. Usted —le grita— está contraviniendo mis
órdenes. Retírese, como arrestado, a su habitación. Y a partir de este
instante le prohíbo terminantemente que entre en la sala de aparatos.
Balboa reacciona con energía y con ira. Le replica: No acato esa orden.
Tengo una misión que cumplir v la cumpliré, cueste lo que cueste y pese
a quien pese. Estoy aquí para defender a la República contra aquellos
que, como usted sabe, la traicionan. Y desde este momento es usted, no
yo, quien tiene prohibida la entrada en el local. El auxiliar de radio
apunta al capitán Aldecoa con su pistola, una Luger 22, de nueve tiros,
más uno en la recámara, con el cargador completo. Allí mismo lo detiene
y lo encierra con llave en sus habitaciones. No salga usted de su casa,
capitán —le advierte, antes de retirarse—. Si lo intenta, se hará fuego
contra usted.» De esta forma se hizo dueño de la situación, y el
Gobierno de la República no perdió el contacto con las bases navales ni
con la mayoría de los barcos que componían la escuadra, impidiendo,
entre otras cosas, el paso del estrecho de Gibraltar al grueso de las
fuerzas sublevadas en el protectorado marroquí. Convertido en hombre de
confianza de la Marina de guerra republicana, fue ascendido a oficial
primero, equiparado a capitán, del cuerpo al que pertenecía,
desempeñando diversos cargos públicos a lo largo de la contienda, entre
ellos el de subsecretario de Marina y Aire. Al finalizar la guerra civil
se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.
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Ángel Barcia Galeote.
Obrero madrileño que tomó parte en la toma del cuartel de la Montaña y en la organización de la
1 Brigada mixta. Fue comisario de la 9 Brigada y después de la 11 División; ocupando ese puesto fue muerto el 9 de septiembre de 1938 en la batalla del
Ebro.
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Augusto Barcia Trelles.
(1881-1961).
Abogado, político y escritor. Diputado desde 1916 hasta 1923 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez; también en las Cortes de 1933 y 1936. Gran Oriente o Gran Maestro de la Masonería Española y Gran Comendador de su Supremo Consejo. En el Gobierno de Azaña
en 1936, y posteriormente en el de Casares Quiroga, fue Ministro de Estado. Se exilió en la República Argentina.
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Dolores Bargalló.
Presidenta de la Unión de Dones de
Catalunya.
En la foto en un Mitin antifascista en el teatro Olimpia, Barcelona, 20 Sep-36.
Fuente: Mary Nash
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Francisco Barnés.
Ministro en el Gabinete de Casares Quiroga al estallar la Guerra. Había sido diputado en las Constituyentes de 1931. Durante la Guerra fue Cónsul de España en Orán. Se exilió en México.
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Martín Barrera y Maresma
(1899). Sindicalista catalán,
colaborador de Salvador Seguí y de Ángel Pestaña, que al advenir la
República fue diputado al parlamento catalán, y en 1936, diputado a
Cortes por Barcelona (capital), en representación de Esquerra
Republicana. Consejero de Trabajo de la Generalidad de Cataluña, fue
condenado a treinta años de reclusión por los sucesos del 6 de octubre
de 1934, aunque parece poco probable que tuviese intervención alguna en
los mismos. Tras el triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, fue
indultado y volvió a desempeñar el mismo cargo en el gobierno catalán.
Durante la guerra civil fue nombrado presidente de la Comisión de
Responsabilidades Políticas, y al final de la contienda se exilió a
Francia. En 1950 regresó a España.
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Eduardo Barriobero Herrán
(1880-1939). Abogado
criminalista, miembro del Partido Social Revolucionario, que fue
perseguido y sancionado durante la dictadura del general Primo de Rivera
por su participación en la «Sanjuanada», y que en 1931 fue elegido
diputado por Oviedo a las Cortes constituyentes de la República en
representación del Partido Federal Independiente. Al estallar la guerra
civil se hallaba en Barcelona, donde creó por su cuenta un "tribunal
popular" que funcionó durante mucho tiempo al margen de toda legalidad,
tribunal al que se acusa de haber dictado multitud de sentencias de
muerte y de haber cometido toda clase de atropellos y arbitrariedades.
Reducido a prisión por orden de las autoridades republicanas, fue
hallado en tal situación cuando las tropas nacionalistas ocuparon dicha
ciudad, las cuales, sin pérdida de tiempo, procedieron a su
fusilamiento.
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Miguel Bascuñana.
Comisario de la 10 BM, fue herido en Brunete.
En la foto, visitado por camaradas del Bon. Especial de V CE
(¡vaya
tipos!). Puede que en Brunete Bascuñana mandara el Bon. Especial (ametralladoras) del V CE.
La historia de estas unidades de élite del V Cuerpo, está todavía por
escribir.
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Camilo Berneri
(1897-1937). Profesor italiano, de
filiación anarquista, que gozaba de gran predicamento en los medios
ácratas españoles, especialmente en los de Barcelona, y que se hallaba
en dicha ciudad cuando se produjo la revolución de mayo de 1937, donde
fue detenido y asesinado. 
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Julián Besteiro Fernández.
(1870-1940). Político socialista nacido en Madrid, hijo de un
comerciante de comestibles de origen gallego, que estudió
en la
institución Libre de Enseñanza, se doctoró en Filosofía y Letras en la
Universidad Complutense, amplió estudios en París, Berlín, Leipzig y
Munich, y fue profesor de los institutos de enseñanza media de Orense y
de Toledo, y catedrático de Lógica Fundamental de la Universidad Central
(Madrid). A la vuelta de su estancia en el extranjero, y tras una breve
militancia en el Partido Radical de Lerroux, se afilió al Partido
Socialista Obrero Español y a la Unión General de Trabajadores, en cuyas
organizaciones alcanzó los puestos de máximo honor y responsabilidad. En
1917, junto con Francisco Largo Caballero, Andrés Saborit y Daniel
Anguiano, fue condenado por un tribunal militar a la pena de reclusión
perpetua por su participación en la preparación de la huelga general
revolucionaria que tuvo lugar aquel ano —de cuyo comité nacional formaba
parte—, pero poco tiempo después tanto él como sus correos, salieron en
libertad al resultar todos ellos elegidos diputados a Cortes y
beneficiarse de una amnistía que, tras una in-tensa campaña popular, el
Gobierno no tuvo más remedio que acordar. El 13 de septiembre de 1923,
es decir, el mismo día que se proclamó la dictadura encabezada por el
general Primo de Rivera, suscribió un manifiesto dado conjunta-mente por
el Partido Socialista y la UGT, manifiesto que también firmaron Pablo
Iglesias, Francisco Núñez. Tomás y el citado Largo Caballero, en el que,
entre otras cosas, se decía: "... El pueblo español, y especialmente la
clase trabajadora, que tan dolorosa experiencia ha adquirido del
proceder de las altas jerarquías militares, no debe prestar aliento a
esta sublevación, preparada y dirigida por un grupo de generales que
pueden ostentar como emblema el favor y el fracaso enlazados...» Al
morir Pablo Iglesias, en 1925, fue elegido presidente del PSOE y de la
UGT, el primero de cuyos cargos desempeñó hasta poco después de ser
proclamada la República, y el segundo, hasta 1934, al negarse a optar
por la vía de la rebelión en los prolegómenos de los sucesos
revolucionarios que se desarrollaron, principalmente en Asturias, en el
mes de octubre de dicho 1934. En 1931, no obstante haberse opuesto al
Pacto de San Sebastián y haberlo criticado duramente, fue elegido
presidente de las Cortes Constituyentes de la República, cargo que, a
juicio de José María Gil-Robles, ejerció con equilibrio, autoridad y
caballerosidad ejemplares». Diputado, por Madrid (capital), en 1931,
1933 y 1936 (PSOE). Al estallar la guerra civil se hallaba en dicha
ciudad, en la que permaneció durante toda la contienda sin ocupar cargo
político alguno, si bien en mayo de 1937 fue enviado a Londres como
embajador extraordinario del presidente de la República española a los
actos que con motivo de la coronación de Jorge VI se celebraron en la
capital británica. Aprovechando esta oportunidad, Manuel Azaña le
encargó, a titulo personal y a espaldas del Gobierno, que gestionase con
Eden y Blum la posibilidad de una mediación extranjera que pusiese fin
al conflicto armado español, pero las conversaciones que sostuvo con
dichos políticos no dieron el resultado apetecido o, al menos, el
resultado apetecido por Azaña. "... La designación de Besteiro —escribe
a este respecto Julián Zugazagoitia en Guerra y vicisitudes de los
españoles, Ed. Crítica, Barcelona, 1977— la hizo el gobierno de Largo
Caballero, quien no le confió otra misión que la de representar a España
en la solemne ceremonia. Cuando Besteiro regresó de Londres, el
ministerio había cambiado. Negrín estaba al frente de él. No hubo otra
explicación del viaje que la muy sumaria de algunas conversaciones
políticas. Nada fundamental, en suma. Y, sin embargo, el embajador en
Londres tenía razones especiales, así como el de París, para afirmar que
Besteiro realizó en Londres trabajos particular-mente importantes. Se
dio por seguro que el encargo de ellos procedía directamente del
presidente de la República.» Rival
de Largo Caballero y enemigo político de Negrín, al cual consideraba un
agente de Moscú y apodaba Karamazov —no obstante estar afiliados los
tres al mismo partido político—, se mantuvo muy alejado de los
diferentes gobiernos y, especialmente, de sus respectivos presidentes,
rechazando los diversos ofrecimientos que se le hicieron para que
ocupara algunos cargos públicos, uno de los cuales era el de embajador
de España en Buenos Aires. Tras la derrota del ejército republicano en
Cataluña, la posterior dimisión del presidente de la República y la
huida más o menos decorosa de la mayoría de los líderes políticos, se
percató de que lo más lógico era buscar el camino que, cuanto antes y
por el sendero menos oneroso, condujese al fin de la contienda y, a
poder ser, a una paz honrosa. "... No era secreto en Madrid —escribe
Luis Romero en El final de la guerra, Ed. Ariel, S. A., Barcelona, 1976—
que Besteiro se mostraba partidario de llegar a una paz lo antes
posible, y había corrido el rumor de que se iba a destituir a Negrín y
encargar a Besteiro de formar nuevo gobierno para poner fin a las
hostilidades. Como también era público —público en privado—, que el
coronel Segismundo Casado se manifestaba igualmente partidario de
gestionar la paz, no resultaba sorprendente que el contacto entre ambos
se produjera, a pesar de que no se conocían personalmente. A Segismundo
Casado le alegró recibir recado de Besteiro y no debieron quedarle dudas
sobre la significación y propósito del mensaje... En señal de deferencia
fue Casado quien visitó a Besteiro en su domicilio. Tras las primeras
cortesías, y como Besteiro pidiera al coronel que le informara sobre la
situación, le expuso su acuerdo de principio con Miaja, Matallana y
Menéndez —que tenía que ser recientísimo— para formar una junta, consejo
o gobierno que sustituyera a aquel que en Cataluña se había esfumado, y
en consideración a que la única autoridad era la militar. Añadió que de
esta junta formarían parte partidos y sindicales con la única excepción
del PCE, y que su misión exclusiva consistiría en negociar la paz.
Aprovechó Casado lo favorable de la coyuntura para ofrecerle a Besteiro
la presidencia del proyectado gobierno. Respondió éste que se hallaba
dispuesto a formar parte del mismo, puesto que su único deseo era
negociar el fin de las hostilidades, pero que, teniendo en cuenta las
circunstancias legales que concurrían, declinaba el honor de presidirlo
y que en su opinión la presidencia debía asumirla un militar. Cabe
suponer que Casado le manifestara que acababa de tomar contacto con el
enemigo; no hay constancia de si lo hizo así o no. La incorporación de
Besteiro fue muy bien recibida por cuantos estaban decididos a eliminar
al Gobierno y a los comunistas. De la importancia que Casado otorgó al
acuerdo con el prestigioso socialista tenemos prueba en el hecho de que
en la primera ocasión que se le presentó lo comunicara a los elementos
nacionales con quienes mantenía contactos, para que, a su vez, lo
anunciaran en el Cuartel General de Burgos.» Así las cosas, en la noche
del 5 de marzo de 1939, se constituyó en Madrid, en los sótanos del
Ministerio de Hacienda, lo que se llamarla el Consejo Nacional de
Defensa, del que fue elegido presidente el general Miaja que también
había presidido la Junta de Defensa que se constituyó en Madrid, en
noviembre de 1936—, encargándose el coronel Casado de la cartera de
Defensa y Besteiro de la del Estado, estando, además, representados en
dicho Consejo la CNT, el Partido Socialista, Izquierda Republicana,
Unión Republicana y la UGT. «En Madrid —dice Guillermo Cabanellas en La
guerra de los mil días, Ed. Heliasta, S. R. L., Buenos Aires, 1975—, que
se jactaba en 1936 de ser la tumba del fascismo, se fragua el complot
que va a darle sepultura a la Segunda República Española.» Sobre las
doce de la noche del indicado día 5, a través de los micrófonos de Unión
Radio Madrid y de Radio España. antes o después de que lo hicieran el
coronel Casado y Cipriano Mera —porque hay distintas versiones al
respecto—, demacrado, casi cadavérico, según los testimonios gráficos
que se han conservado, lee, con la voz entrecortada, unas cuartillas
escritas la noche antes: "...
¿Cuál es la realidad de la vida actual de
la República? En parte lo sabéis; en parte lo sospecháis o lo presentís;
tal vez muchos, en parte al menos, lo ignoráis... La verdad es,
conciudadanos, que después de la batalla del Ebro, los Ejércitos
Nacionalistas han ocupado totalmente Cataluña, y el Gobierno republicano
ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses. La
verdad es que, cuando los ministros de la República se han decidido a
retornar a territorio español, carecen de toda base legal y de todo
prestigio moral necesario para resolver el grave problema que se
presenta ante nosotros. Por la ausencia, y más aún, por la renuncia del
Presidente de la República, ésta se encuentra decapitada.
Constitucionalmente el presidente del Consejo no puede sustituir al
presidente dimisionario mas que con la obligación estricta de convocar
elecciones presidenciales en el plazo improrrogable de ocho días. Como
el cumplimiento de este precepto constitucional es imposible en las
actuales circunstancias, el Gobierno Negrín, falto de la asistencia
presidencial y de la asistencia de la Cámara, a la cual seria vano dar
una apariencia de vida, carece de toda legitimidad y no puede ostentar
título alguno al respecto y al reconocimiento de los republicanos.
¿Quiere decir esto que en el territorio de la República exista un estado
de desorden? El Gobierno Negrin, cuando aún podía considerarse investido
de legalidad, declaró el estado de guerra, y hoy, al desmoronarse las
altas jerarquías republicanas, el Ejército de la República existe con
autoridad indiscutible y la necesidad del encadenamiento de los hechos
ha puesto en sus manos la solución de un problema gravísimo, de
naturaleza esencialmente militar. ¿Quiere decir esto que el Ejército de
la República se encuentra desasistido de la opinión civil? Aquí, en
torno mío, se halla una representación de Izquierda Republicana, otra
del Partido Socialista, otra de la UGT y otra del Movimiento Libertario.
Todos estos representantes, juntamente conmigo, estamos dispuestos a
prestar al Poder legitimo del Ejército Republicano la asistencia
necesaria en estas horas solemnes. El Gobierno Negrin, con sus veladuras
de la verdad, con sus verdades a medias y con sus propuestas capciosas,
no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo, tiempo que es perdido
para el interés de la masa ciudadana, combatiente y no combatiente. Y
esta política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que
alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida
internacional permita desencadenar una catástrofe de proporciones
universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas
proletarias de muchas naciones del mundo. De esta política de fanatismo
catastrófico, de esa sumisión a órdenes extrañas, con una indiferencia
completa ante el valor de la nación, está sobresaturada ya la opinión
republicana toda. Yo os hablo desde este Madrid que ha sabido sufrir y
sabe sufrir con emocionante dignidad su martirio; yo os hablo desde este
"rompeolas de todas las Españas" que dijo el poeta inmortal que hemos
perdido, tal vez abandonado en tierras extrañas; yo os hablo para
deciros que cuando se pierde, es cuando hay que demostrar, individuos y
nacionalidades, el valor moral que se posee. Se puede perder, pero con
honradez y dignamente, sin negar su fe, anonadados por la desgracia. Yo
os digo que una victoria moral de ese género vale mil veces mas que una
victoria material lograda a fuerza de claudicaciones y de vilipendio. Yo
os pido, poniendo en esta petición todo el énfasis de la propia
responsabilidad, que en este momento grave asistáis, como nosotros lo
asistimos, al Poder legítimo de la República que, transitoriamente, no
es otro que el Poder militar.»
Los acontecimientos se precipitaron por
momentos. La hecatombe era ya inevitable. Dos días después volvía a los
mismos micrófonos de la radio:
«Soldados de la República: El Consejo
Nacional de Defensa se halla firme en su puesto en Madrid. El Gobierno
huidizo del doctor Negrin no se sabe dónde se encuentra. El Consejo
Nacional de Defensa quiere impedir que el Gobierno de la España
republicana caiga definitivamente en poder del comunismo que tiraniza al
pueblo. La lucha establecida es la lucha contra la tiranía comunista, y
esa lucha ha sido establecida por iniciativa exclusiva del Partido
Comunista, actuando desde las alturas del Poder e infiltrada en las
filas de nuestras tropas. El Gobierno del doctor Negrin, sin presidente
de la República, sin Parlamento, carece de toda base legal. El único
Gobierno legitimo de la República es el Consejo Nacional de Defensa.
¡Pueblo antifascista! ¡Milicianos de la República! No os dejéis engañar
por ningún género de equívocos. Aprestaos a defender al Consejo Nacional
de Defensa, garantía de vuestra salvación contra el intento de implantar
entre nosotros el despotismo terrorista que esclaviza al pueblo.»
El 16
de mayo, también por radio, dirige un mensaje al Gobierno nacionalista:
«Ha llegado el momento de que este Consejo Nacional de Defensa se
dedique por completo a su misión, y en consecuencia se dirige a ese
Gobierno para hacerle presente que estamos dispuestos a llevara efecto
negociaciones que nos aseguren una paz honrosa y que, al mismo tiempo,
pueda evitar estériles efusiones de sangre. Esperamos decisión..»
Pero
Franco y los suyos no le escuchan: exigen la rendición sin condiciones.
A pesar de la tensión del momento, todavía hace algunas gestiones en
orden a asegurar que Francia admita mayor número de refugiados de los
que, en principio, había anunciado acoger. Por otra parte trata de que
Gran Bretaña proporcione algunos buques para el transporte de evacuados,
pero el cónsul de este último país pone el reparo de que no puede
acceder a tal petición si no es con la autorización expresa del general
Franco. El 27 de marzo asiste a la última reunión del Consejo Nacional
de Defensa, exponiendo su firme decisión de no abandonar Madrid y
afrontar toda clase de responsabilidades. «Encontrándose viejo y
enfermo, y habiendo perdido toda ilusión en el futuro del Socialismo, no
pensaba moverse de Madrid», escribirá algunos años después Wenceslao
Carrillo. Haciendo todo cuanto le es posible, se ofrece a trasladarse a
la zona nacionalista para gestionar la rendición, pero el enemigo
insiste en que sólo está dispuesto a tratar sobre una rendición
incondicional, desechando, por otra parte, cualquier conversación que no
sea con elementos militares. Por última vez le aconsejan que huya, ya
que corre el peligro de ser fusilado por los nacionalistas, pero
insistió en querer permanecer en Madrid. «Sí, admito esta posibilidad
—pone en boca de Besteiro José del Río, miembro del Consejo Nacional de
Defensa en representación de Unión Republicana—, y hasta la deseo. No
temo morir; porque con mis 69 años y mis achaques físicos, ¿qué otro
servicio mejor podría yo prestar a la causa de los trabajadores que han
quedado sin bandera y sin guía? ¡Si mi nombre pudiese ser para ellos esa
bandera, preferiría que se me fusilase!» El 28 de marzo, momentos antes
de que comenzaran a ocupar Madrid las tropas nacionalistas, ordena al
anarquista Melchor Rodríguez que haga entrega del ayuntamiento de la
capital a las autoridades franquistas. Pocas horas después fue detenido
por los vencedores en el Ministerio de Hacienda v conducido a la prisión
de Porlier. El 8 de julio de 1939 compareció ante un consejo de guerra,
que presidía el general de brigada Manuel Nieves Camacho. Fue juez
instructor del procedimiento—sumarísimo— el capitán de Caballería Carlos
Sabater Gaitán de Ayala. Sostuvo la acusación el auditor de brigada
Felipe Acedo Colunga. Y actuó de defensor el abogado Ignacio Arenillas.
Para el fiscal, que ha sido discípulo del acusado, éste ha cometido
consciente y responsablemente un delito de adhesión a la rebelión. «El
caso Besteiro —dice Acedo Colunga— es un caso representativo de la
revolución española, y con todos los respetos debo decir que de la
actuación de don Julián Besteiro no se deducen más que graves errores
para el país y para él mismo, víctima de sus propios errores... El
Ministerio Fiscal, después de hondas meditaciones y de dolorosas
perplejidades, declara la culpabilidad de Besteiro con agravantes,
porque es doloroso, terrible, pero verdad, que don Julián Besteiro
Fernández, persona honrada, caballero en el régimen de su vida y por
tanto simpático a la multitud y hasta a nosotros mismos desde el punto
de vista personal, es nefasto, terriblemente nefasto, en la política
española; lo es para la Patria.» Después de un informe que se prolongó
por espacio de más de dos horas, el fiscal pidió para el procesado la
pena de muerte. Habló a continuación Ignacio Arenillas, que pidió para
su patrocinado la absolución. Besteiro, viene a decir, no ejerció
ninguna influencia política en la zona republicana desde el momento
mismo en que comenzó la guerra. Lo prueba el hecho de que un sobrino
suyo, de su mismo apellido, fue asesinado en Madrid, en agosto de 1936,
sin que su defendido pudiese evitarlo. Para su defensor, Besteiro trató,
desde el primer momento, convencido como estaba de que la guerra la
perdería la República, de llegara un entendimiento con los nacionalistas
que condujera a la paz. Desde su puesto en el Consejo Nacional de
Defensa, se esforzó por ahorrar vidas humanas y acelerar la suspensión
de hostilidades. Y termina diciendo: «Si Besteiro se quedó en Madrid es
porque su conciencia estaba tranquila.» Habla, por último, Besteiro. En
primer lugar, da las gracias a su defensor por lo que ha dicho y cómo lo
ha dicho en su favor. Agradece también al fiscal el que haya reconocido
la «honradez privada» del reo. «Pero yo soy más ambicioso que eso
—añade—; yo no me contento con ser en mi vida privada honrado. Yo estoy
seguro de haberlo sido en mi vida pública. Y lo que yo quiero no es
solicitar un fallo favorable. Lo que yo quiero es que se me conozca tal
como soy, no sólo por los hechos externos sino por la expresión de mis
ideas, de mis propósitos v de mis anhelos. Mi aspiración sería, ya que
nunca he pertenecido a una sociedad secreta, que salvados aquellos
secretos que pertenecen al pudor de mi alma, mi vida interior fuera
completamente diáfana para que todo el mundo la viera...» Condenado a
treinta años de reclusión mayor, fue conducido a Dueñas (Palencia) y,
poco tiempo después, a Carmona (Sevilla), en cuya prisión trabó estrecha
amistad con un grupo de sacerdotes vascos que cumplían condena por
delitos políticos. Como consecuencia de un corte que se hizo en una mano
se le produjo una septicemia que, en las especiales circunstancias en
que se hallaba, agravó su ya precario estado de salud y le ocasionó la
muerte. Enterrado provisionalmente en el cementerio de Carmona, en 1960
sus restos fueron trasladados al Cementerio Civil de Madrid.

Fuente: Manuel Rubio
Cabeza.
Crítica de Fernandez
Hernandez, de la Lista Tinet sobre la CGE:
Hola a todos: De antemano
me pongo la venda y me abstengo de enjuiciar moralmente
la actitud de Besteiro. Antes que catedrático de ética
fue uno de los políticos más influyentes del primer
tercio del siglo XX, y es en ese ámbito, el político,
donde debe enjuiciársele. Y debe señalarse que Besteiro
fue coherente con el pablismo, esa mezcla de fraseología
pseudoradical y praxis reformista caracterizada por la
obsesión de conservar el aparato del partido a toda
costa: lo fue bajo Primo de Rivera, impulsando la
colaboración con la dictadura con la perspectiva de
heredar el espacio dejado por una CNT laminada por el
aparato represivo y los pistoleros de Martínez Anido; lo
fue durante la República, jugando las cartas de que
fuesen otros - los partidos republicanos -los que se
quemasen en el gobierno antes que arriesgar un apoyo
decidido a las reformas con su participación en el
gabinete, por mor del mantenimiento de un purismo ideológico
más propio de las "vírgenes necias" que de un
partido comprometido con el cambio social; lo fue bajo el
Frente Popular y hasta que la guerra colocó al viejo
partido socialista en el vórtice de una dinámica que
escapaba a su control... La participación de Besteiro en
el Consejo de Casado es el último acto de coherencia con
la doctrina de la supervivencia partidaria a toda costa:
la oportunidad de retomar el timón, aunque sea de la
nave que se hunde, y de preservar a buen recaudo los
restos del naufragio hasta nueva oportunidad. El
resultado es suficientemente conocido. Tuvo la gallardía
de afrontar el error con la pérdida de la libertad que
acabaría con su vida. Otros muchos la dejaron en las
hecatombes de los puertos de Alicante y Cartagena,
consecuencia directa de la desbandada incentivada por la
actuación de Casado y Besteiro. Como ejemplo de ética,
su decisión personal de arrostrar el cautiverio merece
respeto. Como colofón de una estrategia política, su última
actuación pública fue irresponsable y suicida.
Saludos,
Fernando Hernández.
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Crescenciano Bilbao.
Miembro del Partido Socialista Español que tuvo destacada actuación después de iniciada la Guerra; representó a dicho partido en la organización de los comisarios políticos.
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Pere Bosch Gimpera
(1891-1974).
Prehistoriador y arqueólogo catalán de gran prestigio internacional.
Afiliado a Acción Catalana, en 1933 fue nombrado primer rector de la
Universidad Autónoma de Barcelona. Un año después, y como consecuencia
de la revolución de octubre de 1934, pasó algún tiempo preso en el vapor
Uruguay, surto en el puerto barcelonés. Al estallar la guerra civil se
hallaba en Barcelona, donde recibió el nombramiento de comisario de
Cultura del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, desde cuyo cargo
ejerció no poca influencia para evitar la destrucción de edificios,
obras de arte, bibliotecas y otros centros de cultura pertenecientes a
la Iglesia, además de ayudar a que significados derechistas —entre ellos
Blas Pérez González, que más tarde fue ministro del general
Franco—pudieran abandonar la zona republicana sin riesgo para sus
personas. Propuesto para desempeñar la embajada española en Berlín, no
recibió el placer del Gobierno alemán. En mayo de 1937 fue nombrado
conseller de Justicia de la citada Generalidad, desde cuyo cargo puso
gran empeño en revestir de legalidad el funcionamiento de los
tribunales, humanizar el trato dado a los justiciables y tratar de
normalizar las relaciones con la Iglesia. Al término de la contienda se
refugió en Francia y, más tarde, en Gran Bretaña, Colombia, Panamá y
México —donde falleció—, en curas países prosiguió su labor docente e
investigadora.
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Javier Bueno Bueno.
Fue director del periódico Avance,
órgano socialista asturiano y del SOMA. Javier Bueno era un tipo
extraordinario que alimentó el socialismo asturiano y la revolución de
octubre pagando por ello un alto precio personal con prisión, terribles
torturas y maltrato psicológico que en absoluto hicieron mella en su
ánimo revolucionario. Con la guerra, consiguió reeditar el periódico en
Gijón tras ser rescatado de las trincheras ovetenses donde combatió en un
principio y que se negaba a abandonar. Tras la pérdida de Asturias
huyó a Francia desde donde regreso a Madrid, donde
había nacido. Con la derrota, fue apresado en la embajada de Panamá y
fusilado a las seis de la mañana del 27 de septiembre de 1939. Su vida
está llena de jugosas anécdotas que dibujan un personaje radical pero
honesto y antiautoritario. Los franquistas le indultaron dos meses
después de muerto. Que detalle...

En la imagen, Javier Bueno muestra
las heridas resultantes de las brutales torturas a que fue sometido tras
su detención en octubre de 1934. |
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José Bullejos Sánchez
(1899-1975). Dirigente comunista,
en cuyo partido desempeñó el cargo de secretario general y del cual fue
expulsado poco después de proclamarse la República. Posteriormente
militó en el Partido Socialista Obrero Español, si bien no desempeñó
cargo alguno ni participó activamente en la vida política española
durante la guerra civil. Al término de la con-tienda se exilió a México,
donde permaneció hasta su fallecimiento. Autor, entre otros libros, de
Europa entre dos guerras (Ed. Castilla, México, D. F., 1944) y España en
la Segunda República (Ed. Júcar, Madrid, 1979).
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José Calvet i Mora.
(1856-1950) Político catalán
nacido en la provincia de Barcelona, que fue presidente de la Unión de
Rabassaires v de la Federación de Sociedades Agrícolas de Cataluña, y
diputado a Cortes por Barcelona (provincia) en 1933 y 1936 (Esquerra
Republicana de Cataluña). Durante la guerra civil prestó apoyo a la
causa gubernamental; desempeñó el cargo de consejero de Agricultura de
la Generalidad de Cataluña, en representación de los rabassaires, desde
julio de 1936 hasta el final de la contienda, oponiéndose a la
colectivización del campo y exigiendo la sindicación obligatoria de los
campesinos. Al acabar la guerra se exilió a Colombia, en cuyo país
permaneció hasta su fallecimiento.
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José del Campo.
Era mecánico y había realizado actividades de agitación política entre los soldados con ocasión de la revolución de octubre de 1934. Fue comisario de la
9 Brigada, la 11 y la 46 División. Pasó la posguerra en la URSS y regresó a España, muriendo en 1962, mientras militaba clandestinamente.

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Juana Capdevielle.
Licenciada en Filosofía y Letras y esposa del Gobernador Civil de La Coruña,
Pérez Carballo con quien había contraído matrimonio poco tiempo antes de ser designado para ese cargo por el Gobierno del Frente Popular.
Asesinado el 28 de julio su esposo, fue días después detenida, puesta en
libertad, posteriormente otra vez fue detenida, y a la noche siguiente, el 18 de agosto, fue asesinada en Rabadé,
Lugo. Sobre la muerte de Juana han corrido tremendas versiones de
las que durante algún tiempo nos hicimos eco. La familia, a base de las
declaraciones de la mujer que encontró el cadáver, las ha desmentido.

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Carrasco i Formiguera,
Manuel
(1890-1938) Diputado
a Cortes por Girona, se destacó por su defensa de religiosos en la
Cataluña republicana en guerra. Por este motivo tuvo que huir, siendo
detenido el mercante donde viajaba por el crucero Canarias. Conducido a
Burgos fue fusilado en abril de 1938 por orden expresa de Franco,
indignado con la crítica que recibió del Vaticano por los terribles
bombardeos de Lérida. Fusilar a un católico republicano parece que fue
la respuesta de Franco a la petición de clemencia del Papa.
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Wenceslao Carrillo
Alonso.
(1889-1963).
Obrero fundidor y líder socialista que desde muy joven militó en las
lilas de la UGT y del PSOE. Detenido en varias ocasiones por sus
actividades obreristas—fue secretario general del Sindicato Metalúrgico
Asturiano y redactor del diario El Socialista—, representó a la citada
UGT en París, en unión de Largo Caballero, ante los organismos laborales
internacionales. Durante el régimen del general Primo de Rivera fue
partidario de la línea posibilista, prestando su colaboración al
Gobierno dictatorial y afianzando de esta forma la organización sindical
a la que pertenecía. Al advenir la República fue elegido concejal del
ayuntamiento de Madrid y diputado a Cortes por Córdoba, cargo este
último para el que fue reelegido por el mismo distrito en 1936,
colaborando, igualmente, con los partidos burgueses del nuevo régimen.
Durante la guerra civil desempeñó los cargos de director general de
Seguridad y subsecretario de Gobernación, permaneciendo en Madrid cuando
en noviembre de 1936 el Gobierno se trasladó a Valencia. En los últimos
días de la contienda fue designado miembro del Consejo de Defensa
—encargado de los asuntos de Gobernación— que gestionó la rendición del
ejército republicano. Al terminarla guerra se exilió a Inglaterra,
Bélgica y Francia. Autor de un libro titulado "El último episodio de la
guerra civil española", editado por la Secretaría de Publicaciones de la
JSE, en Francia, Toulouse, 1945.
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Santiago Carrillo
Solares.
(1915). Hijo
del anterior. Político comunista que a los trece años de edad se alistó
en las Juventudes Socialistas, de cuya organización llegarla a ser
secretario general en 1934, año en que fue encarcelado por su
participación en la revolución de Asturias. En 1936 fue uno de los
principales artífices de la fusión de las citadas Juventudes Socialistas
con las Juventudes Comunistas, fusión que dio lugar a las JSU
(Juventudes Socialistas Unificadas), de clara tendencia y preponderancia
comunista, en las que desempeñó siempre puestos de especial
significación. Al estallar la guerra civil ingresó en el Partido
Comunista, y, en noviembre de 1936, al constituirse la Junta Delegada de
Defensa de Madrid, fue nombrado consejero de la misma, encargado de las
cuestiones de orden público —de cuyo puesto dimitió en los primeros días
de 1937—, por lo que se le ha achacado, por algunos historiadores —entre
ellos Guillermo Cabanellas y Ricardo de la Cierva—, la responsabilidad
de las ejecuciones que tuvieron lugar en Paracuellos del Jarama (Madrid)
en los meses de noviembre y diciembre de 1936, imputación que, treinta
años después, ha rechazado en diversas ocasiones, diciendo que él se
limitó a ordenar el traslado de unos presos de Madrid a Valencia, los
cuales fueron fusilados en el camino «por fuerzas que en ese momento no
pudimos concretar quiénes eran». A] terminar la guerra —fue el último
dirigente comunista que abandonó Madrid— se exilió al extranjero
—Francia, URSS, EE. UU.. Argentina, México, Cuba, Africa del Norte,
etc.—, desde donde prosiguió su actividad política. Fue uno de los
principales dirigentes de la lucha guerrillera en los Pirineos y culminó
su carrera política en el VI Congreso del Partido Comunista Español,
celebrado en 1960, en el que fue elegido secretario general del partido,
cargo en el que cesó a finales de 1982. Tras la muerte del general
Franco y la restauración de la democracia, regresó a España, siendo
elegido diputado a Cortes por Madrid. Autor, entre otros libros, de
Después de Franco. ¿qué? (Ed. Sociales, París, 1965), La JSU está
forjada en el yunque de la lucha (JSU. Toulouse, 1946), Sobre algunos
problemas de la táctica de lucha contra el franquismo (Ed. España
Democrática, Montevideo, 1961), Euro-comunismo y Estado (Ed. Critica,
Barcelona, 1977), Partido Comunista de España (Ed. Albia, Madrid, 1977),
La propuesta comunista, (Ed. Laia, Barcelona, 1977), etc.

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Joan Casanellas e Ibarz.
(1904). Abogado barcelonés,
fundador del diario L'Opinió y miembro de Izquierda Republicana de
Cataluña. Concejal y teniente de alcalde del ayuntamiento de Barcelona.
Diputado al Parlamento de Cataluña y en 1936 diputado a Cortes por
Gerona por el mencionado partido. En la madrugada del 18/19 de julio de
1936, siendo subsecretario de Trabajo, cuando se dirigía en tren de
Barcelona a Madrid, portando por encargo de Companys una importante
documentación sobre las actividades conspiratorias de la guarnición
militar de Barcelona que había de entregar al presidente del Gobierno,
Santiago Casares Quiroga, fue detenido en la estación del ferrocarril de
Calatayud (Zaragoza) por unos agentes de policía que, al parecer,
obedecían órdenes del general Cabanellas. Mientras era conducido a
Zaragoza, donde fue reducido a prisión, pidió permiso a los agentes que
le custodiaban para que le permitieran atender a sus necesidades
fisiológicas, circunstancia que aprovechó para hacer desaparecer los
aludidos documentos. Tras pasar algún tiempo encarcelado en el fuerte de
San Cristóbal de Pamplona, fue canjeado por José María Mita y Camps,
conde de Montseny, que había sido presidente de la Diputación Provincial
de Barcelona durante la dictadura del general Primo de Rivera. Al
recobrar la libertad volvió a Barcelona, donde permaneció hasta
finalizar la contienda, exiliándose entonces a París y, posteriormente,
a México, donde fundó el Banco de la Propiedad y desempeñó la
presidencia de las Cortes españolas en el exilio. Al subir al trono Juan
Carlos I regresó a España, siendo elegido senador por Barcelona.
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Joan Casanovas Maristany
(1890-1942).
Abogado y político catalán que alcanzó cierto renombre profesional como
defensor ante los tribunales de justicia de elementos
anarcosindicalistas. Consejero de la Mancomunidad de Cataluña, se opuso
al régimen impuesto por el general Primo de Rivera, por lo que, en
evitación de ser perseguido, se exilió a Francia, donde permaneció hasta
la caída de la Dictadura. A su regreso a España tomó parte activa en la
fundación de Esquerra Republicana de Cataluña. Elegido concejal de
Barcelona en 1931, fue, más tarde, consejero de Gobernación y de Fomento
de la Generalidad de Cataluña, y diputado y presidente del Parlamento
catalán. Durante la guerra civil desempeñó los cargos de consejero y
presidente del Consejo Ejecutivo de la mencionada Generalidad,
oponiéndose tanto a los excesos de los anarcosindicalistas como al
predominio del Gobierno central, llegando, incluso, a exigir a José
Giral, a la sazón presidente del Gobierno de la República, la entrega de
ciertas cantidades de divisas para atender a algunas necesidades
apremiantes de Cataluña. A finales de 1936, tras fracasar en su intento
de catalanizar la guerra, se marchó a Francia, donde, al parecer,
contando con la mediación de dicho país y la de Inglaterra, trató de
llegara un acuerdo por separado con el general Franco, al cual estaba
dispuesto a reconocer su victoria militar sobre el resto de España si
éste, a su vez, se comprometía a respetar la autonomía de Cataluña. En
1937 regresó a España pero, ante el temor de ser objeto de represalias
por parte del Gobierno republicano —que conocía al detalle las gestiones
hechas en París—, volvió a marcharse a Francia, donde permaneció hasta
su muerte.

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Santiago Casares
Quiroga.
(1884-1950).
Abogado y político coruñés que en 1930 suscribió el llamado Pacto de San
Sebastián, en representación de la Federación Republicana Gallega, de la
que era una de sus principales figuras, y que, a finales de dicho año,
fue enviado a Jaca, como delegado del comité revolucionario republicano
que actuaba en la clandestinidad, para evitar que el capitán Fermín
Galán se sublevara, lo que no pudo conseguir porque llegó tarde y el
alzamiento ya se había producido. Al proclamarse la República fue
nombrado ministro de Marina, pasando posteriormente a desempeñar la
cartera de Gobernación, cargo que ostentó durante todo el bienio
azañista, teniendo lugar bajo su mandato los tristemente famosos sucesos
de Castilblanco, Arnedo y Casas Viejas. Líder máximo del galleguismo
—fue diputado a Cortes por La Coruña en 1931 (Federación Republicana
Gallega), 1933 (Organización Republicana Gallega Autónoma) y 1936
(Izquierda Republicana)—, fusionó su partido, la citada ORGA, con la
Izquierda Republicana de Manuel Azaña, del cual era amigo personal e
incondicional seguidor. En 1936, tras el triunfo electoral del Frente
Popular, fue ministro de Obras Públicas y, poco después, al ser elevado
el citado Azaña a la presidencia de la República, jefe del Gobierno,
cargo que simultaneó con la cartera de Guerra. Desbordado por la
violencia callejera, su paso por la presidencia del Consejo de Ministros
ha sido negativamente criticado por los políticos de todos los signos,
achacándosele haber hecho caso omiso de las muchas advertencias que de
todas partes le llegaron, entre ellas la que por carta le hizo el
general Franco días antes de que estallara la guerra civil. En junio de
1936 protagonizó un durísimo debate parlamentario con el prohombre
monárquico José Calvo Sotelo —debate que algunos historiadores
consideran como el prólogo de la citada guerra—, declarándose
«beligerante» contra el fascismo y acusando al citado Calvo Sotelo de
«cualquier cosa que pudiera suceder». Al producirse el alzamiento
militar de julio de dicho año, se negó a distribuir armas a las milicias
de los partidos de izquierda y de las organizaciones sindicales, lo que
desató aún más la violencia de tales milicias. Durante la contienda no
desempeñó cargo político alguno, salvo el meramente simbólico de
diputado a Cortes. Al terminar la guerra se refugió en Francia, donde
permaneció hasta su fallecimiento.

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Honorato de Castro Bocel
(1885-1962).
Catedrático de Cosmografía y Física del Globo; diputado a Cortes en 1931
por la provincia de Zaragoza (Acción Republicana) y reelegido en 1936
por la misma circunscripción (Izquierda Republicana), que durante la
guerra civil prestó apoyo a la causa republicana. Al término de la
contienda se exilió a México, donde prosiguió sus actividades
profesionales hasta su fallecimiento. |
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Enrique Castro
Delgado.
Primer comandante del Quinto Regimiento, puesto que dejó en septiembre de 1936 para ocupar el de director general de Reforma agraria. Compartió el cargo con el de comisario inspector del frente de Madrid y después de secretario general del Comisariado. Su historia posterior es oscura, pero el hecho es que salió de España, regresando probablemente a finales de los años 50 y publicando libros contra los comunistas españoles.

Nota:
En la imagen tomada en el patio del cuartel del 5º Regimiento, Castro es el de la Izquierda.
El de la derecha es el Comandante Barbado. Castro era un tipo de armas
tomar o así se pinta él. Y para comprobarlo, no se pierda su libro "Hombres made in
Moscú", que aunque es el libro de un resentido y no tiene ningún
rigor histórico, explica sin
tibiezas como eran las cosas entre los dirigentes del PCE durante la
guerra. Lister, sin ir más lejos, dice de él: "Cuando fui observando
sus características, entre las que destacaba su cobardía
—nadie
puede decir que lo haya visto jamás en una trinchera en primera línea—,
su falta de humanitarismo y su desprecio por la vida de los
combatientes, sus ridículos aires de estratega y sus estúpidas poses
napoleónicas, yo me preguntaba cómo semejante cretino podía haber sido
nombrado jefe del Quinto regimiento". Teniendo en cuenta que los
líderes comunistas que escribieron libros, excepto Tagüeña, estaban muy
sujetos a que si la persona aludida había caído en desgracia, podemos
creer a Lister al 50%, con lo que Castro ya va sobrado. Lo que está
claro es que Castro era un intrigante y un ambicioso y no supo perder.
Por lo demás era un tipo canijo y pequeñín que en la única ofensiva
militar en que participó se puso malo. Lo cuenta él.
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Roberto Castrovido.
(1864-1941)
Periodista madrileño de reconocido prestigio y que fue director de El
País que apoyó la causa republicana exiliándose al fin de la guerra a
Méjico. 
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Agustí Centelles.
1909-1985).
Fotógrafo catalán que inició su actividad profesional en el Diario
Gráfico de Barcelona, y que, posteriormente, establecido por su cuenta,
recogió con su máquina todo tipo de acontecimientos políticos, sociales
y culturales, manifestaciones, huelgas, incidentes callejeros, etc. Al
estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, siendo, quizá, el
único fotógrafo profesional que se atrevió a salir a la calle el 19 de
julio de 1936, a "dar fe de lo que estaba sucediendo en la ciudad". A lo
largo de la contienda prosiguió su trabajo, alcanzando un sólido
prestigio profesional tanto por la calidad como por la oportunidad de
sus testimonios gráficos: un ataque a la bayoneta en el frente de Huesca
—que consiguió fotografiar con auténtico riesgo de su vida—, bombardeos,
enfrentamientos urbanos, miseria de los combatientes, etc. Finalizadas
las hostilidades se exilió a Francia, donde obtuvo magníficos documentos
gráficos sobre los campos de concentración de refugiados españoles y
otras actividades del exilio. Pasados unos años regresó a España,
dedicándose desde entonces a la fotograba industrial. La obra gráfica de
Agustín Centelles ha servido para ilustrar gran número de libros y otras
publicaciones que versan sobre la guerra civil española de 1936-1939.

Para
nosotros uno de los mejores fotógrafos de la GCE (junto con Alfonsín), extranjeros incluidos.
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Mari Pepa Colomer.
Fue la
primera mujer española que obtuvo el título de piloto. Desarrolló muy
variadas actividades relacionadas con la aviación, como concursos,
enseñanza, etc... Durante la guerra civil colaboró con los servicios
de propaganda y como profesora en la Escuela de Pilotos Militares de la
Generalitat. Se exilió a Londres.
Fuente e imagen: El
País, 26 mayo 2004
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Juan Comorera.
(1895-1960).
Político catalán que durante los primeros años de su juventud residió co
la Argentina, en cuyo país militó en el Partido Socialista. Poco antes
de proclamarse la República regresó a España, donde se afilió a la Unió
Socialista de Catalunya, pequeño partido del que, en poco tiempo, fue su
secretario general. Nombrado consejero de Agricultura del Gobierno de la
Generalidad, participó como miembro de ésta en la revolución de octubre
de 1934, siendo procesado y condenado a treinta años de prisión, pena
que pasó a cumplir en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz), del
cual salió en febrero de 1936 cuando, tras el triunfo del Frente
Popular, fue elegido diputado a Cortes por Lérida en representación de
Esquerra Republicana. Al iniciarse la guerra civil consiguió la fusión
de un grupo de partidos minoritarios catalanes de inspiración marxista
—el Partido Comunista Catalán; los escasos afiliados en Cataluña al
PSOE; el Partido Proletario Catalán; los disidentes del POUM y el
pequeño grupo que constituía la Unión Socialista de Cataluña—,
constituyendo el PSUC, del que también fue nombrado secretario general,
partido que inmediatamente se adhirió a la III Internacional,
subordinada plenamente a la persona de Stalin. Poco tiempo después fue
nombrado miembro del Comité Central del Partido Comunista de España. A
lo largo de la contienda desempeñó varias consejerías en el Gobierno de
la Generalidad, Servicios Públicos, Abastos, Justicia, Trabajo, Obras
Públicas, etc. Enemigo acérrimo de la CNT, hizo cuanto pudo por
desmantelar la estructura del anarcosindicalismo catalán, jugando un
importantísimo papel en el desarrollo de los acontecimientos que
tuvieron lugar en Barcelona en mayo de 1937 —hasta el punto de que
algunos historiadores le atribuyen no poca responsabilidad en la
desaparición y asesinato de Andrés Nin—. Al terminar la guerra pasó a
Francia y, más tarde, a Moscú. Luego se instaló en México, colaborando
con el Gobierno republicano en el exilio y volviendo de nuevo a Francia,
en 1945, donde cuatro años después fue acusado de "títista" y expulsado
del PSUC. En 1950 pasó clandestinamente a España, siendo descubierto y
detenido por la policía en 1954. Reducido a prisión, murió en Burgos,
seis años después, sin que recobrara la libertad. En opinión del
escritor y político Josep Benet, Comorera fue el político más polémico
del siglo en Cataluña...

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Lluis Companys i
Jover.
(1882-1940). Abogado y político catalán, nacido en la provincia de
Lérida, que fue discípulo de Francisco Layret, en el despacho del cual
hizo sus primeras armas profesionales, defendiendo a numerosos obreros
que militaban en la CNT. Afiliado a Unió Republicana, junto con el
citado Layret y Marcelino Do-mingo Sanjuán, fundó en 1916 el periódico
La Lucha, al tiempo que colaboraba en La Publicidad, La Barricada v La
Forja. Un año después fue elegido concejal del ayuntamiento de
Barcelona, formando parte de la Comisión de Gobierno de dicha
corporación. En 1920 fue detenido y deportado a la isla de Menorca por
sus relaciones con el Sindicato Unico y las actividades desarrolla-das
por éste. A su regreso a Cataluña creó la Unió de Rabassaires, especie
de sindicato campesino opuesto al de San Isidro, que era en el que militaban
los propietarios de las tierras. Durante la dictadura del general Primo
de Rivera volvió a ser detenido en diversas ocasiones, aunque en ninguna
de ellas se le formularon cargos graves y siempre recobró la libertad
poco tiempo después. En marzo de 1931, al agruparse las tendencias
republicanas catalanas en el partido Esquerra Republicana de Catalunya,
se convirtió en uno de los líderes más cualificados de esta
organización. Poco tiempo después, el 14 de abril, se autodesignó
alcalde de Barcelona —dos días antes había sido elegido concejal del
mismo municipio— y proclamó la República desde el balcón de honor del
ayuntamiento de dicha ciudad. Diputado a Cortes por Barcelona en 1931,
1933 y 1936 (Esquerra Republicana de Catalunya). Gobernador civil de
Barcelona; ministro de Marina (de junio a septiembre de 1933) en uno de
los gabinetes presididos por Manuel Azaña, y presidente del Parlamento
de Cataluña. Elegido presidente de la Generalidad de Cataluña tras la
muerte de Francecc Maciá, el 6 de octubre de 1934 proclamó el Estado
Catalán de la República española, por lo cual fue acusado del delito de
rebelión militar y condenado a treinta años de reclusión. Al triunfar el
Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 fue amnistiado y
repuesto en el cargo de presidente de la Generalidad, regresando a
Cataluña —se hallaba preso en el penal del Puerto de Santa María
(Cádiz)—en olor de multitud. El 16 de julio de 1936, al anochecer
—durante toda la jornada había corrido por doquier el rumor de que, de
un momento a otro, los militares iban a alzarse en armas contra el
Gobierno—, recibió en su despacho oficial a Buenaventura Durruti,
Francisco As-caso, Juan García Oliver y Diego Abad de Santillán,
quienes, en nombre de la CNT y de la FAI, pretendían que se les
entregasen armas con las que poder hacer frente a cualquier eventualidad
sediciosa, pero el presidente de la Generalidad, que en esta ocasión
prefería que los acontecimientos se precipitasen por sí solos, se negó a
tal entrega. El 18 del mismo mes, por la mañana, conocedor ya del
levantamiento de las tropas destacadas en Marruecos, habló por teléfono
sobre el tema con Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno
central, el cual, optimista, restó importancia al hecho y le aseguró que
en pocas horas el país volvería a la normalidad. El mismo día, por medio
de Federico Escofet Alsina, comisario general de Orden Público de la
citada Generalidad, se enteró de que habían sido detenidos tres
oficiales de la Guardia de Asalto, a los cuales se les habían ocupado
algunos documentos altamente comprometedores, reveladores de la
inminencia de la sublevación. En la madrugada del 18 al 19 las tropas
rebeldes se lanzan a la calle, pero, al cabo de unas horas y tras una
sangrienta batalla, son derrotadas por las fuerzas de la Guardia Civil,
la Guardia de Asalto, los Mozos de Escuadra y algunos pequeños grupos de
milicias anarcosindfcalistas. El general Manuel Goded Llopis, que se
había trasladado de Mallorca a Barcelona para encabezar la rebelión, es
hecho prisionero. Conducido al despacho del presidente de la
Generalidad, es invitado por éste a que se dirija por radio a los
últimos focos de resistencia, a fin de que, en evitación de mayores
males, les ordene que depongan su actitud. «General —le dice—, cuando se
juega y se pierde hay que pagar lealmente. En otra ocasión yo me vi en
este despacho, vencido por la fuerza del Ejército como usted lo está
ahora por la fuerza del pueblo. Entonces, cumpliendo el deber de evitar
sacrificios estériles, me acerqué a ese micrófono y recomendé que la
lucha cesara porque el movimiento había fracasado. Usted está en el
deber de imitarme.» Aceptó el general rebelde la invitación, desligando
a sus secuaces del compromiso que tenian contraído. Satisfecho por su
victoria, el presidente de la Generalidad habló, en catalán —de
ordinario se expresaba en castellano—, por los mismos micrófonos que
Goded: «¡Catalanes! Sólo unas palabras, porque éstos son momentos de
hechos y no de frases. Acabáis de escuchar al general Goded, que dirigía
la insurrección y que pide que se evite el derramamiento de sangre. La
rebelión ha sido sofocada. Es necesario que todos continuéis a las
órdenes del Gobierno de la Generalidad, atendiendo a sus consignas. No
quiero terminar sin hacer un fervoroso elogio de las fuerzas que con
bravura y heroísmo han luchado por la legalidad republicana ayudando a
la autoridad civil. ¡Viva Cataluña! ¡Viva la República!» En la tarde del
20 de julio, dominada ya Barcelona por las fuerzas lea-les al Gobierno,
recibe, otra vez, aun grupo de militantes de la CNT y de la FAI
—Durruti, García Oliver, Ricardo Sanz y Joaquín Ascaso (el hermano de
este último, Francisco, había muerto el día antes en el asalto a unas
dependencias militares de Barcelona)— y les dice: «Habéis vencido y todo
está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como
presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado
más en la lucha contra el fascismo.» Aunque, según Jaume Miravitlles,
testigo de excepción de aquellos acontecimientos, «a las cuarenta y ocho
horas del estallido [de la guerra] ya no regia el Gobierno de Cataluña»
y las patrullas armadas anarquistas y socialistas se habían hecho las
dueñas de las calles de Barcelona, el presidente de la Generalidad hizo
todo lo posible para que la ciudad recuperase la calma y la normalidad.
Con este propósito dirigió a los catalanes una nueva alocución
radiofónica, en la que no es difícil entrever el estado de indisciplina
que debía reinar entre las masas: «El Gobierno de Cataluña —dice
Companys— ha adoptado las medidas necesarias para hacer frente a las
circunstancias actuales, en las que las fuerzas fascistas vencidas en la
calle en toda Cataluña y en casi toda España por el heroísmo de las
masas populares y de las fuerzas leales, oponen en algunos lugares la
última desesperada resistencia. El Gobierno mantendrá la dirección de la
lucha, puesto que él tiene la responsabilidad, e impondrá la disciplina
con el concurso y la asistencia de las organizaciones obreras y de los
partidos políticos antifascistas. Los que han luchado y vencido han de
permanecer unidos, para dar a los impulsos de la indignación el camino
eficaz de la victoria y la pureza, el honor y la gloria del movimiento
triunfante. Repito a todos el acata-miento a las disposiciones, órdenes
y acuerdos del Gobierno... Pido y repito a todos que rechacen y se
enfrenten contra todo intento que venga a perturbar el orden
revolucionario...» El 23 de julio se crean las Milicias Ciudadanas o
Milicias Antifascistas de Cataluña, que constituirían, aunque Companys
no lo reconozca o no lo quiera reconocer, el auténtico Gobierno de
Cataluña durante algunos meses. El 10 de agosto se constituye un nuevo
Gobierno catalán, el cual despierta no pocos recelos en Madrid: primero,
porque Companys deja de llamarse presidente de la Generalidad de
Cataluña para hacerse llamar presidente de Cataluña; después, porque en
dicha Generalidad se crea una nueva consejería, la de Defensa, que suena
más a organismo propio de un Estado soberano que a simple departamento
administrativo de una región autónoma. A este Gobierno suceden varios
más, lo que revela la inestabilidad de la situación y su difícil
sostenimiento. Ossorio y Gallardo (Vida y sacrificio de Companys, Ed.
Losada, Buenos Aires, 1943) describe la atmósfera reinante en aquellos
momentos y los esfuerzos que continuamente hace Companys para evitar
peligros e incomodidades a determinadas personas: «... Cuando después de
julio de 1936 [Companys] fue desbordado por la revolución y Cataluña
tomó un aspecto fantástico y todos tuvimos que acudir a la Generalidad
para proteger amigos e instituciones, pude darme cuenta de que hizo lo
que pudo para salvar lo que fuese posible, aunque a veces no lo
consiguiera. Me consta que muchos de nuestros políticos de derechas que
se hallaban en Barcelona, Abadal, Ventosa i Calvell, Puig i Cadafalch,
el conde de Montseny, así como muchos industriales que pudieron escapar,
los altos dignatarios del clero e innumerables curas salvaron la vida
gracias a la intervención de Gassol y España, que actuaban por encargo y
con plena anuencia de Companys. Yo hablé con el obispo de Gerona y con
el canónigo Carreras en el despacho de Gassol y con el abad de
Montserrat en el patio gótico y vi los montones de pasaportes que
firmaba España y luego supe los esfuerzos de Andreu [presidente de la
Audiencia], que se jugó muchas veces la vida para arrancar de las
patrullas a muchos inocentes y aun a muchos que no lo eran y sé que todo
esto se hacía de acuerdo con el Presidente. Sé también que después de
los primeros fusilamientos de militares sublevados (Goded, etc.) a los
que él, en principio, se opuso siempre y que sólo consintió porque con
ellos se evitó una matanza en masa que no tenía fuerza de impedir,
Companys votó todos los indultos y luego facilitó todos los cambios de
presos Pasados los primeros meses de la guerra cae en una descarada
demagogia, de la que él mismo será víctima. Pronuncia un sinfín de
discursos faltos de todo contenido político, presentándose ante las
masas como mártir de las circunstancias, sabiendo que esas masas son
fácilmente emocionables y responden a cualquier sugestión. «En estos
momentos —les cuenta en una ocasión—, podéis hacer de mí cuanto os
plazca. Utilizadme, si yo, demócrata y republicano, puedo aportar un
sentido de responsabilidad a la obra del advenimiento de la clase
trabajadora... Utilizadme. Cuando ya no me necesitéis, exprimidme como
un limón, arrojadme al arroyo y proseguid vuestro camino.» A finales de
octubre de 1936, la Generalidad acordó la colectivización de las
empresas de más de cien obreros. En principio, el presidente catalán
—fiel a su linaje y a su espíritu burgués— se opuso a la firma del
correspondiente decreto pero, según cuenta Abad de Santillán, testigo
presencial de los hechos, accedió a suscribirlo amenazado casi pistola
en mano por el consejero de Economía. Las relaciones con el Gobierno
central son poco cordiales y, en este sentido, irán in crescendo a lo
largo de toda la guerra. Ante Ilia Ehrenburg, corresponsal del diario
soviético lzvestia, Companys se quejó de que en Madrid «nos tratan como
a una provincia». Cuando Manuel Azaña se traslada a Barcelona es
recibido como un jefe de Estado... extranjero. En poco tiempo la
Generalidad de Cataluña se apropia de un sinfín de servicios y de
funciones que estatutariamente no le corresponden, todo ello con el
asentimiento, cuando no por obra, del propio Companys; la Consejería de
Gobernación de dicha Generalidad se arroga la mayoría de las funciones
que corresponden al Gobierno central; el presidente de Cataluña —título
que oficial-mente no existía pero que a Companys le satisfacía, y mucho,
utilizar— se atribuye la prerrogativa de indultar a los condenados por
los tribunales de justicia; dependiendo del Gobierno catalán se crean
los departamentos de Comercio Exterior y de Asuntos Exteriores; la misma
Generalidad emite papel-moneda, de curso obliga-torio en Cataluña, por
un importe inicial de 200 millones de pesetas; se crea un ejército de
Cataluña independiente del ejército de la República; etc. En mayo de
1937 estalla en Barcelona una guerra civil dentro de la guerra civil,
que terminará con la práctica desaparición del poder anarcosindicalista
del panorama catalán, la defenestración de Francisco Largo Caballero y
el acceso de Juan Negrin a la jefatura del Gobierno central y de los
comunistas al Poder. Carlos Rojas (Diez figuras ante la guerra civil, Ed.
Nauta, S. A., Barcelona, 1973), hace esta rápida síntesis de aquellos
momentos: «... Agrias discordias entre las fuerzas republicanas
aperciben a tiros el mayo sangriento hasta hacerlo inevitable. Más de
ciento cincuenta muertos, en atentados, pringan Cataluña en aquellos
meses. El 30 de julio asesinan a Desiderio Trilles, Manuel Séster y
Miguel Moraña, de la UGT, en la puerta de la Paz. El 23 de enero, en el
pueblo de La Fatarella, Tarragona, las patrullas de control abren fuego
contra los campesinos que protestan la colectivización. Treinta
cadáveres arroja el balance. El 17 de febrero matan en Barcelona a un
cenetista. El 26 sale siniestro. Cae otro confederado en un tiroteo
entre sindicales en Manresa; balean al presidente de las juventudes
anarquistas de Centelles; hay nuevos crímenes en Vilanova i la Geltrú, y
en Granollers acaban a tiros con un guardia de Asalto. Una manifestación
de compañeros suyos Ilega a la Generalidad, donde apacíguala el propio
Companys. Tres días después, en el entierro de un guardia civil también
sacrificado en Olesa de Montserrat, enciéndese otro tiroteo y cae el
obrero Juan Gozalbo. El 5 de marzo, aprópiase el PSUC de diez tanques
ligeros de la Maquinista Terrestre y Marítima, falsificando un volante
del sindicalista Antonio Vallejo, jefe de las industrias de guerra. El
mismo Tarradellas, presidente del Gobierno, reclámalos en vano. El 24 de
abril disparan contra el comisario de Orden Público Rodriguez Salas. A
la mañana siguiente, sucumbe Roldán Cortada, del comité regional de la
UGT, a manos de otros pistoleros. El 27, números de Asalto enviados por
Rodríguez Salas y Artemi Ayguader, consejero de Seguridad Interior,
acaban con Antonio Martín, el cojo de Málaga, en su cantón de Puigcerdá,
donde reinaba abierto bandidaje. El 2 de mayo, víspera del estallido,
sucumbe un faísta en la calle del Pino, bajo las balas de Estat Catalá.
La serenidad de Alfredo Martínez del comité regional de las juventudes
libertarias, impide inmediatas venganzas en otros miembros de Estat
Catalá, reunidos con él, en el pleno del frente de la juventud
revolucionaria. Martínez, empero, será también víctima de sicario
anónimo, en los sucesos que se avecinan...» Efectivamente, el panorama
en Cataluña es desolador. «Hay para escribir un libro —dice Azaña en sus
Memorias políticas y de guerra, Ed. Crítica, Barcelona, 1981— sobre el
espectáculo que ofrece Cataluña, en plena disolución. Ahí no queda nada:
Gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos, fuerza armada; nada
existe...» No menos pesimista se muestra Abad de Santillán: «...
Companys —dice— no supo o no pudo imponerse al caos que reinaba en
aquella época...» A principios de noviembre de 1937, considerando
concluido su mandato presidencial, Companys pone su cargo a disposición
del Parlamento catalán, pero éste vuelve a elegirlo para el mismo puesto
por cuarenta y un votos a favor y uno en contra. No obstante, las
relaciones Gobierno central-Generalidad de Cataluña se deterioran tanto
que el necesario engranaje deja de funcionar. Parece claro que la
colaboración de Cataluña al esfuerzo general de guerra es cada vez
menor, está cada vez más falta de entusiasmo. Companys se queja de
Prieto —que ha sucedido a Largo Caballero en la cartera de Guerra, que
simultaneaba con la presidencia del Gobierno— y de Negrín; Azaña se
queja de Companys: «Lo mejor de los políticos catalanes es no
tratarlos.» Todos se quejan de todos. En un determinado momento se
rumorea que va a suprimirse la Generalidad y a nombrarse, otra vez, un
gobernador general de Cataluña. En el paroxismo de su amargura, Azaña,
artífice máximo, en su día, del Estatuto catalán, escribe: «... Una
persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de
España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema
de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos
siglos.» Moralmente derrumbado, Companys no sabe qué camino elegir:
personas que lo trataron de cerca en aquellos momentos sospechan que
había perdido o que estaba a punto de perder el juicio. El
establecimiento del Gobierno central en Barcelona no sirve si no para
agravar la situación. El Gobierno transgrede continuamente el Estatuto y
la Generalidad viola cada día la Constitución. En círculos que se decían
bien informados —cosa que nunca ha podido comprobarse y que muy
posiblemente era una mentira más entre las muchas mentiras que
circulaban por entonces— se asegura que Cataluña está gestionando una
paz separada con Franco. En ocasiones, pocas, se enciende una luz que
parece posibilitar el entendimiento y que sirve para albergar algunas
esperanzas. «En las filas del Ejército —dice Companys—, victoria quiere
decir unidad, disciplina, mando único, virtudes militares y cívicas en
todos los órdenes, y esto ha sido conseguido por las características
insuperables de abnegación y de resistencia y de moral del alma popular,
y el acierto de la eficacia técnica y de dirección que me obligan ahora
a pronunciar el nombre de Indalecio Prieto...» Pero esta luz se apaga en
seguida. Cuando la guerra se acerca a Cataluña, la República va ya,
inevitablemente, a la deriva. Negrín propone a Companys como presidente
del Gobierno central pero éste, como es lógico, rehúsa la proposición.
En diciembre de 1938 comienza la gran ofensiva nacionalista sobre
Cataluña, que a los pocos días se convertirá, más que en ofensiva, en un
paseo militar. Según Carlos Rojas (op. cit.), un grupo de militares
republicanos propone, a través de Diego Abad de Santillán, un plan
«entre saguntino y fantástico, que prevé, para Barcelona, la resistencia
y voladura de la ciudad, casa por casa. Companys júra estar dispuesto a
sepultarse con ella, pero Negrín rebate el proyecto». El 26 de enero de
1939, el ejército nacionalista entra triunfalmente en Barcelona. Tres
días antes, exactamente en la madrugada del 22 al 23, Companys había
abandonado la ciudad. «Tardaremos mucho tiempo en regresar a nuestra
tierra», dice al contemplar por última vez el palacio de la Generalidad
de Cataluña. Pasando por Sant Hilari, Montsolís, Darnius y Agullana
—donde se encuentra con José Antonio Aguirre Lecube, presidente del
Gobierno autónomo del País Vasco, que también huía—, llega a la frontera
francesa, de donde pasó primero a Perpiñán y, posteriormente. a Paris.
Más tarde. fijó su residencia en La Baule, en unión de su esposa.
Cuando, en 1940, Francia es invadida por los ejércitos de Hitler, le
propusieron huir a América, pero Companys se negó a ello, pues tenía un
hijo enfermo mental recluido en un sanatorio próximo a París. Poco
tiempo después se enteró de que, tras un bombardeo, su aludido hijo
había desaparecido, lo que le obligó a realizar una serie de gestiones
en averiguación de lo sucedido. En el desarrollo de tales gestiones fue
detenido por la Gestapo alemana y conducido a París. Allí fue entregado
a la policía española, que lo trasladó a Madrid. Tras una serie de
interrogatorios en la Dirección General de Seguridad, lo llevaron a
Barcelona, quedando preso en el castillo de Montjule. El 14 de octubre
del citado 1940 se celebró contra él un consejo de guerra sumarísimo, en
el que fue acusado de haber cometido un delito de adhesión a la rebelión
militar. Horas después se dictó la correspondiente sentencia, en virtud
de la cual era condenado a la pena de muerte. Al día siguiente, de
madrugada, tras haber confesado y comulgado al parecer muy devotamente
—no obstante su antigua militancia en la Masonería—, fue fusilado en los
fosos del mencionado castillo. No parece cierto que, como dice la
leyenda, se descalzase ante el pelotón que lo iba a ejecutar para morir
pisando tierra catalana.

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Manuel Cordero Pérez.

De la
Comisión Ejecutiva de la UGT y Diputado Por Madrid. Se exilió a la
Argentina.

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Joan Cornudella Barbera.
(1904-1985).
Político catalán, afiliado a Estat Catalá, que durante la guerra civil
fue secretario general de dicho partido. Una vez concluida la contienda
se exilió a París, donde fundó el Front Nacional de Catalunya. Más tarde
regresó clandestinamente a España, siendo detenido en diversas ocasiones
por sus actividades políticas. Tras la restauración de la Generalidad de
Cataluña fue elegido diputado al parlamento catalán por cl Partido
Socialista.
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Francisco Cruz Salido.
(1898-1940).
Empleado de la Compañía Telefónica, militante del PSOE y redactor del
diario El Socialista, en cuyas páginas publicó el 30 de julio de 1932 un
articulo que le valió la inquina de un gran sector de la clase militar.
«Pregonemos —decía entre otras
cosas—nuestro orgullo: tenemos médicos para los soldados, y médicos para
los jefes, cada uno de ellos especialmente capacitado para sus funciones
respectivas. A veces, sin embargo, el médico de un capitán especializado
en capitanes y preparado para vigilar la salud de los capitanes, se ha
visto en el caso de tener que asistir de parto a la señora del capitán.
Terrible conflicto. Terrible, porque, por muy psiquiatra que el médico
sea, no había previsto que los capitanes pudieran llegara esos trances.
En estos casos debería establecerse una competencia de jurisdicción
entre el médico de los jefes y el médico de los soldados; en definitiva,
tendría que intervenir este último, porque podría demostrarse que la
culpa de todo era del asistente.»
Durante la guerra civil siguió colaborando en el mismo periódico, siendo
durante algún tiempo secretario particular de lndalecio Prieto. Al
terminar la contienda se refugió en Francia, donde fue detenido por la
Gestapo alemana cuando los ejércitos de Hitler ocuparon dicho país,
siendo, a continuación, entregado a las autoridades franquistas.
Conducido a Madrid y juzgado por un consejo de guerra, fue condenado a
muerte y fusilado en Madrid en las tapias del Cementerio del Este..

Nota:
En la imagen es el de la derecha, junto a Julián Zugazagoitia. Ambos,
como en la foto, unieron sus vidas y sus muertes, pues, fueron capturados en Francia
por la Gestapo, entregados a los franquistas y fusilados en Madrid, en
las tapias del Cementerio del Este en 1940. Y así, los franquistas acabaron con sus vidas, con
su talento y con su honestidad. Descansen en paz estos dos insignes y
leales socialistas.
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Luis Cuenca Estevas
(1910-1936).
Estudiante fracasado de Aduanas y militante del PSOE, apodado el Cubano
—por haber pasado una larga parte de su vida en la isla de Cuba— y el
Pistolero —al parecer fue guardaespaldas del dictador caribe Machado—,
que gozó de escasas simpatías entre sus correligionarios, no obstante lo
cual formó parte de «La Motorizada» y de la escolta personal, más o
menos pagada, de Indalecio Prieto. Los especialistas en el tema —Luis
Romero, Ian Gibson, etc.— coinciden todos en que fue el autor material
del asesinato del líder monárquico José Calvo Sotelo. Murió en acción de
guerra, en la sierra de Madrid, a los pocos días de iniciarse la guerra
civil.
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Pedro (Fernández) Checa
(1906-1943).
Delineante y dirigente comunista, miembro del Comité Central del
partido, que durante la guerra civil desempeñó diversos e importantes
cargos en el seno de la más alta organización del mismo, gozando fama de
hombre íntegro, honesto, sencillo y eficiente. En los últimos días de la
contienda trató de organizar una especie de células comunistas para que
después, cuando llegase la paz, pudiesen funcionar en la clandestinidad
y, como consecuencia, mantener viva la presencia del citado partido en
la vida política española, cosa que no logró a pesar de sus reconocidas
cualidades de buen organizador. Al finalizar la guerra se exilió a
México, donde falleció poco tiempo después.
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Luis Delage.
Fue nombrado comisario de la recién formada
6 Brigada en noviembre de 1936. Fue comisario, sucesivamente, de la 4 División, el V Cuerpo y el Ejército del
Ebro. Antes de la guerra había estado encargado de la propaganda en el comité provincial del PCE en Madrid. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética y luego a América Latina, regresando a Francia en 1944 para actuar entre los exiliados españoles.
Nota:
Delage es el calvo.
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Manuel Delicado.
Político
sevillano que durante la guerra civil desempeñó altas funciones en el
Comité Central del Partido Comunista de España. Se exilió al extranjero
al termino de la guerra.
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José Díaz Alor.
Militante
socialista, alineado en el ala izquierda del PSOE, que durante la guerra
civil, siendo ministro de la Guerra Francisco Largo Caballero, fue
encargado por éste. junto con cinco inspectores más, de examinar la
acción de los generales, jefes, oficiales, suboficiales y comisarios del
ejército republicano, para estar el indicado ministro debidamente
informado del comportamiento político de sus subordinados. Próximo ya el
final de la contienda fue elegido miembro del Comité Ejecutivo de la
Unión General de Trabajadores. |
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Ángel Díaz Baza.
Militante
socialista que durante la guerra civil fue nombrado por Indalecio
Prieto, a la sazón ministro de Defensa Nacional, jefe del SIM, desde
cuyo cargo hizo, a finales de 1937, algunas gestiones encaminadas a
llegar a un compromiso con los nacionalistas que pusiese fin a la
contienda, gestiones que resultaron totalmente infructuosas. |
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José Díaz Ramos.
(1896-1942).
Panadero y político sevillano que desde muy joven militó en las filas de
la CNT, por lo cual sufrió varias detenciones y encarcelamientos. En
1927 abandonó el anarcosindicalismo e ingresó en el Partido Comunista,
en el que muy pronto fue designado miembro del Comité Central, y poco
después, secretario general v vocal de la comisión ejecutiva de la
Internacional Comunista. En 1936 fue elegido diputado a Cortes por
Madrid (capital), en representación de su partido, y miembro de la
Diputación Permanente del parlamento, amenazando desde su escaño a
Gil-Robles de que moriría con los zapatos puestos». Durante la guerra
civil concentró toda su actividad en el Partido Comunista —desde el cual
ejerció una notoria influencia en la zona republicana, sin desempeñar
cargo alguno en el Gobierno, lo cual no fue obstáculo para que, en
diversas ocasiones, chocase con los asesores soviéticos que prestaban
sus servicios en la zona gubernamental y se quejase de la influencia que
éstos ejercían en la política española. En diciembre de 1938 se trasladó
a la URSS, enfermo de gravedad, donde siguió trabajando como miembro del
Komintern, falleciendo cuatro años después.

|
|
Marcelino Domingo Sanjuán.
(1884-1939).
Político catalán, nacido en Tortosa (Tarragona), en cuya comarca llegó a
ejercer una notable influencia. Maestro de primera enseñanza,
periodista, concejal del ayuntamiento de su ciudad natal y fundador del
Bloc Republicá Autonomista. Masón. Encarcelado en 1917, con motivo de la
huelga general revolucionaria, tomó parte en diversas conspiraciones
contra la dictadura del general Primo de Rivera, suscribiendo a la caída
de éste el llamado Pacto de San Sebastián. Al proclamarse la República
fue nombrado ministro de Instrucción Pública y, poco tiempo después, de
Agricultura, Comercio e Industria. Diputado a Cortes por Tarragona en
1931 (Partido Radical Socialista). Ministro, otra vez, de Instrucción
Pública con el primer Gobierno del Frente Popular. Al estallar la guerra
civil formó parte de una delegación española que visitó a Léon Blum para
recabar ayuda del Gobierno francés, ayuda que no pasó de buenas
promesas. Más tarde se encargó de llevara cabo una misión de propaganda
en Hispanoamérica, labor que reportó algunos beneficios morales y
materiales a la causa republicana. Poco después abandonó España, fijando
residencia en Francia y falleciendo en Toulouse poco antes de que
concluyera la contienda. Autor, entre otros libros, de En la calle y en
la cárcel, ¿Dónde va Cataluña?, ¿Qué espera el rey?, ¿A dónde va
España?, La experiencia del poder, etc.

|
|
Edmundo Domínguez.
Político
socialista que con anterioridad a la guerra civil había desempeñado los
cargos de presidente de la Casa del Pueblo de Madrid y secretario de la
Federación Nacional de la Construcción (UGT), v que durante la
contienda, alineado más próximamente a los comunistas que a sus antiguos
correligionarios, fue elegido vicepresidente de la Unión General de
Trabajadores y comisario inspector del ejército republicano operante en
la región central. Autor, entre otros libros, de Los vencedores de
Negrín (Ed. Nuestro Pueblo, México, 1940). 
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Buenaventura
Durruti.
(1896-1936).
Obrero mecánico leonés, uno de los máximos líderes del anarquismo
español del siglo XX y, sin duda, el que alcanzó mayor popularidad, el
cual desde su primera juventud desarrolló una intensa actividad
revolucionaria, tanto en España como fuera de ella. Desertor del
ejército, participó muy directamente en la huelga general revolucionaria
de 1917 incendiando locomotoras, levantando el tendido de vías férreas,
etc., por lo que tuvo que huir a Francia, siendo detenido algún tiempo
después y juzgado por un tribunal militar, que lo condenó a prisión, de
la cual consiguió evadirse. Instalado en Barcelona, constituyó un grupo
de acción ácrata denominado «Los Solidarios,,, del que formaron parte,
entre otros, Juan García Oliver, Francisco Ascaso, Ricardo Sanz, etc.,
grupo vinculado a la FAI, cuya principal finalidad era la lucha
callejera —en la que Durruti era un verdadero experto— contra las bandas
armadas que actuaban por cuenta de los empresarios catalanes, y que
proyectó en París un atentado, que resultó frustrado, contra el rey
Alfonso XIII. Poco tiempo después tomó parte en un atraco perpetrado
contra la sucursal del Banco de España, de Gijón, por cuyo hecho fue
detenido su citado correligionario Francisco Ascaso, el cual sería
libertado, pocos días después, por Durruti y sus colaboradores.
Participó también, al parecer, en el asesinato del cardenal Juan
Soldevilla Romero, arzobispo de Zaragoza, consiguiendo huir después de
realizado el hecho. De España saltó a la República Argentina —donde
fundó un sindicato anarquista— y después a México, Cuba, Uruguay, Chile,
Perú, etc., participando en las luchas revolucionarias de cada uno de
estos países y siendo buscado por la policía de todos ellos. Al
advenimiento de la República regresó a España, interviniendo en la
sublevación anarquista del Alto Llobregat —por lo que fue desterrado a
Bata (Guinea)— y en la revolución de octubre de 1934, siendo varias
veces encarcelado. Al triunfar el Frente Popular, en febrero de 1936,
consiguió salir de la prisión del Puerto de Santa María (Cádiz), en la
que se hallaba recluido. El 18 de julio de dicho 1936 se hallaba en
Barcelona donde destacó como uno de los principales dirigentes
anarquistas que intervino en la sofocación del alzamiento militar.
Derrotados los sediciosos, y acompañado de los citados Ascaso, García
Oliver y otros, se presentó a Lluís Companys, presidente de la
Generalidad de Catalana, al que exigió un papel preponderante para los
anarquistas en el seno del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña,
de cuyo comité formó parte Durruti en representación de la CNT. Pocos
días después de iniciada la guerra se puso al frente de una columna
compuesta por unos 2500 anarquistas, saliendo de Barcelona y
dirigiéndose a Zaragoza, ciudad esta última que no alcanzó a conquistar
no obstante los diversos intentos realizados a este respecto. Lleno de
fervor, implantó el comunismo libertario en la zona aragonesa ocupada
por sus hombres. En noviembre de 1936 acudió a la defensa de Madrid al
mando de una columna compuesta por unos 2000 confederales, a la cual se
encomendó la defensa de un sector de la Ciudad Universitaria próximo al
hospital Clínico, columna que no pudo impedir que dicho hospital cayese
en manos de las fuerzas nacionalistas. El 19 del citado mes de noviembre
cayó mortalmente herido —falleció al día siguiente— en un accidente con
su subfusil o el de alguno de su escolta. Su cadáver fue trasladado a
Barcelona, donde fue enterrado. El acto del sepelio, presidido por el
citado Lluís Companys, Juan García Oliver —por entonces ministro de
Justicia— y el cónsul de la URSS en Barcelona, constituyó una masiva
manifestación de duelo, a la que, según cálculos que merecen crédito,
asistieron más de 200.000 personas.

Nota:
A la familia de Durruti le ocurrió lo que tantas familias republicanas,
que quedó destrozada por la lucha. Los padres de Durruti tuvieron nueve
hijos, que fueron, Santiago, Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto,
Pedro, Manuel y Rosa. Y de los que sólo sobrevivieron tres al finalizar
la guerra, En 1932, en una huelga murió en León uno de ellos, otro
cayó en la revolución de Octubre. Manuel se afilió a Falange en León
y fue fusilado por los mismos falangistas al negarse éste a probar su
lealtad a la falange de manera criminal. Pedro, antiguo afiliado a
Falange, fue fusilado por los republicanos. Triste historia esta la de
las familias españolas, como la de los Pérez Salas, militares, la de
los Ascaso, también, la de la Ibarurri, la de los Carrillo, padre e
hijo enemistados a muerte, la propia de Largo Caballero, y tantos
otros...
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Joseba Elosegi Odriozola.
Joseba Elosegi
se hizo célebre por intentar quemarse a lo bonzo en el frontón de
Anoeta de Donosita, en un partido de pelota televisado al que asistía
Franco. Según explicó después, fue la forma que se le ocurrió de
devolverle de alguna forma el fuego que devoró Gernika. Al estallar la
guerra se presentó voluntario para frenar la invasión de Gipuzkoa,
ascendiendo pronto a oficial. Testigo desde la ladera del monte Urko del
bombardeo de Durango, fue el único oficial con mando de tropa que se
encontraba en Gernika el día del bombardeo. Tras el pacto de Santoña
por el que los gudaris entregaron las armas a los italianos a cambio de
que se les respetara la vida, le tocó también entregar las armas, pero
el pacto fue incumplido y Elosegi, por entonces ya capitán, fue
encarcelado y condenado a muerte, aunque fue canjeado por un condenado a
muerte en territorio republicano, y se incorporó al frente catalán con
el grado de comandante. Se exilió a Francia y durante la ocupación
nazi actuó como espía y colaboró en el paso de fronteras. Tras su
acción del frontón de Anoeta y tras estar 17 días entre la vida y la
muerte, fue condenado a 7 años de cárcel. Tras la muerte de Franco
ocupó cargos en el PNV, su partido de toda la vida hasta la escisión
de EA, en la que tomó parte. Activista como siempre, en 1984 “robó”
(la palabra correcta sería recuperó) una ikurriña expuesta en el
Museo del Ejército de Madrid, denunciando que tras varios años de
democracia, se exponía junto con otras muchas enseñas en la sección
de “Trofeos arrebatados al enemigo”. En la foto, contemplando
Gernika en un documental de 1.979.
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Ernesto Ercoreca Regil.
(1866-1957)
Político vasco, miembro del Partido Socialista Obrero Español, que
desempeñó la alcaldía de Bilbao desde la proclamación de la II República
en 1931 hasta la caída de Bilbao en 1937. Fue detenido y canjeado
posteriormente por mediación de la Cruz Roja Internacional por el
tradicionalista Esteban Bilbao Eguía. |
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Pedro Escobal López,
"Perico"
(1903-2003)
Este deportista riojano que fue jugador del Madrid, y que se encontraba
en Logroño el 18 de julio para unas gestiones laborales, fue
inmediatamente detenido por su adscripción a Izquierda republicana,
sufriendo duras cárceles y malísimos tratos a resultas de los cuales
contrajo el mal de Pott del que consiguió recuperarse gracias a la
ayuda de familiares de su mujer residentes en Argentina. Obligado al
exilio, residió en Estados Unidos dónde pudo ejercer su profesión de
Ingeniero en altos puestos. Publicó un libro "Fila de la
muerte" que se edita ahora en España con el título de "Las
sacas".
  |
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Carlos Esplá Rizo.
(1895-1971).
Político y periodista alicantino, que colaboró en La Vanguardia de
Barcelona, El Pueblo de Valencia, y en El Liberal y ,El Heraldo de
Madrid, y que fue secretario del novelista Vicente Blasco Ibáñez.
Durante la República desempeñó los gobiernos civiles de Alicante y de
Barcelona, siendo elegido diputado a Cortes en 1931 y en 1936 por
Alicante (Izquierda Republicana). Al estallar la guerra civil se hallaba
en Valencia, donde desempeñó un importante papel en los acontecimientos
de aquellos días, logrando convencer al general Martínez Monje, jefe de
la IIl División Orgánica, de que debía permanecer fiel al Gobierno y no
sumarse a la sublevación militar. Nombrado por Giral subsecretario de la
Presidencia, formó parte de la Junta Delegada de Levante que presidió
Martínez Barrio. Más tarde fue ministro de Propaganda —el primero que
desempeñó tal cartera en España— en el segundo Gobierno que presidió
Francisco Largo Caballero. Al terminar la contienda se exilió a México,
donde permaneció hasta su fallecimiento.

|
|
Martín Esteve y Guau
(1895). Abogado y periodista
catalán, director del diario La Publicitat y colaborador de La Ven de
Catalunya. Diputado a Cortes en 1931 por Barcelona (capital) yen 1936
por Solsona (Lérida), en representación de Esquerra Republicana. Miembro
de la comisión parlamentaria que redacto el Estatuto catalán y consejero
de Finanzas de la Generalidad de Cataluña, fue condenado v encarcelado
como con-secuencia de los sucesos de octubre de 1934. Tras el triunfo
del Frente Popular en las elecciones de 1936 volvió a ocupar el mismo
cargo en el Gobierno catalán. Durante la guerra civil fue asesor
jurídico de la embajada española en Francia, residiendo largo tiempo en
París. Al final de la con-tienda se exilió a Cuba y, después, en México.
 |
|
Irene Falcon.
Joven
comunista que fue secretaria personal de Dolores Ibárruri.

Nota:
La imagen superior ha dejado a Irene Falcón cortada, pero pese a todo es una
imagen excelente que junta en un plano a los dirigentes comunistas más
ortodoxos del Ejército de Ebro: Modesto, Barcia, Delage, Lagos,
Bascuñana. Hemos recibido la foto inferior de Irene, ya en la madurez.
|
|
Francesc Farreres y Durán.
(1900-1985)
Ingeniero agrónomo y político catalán, que militó en Esquerra
Republicana de Catalunya
—por cuyo partido
fue elegido diputado en 1932—
y fundó la Joventut Nacionalista de Manresa y el Centro Republicano de
dicha ciudad. Durante la guerra civil apoyó al bando republicano. Al
terminar la contienda se exilió a México, en cuyo país residió hasta su
fallecimiento. |
|
Aurelio Fernández
Militante de la Confederación
Nacional del Trabajo que durante la guerra civil desempeñé los cargos de
jefe de la Comisión de Investigación que se constituyó en Barcelona en
los primeros días de la contienda; miembro del Comité de Milicias
Antifascistas de Cataluña (en representación de la FAI) y, por último,
consejero de Sanidad de la Generalidad de Cataluña. |
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Manuel Fernández-Montesinos
Lustau
Alcalde de Granada, de filiación socialista, cuñado de García Lorca. Fue fusilado por los
rebeldes inmediatamente después de iniciada la
Guerra, concretamente el 16 de agosto.
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