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Francesc Boix (Paco/Franz)

Francesc Boix Campo había nacido en Barcelona en agosto de 1930. Su padre, Bartolomé Boix Eixarch era barcelonés, y su madre Anna Campo Agustín era aragonesa de Fraga. Bartolomé había tenido esposa anteriormente que falleció, dejándole una hija llamada Julia. Del matrimonio con Anna tuvo tres hijos, Rosa en 1915, Francesc en 1920 y Nuria en 1925. Una hermana de Anna, Lola era la tía preferida de Francesc al que protegió todo lo que pudo. En el hogar de los Boix se hablaba catalán, pues la familia de Anna ya llevaba años en Cataluña, pero todos hablaban y entendían el castellano. Bartolomé Boix profesaba ideas catalanistas, republicanas y de tendencias libertarias, que era la mezcla ideológica más corriente entre los habitantes de Cataluña durante el final de la monarquía alfonsina. Bartolomé se ganaba la vida de sastre en su "Sastrería Boix", donde no sólo se cosía, sino que también hacía de tienda y de centro de reunión de correligionarios de Bartolomé. La familia no era rica pero tampoco se pasaban penurias. La miseria era el estado natural y corriente de los trabajadores catalanes en la época citada. Francesc comenzó el bachillerato que para un joven de su barrio era señal de distinción. No se sabe si lo acabó. Su hermana pequeña comentó a uno de sus estudiosos, Benito Bermejo, que Francesc era un niño travieso, inquieto, soñador y aventurero, aficionado también como su padre a las artes fotográficas. Y de acuerdo con su padre, Francesc inició estudios fotográficos en la casa Romagosa, dedicada a la fotografía industrial.  En 1932 se produjo una gran desgracia familiar con la muerte de Anna Campo, la madre, dejando a Bartolomé con cuatro hijos, dos de ellos, Francesc y Nuria de doce y siete años. Parece que Francesc mantenía en el barrio contactos con el sindicato de estudiantes de la FNEC (la FUE catalana) y con compañeros de la Joven Guardia de Poble Sec que se integrarían en las JSU. Al golpe militar de 1936, Francesc tenia sólo 14 años.

Francesc presenció las barricadas del 19 de julio en su barrio del Poble Sec y se concienció iniciando su andadura con las JSU, donde consiguió colaboraciones fotográficas en la revista Juliol, órgano de las JSU de Cataluña. Allí conoció a Gregorio López Raimundo, a su hermano Joaquín y a Teresa Pamies. Tiene 15 años y ya habían aparecido fotografías suyas en las revistas de la organización, codeándose con el profesional Oliva. A los 16 años ingresó formalmente en las JSU de cuyos actos da fe muchas fotografías, donde aparece siempre con su cámara en ristre, una Leica que unos dicen que prestada por la organización y otros que comprada por su padre. Las JSU habían establecido su sede en una parte del Edificio del Hotel Colon, que el PSUC escogió como Cuartel General de sus Milicias.

Se recuerda una anécdota en un mitin, en donde el todavía inexperto Francesc deslumbró con el flash al orador, Santiago Carrillo, obteniendo una retahíla de improperios del asturiano que hicieron mucha gracia a los muy irreverentes jovencitos de las JSU. Francesc era según todos los observadores un auténtico terremoto militante de la fotografía. Más o menos así le describen sus amigos los hermanos Gregorio y Joaquín López Raimundo. Esto producía una gran corriente de simpatía entre sus jefes políticos y camaradas, pero poca confianza política en un partido tan rígido como el PSUC. Aunque no parece que eso le importara mucho a Francesc siempre que le dejaran hacer sus reportajes y vivir en el Hotel Colon.  Por aquel entonces, José Del Barrio, organizador de la columna Carlos Marx y líder de la UGT de Cataluña solicitó un fotógrafo. Francesc Boix fue enviado al frente como reportero probablemente a mediados de 1937 con 17 años. En año 1938 nos lo encontramos en la 30 división al lado del Comisario de la división Jaume Girabau del Comité Nacional de las JSU.

Con el fin de la guerra, y camino Francesc del exilio con su unidad, la desgracia se abatió sobre la familia. El padre Bartolomé es detenido tras ser denunciado por franquistas del barrio emboscados durante la guerra. Se le condena a ocho años, una bagatela en aquellos tiempos y es liberado cuando ya se encontraba muy enfermo. Murió en abril de 1942. Las hermanas de Francesc, huérfanas de padre y madre hubieron de sobrellevar aquella dificilísima situación en la que hasta 1944 no tuvieron ninguna noticia de su hermano.

Francesc Boix posando con una MG Browning cuando servía en la 30 división.

Mientras tanto Francesc estaba recluido en distintos campos de la geografía del sur de Francia cerca de Montauban. El ejército francés necesitado de personal, ofreció a los más sanos la posibilidad de ingresar en la Legión Extranjera, con la premisa de quien no lo hiciera pudiendo físicamente,  sería por contra integrado en una Compañía de Trabajadores Extranjeros. Y para la frontera partió Francesc junto con la 28 CTE donde trabajaría en la región de los Vosgos. Los relatos de protagonistas de vicisitudes semejantes señalan que tras la desconfianza de la población local y los casos abusos de oficiales franceses de extrema derecha, la vida de los trabajadores españoles era buena e incluso una gloria comparada con los campos del sur. El problema fue que el ejército francés se derrumbo en unas semanas y los españoles movilizados pasaron a ser prisioneros de guerra del ejército alemán. Francesc rotó por varios Stalag, hasta que se recibe la orden, al parecer pactada con Serrano Suñer en Berlín, de internar a los rojos españoles en campos de exterminio. Una expedición de 1500 españoles entre los que se encuentra Francesc Boix llega a Mauthausen a finales de enero de 1941. Todos los españoles que no se habían fugado, de cualquiera de campos que fueran, sintieron al llegar a Mauthausen el estremecimiento de que aquel escenario del fin del mundo era precisamente el fin del mundo. Más cuando sabían que aunque les dieran un triangulo azul con una "S" de rojos españoles, en el fondo eran unos apatridas de los que las asesinas SS no tenían que dar cuenta a nadie. De modo que la idea era explotarlos hasta la muerte por extenuación en las canteras anexas, más los que graciosamente irían liquidando por inútiles, por enfermos, por cualquier falta estúpida, o por que les diera la gana. Sin derecho a correspondencia, sin derechos a Cruz Roja, mantenidos en secreto  hasta el exterminio con el acuerdo real o tácito de la España de Franco y probablemente de la Francia de Vichy. Es curioso que este trato especial de privar de sus pocos derechos a prisioneros de guerra, sólo se lo dieron los alemanes a los españoles republicanos y a los soldados del ejército ruso. Sólo españoles llegaron unos seis mil a las diversas instalaciones alrededor del complejo de la muerte de Mauthausen.

En su inicio, en 1938, el campo estaba destinado a presos alemanes y austriacos comunes, irrecuperables, asociales que se decía. Por este motivo, la ralea de presos alemanes acaparaban los puestos de "kapos" y presos de confianza que en toda institución carcelaria administran realmente por delegación la vida interna del campo y que son los únicos que tienen alguna capacidad de sobrevivir. Estos alemanes, la élite de los presos allí, eran más criminales que las SS, más ladrones y más degenerados, si esto era posible. Estaban en la cúspide de la degeneración de la especie humana. Y si había alguna clase de infra-hombres en el campo, eran sin duda ellos, y después, sus dioses del martillo de Thor y las runas germánicas, las criminales de las SS bellamente uniformados por Hugo Boss. Cuando llegaron los españoles, existían también muchos presos comunes polacos que despreciaban a los españoles basándose en la leyenda negra de los españoles republicanos y que hicieron todo lo posible para amargar, si se podía echar más angostura a la situación, a los españoles, que también venían divididos en grupos políticos como en la guerra. Con los años, en el complejo de Mauthausen llegó a haber presos de todas las nacionalidades ocupadas por los nazis, no sólo presos comunes, asociales, homosexuales, parásitos, según la clasificación del buen burgués alemán, sino también políticos. En 1941 llegaron prisioneros rusos, soldados que fueron tratados inicialmente como si fueran judíos, exterminados cruelmente y sin piedad. Pese a no ser un campo de exterminio para judíos y gitanos, también los hubo, pues seguían el criterio de que cuando un trabajador de una nación ocupada había sido detenido por participar en huelgas o acciones de resistencia antinazi, si era judío era enviado a campos de exterminio inmediatamente, de modo que llegaban trabajadores judíos holandeses, noruegos, daneses, etc... A estos presos no se les daba una muerte lenta por hambre y enfermedades como al resto. Eran inmediata y despiadadamente exterminados en orgías sangrientas donde participan SS, kapos y perros pastores alemanes especialmente entrenados por sus amos idem para despedazar seres humanos. En 1944, según la suerte de las armas nazis decaía, los alemanes evacuaron campos polacos de exterminio para judíos enviándolos a campos más occidentales, como Mauthausen. Era jefe de este infierno el coronel de las SS Franz Ziereis, "el Pavo" por sus estúpidas poses. Más de diez mil SS vigilaban el complejo de instalaciones (Kommandos) dependientes de Mauthausen-Gusen.

Según los estudiosos de las vicisitudes de los españoles en este campo, dos de cada tres murieron, 4761 muertos, prácticamente la mayoría en Gusen, donde había una cámara de gas, y camiones preparados a este uso. Más 400 fueron asesinados en el centro de "eutanasia" del castillo de Hartheim. La casuística era siempre la misma, alimentación muy escasa e inadecuada para sobrevivir a los trabajos forzados, la propia dureza y peligrosidad de los trabajos en la cantera, y las duras condiciones climáticas que propiciaban rápidamente enfermedades insalvables en aquellas condiciones. Las instalaciones anexas de Gusen, eran como la antesala del definitivo final (1). Su nombre producía escalofríos incluso en una población que convivía diariamente con la muerte. Cada día eran enviados decenas de presos al límite de sus existencia a Gusen y cada día otros muchos viendo ya su incapacidad corporal de conseguir alimentos para sobrevivir, viendo su extenuación, optaban por arrojarse a la alambrada electrificada, saltar al vacío desde lo alto o provocar su asesinato, todo antes que la muerte más horrible, la de morir extenuado y aplastado por las piedras de la cantera Wienergraben que había que subir al campo una y otra vez por la "escalinata de la muerte", una y otra vez, hasta el fin.

(1) En Gusen también había destinos y fabricas de las SS que garantizaban un mínimo de supervivencia, pero su notoriedad venía porque era el ultimo lugar de transito de los moribundos. En concreto los criminales, sádicos y bastardos SS, se regalaban sus bajos instintos con el método de exterminio de moribundos consistente en aplicarles por grupos duchas de agua helada hasta la muerte. Al que intentaba salirse del chorro lo apaleaban también hasta la muerte.

Y esta es la situación que se encontraban los españoles a su llegada al campo. No podían contar con nadie, pues nadie les tenía ninguna simpatía, excepto con ellos mismos. Todos los españoles llegados Mauthausen en cualquiera de sus expediciones eran veteranos en el arte de sobrevivir como presos. No se amilanaban ante los kapos, ni los odiosos polacos, y estos también comprendieron que mejor dejarlos en paz para no terminar con una afilada astilla clavada en los riñones. Los españoles traían los embriones de sus organizaciones, PCE, CNT y PSOE, principalmente. Las tareas de supervivencia eran extremadamente difíciles pero peor era abandonarse. Había que organizar la solidaridad entre españoles, tratar de ocupar todos los posibles destinos, organizar el robo y contrabando de todo tipo de alimentos, medicinas y materiales, armas si era posible, y sobre todo, la necesidad de que lo que allí pasaba no se olvidara, y así acumular y ocultar todas las pruebas posibles, fichas, listados, circulares SS, fotografías, etc... Era su razón para sobrevivir, y en esto triunfaron sobre cualquier otro colectivo de presos del campo. No sólo liberaron el campo en 1945 antes de que entraron los aliados, sino que preservaron las pruebas que sirvieron para condenas a muchos criminales SS en los juicios tras la guerra. Y en esta atarea destacó la JSU y Paco Boix, como se le llamaba ahora, Franz para los extranjeros.

Boix llegó a Mauthausen con muchos de sus campaneros del CTE28 a mediados de enero de 1941 y tras unos meses de trabajo esclavo comprendió y con él todos los que llegaban al campo, que la única manera de sobrevivir era conseguir un puesto en las distintas administraciones del campo que te liberara del trabajo físico. Se trataba de conseguir un puesto de "prominenten", en el argot del campo, presos de confianza que trabajaban de kapos o en las oficinas y dependencias de la administración del campo. Esta "aristocracia" de presos la constituían los presos Jefes de kapos y los propios kapos, que solían ser presos comunes alemanes y austriacos más lo que los nazis denominaban "volksdeutsches", personal de habla alemana de origen extranjeros, sudetes, polacos, etc... Venían después el personal de oficios que podían ser de cualquier nacionalidad y que los SS empleaban muchas de las veces en beneficio propio y que conseguían algunos pequeños beneficios como bonos de 1 o 2 marcos para el supermercado del campo. Y para terminar el personal subalterno, ordenanzas y auxiliares de la oficinas de campo. También había obreros especializados, sobre todo a partir de 1943, pero sus privilegios eran mucho menores, aunque suficientes para sobrevivir más tiempo. Quienes llegaban al campo y eran puestos atrabajar en las canteras o en el los muros de la fortaleza del campo y no encontraban pronto algo, duraban escasamente unos meses dependiendo de su condición física inicial. En el argot del campo se les llamaba "espechegas" del alemán speckjäger, cazador de tocino, o sea buscador desesperado de comida. Los espechegas, que cuando llevaban los días suficientes comprendían lo inevitable de sus destino, tenían muy mala opinión de los "prominenten" y los tildaban de emboscados, enchufados y casi casi colaboradores. Todo esto se sabe por las publicaciones y declaraciones de prominenten, pues de los otros no se sabe de supervivientes, salvo los que llegaron ya al final de la guerra.

Existía un servicio de identificación en el campo anexo al departamento político (Gestapo). Su labor era fundamentalmente fotografiar para su identificación a los presos y documentar todos los hechos relevantes del campo, ya fueran fugas, suicidios, asesinatos que se hacían pasar por fugas, humillaciones colectivas de presos en ocasión de actos de rebeldía o fugas señaladas, desinfectaciones masivas, y sobre todo visitas de jerifaltes y trabajos particulares para los más de 10.000 SS que vigilaban y administraban el complejo Mauthausen-Gusen. Su nombre era Erkennungsdienst. El primer español que entró a trabajar en este servicio fue Antonio García, pues los SS necesitados de personal especializado en laboratorios fotográficos, leyeron en la ficha que traía García del Stalag, su condición de camarógrafo. Era abril de 1941. Antonio García realizó labores de ayudante de laboratorio junto con un austriaco asocial. Al poco, en agosto de 1941 se incorporó Paco Boix a la oficina de identificación, probablemente porque en su ficha indicaba que era fotógrafo. Desde este puesto de privilegió Boix y sus compañeros "prominenten" tuvieron el tiempo suficiente para pensar en un posible futuro que pasaba ineludiblemente por revitalizar las organizaciones políticas en las que militaban. Es el caso de Boix, las JSU, a las que también pertenecía Antonio García, Mariano Escalante y otros muchos. Los pocos relatores que hubo de este campo, cuentan que a partir de la batalla de Stalingrado, los SS cambiaron de actitud. Primero se dieron cuenta de que necesitaban más trabajadores esclavos para activar su descuidada producción industrial. Segundo, individualmente comprendieron secretamente que Alemania había perdido la guerra y aflojaron su sádica crueldad, y tercero recibieron orden de Berlín de quemar todas las pruebas fotográficas que tan alegremente se habían hecho en los campos de exterminio. La orden se cumplió a rajatabla, y es uno de los motivos de que no haya apenas fotografías anteriores a la liberación en los campos nazis, salvo en Mauthausen, donde los españoles del servicio de identificación, tras recibir la orden del suboficial SS del servicio, Ricken,  de quemar, películas, negativos y positivos, decidieron no cumplirla en la mediada de lo posible con gran riesgo personal en caso de ser descubiertos. De los miles de fotografías seleccionadas para ser destruidas, Boix y sus compañeros pudieron salvar unas 2000 que fueron escondiendo de un sitio a otro hasta que con la colaboración de presos españoles que tenían libertad para trabajar en el pueblo, se las encomendaron a una austriaca socialdemócrata, la señora Anna Pointner, con la habían contactado los trabajadores citados y que se las apañó para hacerlo, a pesar de que estaba fichada por la Gestapo y se jugaba la vida. Así, en esta tarea de sabotaje que resultó fundamental para la condena de muchísimos SS en los procesos de los aliados contra los crímenes nazis, colaboraron decenas de españoles y una austriaca y su familia.

El próximo final de la guerra, trajo esperanza a los supervivientes de Mauthausen pero también incertidumbre según la desesperación de los SS se transmutaba en una crueldad suicida, muchos de ellos conscientes de lo que les esperaba. Las organizaciones políticas españolas se prepararon para evitar eso. Se formó el Comité Internacional de Presos, con un importante peso de los españoles. Algunos SS que flaqueaban decidieron secretamente colaborar a cambio de promesas de vida. Información, anticipación de órdenes y hasta armas llegaron al Comité, que tenía una sección armada. Mientras tanto, los SS no dejaban de eliminar prisioneros judíos y del campo ruso a marchas forzadas, hasta que se empezaron a oir los cañonazos del ejército americano. Y esa noche, día 3 de mayo, toda la guarnición SS desapareció. De amanecida, los presos vieron que estaban vigilados por bomberos, policías municipales y personal de mucha edad del llamado Volsksturm. Los nuevos guardias, que aún no habían comprendido del todo la situación pese a los dantescos cuadros que dejaron los SS, trataron de pactar un status quo con los presos, pero el Comité militar temiendo una nueva irrupción de SS, en fuga o arrepentidos de no haber acabado con todos los presos, el Comité, digo, se dejo de gaitas y ordenó armar a todos los presos con experiencia militar y si sobraban armas o todos los voluntarios. Como así fue. Al día siguiente, 5 de mayo llegó una patrulla de exploración americana y fue recibida por una gigantesca pancarta confeccionada por los españoles (la confeccionó el pintor Francesc Teix Perona que al final le faltó tiempo). Boix se atrincó la cámara Leika del servicio y se puso a hacer fotografías. A ultima hora los americanos recibieron orden de volver a su bases y los guardias alemanes decidieron entregarse como prisioneros, no fuera que llegaran los rusos que seguro no iba a ser tan amables. Entonces los presos bajo las órdenes del Comité ordenaron liberar interna y externamente el campo, desarmando a los bomberos y similares no sin antes despojarles de parte de su bagaje. ¡El campo era libre! Era el cinco de mayo de 1945.

Reconstrucción el día 7 de mayo por parte del fotógrafo Donald Ornitz de la 11 División USA de la entrada en el campo de Mauthausenn que un grupo de exploración hizo realmente el día 5 de mayo de 1945, según la explicación del antiguo preso Pierre Serge Choumoff. Boix estaba en la balaustrada con la pancarta. Según este preso la auténtica foto de la primera entrada la confeccionó Boix y en la balaustrada no había nadie pues recién puesta la pancarta, todo el mundo bajo a saludar a los Half track (que no tanques) de la patrulla de exploración americana.

Mauthausen 5 de mayo de 1945, alrededor de las 13:00 horas. Fotografía de Francesc Boix.

No contentos con eso y ante el peligro de SS emboscados en el pueblo, el Comité Militar envió un grupo armado para controlar el puente y los accesos al campo que tras pequeños incidentes resolvió la situación. Al día siguiente los americanos se hicieron cargo del campo proveyendo de recursos y pases a quienes tuvieran donde ir. Los supervivientes españoles no tenían donde ir y quedaron algún tiempo en el campo mientras sus organizaciones, mayoritariamente en Paris, buscaban soluciones. Francesc Boix recuperó las fotografías escondidas por la austriaca Anna Pointner mientras se decidía que se hacía con ellas. Los servicios de inteligencia americanos andaban recabando información para la detención, interrogatorio y procesamientos de los principales SS de los campos nazis. Concretamente, del jefe SS del campo, el coronel Ziereis había huido pero había pistas sobre su paradero. En una cabaña de montaña fue detenido tras una pequeña persecución en la que fue herido de gravedad por oficiales americanos a los que acompañaban ex presos del campo para su segura identificación. El criminal Ziereis fue internado en el hospital americano de la zona y Boix se encontraba allí para confeccionar un valioso reportaje por petición del coronel americano del campo, Seibel. Por este motivo Boix prestó declaración ante la responsable francesa, Aline Chalufour, del Servicio de Investigación francés de crímenes de Guerra. Una de las declaraciones más estremecedoras de Boix se refieren a las del agonizante Ziereis sobre el proyecto que le fue encargado de crear un largo túnel de ferrocarril, donde en una sección del túnel se gasearía todo el convoy con 40 o mas vagones, y posteriormente en la otra sección, un largo horno crematorio, se quemarían los vagones hasta convertirlos en cenizas y chatarra, y así una y mil veces. De hecho hay otros testigos del campo que afirmaron que tras un periodo de proyecto en las oficinas de diseño técnico del campo se habían iniciado las obras de replanteamiento de estos mega hornos infernales en un lugar a sólo 7 Km. de Mauthausen. A este nivel de delirio criminal llegaron los jerarcas nazis de las SS para cumplir las órdenes dadas por Hitler al respecto de la "Solución final", la famosa reunión de la cúpula nazi para solventar el "problema judío".

Interrogatorio en el hospital americano de evacuación número 131 del coronel de las SS Ziereis jefe del campo de Mauthausen en su lecho agonizante tras haber sido gravemente herido en su captura. Están presentes el coronel americano del campo, Seibel, el fotógrafo Francesc Boix y oficiales de inteligencia del ejército americano. La fotografía la sacó un acompañante de Boix a petición del fotógrafo que quería dejar constancia de su presencia. En su brazalete pone: Spanish War Reporter-Photographer

Otras declaraciones de Ziereis que Boix traslado a Aline Chalufour fue la relativa a que el proceso de internamiento en Mauthausen de los republicanos españoles se realizó con el consentimiento del régimen de Franco y del de Vichy, lo que por otro lado sabemos se dirimió en la visita de Serrano Suñer a Berlín y los oficios que la Jefatura de la Gestapo en esa capital envió a través de su embajada en Madrid al Ministerio de Exteriores Franquista al respecto de los republicanos españoles en Francia, y que este ministerio nunca respondió, dejando su destino en manos de los sicarios de Himmler.

Ya en agosto de 1945, el campo pasó a la jurisdicción soviética pues la zona quedaba dentro del área de ocupación rusa de Austria. la mayoría de los españoles ya habían partido para Francia, pero aún Boix realiza algunas instantáneas donde aparecen oficiales rusos. Recien llegado a París, Boix se pone en contacto con el PCF con la intención de publicar las fotos alemanas rescatadas del Servicios de Identificación y las suyas propias. y Así Ce Soir y sobre todo Regards la mítica revista donde publicaron Capa y su novia Gerda Taro fue la encargada de lanzar al mundo el estremecedor horro de Mauthausen. El campo recibe especial atención de la prensa gracias a la disponibilidad del material ofrecido por Boix y se publica tempranamente un libro francés sobre el campo donde aparece todo este materia, aunque no se le cita por su nombre sino como un joven republicano español que salvó el archivo SS. También el recién gobierno checo publicó en 1946 un esplendido álbum del campo y tampoco cita a Boix. Pero también resultaba que los servicios de inteligencia franceses y aliados buscaban testigos para los juicios por crímenes de guerra que se avecinaban en la ocupada Alemania. Tras haber declarado con Aline Chalufour, Boix fue citado para declarar y aportar pruebas para los juicios de Nuremberg. Allí coincidió con la diputada francesa de PCF Marie-Claude Vaillant-Coulourier viuda de un héroe de la resistencia y presa en Auschwitz y Ravensbrück a la que fotografió Boix y que fue portada en Regards. Decenas de testigos aportados por las acusaciones aliadas declararon esos días en el gran juicio, pero fueron las declaraciones de Marie-Claude Vaillant-Coulourier y las de Francesc Boix las que impresionaron grandemente a los presentes. Boix se mostró vehemente como era el y arrasó las dudas que la defensa quiso meter, sobre todo cuando aportó las fotografías que los militantes de las JSU del campo y los hombres españoles del servicio de identificación del campo salvaron de la destrucción ordenada por los alemanes. También fue testigo en los procesos de Dachau donde un tribunal americano juzgo a los SS de Mauthausen.

Los seis años que le quedaban de vida a Boix, los pasó como pudo soportando su creciente enfermedad que le obligaba a periodos de estancia en hospitales y centros de reposo. Algunos camaradas le ayudaron pero el PCE practicó una estúpida política estaliniana que consistió en sospechar de los supervivientes, dejándoles casi en el papel de colaboradores. Una paranoia que Stalin aplicó a los pocos supervivientes rusos de los campos nazis y en cierto modo también a la población rusa de los territorios ocupados por los nazis, y que es el como de la desvergüenza y de la injusticia. Boix no pudo tampoco reencontrarse con su familia. Nunca abandonó la militancia en el PCE, pero tuvo que pasar por un comité que le depuró su actuación en Mauthausen, y que aunque le bendijo como militante sin mácula tuvo que deprimirle bastante pese a su fogoso temperamento. Profesionalmente tuvo trabajo como reportero en las publicaciones del PCF haciendo todos tipo de  reportajes, deportivos, sociales, festivos, y varios e interesantes viajes al extranjero para cubrir eventos oficiales de los partidos comunistas el en poder. También se sabe que cubrió la Guerra Civil griega desde el lado comunista. Durante un tiempo de convalecencia, que debían ser muy duros para su inquieto temperamento, se sabe que redacto unas memorias llamadas "Spaniaker", la despectiva forma de ser nombrados los españoles por los kapos y SS del campo. Montserrat Roig la gran escritora catalana, también desgraciadamente malograda muy joven, escribió sobre Boix pero no dio con sus memorias. Pero parece que desaparecieron. En cuanto a loas fotografías rescatadas del campo. Boix las distribuyó regularmente a todo el que se interesó sin pedir nunca nada a cambio. Algunos camaradas de Mauthausen, en el enrarecido ambiente del PCE en el exilio intentaron sembrar dudas sobre la posible venta de fotografías a terceros por parte de Boix. Estas falsa acusaciones y otras de carácter más personal sólo enfangaron la reputación de sus autores. El largo sufrimiento, desgraciada y normalmente vacío de compensaciones, amarga la vida del hombre torturado, y a veces, la envidia y el rencor salen a la luz como expresión del gran sufrimiento, del terror pasado, del corazón del horror en el reino de la Noche y la Niebla.

Francesc, Francisco, Paco, Franz, Boix, murió en el hospital el siete de julio de 1951. Sólo tuvo el apoyo de sus amigos y de compañeros de fatigas que le admiraban y conocían su verdad. Poco recibió de la vida y de su partido e incluso fue denostado por camaradas, también de fatigas, como Antonio García y Mariano Constante que enturbiaron su recuerdo, ellos sabrán por qué. Gracias en cualquier caso a Benito Bermejo que en 2002 reivindicó su memoria en un libro extraordinario del que precisamente está sacado este extracto: "Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen" RBA Libros, Barcelona 2002.

Soldados de la 30 división del Ejército Popular manejando una LMG soviética, en concreto una Degtyarev DP M1928 de 7,62 mm. con sus característicos cargados circulares llamados entre la tropa, "sartenes". La Degtyarev tenía una tiro muy vivo y sirvió en el Ejército Rojo (ruso), toda la Gran Guerra Patriótica. La República recibió unas cinco mil de estas armas en cuatro envíos. Una excelente imagen de la mano de Francesc Boix, perfectamente encuadrada y realizada. ¡Tenía 17 años en 1938, cuando está tomada la fotografía!

Otra fantástica instantánea de Francesc Boix. El comandante Valverde de la 30 división, enseña a los quintos del ultimo reemplazo a lanzar granadas de mano. La fotografía expresa perfectamente el ejercicio, el esfuerzo del oficial y el movimiento.

La escalinata de la muerte. Por donde los presos subían cargados de grandes piedras de la cantera de Wienergraben al campo, una y otra vez y donde los accidentes mortales eran continuos sobre todo en invierno.

Presos de Mauthausen. Fotografía rescatada por Francesc Boix del campo de Mauthausen y presentada en el proceso de Dachau contra los jerarcas SS

Mauthausen, 5 de mayo de 1945, Boix dispara un instantánea que se hará famosa, los presos lanzan cuerdas al águila nazi de la entrada a la explanada del garaje y la derriban.