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A propósito de la biblioteca de Pérez-Reverte

 

Cuando el escritor Pérez-Reverte publicó en 2015 su obrita grafica "La Guerra Civil contada a los jóvenes", magníficamente ilustrada, por cierto, por el artista Fernando Vicente, al fin de su lectura me ocurrieron varias cosas. La primera de ellas, ya me había ocurrido en otras ocasiones con motivo, igualmente, de la lectura de otra obra de este autor, en concreto su Trafalgar. La emoción a que me refiero se resume en un ¡hombre, no!, esto no se hace. Ya saben: ¡pim, pam, catacrak!, y toda esa suerte de onomatopeyas que bien mezcladas con el texto suplían cierta falta de rigor histórico. Bueno pues esta emoción me acometió de nuevo con la lectura de "La Guerra Civil contada a los jóvenes", ¡hombre, no!, esto no se hace. Aquel libro tan magníficamente ilustrado venía con pretensiones a toda luz bendecidas por la cohorte de los grandes autores equidistantes de la Guerra Civil española, capitaneados precisamente por el creador del capitan Alatriste, en realidad Mariscal de los tercios equidistantes. Sólo que en el nacimiento de este héroe español de los tercios no nos dimos cuenta en su día de que lo que en realidad repartía Alatriste, no eran mandobles y puñadas. No, eran vientos equidistantes que desde Flandes no tardarían en llegar al Ebro. Y en breve nos explicamos.

La segunda cosa que me ocurrió leyendo su "Guerra Civil contada...", es que como el texto es muy sucinto, se echa en falta un contexto bien entramado y esto hace que al el final de la lectura a mi me produjera un vacío en el estómago, pues algo tan bien presentado pero tan mal planteado y explicado redujera "La Guerra Civil contada a los jóvenes" a otra cosa, más bien como "La Guerra Civil contada a los niños de buena familia". En una primera lectura a todo el mundo seguro que los textos de Pérez-Reverte le parecerán correctos (escuetos, objetivos y rigurosos, dice la contraportada). Ya, pero lo malo es que no se ve por ningún sitio las causas de la guerra civil. Se diría que los españoles se hubieran vuelto locos con la llegada de la II República, mala entre las malas, y decidieran darse un baño de sangre, ya sabes, uno cada siglo para mejorar la raza. Nada se dice de la larga conspiración civil y militar que por cierto nació el mismo día que Alfonso XIII abandonó España, y que abocó a un golpe militar y que al fracasar dio paso a la guerra y a la revolución. Para Pérez-Reverte, cada bando tenía sus virtudes y sus defectos y esto era como el grabado de Goya de dos paisanos enterrados hasta la rodilla y dándose de garrotazos. Imagen prototípica de la visión equidistante de la Guerra Civil española y que no falta en ningún documental sobre el primer tercio del siglo veinte en España. Y si ambos bandos eran en el fondo los mismo, las dos Españas a garrotazos, ¿para qué diantre vamos a explicárselo a los jóvenes? Nada, esto es como las guerras civiles de los Trastamara en Castilla, Aragón y Navarra que abocaron al triunfo de la reina Isabel y su primo Fernando, lo mismo que la guerra civil abocó al triunfo de Franco.

La tercera cosa que me acometió cuando leí este libro gráfico es que en esas fechas en la prensa escrita aparecieron las esplendidas reseñas y las complacientes entrevistas donde un Pérez-Reverte en estado puro sentencia lo que le da la gana con su autoridad de escritor de éxito y con poderes para explicarlo todo. La cuestión es que el autor pronto se puso estupendo y se permitió decir: "...yo no tengo ideología, tengo biblioteca..." Lo de la ideología quiere decir, que él no es un puto rojo. Lo de la biblioteca es más gordo, ¿qué se cree?, ¿que Pio Moa, Cesar Vidal, y otros grandes de la pornografía subhistórica no tienen biblioteca? Puede que hasta mayor que la suya.

Cuando uno no tiene ideología, te regalan la dominante, en paquetitos coleccionables o en lote completo bien adornado de lazos patrióticos y remembranzas históricas de nuestros grandes héroes y saqueadores que en la historia de España han sido. Y hay un lote especial para también grandes héroes españoles perdedores pero anteriores a la monarquía alfonsina. Es decir, desactivados políticamente. Los que a este insigne escritor, con todo derecho, le gustan tanto.

Al final Pérez-Reverte abrió su personal caminito en la Guerra Civil abanderando el regimiento de equidistantes, donde ya formaban otros, como Javier Cercas, por ejemplo. Estos equidistantes, como otros negacionistas de la realidad más intrínseca de la GCe, no están exentos de contradicciones pues su idea no cuela para otros eventos allende las fronteras. No se atreven a decir que Allende y Pinochet, son los mismo según su teoría, e incluso, si me apuran, en la propia Guerra Civil española, no se les ocurre comparar a Franco con Azaña. Pero hasta ahí se contienen, el resto de la ralea republicana, Negrín, Prieto, etc. , malos, remalos, requetemalos, mata curas y ¡Paracuellos...!

Lo que los propagandistas del franquismo, Arrarás, Aznar, Salas, Bande, civiles o militares y sus copistas actuales dijeron y digan de la II República no hace a nuestra Memoria Histórica tanto daño como la Equidistancia. Se trata del más injusto de los tratamientos que desde finales del siglo veinte desarrolló la inteligencia tardofranquista para blanquearse. Todos eran iguales, esto no se puede volver a repetir, comunistas y falangistas los culpables. Franco trajo la paz y el progreso.

Y un final discursivo en toda obrita equidistante del uno al otro confín... Al parecer inevitable, que toca las narices al buen republicano. Esto es, que le dan las gracias al coronel Casado, uno de los personajes más penosos de la GCe por ponerse de acuerdo con Franco a espaldas del gobierno republicano para dar un golpe militar y acabar con los restos de la II República. Cómo será la cosa que a los casadistas les llaman el Partido de la paz y a los malvados comunistas que defendieron la última legalidad que quedaba en el solar patrio, el Partido de la guerra. Y así, Pérez-Reverte alcanza su cumbre afirmando que el coronel Casado lo que quería era acabar con la guerra. Nada importa que el remedio fuera peor que la enfermedad, que traicionara a la República a espaldas del gobierno y que cometiera crímenes de guerra para hacerse valer ante Franco proyectando una ulterior ofensiva republicana en Brunete en enero de 1939 comunicando puntualmente a los franquistas los detalles de la operación para que las tropas republicanas fueran masacradas. Como así fue. Los oficiales republicanos que protestaron fueron severamente amenazados por Casado y hay relatores que afirman que el plan, era la prueba de vida de la fidelidad de Casado a Franco, y se diseñó mano a mano entre el E.M. del Ejército del Centro y del GERC y la Quinta columna, presente en estos organismos desde 1937. Menos mal que tenía biblioteca, pero no debía de tener ningún libro de historiadores científicos y democráticos, estos es, fuentes primarias, fuentes primarias y fuentes primarias, y enterarse de los que la historiografía actual sabe del coronel Casado. Incluso un historiador conservador como Cervera.

Línea de fuego.

Ha unos meses, y tras una incursión imaginaria en la GCe de espías y contrainteligencia, donde Pérez-Reverte se inventó un personaje y sacó una novela de intriga que le salió redonda. Pese a lo atrayente de la obra, que seguro que como novela era estupenda, no la leímos y no la criticamos. Pero la idea iba cuajando: Para qué contar la realidad pura y dura de la GCe, si tengo el arte y la biblioteca suficientes para inventármela. Suena bien, pero..., pero esto sólo funciona con la equidistancia. Buenos y malos hay en todos los lados y poco importa cómo llegamos aquí. Apto para todos los públicos... Qué bueno es el señor Pérez-Reverte en este juego literario y también comercial.

Y entonces, aprovechando no recuerdo qué acontecimiento, saca Pérez-Reverte su novela sobre la batalla del Ebro. "Línea de fuego", o sea el frente en román paladino. La novela gustó a todo el mundo, menos a un honrado crítico literario del diario El País, y a mí y a mis amiguetes. Si, cierto, los viejos republicanos somos cuatro gatos. Pero espero nos concedan el derecho a hacer algunas precisiones sobre esta exitosa novela de la Guerra Civil española, pero que nada tiene que ver con la Guerra Civil española y cuyos personajes podían haberse colocado en cualquiera otra guerra civil: Americana, finlandesa, húngara, rusa, etc...

Reconocemos las virtudes del escritor, ritmo, nervio e intriga en una pluma maestra. Desgraciadamente, al avezado lector republicano (ya saben, cuatro gatos), las debilidades del relato florecen a cada página como el petróleo en Texas. Ya de entrada, mujeres radiotelegrafistas en el Ejercito Republicano. En principio, en esa batalla no las hubo, que sepamos. Pero podría haber habido alguna excepción y llegar a oídos de Pérez Reverte. Prieto había retirado del frente a las voluntarias de las Milicias Populares que servían en las columnas anteriores a la militarización. En realidad, salvo excepciones, estas voluntarias no servían en primera línea y realizaban labores de retaguardia, sanitarias, burocracia militar, servicios de intendencia y cocinas de las milicias. Aun así como decimos hay una largo rosario de voluntarias en el Ejercito Popular que pasada la militarización continuaban en las compañías de las Brigadas Mixtas en labores de soldado, suboficial e incluso de mando. Vienen a mi magín, Carolina Bunjes, alemana que sirvió en el 13 Regimiento "Pasionaria", una unidad del Quinto regimiento. Anita Carrillo, voluntaria mejicana, aunque había nacido en España, y sargento de ametralladoras en el batallón "Mexico" de la Brigada Móvil de Choque, que luego sería el núcleo de la 46 División de El campesino. Luisa Paramont que fue rejoneadora y que sirvió como capitán de caballería. La holandesa Fanny Schoonheyt que tras un tiempo en el frente y ser herida, instruía en un CRIM a los reclutas republicanos. Mika Etchebéhère, que tras luchar en las milicias del POUM en Sigüenza, combatió en el frente de Madrid hasta que tras los sucesos de mayo de 1937 fue detenida y expulsada del E.P. Y la más paradigmática, Encarnación Hernández Luna, capitán en la 9 Brigada Mixta del E.P. viuda del héroe cubano Alberto Sánchez muerto en Brunete. Nos dejábamos a "la Chata", sargento de la 9 Brigada Mixta del E.P. pero desconocemos su nombre real. Y así muchas más, probablemente más de un centenar de mujeres. Radiotelegrafistas operando sobre la modernísima central telefónica capturada a los rebeldes en Teruel (cosa que dudo, pues el material moderno no lo destinaban los rebeldes a frentes secundarios), no conozco ninguna. Pero a lo mejor existieron. Aunque la base del personaje es poco creíble.

Viene después una bien gorda. Hablamos de la 11 Brigada Mixta, que no existió. La XI brigada era Internacional. Al señor Pérez-Reverte se le acabaron los numerales para inventarse una brigada, estaban todos cogidos, ¿eh?

Otras más es la del capitán Bascuñana. El verdadero Bascuñana era un obrero madrileño del PCE, comisario político en distintos batallones especiales (de ametralladoras), herido en Brunete, combatiente en el Ebro como Comisario del V Cuerpo y finalmente exiliado en Cuba. Bascuñana era un tipo delgado y pequeño al que el patriarca de los otros Reverte, que sirvió a su pesar en la 46 División odiaba a muerte. Los Comisarios políticos que venían del Quinto regimiento, eran tipos muy duros, muy comunistas y tenían poca piedad. Caían como moscas.

Y para ir terminando estas quejas, esa manía de describir con pelos y señales las armas que usaban los soldados, un didactismo irrelevante e innecesario, sólo señala una cosa, que Pérez-Reverte es un recién llegado a este mundo y que quiere dejar sentado que él es un experto en este tema. Es muy corriente entre escritores que se empapan de libros de la Guerra Civil, sobre todo de armas y unidades, y que luego rellenan sus párrafos de estas curiosidades. Esta pedantería armamentística también le pasaba a otro escritor proxy, M. Reverte que en una penosa biografía de Modesto hacía alusión a la abundancia de armas automáticas que había en la retaguardia republicana en Cataluña en el 38, cosa que había leído en un libro de Tagüeña o quizá en Internet. Y ni corto ni perezoso sus personajes se encontraron un depósito de centenares de subfusiles Laboras confeccionados por la II República. Algo del todo imposible si hubiera tenido conocimientos del estado de la retaguardia fabril catalana.

Y volviendo a Pérez-Reverte y para terminar. Este escritor de tan buena pluma, de tan grande imaginario, tiene un defecto tremendo que le abarca todo el cuerpo y le deja, para el lector estudioso, completamente invalido. Me refiero a esa tendencia que tiene a dejar bien claro que nadie sabe más que su menda de lo que estamos hablando, sea lo que sea y donde sea. Sea El siglo de oro, Trafalgar o la guerra Civil española. Y lo que cuenta entonces, y sus propios personajes quedan como extras de una novela tipo cartilla republicana donde el autor viene a enseñar y los lectores vienen a aprender de tan grande escribidor.

Y si juntamos esto con su declarada ideología equidistante, aunque él no lo sepa, queda Pérez-Reverte en el lado que le gusta en esta guerra, por mucho que alambique sus personajes. En el lado de los vencedores condescendientes, qué malos todos, çe ta dire, somos equidistantes. No se explica de otra manera sus manidas reflexiones en sus entrevistas del tipo, "...han reabierto las heridas de la guerra civil...", como si se hubieran cerrado alguna vez. Y además eso es un argumento prototípico facha.

Otra más, la de que los españoles de principios del siglo pasado estaban fanatizados, mal informados y manipulados y sectorizados (sic) y por eso peleaban. Sin darse cuenta que con estos análisis tan pobres se obvia la realidad. Que a los trabajadores españoles les había costado un siglo llegar a organizarse y tener poderosas organizaciones capaces de enfrentarse a la monarquía alfonsina que los mantenía en la miseria. Y que este poder de los trabajadores tenía visos de cambiar radicalmente las relaciones sociales y políticas de este país y con eso había que acabar radicalmente. Como así fue. El golpe militar falló y hubo guerra porque los trabajadores tenían fuerza en las grandes ciudades, tenían líderes y organización y a pesar del propio y paralizado gobierno republicano fueron capaces de organizarse militarmente aunque fuera precariamente contra el ejército rebelde y contenerlo durante tres años. Imagínense el golpe del 23F en las grandes ciudades. ¿Dónde estaban las organizaciones políticas y obreras esa tarde noche del 23F? ¿Por qué no declararon la Huelga General y salieron a la calle reclamando armas? Pues porque esas organizaciones éramos cuatro gatos supervivientes del franquismo y esa noche lo que estábamos haciendo era quemar los archivos...

Y así, su biblioteca le ha traicionado señor Pérez-Reverte. Sus personajes no leen su libros y le salen acartonados. Cierto que son capaces de crear interés, entretenimiento, y tensión narrativa como el que más, pero eso es su hábil pluma. Pero como usted no ha comprendido qué fue realmente la Guerra Civil española, sus personajes, y mira que lo intentan, tampoco, y por tanto podrían estar en Rusia, en Finlandia, en la Hungría de Bela Kum, en cualquier sitio donde el lector español, no sabiendo nada de estas también civiles guerras, asumiera la sangrienta batalla del ¡Pim, Pam, Catacrak!" como si fuera la guerra zulú. Supongo que eso es lo que usted pretendía. No sabemos por qué se matan pero que huevos le echan.

Bueno, pues huevos, huevos le echaron en el Ebro, de un lado, los moros y los legionarios y del otro los internacionales y los hombres del Ejército del Ebro, veteranos o novatos, a los que no quedó más remedio que echarle huevos. Los rebeldes en general lo que solían echarle eran toneladas y toneladas de bombas, metralla y fuego.

Todo esto, no es culpa suya, señor Pérez-Reverte, es culpa de su biblioteca que no ha sido capaz de enseñarle lo qué fue la Guerra Civil española. Es lo que le pasa a las bibliotecas, que son un laberinto, en este caso español.

M.B.