S.B.H.A.C.

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores

Memoria Introducción Carteles Fuerzas Personajes Imágenes Bibliografía Relatos Victimas Textos Prensa Colaboraciones
2.1- Galería de militares republicanos en la GCE
(incluyendo los oficiales de milicias)
Enlaces
1

De Mario Abad Gutierrez A Gustavo Durán

Vicente Abad Olmos

Empleado de ferrocarriles afiliado a la UGT que se incorporó voluntario a las Milicias Populares. Como Abad era una persona instruida, en las Milicias Populares, a poco que supieras de cuentas y de planos terminabas en el Estado Mayor. Abad servía en el Estado Mayor de la 17 Brigada y como no se opuso al golpe Casadista fue nombrado Jefe de la 17 B.M. los últimos días de la guerra. No pudo o no quiso huir, ya se sabe, aquello de "quién no tengan las manos machadas de sangre..." pero el caso es que los franquistas, aun no encontrando ningún delito de sangre que adjudicarle, le condenaron a 12 años y un día, saliendo en libertad condicional en julio de 1943. Pertenecía al PCE.

 Juan Aboal Aboal.

(1893-?) Comandante del Arma de Infantería y aviador militar  que al estallar la guerra civil se hallaba destinado en la embajada de España. en Paris, donde, tras la dimisión forzada del embajador, Juan Francisco Cárdenas, hizo por encargo del Gobierno republicano español una serie de gestiones encaminadas a la adquisición de armas y aviones de fabricación francesa con destino al ejército gubernamental.

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

 

Pedro Adrover Gómez

Oficial 3ª del Cuerpo de Auxiliares Navales destinado en la Base Naval de Cartagena que tuvo gran relevancia en la reducción de los sublevados en dicha base. Fue nombrado Ayudante Mayor. En cuanto los franquistas entraron en Cartagena, fue rápidamente señalado por los quintacolumnistas y fusilado poco después tras una pantomima de Conejo de Guerra Sumarísimo.

Santiago Aguado Calvo.

Era brigada de Carabineros. Ascendiendo en la escala de jefes de milicias, mandó sucesivamente un batallón, la 9ª Brigada y la 100ª Brigada de la 11 División. Herido en el Ebro pasó el resto de la guerra como instructor en una escuela de oficiales. Después de la guerra, asistió a la academia Frunze de Moscú y más tarde fue consejero de las guerrillas yugoslavas durante la segunda guerra mundial. Falleció en 1960.

Enrique Alau Gómez-Acebo

Capitán de artillería que había sido teniente en África durante la campaña de Annual, y que al estallido de la guerra servía en la Primera Brigada de Madrid. Se mantuvo leal al gobierno y combatió en distintos frentes entre los que destaca el cerco del Alcazar de Toledo donde mandó una batería del siete y medio y donde protagonizó una anécdota que pudo costarle la vida con los indisciplinados anarquistas que controlaban la ciudad. Cuenta Antonio Cordón en "Trayectoria", fuente de la anécdota, que un lidercillo faista quiso imponerle al capitán como debía usar los cañones. Alau, excelente artillero, le contestó que los siete y medio no eran fusiles de precisión y que el tiro se corregía con observadores. Como pusiera en duda el faista la lealtad del oficial, sacó el anarquista la pistola y se la puso en la cabeza obligándole a que personalmente hiciera un disparo contra una de las ventanas del Alcazar, y que de fallar se le supondría saboteador y desafecto. Completamente azorado, Alau y casi sin apuntar, pues se consideró ya muerto, disparó efectivamente contra la fachada. Nadie vio dónde había dado el proyectil, pero, sorprendentemente el faista aseguro haber visto al proyectil atravesar limpiamente la ventana, y felicitó a Alau. El artillero solicitó inmediatamente el traslado a Madrid y partió para otro frente más disciplinado. Ascendido a teniente coronel, fue jefe de estudios de la Escuela de Aplicación de Artillería de Valencia. Al final de la guerra mandaba la sección de artillería de la Escuela Popular de Guerra de Paterna. Se exilió a Cuba.

Ramón Alba Guerrero

Teniente de navío de la escala de reserva auxiliar del Cuerpo General. Militaba en Izquierda Republicana. Fue subdelegado de pesca en Marbella durante la II República. En julio de 1936, en San Fernando donde residía trató de evitar que documentos recogidos por la Falange local fueran usados para asesinar a personalidades izquierdistas, entrando a pecho descubierto en el local falangista que casualmente se encontraba en el mismo portal de su casa. Detenido en esta acción le fue aplicado el bando de guerra y fusilado tiempo después.

Francisco Albiac Franch.

Era teniente de caballería del batallón presidencial y terminó la guerra con 35 años. Había participado en la sublevación de Jaca, aunque con escasas consecuencias. Se incorporó al Ejercito Popular tras ser llamado (obediencia debida) por la Comisión de clasificación. Desde finales de 1938 participó en redes de ayuda y protección de quintacolumnistas y desafectos al gobierno. Entró en contacto con el SIPM y con personal del entorno de Casado, al que prestó todo su apoyo. Con la sublevación casadista fue nombrado Jefe del Estado Mayor del I Cuerpo de Ejército. Tras ser capturado por los franquistas y pese a tener avales de militares profesionales franquistas y de las personas desafectas que protegió, fue condenado a 30 años de prisión. No obstante salio en libertad condicional en 1944.

Vicente Alcalde Butler

Mayor de milicias en el Ejército Popular. Fue el último mando de la 4 Brigada Mixta, y desde julio de 1938 hasta la disolución de la brigada, ejerció esta labor. La brigada participó en las ultimas acciones en Extremadura en las que sufrió bastantes bastantes bajas.

José Alcaraz Aracil

 José Alcaraz Aracil ingeniero civil que recién había acabado la carrera y ganado las oposiciones, empezó a trabajar en la Confederación del Segura el 1 de Enero de 1936. En el sorteo de la mili resultó excedente de cupo lo que resultó favorable para sus estudios. Fue movilizado en octubre del 36, aunque como era,  según escrito que obra en mi poder del comité de alianza revolucionaria de Cartagena, de fecha 2 de octubre de ese mismo año,  sección de algo así como colocaciones y trabajos según reza en el sello; el único ingeniero que podía terminar los canales de riego del campo de Cartagena, en dicho escrito se pide al ministro de la guerra que sean incorporados al ejercito él y su ayudante Pedro Mondejar al finalizar dichos trabajos. Debió ser casi un año después porque para octubre del 37 el 15 batallón de obras y fortificaciones se formó en Murcia y lo nombraron capitán del mismo, marchando no sé donde porque el único que me consta es que estuvo en el Ebro donde le ascendieron y dieron la medalla del deber por hechos acaecidos en Septiembre de 1938, también estuvo en el pueblo de Molá, hoy se denomina El Molar en Tarragona. Al final de la guerra pasó a Francia, estando primero en un campo de concentración de playa y luego en uno de habla alemana. Por su estancia desde niño los veranos en Marsella en casa de una tía, hablaba perfectamente francés, con acento de Marsella, claro, y al haber estudiado en Alemania parte de la carrera también hablaba alemán, aunque no tan perfecto como el francés. Este hecho le favoreció en su estancia en el exilio, porque pudo escapar del campo y pasar por francés. Estaba en Paris cuando la entrada de los aliados. Pasó a España clandestinamente en el año 46, realizando diversos trabajos siempre huyendo de las preguntas. Hasta el año 68 no fue amnistiado y pudo reingresar en el 69 más o menos en el Estado. Nació en alicante 1912 y murió en alicante 1980.

Fuente: Mercedes Alcaraz Fernández

José Algaba Sánchez

Nacido en Córdoba era Preferente de Artillería de la Armada que había servido en el cañonero Laya y en el apostadero de Cádiz. Posteriormente fue Policía Municipal en la ciudad de Huelva. Era conocido por su significación republicana. En julio de 1936 fue detenido y fusilado por la Falange Local.

Francisco Alifa Melenchón

Se presentó voluntario a las milicias del Quinto regimiento y alcanzó el grado de Mayor. Combatió en la 108 Brigada Mixta en distintos escenarios. A principios de julio de 1937 la 108 B.M. fue enviada al frente del Centro para ser integrada en la división de Gustavo Durán que se preparaba para la ofensiva republicana de Brunete. La brigada tuvo una actuación poco destacada en la ofensiva pero muy distinguida en la defensiva. Tras esta batalla en la que el comandante de la brigada, el teniente coronel Espinos fue sorprendido in fraganti tratando de pasarse al enemigo, y fusilado en el acto, se nombró comandante de la unidad a Francisco Alifa Melenchón, a la sazón mayor de milicias. Se opuso al golpe de Casado, por lo que fue destituido del mando y muy probablemente arrestado, donde fue capturado por los franquistas y condenado a muerte. Familiares y amigos consiguieron la conmutación a 30 años, y ya en 1944 salio en libertad vigilada. Pertenecía al PCE.

Ignacio Alonso Alonso

Era Teniente de la Guardia de Asalto en Sevilla cuando se produjo la sublevación militar. Murió defendiendo valientemente el edificio de La Telefónica. Había nacido en Burgos en 1981 y provenía del cuerpo de caballería. Junto con un grupo de compañeros se atrincheró en la Telefónica de Sevilla conteniendo a las fuerzas de Queipo. Muerto Ignacio en la lucha, sus compañeros fueron apresados y fusilados días después.

Más información...

Vicente Alonso Fernández

Era teniente de Infantería de Marina destinado en el Ministerio de Marina que se mantuvo leal a la II República. Fue posteriormente nombrado Mayor y parece que sirvió en el Ejército Popular en una Brigada compuesta de Infantes de Marina que fue destinada al frente de Este. Al terminar la guerra se exilio a Francia.

Joaquín Alonso García.

Militar de carrera diplomado de E.M. retirado que al estallido de la guerra estaba destinado en Almería en los trabajos de parcelación del Instituto Geográfico y Catastral como ingeniero geógrafo. Se le requirió en Valencia para trabajos de cartografía militar y posteriormente se le encomendó la sección de cartografía del nuevo Estado Mayor creado por Largo Caballero. Esta confianza del nuevo gobierno en este militar se debía a su simpatías por el PSOE, pues al parecer Joaquín Alonso había sido incluido en las listas electorales de este partido en Almería en noviembre de 1933. Alonso reorganizó el servicio creando Comisiones Topográficas subordinadas a su sección del Estado Mayor del ministerio. A mediados de septiembre le fue encomendado otros destinos, donde destaca la Jefatura del Estado Mayor del Ejército de Extremadura. Posteriormente, en la primavera del 1938 fue nombrado Secretario General Técnico de la Subsecretaría del Ejército de Tierra, y tras ser ascendido a coronel,  en agosto de 1938 recibió el mando del Estado Mayor del X Cuerpo de Ejército del Ejército del Este. Ignoramos sus siguientes destinos, pero al final de la guerra fue detenido por los franquistas y condenado a 30 años con pérdida de su condición de militar y expulsión del cuerpo de Ingenieros Geógrafos. Murió en penal militar de Alicante por una septicemia debida a las malas condiciones sanitarias, alimenticias y de trato.

Manuel Alonso García-Domínguez

Eran capitán de Infantería en el batallón de cazadores número 6 en Tetuán y también en Larache. Era conocida sus significación republicana. Tenía un brillante historial militar pues había servido durante la campaña de 1920-1930 en África consiguiendo varias condecoraciones. El julio de 1936 fue detenido y fusilado en Tetuán en septiembre de 1936.

Miguel Alonso Romero.

Este funcionario del Ministerio de Justicia que estaba afiliado a las Federación de Juventudes Socialistas del  PSOE desde antes de la guerra y que se alistó voluntario en las Milicias Populares alcanzando pronto el rango de mayor de milicias en el nuevo Ejército Popular y concretamente en la 7 Brigada Mixta, donde fue Jefe del Estado Mayor desde Marzo de 1937 al final de la guerra. Miguel Alonso Romero entró en la órbita de las JSU y terminó la guerra militando en el PCE. La brigada permaneció neutral durante el inicio del golpe de Casado, pero al termino de los combates, Casado sustituyó al jefe de la brigada, Valentín Bravo Criado, del que no se fiaba, por el militar profesional, comandante Ciriaco Sidrach de Cardona. Alonso Romero fue detenido por los franquistas y condenado a 30 años de cárcel, pese a los avales de personas derechistas que fueron escondidas y protegidas por Alonso Romero. Pero se le acusó de haber castigado a soldados republicanos que desertaban, lo que los tribunales franquistas consideraban un crimen tremendo. La pena le fue finalmente conmutada a 20 años y cumplió cinco.

 Armando Álvarez Álvarez.

Era comandante de Infantería agregado a la Guardia de Asalto. Ayudó a dominar los disturbios de mayo de 1937 en Barcelona y apoyó el golpe de Casado en 1939. Mandó un Cuerpo de Ejército en el Ejército Popular y al final de la guerra, las fuerzas de seguridad, enfrentándose a Barceló. De la promoción de Vicente Rojo.


Adenda 2014

Se había incorporado voluntariamente al Ejército Popular desde la primera hora como muchos de sus compañeros destinados en la Guardia de Asalto. Militar profesional al fin y al cabo y creyendo en las promesas casadistas del final de la guerra, se unió a Casado poniendo a su disposición todo el Cuerpo de Seguridad. Éste le premió con la Inspección General del Cuerpo de Seguridad. Pero una vez detenido, fue condenado a muerte a finales de 1939. Como disponía de avales de franquistas, su pena fue conmutada a 30 años, después a 20, finalmente salió con la condicional en 1943.

Arturo Álvarez-Buylla Godino.

(1895-1936). Capitán del Arma de Artillería y aviador militar que en julio de 1936, siendo Secretario General de la Alta Comisaría de España en Marruecos, desempeñaba interinamente el cargo de Alto Comisario, no obstante lo cual no se percató de la conspiración militar que se desarrollaba en su entorno ni de los preparativos del alzamiento que, el 17 de dicho mes, se produjo en el protectorado marroquí. Siguiendo instrucciones de Santiago Casares Quiroga, a la sazón presidente del Gobierno, intentó resistirse a los sublevados, pero fue detenido por éstos, en su residencia de Tetuán, y meses después, fusilado con un juicio farsa. (1)

 

(1) Su hijo, Ramón Álvarez-Buylla de Aldana (1919-1999), médico cirujano, neurofisiólogo e histólogo, se formó en la Unión Soviética tras salir de España por la guerra, y luego se exilió en México en 1947, por mediación de Dolores Ibárruri. Allí desarrolló una larga labor docente e investigadora. De la unión de Ramón Álvarez-Buylla con una hija de Wenceslao Roces -jurista, historiador, traductor y político comunista nacido en Soto de Agues (Sobrescobio) y fallecido en el exilio mexicano- nacieron el neurobiólogo Arturo Álvarez-Buylla Roces (México DF, 1958), afincado en California (Estados Unidos), y recibió el premio «Príncipe» de Investigación, y la especialista en genética molecular María Elena Álvarez-Buylla Roces, activista contra el maíz transgénico. Fuente: La Nueva España.

José Álvarez Cerón

Era capitán de Artillería retirado en 1936. En 1938 fue nombrado subinspector general de servicios de la DCA en el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental, con el empleo de coronel. Se trataba de dos agrupaciones AA con unos 12 grupos que superaban las 95 piezas, de las que una veintena larga serían del modelo AA ruso M-31 de 7,62 y el resto piezas de menor calibre como los Bofors y los Oeerlikon pero de tiro más vivo, y un pequeño remanente de piezas anticuadas e incluso ametralladoras en afuste AA.

Julio Álvarez Cerón

Ingeniero militar republicano que había tomado parte en conspiraciones en los años veinte y en 1936 era comandante al frente del Parque de Automóviles. Al estallar la guerra, ayudó a organizar los transportes en la zona de Madrid y en 1938 fue nombrado Director General de Transportes por Carretera en el Grupo de Ejércitos de Cataluña. Se exilió a Colombia y en los los años 40 llevó adelante importantes proyectos de ingeniería en la Universidad de Santander de este país. Suponemos que era hermano del anterior.

Había servido en el 15 Ligero de Pontevedra donde coincidió con otro artillero, Antonio Cordón. Se da la circunstancia, como relata Cordón en sus memorias, de que junto al también artillero del 15, Antonio Caruncho, fundaron la primera empresa que comercializaba radios en la zona noroeste de España. Se llamaba las tres Ces, Caruncho, Cerón, Cordón.

Más información sobre Julio Álvarez Cerón.

Aureliano Álvarez Coque de Blas

Este brillante militar español había nacido en 1877. Participó en la campaña de Cuba como teniente de infantería. Tras el retorno y ser ascendido a capitán ingresó en la Escuela Superior de Guerra diplomándose de Estado Mayor, lo que demostraba su valía. En 1911 fue agregado militar en Viena, cargos estos que sólo se daban a militares instruidos y versados en idiomas y relaciones internacionales. En 1912 obtuvo plaza de profesor en la Academia de Infantería de Toledo. En 1924, en plena recuperación del desastre de Annual, tomó el mando de un contingente indígena (Mehal-la jalifiana de Tetuán) con el que participó en la campaña del Rif tras el desembarco de Alhucemas. No tardó en ser ascendido a Coronel por méritos de guerra y en 1930 retornó a la península. A la proclamación de la República fue destinado al Estado Mayor del Ministerio de la Guerra. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano. En agosto de 1936 se le dio el mando de las operaciones contra el Alcázar de Toledo, donde no pudo controlar el voluntarismo desorganizador de las milicias. Al inicio de septiembre de 1936 sufrió un accidente de automóvil con aquellos chóferes de fortuna que conducían a toda velocidad. A su recuperación se le dio un mando en el frente de Madrid justo en noviembre de 1936 cuando la situación era crucial. Miaja decidió darle el mando de todo un sector del frente de Madrid. En enero de 1937 pasó a Jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro que mandaba el General Pozas. En la batalla del Jarama se le dio el mando de la Agrupación de reserva. Posteriormente y tras el éxito defensivo de esta batalla, Álvarez Coque sustituyó al general Toribio Martínez Cabrera al frente del Estado Mayor Central, hasta la llegada del coronel Vicente Rojo en mayo de 1937. La llegada del primer gobierno Negrín determinó que la operación proyectada por Largo para cortar en dos Extremadura y que Álvarez Coque había diseñado, nunca llegó a ejecutarse. Álvarez Coque siguió al E.M. a Cataluña desde donde se exilió a Francia y desde allí a Méjico donde falleció en 1950. En Méjico mantuvo siempre relaciones con las instituciones republicanas en el exilio.

El coronel Álvarez-Coque, Marruecos, hacia 1927

Álvarez-Coque, a la derecha, base de hidroaviones de Melilla, hacia 1927

Imágenes: gentileza Arturo García Alvarez-Coque

Daniel Álvarez Quintas, "Bolche"

Mayor de milicias, ultimo comandante del famoso batallón especial del V Cuerpo, famosa unidad creada por Lister en Brunete, citada por todos los mandos del V Cuerpo, y probablemente la unidad de élite más dura del Ejército Popular que combatió prácticamente en todas las batallas de la guerra. Bolche tuvo la ingrata tarea de atravesar la frontera francesa con los restos del batallón, unas decenas de hombres, el 10 de febrero de 1939. Todos sus miembros fueron internados en durísimos campos franceses que nada tenían que envidiar a los franquistas.

José Álvarez del Manzano.

Capitán de Infantería y aviador militar. Junto a otros oficiales, en la tarde del 17 de julio de 1936, resistió el ataque de los sublevados en el Aeródromo de Sania Ramel, en Tetuán, hasta que en horas de la noche, vencida toda resistencia, fue detenido y posteriormente se le fusiló.

Manuel Álvarez Álvarez, "Manolín"

Manuel Álvarez, socialista asturiano, era conocido por sus amigos y muchos de sus hombres como Manolín. Tras haber combatido en Asturias, al derrumbarse el frente consiguió huir y reincorporarse a la zona republicana. En la batalla del Ebro y con el grado de mayor estaba al mando de la 42 División, la cual pasó el río entre las localidades de Mequinenza y Fayón, ocupando un territorio que quedó convertido en una bolsa al no lograr hacer contacto con el resto del XV Cuerpo de Ejército que mandaba Tagüeña. Estando aislados y en un terreno de difícil defensa, fueron objeto de la primera contraofensiva franquista en el Ebro, siendo obligados a repasar el Ebro tras perder más de tres mil hombres entre muertos y prisioneros, muchos de ellos heridos, así como abundante material abandonado en el campo de batalla. La propaganda franquista se apresuró a proclamar a los cuatro vientos la destrucción total de esta División, pero se precipitó. Tras un período de reconstrucción en Ascó, volvieron a pasar el Ebro como reserva del XV Cuerpo de Ejército, e intervinieron de nuevo en el combate, sobre todo y de forma destacada en la defensa del cruce de Camposines. Estando tomada ya la decisión de repasar el Ebro de forma ordenada, operación que se ejecutaría brillantemente por parte del Cuerpo de Tagüeña, Manolín Álvarez murió al ser alcanzado por la metralla enemiga. Faltaban dos días para que concluyera la batalla del Ebro. Para nosotros, héroe de la II República.

Fuente: Felipe Peña

Emilio Alzugaray Goicoechea.

(1880-?) Militar del Arma de Ingenieros que durante la dictadura del general Primo de Rivera pasó a la situación de retirado, trasladándose a continuación a Casablanca (Marruecos), donde trabajó como ingeniero. Al estallar la guerra civil abandonó su empleo y se puso a las órdenes del Gobierno de Madrid, haciéndose cargo del mando de una columna de milicianos vascos que se organizó en dicha capital, con la cual intervino en diversas operaciones que tuvieron por escenario las sierras de Guadarrama y de Somosierra. Ascendido a teniente coronel y a coronel en pocos meses, participó en la defensa de Madrid, resultando herido de gravedad en el citado frente. Recuperado de sus heridas, se le encomendó, primeramente, la jefatura de la 6 División y, más tarde, la del II Cuerpo de Ejército. Operando en el frente de Madrid, entre el cerro de Garabitas y el del Águila, tuvo una actuación desafortunada que terminó en un auténtico desastre para el ejército republicano. Desmoralizado quizá por su fracaso, fue destituido del mando por el general Miaja, destitución que más tarde confirmó el Ministerio de la Guerra. Según cuenta Juan Modesto Guilloto (Soy del Quinto Regimiento. Ed. Laia, Barcelona, 1978), que fue el encargado de comunicarle la orden de cese y de sustituirle, se lo encontró en su puesto de mando, «sentado ante su mesa, con una botella de coñac ante él, jugando con su pistola». Al decirle el citado Modesto que iba a relevarle, le contestó: «Bueno. ¡No me importa!» Acusado posteriormente de deslealtad, fue absuelto, pasando a continuación a Barcelona en situación de disponible, donde permaneció el resto de la contienda, prácticamente ignorado, en un muy discreto segundo plano.

José María Anglada.

Era comandante del Batallón de montaña acantonado en Bilbao. Fue fusilado por intento de transmitir informaciones al enemigo.

 Federico Angulo Vázquez.

Angulo en el frente extremeño.

Miembro de la redacción de El Socialista en la etapa de Julián Zugazagoitia, Cruz Salido y otros.  Había nacido en una familia de militares en 1893 en la ciudad amurallada de Ciudad Rodrigo donde servía el padre. De joven vivió en la País Vasco, que fue siempre su tierra de referencia. Se casó con la hija de un distinguido militante socialista de Bilbao. Se alisto voluntario en el Tercio para asistir a la guerra de Marruecos en 1921. Ya licenciado regresó a Bilbao y se relacionó con personalidades socialistas. Al poco salió para Madrid e ingresó en la plantilla de El Socialista bajo la batuta de Julián Zugazagoitia. Al estallido de la guerra fundó la milicia de El Socialista con cien voluntarios. Con esta tropa actuó en el Cuartel de la Montaña y posteriormente en Somosierra, habiendo sido nombrado jefe de la Motorizada y capitán provisional por el propio general Castelló, a la sazón Ministro de la Guerra. En la sierra fue herido en un brazo, pero eso no impidió que siguiera al pie del cañón. Se reorganizó la milicia y fue enviada al frente extremeño donde la República perdía terreno día a día. La actuación de Federico fue muy buena y sus hombres capturaron material al enemigo aunque se vieron embebidos, como todos, en la retirada general. Tras un periodo de reposo para curarse de sus heridas, es enviado a Málaga, donde es testigo impotente de la desorganización y el estúpido voluntarismo desorganizador de sindicatos y partidos, y más todavía ante la incapacidad del coronel Villalba puesto al mando de la zona por el gobierno. Villalba era un leal geográfico que secretamente había conspirado contra la República. ¡Como para defender Málaga! El caso es que Federico se vio en la necesidad de improvisar medidas de defensa en el eje de la carretera de Motril. Lo que fue del todo imposible. Federico había ingresado mientras tanto en el cuerpo de Carabineros y se le había dado la graduación de mayor. Era valiente e inteligente, tenía conocimientos militares, aunque era algo impulsivo lo que le llevaba a ponerse en peligro.

Tras la derrota de Málaga, por la que fue encausado Villalba, Federico partió para Gerona. Misión, reorganizar el cuerpo de Carabineros en la frontera y quitarle las potestades aduaneras a los grupos de incontrolados anarquistas, que en este caso, estaban actuando como verdaderos gángsteres y contrabandistas. Tan buena labor hizo en la frontera que el gobierno decidió enviarle a Santander, donde ocurría tres cuartos de lo mismo entre las fuerzas del orden. Para ello se le ascendió a teniente coronel de Carabineros.

Federico llegó a Santander en julio, con Bilbao caído y perdida Vizcaya. Federico crea una brigada de Carabineros que será de choque y que manda durante la campaña. Tras la derrota del sector, la defección de las fuerzas vascas y la huida de todos, Federico Angulo con su hijo y con algunos Carabineros recorrió la vacía Santander buscando fuerzas para defenderla. Finalmente se atrincheró en el Palacio de la Magdalena y sólo se rindió cuando se les acabaron las municiones. Naturalmente fueron todos condenados a muerte. El gobierno intentó varios canjes pero todo fue inútil, catorce meses después de dictarse la sentencia fue fusilado. Era el tres de octubre de 1938.

Nota: lea su biografía en este artículo.

 

Sol Aparicio Rodríguez.

(1899). Aviador militar que tomó parte en la campaña de Marruecos, en la que fue hecho prisionero por las tropas de Abd el-Krim, sufriendo veinte meses de cautiverio. Al estallar la guerra civil se hallaba destinado en el aeródromo militar de Getafe (Madrid) como sargento mecánico. Permaneció fiel al gobierno participando activamente en el asalto al cuartel de Artillería de dicha localidad, acción en la que resulto gravemente herido. Ascendido a teniente, fue nombrado jefe de un campo de aviación de nueva construcción destinado a los aviones «Katiuska» sito en Los Llanos (Albacete). Al concluir la contienda —con el grado de capitán—se refugió en Francia, siendo internado en un campo de concentración por espacio de cuatro meses. De allí partió hacia la URSS, donde trabajó en diversas fábricas especializadas, llegando a ser considerado oficialmente obrero ejemplar. Durante la segunda guerra mundial luchó en las filas del ejército soviético, en las que tuvo una destacadísima actuación. En 1946 se marchó a México, donde fijó su residencia hasta 1975, año en que retornó a España.

Modesto Arambarri Gallástegui.

Arambarri había nacido en 1902. Luchó en África y retornado a su tierra, fue nombrado Jefe de la Policía Municipal de Bilbao. Al inicio de la guerra se le encargó el mando de las fuerzas de Vizcaya. Posteriormente fue nombrado jefe de la sección de Operaciones del E.M. del Cuerpo de Ejército vasco, pues era persona de confianza de Aguirre, junto con el cual comparte la responsabilidad de la batalla de Villareal. El gobierno nombró al general Gamir general en jefe de la fuerzas vascas y a Ciutat su jefe de Estado Mayor. Esto llevó a graves fricciones con la estructura anterior gestionada por Aguirre y Arambarri. La pérdida de Bilbao y la concentración de las fuerzas nacionalistas en Santoña hacen que Arambarri caiga preso de los franquistas, No obstante consiguió huir a Francia con ayuda familiar y no se reintegró al Ejercito Popular, lo que le costó la destitución. A finales de los cuarenta regresa a España y es sometido a Consejo de Guerra, es condenado a 30 años, pena que le fue condonada por su actuación a favor de importantes derechistas mientras fue mano derecha de Aguirre. Murió 1988.

 

 

José Aranguren Roldán

Por la izquierda, Guarner, Escofet, Aranguren y Arrando. Cuatro militares leales tras la derrota fascista el 19 de julio en Barcelona.

(1875-1939). Fue ascendido a general de la Guardia Civil el 31 de marzo de 1936, habiendo sido el primero de la escala de coroneles de la Guardia civil. Fue nombrado para mandar la 5ª zona de la Guardia civil en Cataluña  —compuesta por dos tercios y cuatro escuadrones de Caballería—, con cabecera en Barcelona. Al estallar la guerra civil no quiso sumarse a los sublevados —no obstante su condición de católico y estar conceptuado como persona de filiación derechista—, sino que, por el contrario, se puso, con las fuerzas a su mando, a disposición del Gobierno republicano, lo que contribuyó decisivamente a que Barcelona no cayese en poder de los rebeldes, siendo uno de los testigos de cargo en el proceso a que fueron sometidos los generales Goded y Fernández Burriel como consecuencia del alzamiento militar. Durante la contienda mandó algún tiempo la 4ª División Orgánica (Cataluña), cuyo cargo desempeñó más nominalmente que de hecho, dada la prepotencia del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña y la amplitud de funciones que asumió la Consejería de Defensa del Gobierno de la Generalidad catalana. Después de los sucesos de mayo de 1937 pasó a desempeñar la comandancia militar de Valencia, en cuyo cargo continuó hasta el final de la guerra, negándose a abandonar España en los últimos momentos por considerar que se había limitado a cumplir con su deber. A la entrada de los nacionalistas en dicha ciudad fue detenido, sometido a un consejo de guerra, condenado a muerte y ejecutado con un odio tremendo por ser un general de la Guardia Civil leal a la República

José María Arbex

No estaba en la escala activa en 1936, pero anteriormente había sido capitán de E.M. Fue nombrado jefe de la sección de información del E.M. del Cuerpo de Ejército vasco y se pasó a los nacionalistas tras la caída de Bilbao.

Abelardo Arce Mayoral.

Teniente coronel destinado a una caja de reclutas en 1936. Mandó un sector de Madrid y llegó a dirigir la 42 Brigada, la 6 División y la 13 División en la batalla del Jarama; posteriormente, estuvo al frente de la 9 División. Para 1939, empero, habla dejado el mando activo y era director de la academia de Oficiales.

José Arevalo

Mayor de milicias del Ejército popular que tomó el mando de la 1ª Brigada Mixta en junio de 1938 en sustitución del mayor Eduardo Zamora Conde. Tras la batalla del Ebro, Arévalo fue cesado y tomo el mando el mayor José Montalvo.

Tomás Ardid Rey.

Retrato del Coronel Ardid aparecido en la red.

Teniente coronel de Ingenieros muy apreciado por su tarea de fortificación a raíz de la defensa de Madrid. Fue el artífice de la Línea XYZ, diseñada por Matallana, sistema de trincheras que aprovechaban las áreas montañosas de Castellón, donde Franco se estrelló en dos grandes ofensivas que dejaron sus fuerzas de choque en cuadro. Por primera vez en la guerra, la proporción de bajas fue de 4 rebeldes por cada uno republicano. Eso no había ocurrido jamás. El merito fue del arma de Ingenieros del Ejército Popular mandada por Ardid. Al final de la guerra ocupaba el mismo cargo y Casado le nombró inspector general de Ingenieros. Hay un inapreciable relato de la Sanidad Militar, donde se dice que este ingeniero sin igual fabricaba cerveza para la tropa, y que además enviaba levadura de cerveza a los hospitales militares, pues como se sabe, este producto es grande fuente de vitaminas.

 

 

Lea este relato en nuestras páginas:


Adenda 2014.

Al inicio de la guerra era Teniente Coronel de ingenieros en la 1ª División Orgánica. Se incorporó al Ejército Popular y desarrollo un importante papel en la defensa de Madrid y en concreto en sus fortificaciones. Como muchos otros militares profesionales ingreso en el PCE a efectos nominales y propagandísticos. Se unió a Casado que le nombro Inspector General de Ingenieros. Una vez detenido fue condenado a Muerte pese a tener avales, pero su labor había sido muy significada. Se le conmutó la pena a 30 años, después a 20 y finalmente salio con la condicional en 1943.

Arturo Arellano Fontán.

Uno de los mitos de la defensa de Madrid. Capitán de Infantería retirado que formaba en el Quinto Regimiento. Mandó sus compañías de acero en la Sierra y posteriormente se le dio el mando de la nueva la 4 Brigada. Resultó muerto en 17 de noviembre de 1936 defendiendo sus posiciones. Carlos Engel lo nombra como Eutiquiano en vez de Arturo.

Ernesto Arín Prado

(1875-?) Coronel del Arma de Infantería afiliado a la UMRA que durante la guerra civil prestó servicio en el bando republicano. Durante los primeros días del alzamiento presidió en Valencia el comité local de la CNT y de la UGT que, con independencia del poder central, se hizo cargo del gobierno civil de aquella provincia hasta su nombramiento oficial.

Felix Armada Benito.

Al golpe de Casado era mayor en uno de los batallones de la 34 brigada mixta, y dado que Casado desconfiaba de su comandante el mayor Leopoldo Del Sur, nombró a Armada Benito comandante de la 34. Felix Armada pertenecía a la CNT, y la 34 brigada mixta servía en la 2ª división del I cuerpo de ejército. Los franquistas le condenaron 15 años de cárcel que posteriormente rebajaron a 12, para terminar con la condicional a mediados de 1942.

Gerardo Armentia Palacios.

Comandante Jefe del Grupo del Regimiento de Artillería de Costa 3 de guarnición en Cartagena. Se mantuvo junto al Gobierno de la República y poco después del Alzamiento integró la columna que avanzó hacia Córdoba a las órdenes del general Miaja. Estuvo al frente de la artillería del Ejército de Andalucía. Resultó muerto en la base naval de Cartagena en marzo de 1939 durante el levantamiento de Casado y el intento de la Falange de tomar el poder.

José Armero Pla

Era ingeniero de caminos, canales y puertos y se incorporó voluntario al Servicio de Fortificaciones en la defensa de Madrid donde alcanzó el grado de mayor de milicias. Se había destacado en el PCE de Madrid y concretamente en la Asociación de Amigos de la URSS. Se opuso al golpe de Casado y rápidamente fue detenido a la espera de la llegada de los franquistas. Fue juzgado y condenado a 30 años de los que cumplió más de la mitad.

Alberto Arrando Garrido.

Comandante de la Guardia de Asalto en Barcelona, se mantuvo estrictamente leal al gobierno catalán. El 3 de mayo de 1937 fue nombrado al frente del orden público en Barcelona, pero destituido días después por no confiarse bastante en su lealtad al gobierno central. Mandó la 30 División en Teruel, siendo destituido a raíz de las desbandadas de la primavera de 1938. Se exilio a Méjico.

 

 

En la foto, Aranguren a la izquierda y Arrando a la derecha. Arrando padecía alopecia total. Llevaba peluquín y se pintaba las cejas para que el rostro tuviera expresión.

Guillermo Ascanio Moreno

Teniente Coronel de Milicias que dirigió al frente del  II Cuerpo de Ejercito el contragolpe contra Casado y Mera. De origen canario y de familia con recursos, había estudiado en Santa Cruz de Tenerife donde frecuentó los círculos artísticos y progresistas. Se trasladó a Barcelona para estudiar Ingeniería Industrial. Terminó la carrera en Berlín donde conoció al que sería embajador nazi en el Burgos franquista, Von Fauper. Parece que dominaba el alemán. El golpe militar le cogió ya en Madrid, dónde con sus paisanos organiza el batallón Canarias Libre, del 5º Regimiento. Las noticias de la brutal represión de Franco en Canarias, habían indignado a los canarios en Madrid, y por tanto se movilizaron muy pronto en el 5º Regimiento, como los gallegos de Santiago Álvarez y los vascos de Ortega. Como anécdota, al conocer Ascanio el alemán, muchos extranjeros de ese origen se encuadraron en el batallón que como el de los gallegos terminaría en la división Líster.  Guillermo Ascanio, dada su valía, ascendió hasta mandar la 8ª División y posteriormente, al fin de la guerra asumió el mando del II Cuerpo de Ejército en reemplazo del coronel Bueno, que había sido cesado por Casado. Ascanio no pudo huir, fue capturado y fusilado en 1941, a pesar de que se sabe que Von Fauper intercedió por su vida ante Franco. Pertenecía al "Expediente de la Junta de Casado", 13 comunistas que fueron fusilados el tres de julio de 1941, contra las tapias del cementerio del Este.

 José Asensio Torrado.

Asensio y Largo Caballero en Toledo inspeccionando el cerco del Alcazar

(1892-1961). Coronel del Cuerpo de Estado Mayor que al estallar la guerra civil se alineó en el bando republicano. En los primeros días de la contienda tomó parte en el asalto al cuartel de la Montaña de Madrid y diversas operaciones que tuvieron como escenario los frentes de Andújar, Málaga y la Sierra de Madrid donde había sustituido a Riquelme. En este frente tuvo destacada actuación en su mejor faceta, la organización e instrucción de la tropa miliciana. Con la llegada del Gobierno de Largo Caballero, fue ascendido a general el 5 de septiembre y, otra vez en sustitución de Riquelme fue nombrado jefe del Teatro de Operaciones del Centro, con la inmediata papeleta de detener a los rebeldes en Talavera y si posible recuperar la ciudad que las tropas de Riquelme habían abandonado. Asensio hizo un planteamiento bastante realista y llegó a amenazar de cerco a las fuerzas de Yagüe en Talavera. Pero los legionarios flanquearon a los milicianos que se retiraron para evitar el copo, aunque la acción de Asensio detuvo el avance rebelde por unos días. Pocos días después Largo Caballero le pidió que organizara la toma del Alcázar de Toledo, que se suponía inminente. Asensio se repartió entre Toledo y el frente de Illescas, donde emprendió enérgicas acciones contra Varela, que había sustituido a Yagüe. Sin embargo, como en Talavera, el ejército de Milicianos no fue capaz de operar disciplinadamente y Varela, un mediocre general, derrotó al excelente profesional Asensio. Estas derrotas no fueron entendidas y le valieron una cierta impopularidad, especialmente entre los comunistas, no obstante lo cual éstos le habían nombrado en fechas anteriores comandante honorario del 5º Regimiento. A mediados de octubre de 1936 dirige el frente desde Madrid e intenta un contraataque en Illescas que no fructificó y que terminó con su cese al mando de lo que ya era el Ejército del Centro, pasando a ser subsecretario del Ministerio de la Guerra, un puesto a su medida de buen organizador de la burocracia militar desde donde trató de reorganizar el ejército republicano, sentando las bases de lo que poco tiempo después seria el Ejército Popular. A su inspiración se debe la creación de una serie de escuelas para oficiales, el Centro de Reclutamiento, Instrucción y Movilización (CRIM), el de Organización Permanente de Artillería (COPA) y el de Organización Permanente de Ingenieros (COPI). Tras la pérdida de Málaga,  los comunistas —le llamaban «el general de las derrotas»—, se pidió insistentemente su destitución y cesó en la Subsecretaria de Guerra y quedó durante algún tiempo en situación de disponible. Acusado de traición, fue procesado y detenido, aunque recuperó la libertad poco tiempo después, al ser sobreseída, por falta de pruebas, la causa instruida contra él. Tras una corta etapa como asesor del Ministerio de Defensa se le designó agregado militar de la Embajada española en EE.UU., donde tuvo conocimiento de las gestiones de paz que estaban llevando a cabo Segismundo Casado y el Consejo Nacional de Defensa, a los cuales envió su adhesión por cablegrama. Finalizada la guerra se trasladó a Nueva York —en cuya ciudad permaneció hasta su fallecimiento—, dedicándose durante algún tiempo a la enseñanza privada de la lengua española y desempeñando el cargo de ministro sin cartera del Gobierno republicano en el exilio.


Adenda 2013.

Antonio Cordón en "Trayectoria" que no simpatizaba con él y que se mantuvo muy cerca en Valencia, enumera sus aciertos y errores. Como aciertos considera la creación de los centros militares de organización, recuperación e instrucción que son los COPA (Centros de Organización Permanente de Artillería), los COPI (Centros de Organización Permanente de Ingenieros) y los CRIM (Centros de Reclutamiento, Instrucción y Movilización). Otro acierto, la creación de las Escuelas Populares de Guerra, y finalmente otro acierto el nuevo reglamento con el cambio de insignias y uniformidad. Como errores detalla: la creación de la Comandancia Exenta de Cartagena (para Cordón, centro de quintacolumnistas y derrotistas), la suspensión de los grados de general, la enconada enemistad con la Junta Delegada de Defensa de Madrid, la creciente lentitud de la nueva burocracia militar, la ineficacia y falta de militarización de los transportes y finalmente, el nombramiento de Villalba para el mando de Málaga.

Antonio Azarola y Gresillón.

(1874-1936). Contralmirante de la Armada, que fue subsecretario del Ministerio de Marina durante la II República y ministro del mismo departamento en un gabinete presidido por Manuel Portela Valladares. Al estallar la guerra civil desempeñaba el cargo de subjefe de la Base Naval de El Ferrol, adoptando en los primeros momentos una actitud valiente de no participar en la sublevación y reprochándoselo a los hermanos Moreno, futuros jefes navales rebeldes. Hecho prisionero por los nacionalistas, fue sometido a un juicio sumarísimo, condenado a muerte y ejecutado.

 

 

 

 

 


Adenda 2010

Nota: Marcelino Laruelo Roa, uno de los historiadores de referencia para la represión franquista en Galicia y Asturias, acaba de publicar un libro: "Muertes paralelas", donde, entre otros prohombres republicanos, detalla las vicisitudes de este marino desde el 18 de julio hasta su fusilamiento el 4 de agosto de 1936. 

Gumersindo de Azcárate Gómez

Teniente coronel de Infantería y jefe de Batallón en Alcalá de Henares. Había sido profesor de Franco en la Academia General y llegó a formar parte del gabinete militar de Azaña.  Se mantuvo a las órdenes del Gobierno, pese a ser herido por oficiales que trataron de obligarlo a sublevarse. Marchó a Bilbao como inspector del Cuerpo del Ejército vasco y ascendido a Coronel. Formó parte del núcleo de militares profesionales alrededor del E.M. del Cuerpo de Ejército vasco. Con la derrota en el Norte, fue capturado por los sublevados y fusilado. Buen conocedor de Franco sabía lo que le esperaba desde el primer día de cautiverio. En la muerte, era creyente, se creció según cuentan los testigos y dio un ejemplo de pundonor que borró de un plumazo su fama de militar vividor.

José Balibrea Vera.

Comandante de un regimiento de Infantería en Cartagena. Tras ayudar a aplastar la rebelión en Albacete mandó fuerzas en el intento de recobrar Córdoba. Posteriormente, estuvo al frente del XIII Cuerpo en Teruel, pasando luego al Estado Mayor del Ejército de Levante; murió en España en 1970.

Rafael Ballester Linares.

Un caso extraordinario el de este vallecano de pro. Abandona sus estudios en la Facultad de Química incorporándose al Servicio Técnico de Escucha de Artillería, donde llegó a mandar una batería de obuses QF de 114 mm.  Es ascendido a oficial por sus méritos técnicos mandando en el Jarama un grupo de artillería. Su mente inquieta le hace pedir el cambio a la aviación. Realiza un curso en los Alcázares y es destinado al 24 grupo de bombarderos SB-2 "Katiuska". A partir de aquí realiza innumerables misiones, destacando el bombardeo de los cruceros nacionalistas pesados "Baleares", que la República consiguió hundir, y varios intentos contra el "Canarias". A finales de 1.938 es derribado y capturado, juzgado sumariamente con petición de pena de muerte. Condenado a 20 años, salió libre en 1.944 a los 28 años. Falleció en 1.991. Descansa en Paz, valiente compañero.

Nota: Líster lo cita indirectamente en "Memorias de un luchador", cuando cuenta cómo en la 1 B.M. se intentó montar y disparar obuses sobre camiones bajo la supervisión técnica de Ballester.


Nos escribe Rafael Ballester Medina para decirnos:

Apreciados amigos: Gracias por incluir a mi padre en su web. Mi padre fue OBSERVADOR-NAVEGANTE DE AEROPLANO, NO PILOTO. Respecto al hundimiento del "BALEARES", decir que en contra de lo que siempre se pensó, la aviación de la República lanzó sus bombas sobre el crucero "CANARIAS", su gemelo, al que confundieron con el "BALEARES", ya hundido por los torpedos republicanos. El "Canarias" estaba en medio de la cortina de humo que lanzaba, salvando a los náufragos del "Baleares". Ninguna bomba le alcanzó. Tal y como relato en su biografía. Gracias.

Luis Barceló Jover

(1896-1939). Comandante del Arma de Infantería que en julio de 1936 se hallaba destinado en Madrid al mando del Grupo de Infantería del Ministerio de la Guerra. Miembro de la UMRA y posteriormente afiliado al Partido Comunista. Tras el aplastamiento de la rebelión en Madrid se le encarga el reclutamiento y organización de unidades milicianas, de las que poco después fue nombrado Inspector Nacional. Posteriormente formó parte de la Junta Clasificadora encargada de admitir en el ejército republicano a los oficiales y suboficiales procedentes de los diferentes grupos de milicias. Además de estos cargos burocráticos, se puso al frente de las fuerzas que intentaron tomar el Alcázar de Toledo e intervino también en las operaciones que tuvieron por escenario las proximidades de Madrid (sectores del Alberche, Valdemorillo y Pozuelo). Ascendido a teniente coronel, mandó primero una brigada y después una división en el frente de Guadarrama. A principios de marzo de 1939 ya ascendió a coronel, mandaba el I Cuerpo del Ejército del Centro. Muchos de los mandos del cuerpo eran de origen miliciano, mayores de milicias, y miembros del PCE y presionaron a Barceló, para que se opusiera a Casado, aunque personalmente, Barceló prefería mantenerse al margen, no por ignorar lo que le esperaba si caía detenido por los franquistas por su pasado en los organismos clasificadores, sino por no enfrentarse a sus compañeros profesionales. El caso es que se firmó un comunicado donde Barceló asumía interinamente la jefatura del Ejército del Centro. Hecho prisionero por los casadistas, fue juzgado en procedimiento sumarísimo por un tribunal militar formado por oficiales desafectos (1), condenado a muerte, y fusilado cuando solamente faltaban dos semanas para que concluyera la contienda.

En la imagen, en el centro, mirando al fotógrafo, con otros mandos del Estado Mayor

(1) El presidente del tribunal casadista que le juzgo era según el historiador Ángel Bahamonde en "Madrid 1939. La conjura del Coronel Casado", Laureano Villar Delgado, que era agente del SIPM desde 1938.


Reseña (modificada) de Cristóbal Zaragoza:

Antes del levantamiento, el entonces capitán Barceló ya había ingresado en el Partido Comunista, aunque a la hora de morir le confesó a su abogado defensor que nunca había sido comunista de corazón. Fue, eso sí, un militar izquierdista y de filiación masónica, que hizo cuanto estuvo en sus manos para evitar el levantamiento. En su domicilio, a raíz del asesinato del teniente Castillo, tiene lugar una histórica reunión en la que intervienen, además de la célula comunista del Ministerio de Marina, el propio Barceló, Burillo y Enciso, Se trató en ella de varios asuntos, que Modesto resume en su libro Soy del Quinto Regimiento: «Trazar la línea de conducta a seguir con vistas a que no pudieran sorprendernos los acontecimientos en los ministerios y en las unidades.» Por aquellos días era Barceló jefe del batallón del Ministerio de Guerra y ayudante de Casares Quiroga, lo cual le permitió hacer entrega al PC de unos miles de pistolas almacenadas en el palacio de Buenavista. Pronto fue nombrado inspector de Milicias en el Ministerio de la Guerra, y enseguida que se produjo la sublevación salió con su columna a defender la zona comprendida entre Boadilla y Majadahonda. Ascendido a comandante, cae gravemente herido en los combates que se libran en los alrededores de Madrid en enero de 1937. Mandaba por entonces una unidad formada por unos tres mil hombres, reforzada por la XI brigada internacional de Kleber. En marzo toma parte en la batalla de Guadalajara. Es relevado el día 25 para incorporarse a la Agrupación de Cuenca, que mandaba entonces el coronel Lacalle. El coronel Casado, al frente del Ejército del Centro, después de su reestructuración del 16 de abril de 1937, le nombra jefe del I Cuerpo de ejército en sustitución de Moriones. El cargo, provisional, le será confirmado días después, y en él sigue hasta que se produce la sublevación casadista, que es cuando realmente empieza el protagonismo de Barceló, ascendido a coronel el 3 de marzo de 1939. Casado comunicó por radio la formación del Consejo Nacional la noche del 5 al 6 de marzo de 1939, recabando la adhesión de Barceló, jefe del I Cuerpo de ejército, cuando ya había dado el paso. Lo mismo hizo con el teniente coronel Bueno y con el coronel Ortega. Pero el coronel Barceló, que al principio había respondido a Casado con evasivas, recoge la legalidad y se proclama jefe accidental del Ejército del Centro asumiendo, con razón, que Casado ha perdido el cargo por rebelión militar, disponiéndose a dirigir las operaciones de recuperación de la legalidad. Esto supuso una pequeña guerra que no tardó en estallar en las calles de Madrid y en los alrededores de la capital desde su cuartel general instalado en el palacio de El Pardo. Se enfrentarían los leales al gobierno legítimo, mandados por Barceló, contra las tropas del Consejo de Defensa que presidía Casado, en las que abundaban las unidades anarcosindicalistas al mando de Cipriano Mera. La lucha, que en los días 8 y 9 parecía favorecer a los hombres de Barceló, terminó en favor de los casadistas en la noche del 10 al 11, cuando las unidades anarquistas al mando de Liberino González se apoderaron de Fuencarral y el extrarradio de  Madrid y las fuerzas al mando del coronel Álvarez terminaban con los núcleos que aún resistían en la capital. Parece ser que Barceló se incorporó a su puesto de mando del I Cuerpo de ejército, donde fue detenido por dos jefes de Artillería, que le invitaron a acompañarles al Ministerio de Hacienda, desde donde, detenido ya, pasó al de Marina. Juzgado ante un tribunal compuesto por un magistrado y dos representantes de las Consejerías de Defensa y Gobernación, fue condenado a muerte a pesar de los esfuerzos de su defensor, don José Polo. Fue fusilado en el cementerio del Este el 24 de marzo, al día siguiente de ser rechazada la apelación.


Por su interés y por lo poco conocida que resulta, reproducimos la nota oficial aparecida el 9 de marzo en Mundo Obrero y firmada por el coronel Barceló, quien firmaba como "jefe accidental del Ejército del Centro». Decía así:

"La sublevación del general Casado y de un titulado Consejo Nacional de Defensa ha perturbado durante dos días la vida de Madrid. El hecho de disponer los sublevados de la emisora Unión Radio les ha dado medios para poner en circulación las mayores falsedades y calumnias. Para deshacerlas, el Estado Mayor del Ejército del Centro dice a los madrileños que la verdad y la realidad son éstas: La criminal sublevación toca a su fin. El Ejército de la República, todo el Ejército de la República, leal al Gobierno de unión nacional, está aplastando a los traidores. Éstos, sitiados en sus últimos baluartes, quedarán reducidos en breve plazo. Han sido tomados el cuartel general (posición Jaca) y las posiciones claves de Madrid. El Estado Mayor del Ejército del Centro quiere hacer resaltar un hecho por demás característico. Un comunicado del titulado Estado Mayor del pseudo Consejo Nacional de Defensa, radiado esta tarde por Unión Radio, anunció que la gloriosa Aviación republicana iba a volar sobre Madrid y que estaba a su servicio. En efecto, lo que a los pocos instantes volaba sobre Madrid eran las escuadrillas de cinco trimotores alemanes que descargaron sus bombas sobre las fuerzas leales que están reduciendo la sublevación. Esto demuestra que el rebelde Casado y el Estado Mayor de Franco actúan de común acuerdo y de un modo coordinado. El Estado Mayor del Ejército del Centro da al pueblo de Madrid la seguridad de que, al mismo tiempo que liquida la sublevación, vela por la inviolabilidad de los frentes. ¡Madrileños! Como en julio y en noviembre del 36, cooperad con todo entusiasmo y decisión, junto a las fuerzas leales, a la defensa de la independencia nacional, restableciendo el orden y la normalidad en Madrid. ¡Viva la independencia nacional! ¡Viva la República! ¡Viva el Gobierno de unidad nacional!"

Manuel Bares Liébana.

De las JSU. Se alistó voluntario en las Milicias Populares. Mandaba un batallón en la 44 Brigada Mixta de la 8ª división mandada por Guillermo Ascanio Moreno que fue el núcleo de la resistencia contra Casado. Detenido por los casadistas, los franquistas se lo encontraron en la cárcel y lo condenaron a muerte dentro del proceso del "Expediente de la Junta de Casado". Fue fusilado el 3 de julio de 1941 junto con 13 militantes comunistas más.

 José del Barrio

(1907-1989), secretario de la UGT de Cataluña y miembro del Partido Comunista Catalán antes de la guerra, se contó entre los fundadores del PSUC. Organizador de la columna Carlos Marx, dirigió el XVIII Cuerpo de Ejército en la batalla del Ebro con el grado de teniente coronel. Ya entonces mantuvo diferencias con otros emblemáticos cuadros militares del PCE, como Lister y Modesto, así como con el delegado de la Komintern Palmiro Togliatti y con la propia dirección del PSUC. Una de las más sonadas versó acerca de su proyecto, ideado junto con Juan Perea Capulino, de concentrar todos los esfuerzos posibles para mantener una cabeza de puente liberada en el pirineo leridano, a fin de ofrecérsela a la República como territorio desde el que encabezar la reconquista de España cuando se desencadenase la guerra mundial. Fue expulsado en 1943 por criticar la política exterior soviética y oponerse a la línea de Joan Comorera. Fundó el Movement per l´adreçament del PSUC en México, y contactó con el ex-dirigente del PCE Jesús Hernández cuando este fue expulsado en 1944.  Juntos emprendieron la formación de un partido comunista independiente, en la órbita del “titismo”, entre 1950 y 1953. Cuando se separaron, en 1954, siguió impulsando el Movimiento de Acción Socialista, con sede en Tolulouse y Paris, y reclamando la celebración de una Comisión Organizadora del Congreso Extraordinario de todos los comunistas que analizara la actuación del PCE desde la Conferencia Nacional de 1937. No dejó de buscar alianzas con otros sectores del exilio que apostaran por el mantenimiento de una oposición intransigente y esencialmente republicana. A mediados de los 50 impulsó la creación de un denominado Movimiento Republicano Antifascista de Liberación Hispana, y de la Unión Cívica Española. En 1963 se unió a Juan Perea Capulino y Vicente López Tovar para fundar el Movimiento por la IIIª República y por la reconstitución del Ejército Republicano.

Fuente e imagen: Fernando Hernández

Luis Bárzana

Luis Bárzana Bárzana nació en 1910 en Castropol, en el seno de una familia de maestros nacionales. Él mismo hizo los estudios de Magisterio y ejerció como tal en Barredos, La Felguera y Gijón, y en 1930 pasó a formar parte de la Comisión Ejecutiva de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias, la ATEA. Ingresó en el Partido Comunista en 1933, y participó en los combates de la revolución de octubre de 1934 en La Felguera y Oviedo. Derrotado el movimiento revolucionario estuvo en la cárcel. Al iniciarse la guerra civil es uno de los dirigentes de las MAOC (Milicias Antifascistas de Obreros y Campesinos), alentadas por el PCE. Participó en el aplastamiento de la sublevación militar en Gijón y en el posterior asedio a los cuarteles en esta población. Se desplazó también al frente occidental al mando de un grupo de inspiración comunista. A lo largo de la guerra puso de manifiesto sus grandes dotes para el mando militar, lo que le llevó a desempeñar los más altos cargos dentro del Ejército Popular de la República. Mandó primero uno de los batallones del llamado Regimiento Muñiz; luego fue mayor de milicias y estuvo al mando de una brigada. Mandó luego la 57 División y en la fase final del frente de Asturias, la División C que defendía la frontera sur, o de los puertos, frente al general Aranda. Su actuación fue decisiva para retrasar el avance del ejército nacional. Estuvo también en el frente vasco, en el fin de la guerra en Euskadi, y participó igualmente en la campaña de Santander. Tras la caída de Asturias, se le encomendó el mando de la División número 70 en el Frente Sur, donde organizó un atrevido golpe de mano en el fuerte de Carchuna (Granada), tras el que logró liberar a 308 prisioneros asturianos. Detenido al final de la guerra, estuvo en la cárcel y pasó varios años en batallones y brigadas de trabajo. Falleció en un accidente en 1947, al año de ser puesto en libertad.

Fuente: La Guerra Civil en Asturias, VVAA. La Nueva España

 Domingo Batet Mestres

(1872-1936). General de División procedente del Arma de Infantería. Por conspirar contra la Dictadura de Primo de Rivera, fue sancionado con el retiro. Reincorporado al servicio activo, desempeñó importantes cargos en el Ejército. En octubre de 1934, al frente de la IV División Orgánica, sofocó el intento catalanista y contra la C.E.D.A que estalló en Barcelona. Por tal proceder se le concedió la Laureada de San Fernando. El día 13 de junio de 1936 cesa, a petición propia, corno Jefe del Cuarto Militar del Presidente de la República; se le designa para el mando de la VI División Orgánica, que tiene su Plana Mayor en Burgos. En la madrugada del 19 de julio, cuando frente al edificio de la División se emplazan cañones por los ya sublevados, Batet decide rendirse y es detenido por sus propios subordinados. Posteriormente fue juzgado por un Consejo de guerra y condenado a la pena de fusilamiento. Enfrentó la muerte con gran serenidad: "Batet estuvo muy sereno, muriendo como un militar. Al despedirse de su defensor, le entregó diez o doce pitillos que le quedaban, diciéndole: -Lléveselos usted, que yo no los necesitaré-. Ante el piquete pronunció unas cuantas frases muy correctas, reiterando su fe de cristiano y español. La descarga fue tan precipitada, que el defensor y el padre jesuita que lo asistían tuvieron que apartarse de un brinco" (José María Fontana: Los catalanes en la Guerra de España)".

Nota.- Según Hilari Raguer, autor de "La espada y la cruz". En el fusilamiento de Batet había un misterio. El misterio de por qué se tardó siete meses en fusilarle. Raguer lo explica con claridad, Batet vivió mientras Mola mandó en el Norte, pues Mola admiraba a Batet. En cuanto Franco tomó las riendas, ordenó su fusilamiento, pues Franco odiaba a Batet, quién más de una vez le había puesto en sus sitio, por la descarada afición de Franco, por los ascensos y medallas, sin tener méritos para ello.

Alberto Bayo Giraud

Había nacido en Cuba y se había educado durante algún tiempo en los Estados Unidos. Ingresó en las Fuerzas aéreas españolas, pero tuvo que licenciarse a raíz de un duelo. En 1924 ingresó en la Legión española y permaneció varios años en Marruecos. Habiendo reingresado en las Fuerzas aéreas, aún era capitán a la edad de 44 años cuando empezó la guerra. Dirigió el desembarco en Mallorca en agosto de 1936. Tras la retirada de la isla, se le iba a encargar del mando de una fuerza guerrillera pero al final no se realizó el proyecto. Pasó la mayor parte de la guerra como agregado al Ministerio de Defensa. Acabada la contienda, pasó a México y fue profesor de la escuela de aviación de Guadalajara. A partir de finales de los años 40 fue consejero de diversas empresas guerrilleras, primero en Nicaragua y más adelante en Cuba, llegando a ser íntimo de Fidel Castro y Che Guevara. Falleció en 1971.

En la imagen Bayo en el desembarco de Ibiza.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

El nombre de este hasta entonces desconocido oficial, capitán de Infantería y de Aviación, salta a la popularidad el 9 de agosto de 1936 con motivo de su espectacular desembarco en Ibiza. El coronel de Estado Mayor Luis Guarner, a quien debió Bayo su vida, hace de él el siguiente retrato: «De estatura algo mayor que la corriente, fuerte y robusto, había perdido un ojo en un accidente y había sido herido en África, donde se había distinguido en tropas indígenas y en la Legión. Era valiente e impetuoso, obstinado en sus opiniones, que sostenía con acaloramiento, y escribía y versificaba con cierta facilidad. Sus condiciones militares eran muy buenas, aunque no pareciera el más indicado, por sus conocimientos de la profesión, su carencia de espíritu organizador y sus mismas condiciones personales de vanagloria y arrogancia, para ejercer el difícil mando de una expedición, efectuada con fuerzas milicianas defectuosas, sin suficientes medios de guerra y que encerraba tantísima complicación y que presentaba obstáculos casi imposibles de vencer.» Recordemos que la isla balear había sido tomada militarmente por la guarnición sublevada, por lo que los leales a la República tuvieron que refugiarse en los montes huyendo de las feroces represalias. Eran unos doscientos los que más peligro corrían, entre ellos Rafael Alberti y su mujer, María Teresa León, con cuyo rescate aumentó la popularidad de Bayo. Liberó también a un hijo de Luis Araquistain que, como el famoso matrimonio, veraneaba en la isla. Como en Menorca la sublevación había sido sofocada por los suboficiales de la UMRA y por el comandante de Ciudadela, que lograron reducir y encarcelar al general Bosch —declaró el estado de guerra, por lo que fue fusilado en Cala Mesquiday a 112 oficiales sediciosos, de las Baleares sólo quedaba Mallorca en poder de los nacionalistas. Bayo convenció al teniente coronel Díaz Sandino, su jefe, que era además Consejero de Defensa de la Generalitat, para que le autorizara a desembarcar en el archipiélago y conquistarlo para la República. Hubo sus más y sus menos, tanto en la Generalitat como en el Gobierno de Madrid, ya que Castelló, ministro de la Guerra, no parecía dispuesto a autorizar la aventura, pero como en realidad la expedición era ya un hecho consuma-do y se querían evitar fricciones con la Generalitat, el capitán Bayo se salió con la suya. Armó unos tres mil hombres, apoyados por seis piezas del 7,5, quedaron a su disposición el Marqués de Comillas y el destructor Almirante Miranda, y se dispuso que se le uniría una columna similar a la suya que saldría de Valencia a las órdenes del capitán de la Guardia Civil Manuel Ulibarri. La expedición se hizo a la mar, y el 1 de agosto Bayo conquistaba la isla de Cabrera, al sur de Mallorca. El 9 de agosto caía Ibiza, donde liberó a los rehenes a los que nos hemos referido. Al día siguiente se presentaba Bayo en el Comité de Milicias de Barcelona para rendir cuentas de su actuación y, al mismo tiempo, pedir más armamento, especialmente cañones. Inmediatamente chocó con Juan García Oliver, partidario de que la expedición se retirara antes de que fuera tarde o de que se apresurara la conquista del archipiélago. Mientras se perdía de esta forma el tiempo, se supo que en Mallorca se habían organizado varias columnas de Infantería al mando de los jefes de la guarnición, apoyadas por la artillería y varias unidades de milicias voluntarias. Bayo se lanzó a la aventura el 15, tras haber discutido con Ulibarri, que hizo marcha atrás y regresó a Valencia con sus barcos y sus columnas. Desembarcaba el tozudo capitán en la noche del 16 en una zona comprendida entre Porto Cristo y Son Servera. Ocupó Punta Amer con poca resistencia y tomó Porto Cristo. Pero los contraataques de los nacionalistas desmoralizaron a los milicianos, que trataron de reembarcar. Otros, menos afortunados, fueron fusilados. En la noche del 16 al 17 todavía desembarcó unos cuatro mil hombres, que se atrincheraron como pudieron bajo el fuego enemigo y las bombas de los cazas italianos. Mientras, el Comité Central de Milicias de Barcelona decidía enviar al coronel Luis Guarner a inspeccionar los frentes mallorquines, ya que se sabía que difícilmente podrían aguantar el empuje de las columnas nacionalistas. Así se hizo, y Guarner emitió un informe bastante ponderado sobre la situación del frente y atrincheramientos, en el que se leía entre líneas la necesidad de terminar cuanto antes con aquella delicada situación que ponía en peligro la vida de tantos hombres. El 3 de septiembre, habiéndose hecho cargo de la cartera de Marina y Aire Prieto, en el Gobierno Largo Caballero, el nuevo ministro exigió el reembarque de las tropas de Bayo y su regreso a la península. Fue una retirada desastrosa, en la noche del 4 al 5 de septiembre, en la que los cazas italianos ametrallaron a mansalva a los que enloquecidos y ciegos trataban de embarcar. «El poco orden y el pánico —escribe Guarner— dieron lugar a que se cortaran o rompieran amarras y algunas barcazas con personal y material de guerra fueron a varar en la arena.» Bayo compareció en la noche del 7 ante el Comité de Milicias. La delegación que había de juzgarle, presidida por Juan García Oliver, pedía su cabeza, que salvó gracias a la intervención del coronel Guarner. Entonces Prieto reclamó a su lado al capitán Bayo, que tuvo que viajar a Valencia escoltado para que no se atentara contra su vida. El ministro no sólo le eximió de toda responsabilidad, sino que le nombró su ayudante personal para salvar su vida, favor que Bayo le pagaría más adelante, siendo ya comunista, acusándole de haber intentado la cesión a Inglaterra de las rías gallegas, en caso de estallar la guerra mundial. A pesar de los aplausos que recibe en noviembre del 36 cuando desfila por Madrid, en uno de cuyos frentes actúa algún tiempo, Bayo sabe que sus ansias de popularidad van a ser muy vigiladas en el futuro. Durante todo el resto del año combate en diversas unidades, hasta que es detenido y encarcelado por insubordinación ya entrado el año 37. Más tarde le propone a Prieto la creación de un cuerpo de guerrilleros, al mando del propio Bayo, propuesta que es rechazada por el ministro tras aconsejarse de Rojo. Pero su tenacidad, la misma que le ayudaría en su desembarco en Mallorca (al que en su día también se opuso Castelló), es causa de que Prieto le deje organizar la guerrilla en Cataluña. Sucede esto avanzado ya el 1938, cuando ya todo se veía perdido. Así lo reconoce el propio Bayo en su libro Mi desembarco en Mallorca. En abril de 1938 es ascendido a comandante, pero sigue estando en la sombra. Finalmente busca refugio en México.)

 Antonio Beltrán Casaña

Había nacido en Jaca (Huesca) y había formado parte del ejército norteamericano durante la primera guerra mundial, regresando a vivir a la ciudad fronteriza de Canfranc. En 1930 prestó ayuda al intento de alzamiento de los capitanes Galán y García Hernández. Era protegido de Prieto, quien le buscó un puesto de administrativo de poca importancia. Durante la guerra civil se hizo famoso como dirigente de la 43 División, que estuvo cercada durante tres meses en los Pirineos en 1938. A su regreso, mandó la División en las batallas del Ebro y de Cataluña y fue nombrado teniente coronel, siendo uno de los pocos oficiales de Milicias que alcanzó tal graduación. Tras la guerra marchó a la URSS y también a Francia, luchando en la Resistencia. Siguiendo sus actividades pro-republicanas, fue deportado a Córcega. Durante algún tiempo, tras haber roto con el Partido Comunista, en el que había ingresado durante la guerra civil, actuó de agente de los norteamericanos. Murió en México en 1960.

Pulse aquí para leer su biografía...

Más sobre el personaje...

 

 

Domingo Benages Sacristán

Había sido capitán de infantería en el regimiento Almansa nº 15 de Tarragona. Mandó unidades milicianas, en concreto el batallón "Tarraco". Su batallón se integró en la 7 Brigada mixta y Benages fue ascendido a comandante para mandar la brigada. En junio, poco antes de su participación en la batalla de Brunete, Benages fue sustituido por el mayor de milicias, Américo Brizuela Conde.

José Benedito Lleó.

(1905). Teniente del Arma de Artillería, afiliado al Partido Autonomista Valenciano. Se había retirado como teniente de Artillería en 1931. En los primeros días de la guerra civil desempeñó el cargo de presidente del Comité de Defensa Local de Valencia, convirtiéndose, de hecho, en la única autoridad de la provincia. En 1936 se le habla encargado la tarea de militarizar una de las columnas anarquistas más recalcitrantes, la Columna de Hierro.

José Bermúdez Reina de Madariaga

 (1899-1936). Capitán del Arma de Infantería y aviador militar, destinado en el aeródromo de Sania Ramiel (Tetuán), que al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno legitimo de la nación, oponiéndose a que los militares sublevados ocupasen el citado aeródromo, donde resistió con las armas en la mano, junto con el comandante Ricardo de la Puente Baamonde y el capitán José Álvarez del Manzano, durante unas horas, siendo posteriormente hecho prisionero por los rebeldes. Juzgado por un consejo de guerra, fue condenado a muerte y ejecutado pocos días después.

Carlos Bernal García.

Era el segundo de la escala de coroneles de Ingenieros cuando fue ascendido a general de Brigada en 1935. Fue nombrado jefe del recién reorganizado Servicio militar de ferrocarriles y más tarde jefe de la Aviación militar. Cesó en marzo de 1936. Al estallar la guerra se le nombró subsecretario de la Guerra, pero dimitió el 8 de agosto de 1936, al ser nombrado ministro Hernández Saravia. Después de mandar una columna de Milicias fue enviado al frente de la nueva División administrativa de Albacete, donde se estaban formando las nuevas Brigadas mixtas y las internacionales. Permaneció en el puesto hasta el 21 de junio de 1937. Posteriormente fue nombrado director general de los Servicios de retaguardia y transporte y terminó la guerra como jefe de la base naval de Cartagena, donde fue reemplazado por Francisco Galán en marzo de 1939. Casado le nombró comandante militar de Madrid el 15 de marzo.


Como curiosidad le indicaré que mi tío Carlos Bernal, se casó algo mayor, tuvo una hija y enviudó al nacer dicha hija. Mi madre después de la Guerra escuchó, a su padres comentar que había fallecido en prisión, como Vds. indican, pero recientemente un coronel de artillería, retirado, Juan Antonio Gómez Vizcaíno que ha escrito e investigado mucho sobre él nos indicó que no falleció en prisión sino que al final fue excarcelado. ¡Ojala fuera así!

Mi madre mantuvo contacto con su hija Josefa Bernal hasta los años 60,  había marchado a Sevilla, fecha en la que perdió dicho contacto directo, solo sabiendo de ella por referencias. Creemos con casi toda certeza que no se casó ni tuvo hijos, por lo que los únicos parientes que le quedan son sus sobrinos entre los que me incluyo. En Julio de 1936 era presidente del Consejo de Ordenes Militares. No tengo fotos de él, de todos modos la única que conozco publicada en la prensa de la época, está reproducida en una Historia de la Guerra Civil publicada en Méjico en los años 60 y que tengo en casa

Información: José Flores Bernal.

Juan Bernal Segura

Teniente Coronel  de Infantería (Diplomado de Estado Mayor) , nacido en Cartagena en 1888 y fallecido en Cartagena en 1972. Era primo hermano del General de Ingenieros Carlos Bernal García (anterior reseña). En Julio de 1936 era Comandante, destinado en el Estado Mayor Central (Madrid). El 18 de Julio estaba disfrutando del permiso de verano en Los Urrutias (Cartagena), presentándose en la Comandancia Militar de Cartagena, saliendo días después al mando de una columna motorizada a Montoro (Córdoba), quedando posteriormente formando parte del Estado Mayor del General Miaja. El 6 de Agosto en relevo de dicho General, por orden del Gobierno quedando al mando de todas las fuerzas del sector de Córdoba, hasta el 18 de Septiembre. Marchó a Madrid donde tomó el mando de fuerzas al este del río Guadarrama. Posteriormente pasó a formar parte del Estado Mayor del Ejercito del Centro. A petición del General Miaja quedó formando parte del Estado de la Defensa de Madrid, hasta el 20 de noviembre, que a petición del General Pozas, volvió a formar parte del E. M. del Ejercito del Centro, del que fue Jefe hasta el 7 de enero, pasando al Estado Mayor del Ministerio en Valencia. A primeros de 1937 asciende por antigüedad a Teniente Coronel (con antigüedad octubre 1936). El 25 de Junio de 1937 actuó como Jefe de Estado Mayor de la Inspección de Fuerzas del Sur. A finales de junio de 1938 fue destinado a Valencia, para dirigir la construcción de las líneas defensivas de dicha capital. En Diciembre de 1938 le fue asignado el mando del XXIII Cuerpo de Ejercito hasta finales de marzo de 1939, cuando se rindieron la totalidad de sus fuerzas. Estuvo sujeto a procedimiento sumarísimo, tras finalizar la Guerra, siendo condenado por auxilio a la rebelión militar.

Información e imagen: José Flores Bernal.

Antonio Bertomeu Bisquert.

Comandante de Infantería, mandó el VII Cuerpo del Ejército de Extremadura hasta que fue trasladado a un centro de movilización en marzo de 1938.

José Bertomeu Bisquert.

Hermano del anterior, fue su jefe de EM. En 1936 no figuraba en la escala activa

Antonio Blanch

 (?-1937). Piloto de la Aeronáutica Naval, con categoría de maestro o sargento de academias, que al estallar la guerra civil se hallaba, al parecer destinado en la base aérea de Cádiz y que, no obstante su simpatía por la República, hubo de sumarse a la sublevación militar. En diciembre de 1936, yendo en un hidroavión —pilotado por el alférez de navío José Moreno Mateo-Sagasta— que había despegado de la base de la Mar Chica (Melilla) y que se proponía bombardear algunas posiciones gubernamentales, tras matar de un tiro después de un forcejeo al citado oficial, consiguió amerizar en el puerto de Málaga e incorporarse al bando republicano. Ascendido a teniente y como piloto de caza, pereció en el frente del Jarama, cuando al ser derribado el avión que pilotaba no consiguió que se abriese el paracaídas con el que se había lanzado.

 

Jaime Bosch Y Grassi

Al estallar el movimiento faccioso, Don Jaime Bosch Grassi era Teniente Coronel.  Inmediatamente, por su probada lealtad al régimen, fue ascendido a Coronel y puesto a la disposición de la Consejería de la Defensa de la Generalidad de Cataluña, donde prestó servicios inapreciables en los primeros días de la sublevación fascista, organizando la defensa de Barcelona en unión de otros prestigiosos militares afectos. Entre otros cargos, fue nombrado en 1938 Comandante militar de Gerona. Falleció en Toulouse, Francia, siendo Presidente Adjunto de la A.M.E.R.E. (Agrupación Militar de la República Española) 

Reseña e Imagen: Cortesía Francisco Javier Pacheco, Buenos Aires, Argentina.

José Brandaris de la Cuesta.

El protagonismo de este militar, que llegó al generalato, se desarrolla especialmente al principio y al final de la contienda. El 18 de julio estaba destinado en Mahón con el grado de teniente coronel de Artillería. Al día siguiente de la sublevación se haría cargo del Regimiento de Artillería de Costa, con lo cual pudo salvar la isla para la República. Desde los inicios de la guerra ocupó, pues, la Comandancia Militar en la base naval de Mahón, ostentando el cargo de delegado del Gobierno en Menorca hasta febrero del 39. El 14 de noviembre de 1936 ascendió a coronel. Su inteligente labor en los trabajos de fortificación y, sobre todo, en la organización y aprovisionamiento de las baterías de costa, así como en la construcción de refugios antiaéreos, le valieron el ascenso a general, a propuesta de Rojo, ascenso que se publicó por decreto de 11 de diciembre de 1938. Puede decirse que Brandaris estuvo prácticamente desconectado de los altos mandos civiles y militares de la República a lo largo del conflicto; sólo al iniciarse la batalla de Cataluña recibió la visita del coronel Rojo. Según Antonio Cordón, «me respondió [Rojo] que iba a pasar secretamente a Mahón, donde no había estado nunca una autoridad de la República y donde el ministro [se refiere a Negrín] creía que era conveniente tener a la gente alerta y con ánimo». Más de un historiador ha relacionado la visita de Rojo al general Brandaris con lo que no tardaría  en ser la rendición de Menorca, en la que medió el gobierno inglés. Cuando se produjo ésta, sin embargo, Brandaris había cedido el mando de la isla a Luis González Ubieta, hasta entonces jefe de la flota republicana. El 24 de enero de 1939 sustituyó al general Riquelme como comandante en jefe de la zona interior de Cataluña. Con unos días de anterioridad se le había designado para el mando de la comandancia militar de Barcelona. Desde aquel momento caía bajo su responsabilidad la defensa de Barcelona, que, según órdenes terminantes que no se cumplieron, tendría que ser extremada como lo fue la de Madrid. A pesar de la nada despreciable guarnición de la plaza (según Rojo, dos batallones de carabineros, uno de retaguardia, cinco grupos completos de Asalto, además de los de ametralladoras, blindados y defensa de costa [Ramón Salas añade a estas unidades las de acantonamiento en la ciudad, más las urbanas y las milicias], Brandaris no hizo nada para defenderla, probablemente porque ni siquiera llegó a tomar posesión del nuevo cargo. El general Antonio Cordón refiere en sus Memorias que, entre la confusión reinante en la retirada hacia Francia, el 25 de marzo se encontró en Figueras a Brandaris, quien le preguntó por qué había sido designado, precisamente él que había permanecido toda la guerra en Mahón, para la defensa de Barcelona, siendo así que ni conocía la ciudad ni los mandos, ni las fuerzas que la defendían. Cordón le nombró entonces comandante militar de Olot (Gerona). Queda en el haber de este eficiente general el ordenado repliegue que hizo de las tropas y su desalojo de la ciudad en los días que precedieron al 26 de febrero, en que fue tomada por las tropas de Yagüe. Pasó la frontera y se exilió en Francia.

En la imagen, Brandaris, en sus años de oficial.

Américo Brizuela Conde

Mayor de milicias que recibió el mando de la 7 Brigada Mixta, con la que, integrada en la 18 División del II Cuerpo, intervino en una de las pinzas de ataque del Ejército Popular en la batalla de Brunete. La brigada quedó muy tocada y fue retirada para su reorganización.

En la imagen, José María Bravo, es afeitado por un compañero a la vera de su legendario mosca.

José María Bravo.

Nacido el 8 de abril de 1917, el joven José María Bravo recibe una sólida formación en el ámbito de la Institución Libre de Enseñanza, dominando pronto el francés y el alemán, además de ser un consumado deportista. A primeros de 1936 preparaba el difícil ingreso en la Escuela de Caminos, habiendo cursado dos años de Ciencias Exactas. Al comienzo de la guerra ya había tenido un primer contacto con la aviación practicando el vuelo sin motor en el Aéreo Popular de Ocaña. A fines de 1936 decide presentarse a la convocatoria de pilotos de Los Alcázares y tras aprobar marcha a Rusia en la llamada Primera Promoción de Kirovabad, a finales de diciembre de 1936. Allí hace el curso de I-15 (Chato) e I-16 (Mosca). Regresando a España en junio de 1937. Comienza a volar en la 1ª Escuadrilla de Mosca, de pilotos rusos. En diciembre, y dadas sus extraordinarias dotes de combate y mando, es ya segundo jefe de escuadrilla, con Claudín como jefe. En ésta época los pilotos de los Mosca reglaban las ametralladoras de sus aviones para que convergiera el fuego a 400 metros, pero Bravo hacía que su armero las ajustara para colimar a 100 metros. El 31 de mayo de 1938 es ascendido a capitán, y al comienzo de de la Batalla del Ebro es ya Jefe de la 3ª Escuadrilla, siendo nombrado el 27 de agosto 2º Jefe del Grupo 21 de Caza (Moscas), con Zarauza como Jefe. Al mando de la Tercera Escuadrilla, la del Seis Doble, lo sustituye Tarazona. Esta escuadrilla se anota la mayor parte de los derribos de la campaña, correspondiendo diez a Bravo. Durante éstos días frenéticos se llegan a realizar más de cuatro servicios diarios. Tras la campaña de Cataluña, con casi todos los cazas republicanos perdidos marcha a Francia el día 6 de febrero de 1939, junto con los demás pilotos y mecánicos. Todo estaba perdido para la República. Allí quedan internados en el Campo de Concentración de Argelés. Durante la Guerra de España había volado 1.100 horas en todos los tipos de aviones de caza de las Fuerzas Aéreas. En 1.920 vuelos de los cuales 1.120 fueron servicios de guerra, la mayoría en los Mosca matriculados CM-193 y CM-249. Intervino en un total de 160 combates, derribando 23 aviones enemigos. Nunca tuvo que usar el paracaídas. Desde su regreso de la Unión Soviética en junio de 1937, había mantenido una actividad sin descanso. Estando a los 22 años recién cumplidos a punto de ser ascendido a Comandante. Tras un tiempo en el campo de internamiento francés, marcha en cuanto tiene oportunidad a la Unión Soviética, donde comienza a estudiar ingeniería. Al declararse la guerra con la Alemania nazi se incorpora al Ejército Rojo como guerrillero en una unidad de ingenieros minadores que actúa en arriesgadas misiones tras las líneas alemanas. Un encuentro con un General soviético que había combatido en España propicia que los, aproximadamente, 50 pilotos españoles que se hallaban desperdigados en diferentes unidades pasaran a la Aviación de la Defensa Antiaérea, la P.V.O. Bravo es el encargado de hacer la lista de todos ellos. Es destinado a la vital zona petrolífera de Bakú, donde es Jefe de Escuadrilla, junto con el también Capitán, Zarauza, quien muere al poco tiempo en un desgraciado accidente. Vuela con los últimos tipos de I-16. Con el Spitfire, Kittyhawk, Hurricane y el Aircobra. Cuando en 1948 los pilotos españoles son repentinamente desmovilizados es ya Teniente Coronel, estando realizando el curso de Estado Mayor. En todo éste tiempo ha añadido 630 horas de vuelo durante la Segunda Guerra Mundial. Tras su baja en la Aviación Soviética trabaja en la Escuela Pedagógica de Idiomas de Moscú, llegando a Vicedecano. En 1960, tras arduas gestiones, consigue la autorización para regresar a España, donde se reúne con su familia. Por su actuación en la Guerra de España, su carácter decidido, sus dotes de mando y experiencia es considerado por los Aviadores de la República como uno de los más carismáticos y respetados pilotos de caza.

Fuente: Ángel Sánchez. de http://members.es.tripod.de/SANMARCA/pilotos.htm 

Nota.- José María Bravo falleció en enero de 2010

Valentín Bravo Criado

Este funcionario del Ministerio de Trabajo se había alistado voluntario en las Milicias Populares a comienzo de la guerra. Ascendió a Mayor de milicias y sirvió en la reconstruida 7 Brigada Mixta (quedó deshecha en Brunete), de la que tomó el mando en diciembre de 1937. La 7 Brigada se adscribió a la 69 división del I Cuerpo de Ejército en junio de 1938. Con la de Casado, Bravo fue destituido y probablemente detenido por los casadistas. El caso es que los franquistas sólo le condenaron a 12 años y un día por haber participado en la sanjurjada de 1932 siendo sargento de Caballería, saliendo en libertad en octubre de 1943. Se le consideraba en la órbita del PCE.

Américo Brizuela Conde

Mayor de milicias, que mandó la 7 Brigada Mixta con la que participo en la batalla de Brunete en el II Cuerpo. La brigada quedó muy quebrantada y fue disuelta en la 30 Brigada Mixta Bis, que tras recibir refuerzos de otras brigadas recuperó el numeral 7. Brizuela fue sustituido por el mayor de milicias Arturo Caballero Ledesma.

 

Francisco Brotons Gómez

Coronel de la Guardia Civil, jefe del III Tercio con destino en Barcelona. Se mantuvo a las órdenes del Gobierno, así como las fuerzas a su mando, adoptando el día 19 de julio las medidas necesarias para reprimir la sublevación militar. No obstante hay un oficio de la Guardia Nacional Republicana (Ex-Guardia Civil) del 31 de marzo de 1937 en el que se pide la baja definitiva del cuerpo de este coronel por desafección a la República.  Esto probablemente era cierto a medias. Brotons se mantuvo leal, lo que le costó la vida cuando fue preso de los franquistas en 1939, pero tampoco estaba para tirar cohetes de alegría en la Barcelona de 1937. El caso es que las medias tintas eran perjudiciales para la salud, pues una de las dos Españas iba a helarte el corazón. Como es el caso.

Mariano Bueno Ferrer

Mariano Bueno Ferrer, nacido en 1886, era miembro del Cuerpo de Infantería, desde donde pasó al de Carabineros, retirándose con motivo de la Ley Azaña de 1931. Encarcelado brevemente en Jaca por los militares sublevados al producirse el levantamiento en julio de 1936, huyó a la zona republicana de Huesca formando allí una pequeña columna de milicianos, conformada al principio por voluntarios aragoneses y catalanes. Unidad cuyo mando conservó cuando aquella se transformó sucesivamente en el “Batallón Alto Aragón”, “Primera Brigada Aragonesa”, “Agrupación Pirenaica”, y finalmente en mayo de 1937, a la formación del Ejército Popular de la República, en la 130ª Brigada Mixta (BM). Junto a él estaban Julián Borderas Pallaruelo, “el Sastre”, antiguo conspirador de la sublevación de Jaca de 1930, como comisario político, y José María Benet y Capará, antiguo jefe de las Milicias Pirenaicas, como jefe de Estado Mayor. Ascendido a fines de 1937 al grado de teniente coronel, y formado parte su unidad de la 43ª División, fue substituido en el mando de la 130ª BM por Leopoldo Ramírez Jiménez, pasando a Zona Centro donde en 1939 se le concedió la Medalla del Valor con motivo de su participación en la defensa de Madrid. Concluida la guerra civil en 1939, pasó exiliado a Méjico donde falleció.

Emilio Bueno Núñez de Prado

Comandante de Infantería retirado, republicano conservador. Había servido en Marruecos, de cuyas experiencias saldría varios ensayos, "Marruecos" que publicó en 1926 e "Historia de la acción de España en Marruecos. Desde 1904 a1927". Era Bueno un africanista convencido, camarada y amigo de muchos de los militares que se alzaron contra la República, concretamente, había servido a las órdenes de Franco en la Legión. Y también tuvo mando en los regulares y en la Mehal-la. Aprovechando las ventajosas condiciones de la Ley Azaña para el retiro, se acogió a la ley citada quedando como comandante retirado. Su historial era magnífico en condecoraciones y sufrimientos por la patria, con varias heridas en combate. En la vida civil se dedicó a los seguros con bastante éxito. Su socio era el también comandante retirado Carlos Lázaro, y ambos estaban al corriente de la conspiración de Mola. Tras la decepción sufrida en Madrid el 19 y 20 de julio, Bueno trató de pasar desapercibido. Pero viendo los peligros que se corrían entre los militares desafectos al incumplir la orden de presentarse al servicio, decidió incorporarse. Como era un excelente profesional se distinguió rápidamente en la defensa de Madrid, lo que marcó definitivamente su destino como militar al servicio de la República. Bueno sirvió en el frente de Madrid toda la guerra y mandó primero el sector de Vallecas, después, la 41 Brigada, la 4 División y, en 1938 y 1939, el II Cuerpo del Ejército del Centro. A primeros de marzo de 1939 fue ascendido a coronel por Negrín. Aunque prometió apoyar a Casado, éste no confiaba en él y le sustituyó por otro oficial de su confianza. Los franquistas le procesaron condenándole a muerte. Posteriormente se le conmutó a 30 años, y Franco le concedió la libertad condicional en 1943. En 1946 fue indultado, pero no recuperó el retiro. Bueno es el ejemplo de militar profesional donde prima su lealtad al gobierno de la nación que su adscripción ideológica, como podía ser el caso de Vicente Rojo. Los propios franquistas se lo reconocieron en cierto modo.

Lucio Bueno Sánchez

Al inicio de la guerra era cabo de la Guardia de Asalto. Mandó pequeñas unidades y recibió en diciembre de 1938 el mando de la 53 Brigada Mixta como mayor de milicias en sustitución de López Tovar. Hay versiones que aseguran que Lucio Bueno era únicamente Jefe de Estado Mayor en la 53 Brigada Mixta. En cualquier caso, la 53 Brigada Mixta reaccionó con presteza al golpe de Casado, enviando al menos un batallón a la Dehesa de la Villa. Terminada la batalla, Lucio Bueno fue condenado por los franquistas a 20 años y un día, saliendo en libertad en enero de 1944.

Miguel Buiza Fernández-Palacios

(1898-1963). Capitán de navío, de aristocrática familia sevillana, que durante la guerra civil se alineo en el bando republicano. El 20 de, julio de 1936 se encargó del mando del crucero Libertad, y poco tiempo después dirigió la agrupación naval republicana que desembarcó en Mallorca. En septiembre de dicho año fue nombrado almirante jefe de la flota, a partir de cuyo momento siguió una accidentada carrera militar: sustituido por González Ubieta en el mando supremo de la Marina gubernamental, pasó a ocupar, primero, cargos secundarios y después, los de jefe del Estado Mayor de la Escuadra, jefe de la Junta de Recompensas y jefe de la Sección de Personal, hasta que, en febrero de 1939, volvió a ser designado jefe de la Flota. Partidario acérrimo de poner fin a la guerra, en los últimos días de la contienda planteó a Negrín, en nombre propio y en el de la oficialidad y tripulaciones a su mando, la necesidad de firmar un acuerdo de paz con los nacionalistas, pues, en caso contrario, los buques se harían a la mar y abandonarían las aguas jurisdiccionales, como así sucedió, huyendo todos, buques y almirante, a Bizerta (Túnez), donde quedaron internados. Terminado la contienda, ingresó en la Legión Francesa, en la que alcanzó el grado de comandante. En 1947 se ofreció a las organizaciones de resistencia israelíes y aceptó el mando de un buque mercante para transportar judíos a Israel. Capturado por los ingleses en Palestina, fue internado en un campo de concentración próximo a Haifa. Al recuperar la libertad se estableció en Orán y, más tarde, en Marsella, donde falleció.

Imagen: Victoria F.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Al producirse el levantamiento, este capitán de navío era comandante del crucero Libertad. A su mando intervino en algunas operaciones poco afortunadas en el estrecho de Gibraltar. En efecto, ni él ni los demás comandantes de las distintas unidades navales pudieron impedir el paso del convoy (5 de agosto de 1936), perdiéndose de hecho el control sobre el estrecho. A principios de septiembre es ascendido a almirante, a título provisional, ya que en la Marina no se ascendió a nadie; los ascensos tenían carácter transitorio, perdiéndose una vez que se producía el cese en el puesto designado. El 20 de este mismo mes sale al mando de la flota, cuya base de operaciones estaba en Málaga, hacia el Norte con el acorazado Jaime I, los cruceros Cervantes y Libertad, al mando éste del propio Buíza, y los destructores José Luis Díez, Almirante Valdés, Almirante Miranda, Lepanto y Escaño. En esta misión de vigilancia permaneció Buiza en el golfo de Vizcaya hasta el 10 de octubre, en que volvió con la flota, En la reorganización de la escuadra del 26 de diciembre, González Ubieta, que luego sería almirante, es nombrado jefe del Estado Mayor de la Marina; el socialista Bruno Alonso ostentaba el cargo de comisario. Buiza seguirá en su puesto de almirante hasta finales de 1937, exactamente el día 28 de diciembre, en que es sustituido por el citado González Ubieta. Pasa en esta fecha a ocupar el puesto de jefe de la Defensa Móvil de Costa, cargo que alterna con otro no menos burocrático, y que es el de Inspector de Bases Secundarias. Recordemos que desde agosto de 1936 venía actuando como asesor de la flota el almirante soviético Kutnetsof, cuya influencia en favor de los comunistas se hizo sentir mucho a lo largo de la contienda. A bordo del Libertad interviene en el cañoneo a Motril, el 15 de abril de 1937. Le acompañaban el Méndez Núñez y el Jaime I, que embarrancó cerca de Almería sin que Buiza, según se dice, se preocupara demasiado por la suerte de sus tripulantes. Después de desempeñar el cargo de jefe de Estado Mayor de la Marina ocupó otros de diverso carácter, como la jefatura de la Sección de Personal, hasta que en octubre de 1938 se le asignó de nuevo el mando de la flota. A partir de estos momentos los acontecimientos se precipitan. Cuando Negrín reúne en el aeródromo de Los Llanos (Albacete) a los altos mandos militares, Buiza expuso su opinión en el sentido de que la flota estaba dispuesta a abandonar las aguas jurisdiccionales españolas si no se hacía la paz cuanto antes. Añadió que le había visitado «una comisión de las tripulaciones y me ha hecho presente que, convencidos de la pérdida de la guerra, no están dispuestos a seguir padeciendo los intensos bombardeos que a diario efectúa la aviación enemiga, impotentes para evitarlos por carecer de defensa antiaérea». Replicó a las palabras de Negrín en cuanto a que tendría que haberlos fusilado, por abandono del cumplimiento del deber, que estaba de acuerdo con el presidente del Gobierno, pero que no lo hizo porque creía que tenían razón. Insistió en que su opinión era que procedía negociar la paz con urgencia. Buiza presidió el 2 de marzo una reunión de mando a bordo del Cervantes, buque insignia. En ella se acordó que, de no pactarse el final de la guerra, la flota abandonaría Cartagena y buscaría refugio en un puerto neutral. Enterado Negrín de esta reunión, y viendo que Buiza seguía manteniendo su postura de Los Llanos, al día siguiente nombraba a Francisco Galán, jefe de la base de Cartagena, al mismo tiempo que se desplazaba desde Valencia la brigada 206 hacia Cartagena. Luego se produjo la sublevación de la ciudad, uno de los episodios más confusos de la guerra civil. Todavía el 4 de marzo, La Armada, semanario de la flota, inserta una proclama en la que el comisario Bruno Alonso afirma que el Gobierno realiza gestiones para lograr una paz «lo más justa para todos». Al parecer, el mismo día recibe Buiza una nota cifrada del general Matallana en la que le hace saber que la flota puede obrar «con arreglo a su criterio», relevándose del compromiso de oponerse al gobierno Negrín. Quizá es lo que esperaba el jefe de la flota para desentenderse de la Junta Nacional de Defensa, si es que en efecto llegó a existir un entendimiento con ella, como afirma Casado en su libro. Mientras en Cartagena se hace la situación cada vez más confusa —la sublevación de los jóvenes falangistas cartageneros encuadrados en la quinta columna—, y tras varios intentos para mantener la unidad entre la base y la flota, Buiza, que oye en la radio que la ciudad está en poder de los franquistas, ordena a la flota que ponga rumbo a Argel. En alta mar, recibe un comunicado de las autoridades francesas para que arrumbe a Bizerta. Empezaba el largo exilio de uno de los marinos más importantes de la flota republicana.

Ricardo Burguete Lana

(1871-1937). Teniente general que participó en las campañas de África, Cuba y Filipinas; obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando en 1894. En 1917 le fue encargado el mando de las fuerzas militares que reprimieron la huelga de Asturias, represión calificada de excesivamente dura por la mayoría de los historiadores. Alto comisario de España en Marruecos v director general de la Guardia Civil. En marzo de 1931, siendo presidente del Consejo Supremo del Ejército y Marina, intervino en el consejo de guerra que juzgó a los prohombres republicanos que, pocos días después, constituyeron el «Gobierno provisional» de la República. En 1932 solicitó el ingreso en la Agrupación Socialista Madrileña, solicitud que le fue denegada por su comportamiento en la represión de 1917. Al estallar la guerra civil se puso de parte de la República, aunque sin desempeñar cargo militar alguno por hallarse ya en la reserva, si bien se le confirió un alto cargo representativo en la Cruz Roja Española. Días antes de su muerte que tuvo lugar en Valencia— escribió una carta abierta, que se publicó en la prensa diaria, dirigida al general Queipo de Llano, en la que, entre otras cosas, le decía:

«... Cobarde, perjuro y dos veces traidor... miserable... Sólo tú, miserable bufón, cobarde y borracho, has sido capaz de fusilar también en estos días a mi tercer hijo... Bien cuadra tu misión de gallina mojada en alcohol en tu corazón de verdugo y tu dura cabeza de buey con ejercicio y servidumbre... Tú, miserable, cobarde, abofeteado en un café de Madrid por uno de los hijos del general Primo de Rivera, al oírte hablar mal del muerto a quien temiste tanto en vida, quedándote con las bofetadas y gritando que pegaban a un sexagenario, que no se podía batir... eres un animal sano de cuerpo, aun cuando corrompido de espíritu, pero de espíritu bovino, a quien, como definitiva rúbrica de cuanto escribo, escupo en la hedionda boca por donde aspira tu cobardía servil y tu corazón de cobarde, y no maldigo en cien generaciones porque bastante deshonra les legas con tu apellido mancillado en el mundo entero y tu historia intrépida de cobarde y vengativo asesino, cuyas manos ensangrentadas ni en ti ni en los tuyos se verán nunca limpias...»

 Ricardo Burillo Stholle

(1891-1940). Comandante del Arma de Infantería, destinado en la Guardia de Asalto, que por hallarse prestando servicio el día 12 de julio de 1936 en el cuartel de Pontejos de Madrid, se le ha venido considerando como implicado en el asesinato del líder monárquico José Calvo Sotelo, aunque, en opinión de lan Gibson, experto en el tema, tal acusación carece de base y es totalmente infundada. En los primeros días de la guerra civil tuvo una destacada actuación en las filas republicanas, tomando parte en el asalto al cuartel de la Montaña, en las operaciones del frente de Somosierra y en el asedio del Alcázar de Toledo. Mas tarde, siendo ya coronel, mandó el III Cuerpo de Ejército, y tras una serie continuada de fracasos fue sometido a un proceso, del cual salió absuelto aunque quedando relegado al desempeño de cargos burocráticos. En mayo de 1937, siendo jefe de los Servicios de Seguridad de Barcelona, actuó implacablemente contra los miembros del POUM. «Aristócrata izquierdista, puritano, anticlerical y romántico —así lo describe Hugh Thomas—. A pesar de ello, en los últimos días de la guerra se declaró partidario de negociar la paz con Franco y poniéndose a disposición del Consejo Nacional de Defensa, en nombre del cual y como encargado de mantener el orden público en Valencia y Alicante, desencadenó una implacable persecución contra los comunistas, con cárcel y hasta fusilamientos según testigos. A los partidarios de Casado les buscó evacuación, aunque él no quiso o no pudo huir. A la llegada de los franquistas entregó a los comunistas presos, entre los que se encontraban todos los dirigentes y militares comunistas detenidos por Casado Y Mera en Madrid y que habían sido llevados a Valencia. Pero no le sirvió de nada. Hecho prisionero por los nacionalistas, fue juzgado por un Consejo de Guerra, condenado a tres penas de muerte y ejecutado.


Reseña de Cristobal Zaragoza:

La mayoría de los historiadores coinciden en que el comandante de las fuerzas de Asalto Burillo fue el máximo responsable del asesinato de Calvo Sotelo. Ramón Salas lo define como un «viejo puritano y anacrónico de distinguida familia aristocrática»; dice de él que «hasta en lo físico era una vieja y fiel estampa de un muerto. En marzo de 1936 cumplía su destino en Granada, con el grado de comandante, pero su exaltación política fue causa de que el Gobierno le destituyera. Republicano, anticlerical y masón, se afilió en Madrid al Partido Comunista al inicio de la guerra. El 20 de julio tomó parte activa en el asalto del Cuartel de la Montaña. A fines del mismo mes se incorporó a los combates de la Sierra ascendiendo muy pronto a teniente coronel. El 4 de septiembre está al mando de una columna en Maqueda, que opera en el Tajo. De allí pasa a hacerse cargo de la defensa de Toledo, que como es sabido cayó en poder de las unidades de Varela el 27 de septiembre. A consecuencia de este fracaso es expedientado, pero Burillo todavía cuenta con el apoyo del influyente Partido Comunista. Durante los meses de noviembre y diciembre manda la IX división; es, además, inspector general del Cuerpo de Seguridad. Con la IX opera en varios sectores de la línea Tajo-Jarama. Fracasa de nuevo, y es destituido y sancionado, aunque los comunistas lo presentan como héroe. En septiembre del 37 lo encontramos al frente del III Cuerpo de ejército, ascendido a coronel. Después de los sucesos de mayo en Barcelona y con motivo de la reestructuración del Cuerpo de Seguridad, Burillo pasó a desempeñar el cargo de jefe superior de Policía de la Ciudad Condal en unos momentos muy delicados (junio de 1937). Otro comunista (1), el general Sebastián Pozas Perea, se hizo cargo de la jefatura del recién creado Ejército del Este. Burillo, probablemente a causa de su excesivo celo en la represión que se llevó a cabo contra los anarquistas, fue destituido. Tras un paréntesis de unos meses, pasa a mandar el XXII Cuerpo de ejército. Asciende a general. El 24 de noviembre es nombrado general en jefe del Ejército de Extremadura en sustitución de Joaquín Pérez Salas. Las unidades al mando de Burillo sufren tal descalabro en este frente que el presidente del Gobierno envía allí al general Asensio a fin de que aclare la situación. Julián Zugazagoitia dice al respecto lo siguiente: «Cuando despido a Asensio llega un informe del comisario inspector del Ejército de Extremadura, diputado a Cortes por Granada, Nicolás Giménez Molina, en el que se hacen acusaciones terminantes contra Burillo, presentándole como el responsable de cuanto ha sucedido. En el informe se sostiene que Burillo vivía divorciado de su Estado Mayor, con el que, por un pique de amor propio, se negaba a tener relación. No conocía el frente, del que sólo tenía noticias de segunda mano. Al producirse la ofensiva enemiga desdeñó cuantas indicaciones se le hicieron sobre el valor estratégico de las posiciones perdidas, principal causa de que una parte de nuestros efectivos, así militares como civiles y ganaderos, resultaran copados. Consumado el desastre, Burillo perdió la cabeza y, sin contar con el Estado,Mayor, produjo una serie sucesiva de órdenes y contraórdenes que resultaron disparatadas por el desconocimiento del terreno; cambió mandos, metió en línea unidades desorganizadas y, en suma, procedió a la desesperada.» Más adelante añade: «El informe del comisario inspector, que había de ser ampliado con detalles más condenatorios, destruían la reputación que los periódicos comunistas habían hecho a Burillo, presentándolo como el vencedor del Jarama." Esas lisonjas de la propaganda modificaron sensiblemente el carácter del interesado, que acabó encontrando estrechos todos los trajes. La derrota le enajenó los panegiristas de la víspera, convirtiéndolos en acusadores implacables. Sus camaradas le volvieron la espalda.» El estado de ánimo de Burillo es reflejado por Zugazagoitia con la agudeza que le caracteriza: «Éste cayó [Burillo], después de la iracundia de los primeros momentos, en que rompió con su partido, en una postración y un anonimato definitivos. Su rebeldía a las instrucciones que le dio Jesús Hernández, a quien el presidente otorgó categoría de comisario, le llevó a ser hombre al agua. Corrió el rumor de que se había suicidado. Se desmintió, pero sin que volviéramos a oír hablar de él.» Tras esta desastrosa actuación de Burillo, tuvo que ser Pérez Salas, para quien Zugazagoitia tiene palabras de elogio, quien resolviera la situación gracias a su arrojo, con lo cual se consiguió recuperar las minas de mercurio de Almadén. Como era de esperar, Miaja le destituye. Vuelve a ser expedientado y procesado, por cierto que el tribunal militar que le juzgó estaba presidido por el general Asensio Torrado, recién salido de prisiones por un delito bastante parecido al de Burillo. A partir de este momento, la estrella del flamante general se apaga. Todavía le vemos ocupar a última hora el cargo de jefe de Seguridad y Orden Público de la región valenciana, pero en esta ocasión se manifiesta rabiosamente anticomunista y partidario del Consejo de Defensa casadista, hasta el punto de que fue él quien ocupó Valencia a fin de asegurar la toma de posesión de las nuevas autoridades. A su celo se debió también la detención de Uribes, secretario del PC en dicha ciudad. De Valencia se trasladó en seguida a Alicante, sin perder ni un solo momento la comunicación con Casado. Parece ser que allí ocupó el cargo de delegado del Consejo Nacional de Defensa, y su actuación fue honesta al intentar por todos los medios la evacuación de la capital levantina desde el comité que forman Rodríguez Vera, Carlos Rubeira y él. Parece ser que se negó a entregar el mando de la Comandancia Militar a Etelvino Vega, antiguo compañero del PC. Según otros historiadores; efectuó la transferencia del mando, pero se negó al acatamiento a Vega y sublevó las fuerzas de Seguridad en favor de Casado. Antonio Cordón tiene palabras muy duras para él al decir que había llegado hasta el asesinato y la entrega a Franco de combatientes y jefes militares profesionales y populares comunistas». Se negó a abandonar la ciudad, o no pudo salir de ella, y los vencedores lo fusilaron tras aplicarle tres sentencias de muerte.

(1) Nota: Hay que perdonar a Cristóbal Zaragoza, que ve militares comunistas por todas partes. Burillo y Pozas eran comunistas de carné, nada tenían de comunistas, salvo la pretensión de que el PCE les diera cobertura, a su seguridad, a su carrera, o quizá y ésta es la más plausible, a que veían en el PCE, a gente con ganas de hacer las cosas bien. Además, llegada la hora de la verdad, en el golpe casadista, Burillo se mostró implacable con los comunistas.

Juan Buxeda García.

Era delineante-topógrafo y tenía 35 años cuando se incorporó voluntario a las Milicias Populares. En el Ejército Popular sirvió con el grado de mayor en la 112 Brigada Mixta y era conocida su militancia política en el PSOE. La 112 brigada pasó a la 8 división de Ascanio en el II Cuerpo en julio de 1938. En noviembre fue nombrado Buxadas comandante de la brigada. En marzo de 1939 la brigada bajó a Madrid y asaltó el Ministerio de la guerra. Casado destituyó a Buxeda tras los combates. Los franquistas le condenaron a 20 años pero salió con la condicional en mayo de 1944.

Francisco Buzón Llanes.

Este oficial de la Guardia Civil estaba destinado en Asturias. A la llegada de la guerra era comandante y era Jefe de la oficina de Información y Enlace de la DGS. En noviembre de 1936 fue destinado a petición propia al Ejército del Norte donde mandó la 7 división del Cuerpo de Asturias (posteriormente división  56). Al final de la campaña redactó un importante informe para el Gobierno sobre la situación de la zona.

Hemos encontrado en Internet:  «Se trata de un informe redactado en noviembre de 1937 por el entonces teniente coronel Francisco Buzón Llanes. Al mismo hace referencia Manuel Azaña en nota de fecha 21 de noviembre de 1937 (Memorias políticas y de guerra) (...) Buzón era, como Hernández Saravia, Julio Parra, Riaño, Vidal o los hermanos Menéndez, del grupo de militares de confianza de Azaña, desde la época en que fue ministro de la Guerra. Republicano sin fisuras y de probada lealtad. Durante el Bienio Negro estuvo destinado como comandante de la Guardia Civil en el gabinete telegráfico del Ministerio de la Gobernación y gracias a esta coincidencia pudo Manuel Azaña salvar su vida en varias ocasiones, por conocer a tiempo los planes de los pistoleros a sueldo de Juan March o del propio gobierno cedista.»

Arturo Caballero Ledesma

Mayor de milicias que tomó el mando de la reconstituida 7 brigada Mixta tras la batalla de Brunete. En diciembre de 1937 cedió el mando al mayor de milicias Valentín Bravo Criado.

Carlos Caballero Méndez.

Coronel de caballería que fue juez instructor en el tribunal que condenó a Goded y los suyos. Fusilado por los franquistas.

 

 

Fuente: Santos Juliá y otros.

Juan Caballero López

(1879-1936) Coronel del Arma de Infantería que se hallaba destinado en Marruecos al mando del grupo de Fuerzas Regulares indígenas nº 3. Por enfermedad se encontraba en Sevilla cuando Queipo sublevó la División Orgánica. El coronel Juan Caballero se negó a secundar la insurrección, por lo que el sanguinario Queipo ordenó su fusilamiento.

Jorge Cabanyes Mata

Coronel jefe del Regimiento Ligero de Artillería 6 y Comandante Militar de la provincia de Murcia. Se mantuvo fiel al Gobierno, negándose a declarar el estado de guerra. En 1938 mandaba el C.R.E.A. nº 3 del GERO.

Francisco del Cacho Villarroig

Comandante de Infantería que al comenzar la guerra era capitán en situación de disponible en Valencia. Fue nombrado a finales de 1936 jefe de Estado Mayor en la 1ª Brigada Mixta. Luego mandó la 31 Brigada Mixta, que tuvo una actuación poco lucida en la ofensiva de la Granja, lo que le costó el cese a Cacho. Meses después mandó la 1 Brigada Mixta tras la muerte en combate del mayor cubano Alberto Sánchez, concretamente desde finales de julio de 1937 a finales de agosto de 1937. Después de Belchite, donde la 1 Brigada Mixta recibió algunas críticas, Cacho que no hacía fortuna en ninguna brigada, fue destinado al mando de la 217 brigada que había sido creada en Daimiel a finales de agosto de 1937 con reemplazos de 1930, 1937 y 1938. En noviembre de 1937, Cacho fue cesado de nuevo.

Policarpo Candón Guillén

Voluntario del Quinto regimiento que fue destinado a la brigada del Campesino, entonces, la 1 Brigada Móvil, posteriormente la 10 Brigada Mixta, y que mandaba unos de sus batallones. Tras la marcha de Valentín González a la 46 división, Candón tomó el mando de la 10 Brigada.

Raimundo Calvo Moreno

Se trataba de un funcionario del Ministerio de Trabajo que tenía 23 años y estaba recién casado. Era miembro reciente, como todos, de las JSU, y se alistó voluntario en las Milicias Populares, en las que ascendió a mayor de milicias. Mandó el batallón Alpino en la sierra y posteriormente batallones en la 29 Brigada Mixta, hasta que a mediados de 1937 tras la ofensiva de Segovia, fue nombrado comandante de la 29 brigada. En noviembre de 1938 recibió el mando de la 1 División del I Cuerpo del Ejército del Centro. Pertenecía al PCE y por eso fue destituido y apresado por Casado al final de la guerra. Formaba parte de los 15 comunistas del "Expediente de la Junta de casado". Los franquistas lo condenaron a muerte y fue fusilado junto con otros 13 mandos comunistas el 3 de julio de 1941.

Antonio Camacho Benítez.

(1892-1974). Teniente coronel del Cuerpo de Intendencia y piloto aviador Jefe de la Escuadra 1 de guarnición en Getafe  —Medalla Militar Individual en la campaña de África— que tuvo una destacada actuación en los primeros días de la guerra civil, gracias a la cual el aeródromo militar de Getafe (Madrid) no cayó en manos de los militares sublevados. Subsecretario del Aire siendo Indalecio Prieto ministro de Marina v Aire, y jefe de las fuerzas aéreas de la Zona Centro-Sur, se declaró partidario, en los últimos días de la contienda, de negociar una paz con Franco, por lo que se puso a las órdenes de Segismundo Casado y del Consejo Nacional de Defensa, participando en la lucha habida aquellos días contra las fuerzas leales al gobierno —a pesar de haber tenido cargo en él—. Rotas las negociaciones de paz con los nacionalistas y perdida toda esperanza de la más mínima concesión de Franco, huyó de España embarcando en Gandía en el famoso buque inglés Galatea y con él los principales miembros del Consejo de Defensa, exiliándose a Londres y, después, a México, donde falleció.


Reseña de Cristóbal Zaragoza

La actuación de Camacho en los momentos iniciales del levantamiento en Madrid fue decisiva para el triunfo de la causa republicanas ya que gracias a él el Gobierno conservó el aeródromo de Getafe. Procedía del Cuerpo de Intendencia, del que como muchos oficiales de su promoción hicieron desde diversas armas, pasó al de Aviación. Historiadores hay que afirman ciertas veleidades monárquicas de Camacho —Ricardo de la Cierva asegura que fue gentilhombre de cámara de Alfonso XIII—, pero lo cierto es que, si no contribuyó con estridencias a la proclamación de la República, fue un republicano que supo mantenerse fiel a sus ideas hasta el último momento, en que se de-cantó en favor de la Junta Nacional de Defensa y luchó contra los comunistas a pesar de militar en su mismo partido sin ningún tipo de entusiasmo. Hizo la campaña de Marruecos muy joven aún y por su actuación en ella fue condecorado con la Medalla Militar. El 18 de julio lo encontramos al mando del aeródromo de Getafe con el grado de teniente coronel. Con parte de los soldados a pie, y en unión del capitán Manuel Gascón (1), consiguió acallar y apoderarse de las baterías que batían el aeródromo. Los aparatos de dicha base contribuyeron por su parte a que el cielo madrileño siguiese en poder de la República. A lo largo del conflicto ocupó diversos cargos, todos ellos de importancia. Siendo Prieto ministro de Defensa lo nombró subsecretario de Marina y Aire, quizá por poder contar con alguna persona de confianza, ya que recelaba de Hidalgo de Cisneros, buen amigo suyo en el terreno particular, pero que en el político le defraudó al ingresar en el Partido Comunista, de cuyos militantes hacía poco menos que héroes. Camacho, por el contrario, si en algo se excedió fue en el cumplimiento de su deber. Terminando el conflicto ostentaba la jefatura de las Fuerzas Aéreas de la zona Centro-Sur. Con los más altos jefes militares de los diversos ejércitos, y con el almirante Buiza y el general Bernal, jefe de la base naval de Cartagena, asiste, pues, a la reunión de Los Llanos. Allí informó a Negrín sobre la situación del arma de Aviación en aquellos momentos (cinco escuadrillas muy gastadas y unos aparatos de caza, según Casado), opinando finalmente que debía hacerse la paz. Su actitud fue, pues, digna, y a Negrín y a Hidalgo de Cisneros no les debió de extrañar que cuando Casado recabó la ayuda de Camacho éste se pusiera a las órdenes del Consejo Nacional de Defensa tratando de evitar un inútil derramamiento de sangre. Los pocos aparatos a sus órdenes lucharon, en efecto, contra los leales con el resultado de todos sabido. Más tarde, rotas las negociaciones con Franco, Camacho se embarcó con la mayor parte del Consejo en el Galatea, que zarpó de Gandía a últimos de marzo. Se exilió en Londres, de donde más tarde pasaría a México. Aunque al parecer había decidido volver a residir en España, donde hizo algún viaje, murió en su destierro mexicano en 1974.

(1) El capitán Gascón, coronel al final de la guerra, decidió permanecer en la base de Albacete, a su mando, donde fue fusilado sin proceso por rebelión militar al llegar los nacionalistas.

Miguel Campins Aura.

(1880-1936). Militar del Arma de Infantería, diplomado en la Escuela Superior de Guerra, que intervino en la campaña de Marruecos y que, siendo coronel, desempeñó la Jefatura de Estudios de la Academia General Militar (Zaragoza) cuando el general Franco era director de dicho centro docente. El 18 de julio de 1936 era comandante militar de Granada y jefe de la 3." Brigada de Infantería, y aunque, al parecer, estaba comprometido en el alzamiento —si bien hay autores que sostienen lo contrario—, aseguró al gobernador civil de la provincia y a algunos dirigentes del Frente Popular que las fuerzas a sus ordenes permanecerían fieles al Gobierno, accediendo, incluso, a que llegado el caso, siempre y cuando recibiera órdenes en tal sentido por el conducto reglamentario, entregaría las armas que se hallaban bajo su custodia a las milicias de los partidos izquierdistas y de las organizaciones sindicales. Al día siguiente, tras hablar por teléfono con el ministro de la Guerra, general Luis Castelló Pantoja, se presentó en los cuarteles de Artillería, y dirigiéndose a los oficiales allí reunidos, les recomendó que depusieran su actitud levantisca y permaneciesen leales a la legalidad republicana: «El movimiento militar ha fracasado totalmente —les dijo—. Yo espero de ustedes que se dejen de fantasías y que guarden absoluta fidelidad al Gobierno de la República.» Sin embargo, conminado por su ayudante, el comandante de Infantería Francisco Rosaleny Burguet, que obedecía órdenes del general Queipo de Llano, «en vista del estado de desorden imperante en todo el territorio de la nación desde hace tres días, ausencia de acción del Gobierno central y con el fin de salvar a España y a la República del caos existente», se avino a firmar el bando declarando el estado de guerra en el territorio de su jurisdicción. El 21 de julio, obligado quizá por las circunstancias, pretendió explicar el porqué de su actitud en unas declaraciones un tanto pueriles que hizo al diario granadino El Ideal: «He querido en todo momento mantenerme dentro de la legalidad; pero, ante el abandono manifiesto en que nos tenía el Poder central, la falta de atención por parte del gobernador civil, con el que yo en todo momento he querido mantener contacto, ha dado lugar a que yo ordene que en la provincia de Granada sea declarado el estado de guerra. Por otra parte, los elementos extremistas de nuestra capital se habían dedicado, a pesar de la actitud caballeresca del Ejército, a incitar a los soldados, arrojando hojas en las que se excitaba a la rebelión contra los jefes y otras cosas. Comuniqué al gobernador lo que ocurría, y éste, por su parte, no hizo nada para evitar estos vergonzosos hechos. El Ejército, ante semejante actitud, daba muestras de gran nerviosismo. También los elementos extremistas habían pedido al gobernador civil que les fueran entregadas las armas que existen en el cuartel de Artillería. Esto ha sido, sin duda, lo que más me ha inducido a tomar la solución adoptada, puesto que yo no podía consentir que esas armas fueran a parar a semejantes elementos, aun cuando el gobernador me había afirmado que no serían esas armas usadas contra nosotros, sino contra elementos militares de otras capitales. Yo, como comprenderán, no podía entregar esas armas para que fueran usadas contra compañeros nuestros...» Sin embargo, el citado Queipo de Llano, que se había autoproclamado general jefe del Ejército del Sur, no se dio por satisfecho y le acusó por los micrófonos de Radio Sevilla de haber traicionado a los alzados, ordenando su inmediata detención: "... Ayer me dijo por teléfono que no se había unido a nosotros, porque no había podido comunicarse conmigo... Lo mismo que conmigo, el general Campins ha estado jugando con la guarnición de Granada... Cuando vio que la oficialidad se negaba terminantemente a cumplimentar la orden de entregar las armas al pueblo, se presentó allí humildemente (en el cuartel de Artillería) y sufrió, sin inmutarse, las vejaciones de que la oficialidad le hizo objeto. En este mismo momento ordeno su detención, y en su día será juzgado por su conducta.» Efectivamente, el 14 de agosto de dicho 1936, no obstante haber sido declarado rebelde por el Gobierno de la República y haber causado baja en el ejército junto con los demás generales que acaudillaron el alzamiento, Campins compareció ante un consejo de guerra sumarísimo, acusado de haber cometido un delito de «rebelión militar». Presidió el tribunal que lo juzgó el general José López Pinto, actuando de fiscal el comandante del Cuerpo Jurídico Militar Eduardo Jiménez Quintanilla, y de defensor el capitán de Infantería Benito Campos García. Al día siguiente, ABC de Sevilla hacía esta breve reseña de la vista del proceso: «El juez, coronel señor Arcosa, leyó el apuntamiento de la causa, cumpliéndose seguidamente todas las prescripciones de la ley. El fiscal, en brillante informe, solicitó para el acusado la pena de muerte, y la defensa, también en alegato brillante, pidió clemencia. Se le concedió al acusado el uso de la palabra, y éste habló extensamente, tratando de disculparse. Cumplidos todos los trámites legales, se reunió el Consejo para deliberar. La sentencia aún no es conocida, pero las impresiones son pesimistas. El fallo ha pasado a estudio de la Auditoria de Guerra.» Al parecer, el general Franco, que en aquellos momentos no era más que general jefe del Ejército de Africa, trató de evitar que se dictase un fallo irreparable, pero Queipo de Llano se negó rotundamente a atender cualquier petición que se opusiese a la sentencia dictada por el tribunal. Tres días después, el mismo diario sevillano publicaba un suelto con esta noticia: «El general Campins, que mandaba la plaza de Granada y que fue condenado en Consejo de Guerra sumarísimo a la última pena por haber tratado de hacer fracasar el movimiento salvador de España, fue ejecutado a las seis y media de la mañana de anteayer. El general Campins solicitó asistencia espiritual y recibió cristianamente los Santos Sacramentos.» Algunos días después, Dolores Roda de Campins, viuda del general fusilado, dirigió una carta al general Franco en la que, entre otras cosas, le decía: «... Franco, Franco. ¿Qué han hecho con mi marido? ¿Quién me lo ha matado? ¿Qué crimen ha sido el suyo? ¿A quién mató él? Esos que le han matado (quienes sean) no lo conocen. ¡No saben quién es! Usted sí le conoce. Y sabe su valor como militar, como cristiano, como caballero. ¡Usted sabe quién es! ¿Qué pasó, Dios mío, qué?»

Nota: Queipo fusiló a Campins que era amigo de Franco y cuyo único delito fue dudar. Franco, fusiló a Batet que era amigo de Queipo, por quien Alcala Zamora, ya en el exilio, consuegro de Queipo, había solicitado clemencia y a quien Mola mantenía vivo en prisión. A la muerte de Mola, Franco aceleró la ejecución de Batet, al que odiaba y no se dignó aceptar la petición de indulto que Queipo y Cabanellas le dirigieron. Y así dicen, que Franco se vengó de Queipo, de Mola y del propio Batet, quien le había censurado por sus avidez de recompensas y ascensos durante la campaña de África.

Por otro lado, Campins no debería estar aquí pues no profesaba ideal republicano ninguno, y además, parece muy cierto que como mínimo tuvo dudas sobre qué debía hacer. Pero dado que fue una victima de los rebeldes (paradigmática, por otro lado) y dado que humano es tener dudas en las horas críticas, quede Campins en nuestras páginas como personaje republicano, pese a todo.

José Cantero Ortega

Tribunal militar del Consejo de Guerra de Badajoz que juzgó los hechos de Castilblanco en 1934

Coronel de Infantería y jefe del Regimiento de Castilla 16, de guarnición en Badajoz. Se mantuvo leal al Gobierno del Frente Popular, participando en la defensa de la plaza, el 15 de agosto de 1936 frente a las columnas de Yagüe, Castejón y Asensio.  Capturado, fue poco después fusilado. Cantero había tenido la difícil papeleta de presidir en Consejo de Guerra que juzgaba los sucesos de Castilblanco en 1934.

 Manuel Cardenal Dominicis

Discurso por la victoria en Guadalajara ante Unión Radio: 1.- Comisario Antón. 2.- Jede de  Aviación Hidalgo de Cisneros. 3.- General Rojo. 4.- General Miaja. 5.- General Cardenal.- 6.- Ministro Jesús Hernández. 7.- Luigi Longo

 Este militar español descendía de españoles exiliados a Cuba por las terribles persecuciones de Fernando VII. A los 14 años fue enviado a España para estudiar la carrera militar de la que había antecesores en la familia. Tras salir de la Academia de Artillería de Segovia, fue enviado a Cuba de teniente donde combatió contra su familia, que servía en el ejercito independentista. Su padre le prometió carrera militar en la nueva Cuba, pero Manuel Cardenal prefirió regresar a España donde le esperaban su mujer y su hijo. Fue ascendiendo en el arma de Artillería y al estallido de la guerra civil estaba al mando de la 1 Brigada de Artillería. Le tocó presidir el Consejo de Guerra de los oficiales rebeldes de Barcelona y fue testigo en juicios celebrados en Madrid, donde permaneció al cargo de la Artillería hasta noviembre de 1936. Pasó luego al frente de la Comandancia Militar de Madrid. Durante un lapso, fue jefe temporal del Ejército del Centro en 1938.

 Rogelio Caridad Pita

General de Brigada, Jefe de la V Brigada de Infantería y Comandante Militar de La Coruña. Se mantiene firme al lado del Gobierno y cuando, el 20 de julio, pretende personalmente, concurriendo al Regimiento de Infantería de Zamora, enfrentarse con aquellos que sabía dispuestos a alzarse en armas, es detenido por el coronel Martín Alonso, detención que se produce junto con su ayudante. Juzgado por un Consejo de guerra sumarísimo, fue condenado a muerte y se le ejecutó. Al caer herido de muerte gritó: "¡Viva la República!".

 

 

Hemos encontrado en internet información sobre el destino de los hijos de este militar leal:

Rogelio, 38 años, Maestro. Juzgado en Ferrol por rebelión militar con resultado de declaración en rebeldía, huido, consigue marchar al exilio.

José, 32 años, Arquitecto. Juzgado en A Coruña con resultado de declaración en rebeldía, huido a Brest, se exilia a México. Publicó, en Mexico, el libro “Reproducción del capital social”. Volvió a Coruña en 2004 con motivo de un homenaje:

Crónica en el periódico La Voz de Galicia del homenaje del Colegio de Arquitectos de Coruña a José, agosto 2004:

Francisco Javier, 28 años: Después de librarse del apresamiento en una importante fuga interceptada por los franquistas que termina con la ejecución de 18 personas que querían huir a Francia en un barco, escapa a Francia el 3/5/1937 en un pesquero junto con un amigo. Regresa a España y lucha con el Ejército Republicano en la División de otro gallego: Enrique Lister. Con la derrota de la República se exilia a México y regresa a España en 1944 como militante del PCE. Detenido al año de llegar, fue juzgado y condenado a 25 años de prisión de los cuales cumplió 12, ya en libertad regresa a Coruña. Publicó el libro “La Coruña capital de Galicia”. Fallece en su ciudad el 14/9/1996 a los 88 años.

Vicente, 27 años, Soldado. Juzgado en Coruña por sedición con resultado de sobreseimiento. Movilizado por el bando franquista, consigue pasarse al Ejército Republicano y después con la derrota de la República, marcha el exilio.

Carlos, sin noticias.

Ernesto Carratalá Cernuda

Republicano y socialista, este teniente coronel de un batallón de Zapadores de Carabanchel (Madrid), fue muerto al oponerse a los oficiales sublevados, posiblemente cuando intentaba entregar armas al pueblo. Su hijo, que ha escrito un libro sobre las vicisitudes de su padre, fue condenado a muerte (era menor de edad) y penó condena en distintas cárceles franquistas.

José Carreras

 Obrero madrileño y miembro del Quinto regimiento que combatió con la 1 Brigada Mixta y al que Lister ordenó, junto con Matías Yagüe, la creación del batallón especial de la 11 división, más adelante del V Cuerpo y que cayó ya cerca de la frontera francesa, en Figueras,  defendiendo la retirada del Ejército del Ebro. Era mayor de milicias.

Francisco Carro Rozas

Era mayor en la 18 Brigada Mixta y se opuso al golpe casadista. Afortunadamente pudo escapar, aunque fue condenado en rebeldía.

 Segismundo Casado.

(1893-1968). Dirigente principal de la rebelión de los oficiales contra el gobierno de Negrín y en las negociaciones de rendición de 1939. De humildes orígenes, ingresó en Caballería y aprobó el ingreso en la escuela de EM. Participó en conjuras y fue encarcelado cuando la dictadura primorriverista, haciendo amistad con varios miembros de la CNT. Al comienzo de la guerra fue jefe de la escolta presidencial. Hizo de jefe de EM de una columna miliciana y luego de jefe de Operaciones del EM renovado. Ayudó a formar en Albacete las Brigadas mixtas. Ocupó varios puestos administrativos y participó en la batalla de Brunete, en sustitución del jefe del XVIII Cuerpo. También mando el XXI Cuerpo en la ofensiva de Belchite entrando en conflicto con sus consejeros rusos, con su superior Rojo, con Lister y Modesto. Rojo lo destituyó harto de sus quejas. Como les ocurría a muchos militares profesionales republicanos con mando de tropas, la falta de experiencia militar les dejaba en evidencia y les enfrentaba por un lado con sus subordinados directos, normalmente mayores de milicias comunistas que no tenían piedad con los espadones. Y por otro lado, con su superiores del E.M., en este caso Vicente Rojo. Ahí se fraguó el odio visceral de casado a los comunistas y Vicente Rojo, con el que pretendía competir.

Gozaba de fama de buen militar, pero en realidad solo era un eficiente burócrata militar que se propuso reestablecer en las tropas a su mando la disciplina tradicional. Sorprendentemente, sus apoyos políticos, socialistas, republicanos y también anarquistas, permitieron que su carrera le llevara a los más altos puestos del la zona Centro-Sur, bajo las órdenes de Miaja, con el que cometió la "traición" no apoyar a Rojo en el Ebro. En mayo de 1938 fue nombrado coronel y pasó a mandar el Ejército del Centro, y ocupando ese cargo entabló negociaciones con los espías nacionalistas y con el SIPM de Franco. Elegido por éste para rendir Madrid, se alzó contra la República y después de haber sofocado a los leales al gobierno trató de conseguir concesiones de Franco para los militares profesionales republicanos. Pero éstos, cumplida su principal misión, les negaron a sus enviados a Burgos, todas y cada una de sus pretensiones, exigiendo, sin otra posible opción, la rendición incondicional del ejército republicano. Sin otra opción, aceptó la dura realidad de los hechos y horas antes de que los ejércitos de Franco entraran en Madrid, se dirigió a Valencia y de allí a Gandía, en cuyo puerto embarcó en un destructor inglés, con destino a Marsella (Francia) con la mayoría de los miembros del Consejo Nacional de Defensa y con el visto bueno de Franco. Ese fue la única concesión que consiguió de Franco.

Algún tiempo después se instaló en Gran Bretaña, donde escribió un relato sobre los hechos de marzo de 1939 que fue únicamente publicado en inglés. En 1947 se trasladó a Sudamérica donde trabajó de directivo de algunas empresas. En Venezuela contactó con el consulado español solicitando permiso para regresar, que le fue concedido en 1955. En 1961 emprendió el viaje de regreso. El tribunal Para la Represión de la Masonería y el Comunismo, engendro jurídico franquista que junto a la Ley Varela había dejado el Ejército franquista limpio de militares sospechosos (en realidad purgas al mejor estilo estalinista), le había condenado en rebeldía a 12 años por haber tonteado con la logia madrileña hispanoamericana, de modo que el consejo de guerra que le procesó en 1964 le absolvió de los cargos, pero al reclamar sus derechos pasivos, volvió a abrirse otro proceso que al año siguiente le absolvió de nuevo, pero le negó los derechos pasivos. Es curioso que una de las mayores preocupaciones de estos tribunales era el contenido de su libro en inglés. A ese efecto, le fue hecha una oferta para reeditar su libro, siempre que los reescribiera al gusto local. Se dice que Liberino González, uno de sus mandos de división del IV Cuerpo, que como se sabe participaron bajo las ordenes de Mera y Casado en la asonada de marzo de 1939, le ayuda en la tarea. El libro se publicó con el título de "Así cayó Madrid". Si el primero era parcial, torticero y malo, el segundo era pura basura y calumnias.

Nota de M.B.- Para juzgar adecuadamente a Casado, el lector debería procurarse los últimos libros que sobre el final de la guerra civil se han editado, pero es especial, el demoledor estudio del profesor Ángel Bahamonde: "Madrid 1939. La conjura del coronel Casado", donde se estudia a través de los sumarios abiertos a los militares republicanos profesionales tras el fin de la guerra, la génesis y el desarrollo de lo que el autor no dudó en denominar conjura del coronel Casado. Hechos y traiciones que venían sucediéndose desde finales de 1938. Y dado que Casado fue nombrado Jefe del Ejército del Centro en abril de 1938, no pasaron ni seis meses en la decisión de pronunciarse violentamente contra el gobierno del doctor Negrín. A este efecto quizá haya que recordar un par de hechos, por si solos dignos del pelotón de fusilamiento de los principales jefes del Grupo de Ejércitos del Centro, cuando el general Rojo preparó el plan de Motril para aliviar la situación militar en Cataluña, que fue abiertamente boicoteado por el trío Miaja-Matallana-Casado, y el más sangrante, sobre la ofensiva que pretendía en la zona de Brunete atraer tropas franquista en auxilio de Cataluña, y que fue diseñado, ¡literalmente! al alimón con el mando franquista en el estado Mayor del GERC (Matallana) para que fuera una sangría de unidades posiblemente afectas al gobierno en la defección que se planeaba. El capitán escribiente del Estado Mayor de Matallana, puso un calco más en la máquina de escribir para facilitar una copia al espionaje franquista. Los jefes directos de las tropas para la ofensiva protestaron ante la previsible escabechina, pero Casado los amenazó y les ordenó cumplir el plan. Las numerosas bajas de los soldados republicanos del ejército del centro en esta desgraciada operación caigan sobre la conciencia de los traidores, Matallana, Casado y hasta el propio Miaja. En el caso de Casado, esta fue la prueba de la verdad para que Franco, a través del coronel Ungría, jefe del SIPM franquista se decantara sobre Casado para acabar la guerra en Madrid sin disparar un tiro. Pues se temía que la denodada resistencia que pretendía el gobierno republicano para la zona Centro para hacer confluir la guerra de España con el inicio de la guerra de Hitler, podría poner en peligro la suerte de las armas franquistas, sólo con aguantar medio año hasta la previsible intervención militar aliada.


Reseña de Cristobal Zaragoza:

Personalidad muy controvertida la de este militar, a quien Ortega Gasset definió irónicamente como «hombre de virtudes menores». Hay que desconfiar del libro de Casado, obra un tanto difusa, en la que se aprecia algún que otro error, y en la que coexiste un evidente ensañamiento con los comunistas con la necesidad biológicamente sentida de justificar el golpe de estado y los manejos secretos con el gobierno de Burgos." Lo que sí es evidente es que nadie, ni su peor enemigo, niega en él su gran inteligencia, su cultura, muy superior a la de los militares de su época, y su gran espíritu militar, sentido de la disciplina y rectitud. El general Antonio Cordón, militante del Partido Comunista, dice de él lo siguiente: «Era inteligente y culto, tanto profesionalmente como en sentido general. Era diplomado de Estado Mayor y durante algún tiempo había desempeñado el cargo de ayudante de profesor de la clase de táctica general en la Escuela Superior de Guerra. Poseía dotes de mando. Pero todas esas cualidades positivas quedaban nubladas por su soberbia y su desmedida ambición. Él se creyó siempre "el hombre de la guerra" postergado a puestos inferiores a los que creía le correspondía desempeñar, y atribuía a la influencia de Rojo esa por él supuesta postergación.»

Tampoco Julián Zugazagoitia le regatea méritos. «El jefe militar del Centro —escribe— había ganado en la esfera oficial una reputación insuperable. Constituía, por así decirlo, un descubrimiento muy dotado intelectualmente, su obra de disciplina sobre las unidades a sus órdenes era alabada. Su retrato moral se completaba con la declaración, apoyada en diversas anécdotas, de su austeridad. Se racionaba como el último soldado y trabajaba como el primero.»

De este tenor, más o menos, son los juicios que emiten sobre Casado quienes le conocieron. En cuanto a la «desmedida ambición» que le achaca Cordón, veamos lo que dice al respecto Luis Romero: «Se le acusa reiteradamente de ambicioso y quizá el adjetivo no haya sido correctamente empleado. Casado sufre de una úlcera de duodeno que le produce enormes padecimientos físicos y que provendría de tensiones internas, un conflicto personal, político e histórico que le atormentaba y no era capaz de resolver. En un momento dado, y no precisamente por "ambición", pagado de su prestigio y de la seriedad con que ha ejercido los cometidos que le fueron encomendados y del hecho de no haberse visto envuelto en la represión contra sus antiguos compañeros ni contra quienes militan en el bando enemigo, seguro de la autoridad que goza entre sus subordinados, y sobre todo en su calidad de jefe del Ejército del Centro, se considera capaz y hasta predestinado a pasar desde los planos oscuros en que hasta el momento se ha desenvuelto a un primer plano radiante, no por éxitos militares, que considera imposibles y descarta, sino como artífice de una paz difícil y digna. Descubre la posibilidad de convertirse en El Héroe Vencido y de hacer partícipes de parecido honor a quienes se arriesguen a colaborar con él. No sólo por ambición personal; está convencido de que prestará un alto servicio a la patria, y salvará, en cierta medida, el honor de la República a la cual ha servido sin reservas.»

Casado, por su parte, eludiendo la respuesta a su actitud —respuesta que quizá desconociera siempre—, justifica el golpe de estado con la ambigüedad que le caracteriza cargando la responsabilidad de sus propios actos al destino, a una especie de fatalismo que le llevaría a actuar ciega, casi inconscientemente: «...quiso el azar que fuera yo el principal protagonista del bando republicano». La explicación sigue sin convencer a nadie. Comandante de Artillería y diplomado de Estado Mayor, Casado es el jefe de la escolta del presidente Azaña; como antes lo fuera de Alcalá Zamora, al estallar la guerra civil. El 17 de abril de 1936 tiene noticias del levantamiento en Melilla y dispone, de madrugada aún, la defensa del Palacio de Oriente antes de la llegada del presidente. Le extraña la tranquilidad de éste, a quien en su fuero íntimo califica de insensato por su pasividad. El calificativo que le aplica a Casares Quiroga, presidente del Gobierno, es mucho más duro: le trata de cobarde por dejar a la República sin Gobierno el 18 de julio. Este 18 de julio a las once de la noche se produce un tiroteo contra el Palacio desde la iglesia de Santiago y un piso de la plaza de Oriente. La tensión aumenta al día siguiente cuando Azaña, antes de la cena, es tiroteado en el patio desde uno de los pisos del mismo palacio. El día 20 la confusión en el edificio es inenarrable. Todo el mundo está nervioso, impaciente ante el asalto del Cuartel de la Montaña. Casado, que sigue con la cabeza fría, observa a quienes él llama «audaces», uno de los cuales sería el capitán Díaz Tendero, «que se erigió en jefe de la oficina de Información y Control del Ministerio de la Guerra». No se encuentra a gusto en aquel ambiente, y cesa en el mando de la escolta presidencial el 20 de agosto. Había permanecido junto a Azaña tres meses, que él califica de «inolvidables», porque estima que el presidente de la República es el promotor y principal responsable de la guerra. «Para mí —escribe—, el señor Azaña era una persona no grata y me di cuenta que seguir a su lado sería una tortura que quería evitar.»

Pide destino, y el 3 de septiembre es nombrado jefe de la columna Galán, que tanto había de distinguirse en los combates de la Sierra. A principios de octubre, es nombrado jefe de operaciones del Estado Mayor del Ejército republicano. Casado se inquieta ante la prepotencia con la que los consejeros soviéticos se manifiestan, rechazando las propuestas del Estado Mayor e imponiendo su criterio. Los comunistas empiezan a ser para él una obsesión, una idea fija. Sobre todo, no les perdona que por su causa se suspendiera una operación sobre Mérida, en febrero del 37, que quizá hubiera dado otro giro a la guerra. Choca con el coronel Joaquín Pérez Salas, que opera en Pozo-blanco tratando de contener la ofensiva de Queipo. Por entonces, organiza las seis primeras brigadas mixtas del Ejército Popular, en Albacete, cumpliendo órdenes de Largo Caballero. Asciende a teniente coronel. A fines de mayo de 1937 cede la jefatura del Estado Mayor Central a Vicente Rojo, que se declara ante Prieto incompatible con Casado. El nuevo ministro de Defensa le nombra inspector general de Caballería y director de la recién creada Escuela Popular de Estado Mayor, plantel de nuevos oficiales que desplazarían a los viejos jefes a puestos más o menos burocráticos.

En la ofensiva sobre Zaragoza en el verano de 1937, en la que no se consigue conquistar la ciudad ni impedir la caída de Santander, Casado toma el mando del XXI Cuerpo de ejército, al que incorpora la 11 división a las órdenes de Líster. A fin de evitar el choque con las unidades anarquistas, Casado ordena a Líster que las reparta alrededor de Alcañiz, a lo que se niega el jefe comunista. Casado le amenaza con destituirle, pero Líster tiene el apoyo del Partido y el Estado Mayor no toma en cuenta las amenazas de Casado. Es algo que nunca olvidará el jefe del XXI Cuerpo, que asiste en Alcañiz a un acto de afirmación política en el que parece pedir disculpas públicamente. Conoce lo peligrosa que resulta una acusación de traición sostenida por militantes comunistas. Cuando el 11 de octubre se inicia la última ofensiva en dicho sector sobre la línea Fuentes de Ebro-Mediana, operación montada por Rojo, en la que la infantería iría apoyada por los nuevos tanques soviéticos, los famosos BT-5, Modesto se niega a asumir el mando. Ha calificado la operación de una de las más estúpidas de toda la guerra» y la desautoriza públicamente. Es entonces cuando, por orden de Rojo, Casado se pone al frente de la operación, pero se niega a poner seis soldados españoles sobre cada tanque, a fin de que destruyan con granadas de mano las posiciones del enemigo. Tendrá que intervenir el propio ministro, Prieto, para que el nuevo jefe se someta. La ofensiva se salda en fracaso: de los veinticinco tanques que toman parte en ella, diecinueve quedan en el campo de batalla. Cuatro de los blindados permanecían en poder del enemigo, y los consejeros soviéticos tratan de rescatarlos. Casado se niega a sacrificar más vidas, a pesar de la amenaza del jefe de los tanquistas, que habla de suicidarse. «Sentía mucho esa desesperada determinación, les dije, pero una operación de esa naturaleza nos costaría muchas bajas, que no estaba dispuesto a sacrificar.» Entonces interviene Prieto, que da por suspendida la operación. En realidad, lo que Casado no quiso sacrificar fueron vidas de españoles, por eso le pidió antes a Prieto, en presencia del general Pozas, que los rusos le entregaran seiscientos soldados soviéticos para llevar a cabo la operación que le había sido casi exigida por los consejeros soviéticos. Eludiendo responsabilidades, Rojo destituye a Casado, que se incorpora a la inspección de Caballería. Desde octubre hasta el 21 de enero de 1938, fecha en que sustituye a Prada al frente del Ejército de Andalucía, Casado permanece en Barcelona al servicio del Gobierno de la República. Es una época de relativa calma, que se prolongará en el frente andaluz, donde sólo hay pequeñas escaramuzas. Finalmente, a últimos de abril el Gobierno le nombra jefe del Ejército del Centro, en sustitución de Miaja. Casado confiesa que la noticia de su nombramiento le produjo la impresión de un despertar violento. «Pasaba de un mando tranquilo a otro de la máxima responsabilidad, porque tenía la convicción de que la guerra terminaría en la capital de la República.»

Miaja, por su parte, pasaba a ocupar la jefatura del GERC (Grupo de Ejércitos de la Región Centro). De la primera entrevista que tiene con Negrín, presidente del Gobierno y ministro de Defensa, y en la que le expone la necesidad de proceder a un paulatino relevo de mandos comunistas en el Ejército, Casado sale profundamente descorazonado. A su juicio, Negrín es un irresponsable, que toma a broma las serias advertencias que le hace el nuevo jefe del Ejército del Centro. Después de la caída de Barcelona, el 26 de enero, Casado tiene la completa seguridad de que la guerra se ha perdido. Antes, mientras los nacionalistas desencadenaban la ofensiva sobre Cataluña, ya había establecido contactos con algunos afiliados al SIPM (Servicio de Información y Policía Militar), que era en realidad el espionaje franquista. También se habló de sus relaciones con el Gobierno británico a través de Cowen, cónsul acreditado en Madrid. Después de censurar las condiciones de paz propuestas por Negrín —independencia nacional, libertad de los españoles para la elección del régimen y garantías de que no habrá represalias—, Casado tiene una reunión con los generales Miaja y Matallana, jefe éste del Estado Mayor del GERC. De momento, son cuatro los acuerdos tomados: la autoridad pasaba a manos de los militares, había que negociar cuanto antes la paz, se formará un Consejo Nacional de Defensa en el que intervendrán todos los partidos políticos menos el comunista; si Negrín se opone y se persona en la capital, será apresado y destituido. Con tales decisiones, el jefe del Ejército del Centro comunica a Burgos el 1 de febrero su conformidad para iniciar las negociaciones, «cuanto antes mejor». Pero las cosas se complican cuando, el 12 de febrero, se presenta Negrín en Madrid, tras su regreso de Francia. El mismo día le informa Casado en la Presidencia, informe detallado, negativo, que concluye con la necesidad de poner fin a las hostilidades. Negrín disiente,  concluye afirmando que hay que resistir mientras se pueda. De hecho, ambos se engañan y se temen. Por estas causas Casado adulará a Negrín y éste se mostrará generoso con el coronel, hasta el punto de concederle el fajín de general el 25 de febrero. Mientras, Casado ha logrado que Besteiro acepte la cartera de Gobernación del Consejo Nacional de Defensa. También tiene de su parte a Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de ejército, formado en su mayoría por anarquistas. Así las cosas, asiste el 16 de febrero a la reunión de Los Llanos, en Albacete, donde acuden, con Bernal y Buiza, los generales Miaja, Matallana, Escobar, Moriones, Menéndez y el coronel Camacho, jefe de la zona aérea Centro-Sur. Coinciden todos, menos Miaja, en que hay que negociar la paz. Casado es del mismo parecer, y añade, además, el temor de que Madrid sea destruido con la gran cantidad de explosivos de que disponen algunos grupos. No menciona a los comunistas, pero su intención queda lo suficientemente clara. Cuando sale de la reunión con Negrín y Matallana, el 2 de marzo, en la posición Yuste, cerca de Elda, Casado ha tomado su determinación. No sólo está dispuesto a no renunciar a la jefatura del Ejército del Centro, a cambio del puesto de jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra con que acaba de «obsequiarle» Negrín, sino que visita a Miaja en Valencia para anticipar los acontecimientos, antes de que los comunistas dieran el golpe de estado.

«Después de la visita del día 2 a Yuste y a Valencia —escribe Casado—, llegué a Madrid por la noche con el acuerdo tomado en firme de no demorar el acto de fuerza contra el gobierno de Negrín. Esa noche me llegó, como llovido del cielo, el plan completo del doctor Negrín para dar el golpe de estado comunista que tenía proyectado.»

El 5 de marzo Casado se instala en el Ministerio de Hacienda, sólido edificio llamado a desempeñar el papel de fortín, y por la noche da lectura a la proclama de los sublevados. Poco después le llama por teléfono Negrín, desposeyéndolo de su mando y, más tarde, pidiéndole la transmisión de poderes, a lo que Casado se niega. El 6 por la mañana, el Consejo Nacional de Defensa se halla totalmente constituido: Miaja en la presidencia y Casado en la cartera de Defensa; en Estado, Besteiro y González Martín (CNT), Carrillo (socialista), San Andrés (Izquierda Republicana), Del Río (Unión Republicana), Val (CNT) y Pérez (UGT), en las carteras de Hacienda, Gobernación, Justicia, Instrucción, Comunicaciones y Trabajo, respectivamente. De hecho, la miniguerra ha empezado. Casado, que tiene conocimiento de la huida del Gobierno y de los principales mandos militares comunistas, así como de casi todo el Comité Nacional, tantea a los coroneles Barceló, Ortega y Bueno, al mando de los tres Cuerpos de ejército —el IV lo manda Mera, adicto al Consejo—, que acaban sublevándose contra él. La pequeña guerra entre comunistas y casadistas dura hasta el 12 de marzo; había empezado en la noche del 5 al 6, y si al principio los comunistas parecen dominar la situación, el IV Cuerpo de ejército de Mera inclina la balanza en favor del Consejo. Los comunistas fusilan a los coroneles casadistas Pérez Gazolo, Otero y Fernández Urbano; del otro lado caen, también fusilados tras un Consejo que es una farsa, los coroneles Barceló y Ortega y el comisario Conesa; Bueno es condenado a quince años de reclusión. Las negociaciones de paz se apresuran. Entre el tira y afloja que a nada había de conducir —y esto había que haberlo sabido Casado, que no conoció nunca a Franco—, se celebran dos entrevistas en Gamonal, el aeródromo de Burgos, entre los emisarios de ambos bandos. Pero la tercera no llega a celebrarse: Franco exige la rendición incondicional inmediata en todos los frentes. Es el fin. El 28 de marzo, Casado viaja a Valencia, instalándose en la Capitanía General y sale de Valencia en dirección a Denia (Alicante), donde embarca en el buque británico Galatea. Tiene un momento de vacilación al entender que su deber era quedarse para dar cuenta de su gestión ante los vencedores. Pero decide expatriarse al conocer la sugerencia personal de Franco en el sentido de que abandonen el país los miembros del Consejo. Entonces es transbordado al Maine, un buque hospital, agravada su úlcera de duodeno. Iniciaba un largo exilio en Gran Bretaña, que terminaría veinte años después con su regreso a Madrid, donde muere en 1969.

Lo mejor: Angel Viñas pone a Casado en sus verdaderos terminos históricos...

Fernando Casado Veiga

Había nacido en La Coruña en 1980. Ingreso de cadete en la Academia de Artillería. Participó en la guerra de África donde ascendió a comandante. Posteriormente fue profesor de la Academia de Artillería de Segovia, siendo especialmente bueno en matemáticas y física. En 1936, con el Frente Popular es nombrado Ayudante de Campo de su Excelencia el Sr. Presidente de la II República, Don Manuel Azaña. Con el golpe militar, partió para la Sierra y allí organizó la defensa de Guadarrama. Fue llamado a Madrid y nombrado Jefe de la Artillería y ascendido a coronel. Y con la Reserva General de Artillería participó en todas las campañas donde lucharon las armas republicanas. Se encontraba con Miaja en Valencia cuando acabó la guerra. Se le propuso huir en el Galatea con el Consejo Nacional de Defensa que recalado en Valencia partió para Gandia avisados por el cónsul inglés de ese puerto levantino. Fernando Casado se negó. El resultado fue que cayó prisionero y que junto a miles de combatientes republicanos de las fuerzas levantinas que tan valientemente habían defendido la línea XYZ, partió para el cautiverio. El subsiguiente consejo de guerra le condenó a muerte, como no, pero como parece que Franco le conocía de África, se le conmutó la pena por perpetua. Años después salió de la cárcel y hubo de ganarse la vida como profesor de matemáticas en academias particulares (loor a todos los militares y artilleros republicanos que tras la guerra se ganaron la vida dando clases de recuperación en las innumerables academias que se ofrecían al estudiante rezagado). Es el padre del gran actor Fernando Rey.


Adenda 2014.

Ingresó voluntario en el Ejército Popular, donde destacó como jefe de la artillería del frente de Madrid. Se unió a los casadistas y se negó a huir con los miembros del Consejo Nacional de Defensa. Una vez detenido fue condenado a muerte pese a que había participado en las redes de pase a la zona franquista de militares desafectos. Se le conmutó la pena por 30 años y poco después por 12 años. En 1943 consiguió la libertad condicional.

 Manuel Cascón Briega.

Este salmantino, piloto militar que llegó a Coronel de las Fuerzas Aéreas, y que había tenido el mando de las Fuerzas Aéreas del Norte y organizado las expediciones de pilotos españoles a Rusia, tuvo la papeleta de asumir el mando de la Fuerzas Aérea tras el golpe del Coronel Casado. Camacho, subsecretario del Aíre le rogó que huyera con él y con Mendiola. Pero Manuel Cascón se negó, no tenía nada de lo que avergonzarse. Había luchado por el gobierno legítimo con tesón y sobre todo con honestidad. Pero lo que a Cascón le parecían virtudes, a los franquistas les resultaba insufrible que un militar profesional hubiera defendido la República y además con mando. Resumiendo, siniestra receta para todos los casos similares, primero cárcel, después Consejo de Guerra y posteriormente fusilamiento. Como así fue. Tenía 44 años en el momento de su muerte y era uno de las más prometedores oficiales españoles del aire. Está enterrado en el cementerio de Paterna.

Victoriano Castán Guillén

Militante de la CNT, que mandaba el batallón Castán y posteriormente la 118 Brigada de la 25 División, que era la mejor división del frente del Este, mandada por un anarquista pragmático, García Vivancos que no puso pegas a la militarización. Castán ascendió a Teniente Coronel haciéndose en abril de 1938 cargo de la 66 División, pasando al frente de Levante. Al terminar la guerra fue detenido e internado en el campo de Albatera. De este campo se fugó con varios compañeros anarquistas pudiendo alcanzar Francia tras muchas vicisitudes. Allí, de nuevo, fue internado, y de nuevo se escapó. Decidido a seguir la lucha contra Franco volvió a España donde también tuvo que salir por piés. En Francia, otra vez, cayó en manos de la GESTAPO de quienes pudo escapar. Con la liberación de Francia, surgieron problemas entre los militantes de la CNT, donde el sindicato se jugaba su porvenir. Castán se afincó finalmente en Francia y murió a los pocos días de que también falleciera su compañera, en 1983.

José Casted Sena

Capitán de Carabineros que servía en 1936 en la sexta comandancia de Alicante. Incorporado al Ejército popular se le dio el mando de la 8 Brigada Mixta de Carabineros a finales de 1937 y lo mantuvo hasta el final de la guerra, en una brigada que no tuvo hechos que mencionar.

 Luis Castelló Pantoja.

El general Castelló en los primeros días de la guerra con milicianos de las columnas del valle del Guadiana

(1881-1962). General de brigada del Arma de Infantería que desempeñaba al estallar la guerra civil el cargo de comandante militar de Badajoz y que del 19 de julio a 7 de agosto de 1936, desempeñó el de ministro de la Guerra, en el gabinete presidido por Giral. Impresionado por el fusilamiento de su hermano, que cayó en manos de las milicias anarquistas, y la detención y prisión de su esposa y de dos hijas, capturadas en Badajoz por los nacionalistas, sufrió una grave depresión nerviosa, teniendo que ser internado en un sanatorio psiquiátrico. A poco de salir de este centro se refugió en la embajada francesa, donde permaneció hasta la primavera de 1937, fecha en que consiguió salir de España e instalarse en Francia, en cuyo país fue detenido por los alemanes en 1942 que con engaños le entregaron a Franco y pasó más de tres años en la cárcel condenado a muerte antes de ser indultado y puesto en libertad en 1946. Más tarde se le otorgó el retiro, falleciendo en 1962 en Guadalcanal (Sevilla). ¡Pobre Castelló! la rebelión de Franco le destrozó la vida, la salud y la cordura.

 


Reseña De Cristóbal Zaragoza:

Mencionamos la breve trayectoria de este pundonoroso militar por tratarse de uno de los casos más dramáticos de nuestra guerra civil. Castelló era tío de Juan Simeón Vidarte, militante del Partido Socialista y diputado a Cortes por Badajoz. En 1936 era comandante militar de Badajoz, que como es sabido se mantuvo leal a la República, y jefe de la 2 brigada de Infantería con el grado de general. Vidarte se comunicó con su tío para informarle de su nombramiento de jefe de la I división, que le correspondía por antigüedad al ser destituido el general Cabanellas. Salió, pues, apresuradamente de Badajoz, dejando allí mujer e hijos, el 19 de julio, y el 20 de julio tomaba posesión del cargo de ministro de la Guerra. Enseguida nombró subsecretario al general Bernal, en sustitución del general De la Cruz Boullosa » Según Ramón Salas, «Castelló vio pronto que no pasaba de ser un ministro nominal. También allí había llegado la revolución y el poder lo ejercía en el Ministerio un comité constituido por el teniente coronel Hernández Saravia, los comandantes Hidalgo de Cisneros, Chirlandas y Mezquita, los capitanes Cordón, Núñez Mata y Freire y el teniente Martín Blázquez». Quizá el prestigioso historiador haya pecado en esta ocasión de exagerado, por cuanto que el general Castelló hizo lo humanamente posible para poner orden en aquel caos. Fue él quien, el día 20, tras destituir al general García Antúnez, puso el mando de la I división en manos del general Riquelme. A él se debió la reestructuración de los distintos gabinetes del Ministerio, así como el de la incorporación a filas de los nuevos reemplazos y la creación de los batallones de voluntarios (decretos de 29 de julio y 2 de agosto), y la exigencia a los sublevados del Cuartel de la Montaña de los 45000 cerrojos de fusiles que se guardaban allí. Lo que sucedió en realidad fue que el general Castelló ignoraba la suerte de su familia en Badajoz, que cayó en poder de los sublevados el 14 de agosto. Y que, además, se enteró de la muerte de un hermano suyo, y de un sobrino, asesinados en Guadalcanal (Sevilla). Que sufriera una fuerte depresión es algo comprensible en aquellos momentos. Pero conservó la lucidez. Tanto es así que al plantearse en un consejo de ministros el proyecto de expedición a Mallorca por el capitán Bayo, Castelló se opuso a él argumentando con toda lucidez que, a pesar de constituir la isla un peligro como futura base para la aviación, no se debían distraer por el momento hombres ni armamento, que hacían falta para la defensa de Madrid y para la conquista, de objetivos preferentes, como eran Zaragoza y Huesca. Se ignora si después del 14 de agosto, fecha en que cayó Badajoz y empezaron las matanzas, tuvo Castelló noticias de su familia. Lo cierto es que, agotado, cada día más preocupado, extravagante, optó por dimitir como ministro de la Guerra, cargo que ocupó el general Hernández Saravia. Destinado después a la Capitanía General de Madrid, sufrió varios ataques de locura que hicieron necesario su internamiento en Leganés. Poco después de terminar la guerra moría en Guadalcanal, donde todavía le quedaba familia.

Enrique del Castillo Bravo

Era capitán de ingenieros en el regimiento de Ferrocarriles nº 1 de Leganes. Al iniciarse la guerra se alistó al cuerpo de Carabineros donde pronto ascendió a teniente coronel. Se le ordenó formar e instruir a la 8 Brigada Mixta de carabineros con tres batallones de estas fuerzas. A su terminó la unidad pasó al mando del comandante de carabineros Emeterio Jarillo Orgaz.

Julián Castillo Sánchez

De pintoresco se podría calificar el caso del teniente Julián Castillo, grado con el que este inquieto militar se retiró del servicio activo en 1902 y al que había llegado en 1898, año del tratado de París. Tenía setenta y un años en 1936, cuando pidió el reingreso en el Ejército, que; obviamente, le fue denegado por razones de edad. Castillo optó entonces por alistarse en las Milicias del Pueblo, en las que pronto mandó un batallón de la P.U.A. con el que se distinguió en la batalla del Jarama. Poco después estaba al mando de una brigada mixta, la 17. Se suceden los ascensos por méritos de guerra, hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Manda entonces el VIII Cuerpo de ejército de Extremadura, a las órdenes de Prada. Sucede esto en agosto del 38. El 12 del mismo mes es designado comandante militar de Almería, puesto que desempeñó hasta que fue sustituido por Orad de la Torre al producirse el golpe de estado de Casado. A sus setenta y cuatro años, el teniente coronel Castillo fue propuesto para la Placa Laureada de Madrid, la máxima condecoración militar que concedía la República. Al parecer, se encogió de hombros al conocer la noticia, como quien no da importancia a la cosa. Luego sacó del bolsillo de la guerrera una oxidada condecoración y la enseñó a sus compañeros. Era la Cruz Laureada de San Fernando, que había ganado en 1896 en la guerra de Cuba cuando era Sargento del Batallón Expedicionario del Regimiento de Bailén núm. 24. en la guerra de Cuba en el combate de Sabanilla de la Palma, el 13 de junio de 1896 y formando parte de la vanguardia de la columna mandada por el coronel Nario. Pues al avistar al enemigo cargó contra él, adelantándose a todos, luchando cuerpo a cuerpo con el contrario, al que causó la muerte de cuatro insurrectos al arma blanca, siendo luego herido en la mano derecha, en cuya disposición lo hallaron al llegar el resto de la vanguardia. Julián que cambió su nombre y apellidos originales, Emilio López del Castillo Sánchez, por Julián Castillo Sánchez, tras recibir la laureada. Terminó sus días en Almería.

José del Castillo Sáenz de Tejada

José del Castillo había nacido en Alcalá la Real en 1901. Era hijo de una reconocido abogado liberal y de una destacada aristócrata de origen vasco, en una familia numerosa. Tuvo estudios brillantes pero pronto destacó por su afición a la milicia, como dos de sus hermanos. Participó en la guerra de Marruecos como Alférez de Infantería dentro del grupo de regulares indígenas Tetuan nº 1, donde coincidió con el que sería su gran amigo, Fernando Condés Romero que sin duda, influiría decisivamente en las ideas progresistas de José. Quién ascendió a teniente por méritos militares. Tras el fin de la guerra en Marruecos, es destinado a Alcalá de Henares. En 1934, con la Huelga General Revolucionaria, desobedecía las órdenes de tirar a los manifestantes obreros en Cuatro Caminos localidad asturiana donde su sección de morteros había sido destacada. Al parecer hizo manifestación bien audible de que él no ordenaba disparar contra el pueblo. Junto con otros militares en su misma tesitura fue condenado a un año de prisión que cumplió en 1935. Esto le afectaría a su carrera, pidiendo entonces el pase a la Guardia de Asalto con la llegada de la República. En la que fue destinado al cuartel de Pontejos (Puerta del Sol, anexo a la antigua DGS) en la segunda compañía de Especialidades del Segundo Grupo de Asalto. José del Castillo estaba ya completamente concienciado políticamente y aunque se ha dicho que facilitaba instrucción paramilitar a las MAOC, eso es del todo imposible pues las MAOC eran de filiación comunista, cosa que en absoluto era el teniente José del Castillo, pues en aquellas fechas se limitaba a estar afiliado a la UMRA, la asociación de militares republicanos, en contraposición a la UME, los militares derechistas. La agitada vida política que las derechas le daban al gobierno y a la que las izquierdas respondían en pareja medida, hizo que José del Castillo hubiera de intervenir en muchas algaradas provocadas por los grupos radicales de militares y de civiles tradicionalistas y falangistas que eran quienes llevaban la iniciativa, pues el plan de Gil Robles de acabar con la República por vías legales se había agotado y era la hora de los golpistas y fascistas puros de todas las gamas, donde destacaba el ultra violento pero minoritario partido La Falange, en la ceñuda intención de crear un clima irrespirable que permitiera a los líderes fascistas como Calvo Sotelo, denunciar tanta violencia (la mayoría inspirada por las derechas) para recabar el auxilio patriótico de la fuerza armada, como se hace siempre en todos los lugares del mundo cuando se quiere acabar con gobiernos legítimos de izquierda llegados al poder democráticamente, con el apoyo de las potencias emergentes del momento, en aquellos tiempos Italia y un poco más tarde Alemania. En este clima, José del Castillo va evolucionando hacia el partido socialista, y viendo con sus compañeros militares de la UMRA la deriva que tomaba la vida política en la primavera de 1936, se decidió a actuar instruyendo, a estas sí, a los grupos de protección de las Juventudes Socialistas, con algunas pistolas viejas que proporcionaron militares afines. Este paso era la aceptación del José del Castillo de que la situación no tenía marcha atrás y que la derecha violenta contaba con la bendición de la derecha política para acabar por la fuerza con el gobierno del Frente Popular, dejando una republica descafeinada, como la del general Serrano tras la I República. El día a día del teniente Castillo le confirmaba lo que pensaba.

El petardo acaba de explotar.

El petardo desde otro ángulo

Las provocaciones de la derecha llegaban al extremo de intentar atentar contra el presidente de la República en los actos de celebración del 5 aniversario de la II República, el 14 de abril de 1936. En los graves incidentes fue muerto el Alférez de la Guardia Civil, De los Reyes, que al parecer sacó una pistola cerca de la tribuna presidencial, tras haber sido momentos antes detenido el desfile militar por la explosión de un potente petardo y puesto los nervios de todo el mundo al borde del infarto. Cuando se recobró la normalidad y terminando ya el desfile con el paso de la Guardia Civil, comenzaron los abucheos contra la Guardia Civil, unos, y contra el Presidente de la República, otros, lo que produjo enfrentamientos verbales y bofetadas, momento en que, al parecer, el alférez Anastasio de los Reyes, que no era ningún inocente allí pues era un conocido ultraderechista que probablemente sabía lo del petardo, e iba de paisano, sacó su pistola con propósitos intimidadores. Sus antagonistas fueron más rápidos y le descerrajaron un tiro que acabó con su vida. La Guardia de Asalto, detuvo al asesino in situ, por cierto.

Momento de la detención por la Guardia de Asalto del asesino del Alférez Anastasio de los Reyes

Escena del cortejo fúnebre del alférez Anastasio de los Reyes captada por Alfonsito en La Castellana

El entierro de este oficial de la Guardia Civil que o estaba jubilado o al borde, fue una manifestación del poderío golpista en Madrid. El Gobierno Civil les denegó el permiso en el conocimiento de que aquello iba a terminar como el rosario de la aurora, como así fue. Pero los compañeros militares y derechistas del caído, no se amilanaron y decidieron hacer el Cortejo fúnebre por las calles de Madrid. Una multitud de miembros de la Guardia Civil, Asalto, militares y paisanos de significación derechista manifestándose por el centro de Madrid, mientras los obreros de la construcción de las obras cercanas les arrojaban toda clase de proyectiles desde las azoteas. Algunos militares y oficiales de las fuerzas de orden público sacaron sus armas reglamentarias y contestaron a la pedrea con fuego real. Las fotografías de Alfonsito, son esclarecedoras. En esa manifestación, todo el mundo iba armado y no había inocentes transeúntes de ningún tipo. Llegados a la plaza de Manuel Becerra, los Guardias de Asalto recibieron la orden de disolver el cortejo que nada tenía de funerario y sólo era una turba de gente armada y en franca rebelión. La Guardia de Asalto estaba atacada de los nervios ante el panorama. La tensión estalló y los hombres del teniente Castillo abatieron a un conocido falangista primo del dirigente detenido José Antonio Primo de Rivera. Para empeorar las cosas, el propio José Castillo disparó a otro estudiante carlista que se le enfrentó iracundo, hiriéndole de extrema gravedad. La multitud enloquecida y armada se abalanzó sobre el teniente Castillo y sólo gracias a la energía y determinación de los guardias de Asalto de la segunda compañía pudo José del Castillo salvar la vida. Desde este momento, la suerte del teniente Castillo estaba echada. Tras prestar declaración en la DGS se planteó que José del Castillo dejara Madrid, por lo que se le envió de escolta del presidente de las Cortes, Martínez Barrios, en viaje oficial a Sevilla. Pero a la vuelta, el teniente Castillo sufrió dos intentos de asesinato y el capitán Faraudo fue asesinado por los falangistas. Lo que no le amilanó. El día de su muerte José del Castillo que llevaba muy poco de recién casado, había estado en los toros. Después dejó a su mujer en casa y marchó para el cuartel de  Pontejos. Justo en la puerta del oratorio de Santa María del Arco, cuatro amigos del joven carlista herido en el entierro del Alférez de los Reyes, dispararon sobre él y se dieron a la fuga. Esa misma noche, la camioneta 17 del grupo de Asalto de Pontejos salió con varios guardias y civiles, con la intención de, como mínimo, detener a Gil Robles, que estaba en el extranjero, pero luego cambiaron de rumbo se dirigieron a la casa de Calvo Sotelo el dirigente derechista de oratoria más violenta antirrepublicana, lo secuestraron y un civil que iba con los guardias le disparó en la nuca desde atrás. Era el 13 de julio y este asesinato sirvió de casus belli a la conspiración antirrepublicana para justificar lo que llevaban preparando desde el mismo 11 de febrero. Al fin de la guerra, la tumba del teniente Castillo fue manipulada quitándole el grado militar. Los propagandistas franquistas (todavía siguen con estas historias), dijeron que Castillo había sido asesinado por Fernando Condés por orden de Prieto cuando se negó a matar a Calvo Sotelo. Un delirio, vamos, como los de Pío Moa en la actualidad. Consuelo, la mujer de Castillo, que estaba embarazada a la muerte de su marido, sufrió duras represalias. Su niña murió de un dolencia cardiaca a los tres años por falta de cuidados. Fue luego encarcelada durante casi un año por una denuncia anónima, ¡como si no supieran quién era! Recobrada la libertad no consiguió su paga de viudedad extraordinaria que se concede a las mujeres de los militares fallecidos en acto de servicio. En 1964, todavía los tribunales le deniegan su petición y no es hasta 1983, ya con Felipe González y 47 años después que consigue cobrar su paga completa anhelada, reconocimiento, en el fondo, de la muerte de su marido en acto de servicio. Consuelo murió en 1994.

Enrique del Castillo Miguel

(1877-1936). Coronel del Arma de Ingenieros, jefe del Regimiento de Ferrocarriles n.° 1, de guarnición en Leganés (Madrid), que en el momento de estallar la guerra civil adoptó una actitud de cautela, aunque después decidió ponerse, con la unidad bajo su mando, a las órdenes del Gobierno republicano. Tras combatir, con escasa fortuna, en el Alto del León, parece ser que fue asesinado por los mismos hombres que mandaba, que le acusaron de haberlos traicionado, o que, al enterarse de que su hijo había muerto en acción de guerra, se suicidó.

Francisco Castro Taboada.

Era militante del PSOE y se alistó tempranamente a las Milicias Populares. En el Ejército Popular sirvió en la 111 Brigada Mixta que combatió con la 10 División en Brunete. Castro mandaba un batallón de la 111. A finales de 1938 la brigada pasó a la 8 División de Ascanio dentro del II Cuerpo. Por ello, un batallón de la brigada bajó a Madrid a combatir a Casado, mientras los otros batallones cubrían el hueco dejado por la 44 brigada que también bajo a Madrid contra Casado. Al termino de los combates, Casado nombró a Castro jefe de la brigada en sustitución del mayor Juan Morillo Zaragoza, comandante de la 111 que se opuso al golpe Casadista. Fue detenido por los franquistas, que por motivos que ignoramos lo tuvieron 4 años en prisión a la espera de juicio, que finalmente se sobreseyó.

Eduardo Cavanna del Val

General al mando de la 3 Brigada de Artillería de Valencia. Al principio estuvo disponible y sujeto a una investigación; en febrero de 1937 se le exoneró, pero no ocupó puestos de combate.

Manuel Centaño de la Paz

(1883-?). Teniente coronel de Estado Mayor retirado en 1936 que durante la guerra civil prestó servicio por obediencia debida en las filas del ejército republicano como jefe de un parque de Artillería situado en Madrid —aunque, de hecho, era un agente secreto de los nacionalistas desde 1938—, el cual en los últimos días de la contienda se presentó al coronel Segismundo Casado para decirle que era un representante del Gobierno de Burgos y que podía tratar con él todo lo relacionado con las gestiones de paz y la capitulación del ejército republicano. Centaño era un militar muy riguroso que informaba debidamente al coronel José Ungría en Burgos (SIPM) y fue decisivo en la elección de Casado como protagonista del golpe militar que rendiría Madrid y el resto de la zona republicana. Dio avales a Matallana y a otros militares republicanos cuando fueron juzgados por los franquistas.

Nota: Al final de la guerra era coronel.

Vicente Cerdá Ivorra.

Sirvió como teniente en el ejército republicano, destinado en el hospital base de Onteniente. Estuvo también destinado como administrador de un hospital de campaña en Girona y posteriormente en el Estado Mayor de Valencia. Concedida la MEDALLA AL DEBER, en fecha 9 de julio de 1938- BO Nº 170, Pg. 117. Se le formó consejo de guerra por "Auxilio a la Rebelión" y fue recluido en Alicante.

 

Fuente: Jaime-Juan Cerdá Ivorra.

José Cerón González

Teniente coronel. Había pertenecido al Estado Mayor desde 1921, aunque había actuado como ayudante de campo del Alto Comisario en Marruecos y había sido enviado a la Ecole Supérieure de Guerre, lo que indica su categoría. Era católico practicante y relativamente conservador. Después de haber ayudado a distribuir armas en Madrid, trabajó en el Ministerio de la Guerra, y en el E.M. de Asensio, al que también acompañó a la Subsecretaria de Guerra. Fue cesado de esta el 29 de marzo de 1937. Posteriormente fue director general de Servicio de la retaguardia y transportes. Más adelante, fue subsecretario de una comisión encargada de la retirada de los combatientes extranjeros.

Antonio Cordón que fue su jefe en la Secretaría Técnica de la Subsecretaría, escribió de él: "Pertenecía a los militares apolíticos, era católico practicante y hombre de ideas conservadoras. En honor de la verdad he de decir que durante toda la guerra — desde entonces y en el curso de la misma trabajó en el Ministerio — Cerón sirvió a la causa popular con lealtad y eficiencia. Era un trabajador incansable y un buen organizador. Profesionalmente figuraba entre los jefes más capacitados; además de haber cursado los tres años de estudios de la Escuela Superior de Guerra española, había hecho también los de l'Ecole de Guerre de París y obtenido el correspondiente diploma, lo que no era nada fácil de conseguir para un militar extranjero. Creo recordar que estaba condecorado con la Legión de Honor. No hace falta decir que no sólo hablaba el francés como un francés, pero, además, dominaba el argot militar del país vecino. Quería pasar inadvertido y extremaba su modestia, que era, con la ironía, faceta de su carácter. Combinando ambas, a los que confundiéndole con Alvarez Cerón le llamaban frecuentemente por teléfono, solía decirles: — No, no. Yo soy Cerón nada más, Cerón como un cero grande."

Capitán Chicharro.

De las JSU de Madrid. Ayudante de Líster en la Sierra y en los últimos combates en Toledo. Cuenta Líster que en la retirada de Toledo, que el defendía, tras la huida de las unidades que durante meses habían cercado el Alcázar, ("Veraneando", dice, él), una unidad de Guardias de Asalto trataba de escapar por el puente de San Martín a medianoche del 27. Líster tenía emplazadas ametralladoras, precisamente para evitar esto. Con su vozarrón de trueno, Líster pegó sus narices a las del capitán de Asalto que había estado vociferando para imponer su derecho a salir pitando y que a la llegada de éste, calló radicalmente. Cuenta Líster que oyó entonces un disparo a su espalda, que volviose y vio caer muerto con un tiro en la cabeza a un sargento de Asalto que precisamente trataba de hacerle a él lo mismo. Chicharro que había sido herido en el último asalto al Alcázar y tenía un brazo en cabestrillo había sacado su automática Star y se lo había cargado para proteger a su jefe. Chicharro moriría luchando valientemente en la batalla de Madrid. ¡Los hombres de Lister!

 Francisco Ciutat de Miguel.

Ciutat con el E. M. del Ejército del Norte. Identificados: 1.- Manuel Uribe-Echeverría Beldarraín. 2.- Julián Cañamero Perez-Gil. 3.- Gregorio Villarías López. 5.- Francisco Ciutat. 6.- Asesor soviético. 7.- Modesto Arambarri Gallastegui

Francisco Ciutat, uno de los militares profesionales mas singulares con los que contó la II República, había nacido en 1909. Era huérfano de militar, cuyo padre Francisco Ciutat Matín había sido teniente coronel de la Guardia Civil. De vocación militar, Francisco Ciutat ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1925. Ya de Alférez fue destinado al regimiento de Infantería Garellano número 43 de guarnición en Bilbao, estando al mando de una sección morteros. En la vida de guarnición participó en maniobras por León, Álava y Guipuzcoa. Su deseo perfeccionista le hizo solicitar cursos en la Escuela Central de Tiro (1929) y en la Escuela Central de Gimnasia (1939-31). Posteriormente se presentó a las oposiciones de Estado Mayor ingresando en la Escuela Superior de Guerra en 1935. Su afición a la historia, sobre todo la militar, cosa curiosa, le concienció socialmente. Al estallar el golpe militar, Ciutat que sólo tenía 26 años, no tuvo dudas, se puso a las órdenes del gobierno legal. Acababa de aprobar el primer curso de la Escuela Superior de Guerra y era teniente de infantería y recién había solicitado el ingreso en el PCE. Desconocemos que mando tuvo Ciutat hasta agosto de 1936 en que el gobierno Giral le reclamó para crear, organizar y dirigir el Ejército del Norte. Se supone que en esta decisión influyó el brillante expediente de un teniente tan joven, y el conocimiento que tenía Ciutat de la guarnición de Bilbao, pues el propio Ciutat quedó sorprendido con el nombramiento para Jefe de Operaciones del Ejército del Norte, según escribe. Tres meses después de haber tomado posesión del cargo, el gobierno nombra al general Francisco Llano de la Encomienda como Comandante en jefe del Ejército del Norte y Ciutat como su Jefe de E.M.. La guerra se perdió en el Norte tras diez meses de heroica defensa, como Ciutat cuenta en sus memorias. Ciutat volvió a la zona republicana, y el ya general Vicente Rojo se lo llevó consigo al Estado Mayor del Ejército de Maniobra, como Jefe de la Sección de Operaciones y subjefe del Estado Mayor. En este cargo participó en la elaboración de los planes estratégicos que Rojo tenía en mente, los famosos planes "H" y "P", de los que sólo se puso en marcha el asalto y cerco de Teruel. Pero donde Ciutat dio el máximo fue en ofensiva rebelde contra Valencia y la defensa de Aragón y el Maestrazgo. Por aquellas fechas, Ciutat ya era comandante. Y en abril de 1939, ya como teniente coronel, desempeñaba el cargo de Jefe del Estado Mayor de Levante bajo el mando del coronel Federico de la Iglesia y ambos bajo mando del general Leopoldo Menéndez. Ciutat tomó el camino del exilio y recaló en Rusia donde perfeccionó sus estudios militares en la academia Voroshilov para oficiales de E.M. y donde también fue profesor. Se casó con una rusa y puede decirse que se hizo ciudadano de la Unión Soviética sin ningún complejo. Como asesor militar de la URSS, actuó en Cuba en Bahia Cochinos contribuyendo a la derrota de los hombres del presidente Kennedy. Está claro que Ciutat llevaba el gusanillo de la guerra en el cuerpo, pues tiempo después asesoró a los argelinos contra Marruecos en la guerra conocida como de las Arenas. Pero aqui no acaban las andanzas de Ciutat, que partió para Vietnam del Norte y asesoró al combativo ejercito Nord-vietnamita, lo que ya tiene mérito. En 1977 regresó a España, pero al serle diagnosticado una grave enfermedad, y acudiendo al llamado de Fidel Castro que lo tenía en gran estima, regresó a Cuba donde falleció. Está enterrado en el cementerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarios de La habana. Los cubanos siempre lo conocieron como comandante "Angelito". Pero lo mejor de Ciutat para los aficionados es su libro "Relatos y reflexiones de la guerra de España" que es un extraordinario compendio de datos y razones que explican desde la óptica de un oficial de E.M. las razones de la asimetría entre el ejército rebelde y el republicano. Pese a que realmente sólo estudia la campaña del Norte y la de Valencia, es suficiente para no tener que usar, nunca jamás, los libros del señor Salas Larrazabal, artífice de los mitos militares del tardofranquismo, aún más dañinos para la historia de la II República que la propaganda torticera y cesárea de Arrarás y compañía.

Jesús Cifuentes del Rey.

Comandante de Artillería del Regimiento costero de Cartagena cuando se rebeló contra el gobierno Negrín en marzo de 1939.

José Coello de Portugal

Había sido expulsado del ejército antes de la guerra, probablemente por razones políticas. Los informes nacionalistas le describían como -muy rojo-. Se presentó voluntario en Madrid y se le nombró capitán de E.M. , figurando en la plantilla de Operaciones en octubre de 1938. Ascendió rápidamente a comandante y teniente coronel. Durante algún tiempo se ocupó de contraespionaje y de actividades guerrilleras en la retaguardia enemiga. A finales de 1938 fue 2º jefe de E M del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental.

Juan Colinas Guerra

(1881-1939). Teniente coronel de la Guardia Civil que al producirse el alzamiento militar de julio de 1936 se hallaba destinado en Bilbao, en cuya ciudad, con las fuerzas a sus órdenes, coadyuvó al aplastamiento de la rebelión, no obstante lo cual fue acusado de estar en connivencia con los militares sublevados, si bien gracias a la defensa que hizo de él el dirigente socialista Paulino Gómez Sáez, resultó absuelto y reingresó en el servicio activo. A continuación fue destinado al frente del Norte, donde permaneció hasta el derrumbamiento definitivo del ejército republicano en dicho sector. Tras huir a Francia, volvió a la zona republicana, siendo de nuevo acusado de traición. Recluido en la cárcel de Barcelona, permaneció allí hasta la entrada de los nacionalistas en dicha ciudad, los cuales, después de juzgarlo ante un consejo de guerra, lo condenaron a muerte y lo fusilaron. Ya fue desgracia la de este hombre... Y es lo que tienen las dudas cuando se acerca el momento de la verdad, o te cuadras en el acto a favor de unos o de otros, o nadie confiará en tí.

José Antonio Company Rodríguez.

Fue militante de la FUE mientras estudiaba derecho, así que tuvo que tener una enseñanza movidita, dado que la facultad de derecho estaba llena de falangistas en los meses del gobierno del Frente Popular. Militaba en Izquierda Republicana, el partido de Azaña. Se alistó a las Milicias Populares donde alcanzó el grado de capitán y un puesto en alguna de las secciones del E.M. de la 17 Brigada Mixta del Ejército Popular. Esta brigada participó activamente en la batalla del Jarama donde sufrió severas pérdidas. Los franquistas le condenaron a 6 años de cárcel, pero salió con la condicional en 1942.

Fernando Condés Romero

Era hijo de militar y estando destinado en Marruecos en el grupo de Regulares Indígenas nº 1 conoció a José del Castillo, entonces alférez, del que sería su mejor amigo. En 1928, Fernando Condés ingreso en la Guardia Civil y consiguió un buen destino en el Parque de Automovilismo de la G.C. En Madrid alternó con la conocida periodista, política y activista, Margarita Nelken, que tenía conocida fama de seductora, y que en realidad solo era una mujer libre que decidía su propio destino, pero que en los tiempos que corrían era muy mal visto por la sociedad bienpensante. El descubrimiento de un mundo nuevo que trascendía de la milicia y que engarzaba con las legítimas reivindicaciones del pueblo y que sin duda pasaba por una acendrado patriotismo del de verdad, supuso para los dos amigos, Castillo y Condés una revelación y una certeza, la certeza de estar en el buen camino, un camino que no tenía vuelta atrás. Las inclinaciones de estos amigos y militares iban hacia el Partido Socialista. Y la primera prueba de fuego fue la Huelga General Revolucionaria de 1934. Los tres tomaron parte sin reservas en la intentona revolucionaria, intentando ocupar el Parque de automóviles de la G. C. con la sección de Castillo. Naturalmente fue un fracaso y todos fueron juzgados condenados, y Condés fue expulsado de la Guardia Civil y enviado a Prisiones Militares, y sus amigos también. La llegada del Frente Popular el 11 de febrero reparó estas sanciones y aunque Condés recuperó la condición de Guardia Civil, no se le dio destino. Visto como se estaba comportando la derecha ante el legítimo triunfo del Frente Popular, Faraudo, Condés y Castillo ingresaron en la Unión Militar Republicana Antifascista. Siendo los tres de simpatías socialistas, pronto se vieron instruyendo a los guardaespaldas de "La Motorizada" de las Juventudes Socialistas que protegían a Prieto, no sólo de otros partidos, a veces de los radicales Largo caballeristas que habían pasado de contemporizar con Primo de Rivera a casi, casi, bolcheviques. Los materiales de esta instrucción, frente a todas las exageraciones que se le atribuyen a "La motorizada", eran cuatro pistolas viejas que entre todos se habían apañado. La espiral de violencia, que trata de que pistoleros fascistas (de los que había para dar y tomar en una decena de grupúsculos violentos), maten activistas de izquierdas para tras enmarañar los hechos podérselos arrojar a la cara a los gobiernos de izquierda para luego justificar la intervención de la Fuerza Armada del Estado en la espiral de reacción que esta estrategia siempre provoca. Italia y Alemania años 20, España 1936, Chile 1973, Portugal 1974, España 1977, etc... son buenos ejemplos de ello. Pero allí y entonces, los peones eran los pistoleros de José Antonio Primo de Rivera, y los beneficiarios, Gil Robles y sobre todo el brillante manipulador, Calvo Sotelo, al que estas ocupaciones le costarían la vida. A caballo de los que contamos, el 7 de mayo, el capitán Fernando Faraudo fue asesinado por pistoleros falangistas provocando una gran conmoción en las Juventudes Socialistas. Estaban, además los incidentes del 14 de abril, donde el teniente Castillo fue protagonista, y que como venganza, el 12 de julio, pistoleros tradicionalistas asesinaron al teniente Castillo. De los tres militares socialistas amigos, Faraudo, Castillo y Condés, sólo quedaba este último. Esa noche, en el cuartel de Pontejos, se concentraron guardaespaldas de los motorizada, oficiales de asalto, como Burillo y el propio Condés, que se encontraba prácticamente es estado de shock. Se decidió allí mismo atentar en represalia contra un político importante de derechas. Quedan dudas sobre si Condés conocía o no las intenciones de Victoriano Cuenca, un guardaespaldas de "La Motorizada", y en su caso, si las aprobaba. Salieron pues para la camioneta nº 17 y Condés junto con dos guardaespaldas de "La Motorizada" y varios guardias de Asalto se encaminaron al domicilio del líder tradicionalista Goicoechea, que no estaba. Cambiaron de rumbo y se dirigieron a la casa de Gil Robles, que tampoco estaba. Alguien recordó a Calvo Sotelo, y a su domicilio se dirigieron. Allí Condés, infringiendo todos los reglamentos, pues para empezar, Calvo Sotelo era aforado por su condición de diputado, se identificó como oficial de la Guardia Civil consiguiendo que Calvo Sotelo no ofreciera resistencia. Condés, aprobara o no lo que iba a suceder, lo sabía sin necesidad de que nadie se lo contara, pero la venganza clamaba en su corazón y no era hora de tener piedad. Cuando desde un asiento a la  trasera de Calvo Sotelo, Victoriano Cuenca le soltó dos tiros en la nuca al líder derechista, la mueca de Condes al cruzar sus ojos con los del asesino, era poco clara. Dejaba entender que lo aprobaba, cuando en su fuero interno, todo por lo que luchaba se le vino abajo, comprendiendo que estos no eran métodos y que todas las ideas por las que luchaba estaban en contra de lo que acaba de suceder, por muy fascista y provocador que fuera Calvo Sotelo. Horas después, y tras hablar con Burillo, que se mostró aparentemente horrorizado y con el socialista Vidarte, que le reprochó la situación en que había dejado al gobierno,  Condes solicitó ver a Prieto, que se encontraba de viaje. Cuando fue finalmente recibido por Prieto, Condés le manifestó su depresión y sus ganas de suicidarse como única manera de limpiar su nombre. Probablemente había algo de verdad en la vergüenza de Condés. Pero la repuesta de Prieto fue antológica, diciéndole, no necesita usted suicidarse, en breves horas o días podrá usted luchar, y hasta morir, contra los enemigos del pueblo, resérvese pues para esta tesitura. Y lo despachó. Condés, efectivamente, murió en el Alto del León defendiendo Madrid.

Antonio Contreras Martínez.

Era capitán de artillería retirado por la Ley de Azaña. En agosto de 1938 fue incorporado forzoso al servicio. Durante la batalla de Brunete y dada su significada negligencia, fue detenido e ingresado en prisiones militares a la espera de juicio. En realidad pertenecía a las redes de ayuda a desafectos y practicaba una sorda desobediencia que se sostenía por la solidaridad entre militares profesionales, incluso por profesionales fervientemente republicanos. Naturalmente se unió a Casado que le nombró mayor en la 152 B.M. Los franquistas agradecieron sus esfuerzos por boicotear al Ejército Popular, pero la justicia militar franquista tenía sus propias ideas sobre el asunto y le condenó a 20 años que quedaron en seis y que finalmente al año se le concedió la condicional.

Antonio Cordón García.

Capitán de Artillería retirado que había tomado parte en conspiraciones contra Primo de Rivera y posteriormente se había adherido al Partido Comunista. Volvió al ejército al estallar la guerra y durante algún tiempo se dedicó a poner orden en el caos que reinaba en el Ministerio de la Guerra. Luego fue jefe de EM de distintos frentes andaluces y en agosto de 1937 en Belchite. Fue nombrado jefe de Operaciones del Estado Mayor Central. Destituido por Prieto con la acusación de que realizaba propaganda comunista, lo que es del todo increíble. Fue reintegrado por Negrín en su puesto en 1938 y nombrado posteriormente subsecretario del Ministerio de Defensa, en donde fue en gran medida responsable de la eficaz reorganización del ejército tras su partición en dos. Fue ascendido a general en febrero de 1939 y contempló el paso de la frontera francesa de los ejércitos derrotados siendo jefe del EM del Grupo de Ejércitos del Este. Después de la guerra marchó a la URSS. Fue agregado al nuevo ejército polaco y tomó parte en actividades republicanas españolas en Francia. Falleció en Praga el 1971, donde había ocupado un cargo universitario. Escribió unas memorias muy esclarecedoras sobre la España Alfonsina y los entresijos de la maquinaria militar de la II República en guerra. Se trata de un libro de alabanza del papel del PCE en la guerra, pero si el lector sabe dejar a un lado ese obligado barniz que Cordón no podía evitar, el libro es una fuente estupenda para la valoración de los personajes a los que el autor tuvo que servir o mandar y para conocer el verdadero funcionamiento del Ministerio de Defensa, con Rojo, Prieto y Negrín. Antonio Cordón es uno de los grandes de la Resistencia republicana con Negrín, Rojo, Hidalgo de Cisneros, Alvárez del Vayo y pocos más a este nivel tan alto,


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Nacido en 1895, Antonio Cordón ingresó en 1911 en la Academia de Artillería de Segovia. Hace vida de guarnición en La Coruña, Gerona y Pontevedra, donde asciende a los veinticinco años a capitán. Toma parte en las operaciones de Nador y Monte Arruit, en la guerra de Melilla, donde conoce la cruel-dad de las tropas coloniales y la supina ignorancia de los mandos. «Aquella guerra —lo veía yo con claridad— no era, como pretendían hacer ver los Berenguer, los Sanjurjo y compañía, ni una escuela de mandos ni de preparación de un ejército a fin de que éste, llegado el caso, estuviese en condiciones de cumplir la misión que los militares sanos creíamos que debía ser la del Ejército: la defensa del territorio nacional y los bienes de la patria contra un enemigo exterior, la defensa de la independencia y soberanía nacionales. La guerra colonial que hacíamos no preparaba al Ejército ni moral ni técnicamente para este tipo de guerra justa. Todo lo contrario, sólo había servido y seguía sirviendo para dividir al cuerpo de mandos, para crear una supercasta de militares coloniales enfrentados radicalmente, tanto en el concepto del cometido de la profesión como en la práctica de ella, con la inmensa mayoría de los militares peninsulares.» Después de un breve destino en Pontevedra, es llamado de nuevo a Africa. La causa de este llamamiento hay que buscarla en que, al no existir oficiales voluntarios en la península, el Gobierno decretó el servicio forzoso en Africa dos años en cada grado. Sirve en Larache, donde el 14 de septiembre de 1923 se le comunica el golpe de estado de Primo de Rivera. Conoce allí al dictador, que anuncia su próximo regreso a fin de poner término a la guerra. Cordón chocaría pronto con él a causa del compromiso adquirido por aquél con sus compañeros de armas, según el cual se negaban a ascender por cualquier sistema que no fuera el de rigurosa antigüedad. Era el famoso asunto de las escalas cerradas. Separado del Cuerpo en 1926, cursa estudios en la Escuela Superior de Guerra, en Madrid. En el verano de 1936 ingresa en el Partido Comunista y el 19 de julio se presenta voluntario en el Ministerio de la Guerra, donde empieza a trabajar por encargo del general Hernández Saravia. Ayuda cuanto puede al general Castelló, ministro de la Guerra, quien como hemos visto sufría grandes depresiones a causa de su tragedia familiar. En noviembre marcha con el Gobierno a Valencia. Allí permanece a las órdenes del general Asensio Torrado, en el Estado Mayor, hasta que a principios de 1937 se le encarga la misión de reducir el santuario de Nuestra Señora de la,Cabeza, defendido por el capitán Cortés, de la Guardia Civil. Ataca duramente Lugar Nuevo, que cae el 14 de abril, cerca el Cabezo —previamente se puso en contacto con la Cruz Roja a fin de proceder a la evacuación de las familias de los guardias—, consiguiendo finalmente la rendición del santuario el 1º de mayo. Anteriormente había operado en los frentes de Andújar y Pozo-blanco. En mayo es nombrado por Prieto, ministro de Defensa, jefe del Estado Mayor del Ejército. Sucedía esto en Valencia, desde donde tuvo que salir hacia Barcelona a fin de resolver en lo posible los tristes sucesos de mayo que se habían producido en la Ciudad Condal. Contra el parecer del general Pozas, Cordón traslada el Estado Mayor a Lérida. En su calidad de jefe de Estado Mayor, es el primero en enterarse del nombramiento de Líster, al frente de la XI división, para disolver el Consejo de Aragón. En agosto conferencia con Rojo, quien le informa del proyecto de una ofensiva en el Aragón, cuyo objetivo sería la conquista de Zaragoza. Correspondía a Cordón la misión de planearla, contando, de entrada, con el V Cuerpo de ejército al mando de Modesto. Independientemente de que se lograra conquistar Zaragoza, en realidad se trataba de atraer al enemigo que operaba contra Santander a fin de evitar la caída de la capital montañesa. Cordón se opone a que la ofensiva fuera sobre la línea defensiva del enemigo que se apoyaba en Quinto o Belchite, proponiendo como objetivo la ciudad de Zaragoza, cuya caída arrastraría la de Huesca y posiblemente la de Teruel. Según Cordón, la operación que se aprobó y se planteó consistía en avanzar en primer lugar con fuerzas motorizadas sobre Zaragoza, «sin dejarse atraer por los puntos fortificados del enemigo para intentar tomarlos a toda costa, con lo que se anularía el elemento esencial del éxito, dadas las circunstancias», es decir, alcanzar Zaragoza. Ascendido a teniente coronel, Cordón establece un plan de ataque según el cual se rompió el frente por cuatro puntos diferentes a fin de desorientar al enemigo y confundirlo para caer finalmente sobre Zaragoza. Eran los prolegómenos de la sangrienta batalla de Belchite. Tras los violentos combates de Codo, Quinto y Fuentes de Ebro, en pleno mes de agosto, el 6 de septiembre se rinde a los republicanos una guarnición diezmada y enloquecida que ha defendido el pueblo casa por casa. Pero después de la toma de Belchite la batalla fue extinguiéndose lentamente. Por otra parte, parte del objetivo, que era como se ha dicho distraer tropas nacionalistas en su avance hacia el Norte, no se logra: Santander cae el 26 de agosto. A principios de octubre el teniente coronel Casado fue nombrado por Prieto jefe del XXI Cuerpo de ejército, con carácter interino, ya que el general Pozas había ido a Barcelona a someterse a una intervención quirúrgica. Con gran sorpresa por su parte, Cordón se entera de que va a emprenderse una nueva ofensiva en Aragón, partiendo de la zona Mediana-Fuentes de Ebro. En seguida expone a Rojo su opinión, contraria a la ofensiva, porque las tropas republicanas apenas se habían repuesto de la anterior y los nacionalistas en cambio habían reforzado mucho sus defensas. Rojo afirma ser de la opinión del jefe de Estado Mayor, pero al mismo tiempo le dice que es «cosa del ministro», refiriéndose a Prieto, quien habría aceptado la sugerencia de Casado de iniciar la nueva ofensiva. Añadió que se contaba con cuarenta tanques nuevos de procedencia soviética, que serían los principales protagonistas. Cordón se limita a proporcionar al ejército del Este un grupo artillero y una brigada de apoyo para los tanques. Como es sabido, la operación se saldó en fracaso. Los tanques quedaron aislados en territorio enemigo en su mayoría, algunos de ellos no inutilizados, sino clavados, pegados al suelo en el denso barrizal en que los nacionalistas habían convertido el terreno al abrir algunas acequias de los alrededores. Ni que decir tiene que Cordón echa la culpa del fracaso sobre Prieto y su consejero Casado, en quienes siempre vio auténticos enemigos de los comunistas, aunque es muy posible que la causa del resentimiento fuera su destitución por el ministro, que lo nombró para un cargo muy inferior al que tenía antes y que era el de jefe de una de las secciones de la Subsecretaría, la de Material. De nuevo destinado en Barcelona, donde en lo sucesivo radicará el Gobierno, permanece varios meses alejado de los frentes en una situación que califica él mismo de «incómoda». Y así había de continuar hasta el 9 de marzo, fecha en que Rojo le informa de que el frente del Este había sido roto por el enemigo en una amplia zona de unos noventa kilómetros. Cordón asiste al desarrollo de las operaciones, nuevo fracaso para el Ejército de la República, que en esta ocasión sufre un golpe mortal en su moral al ver partido en dos el territorio que defiende. Como siempre, una de las causas del fracaso, la de orden interior, es para Cordón el pesimismo de Prieto, el sentido derrotista que imprimió a la guerra. A consecuencia de los fracasos militares en todos los frentes y las arremetidas de los comunistas contra Prieto, especialmente el machaqueo constante de Dolores Ibárruri para quien las ideas militares del ministro se fundamentan en «el menosprecio a la capacidad del Ejército Popular» el 6 de abril de 1938 quedaba constituido un nuevo Gobierno, llamado de Unión Nacional. Lo presidía el doctor Juan Negrín, que se reservó la cartera de Defensa. Cordón ve en él al hombre providencial, optimista y lleno de vitalidad, dispuesto a ganar la guerra contra los negros augurios del ministro saliente. «Negrín —escribe—no era un pesimista como Prieto. Quería ganar la guerra, y hasta la pérdida de Cataluña creyó en la posibilidad de la victoria o, por lo menos, de terminar la contienda de forma que quedasen salvaguardados el derecho del Estado español a la independencia e integridad, el respeto de todas las libertades cívicas de los ciudadanos y de las libertades nacionales, sin detrimento de la unidad nacional, y la posibilidad de que todos los españoles, previa una amnistía general, pudieran decidir después de la guerra, por medio de un plebiscito, la forma de gobierno que hubiese de tener el país.» Por sugerencia de Negrín inicia la preparación de un plan de movilización general que posteriormente dejaría el ministro aplazado sine die y que no se llevaría a efecto más que a mediados de enero del 39, cuando ya era demasiado tarde. Es el primer gran proyecto del nuevo subsecretario, al que seguirían otros no menos importantes, mientras dedicaba gran parte del día a inspeccionar personalmente las unidades de servicios y organismos de la retaguardia, centros de movilización, sanitarios, de transportes, etc. De la época de Barcelona conservamos una instantánea del ya coronel Cordón debida a la pluma de Teresa Pamies. Traducimos de Quan érem capitans: «El Antonio Cordón de aquel día (finales de 1937) era un militar bien plantado, bien uniformado, de piel color de oliva y ojos grandes y tiernos que me recordaban los de Charles Boyer; modales distinguidos de una distinción natural y discreta.» Señala la escritora su admiración por el hombre que, sin desdeñar las necesidades y los problemas de los frentes, que visitaba con regular asiduidad, desempeñó una labor muy positiva en la retaguardia barcelonesa. Su máxima preocupación como subsecretario de Defensa al iniciarse la ofensiva franquista sobre Cataluña, el 23 de diciembre, es la de sacar el mayor número posible de hombres y armas de los servicios de retaguardia a fin de reponer las pérdidas sufridas por el ejército del Ebro. La acometida que espera es, en efecto, brutal, y Cordón insiste en la necesidad de una movilización general; el 9 de enero se da la orden de movilización de los reemplazos de 1922 y 1942 y, finalmente, el 16 de enero, diez días antes de la caída de Barcelona, aparece el decreto de movilización general. Por desgracia, sólo quedaba tiempo para iniciar una retirada a la que Cordón aporta experiencia y entusiasmo en aquellos momentos tan difíciles. El 23 de enero procede, en efecto, a la evacuación de la Subsecretaría desde Barcelona a Vilahur, pero en vista de que no había edificios apropiados, ordena el traslado al castillo de Figueres. Allí se instala también el Gobierno con su presidente y las Cortes, hasta el final de la contienda. Cordón pasa a la zona Centro-Sur desde Francia, destierro relámpago que comparte con Hidalgo de Cisneros. En Madrid visita a Casado en el Cuartel General del ejército del Centro, y le extraña su cordialidad al saludarlo, «él que era frío y que en sus relaciones conmigo no había mostrado nunca ni simpatía ni amistad». La impresión que recibe de él es favorable a la resistencia a ultranza, pero las relaciones que dice sostener con los británicos que se encargarían con sus buques de la evacuación le alertan sobre el riesgo de la traición. La misma sospecha encuentra en Negrín, con quien se reúne varias veces y le asciende a general el 3 de marzo. Asiste desde Elda a los últimos acontecimientos —sublevación de Cartagena, golpe de estado de Casado, reacción de los comunistas—, llegando a la conclusión de que la resistencia se hacía imposible debido a lo que él llamó traición casadista. Finalmente abandona España con algunos de sus camaradas. Cordón residió durante cuatro años en la URSS. En Moscú siguió los cursos de perfeccionamiento en la Academia de Estado Mayor K. E. Voroshílov —los demás militares españoles de Milicias lo hicieron en la Frunze—, de la que en 1944 salió con el grado de general. Después de residir algún tiempo en París pasa a Belgrado, donde es huésped del mariscal Tito, en 1946. En 1956 lo encontramos en Checoslovaquia, donde fue también «responsable» de los españoles. Según se desprende de quienes le trataron en la época, su actitud dentro de la línea ortodoxa del Partido se endurece, sobre todo a partir del año 1954 en que fue nombrado miembro del Comité Central. Metido a intelectual, hizo algunas traducciones y dio clase de Literatura Española en la Universidad Karolinska de la capital checoslovaca. Murió en Roma, donde está enterrado, en 1969. Es autor de Trayectoria, libro de memorias cuya primera edición lleva la portada ilustrada por Alberti. En colaboración con Dolores Ibárruri, Manuel Azcárate, L. Balaguer, frene Falcón y José Sandoval, escribió Guerra y revolución de España (1936-1939), Progreso, Moscú, 1966. De los mismos autores es Historia del Partido Comunista de España, Éditions Sociales, París, 1960.

Carlos Cornejo.

Mayor de milicias que tomó el mando de la 2 Brigada Mixta para la ofensiva de Valdesequillo y cuya misión consistió en sostener la retirada al final de la batalla, quedando la brigada reducida a dos batallones.

Manuel Cristóbal Errandonea

Errandonea en su madurez.Taxista en la vida civil. Comandante del ejército vasco, natural de Irun que se distinguió en la guerra del 36 como jefe militar. Fue uno de los dirigentes de la defensa de Irun al comienzo del alzamiento, luchando al frente de un grupo de trabajadores iruneses que formaron la base del futuro Batallón Rosa Luxenburgo, de filiación comunista como el propio Errandonea. Tras la caída de Irun en poder de las columnas nacionales, dirigió con el comandante García Ezcurra un contraataque por la reconquista de la posición de San Marcial y, desde allí, de la línea fronteriza, ataque que fue rechazado. Al frente de Rosa Luxenburgo luchó con valor e inteligencia en Bizkaia. Defendió hasta el último momento su posición en Errenteria, en el flanco izquierdo de Gernika. Al organizarse el ejército vasco en Brigadas se le dio el mando de la VI, compuesta por los Batallones Rosa Luxenburgo, U. G. T. n.° 13, Amuategi y Rebelión de la Sal. Con esta Brigada contraatacó en Peña Lemona, logrando recuperar la cumbre, y, tras la rotura del cinturón de Bilbao, en el Urrusti, posición que igualmente recuperó. En este último combate resultó herido en un pie, siendo sustituido en el mando por el voluntario italiano Nino Nanetti. Tras la pérdida de Bizkaia y retirada a Santander se le dio el mando de la II División. Capturado en el Levante al fin de la guerra, consiguió escapar y pasar a Francia. Según el periodista G. L. Steer fue una de las revelaciones civiles de la guerra.

Fuente: Felipe Peña

Manuel de la Cruz Boullosa

(1874-1939). General de brigada del Arma de Artillería que al estallar la guerra civil desempeñaba el cargo de subsecretario del Ministerio de la Guerra, cargo del que fue depuesta el 22 de julio de 1936, al hacerse cargo de la presidencia del Gobierno José Giral, sin que a partir de entonces volviera a ocupar puesto de mando alguno, a pesar de haber permanecido fiel a la República. Murió en Madrid poco antes de concluir la contienda.

Juan Cueto Ibáñez

Nombrado para la casa militar de la Presidencia en su calidad de teniente coronel de Carabineros. Enviado a Bilbao, instruyó los batallones milicianos de Izquierda Republicana. Fue ejecutado a raíz de la toma de Bilbao.

Antonio Cueva de la Fuente.

Era maestro nacional y militaba en UGT. Ingresó en el Cuerpo de Carabineros, donde alcanzó el grado de comandante a los 36 años. Sirvió en la 152 Brigada Mixta, constituida por Carabineros, que se encuadraba en la 4 División del I Cuerpo del Ejército del Centro. La unidad apoyó tibiamente a Casado, por lo que sus mandos fueron cesados. Antonio Cueva fue nombrado comandante de la brigada. Juzgado por los franquistas fue condenado a 30 años, aunque posteriormente la pena fue conmutada a 12 años. No obstante salió con la condicional en 1942

Edmundo Cuevas de la Peña.

Capitán de Infantería. Mandó las Fuerzas de Seguridad de Barcelona y fue nombrado director general de Seguridad oponiéndose a la supuesta influencia comunista.

Agustín Delgado Cros.

Este capitán de infantería se encontraba destinado el 18 de julio en una oficina de la Sección de Destinos de la División de Madrid. Estaba al tanto de la conspiración del 18 de julio pues era simpatizante falangista. Tras el fracaso militar,  y tras unos días desaparecido se reintegró a las oficinas de la División, en la sección de censura militar de prensa. Pero pronto fue declarado "disponible gubernativo", o sea, que no era de fiar. Finalmente fue detenido y llevado a la de Ventas. Por intercesión de un familiar suyo, Fernández Castañeda, secretario del general Miaja y miembro de la Falange clandestina, consiguió que lo liberaran, uniéndose a la Quinta columna. Fernández Castañeda se pasó a la zona rebelde, y Agustín Delgado se vio en la premura de buscar protección. Habló primero con el comandante Pérez Martínez, ayudante de Miaja, que le recomendó mucha discreción y le buscó un puesto en su antigua ocupación de censura militar de prensa. El caso es que quizá, Díaz Tendero, que llevaba el Gabinete de Información y Control de militares profesionales y fundador del SIM madrileño, o quizá otra autoridad militar, le mandó al frente a la cabeza de un batallón. Si quería pasarse, esa era su oportunidad. Pero no, se fue a ver a Vicente Rojo, que ya era teniente Coronel en el Estado Mayor de Miaja, y le pidió ayuda pues eran de la misma promoción. Vicente Rojo, le aseguró que comprendía sus motivos de conciencia y le emboscó en otro puesto burocrático, el negociado de Salvoconductos, que no parece muy indicado para un desafecto. Tras unos meses de formación en el Estado mayor, Delgado Cros se puso a trabajar con la Falange clandestina, pasando a formar parte de la red quintacolumnista "Antonio" teniendo como padrino al capitán José López Palazón. Para colmo, el coronel Felix Muedra Miñón, jefe de la Tercera Sección (operaciones), le proporcionó todos los planos de la ofensiva de Brunete, que naturalmente llegaron a manos del SIPM burgalés, pero que no debieron ser muy tenidos en cuenta, dada la sorpresa que las tropas franquistas del sector se llevaron en esa ofensiva republicana. El menosprecio que el ejército rebelde le tenía al ejército que defendía la República, era tal, que no se molestaban mucho por aquellas fechas en preparar contramedidas, y como Franco estaba muy ocupado en el Norte, el trabajo de los espías no sirvió de mucho. En cualquier caso, la verdadera tarea de Delgado Cros era proporcionar salvoconductos de libre circulación por todo el territorio republicano firmados por Miaja y Rojo. Los rebeldes reconocieron al menos 70 mandos profesionales que se pasaron a la zona rebelde gracias a los papeles de Delgado Cros. En diciembre de 1937, fue detenido por el SIM, pero no fue legalmente ejecutado, pese a estar acusado de alta traición y espionaje, como hubieran hecho en cualquier otro ejército en guerra. Total, que fue liberado al final de la guerra y admitido en el ejercito rebelde. Delgado Cros no sirvió a la República, pero está aquí porque estuvo destinado en unidades y administraciones del Ejército Popular.

Alipio Díez Calleja

Era teniente de infantería retirado en Madrid cuando la rebelión militar. Se incorporó al Ejército Popular y ascendido a comandante recibió el mando de la 4 Brigada Mixta durante casi todo el año 1937, en la que la brigada apenas realizó actividad bélica, pese a su buen historial que dejó en su formación. En diciembre de 1937, Alipio Díez fue sustituido por Mayor de milicias Eugenio Franquelo Ramírez.

Felipe Díaz Sandino.

(1891-?). Teniente coronel del Arma de Infantería y piloto aviador que en julio de 1936 se hallaba destinado en Barcelona, donde mandaba la Escuadra Aérea nº 3 con base en el aeródromo del Prat. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano, poniendo en juego toda su autoridad para que el citado aeródromo no cayese en poder de los militares rebeldes, lo que consiguió tras no pocas vicisitudes. Convertido poco menos que en héroe popular, poco tiempo después fue nombrado consejero de Defensa del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, cuyo cargo desempeñó hasta casi el final de la contienda. Al finalizarla guerra abandonó España y se exilió al extranjero.

Eleuterio Díaz-Tendero Merchán.

(1882-1945). Capitán de Infantería (escala de reserva) y elemento destacado militante de la UMRA, que al estallar la guerra civil se adhirió a la causa republicana, desempeñando a lo largo de la contienda diversos puestos de carácter burocrático directamente relacionados con la depuración y selección del personal militar —jefe del Gabinete de Información y Control, jefe de personal del Ministerio de la Guerra, creador del SIM, etc.—, en los que realizó una extraordinaria labor de clasificación en el inquietante y ambiguo mundo de los militares que habían quedado en zona gubernamental sin ser manifiestamente republicanos. Detenido en una ocasión por haber escrito o inspirado una serie de artículos contra Largo Caballero, entonces presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, en los que se criticaban duramente los procedimientos —a juicio del articulista, erróneos— que se seguían para el nombramiento de los altos jefes militares, fue repuesto en su cargo tras recobrar la libertad. Al finalizar la campaña de Cataluña se exilió a Francia, donde, durante la segunda guerra mundial, fue detenido por los alemanes, acabando sus días en un horno crematorio del campo de concentración de Dachau.

Muerto en un campo de concentración nazi...

Francisco Domínguez Otero.

Al inicio de la guerra tenía plaza en el Estado Mayor de la 3ª División Orgánica. Participó de la conspiración golpista en Valencia que como todo el mundo sabe fracaso por la pusilanimidad de sus partidarios. Como muchos de sus colegas de esta región, fue llamado al servicio, donde sirvió en el Estado Mayor del XIX Cuerpo de Ejército del Ejército de Levante, precisamente en 1938 cuando la Quinta Columna y el SIPM salieron con descaro a la luz en los Estados Mayores del Ejército del Centro y del Grupo de Ejércitos. Domínguez Otero era precisamente el agente del SIPM que enlazaba los Estados Mayores del XIX C.E. y del GERC. Pese a tanto mérito, la justicia franquista le condenó a 15 años que quedaron en seis. A principio de 1941 fue indultado.

Francisco Domingo Garrido.

Pese a a su juventud, 24 años, alcanzó el grado de comandante de Carabineros en la 8 Brigada Mixta, que no tuvo especial relevancia en el frente de Madrid dentro de la 18 División del III Cuerpo del Ejército del Centro. Su verdadera profesión era la de contable y provenía de las juventudes socialistas que se integraron en las JSU. Se mantuvo neutral en el golpe de casado. Los franquistas le condenaron a 12 años y un día pero salió con la condicional en 1942.

Doroteo Dueñas Salvado

Capitán en la 28 Brigada Mixta, 109 Batallón. Murió en combate, el 16 de Abril de 1938

Fuente: Julián Dueñas Méndez

 Gustavo Durán Martínez (1906-1969)

Había pasado parte de la dictadura primorriverista en el exilio, dedicándose al doblaje de películas en París. Era músico profesional y tuvo bastante éxito con su ballet "Fandango del Candil" en 1927. Pertenecía a la vanguardia artística de la Edad de Plata republicana alternando con sus principales protagonistas como Lorca, Buñuel, etc... Al estallar la guerra se unió a las Milicias del Quinto Regimiento, donde ocupó cargos y durante breve tiempo fue jefe de E.M. de la XI Brigada Internacional. En la orbita del PCE madrileño y de la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Alberti y señora. Fascinó a todos los intelectuales que le conocieron por su entrega a la causa su buena disposición militar muy en la línea de la política militar del Partido Comunista donde era muy bien visto. Fue jefe de la 69 Brigada y posteriormente jefe de la 47 División. Primero con una y luego con la otra, participó en Brunete y en Teruel, cogiendo fama de duro y de cumplidor de las órdenes, pasando su división a ser de las de confianza del E.M.  Se dice que Malraux se inspiró en Durán para Manuel, uno de los protagonistas de su novela "La Espoir" y que también fascinó a Hemingway . Durante breve tiempo estuvo al frente del SIM madrileño, aunque Prieto le devolvió al campo de batalla porque había efectuado nombramientos sin estar autorizado para ello, pero la realidad es que Prieto no soportaba a un comunista como jefe de ese trascendente servicio de seguridad e inteligencia de la II República. En 1938, ascendió a teniente coronel y recibió el mandó del XX Cuerpo y estuvo en la defensa del frente al norte de Valencia.

Al fin de la guerra pudo exiliarse embarcando en el HMS Galatea, siendo el último pasajero en subir. Ya en Londres,  teniendo sobrados recursos artísticos y personales fue bien recibido en los ambiente intelectuales proclives a la República. Poco después se casaba con la americana Bonté Crompton con quien tuvo tres hijas. La familia se trasladó a los Estados Unidos. La vida le sonrió a Durán en América al principio. Era un buen músico, físicamente agraciado, elegante y refinado, y con unas relaciones familiares y personales que le abrían todas las puertas de la liberal intelectualidad americana, y como no, de los servicios secretos USA, que siempre estaban buscando gentes así, seductoras, inteligentes y con relaciones. En Cuba trabajó con su viejo conocido Hemingway, quien le había citado por su nombre en "Por quién doblan las campanas", y juntos se dedicaron a desmontar espías nazis y ¡falangistas! Siguiendo por esa vía, Durán trabajó en las mejores empresas americanas, viajó por toda Sudamérica, y concretamente en Argentina, ofició de agente americano intentando evitar la toma del poder por Perón al que el Departamento de Estado (Exteriores) suponía filo nazi. Y todo iba estupendo hasta que llegó el senador McCarthy, y Duran y toda la intelectualidad liberal americana se echó a temblar. A Duran, el paranoico senador de Wisconsin, lo incluyó entre los 57 comunistas que trabajaban para exteriores. En el caso de Duran que había dejado el comunismo al terminar la guerra y tras casarse con todas las consecuencias con una rica, y que ya en 1950 trabajaba como funcionario de la ONU, la acusación no prosperó y Durán siguió con su vida, falleciendo en Atenas en 1969. Durán fue un músico de talento, republicano leal, competente militar del Ejército Popular y diplomático y funcionario de la ONU, que toda su vida trabajó para la democracia, incluso bajo la nómina del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América que ya es difícil. McCarthy lo perseguía por ser progresista, cosa que no soportaba de nadie.

La campaña de desprestigio de las autoridades españolas del ministerio de Asuntos Exteriores corrió pareja con las insidias de McCarthy. A destacar en estos patrióticos esfuerzos el embajador Lequerica en USA, sí, el mismo que siendo embajador de Franco en la Francia de Petain estuvo a punto de arrestar a Azaña (con la ayuda del innombrable agente Urraca), para fusilarle como a Companys, sólo que Azaña tuvo la dignidad de morirse unos días antes.

Lea este artículo sobre Gustavo Durán.