S.B.H.A.C.

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1.1- Galería de políticos republicanos en la GCE

(Incluyendo Comisarios Políticos de las Fuerzas Armadas, y republicanos que sin importancia política,

puedan tener relevancia personal.)

Enlaces

De Gabriela Abad Miró A Fernández Montesinos (81)

Gabriela Abad Miró.

Nacida en Alcoi, en 1913; fallecida en México (D.F.) en 1.941. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Madrid. Dirigente de las Juventudes Comunistas del PCE y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Militante del PCE, responsable de política de acción social del Comité de Madrid. Responsable de Acción Social del Vº Regimiento (1.936-1.937). Responsable de Acción Social del Socorro Rojo Internacional en Madrid (1.938-1.939). Secretaria del Comité del campo de Internamiento de Chateaubriad (Francia) en 1.939. Amiga y colaboradora de Tina Monotti, responsable en España del Socorro Rojo Internacional y compañera de Vittorio Vidali (Comandante Carlos Contreras, comisario político del 5º Regimiento) En 1939 se exilió a México, donde murió de septicemia dos años después.

Fuente: Familia Abad Miró. Alcoi (País Valencià)

 Diego Abad de Santillán. (Sinesio García Delgado)

Destacado dirigente anarcosindicalista, nacido en un pueblo de León, de donde, en su niñez, emigró con su familia la República Argentina. En 1913 regresó solo a España para estudiar el bachillerato, que cursó en dos años y medio, matriculándose después en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Cuatro años después, y con el fin de eludir el servicio militar, volvió a emigrar a Argentina, donde ingresó como redactor en el periódico anarquista La Protesta. En 1922 se trasladó a Berlín como corresponsal de dicha publicación, contrayendo matrimonio con la hija de Fritz Katar, uno de los líderes más cualificados del movimiento ácrata alemán. Poco tiempo después retornó a Argentina, viéndose obligado a buscar refugio en Uruguay por haberse opuesto al golpe de estado del general José Félix Uriburu. En 1931 volvió de nuevo a España, y tomó parte en el congreso extraordinario de la CNT que se celebró en Madrid. Tres años más tarde se instaló en Barcelona, donde trabajó como redactor del diario Solidaridad Obrera, dirigió el semanario Tierra y Libertad, fundó la revista Tiempos Nuevos y trabó estrecha amistad con los hombres más representativos del anarquismo: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Juan García Oliver. En la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hallaba en Barcelona, y se presentó, junto con otros dirigentes de la misma ideología, a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña, demandando la inmediata entrega de armas para los voluntarios anarquistas. Pocos días después, y en representación de la FAI, formó parte del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, verdadero y único gobierno de Barcelona durante los primeros días de la guerra civil. Designado consejero de Economía de la citada Generalidad, patrocinó y financió el Batallón de la «Muerte» y convenció al citado Durruti para que no asaltase el Banco de España, de Barcelona, operación que este último tenía proyectada. Durante los sucesos acaecidos en dicha ciudad en mayo de 1937 volcó todo su prestigio y prestó una eficaz colaboración al restablecimiento de la normalidad, lo cual le obligó a renunciar a algunos de sus ideales y deseos. Poco a poco fue distanciándose de la política, limitando su quehacer a la dirección de la revista Timón, desde la cual criticó duramente la actuación del Gobierno. Al finalizar la campaña de Cataluña (enero de 1939) se exilió a Francia y, posteriormente, a Buenos Aires. Regresó a España en 1976. Autor, entre otras obras, de Psicología del pueblo español, La revolución y la guerra de España (publicada en Barcelona en plena guerra civil), Por qué perdimos la guerra (llevada al cine en colaboración con Luis Galindo), Contribución a la historia del movimiento obrero español, De Alfonso XII a Franco y Memorias 1897-1936 (Ed. Planeta, Barcelona, 1977). Fue, además, el compilador de la Gran Enciclopedia Argentina (obra compuesta en ocho tomos).

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

José Adarraga Larburu.

(1881-1936) Sacerdote guipuzcoano destinado en Hernani que al estallar la guerra civil prestó apoyo al gobierno autónomo del País Vasco. Hecho prisionero por los nacionalistas y conducido a Ondarreta (San Sebastián) fue juzgado por un consejo de guerra, el cual le condenó a muerte y ordenó su ejecución.

Ángel Agirretxe Goikoetxea

Nacionalista vasco, fue director de la revista Jagi-jagi del movimiento mendigoxale (montañeros), que eran la expresión social del nacionalismo independentista escindido del PNV. Fue el primer comandante del batallón “Lenago il” (Antes morir), y durante la II Guerra Mundial comandante médico de las Fuerzas de la Francia Libre. En la foto es el de la derecha, el de la izquierda es Luis Arana, hermano de Sabino y fundador del PNV, y el del centro Lezo de Urreiztiteta.

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Fuente: Felipe Peña

Juan María Aguilar Calvo.

(1889-1948) Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, elegido en 1936 diputado a Cortes por dicha ciudad (Izquierda Republicana). Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa gubernamental, exiliándose a Panamá al finalizar la contienda, donde fue profesor de la Universidad Nacional y en cuyo país residió hasta su fallecimiento.

 José Antonio Aguirre Lecube.

(1904-1960). Abogado —experto en temas municipales—, empresario y jugador de fútbol del Athletic de Bilbao. «Joven, elegante, amable: por su aspecto parece un artista, pero su especialidad es la producción de chocolate», lo describe Koltsov, en su Diario de la guerra de España, aludiendo, sin duda, a los negocios a que se dedicaba su acomodada familia, vinculada al carlismo por tradición. Organizador v presidente de las Juventudes Católicas bilbaínas, hizo suyo el lema «Dios y la Ley Vieja». Al advenir la República se convirtió en el máximo exponente del nacionalismo vasco, que él mismo definió como una agrupación de «católicos viriles e íntegros»; hizo causa común con los carlistas y formó en las filas de la oposición al Gobierno en el bloque vasconavarro. Sin embargo, con el tiempo fue rompiendo con sus antecedentes pro monárquicos hasta convertirse en un decidido partidario de una república vasca dentro de una federación de repúblicas españolas. Promotor, con otros de sus correligionarios, de la asamblea de Estella, celebrada el 14 de junio de 1931, en la que se aprobó un proyecto de Estatuto que, según Indalecio Prieto, constituía un intento de convertir el País Vasco en un «Gibraltar vaticanista». Diputado en las Cortes constituyentes por Navarra, en representación del Partido Vasconavarro; reelegido en 1933 y 1936 por la provincia de Vizcaya (Partido Nacionalista Vasco). En 1933, tras el triunfo electoral de las derechas y ante el temor de que la aprobación del Estatuto se estancara, buscó apoyo en las izquierdas, lo cual justifica, en gran parte, su alineación posterior. Fracasada la sublevación militar en Vizcaya y en Guipúzcoa en julio de 1936, se prestó a colaborar con cl Gobierno formado por Largo Caballero —en el que figuró un representante del  nacionalismo vasco— a cambio de que el Estatuto autonómico se convirtiera en una realidad. Efectivamente, por ley de 1.0 de octubre de 1936, promulgada el día 4 del mismo mes y año, «Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituían en región autónoma dentro del Estado Español, adoptando la denominación de País Vasco». El 7 de octubre, antes de que la Gaceta de Madrid publicara el Estatuto, Aguirre era elegido presidente del Gobierno provisional del nuevo país autónomo. Poco tiempo después, y ante los continuos descalabros sufridos por las tropas republicanas en el frente del Norte, puso especial empeño en organizar un ejército propiamente vasco, del que se nombró jefe supremo —de ahí el apodo que le dieron de Napoleonchu—, a pesar de lo cual no consiguió mejorar la situación. De igual modo procedió respecto a la Marina, creando una Armada de emergencia, consistente en artillar cuatro grandes barcos bacaladeros, los cuales sucumbirían en el primer encuentro que tuvieron con el Canarias, a la salida de la ría de Bilbao. «Hablar del Ejército del Norte —escribe Dolores Ibárruri en El único camino— era un eufemismo. Habla las milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco, que en general actuaban cada una con sus propios mandos... No se toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la República...» «Todas las cuestiones vinculadas con la guerra —pone Dolores Ibárruri en boca de José Antonio Aguirre—, relativas a la utilización de los efectivos humanos y de los recursos materiales en el territorio de Euzkadi, a excepción de la dirección de las operaciones militares, son competencia directa del Gobierno de Euzkadi y de su ministro de la Guerra.» Tras la caída de Bilbao en manos de los nacionalistas, Aguirre se retiró a Santander, y ante la gravedad de la situación, el Gobierno vasco hizo algunas gestiones oficiosas para llegar a una paz pactada con los nacionalistas, pero ninguna de tales gestiones dio resultado positivo. Con la pérdida de Santander se derrumbó definitivamente el frente del Norte. Aguirre escapó milagrosamente a Francia, y de allí pasó a Barcelona, donde pretendió el traslado de las tropas vascas al frente catalanoaragonés para, con ellas, atacar Navarra, pero no consiguió que el Gobierno republicano prestara atención a su demanda. Al finalizar la guerra en Cataluña se refugió en Francia. Buscado por la policía alemana cuando los ejércitos de Hitler ocuparon este último país, consiguió despistarla huyendo a Berlín. De allí pasó a Estados Unidos, donde es nombrado profesor de Historia de la Universidad de Columbia. Terminada la segunda guerra mundial, regresó a Francia, donde se ocupó, hasta su muerte, de la reorganización del Gobierno vasco en el exilio. Es autor, entre otras obras, de Entre la libertad v la revolución, 1930-1935 (1935) y De Guernica a Nueva York pasando por Berlín (1944).

 Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Artemi Aiguader i Miró

(1889-1946). Político catalán, afiliado a Esquerra Republicana de Catalunya, que durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana. Miembro del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fue más tarde consejero de Seguridad Interior del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, hasta que, en mayo de 1937, cesó en dicho cargo como consecuencia de los sucesos acaecidos en Barcelona en los primeros días de dicho mes. Al término de la con-tienda se exilió a Francia y, posteriormente, a México, donde falleció.

Jaume Aiguader i Miró

(1882-1943). Hermano del anterior. Político, médico y periodista catalán, afiliado, primeramente, a la Unió Socialista de Catalunya y, después, a Estat Catalá, que demostró gran preocupación por los problemas sociales de la época y tuvo estrecha relación con sindica-listas de cierto renombre, como Salvador Seguí y Francisco Layret. Perseguido por la dictadura del general Primo de Rivera, asistió, en representación del citado Estat Catalá, al acto que en agosto de 1930 culminó con la firma del Pacto de San Sebastián. Diputado a Cortes por Barcelona en 1931, 1933 y 1936 (Esquerra Republicana de Catalunya), y alcalde de  Barcelona en 1933, al iniciarse la guerra civil prestó incondicionalmente apoyo al bando gubernamental, siendo nombrado ministro sin cartera en noviembre de 1936, en un gabinete presidido por Francisco Largo Caballero, y más tarde, en otros dos presididos por Juan Negrín, ministro de Trabajo y Asistencia Social, dimitiendo su cargo, en la última ocasión, por no prestar su conformidad a algunos decretos dictados por el Gobierno que, en su opinión, recortaban los poderes de la Generalidad de Cataluña. Poco antes de que acabase la contienda se exilió a Francia y, posterior-mente, a México, donde falleció. Autor, entre otros libros, de Cataluña y la revolución, publicado en 1932.

Manuel Albar.

Dirigente socialista miembro de la comisión Ejecutiva del POSE, que durante la guerra civil trabajó a las órdenes directas de Indalecio Prieto Tuero, de que era ferviente admirador, cuando este desempeñaba la cartera de Defensa, coordinando una serie de agencias de noticias y sustituyendo en ocasiones a a Julián Zugazagoitia en la dirección del periódico El Socialista.

Gervasio Albisu Vidaur.

(1871-1936). Coadjutor de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora en Renteria (Guipúzcoa) que durante la guerra civil prestó apoyo al Gobierno autónomo del País Vasco. Hecho prisionero por los nacionalistas a las pocas semanas de producirse el alzamiento, fue acusado de separatismo, lo cual, al parecer, fue motivo suficiente para que la autoridad militar ordenase su inmediato fusilamiento sin previa formación de causa, no obstante la fama que gozaba de ser un sacerdote ejemplar.

 Álvaro de Albornoz y Liminiana.

(1878-1954). Abogado asturiano afiliado al partido Republicano Radical, por cuya organización política fue diputado a Cortes en la monarquía de Alfonso XIII. Perseguido por sus ideas políticas durante la dictadura del general Primo de Rivera, en 1929 fundó, junto con Marcelino Domingo, el Partido Radical Socialista. Autor de algunos libros, entre los que destaca el ensayo titulado El partido re-publicano, y colaborador de la prensa diaria de mayor circulación: La libertad, El liberal, etc. En agosto de1930 suscribió, con otros políticos, el llamado Pacto de San Sebastián; formó parte, a continuación, del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la República, motivo por el cual fue reducido a prisión en unión de otros firmantes del mencionado pacto. Ministro de Fomento en los gobiernos provisionales de la República presididos por Alcalá-Zamora y Manuel Azaña. Más tarde, ministro de Justicia en un gabinete presidido por el citado Azaña. Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales. Diputado por Oviedo en las Cortes constituyentes (Partido Radical Socialista). Reelegido, también por Oviedo, en las elecciones de 1936 (independiente). El mismo día que estalló la guerra civil fue nombrado embajador de España en Francia, donde gestionó, con escaso éxito, la ayuda de este último país al Gobierno republicano. Al terminar la contienda se exilió a México, donde falleció. Había presidido uno de los gobiernos republicanos en el exilio y desarrollado una gran actividad internacional contra el régimen franquista, formando parte de la Junta Española de Liberación. En 1941 fue condenado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo «como convicto de pertenecer a la Secta.

José Alcalá-Zamora y Castillo

(1914-1938). Hijo de Niceto Alcalá-Zamora y Torres —primer presidente de la II República española— y miembro del Comité Nacional de la FUE. Al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, ele regreso de un largo viaje que en unión de sus padres e hermanos habla realizado por el norte de Europa, de donde se trasladó inmediatamente a España y se enroló en el ejército republicano, formando parte del cual tomó parte en las operaciones que tuvieron por escenario las proximidades ele Madrid (Villaverde, Cuesta de las Perdices. Cerro de los Ángeles, Jarama, etc.) y alcanzando el grado de teniente en campaña del Ejército Popular de la República, tras pasar por la academia correspondiente. En marzo de 1937, hallándose en el (rente ele Guadalajara como oficial de la 11 División, mandada por Enrique Líster, dirigió una carta pública al citado padre en la que, entre otras cosas, le decía: Yo soy feliz luchando en las lilas del Ejército Popular; lo soy porque cumplo con mi deber ele español. Todos los que abandonen España, los que tacita o expresamente acuden a los invasores, máxime cuando han ocupado puestos tan altos como el de presidente de la Republica, no tienen derecho en este momento histórico a llamarse españoles. Hoy mas que nunca, estoy seguro de la victoria del pueblo español, que no sólo será la victoria de España, sino también la victoria de la democracia universal.» Un año después falleció en Valencia, a consecuencia de una enfermedad.

Luis Alcalá-Zamora y Castillo

(1912) Hermano del anterior. Al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, de donde regresó a España para incorporarse al ejército republicano, en el que, tras una corta permanencia en el frente de Madrid, fue elegido para asistir a la Escuela Popular de Guerra de Paterna (Valencia), en la cual se graduó como teniente en campaña; posteriormente intervino en las operaciones de Teruel y Cataluña. Finalizada la contienda se refugió en Francia, donde fue. internado en un campo de concentración. En 1942 consiguió marcharse a Argentina, donde fijó su residencia.

Niceto Alcalá-Zamora y Castillo

(1906-1985). Hijo de Niceto Alcalá-Zamora y Torres, primer presidente de la II República española. Catedrático de Derecho Procesal, al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, donde optó por exiliarse y no participar en la contienda. Poco tiempo después se trasladó a Argentina y, posteriormente, a México, en cuya Universidad fue profesor durante muchos años y  recibió el titulo de investigador emérito de dicho centro docente. En 1946, junto con Alicio Garcitoral y Guillermo Cabanellas suscribió un llamamiento de concordia a los españoles, propugnando la apertura de un frente que condujera al establecimiento de la III República española, llamamiento que tuvo escaso eco en España y fuera de ella. Autor de numerosos trabajos de carácter jurídico y presidente del Instituto ele Derecho Procesal Iberoamericano. Tras la muerte del general Franco regresó a España, fijando su residencia en Madrid, donde falleció.

 Niceto Alcalá-Zamora y Torres.

(1877-1949). Abogado. Miembro, desde su primera juventud, del Partido Liberal Monárquico. Letrado del Consejo de Estado. Profesor auxiliar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Durante muchos años, diputado a Cortes por el distrito de La Carolina (Jaén). "Cacique contumaz", según lo definió Mella. Llamado, despectivamente, el Botas, por usar habitualmente este tipo de calzado. Director general de Administración Local. Subsecretario de Gobernación. Ministro de Fomento. Representante de España en la Sociedad de Naciones. Ministro de la Guerra. Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación v miembro de la Real Academia Española. Transigió, en un principio, con la dictadura del general Primo de Rivera, aunque, puco tiempo después de caer ésta, en un discurso pronunciado en Valencia (abril de 1930) se declaró abiertamente republicano, suscribiendo el llamado Pacto de San Sebastián en representación de la Derecha Liberal Republicana, lo que influiría no poco para que, en abril de 1931, muchos elementos burgueses y conservadores votasen a favor de la República. A finales de 1930, siendo presidente del comité que preparaba el advenimiento del nuevo régimen conocido por el nombre de Comité Revolucionario— fue detenido y encarcelado, siendo condenado, junto con otros prohombres republicanos, a seis meses de prisión, aun-que todos los encausados fueron puestos en libertad en cl momento mismo en que concluyó el juicio. Al proclamarse la República, en abril de 1931, fue elegido presidente del Gobierno provisional —Gobierno que asumió todos los poderes del Estado tras la huida de Alfonso X111—, puesto del que dimitió al discutirse en el Congreso de los Diputados el articulo 27 de la Constitución, que prohibía que las órdenes religiosas se dedicasen a la enseñanza, autorizaba la nacionalización de los bienes de dichas órdenes y acordaba la disolución de la Compañia de Jesús y la expulsión de sus miembros, todo lo cual pugnaba con su condición de católico convencido y practicante. En diciembre del mismo año, dos días después de haberse aprobado la Constitución —que, en su articulado, recogía todos aquellos principios que tanto le contrariaron mientras se discutían en el Parlamento—, fue elegido primer presidente de la II República española, cargo del que fue depuesto por las Cortes el 7 de abril de 1936, tras ser acusado de haber rebasado las facultades que la Constitución confería al jefe del Estado.  Al estallar la guerra civil se hallaba en el extranjero realizando un viaje de recreo en unión de su familia, y optó por no regresar a España ni apoyar a ninguno de los dos bandos contendientes, no conociéndosele otra intervención política durante la contienda que la de demandar a su consuegro, el general Queipo de Llano, que interviniese en favor del general Batet, condenado a muerte por los nacionalistas y ejecutado poco tiempo después. Al final de su citado viaje vivió algún tiempo en París, Pau y Marsella, en cuyo puerto se embarcó, ya en plena segunda guerra mundial, con rumbo a Buenos Aires, adonde llegó 236 días después, y en cuya ciudad residió hasta su fallecimiento. Tras la restauración de la monarquía en la persona de Juan Carlos I, sus restos mortales fueron trasladados a España. Durante su estancia en la República Argentina, que se desenvolvió en un ambiente rayano en la pobreza, desarrolló una callada labor intelectual, pronunciando conferencias v colaborando en los periódicos y revistas de mayor circulación de Buenos Aires. Autor de numerosos libros sobre cuestiones jurídicas y otros diversos temas, entre los que cabe señalar El Poder en los Estados de la Reconquista, Los intentos del pacifismo contemporáneo, El Derecho y sus colindancias en el teatro de D. Juan Ruiz de Alarcón, Reflexiones sobre las Leyes de Indias, Régimen político de connivencia en España, La oratoria española, Figuras y rasgos, El pensamiento de «El Quijote» visto por un abogado, Dudas y ternas gramaticales, La guerra civil ante el Derecho Internacional, Los protagonistas en la vida y en el arte, etc. Autor, asimismo, de un libro titulado Memorias (Segundo texto de mis Memorias) las primeras, según testimonio del propio Alcalá-Zamora, le fueron sustraídas durante la guerra civil por orden de las autoridades republicanas (Largo Caballero, Angel Galarza y Santiago Carrillo, entre otros) de la caja de un banco en el que se hallaban depositadas, publicadas por Ed. Planeta, S. A., Barcelona, 1977. Miembro de la Real Academia Española.

 Bruno Alonso González.

(1888-?). Político socialista —amigo personal de Indalecio Prieto—, elegido diputado a Cortes por el PSOE en 1931, 1933 y 1936 (Santander). Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana, siendo designado, a finales de 1936, Comisario General de la flota, cargo que desempeñó hasta que finalizó la contienda. A lo largo de su mandato, y a falta de otros aciertos —era lego en cuestiones navales—, consiguió reimplantar la disciplina en la Marina republicana, muy relajada desde los primeros momentos del conflicto. En los últimos días de la citada guerra desempeñó un importante papel en la decisión unilateral de internar dicha flota en el puerto de Bizerta (Túnez) dejando sin escapatoria a miles de cuadros republicanos (aunque las tripulaciones embarcaron sus familias). A continuación se exilió a México, donde escribió algunos libros sobre temas de historia española contemporánea: La Flota republicana en la guerra civil española (Memorias de su comisario general), Imp. Gratos, México, 1944; El proletariado militante, Casa Ramírez, México, 1957; Los últimos momentos de la guerra civil de España, Revista Mundo, México, 1943; etc.

Plácido Álvarez-Buylla y Lozano.

(?-1938). Diplomático y político republicano afiliado a Unión Republicana que durante la monarquía de Alfonso XIII desempeñó diversos puestos en el extranjero. Al proclamarse la República fue nombrado director general de Marruecos y Colonias, cesando en dicho cargo tras el triunfo electoral de las derechas, en 1933. Ministro de Industria y Comercio en sendos gabinetes presididos por Manuel Azaña, Diego Martínez Barrio y José Gira]. Durante la guerra civil volvió a la carrera diplomática, desempeñando el cargo de embajador de la República en Uruguay y en Francia. Falleció en París antes de que concluyese la contienda.

Santiago Álvarez.

Había nacido en Orense y organizado sindicatos y participado en actividades de izquierdas antes de cumplir los veinte años, transcurriendo un breve período en la URSS. Al principio de la guerra fue comisario de las Milicias gallegas y más tarde comisario de la 1ª Brigada, la 11 División y el V Cuerpo, acompañando a Líster, que estaba al frente de esas unidades. Incluso Castro Delgado, normalmente hostil, comenta de mala gana a este respecto: "No era malo cuando Líster no estaba delante." Cuando el Ejército de Cataluña pasó a Francia en 1939, se le ordenó permanecer con él para cuidar de los intereses de los comunistas. Marchó a Rusia, y después a América latina, regresando a Europa después de la guerra y fue capturado en España, siendo condenado a una larga pena de cárcel.


Necrológica publicada en el País de 1 de mayo de 2002 de Santiago Álvarez:

Con Santiago Álvarez, fallecido anteayer en un hospital madrileño a consecuencia de una neumonía, desaparece uno de los grandes luchadores antifascistas del siglo XX europeo. Nacido en San Miguel de Outeiro (Valdeorras, Ourense) el 11 de febrero de 1913, desde muy joven estuvo con todos los intelectuales que vinieron al mundo no sólo para estudiarlo, sino también .para transformarlo. Con pocos y pobres estudios primarios, Santiago Álvarez, llevado de su curiosidad intelectual, siempre alerta, percibió ya a los 18 años que la República de 1931 era el régimen político más idóneo para luchar contra los privilegios que la Monarquía defendía, y no tardó en percibir -intuición de humillado lúcido- que el socialismo (el socialismo sin adjetivos, salvo los humanistas) era la única música moral concorde con la causa universal del progreso. Ya en el verano de 1936, días después de la gran sublevación reaccionaria, Santiago Álvarez, con la entusiasta colaboración del diputado galleguista Castelao, organiza las Milicias Populares Gallegas, constituidas, en parte, por campesinos gallegos que habían ido a Castilla a segar trigo ajeno. Castelao y Álvarez les hicieron ver, con su oratoria, simple y rigurosa a la vez, que la causa de aquellos humildes segadores era la de la República del Frente Popular. Estamos convencidos de que, de conservarse aquellas alocuciones, constituirían, como piezas "literarias", un capítulo del discurso universal contra la injusticia. Santiago Álvarez, campesino y segador en su primera juventud, fue, en la guerra de España, muy joven, un comisario político querido por muchos y respetado por casi todos. Ya en el exilio trabajó por la causa comunista en Francia, Cuba y otros países. En 1945, clandestino en Madrid, cae en las garras de la policía de Franco. No hay hipérbole: aún hoy los calabozos de la Dirección General de Seguridad recuerdan el horror de la tortura infligida a Santiago Álvarez durante tres días y tres noches. No cantó. Ya en la prisión de Logroño, estuvo aislado en celda -la número 8- de 1946 a 1951, situación inhumana que no le enloqueció ni le rompió, porque, consciente del peligro, se sometió a un régimen severo de lecturas, todas las que eran posibles en el duro sistema penitenciario franquista. Lector de Cervantes y de Homero, de algunas obras de Shakespeare y de todo Fray Luis de León, era un gozo oírlo hablar del Quijote, de Tirso de Molina o de la Historia de España de Rafael Altamira, que fueron sus universidades en la celda número 8 de la prisión de Logroño, y también su salvación.. Santiago Álvarez fue, desde su fundación en 1968, secretario general del Partido Comunista de Galicia. En los últimos 15 años, este luchador, este revolucionario, se dedicó, no a hacer la historia -consciente del paréntesis en que estamos-, sino a escribirla. Ahí están, entre otros estudios y libros, los seis volúmenes de sus memorias (Ediciós do Castro), fundamentales para entender el proceso político español de 1931 a 1980. Páginas hay que fueron escritas por quien no es ajeno al ejercicio literario. Sus cenizas laicas serán enterradas en Madrid hoy, día 1 de mayo de 2002, en su día.

XESÚS ALONSO MONTERO, catedrático de Lengua y Literatura Gallega.

Segismundo ("Segis") Álvarez.

Mecánico, dirigente de las Juventudes Comunistas y alumno de la Escuela Leninista de Moscú en los años 30. Tras la fundación de las JSU fue elegido secretario de organización. Organizó el 13 Batallón "Pasionaria" durante los primeros compases de la guerra civil, antes de la formación del histórico 5º Regimiento.  Posteriormente, se centró de nuevo en la actividad política: ingresó en el Comité Central del PCE y ascendió al Secretariado de la Internacional Juvenil Comunista. Salió de España el 24 de marzo de 1939, en la última expedición aérea, encabezada por Jesús Hernández, que abandonó el país con destino a Argelia. Tras un breve internamiento en un campo de refugiados, marchó a la URSS, donde siguió con las tareas de enlace entre las JSU y la IJC, colaborando en las emisiones de Radio España Libre y supervisando las condiciones de vida de las colonias infantiles españolas. Se alineó junto a Jesús Hernández en la lucha por la secretaría general del PCE tras la muerte de José Díaz. Ello le valió la caída en desgracia ante Dolores Ibárruri, la posterior marginación del trabajo político -quedó relegado a la función de mero bibliotecario de la Komintern- y su definitiva depuración en 1947. Depuesto de todas sus responsabilidades partidarias, fue enviado a trabajar a las cadenas de montaje de la fábrica de automóviles "Stalin", de Moscú. Retornó a España con su familia en 1971

Fuente: Fernando Hernández

Basilio Álvarez Rodríguez

(1877-1943). Sacerdote, abogado y periodista gallego que se acreditó como un acendrado defensor del campesinado de su tierra natal, del que se convirtió en uno de sus más cualificados líderes. Fundador del diario La Zarpa de Orense y del grupo político de tendencia pro socialista Acción Gallega, que propugnaba la desaparición de los foros —contrato muy frecuente en Galicia en virtud del cual una persona cede a otra, ordinariamente por tres generaciones, el dominio útil de una cosa mediante cierto canon o pensión— y del caciquismo, la fundación de bancos y cajas de ahorros que atendieran las necesidades económicas de las gentes del campo, etc. Al advenir la República fue elegido diputado por Orense en representación del Partido Radical, siendo reelegido por los mismos partido y distrito en 1933. El 18 de julio de 1936, aunque de hecho no militaba en ninguna organización política, se puso a disposición del Gobierno republicano («lo mismo sirvo para barrendero que para gobernador de Galicia>›, dijo en aquella ocasión). Escribió una serie de artículos, publicados en la prensa argentina, cubana y estadounidense, contra los militares sublevados yen apoyo de la legalidad republicana. Murió en el exilio, en el hospital del Centro Español de Tampa (Florida).

Julio Álvarez del Vayo.

(1891-1975). Político socialista que desarrolló una intensa actividad como periodista, escritor y diplomático. Hombre de sólida formación humanística —estudió en la London School of Economics y en la Universidad de Leipzig, y trabajó como traductor en EE. UU.—, fue colaborador de los más prestigiosos periódicos españoles de la época y corresponsal de prensa en diversos países europeos y americanos, lo que le brindó la oportunidad de conocer a gentes de especial significación en los campos intelectual y político: Rosa Luxemburg, Liebkneckt, Lenin, etc. Tras varios viajes a la URSS, contó sus experiencias en una serie de libros que despertaron gran interés: La nueva Rusia, La senda roja, Rusia, a los doce años, etc., en los que expuso con todo detalle los logros alcanzados por el comunismo ruso en lo que respecta a la investigación científica, las artes, el teatro, el cine, etc., sin eludir un amargo comentario sobre el «innecesario rigor de la represión» . La actividad política de Álvarez del Vayo está enmarcada por completo en el PSOE, aunque Largo Caballero —de quien Álvarez del Vayo se manifestó siempre leal seguidor— dijera de él, en un libro publicado en México en 1954, que «se titulaba socialista, pero se hallaba incondicionalmente al servicio del Partido Comunista,,, extremo éste que apuntan también algunos historiadores. Participó en los preparativos de la proclamación de la República y, al advenimiento de ésta, fue nombrado embajador en México, estando, además, a punto de serlo en la URSS, de cuyo Gobierno ya había recibido el placet, aunque luego se malograran las conversaciones para fa apertura, por primera vez, de relaciones diplomáticas entre la República Española y la URSS. Diputado a Cortes en 1933 y en 1936 en representación del Partido Socialista por Madrid, capital, y Madrid, provincia, respectivamente. Vicepresidente de la Asociación Socialista madrileña. Patrocinador de la fusión de las juventudes socialistas con las comunistas, lo que dio lugar al nacimiento de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), de clara tendencia comunista, propugnando, además, la creación de milicias populares convenientemente armadas. En vísperas de estallar la guerra civil acompañó a Largo Caballero a Londres, formando parte de la delegación de la UGT que asistió a un congreso sindical internacional. Tras el alzamiento militar, fue nombrado ministro de Estado en el gabinete presidido por Largo Caballero, cargo que desempeñó del 5 de septiembre al 5 de noviembre de 1936, y desde esta última fecha, hasta el 18 de mayo de 1937, representando a España ante la Sociedad de Naciones en Ginebra, ante cuya asamblea pronunció una serie de discursos acusando al Comité de No Intervención de poner a la España republicana en igualdad de condiciones que a los rebeldes —lo que calificó de «monstruosidad jurídica,— y denunciando reiteradas veces la ayuda que Italia y Alemania prestaban a los alzados, pidiendo, además, que se condenara a estos países por haber reconocido el Gobierno nacionalista. Nombrado, asimismo, comisario general de Guerra —cargo que simultaneó con la cartera de Estado— participó, como miembro nato, en el Consejo Superior de Guerra, lo que le obligó a protagonizar gran parte de los acontecimientos de la época. Simpatizante, cada vez más, de los comunistas, se solidarizó con éstos en cuantas crisis se presentaron a lo largo de la guerra. Desde el 5 de mayo de 1938 hasta el final de la guerra, volvió a desempeñar el Ministerio de Estado, en el segundo gabinete presidido por Negrín, compartiendo con éste la idea de prolongar la guerra hasta que se produjera un conflicto bélico de dimensiones internacionales o, como última esperanza, hasta que pudiese garantizarse una paz sin represalias. Ante la inminente caída de Cataluña en manos de las tropas de Franco, organizó la salida de España de la mayor parte de las obras pertenecientes al Museo del Prado de Madrid, que se hallaban en Figueras, trasladándolas a Ginebra (Suiza), donde quedaron depositadas bajo la custodia del secretario general de la Sociedad de Naciones. En los últimos días de la guerra trató, junto con Negrín, de llegar a un entendimiento con los nacionalistas, valiéndose de los buenos oficios de los embajadores británico y francés, pero la operación no tuvo éxito, como tampoco lo tuvo el viaje que hizo de Madrid a París con el propósito de convencer a Azaña, todavía presidente de la República, de que regresara a Madrid, para hacer frente a los últimos acontecimientos. Tras el golpe de estado del coronel Segismundo Casado abandonó España y fijó su residencia en el extranjero, donde permaneció hasta su fallecimiento. En 1974 fue nombrado presidente del Frente Revolucionario Antifascista Patriótico (FRAP). Autor, entre otros libros políticos, de La senda roja, Las batallas de la libertad y El último optimista. los dos últimos de carácter autobiográfico, publicados en inglés.

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Juan Ambou

(1909). Obrero ferroviario, nacido en Lérida, y presidente del sindicato ferroviario de Oviedo, que durante la revolución de Asturias de octubre de 1934 se reveló como uno de los líderes comunistas más cualificados; formó parte, posteriormente, de la delegación española que asistió al VII Congreso de la Internacional comunista y de la Internacional juvenil de dicho partido. Durante la guerra civil se alineó en el bando republicano; asumió la dirección de la Consejería de Guerra del Comité del Frente Popular de Asturias y, más tarde, la de Instrucción Pública del Consejo Interprovincial de Asturias y León. Tras el derrumbamiento del frente republicano del norte de España, consiguió huir de esta zona y reincorporarse a la España gubernamental, donde fue nombrado miembro de la comisión político-militar del Comité Central del Partido Comunista, cargo que desempeñó el resto de la contienda. Al finalizar ésta se exilió a Francia y, algún tiempo después, a Hispanoamérica. Regresó a España años después, y fijó su residencia en Oviedo. Autor de un libro titulado Los comunistas en la resistencia nacional republicana (Ed. Hispamerca, Madrid, 1978), con el que se aportan numerosos e interesantes datos sobre las campañas del País Vasco, Santander y Asturias.

 Juan Andrade.

Militante del Partido Obrero de Unificación Marxista, detenido, después de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona y juzgado. Su detención se produjo el 22 de junio de 1937 y en octubre de 1938 se celebró la vista de la causa.

Más información: http://bteysses.free.fr/espagne/ANDRADE.HTM

 Daniel Anguiano Mangado.

Presidente de la Federación de ferroviarios de UGT. Se exilió a Francia.

Mariano Ansó Zungarren

 (1899-1981). Abogado y político navarro que defendió ante los tribunales de Justicia a los líderes anarquistas Juan García Oliver y Aurelio Fernández —que durante la guerra civil desempeñarían, respectivamente, la cartera de Justicia y la jefatura de los servicios de Orden Público de la Generalidad de Cataluña—, acusados de haber intentado asaltar el Banco Hispano Americano de Pamplona. Alcalde de la citada ciudad al proclamarse la República y diputado a Cortes por Navarra en 1931 (Acción Republicana) y por Guipúzcoa en 1936 (Izquierda Republicana). Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno legalmente constituido, desempeñando la subsecretaría de Justicia y, posteriormente, dicha cartera ministerial en sendos gabinetes presididos por Juan Negrín. Al finalizar la contienda se estableció en Francia y en Suiza, donde permaneció durante muchos años. Según sus propias palabras, «después de largos años de exilio, en diciembre de 1956 tuve el honor de poner en manos del Gobierno del general Franco toda la documentación relativa al depósito de oro español en Rusia». Poco tiempo después fijó su residencia en España, donde permaneció hasta su fallecimiento. Autor, entre otros trabajos, del libro titulado Yo fui ministro de Negrín (Ed. Planeta, Barcelona, 1976).

Francisco Antón.

Militante comunista, de cuyo partido fue secretario del Comité Provincial de Madrid, que durante los primeros meses de la guerra civil tuvo una destacada actuación política a través del 5º Regimiento, participando en numerosos actos de propaganda organizados por dicha unidad. Protegido por Dolores Ibárruri —con la cual, al parecer, sostenía relaciones sentimentales—, se negó a ir al frente cuando por su edad fue llamado afilas, lo que desató las iras de Indalecio Prieto, a la sazón ministro de Defensa, que lo destituyó del cargo que venia ejerciendo de comisario-inspector del frente del centro, no obstante lo cual siguió desempeñando dicho puesto. Al concluir la contienda se exilió a la URSS, donde, junto con otros prohombres comunistas, prosiguió su lucha contra el franquismo, siendo uno de los organizadores y realizadores de la emisora Radio España Independiente, Radio Pirenaica.


Nota: Francisco Antón adquirió notoriedad cuando Prieto le ordenó incorporarse con su quinta a un destino anodino. Antón que ya era comisario de brigada, aunque en puridad atendía otras tareas del PCE, recibió el apoyo de Dolores Ibarruri y por ende del poderoso PCE. La Ibarruri, con quien Antón mantenía discretas relaciones sentimentales, se tomó el acto de Prieto como una ofensa personal. Prieto perdió este conflicto. Terminada la guerra, Antón emigró a la URSS y rompió con Dolores solicitando visado para Francia donde quería casarse con su novia. La Ibarruri se lo puso muy difícil y Antón estuvo a punto de perder la vida, convirtiéndose además en un marginado político. Antón era un "guapo" y también un trepa, pero no se merecía tan mal trato.

David Antona.

Albañil de profesión y líder  cenetista, de cuya organización era secretario general del Comité Nacional, que al estallar la guerra civil se hallaba preso en la cárcel Modelo de Madrid por su intervención en numerosos conflictos sociales de la época, y que el 20 de julio de 1936 fue puesto en libertad por orden del ministro de la Gobernación, general Sebastián Pozas, incorporándose acto seguido a las milicias republicanas. Tuvo una destacadísima actuación en la sofocación del alzamiento militar en Alcalá de Henares y en Guadalajara.

Graciano Antuña.

Diputado socialista por Asturias; el 18 de julio intentó que el coronel Aranda entregara armas a los mineros. Su actuación fue intensa durante los primeros días de la Guerra.


Nota: Parece que fue fusilado por Aranda. (Zugazagoitia GR08, Pág. 53)

 Luis Araquistaín y Quevedo.

(1886-1959). Escritor —periodista, ensayista, novelista y dramaturgo— y político socialista que evolucionó de la social-democracia a un socialismo moderado, pasando por el revolucionarismo pro soviético y el anticomunismo. Cuñado de Julio Álvarez del Vayo, fue consejero intelectual de Francisco Largo Caballero y subsecretario de Trabajo cuando este último desempeñó dicha cartera al proclamarse la República. Elegido diputado por el Partido Socialista en las Cortes Constituyentes (Bilbao), salió reelegido por el mismo partido (Madrid, capital) en las de 1933 y 1936. Miembro de la Diputación Permanente de las Cortes en esta última legislatura y concejal del ayuntamiento de Madrid. Director del periódico Claridad, órgano de las juventudes caballeristas, publicación siempre en pugna con El Socialista, diario del ala prietista del PSOE. Embajador en Berlín. Director de Leviatán —revista de «hechos e ideas y— y de la revista España, que también había dirigido Manuel Azaña. Durante la guerra civil fue embajador en París puesto que llevaba aneja la presidencia de la comisión republicana encargada de la compra de armas en Francia—, cargo del que dimitió cuando Largo Caballero ceso como presidente del Gobierno y fue sustituido por Negrin. Autor de numerosos libros de viajes, novelas, obras escénicas, ensayos, etc., v de algunos otros relacionados más o menos directa-mente con la guerra española de 1936-1939: El comunismo en la guerra civil española (Imp. de Travailleurs Réunis, Carmaux, 1939), España ante la idea sociológica del Estado (UGT, París, 1953), España en el crisol (Un Estado que se disuelve y un Pueblo que renace) (Minerva, Barcelona, s.a.), La verdad sobre la intervención y la no intervención de España (Barcelona, s.a.), Mis tratos con los comunistas (Ed. de la Secretaría de Propaganda del Partido Socialista Obrero Español en Francia, Toulouse, 1939). Colaborador de los principales diarios y revistas españoles e hispanoamericanos. Al terminar la guerra se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Carlos Arias Esperanza

(1915-1984). Licenciado en Filosofía y Letras y político gallego, cofundador, junto con Lorenzo Varela y Angel Fole, de un movimiento político representativo de la izquierda de su región natal. Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana y participó en numerosas operaciones militares de la contienda —entre ellas, la defensa de Madrid— como oficial del ejército. Ya en la paz actuó en la clandestinidad contra el régimen franquista, siendo detenido en numerosas ocasiones.

José Joaquín Arín Oyarzábal

(1875-1936). Sacerdote vasco, cura ecónomo y arcipreste de Mondragón, de notoria y reconocida piedad, que tras la ocupación de Guipúzcoa por las tropas que mandaba el general Mola fue hecho prisionero por éstas, siendo entonces acusado de separatista, por lo que fue reducido a prisión en Ondarreta (San Sebastián), de donde fue sacado poco tiempo después y fusilado sin formación de causa, en unión de otros sacerdotes y seglares. En opinión del obispo de Vitoria, Mateo Múgica, "mejor habrían hecho Franco y sus soldados besando los pies de este venerable sacerdote que fusilándolo".

José Ariztimuño Olaso “Aitzol”

Este sacerdote natural de Tolosa desarrolló una gran actividad periodística y literaria, pertenece al igual que “Lauaxeta” al movimiento que supuso un renacimiento de las letras y la cultura vasca. Participó activamente en la organización de certámenes de poesía y de bertsolaris, siempre teniendo como objetivo la defensa de la lengua vasca, cuyo retroceso le angustiaba. Asimismo, fue un impulsor del sindicalismo de inspiración cristiana.  “Aitzol” fue capturado por los franquistas en un barco que zarpó de Baiona en dirección a Bilbao, fue encerrado en la cárcel de Ondarreta y finalmente fusilado en el cementerio de Hernani. La "cruzada cristiana" de Franco no dudó en fusilar a 17 sacerdotes vascos, entre ellos a Aitzol, por considerarlo nacionalista, sindicalista y precursor de la doctrina social cristiana. El Obispo Mateo Múgica, escribe de los sacerdotes fusilados "Desde Franco hasta el último soldado debieron no matar al Venerable y ejemplarísimo Arcipreste de Mondragón, y a otros sacerdotes, sino besar las huellas de sus plantas."

Fuente: Felipe Peña.

 Domingo Ascaso Abadía

(?-1937). Dirigente anarquista y panadero de profesión. Perteneció al grupo "Los solidarios", fracción más radical de la FAI y que detentaba el control de la organización. Tomó parte en el asalto al cuartel de Atarazanas en Barcelona y mandó la columna que lleva su nombre en Aragón. Tras la muerte de Francisco Ascaso el 18 de julio de 1936 y de Durruti en Madrid, Domingo quedó como figura más destacada de la FAI. Murió en 1937 durante los «sucesos de mayo» en Barcelona.

Francisco Ascaso Abadía

(1901-1936). Fundador, con García Oliver, Durruti, Ricardo Sanz y otros, del grupo "Los solidarios", calificados activistas del anarquismo. Fue acusado de participar en el asesinato del cardenal arzobispo de Zaragoza (conocido por su intransigencia y su participación en procesos contra anarquistas), se le acusa también del fracasado atentado contra Alfonso XIII y del asalto al Banco de España de Gijón. La República lo exilió. Al estallar la guerra se encontraba en Barcelona, tomando parte muy activa en el aplastamiento de los rebeldes, de resultas de ello murió el 19 de julio durante el asalto del Cuartel de Atarazanas en Barcelona.

 Joaquin Ascaso Budría.

Pariente (¿Tío?) de los hermanos Ascaso y que como el resto de su familia tuvo una destacada actuación en los primeros días de la Guerra Civil en Barcelona. Fue presidente del Consejo de Aragón, territorios colectivizados por la fuerza de las armas por la CNT, con más oscuros que claros, hasta que la 11 división gubernamental (Líster) bajo las órdenes directas de Prieto, coincidiendo en esto con los comunistas, las disolvió.

Juan Manuel Astigarrabia Andotegui.

(1902). Político vascongado, carpintero de oficio, fundador en 1935 del Partido Comunista del País Vasco, en el que ocupó el cargo de secretario general. Un año después, iniciada ya la guerra civil, desempeñó la cartera de Obras Públicas en el Gobierno autónomo vasco que presidió José Antonio Aguirre y más tarde, cuando las tropas nacionalistas estaban próximas a Bilbao, fue nombrado miembro de la Junta de Defensa de dicha ciudad. En 1937 fue expulsado del citado partido, acusado de hacer una política seguidora del nacionalismo vasco en detrimento de los ideales y fines perseguidos por los comunistas. «Nos ha salido con la ideita —escribe sobre él Mijail Koltsov de que el Partido Comunista de Euzkadi no es una parte del Partido Comunista de España, sino que mantiene con él meras relaciones fraternales.» Poco tiempo después abandonó España y regresó en 1982, tras cuarenta y cinco años de exilio.

Manuel Azaña Díaz.

(1880-1940). Político, escritor y presidente del Ateneo de Madrid. Fundador y dirigente de los partidos Acción Republicana e Izquierda Republicana. Ministro de la Guerra (de abril a octubre de 1931) y jefe del Gobierno (de octubre de 1931 a septiembre de 1933). Uno de los principales artífices de la coalición de izquierdas o Frente Popular, cuyo triunfo electoral en febrero de 1936 lo llevó de nuevo a la jefatura del Gobierno, pasando en mayo del mismo año a ocupar la presidencia de la República, en la que se mantuvo hasta febrero de 1939. Renunció al cargo en circunstancias trágicas. Era partidario de obtener una paz honrosa. Gran escritor. sus ensayos de crítica son sus mejores páginas. El 4 de noviembre de 1940 fallecía en Montauban (Francia). Sus restos contra toda lógica permanecen en Francia y no en Alcalá de Henares.


Nota: Sí que es significativo que en la transición se trajeran al país los restos de Alfonso XIII, y que dos jefes del estado español, los que fueran presidentes de la II República, Alcalá-Zamora y Azaña, estén enterrados en el Extranjero.


Nota 2: Hemos encontrado en la lista Tinet este pequeño pero excelente análisis de Maribel a propósito de Azaña:

Estimados compañeros: Vaya por delante que a mi entender Azaña es posiblemente el político español más clarividente del siglo XX. A pesar de ello, y a pesar también de  que yo suelo citar mucho sus memorias en esta lista, Azaña es también un personaje multifacético donde sus características personales en muchos casos aparecen como contradictorias. Es cierto que hay pocas autocríticas del lado franquista. Yo solo conozco unas realmente sinceras, las memorias de Ridruejo. Esto es porque generalmente los vencedores no hacen autocrítica, y aún menos cuando lo único que se puede contar es muerte, muerte, y muerte. No obstante este argumento, siendo cierto es débil, porque elude el  debate de fondo, y sobre todo, porque ni los diarios de Azaña ni la Velada de Benicarló son una autocrítica. Azaña era un individuo al que su extraordinaria inteligencia racionalista, le hacía ser muy soberbio y creerse siempre en posesión de la verdad, aunque no lo manifestase con agresividad, sino con desdén. En sus escritos, hay sobre todo críticas a sus compañeros de bando por no hacer lo que él hubiera hecho o les haya dicho que hicieran. Cuando se publicaron las Memorias de Azaña a finales de los años 60, Max Aub se sintió una "terrible impresión" por lo beligerante y despreciativo que era con quienes no eran sus amigos. Era un hombre de pocas filias (Casares, Giral, Ossorio, Cipriano, Prieto durante la guerra...) e incontables fobias (la mayor: Negrín). En este aspecto Azaña es uno de esos odiosos personajes que todos conocemos que no se quitan el "ya lo decía yo". Unas cosas las decía, y otras cosas decía que las decía pero no las decía.  El Azaña político (el Garcés de la Velada) provenía del liberalismo francófilo de la Ilustración: Mucho racionalismo, mucha democracia, mucho Estado bien organizado y mucha reforma desde el poder (una especie de Revolución Burguesa dirigida desde arriba con retraso de casi un siglo). En sus propias palabras, sus instrumentos de poder eran "los votos y las razones". Es el mismo que ingenuamente, en 1937 sostiene que hay que llegar a un arreglo con el enemigo basado en dos premisas "Paz y República" siendo negociable todo lo demás. El Azaña intelectual (Morales en la Velada) es aquel Azaña del que decía Unamuno: "no hay nada más peligroso que un escritor sin  lectores". La tesis de Azaña (del intelectual, no del político) es que los problemas de España son de orden psicológico, ya que somos portadores de la violencia fratricida en nuestro inconsciente colectivo "los españoles llevamos la violencia en las entrañas", aunque él no se aplica a si mismo la frase "Alguien tendrá que comenzar a resolver problemas sin fusilar a nadie. Comenzaré yo mismo". Dicha tesis, proveniente del psicoanálisis, queda muy plástica, pero es relativamente fácil de desmontar. Varios autores han establecido las raíces del conflicto en el antagonismo feroz de quienes no estaban dispuestos a perder ni un solo privilegio (sobre todo económicos), y los que no confiaban en que la democracia fuese un sistema suficientemente eficiente y veloz en reformar y concederles lo que les había sido negado durante generaciones. El momento en el tiempo coincide con la aparición de los grandes movimientos políticos de masas, negadores del concepto de individuo, y casi también del de sociedad. Visto desde la perspectiva de hoy, lo que asombra es que la República Democrática durase lo que duró. El Azaña político desdeñaba la economía, que casi siempre está en el núcleo de los problemas políticos. El Azaña intelectual pensaba que el  modo de arrancar "la violencia de las entrañas" a los españoles era mediante la Cultura. Azaña, como su amigo Prieto, nunca pensó que la guerra se podía ganar, aunque conservó esperanzas hasta el otoño de 1937 de que la guerra se podía "no perder" y llegar a un arreglo razonable, donde las potencias Europeas presionasen a Franco para suspender hostilidades y entablar negociaciones (algo parecido a la ex-Yugoslavia de los años 90). Recordemos que la Velada de Benicarló se escribió en Barcelona, en la primavera de 1937, antes de los "Hechos de Mayo".

Un cordial saludo. Maribel

Justino de Azcárate y Flórez.

(1903). Abogado y político leonés formado en la Institución Libre de Enseñanza y en la tradición liberal v republicana de su familia, que en la década de los veinte militó en el Partido Reformista que acaudillaba Melquíades Alvarez. En abril de 1931 fue elegido diputado a Cortes por León por el grupo Al Ser-vicio de la República (del cual fue secretario) y más tarde, al disolverse éste, participó en la constitución, junto con Felipe Sánchez-Román v otros intelectuales, del Partido Nacional Republicano, partido que en 1936 se negó a integrarse en el Frente Popular por formar parte de éste el Partido Comunista. Durante el régimen republicano fue subsecretario del Ministerio de Justicia, siendo Fernando de los Ríos titular del departamento, y posteriormente de Gobernación, en un Gobierno de coalición republicana. Al estallar la guerra civil, exactamente la noche del 18 al 19 de julio de 1936, fue nombrado ministro de Estallo con el Gobierno presidido por Diego Martínez Barrio Gobierno que sólo duró unas horas—, sin que llegara a tomar posesión del cargo por hallarse en León, ciudad que desde el primer momento quedó en poder de los sublevados. Detenido en Burgos pocos días después por un grupo de falangistas, fue trasladado a Valladolid, siendo encarcelado y quedando a disposición del general Mola, en cuya situación permaneció por espacio de año y medio, al cabo del cual fue canjeado por el líder falangista Raimundo Fernández-Cuesta. En opinión de Guillermo Cabanellas ("La guerra de los mil días"), este canje se proyecto como maniobra maquiavélica de Prieto y los suyos, para facilitarle a Falange primeras figuras que pudiesen crearle dificultades de orden político a Franco. Al recobrar la libertad se marchó de España y, según propia confesión, "por razones de principio, no quiso intervenir en la guerra. No dude de mi simpatía e inclinación por el bando republicano, pero por cuestiones de humanidad me dediqué a trabajar en todo lo que sirviera de acercamiento entre los dos bandos. En esta tesis estaban Ortega, Marañón, Castillejo, Madariaga y gente importante de la política francesa e inglesa. A través del movimiento Paz Civil de España, desde París, participe en la promoción de canjes, indultos y conmutaciones de penas de muerte". Exiliado a Venezuela al terminar la contienda, regresó a España en 1977, ocupando el cargo de senador por designación real en las primeras Cortes convocadas después de la muerte del general Franco. En 1984 fue elegido miembro de la Comisión Ejecutiva del Partido Reformista Democrático.

Pablo de Azcárate y Flórez.

(1890-1971). Hermano del anterior. Jurisconsulto y diplomático madrileño que hizo sus primeros estudios en la Institución Libre de Enseñanza, a la que familiarmente estaba muy vinculado, v que después fue catedrático de Derecho Administrativo en las universidades de Santiago y de Granada, diputado a Cortes y secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones. Durante la guerra civil prestó apoco ala causa republicana y desempeñó el cargo ale embajador de España en Londres, desde el cual se esforzó en vano para que el Gobierno británico prescindiera de los acuerdos riel Comité ele No-Intervención y se decidiera clara-mente a ayudar a la España republicana. En los últimos días de la contienda llevó, al parecer, a cabo una serie de gestiones para que, con la intervención de Gran Bretaña, se pusiese fin a la lucha armada, siempre y cuando los nacionalistas renunciasen a toda clase de represalias, pero, corno sabido, tales gestiones no obtuvieron ningún éxito. Al llegar la paz fue expulsado de su catedra pr disposición del Gobierno de Franco. Dirigió desde el exilio el servicio de ayuda a los republicanos españoles. En 1948 fue elegido presidente de un comité de la ONU para la tregua de Palestina. Autor, entre otros libros, de La liga de las Ilaciones y las minorías rtaciotutle, Wellington r España, La intervención nazi-fascista en la guerra de España, La protección de las minorias, La guerra del 98.

Santiago Aznar Sarachaga.

(1903-1979). Político socialista vasco que militó en el Sindicato Metalúrgico de la UGT y que en 1923, tras el golpe militar del general Primo de Rivera, hubo de exiliarse durante algunos años. A su regreso a España fue elegido secretario general de la citada organización sindical en Vizcaya, cargo que conservó hasta 1936. Elegido concejal del ayuntamiento de Bilbao en 1931, participó muy activamente en el movimiento municipalista de 1934, así corno en la revolución de octubre de dicho año, por cuya causa fue condenado y encarcelado, si bien poco tiempo después logró huir al extranjero. Al triunfar el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 volvió a Bilbao y desempeñó un papel decisivo en los acontecimientos que tuvieron lugar en los primeros días de la guerra civil. Durante la contienda formó parte del Gobierno autónomo vasco que presidió José Antonio Aguirre, consiguiendo mantener la operatividad de la industria vizcaína y, especialmente, la de la flota mercante vasca. Nombrado miembro de la Junta de Defensa de Bilbao, desempeñó dicho cargo hasta poco antes de caer la ciudad en poder del ejército de Franco. Al terminar la guerra se exilió a Francia y, posteriormente, a Londres, México, Nueva York y Venezuela, falleciendo en este último país. En 1940 pretendió la formación de un Partido Socialista Obrero Vasco de exclusiva «obediencia vasca», pero no consiguió su propósito dada la tenaz resistencia de la mayoría de los socialistas en el exilio, y muy especialmente de Indalecio Prieto, a cualquier movimiento de carácter secesionista.

Benjamín Balboa López.

(1901-1976). Oficial de 3.a clase del Cuerpo Auxiliar de Radiotelegrafistas de la Armada y destacado masón que al producirse el alzamiento militar de julio de 1936 desempeñó un importantísimo papel en el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en la estación de radio o centro de comunicaciones que la Marina tenía instalada en la Ciudad Lineal de Madrid, desde la cual, mediante la TSN y utilizando el sistema Morse, se establecían todas las comunicaciones con las bases navales y los buques de la flota. Aunque existen diversas versiones sobre cómo se produjeron tales hechos, parece fuera de toda duda que el citado radiotelegrafista, sobre las 6.30 de la mañana del día 18  de julio, captó un mensaje del general Franco, transmitido desde Tenerife y dirigido al jefe de la Circunscripción Oriental de África (Melilla), que decía: «Gloria al heroico Ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta de estas guarniciones, que se unen a vosotros v de-más compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con honor. General Franco.» Momentos después volvió a detectar otro radiograma con el mismo texto e idéntica firma, dirigido «al general jefe de la 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª y 8.a División Orgánica, en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Burgos, Valladolid y La Coruña; al comandante militar de Baleares; al general jefe de la División de Caballería, en Madrid; al jefe de la Circunscripción de Ceuta y Larache; al jefe de las fuerzas militares de Marruecos y a los almirantes jefes de las bases navales de El Ferrol, Cádiz y Cartagena». Todavía captó un tercer mensaje, transmitido desde la base naval de Cartagena, que terminaba con la orden de «cúrsese a las guarniciones» y que despertó aún más sus sospechas. «La indignación que le produce el hecho en sí —escribe Daniel Sueiro en La Flota es roja, Ed. Argos Vergara, S. A., Barcelona, 1983—, se acrecienta en Balboa ante la descarada pretensión de los sublevados de servirse de ellos y utilizar nada menos que la vía oficial para propagar el alzamiento y levantar a los cuarteles v demás dependencias militares de Madrid; y, sobre todo, le duele que sea un compañero el que, desde la estación de radio de Cartagena, esté dando curso a tales mensajes. Obedeciendo al primer impulso, con el texto de la circular de Franco garra-pateado en una hoja que sostiene nerviosamente en la mano, pulsa el entrecortado reproche que quiere hacer llegar al radiotelegrafista de Cartagena: ... no hagas eso, compañero.... no transmitas esa circular..., no te das cuenta de que es un acto de subversión... La respuesta quiere ser una justificación y es una llamada angustiosa por parte del auxiliar de radio, Albiol, que Balboa sabe captar: estaba cumpliendo órdenes superiores, de jefes que en ese momento le rodeaban en la misma estación de radio. Y la circular no solamente había sido transmitida ya a Madrid, sino también a la base de Mahón. Sin perder más tiempo, Benjamín Balboa corre a uno de los teléfonos, cuidándose de no utilizar el que estaba conectado con el domicilio del jefe de la estación, el capitán de corbeta Cástor Ibáñez Aldecoa, sin duda al pie del aparato en sus habitaciones, a la espera de aquella noticia. Saltándose así a su jefe inmediato, por las buenas razones que él tiene para hacerlo, se pone al habla con el jefe de la secretaría del ministro de Marina, el teniente de navío Prado Mendizábal, al que lee por teléfono el texto lanzado por Franco. Prado copia rápidamente las palabras que Balboa le dicta y antes de colgar y pasárselas a su ministro, Giral, le indica al auxiliar radiotelegrafista que, por su parte, pase a limpio la circular y se la envíe con toda urgencia y en sobre cerrado y personal al ministro de la Guerra y presidente del Consejo, Casares Quiroga.... Y en ese momento es cuando aparece el jefe del servicio, capitán Ibáñez Aldecoa. Al darse cuenta de que el esperado mensaje de Franco, en lugar de ser transmitido a las guarniciones, para que se sumen al alzamiento, como estaba previsto por la conspiración, iba a ser enviado al ministro o al jefe del Gobierno, se apoderó bruscamente de él, arrebatándolo de las manos del funcionario, reclamando la vía jerárquica del jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Salas, como primer destinatario natural y obligado del mismo. Mientras se dirigía a la cabina telefónica de la misma estación, no ahorró palabras de desprecio y de amenaza por la conducta del auxiliar Balboa. Con el almirante Salas sostuvo una eufórica y alborozada conversación en alta voz, después de la entusiasmada transmisión de la circular de Franco, manteniendo ostensiblemente abierta la puerta de la cabina, como para contagiar a las fuerzas de custodia y demás presentes de su propia alegría. El capitán y jefe del centro hizo hincapié, antes de atravesar los cien metros de jardín que le separaban de su vivienda privada, de que desde ese momento era más rigurosa aún la orden dada por él acerca de la utilización exclusiva del teléfono conectado con su casa, con la prohibición consiguiente de utilizar los otros dos teléfonos. Y ese teléfono que Ibáñez Aldecoa quería que le sirviera para enterarse de lo que hablaban subordinados suyos en los que no confiaba, sirvió también a éstos, que por lo demás mantenían hacia su jefe una actitud equivalente y opuesta, para escuchar algo de lo que él mismo decía en tal momento. Así fue como el mismo Balboa pudo oír la conversación personal que, a renglón seguido, mantuvo Ibáñez Aldecoa con su jefe el vicealmirante Javier de Salas. Quería éste que el mensaje de Franco se hiciera llegar, por los medios que fuera, a todas las guarniciones. Y replicaba Aldecoa: Hazlo tú. Un nuevo apremio de la otra parte. Ibáñez Aldecoa confiesa: Es que tengo aquí un hueso... En un momento dado, Ibáñez Aldecoa se decide a intentar transmitir la llamada de Franco a las guarniciones, de acuerdo con los deseos de Salas y siguiendo, sin duda, los planes trazados con anterioridad. Ya es de día cuando atraviesa de nuevo el jardín, y llega a la puerta del gabinete telegráfico. Allí le sale al encuentro Benjamín Balboa, que seguramente le está esperando. El capitán de corbeta quiere hacer valer su autoridad y le indica al auxiliar que se considere arrestado. Usted —le grita— está contraviniendo mis órdenes. Retírese, como arrestado, a su habitación. Y a partir de este instante le prohíbo terminantemente que entre en la sala de aparatos. Balboa reacciona con energía y con ira. Le replica: No acato esa orden. Tengo una misión que cumplir v la cumpliré, cueste lo que cueste y pese a quien pese. Estoy aquí para defender a la República contra aquellos que, como usted sabe, la traicionan. Y desde este momento es usted, no yo, quien tiene prohibida la entrada en el local. El auxiliar de radio apunta al capitán Aldecoa con su pistola, una Luger 22, de nueve tiros, más uno en la recámara, con el cargador completo. Allí mismo lo detiene y lo encierra con llave en sus habitaciones. No salga usted de su casa, capitán —le advierte, antes de retirarse—. Si lo intenta, se hará fuego contra usted.» De esta forma se hizo dueño de la situación, y el Gobierno de la República no perdió el contacto con las bases navales ni con la mayoría de los barcos que componían la escuadra, impidiendo, entre otras cosas, el paso del estrecho de Gibraltar al grueso de las fuerzas sublevadas en el protectorado marroquí. Convertido en hombre de confianza de la Marina de guerra republicana, fue ascendido a oficial primero, equiparado a capitán, del cuerpo al que pertenecía, desempeñando diversos cargos públicos a lo largo de la contienda, entre ellos el de subsecretario de Marina y Aire. Al finalizar la guerra civil se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Ángel Barcia Galeote.

Obrero madrileño que tomó parte en la toma del cuartel de la Montaña y en la organización de la 1 Brigada mixta. Fue comisario de la 9 Brigada y después de la 11 División; ocupando ese puesto fue muerto el 9 de septiembre de 1938 en la batalla del Ebro.

Augusto Barcia Trelles.

(1881-1961). Abogado, político y escritor. Diputado desde 1916 hasta 1923 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez; también en las Cortes de 1933 y 1936. Gran Oriente o Gran Maestro de la Masonería Española y Gran Comendador de su Supremo Consejo. En el Gobierno de Azaña en 1936, y posteriormente en el de Casares Quiroga, fue Ministro de Estado. Se exilió en la República Argentina.

Dolores Bargalló.

Presidenta de la Unión de Dones de Catalunya. En la foto en un Mitin antifascista en el teatro Olimpia, Barcelona, 20 Sep-36.

Fuente: Mary Nash

Francisco Barnés.

Ministro en el Gabinete de Casares Quiroga al estallar la Guerra. Había sido diputado en las Constituyentes de 1931. Durante la Guerra fue Cónsul de España en Orán. Se exilió en México.

Martín Barrera y Maresma

(1899). Sindicalista catalán, colaborador de Salvador Seguí y de Ángel Pestaña, que al advenir la República fue diputado al parlamento catalán, y en 1936, diputado a Cortes por Barcelona (capital), en representación de Esquerra Republicana. Consejero de Trabajo de la Generalidad de Cataluña, fue condenado a treinta años de reclusión por los sucesos del 6 de octubre de 1934, aunque parece poco probable que tuviese intervención alguna en los mismos. Tras el triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, fue indultado y volvió a desempeñar el mismo cargo en el gobierno catalán. Durante la guerra civil fue nombrado presidente de la Comisión de Responsabilidades Políticas, y al final de la contienda se exilió a Francia. En 1950 regresó a España.

Eduardo Barriobero Herrán

(1880-1939). Abogado criminalista, miembro del Partido Social Revolucionario, que fue perseguido y sancionado durante la dictadura del general Primo de Rivera por su participación en la «Sanjuanada», y que en 1931 fue elegido diputado por Oviedo a las Cortes constituyentes de la República en representación del Partido Federal Independiente. Al estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, donde creó por su cuenta un "tribunal popular" que funcionó durante mucho tiempo al margen de toda legalidad, tribunal al que se acusa de haber dictado multitud de sentencias de muerte y de haber cometido toda clase de atropellos y arbitrariedades. Reducido a prisión por orden de las autoridades republicanas, fue hallado en tal situación cuando las tropas nacionalistas ocuparon dicha ciudad, las cuales, sin pérdida de tiempo, procedieron a su fusilamiento.

Miguel Bascuñana.

Comisario de la 10 BM, fue herido en Brunete. En la foto, visitado por camaradas del Bon. Especial de V CE (¡vaya tipos!). Puede que en Brunete Bascuñana mandara el Bon. Especial (ametralladoras) del V CE. La historia de estas unidades de élite del V Cuerpo, está todavía por escribir.

Camilo Berneri

(1897-1937). Profesor italiano, de filiación anarquista, que gozaba de gran predicamento en los medios ácratas españoles, especialmente en los de Barcelona, y que se hallaba en dicha ciudad cuando se produjo la revolución de mayo de 1937, donde fue detenido y asesinado.

Julián Besteiro Fernández.

(1870-1940). Político socialista nacido en Madrid, hijo de un comerciante de comestibles de origen gallego, que estudió en la institución Libre de Enseñanza, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense, amplió estudios en París, Berlín, Leipzig y Munich, y fue profesor de los institutos de enseñanza media de Orense y de Toledo, y catedrático de Lógica Fundamental de la Universidad Central (Madrid). A la vuelta de su estancia en el extranjero, y tras una breve militancia en el Partido Radical de Lerroux, se afilió al Partido Socialista Obrero Español y a la Unión General de Trabajadores, en cuyas organizaciones alcanzó los puestos de máximo honor y responsabilidad. En 1917, junto con Francisco Largo Caballero, Andrés Saborit y Daniel Anguiano, fue condenado por un tribunal militar a la pena de reclusión perpetua por su participación en la preparación de la huelga general revolucionaria que tuvo lugar aquel ano —de cuyo comité nacional formaba parte—, pero poco tiempo después tanto él como sus correos, salieron en libertad al resultar todos ellos elegidos diputados a Cortes y beneficiarse de una amnistía que, tras una in-tensa campaña popular, el Gobierno no tuvo más remedio que acordar. El 13 de septiembre de 1923, es decir, el mismo día que se proclamó la dictadura encabezada por el general Primo de Rivera, suscribió un manifiesto dado conjunta-mente por el Partido Socialista y la UGT, manifiesto que también firmaron Pablo Iglesias, Francisco Núñez. Tomás y el citado Largo Caballero, en el que, entre otras cosas, se decía: "... El pueblo español, y especialmente la clase trabajadora, que tan dolorosa experiencia ha adquirido del proceder de las altas jerarquías militares, no debe prestar aliento a esta sublevación, preparada y dirigida por un grupo de generales que pueden ostentar como emblema el favor y el fracaso enlazados...» Al morir Pablo Iglesias, en 1925, fue elegido presidente del PSOE y de la UGT, el primero de cuyos cargos desempeñó hasta poco después de ser proclamada la República, y el segundo, hasta 1934, al negarse a optar por la vía de la rebelión en los prolegómenos de los sucesos revolucionarios que se desarrollaron, principalmente en Asturias, en el mes de octubre de dicho 1934. En 1931, no obstante haberse opuesto al Pacto de San Sebastián y haberlo criticado duramente, fue elegido presidente de las Cortes Constituyentes de la República, cargo que, a juicio de José María Gil-Robles, ejerció con equilibrio, autoridad y caballerosidad ejemplares». Diputado, por Madrid (capital), en 1931, 1933 y 1936 (PSOE). Al estallar la guerra civil se hallaba en dicha ciudad, en la que permaneció durante toda la contienda sin ocupar cargo político alguno, si bien en mayo de 1937 fue enviado a Londres como embajador extraordinario del presidente de la República española a los actos que con motivo de la coronación de Jorge VI se celebraron en la capital británica. Aprovechando esta oportunidad, Manuel Azaña le encargó, a titulo personal y a espaldas del Gobierno, que gestionase con Eden y Blum la posibilidad de una mediación extranjera que pusiese fin al conflicto armado español, pero las conversaciones que sostuvo con dichos políticos no dieron el resultado apetecido o, al menos, el resultado apetecido por Azaña. "... La designación de Besteiro —escribe a este respecto Julián Zugazagoitia en Guerra y vicisitudes de los españoles, Ed. Crítica, Barcelona, 1977— la hizo el gobierno de Largo Caballero, quien no le confió otra misión que la de representar a España en la solemne ceremonia. Cuando Besteiro regresó de Londres, el ministerio había cambiado. Negrín estaba al frente de él. No hubo otra explicación del viaje que la muy sumaria de algunas conversaciones políticas. Nada fundamental, en suma. Y, sin embargo, el embajador en Londres tenía razones especiales, así como el de París, para afirmar que Besteiro realizó en Londres trabajos particular-mente importantes. Se dio por seguro que el encargo de ellos procedía directamente del presidente de la República.»  Rival de Largo Caballero y enemigo político de Negrín, al cual consideraba un agente de Moscú y apodaba Karamazov —no obstante estar afiliados los tres al mismo partido político—, se mantuvo muy alejado de los diferentes gobiernos y, especialmente, de sus respectivos presidentes, rechazando los diversos ofrecimientos que se le hicieron para que ocupara algunos cargos públicos, uno de los cuales era el de embajador de España en Buenos Aires. Tras la derrota del ejército republicano en Cataluña, la posterior dimisión del presidente de la República y la huida más o menos decorosa de la mayoría de los líderes políticos, se percató de que lo más lógico era buscar el camino que, cuanto antes y por el sendero menos oneroso, condujese al fin de la contienda y, a poder ser, a una paz honrosa. "... No era secreto en Madrid —escribe Luis Romero en El final de la guerra, Ed. Ariel, S. A., Barcelona, 1976— que Besteiro se mostraba partidario de llegar a una paz lo antes posible, y había corrido el rumor de que se iba a destituir a Negrín y encargar a Besteiro de formar nuevo gobierno para poner fin a las hostilidades. Como también era público —público en privado—, que el coronel Segismundo Casado se manifestaba igualmente partidario de gestionar la paz, no resultaba sorprendente que el contacto entre ambos se produjera, a pesar de que no se conocían personalmente. A Segismundo Casado le alegró recibir recado de Besteiro y no debieron quedarle dudas sobre la significación y propósito del mensaje... En señal de deferencia fue Casado quien visitó a Besteiro en su domicilio. Tras las primeras cortesías, y como Besteiro pidiera al coronel que le informara sobre la situación, le expuso su acuerdo de principio con Miaja, Matallana y Menéndez —que tenía que ser recientísimo— para formar una junta, consejo o gobierno que sustituyera a aquel que en Cataluña se había esfumado, y en consideración a que la única autoridad era la militar. Añadió que de esta junta formarían parte partidos y sindicales con la única excepción del PCE, y que su misión exclusiva consistiría en negociar la paz. Aprovechó Casado lo favorable de la coyuntura para ofrecerle a Besteiro la presidencia del proyectado gobierno. Respondió éste que se hallaba dispuesto a formar parte del mismo, puesto que su único deseo era negociar el fin de las hostilidades, pero que, teniendo en cuenta las circunstancias legales que concurrían, declinaba el honor de presidirlo y que en su opinión la presidencia debía asumirla un militar. Cabe suponer que Casado le manifestara que acababa de tomar contacto con el enemigo; no hay constancia de si lo hizo así o no. La incorporación de Besteiro fue muy bien recibida por cuantos estaban decididos a eliminar al Gobierno y a los comunistas. De la importancia que Casado otorgó al acuerdo con el prestigioso socialista tenemos prueba en el hecho de que en la primera ocasión que se le presentó lo comunicara a los elementos nacionales con quienes mantenía contactos, para que, a su vez, lo anunciaran en el Cuartel General de Burgos.» Así las cosas, en la noche del 5 de marzo de 1939, se constituyó en Madrid, en los sótanos del Ministerio de Hacienda, lo que se llamarla el Consejo Nacional de Defensa, del que fue elegido presidente el general Miaja que también había presidido la Junta de Defensa que se constituyó en Madrid, en noviembre de 1936—, encargándose el coronel Casado de la cartera de Defensa y Besteiro de la del Estado, estando, además, representados en dicho Consejo la CNT, el Partido Socialista, Izquierda Republicana, Unión Republicana y la UGT. «En Madrid —dice Guillermo Cabanellas en La guerra de los mil días, Ed. Heliasta, S. R. L., Buenos Aires, 1975—, que se jactaba en 1936 de ser la tumba del fascismo, se fragua el complot que va a darle sepultura a la Segunda República Española.» Sobre las doce de la noche del indicado día 5, a través de los micrófonos de Unión Radio Madrid y de Radio España. antes o después de que lo hicieran el coronel Casado y Cipriano Mera —porque hay distintas versiones al respecto—, demacrado, casi cadavérico, según los testimonios gráficos que se han conservado, lee, con la voz entrecortada, unas cuartillas escritas la noche antes: "...

 ¿Cuál es la realidad de la vida actual de la República? En parte lo sabéis; en parte lo sospecháis o lo presentís; tal vez muchos, en parte al menos, lo ignoráis... La verdad es, conciudadanos, que después de la batalla del Ebro, los Ejércitos Nacionalistas han ocupado totalmente Cataluña, y el Gobierno republicano ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses. La verdad es que, cuando los ministros de la República se han decidido a retornar a territorio español, carecen de toda base legal y de todo prestigio moral necesario para resolver el grave problema que se presenta ante nosotros. Por la ausencia, y más aún, por la renuncia del Presidente de la República, ésta se encuentra decapitada. Constitucionalmente el presidente del Consejo no puede sustituir al presidente dimisionario mas que con la obligación estricta de convocar elecciones presidenciales en el plazo improrrogable de ocho días. Como el cumplimiento de este precepto constitucional es imposible en las actuales circunstancias, el Gobierno Negrín, falto de la asistencia presidencial y de la asistencia de la Cámara, a la cual seria vano dar una apariencia de vida, carece de toda legitimidad y no puede ostentar título alguno al respecto y al reconocimiento de los republicanos. ¿Quiere decir esto que en el territorio de la República exista un estado de desorden? El Gobierno Negrin, cuando aún podía considerarse investido de legalidad, declaró el estado de guerra, y hoy, al desmoronarse las altas jerarquías republicanas, el Ejército de la República existe con autoridad indiscutible y la necesidad del encadenamiento de los hechos ha puesto en sus manos la solución de un problema gravísimo, de naturaleza esencialmente militar. ¿Quiere decir esto que el Ejército de la República se encuentra desasistido de la opinión civil? Aquí, en torno mío, se halla una representación de Izquierda Republicana, otra del Partido Socialista, otra de la UGT y otra del Movimiento Libertario. Todos estos representantes, juntamente conmigo, estamos dispuestos a prestar al Poder legitimo del Ejército Republicano la asistencia necesaria en estas horas solemnes. El Gobierno Negrin, con sus veladuras de la verdad, con sus verdades a medias y con sus propuestas capciosas, no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo, tiempo que es perdido para el interés de la masa ciudadana, combatiente y no combatiente. Y esta política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional permita desencadenar una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo. De esta política de fanatismo catastrófico, de esa sumisión a órdenes extrañas, con una indiferencia completa ante el valor de la nación, está sobresaturada ya la opinión republicana toda. Yo os hablo desde este Madrid que ha sabido sufrir y sabe sufrir con emocionante dignidad su martirio; yo os hablo desde este "rompeolas de todas las Españas" que dijo el poeta inmortal que hemos perdido, tal vez abandonado en tierras extrañas; yo os hablo para deciros que cuando se pierde, es cuando hay que demostrar, individuos y nacionalidades, el valor moral que se posee. Se puede perder, pero con honradez y dignamente, sin negar su fe, anonadados por la desgracia. Yo os digo que una victoria moral de ese género vale mil veces mas que una victoria material lograda a fuerza de claudicaciones y de vilipendio. Yo os pido, poniendo en esta petición todo el énfasis de la propia responsabilidad, que en este momento grave asistáis, como nosotros lo asistimos, al Poder legítimo de la República que, transitoriamente, no es otro que el Poder militar.»

Los acontecimientos se precipitaron por momentos. La hecatombe era ya inevitable. Dos días después volvía a los mismos micrófonos de la radio: