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Harmonie Botella

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Republicanos. De Alicante hacia África.1939.

El 5 de Marzo se producían las insurrecciones franquistas de Cartagena y Madrid que causaron el desplome casi último de los republicanos. El gobierno de Negrín, que estaba en Elda, se exilió desde el aeródromo de Monóvar. El 28 de Marzo, cuándo los franquistas entraron en una capital derrumbada, la mayoría del ejército republicano ya vencido decidió huir hacia las costas de Alicante para evitar una muerte inminente.

Según Javier Rubio Durante, en la emigración de la guerra civil de 1936-39, el número de exiliados que salieron de España a lo largo de abril de 1939 fue el siguiente:

• Francia : 430.000

• África del Norte : 12.000

• Unión Soviética: 4.000

• Europa Occidental : 3.000

• América: 1.000

• Total : 450.000

El registro efectuado por la delegación de México en Francia y el ministerio del Interior Francés retiene una suma de 527.843 exiliados durante los primeros meses de 1939. Margot Peigné en su estudio: “Les républicains espagnols en Algérie” subraya que muy pocos libros, casi ninguno, investiga el caso de esta emigración dolorosa y desconocida hacía un país que creía amigo. Los pocos testimonios que apuntan son las biografías de exiliados o hijos de exiliados. Estos documentos, señala la autora, se encuentran en los archivos d´Aix- en Provence: CAOM.

La llegada de los republicanos en Argelia se efectuó de manera gradual entre principios y finales de marzo. Desde el inicio del 39, los dirigentes españoles expatriados en Méjico, empezaron a enviar ayuda a sus camaradas encarcelados en Argelia. Los auxilios que alcanzan las costas africanas son distribuidos a los más necesitados o a algunos republicanos que tuvieron cargos trascendentes. Carlos Esplá, transmite las cartas de protesta que demuestran la tirantez y la disyuntiva que empieza a nacer entre los cautivos.

ANTES DEL EXILIO.

En febrero, 7500 personas salieron de Cartagena con buques ingleses y en marzo el buque-tanque Campillo fue el único navío de Cartagena que pudo entrar en Orán.

El 5 de marzo salió de Cartagena la flota republicana hacia Argel, precedida por los cruceros Almirante Cervera, Libertad, Mendez Núñez y los destructores Ulloa, Jorge Juan, Almirante Miranda, Escaña, Almirante Valdés, Gravina, Lepanto y Almirante Antequera. Cuando llegaron a Argel, el día 6, no pudieron desembarcar por ser este puerto únicamente comercial y tuvieron que dirigirse a Túnez. El 8 Marzo desembarcaron a Mers el kebir unos 400 refugiados. El 11 atracaron por fin en Bizerta unas cinco mil personas, de las cuales, unos días después mil doscientas fueron reenviadas a Francia.

Desde los primeros días de marzo salieron de Alicante, que había sufrido 71 bombardeos y 481 muertos, hacia Argelia un gran número de republicanos. Algunos embarcaron en un barco del PC francés: el Winnipeg (el 3 de marzo). Otros (unas dos mil personas) partieron con barcos de la CAMPSA gracias a las negociaciones del diputado Antonio Pérez Torreblancade. El Stangate también salió de Alicante con 2000 pasajeros y el Stambul con 3000. Más tarde, unos 1300 pasajeros abandonaron Alicante con los vapores Marionga, Ronwing (el 12 de marzo con 716 pasajeros), el Africa Trade (el 21 de marzo con 859 refugidados) y el Stanbook (el 29 de marzo). El Africa Trade salió de Alicante con 607 hombres, 153 mujeres y 94 niños. El recorrido de los 300 Km. que separaban la costa española de la Argelina duró más de 36 horas. El único recuerdo de mi madre, J. Chaves, de esta larga travesía es una aversión por el pollo frito. Mi abuela guisó para su prole todo el pollo que pudo encontrar en esos momentos de cataclismo Esa misma noche, unas horas más tarde, el Maritme, con 32 autoridades alicantinas fue el último barco que zarpó hacia Orán. Mientras tanto, la quinta columna alicantina tomó posesión de todos los centros vitales de la ciudad.

Cuando el Africa Trade ancló en Orán, solo se permitió el desembarco de los 60 únicos pasajeros que llevaban documentación, exigiendo al resto del buque y de la tripulación alejarse hacia otros puertos que no fueran franceses ni ingleses. Mas los marineros rechazaron la idea de enviar a una muerte segura a estos hombres, mujeres y niños y... no movieron amarres.

Numerosos republicanos desanimados por la arribada del ejército de Franco consiguieron llegar a Alicante con la esperanza de embarcarse en el puerto.

El 27 de marzo atracó en el puerto el Stanbrook propiedad de France Navigation y cuyo capitán era Andrew Dickson. El Stanbrook era un carbonero de 1383 toneladas, cuya carga podía ser únicamente de 50 pasajeros.

Antonio Martínez Nieto cuenta en Los Olvidados que, según las estadísticas efectuadas en Orán, 4800 personas subieron a bordo del carbonero. Casi todos pasaron por una oficina de embarco improvisada donde los carabineros inspeccionaban maletas y documentación.

El 28, a las veintitrés horas, en el puerto de Alicante, cercado por los soldados italianos, más de dos mil seiscientas personas, según la lista de pasajeros realizada en Alicante, embarcaron en dicho buque con destino a Orán. Según Germinal Ros I Martí (En el començamente de l´exill. Anys Negres. Crónica Lliure dels anys de guerra) fueron 5000 personas las que embarcaron. A juzgar por el profesor Vilar, que se basó en los datos de las Archives Nacionales, la cifra fue de 2638 y de acuerdo con las personas más allegadas al capitán Dickson fueron 3028.

Se pidió a los pasajeros que se quedaran en cubierta para no provocar la curiosidad de las jurisdicciones francesas.

Llegaron a Orán el 30 de marzo, atracaron el 6 de Abril en el muelle de Ravin Blanc. Les retuvieron en el buque durante más de 40 días sin suministrarle comida ni bebida. Rodolfo Llopis obtuvo que desembarcaran antes “las embarazadas y los enfermos”. Gracias a la Cruz-Roja y a los franceses y españoles que ya residían en la zona lograron sobrevivir.

La madrugada del 30 de Marzo, el minador franquista Júpiter seguía las órdenes impuestas por los altos mandos: Impedir que ningún alma viva saliera del puerto de Alicante a cambio de que todos los republicanos quedaran en esta zona neutra y vigilada. Esa misma mañana entró en Alicante la división Littorio bajo las órdenes del general Gambara.

Algunos barcos, como el Winnipeg intentaron en vano entrar en el puerto, pero fueron intervenidos por el Júpiter. Franco, desde Burgos, comunicó que ya no existía ninguna franja neutral y que no habría ningún trato con los prisioneros. Los hombres, mujeres y niños, unas 15. 000 personas a lo mejor, que no pudieron subir a bordo del Stanbrook esperaron la arribada de un carguero francés que salía de Toulon y podía trasladar unos 400 pasajeros. Se empezaron a elaborar listas de pasajeros que embarcarían en este hipotético buque. La falta de decisión de los ministros de Asuntos Exteriores y Marina impidieron la entrada del buque. Los republicanos asistieron con horror el 30 de marzo, bajo las lluvias intermitentes de Alicante, a la adentrada del Corpo Troppe Volontaire dirigido por el general italiano Gambara. Más de cuarenta personas (según el general Gambara fueron 68 y a juzgar por Larrañaga 136) se suicidaron en el puerto de Alicante para no ser víctimas de los italianos y de los franquistas.La ayuda internacional intentó crear una zona neutral en el puerto. Según Max Aub se pretendía establecer cierto acatamiento por parte de los italianos hacia los republicanos como canje de su desarme. Según Tillon y el cónsul francés el general italiano se negó rotundamente tratando a los republicanos de asesinos y criminales.

El día siguiente, el 31 de marzo, a principio de la tarde, aparecieron unos barcos, el Vulcano y el Canarias, de los cuales bajaron los militares de los batallones 121 y 122 del ejército y sustituyeron a los soldados italianos.

Este 31 de marzo quedaron aún en el puerto de Alicante más de 2000 republicanos que fueron trasladados a partir de las 9 de la mañana del 1 de Abril

La mayoría de los que quedaron rodeados en este tétrico lugar por los franquistas y los italianos fueron conducidos primero hacia el campo de los Almendros, carretera de Valencia, o fueron encarcelados en el Castillo de Santa Bárbara, el de San Fernando , en dos cines de Alicante y en los campos de concentración de Albatera, Alcoy y Callosa de Ensarriá.

El primero de Abril, en Orán, casi 5.000 Españoles y cincuenta embarcaciones se suman a los 3 o 4.000 refugiados de Bizerta (Túnez) . La falta de alimentos y las condiciones infrahumanas de la acogida llevan a unos 60 pasajeros a regresar a España en las barcas Ana María y Quita Penas.

El EXILIO.

Antonio Villanova subraya que más de veinte mil personas en total desembarcaron en el norte de África, nueve mil en Orán y el resto en Argel y Bizerta.

El 1 de Abril se congregaron más de 4.000 exiliados españoles en Orán. Antes de la abordada del Stanbrook y del Africa Trade, las autoridades francesas habían desembarcado ya a 433 refugiados con el Mers el Kébir, y la flota republicana refugiada en Túnez señalaba que ya alcanzaron la otra orilla unas 6.000 almas.

El 14 de Abril permanecían aún 450 personas en el Africa_Trade, 279 en el Lézadrieux. El 16 de abril quedaban todavía 1500 refugiados en el Stanbrook, atracado en el puerto de Orán. La falta de higiene provocó una epidemia de tifus que hizo que desalojaran a más de mil refugiados. La oficina socialista española en Orán volvió a meter a más de 40 refugiados en el buque, después de la desinfección, para seguir cobrando gastos. Llopis tuvo que negociar los 203.356,16 francos que se pedían para liberar el Stanbrook. Llegó a rebajar la cantidad hasta 171.283,15 francos. Importe que solicitó al Partido Socialista francés. En el momento de pagar el importe del rescate de los prisioneros del buque, Llopis se percató de que la deuda ascendía de nuevo a 250 000 francos y tuvo que renegociar, hasta principio de mayo del 39, con la prefectura la liberación del Stanbrook.

Denis Pesschanski, en noviembre 2000, explica en “1938-1940: une politique d´exception en situation exceptionnelle” que la reacción inicial de los autoridades, en Argelia, fue impedir la bajada de los exiliados de los buques por no disponer de ninguna infraestructura de acogida. Los prefectos de Orán y Argel percatándose de que los campos previstos en marzo del 39 eran insuficientes crearon dos “centros de acogida”. Uno de ellos fue ubicado en el muelle de Ravin Blanc y el otro en Orán en la avenida de Tunis. Hasta el 20 de Abril las autoridades portuarias no efectuaron ningún control sanitario en los barcos donde permanecían aún los españoles en unas situaciones deplorables, defecando, comiendo, muriendo en el mismo sitio.

La actitud de la población fue muy diferente a la de los mandos franceses. Demostraron desde la llegada de los españoles exiliados un gran respaldo, entregándoles alimentos, ropa... Todos los miembros de la Casa de la Democracia de Orán se volcaron con los primeros exiliados que llegaron a las costas argelinas a principios de marzo (con el velero Cala Castella y el remolcador Vigo). 96 profesores de los institutos de Argel rubricaron un manifiesto a favor de los exiliados españoles.
Durante la noche del 30 de junio, marcharon de Orán numerosos emigrantes hacia Relizane. Recorrieron unos 140 Km. andando.

Germinal Ros I Marti cuenta que José Alonso Mallol, director general de la seguridad le llevó a bordo unas bolsas de pan y longanizas para que se repartieran entre los confinados del Stanbrook. Unas días después la misma operación se repitió, unas delegaciones de profesores, de ferroviarios volvieron a llevarles pan y longanizas. Algunos miembros de la prefectura hicieron el mismo envío olvidándose por completo de suministrarles agua.

Los pasajeros del Stanbrook emprendieron la confección de listas, según el partido al cual pertenecía cada uno, con la esperanza de que serían remitidos a Francia. Pero las autoridades francesas confiscaron los documentos de identidad y metieron de mala manera en camiones militares a los enfermos y embarazadas y los enviaron hacia un hospital. Mujeres, viejos y niños hacia un “albergue” y el resto hacia los campos de “hospedaje” (o mejor dicho campos de trabajo). Antes de ser librados a los campos de trabajo, los refugiados válidos pasaban una temporada en los almacenes de la cámara de comercio de Orán, donde se efectuaba una selección. Las autoridades aparcaban unas 120 personas por sala. La selección que hicieron los franceses fue sencillamente la de clasificar a los rehenes según su pertenencia a un partido político o a otro.

En Argelia, las personas mayores fueron remitidas al campo de Miliana o al de Quan. Los españoles de alta graduación, si eran socialistas, comunistas o anarquistas eran consignados en Maknassy. Según la asociación de descendientes del exilio español, la mayoría de los dirigentes fueron enviados a Bergueint, Sidi-el Abachi, Tandara, Infoud Relizane, Setat, Oued-Akrouch, Qued-Zem, Bou-Rrezg, Djenien, Bou-Arfa, Colomb-Béchar, los presidios de Maison- Carrée, Berrouaghia , Lambèse... Los brigadistas internacionales fueron remitidos a Djelfa.

En Túnez los españoles fueron consignados, con militares de otras ciudadanías, en los campos de El Guetttat, Gafsa y Gare.

Los emigrantes, si no tenían que esperar a ser desembarcados al cabo de varios días, se veían dirigidos hacia los campos antiguamente destinados a los judíos... Fueron destinados a Ain- el Ourak, Djelfa, Hadjerat-M´guil, Boghari,... campos de castigo, campos de la vergüenza.

Peschanski, relata que a principio del mes de mayo, los últimos pasajeros salieron de los barcos y fueron remitidos a los nuevos campos: Carnot, Orleansville, Molière, Bogar y Boghari. Mandaron a las mujeres y a los niños a los campos de Carnot y Moliere donde el trato fue mejor que en otros sitios. 238 hombres, de origen socio-profesional más alto, ingresaron en Cherchell.

Antonio Villanova en Los Olvidados calcula que al final de la guerra civil desembarcaron más de veinte mil personas en África. Durante la segunda guerra mundial, Francia envíó más de 10.000 exiliados (internados en los campos franceses) hacía los campos de Argelia.

Sintetizando, unos diez mil españoles llegaron a África ente finales de febrero y finales de marzo de 1939. De Cartagena salieron unas 7.500 personas, de Valencia unas 2.000, de Alicante unas 9.000, de Mahón unas 600. Estos refugiados españoles, la mayoría milicianos, se convirtieron en poco tiempo en mano de obra barata, o gratis para Francia. Dichos exiliados pertenecían al Partido Socialista Español, al Partido Comunista, al Partido Obrero de Unificación Marxista, a la Confederación Nacional del Trabajo o a la Izquierda Republicana.

Las condiciones de internamiento crearon en Francia y en América un movimiento de severas críticas, a través de las inclinaciones solidarias a la República. Al estallar la segunda guerra mundial, Daladier proclamó un decreto-ley permitiendo la movilización de todos los refugiados que hubieran desertado los gobiernos nazis y fascistas. Los presos entonces, frente a la opinión pública se convirtieron en “prestarios” que tenían libertad de movimiento. Era falso.

Más de dos mil refugiados españoles fueron requisados por el gobierno francés para la construcción del transahariano que abastecería a Francia con carbón. Francia tenía el capricho de construir dos mil kilómetros de ferrocarril de Bou- Arfa hacia el Níger. Este antojo surgió a raíz de la publicación del ingenerio Duponche, en 1878 : Transaharien, union coloniale entre L´Algérie et le Soudan que originó varias expediciones y estudios en África.

El proyecto de realización del ferrocarril vio la luz con una ley del 22 de marzo de 1941, y sin embargo obligaron a los refugiados españoles a trabajar en su ejecución a partir de febrero de 1940. Diez mil hombres tuvieron que esclavizarse para este proyecto faraónico.

Miguel Martínez, en su artículo L´exil des Anarchistes espagnols en Algérie, cuenta que cuando él y su familia desembarcaron en Argelia, la policía francesa les esperaba en el puerto y les trató como criminales en lugar de víctimas de los fascistas. Su padre sufrió seis meses de encarcelación en Boghari y más adelante fue desplazado a Carnot, campo de reagrupamiento familial donde le esperaban su mujer y sus hijos. Un año después, escapando del paludismo que ahogaba elChéliff, alcanzaron Argel.


Germinal Ros I Marti comparaba los campos africanos a los campos nazis de la segunda guerra mundial. Durante la estancia de los republicanos en la cámara de comercio, avenida de Tunis, las juventudes comunistas, los socialistas, franmaçones se solidarizaron con los refugiados trayéndoles el correo, enseres para asearse y un poco de comida. También llegó a principio de abril, en el puerto de Orán, un barco del Comité de Solidaridad transportando alimentos desde Francia y Valencia.

Unos 3.000 republicanos y una docena de brigadistas internacionales fueron destinados a Boghari y a partir de septiembre de 1.939 fueron dirigidos a Colomb-Béchar para construir la red del ferrocarril que debía ir hasta Níger. El ferrocarril enlazaría Colomb-Béchar con Bou-Arfa, Marruecos. Trataron a los republicanos como a viles delincuentes o presos políticos con delito de sangre, haciéndoles trabajar en condiciones infrahumanas. Cuando se organizaron las resistencias, fueron enseguida aplastadas y los dirigentes encaminados hacia Meridge, Ain el Oussak y Hadjeraat ´Guil.

Dos servicios internacionales visitaron los campos de concentración africanos y pidieron en la conferencia de prensa ayuda para los refugiados españoles y el cierre de dichos campamentos.

Conrado Lizcano Montealegre relata que cuando los prisioneros llegaron a Boghari, ubicado en el interior de las tierras argelinas, entraron como salvajes prisioneros de guerra vigilados por senegaleses. En el campo, cada dos metros, un negro vigilaba los movimientos de los rehenes. Peshanski rememora que todos los encarcelados coincidían en la bestialidad e irracionalismo de los anfitriones de este trágico exilio. El recuerdo herido de estos acogidos en un nuevo continente asimiló con dificultades a los senegaleses, moros asiendo las bayonetas para imponer orden a esas masas asustadas. Nacieron sentimientos de abandono y traición de los que lucharon por la democracia. Los republicanos fueron internados por grupos de cincuenta en unos diminutos barracones. Cada barrio del campo designaba a un “alcalde” que solía dirigir a los rehenes de los barracones. Boghari estaba fraccionado en seis barrios compuestos de barracones de 48 ó 26 presos.

El Campo de Boghari

Para luchar contra el estancamiento cultural se instauraron clases de cultura y de lengua... y traducciones de los periódicos franceses.

El SERE efectuó en junio del 39 un recuento profesional de las diferentes categorías socio-profesionales de españoles encarcelados en África. 45 por ciento pertenecían al sector industrial, 30 al sector de la agrícola, 12 al terciario y quedaron un 13 por ciento que censaron en una categoría de indefinidos. Unas cifras más específicas son puestas de manifiesto para los campos del norte de África. El sector industrial representa 15 por cien, el secundario 51 por cien y el terciario una tercera parte.

En este campo de Boghari, estaba internado Cipriano Mera, que huyó de España el mismo 28 de marzo. Al poco tiempo de ser internado en este campo, Mera se evadió sin dejar rastro. Como lo escribí en el relato Recuerdos (Otros Caminos, ed. ECU), Cipriano Mera estuvo escondido en Casablanca en casa de mis abuelos paternos, y, sin entrar en la polémica que giraba alrededor de este anarcosindicalista, voy a resumir su estancia en Casablanca.

Realmente, Cipriano Mera se escondía en una guarida prefabricada por el anarquista Vivas, en las terrazas de las casitas adosadas que rodeaban el patio común en el 19 de la Rue Bayard en Casablanca, donde vivían mi padre y mis abuelos. La familia Vivas, anarquista, acogía a gran parte de los exiliados españoles que se evadían de los campos y estaban perseguidos por la policía o por los militares. Cuando la búsqueda de la policía se hacía más próxima, Cipriano Mera, entraba en casa de mi abuelo, José Maria Díaz, y se escondía... en el aseo.

Mi abuelo paterno había preparado un “zulo” minúsculo, o mejor dicho armario, en esta parte de la casa para que Cipriano pudiera disimularse durante las “descentes” de los gendarmes o de los policías. Cuando el peligro desparecía, C. Mera volvía a su cabaña situada en las terrazas de las casitas de las familias Vivas y Botella.

Mera, durante el tiempo que vivió en Casablanca, estuvo trabajando en la fábrica de cervezas La Cigogne, en la misma Rue Bayard, para poder costearse sus gastos. También le daba clases de aritmética a mi padre Didier Botella, y le enseñó a leer los planos. Mi padre recuerda a Mera como un hombre muy callado, serio, encerrado sobre sí mismo y siempre listo para cualquier eventualidad. De igual forma, claro, ayudaba en las tareas de albañilería a los vecinos del corral. No quería Mera que mi padre le hablase en castellano sino en francés para poder aprender el idioma.

Milan, El enfermero mayor del hospital Jules Comban de Casablanca, vivía en les Roches Noires y se hacía cargo de los refugiados enfermos o lesionados. Les traía medicamentos y les hacía las curas necesarias sin que las autoridades se enterasen. El enfermero Mayor, poseía una granja en las afueras de Casablanca donde escondía a los republicanos perseguidos por Franco o por los mandos franceses. Ahí fue donde ocultó a Cipriano Mera cuando el círculo de la investigación fue estrechándose.

Como mi abuelo paterno trabajaba en el puerto de Casablanca, ayudaba a los evadidos de los campos de trabajo a huir por el mar. Los escondía en los barcos a los cuales tenía acceso y en alta mar, llegando a Gibraltar, unas embarcaciones inglesas recogían a los fugitivos, ya que los barcos marroquíes no podían acercarse a la costa inglesa.

Tanto la familia Vivas como el Milan tuvieron también que huir a Venezuela más adelante.

La única de la familia paterna que no estaba muy de acuerdo con la acogida de los excarcelados españoles era mi abuela... no por temor a lo que les pudiera pasar a ella y su familia por estas actividades sino porque los días en que tenía dos huevos para comer tenía que hacer milagros para nutrir a los suyos y a los refugiados escondidos en las terrazas.

El TRANSAHARIANO.

El primer tramo del transahariano, de Bou-Arfa ( Marruecos) a Kénadza, lo realizaron las compañías del 8º regimiento que partieron de Camp Morand hacia el este de Argel. Estas compañías se instalaron de Bou- Arfa a Colomb- Becar y Kénazada.

Lizcano Montealegre escribe que, a las 12 semanas de permanencia en el infierno de Boghari, fueron remitidos a otras compañías de trabajo como Bou Arfa en Marruecos o Colomb-Béchar en Argelia, donde también estuvo recluido mi abuelo materno, José Chaves Almagro, pasajero del Stanbrook.

El primer trabajo que se le asignó a mi abuelo materno fue el de eliminar parte de la arena de una gran colina bajo unas temperaturas abrasadoras. Debido al calor, a la escasez de agua brotaron los primeros casos de disentería y paludismo.

Los presos, según Lizcano mantenían su fraccionamiento. Un 50 por ciento pertenecía a la CNT, un 36 al partido comunista, un 10 al partido socialista, el porcentaje siguiente se lo repartían “los republicanos, troskistas y nacionalistas vascos”. Seguía aún viva la pugna entre el gobierno Negrín y la Junta de Defensa.

Max Aub fue internado en el campo de Djelfa, situado a unos cuarenta kilómetros de Argelia, en el terminal del ferrocarril que iba a Blida, campo de concentración reducido, en el cual 500 españoles se aglomeraban de forma inhumana. Ahí convivían de mala manera rusos, rumanos, españoles... Solían reagruparse en grupos de doce personas en unas tiendas donde las muy bajas temperaturas del invierno calaban sus cuerpos cadavéricos tumbados en el suelo. En invierno la nieve les congelaba las manos y los pies, en verano, el sol y el calor intempestivos (unos 50 grados) les deshidrataba. Según Aub, los detenidos que salían para realizar trabajos forzados en el exterior del campo estaban extremadamente vigilados para que ningún lugareño les pudiese dar comida. La remuneración o suplemento por un día entero rompiendo y cargando piedra era la de una mísera ración de pan. Claro que los que tenían prohibido el trabajo (los brigadistas internacionales y los judíos) tenían también prohibida la comida y sólo podían beber el caldo donde había hervido la comida de los otros presos: trigo con carne de camello o de perro.. El comandante entregaba a los prisioneros sanos 150 gramos de pan, de los 300 gramos que proporcionaba Francia, y a los que consideraba como enfermos unos 50 gramos. Según Aub, el comandante del campo, el francés Cavoche, alquilaba los presos por veinte francos al día para trabajos externos al campo de concentración.
Los cautivos, generalmente, trabajaban en la construcción de la línea de ferrocarril a cambio de esta mísera comida, cuando no se les mandaban a las celdas de castigo de Cafarelli, donde sólo podían sentarse o acostarse ya que eran muy reducidas.

Las autoridades francesas, con la construcción del transahariano, querían juntar sus colonias de una punta a otra de África y de esta forma tener bajo control medio continente en caso de desplegar ahí su fuerza militar. A tal efecto se creó el Office Méditerranée Níger y se labró el primer tramo de Bou Arfa hacia Kénadza.

Más adelante, los republicanos españoles, vestidos con los antiguos uniformes de los soldados franceses de la primera guerra mundial trabajaron a tajo y destajo para cumplir con el sueño francés. Los oficiales españoles no quisieron aceptar el trato de favor ofrecido por los franceses: dirigir el trabajo de sus compañeros. Así que hicieron como los soldados rasos, cogieron la pala y el pico para construir el dichoso ferrocarril.

Francia había decidido usar más de cuatro mil millones de francos y la mano de obra gratuita de dos mil quinientos hombres para llevar a cabo su labor. Pero la labor fue tan importante que tuvieron que recurrir a más de diez mil personas para realizar las tareas.

Este cometido tan duro provocaba accidentes, enfermedades, lesiones y algunas veces los prisioneros no podían realizar su actividad. Si no se les ocurría pasar por la enfermería para justificar su “baja”, los franceses les imponían un castigo severo, como, por ejemplo, meterlos en una zanja, casi un ataúd sin nada para protegerse de las temperaturas infernales del desierto, durante días y noches. Uno de los presos de Colomb-Béchar, T. Barbeito, relata que se les asignó el trabajo a la tasa con el fin de adelantar un máximo el rendimiento, pero los españoles se negaron y los desagravios por parte de los “anfitriones” se hicieron cada vez más duros, castigando a los republicanos a permanecer desnudos, de pie, descalzos todo el día bajo el ardiente sol africano; otros, las manos atadas en la espalda, amarrados de la cintura a la silla de un caballo tenían que correr todo el día, al ritmo del equino, alrededor de una pista. Exhaustos, al final, se dejaban arrastrar por el animal durante horas sobre la grava o la arena del campo.

Existieron otros campos de trabajo. Uno de ellos, emplazado a 90 Km. de Colomb-Béchar: Meridja, casi nunca fue nombrado en ningún estudio. En este fuerte, 50 republicanos, considerados como cabecillas peligrosos, eran fuertemente vigilados por una acerba escolta militar que por no tener a los presos inactivos les hacían desplazar piedras, arena...

Otro de los campos, casi nunca citado, fue el de Ain el Ourak, campo que sustituyó el de Meridja cuando lo cancelaron. Ahí, los republicanos, durante más de 10 horas diarias, confeccionaban ladrillos y los transportaban a la otra punta del campamento. Una vez que estas diez horas de trabajo finalizaban, tenían que encargarse del servicio de agua y de leña. Los españoles que no tenían fuerzas para transportar unos troncos de más de 80 kilos cumplían una pena de 15 días de cárcel “en la tumba”. Otro de los campos violentos cuya situación era implacable era ell de Hadjerat M´Guil, o el Valle de la Muerte, compuesto de unos 300 hombres de los cuales se pueden contar unos 250 disciplinarios y unos 60 que están siempre asilados. El trabajo es casi el mismo que en Meridja. Los presos fabricaban adobes y al final de la jornada cargaban con bidones de 80 litros de agua para las necesidades del campamento. Necesidades irrisorias ya que el olor a excremento flotaba por todos los barracones, las mantas asquerosas, la ropa apestosa de esta pobre gente. Los piojos en este Valle de la Muerte tenían vida eterna. Se perpetraron tantas barbaries en el Valle de la Muerte que cuando África del Norte fue liberada por los aliados se juzgaron a los dirigentes. Dos de los encargados, el Teniente Santucci y el Cabo Riepp, fueron condenados a muerte. Sus colaboradores, Finidori y Dauphin, sufrieron 20 años de trabajos forzados...

Los campos de castigo más notorios fueron los de Djelfa, Ain-el- Ourak, Merige y Hadjerat.

En 1940, Francia y la Cruz-Roja resolvieron que el país galo pondría a disposición de los exiliados dos barcos, el Winnipeg y el Wyoming, llenos de mercancía, desde América hacia Francia, para los republicanos que estuvieran en los campos. Pero Méjico no disponía de fondos materiales para tales envíos y su renuevo político, el nuevo posicionamiento de Francia, la presión de Alemania y España provocaron el derrumbe de los acuerdos.

Contrariamente a los de Francia, los campos de África no se desocuparon apresuradamente debido la profunda conciencia política de los internados que siguieron aferrándose a sus ideales. Ginés Ganga, encomendado, en 1940, para establecer la lista de los refugiados que abandonarían Argelia para marchare a Méjico, dio una enumeración de 262 nombres, clasificados según su papel político o profesional. Clasificación que da lugar a muchos desacuerdos.

Con amargura Ganga recalca que los exiliados de Argelia estaban mantenidos de lado en los traslados a Argelia. Los barcos que salían de Francia e iban a Méjico, pasaban por Casablanca.

LIBERACIÓN DE LOS EXILIADOS

El 8 de noviembre de 1942 las tropas aliadas desembarcaron en África... y los republicanos siguieron internados en los “centros de trabajo”. Por fin a finales de junio de 1943, después de varios meses de peroratas, tratos y pactos liberaron a los últimos españoles encarcelados, que al igual que otros republicanos en 1939, se integraron en la legión extranjera o en las fuerzas aliadas para defender a Francia. Recordaremos que la liberación de Paris se logró gracias a la segunda división, formada en su gran mayoría por los antiguos cautivos de los campos argelinos.

Según la web Sbhac.net.República, numerosos exiliados se alistaron en la “9” para evitar a sus familiares posibles desagravios. La nueve fue la segunda división del general Leclerc. Este regimiento del Chad nació en Argelia, después del desembarco americano en Marruecos.

De Argelia, la división fue trasladada a Marruecos y se posicionó en Rabat y Casablanca para entrenarse, llegando a un alto nivel de adiestramiento. La segunda división empezó sus hazañas durante la batalla de Normandía, en 1944. El 23 de Agosto, la nueve entró en París “en medio de una población delirante”. Las campanas de las iglesias parisinas repicaban: El general Leclerc y la “9” (o mejo dicho Les Cosaques) estaban liberando la capital francesa. El 26 de Agosto, los exiliados españoles recorrieron los campos Elíseos detrás del general De gaulle. Esta victoria de Francia fue después una gran decepción para los emigrantes, que creyeron que gracias a este triunfo se aniquilaría el régimen de Franco.

Los que se quedaron en África se incorporaron a la vida civil, reagrupándose en partidos, creyendo que la caída de Franco era inminente y que volverían pronto a su país. Casi todos los partidos de izquierda, excepto el partido comunista, se reagruparon en la Junta de Liberación española, y los comunistas y disidentes en la Junta Suprema de Unión Nacional. A pesar de no poner en tela de juicio en ningún momento la posibilidad futura de una España republicana, las divisiones internas fueron socavando la unión de unos exiliados que querían una España libre.

LA VIDA EN EL EXILIO LIBRE DE ÁFRICA.

Miguel Martínez escribe que los exiliados españoles, una vez liberados de los campos de concentraciones no solían mezclarse con los demás europeos pensando que su estancia en Argelia o Marruecos era provisional y que pronto volverían a una España libre. Esto explica que los mayores no aprendieran francés, que muchos de sus hijos no estuvieran matriculados en colegios, que no participaran de la vida cultural y política de un país donde ellos mismos se estaban retranqueando.

Sin embargo, siguieron manteniendo, esta vez, sin ocultarse, sus actividades culturales y sus idearios políticos. Su dinamismo fue digno del que hicieron gala durante la segunda república, y gozaron de una merecedora tolerancia por parte de las autoridades y de los demás vecinos de las ciudades donde vivían.
No obstante, las manifestaciones políticas repetitivas de los españoles empezaron a molestar a los franceses y al consulado español. El 9 de mayo de 1945 pasearon por Orán a un monigote, caricaturizando a Franco colgado, durante varias horas.

MOVIMIENTOS POLÍTICOS.

Los españoles que vivían en Argelia siguieron las consignas que les mandaban sus respectivos partidos desde Méjico. Lorenzo Carbonell, antiguo alcalde de Alicante, exiliado en Orán, a través de la correspondencia mantenida con José Alonso Mallol y Carlos Esplá, señalaba que los partidos estaban unidos pero mostraban en sus foros internos unas amplias tensiones, fundadas en el porvenir de la España republicana.

Con la victoria de los aliados no se alcanzó el derrumbe de Franco. El desaliento de la comunidad española dejó paso a una mayor división y a la dispersión política de los exiliados. A partir de ese momento sólo se reunieron para celebrar las fechas importantes de la segunda república con el deseo de volver a la España de 1.932.

Los representantes políticos del exilio en Méjico se alejaron moralmente de los españoles de África y las autoridades francesas dificultaron su integración en la marcha de la economía.

Cuando Franco, en 1945, abrió las puertas de España, las esposas e hijos de exiliados dejaron la península para reunirse con los padres o esposos que tenían trabajo en Argelia, Marruecos. Otros cansados por su situación inestable, en un país que no era el suyo, decidieron volver a España, o trasladarse a Venezuela.

Después de los años cuarenta y cinco nació un sentimiento de desilusión total entre los españoles que se encontraban en Argelia. Tenían numerosas dificultades para integrarse en la vida social y económica de un continente que les ponía trabas para su inserción. Fueron considerados, hasta el 54, por el gobierno francés, como sin patria.

Hasta finales del 50, un tercio de la población española abandonó Argelia para volver a España o marcharse a América del sur.

Los jóvenes españoles que se quedaron en Argelia o Marruecos fundaron un hogar con franceses o francesas residentes en estos países. Los demás, más mayores, no pudieron regresar a España por su pasado durante la guerra civil. Cuando en 1954, los árabes se rebelaron contra el opresor francés, los españoles no tomaron parte en el conflicto, aunque pensaran que estaban únicamente cambiando de soberanos: de los franquistas a los franceses, de los franceses a los musulmanes.

Los que se quedaron en Argelia son los que encontraron un empleo que les permitía vivir dignamente con sus respectivas familias, o los que no tenían la posibilidad de regresar a su tierra por haber sido condenados a muerte.

La mayoría de los españoles vivían en Orán donde la lengua casi oficial era el español, debido a los exilios anteriores a la guerra civil. Pese a que la ciudad fuera ya ocupada por otros emigrantes españoles antes de la guerra civil, estos no compartían las ideas políticas de los republicanos.

Los republicanos asistieron sin tomar parte a la guerra de Argelia porque también sobre todo eran extranjeros y no podían arriesgarse a perder su estatuto que les permitía vivir en un territorio francés. No se adhirieron a los movimientos de la Argelia argelina ni tampoco a los sucesos criminales de la OAS. Aunque, sin involucrarse en esta guerra, los socialistas españoles se posicionaron en contra de la política francesa pero también en contra de los nacionalistas argelinos... los comunistas siguieron las consignas del partido Comunista Argelino.

En 1.962, 2.000 exiliados españoles son repatriados hacia Francia al igual que el resto de los franceses que decidieron volver a su país. A partir de ese momento los españoles son considerados como Pieds-Noirs de Argelia. Sufren un nuevo exilio y una nueva silenciada de su identidad.

Franco, según Ignacio Cembrero, en el País del 31 de Octubre 2004, proporcionó discretamente ayuda al FLN. El 10 de febrero de 1955, el carguero Athos descargó armas para la lucha en contra de los franceses que habían impugnado el régimen franquista a partir del 45. En octubre del 61, dos buques galos interceptaron 300 fusiles de fabricación española, transportado un carguero panameño.

En 1962, de los 7.000 refugiados que llegaron a África, se contabilizan 2.000 personas que hubo que reenviar a España o a Francia. Pocos escogieron el retorno a su patria... y comenzó de nuevo un doloroso exilio.

El exilio es un estado provisional, un desarraigo psicológico, una puerta abierta hacia el retorno hacia la patria. Retorno que para muchos no existió.

El exiliado sigue sustentando toda su vida la noción de desconcierto y amputación de su identidad, de su tierra, de su familia. Se caracteriza por el anhelo de asegurarse de todo lo que le rodea, comprobar la mesura material y sicológica de lo que le cerca. Su instinto de conservación le incita a cogerse de un clavo ardiente para evidenciar que todo fluye, que el mundo existe y que él sigue viviendo.

Harmonie Botella



• El doble Juego de Franco en la guerra de Argelia. Ignacio Cembrero. El País. 31 –10-2004-
• Les immigrés Espagnols dans les camps en Agérie. Kamel Kateb (INED). Séminaire Permanent 2005-2007. “ Mobilités et migrations internationales: Impacts sociaux et territoriaux. Séminaire Ceped. 5 oct.2006
• Les républicains espagnols exilés en Algérie. 1932-1962. Margot Peigné Artículo en internet.
• El testimonio literario de Max Aub sobre los campos de concentración en Francia (1940.1942) Eloisa Nos Aldás. Tesis doctoral. Departamento de Filosofía y Sociología. Universidad Jaume I
• Exiliados de España en 1939. Abel Ortiz. Artículo en Internet.
• De cárceles y campos de concentración. Juan Martínez Leal y Miguel Ors Montenegro. Revista Canalobre.
• Puerto de Alicante. 29 de Marzo-1 de Abril. Mauel Tuñon de Lara. Revista Canalobre.
• La guerra terminó en Alicante. La tragedia del puerto. Juan Martinez Leal. Revista Canalobre.
• Cuaderno del destierro. ( fragmentos). Antonio Blanca. Revista Canalobre.
• Rodolfo Llopis: Los primeros años en el exilio. 1939-1944. Bruno Vargas. Revista Canalobre.
• El començament del exill. Anys negres. Crónica lliure dels anys de guerra (1939-1945). Germinal Ros I Martí. Revista Canalobre.
• Guerra civil y migraciones en una ciudad de retaguardia: Alicante ( 1936-1940) Roquero Moren Fonseret y Francisco Quiñoneros Fernandez. Artículo en Internet.
• Los barcos del exilio: el Stanbrook. N.J. Martinez Leal. Diario de Levante.
• L´internement républicain. Plein droit, nº 58, décmebre 2003
• Crónica en vivo de los exiliados españoles en el norte de África. Conrado Lizcano Montealegre. Revista Canalobre.
• El exilio Republicano de 1939. Francisco Gaudet. Cátedra
• Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial. Luis Santiago. Jerónimo Lloris. Rafael Barrera.
• Los olvidados. Antonio Villanova. Ruedo Iberico.