S.B.H.A.C.

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2.3- Galería de militares republicanos en la GCE
(incluyendo los oficiales de milicias)

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De Vicente Guarner Vivancos A Pedro Martínez Cartón (44)

Vicente Guarner Vivanco

Guarner con Escofet, Aranguren, Arrando y España celebrando la victoria sobre los facciosos el 20 de julio

(1893-1981). Comandante del Arma de Infantería, nacido en Mahón (Menorca), diplomado en la Escuela Superior de Guerra. Profesor de la Academia de Infantería de Toledo y de la citada Escuela Superior. De ideología liberal, al estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, donde desempeñaba el cargo de jefe de los servicios de Orden Público de Cataluña, desde el cual contribuyó brillantemente a la derrota de los militares sublevados el día 19 de julio de 1936. Más tarde fue nombrado asesor militar del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña y subsecretario de la Consejería de Defensa del Gobierno catalán. En calidad de jefe de Estado Mayor, intervino en las operaciones de los frentes del Centro, Córdoba y Aragón, siendo posteriormente designado director de la Escuela de Estado Mayor. Casi a finales de 1938 fue enviado a Tánger (Marruecos) como agregado militar, con el fin de que organizase un servicio secreto en Marruecos, en cuya ciudad le sorprendió el final de la guerra De allí se trasladó a Casablanca (Marruecos) y, después, a México, donde falleció. Autor, entre otros trabajos, de El Ejército español y la lucha por la libertad, México, 1951; Cataluña en la guerra de España, G. del Toro, Madrid, 1975; Front d'Aragó, Edicions 62, Barcelona, 1977; L'aixecament militar i la guerra civil a Catalunya (1936-1939), Abadía de Montserrat, 1980.

1.- Teniente Coronel Gabarre de la Guardia Civil. 2.- Escofet, Comisario General de Orden Público. 3.- Comandante Guarner. 4.- Comandante Arrando. 5.- Capitán Luengo, secretario de Escofet. 6.- Comandante Madroñero.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Este prestigioso jefe menorquín nació en 1893 en Mahón y residió desde su niñez en Barcelona. En 1908 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, donde se graduó como segundo teniente en 1911. Después de ingresar por oposición en la Escuela Superior de Guerra de Madrid obtuvo el diploma de Estado Mayor en 1919. Hizo las prácticas de Estado Mayor con el grado de capitán en Menorca, Ceuta y Melilla, en el Estado Mayor del IV Cuerpo de ejército y en la base aérea de Cuatro Vientos. Entre 1920 y 1926 fue profesor de la Academia de Infantería de Toledo. Al ascender a comandante fue nombrado jefe de Estado Mayor de la 7.a brigada de Infantería, en Barcelona. De talan-te liberal y republicano convencido, fue procesado a consecuencia de los sucesos de 1934. En 1935 fue designado por concurso profesor de Táctica en la Escuela Superior de Guerra de Madrid, puesto al que se incorpora en mayo del 36. Pero la historia marcaba sus rumbos por otros derroteros. En efecto, según confiesa el mismo Guarner, recibió una inesperada llamada telefónica del presidente Companys, «rogándome que fuera a verle, y acudí a su despacho a la hora indicada. El presidente, con su habitual simpatía, que contrastaba con la adustez de don Manuel Azaña, me dijo que había pensado en mí para ejercer el cargo de jefe de los servicios de Cataluña. Me negué en redondo, diciéndole que ya estaba destinado en un cargo militar que me gustaba mucho; que tenía piso en Madrid, con mi vida organizada, y, además, le indiqué que en ese cometido tenía que estar un civil. El presidente manifestó que era de mi opinión, si bien para tiempos normales, pero que había indicios de un movimiento militar y que contaba conmigo» 34 Companys le pregunta entonces si, siendo comandante como es, se aviene a servir a las órdenes del capitán Escofet, a lo que Guarner contesta afirmativamente, añadiendo que no tenía ningún inconveniente en servir a las órdenes «de tan gran persona como era Escofet».En efecto, el 4 de julio de 1936, quince días antes del levantamiento, toma posesión de su cargo en Barcelona. Dedica los primeros días a visitar las dependencias de la Jefatura y de las distintas Comisarías y, poco después, le informan unos confidentes de que el capitán Pedro Valdés Martel, de la 8.' compañía de Seguridad, tiene documentos que demuestran la preparación del levantamiento en Barcelona. Guarner ordena que se practique un registro en el domicilio del sospechoso y encuentra un gran sobre lacrado escondido en la caja de un gramófono en el que se halla el bando de proclamación del estado de guerra, firmado por el general González Carrasco, un manifiesto dirigido al país firmado por la «Junta Suprema Militar de Defensa de España» y las órdenes de instrucción para los distintos «comandantes de las unidades». Guarner presenta estos documentos al general Llano de la Encomienda, jefe de la IV d-visión orgánica, al tiempo que le pide que arreste a cincuenta oficiales sospechosos. Nadie parece hacerle caso. Pese a ello, toma las medidas oportunas para la defensa de la ciudad. Tras la batalla en las calles de la ciudad, y tras reducir a los sublevados, Guarner sostiene duros enfrentamientos verba-les con los representantes de las Milicias Populares. En vista de que no existe ningún entendimiento, dimite del cargo. Es nombrado en fecha 10 de agosto asesor militar del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, creado por decreto de 21 de julio. Con un mapa Michelin organiza lo mejor que puede el despliegue de las columnas que salen constantemente de Barcelona sobre el frente de Aragón. El 12 de agosto es nombrado por decreto subsecretario de la Consejería de Defensa de Barcelona. De vuelta de uno de los viajes de inspección por las costas catalanas, Guarner tiene conocimiento de la aventura de Bayo en el archipiélago balear. Poco después volaba hacia las Balea-res en un hidro a fin de inspeccionar los frentes. A pesar del estado caótico en que los halla, redacta un informe no del todo desfavorable para Bayo. Después del fracaso de éste, y en vista de que su cabeza corría peligro, ya que Juan García Oliver quería ejecutarlo, Guarner decide asumir su defensa. Más tarde conseguiría que Prieto lo reclamara a su lado, en Valencia, salvándole así de una muerte segura. El 28 de febrero de 1937 fue nombrado jefe del frente de Aragón, en el que dirige personalmente las operaciones de marzo a junio del mismo año. Cesa en el cargo el 23 de abril, principalmente por motivos de salud, reincorporándose de nuevo a la Consejería de Defensa. Pasa los sucesos de mayo en su domicilio particular, enfermo. Guarner asistió a la batalla de Brunete en calidad de jefe de operaciones. "Las operaciones de Brunete —escribe— adolecieron de exceso de precipitación y de escasa capacidad de penetración de unas tropas mal instruidas y con deficientes mandos subalternos".  No deja de culpar, aunque veladamente, a Modesto, a quien califica como «un carpintero de Jerez, transformado en personaje por el comunismo». Mientras se consolidaba este frente, el 25 de julio es llamado por el general Rojo, quien a instancias de Prieto le nombra secretamente inspector de las Brigadas Internacionales. En el informe que redacta para el ministerio de Defensa, Guarner denuncia todos los males que a su juicio se ven en la Base y la enorme burocracia en que se apoyaba la organización y propaganda de las Brigadas Internacionales. El 29 de julio de 1937, terminados sus trabajos en el Estado Mayor del Ejército del Centro, Guarner recibe la orden de Rojo de desplazarse al frente de Córdoba, que cubría el VIII Cuerpo de ejército al mando del coronel de Artillería Joaquín Pérez Salas. El 1 de agosto presencia la retirada de las tropas republicanas en el Pico de la Perdiz. Guarner fortifica las posiciones y consigue salvar a Pérez Salas de las iras de Rojo, que quería destituirle. Cuando en el mes de octubre del 37 el gobierno de Negrín se traslada a Barcelona, Guarner se instala con el Estado Mayor en Vallcarca. Visita a Companys, a quien encuentra «intranquilo y preocupado» ante la llegada del Gobierno de Madrid. Las posibles diferencias ceden ante la llamada ineludible de la guerra: el general Rojo les habla de montar un gran ataque sobre Teruel, que como es sabido cayó el día 22. Guarner se lamenta del fracaso final al escribir las siguientes palabras: «Nuestra organización era más artificiosa que real, una base para aquello que los militares profesionales aspirábamos que fuese un verdadero ejército moderno, ideal que en todo el transcurso de la guerra no pudimos nunca alcanzar.» Después del nuevo fracaso en el frente de Aragón, Guarner deja la sección de Operaciones (27 de mayo de 1938) y pasa a hacerse cargo de la Escuela de Estado Mayor, en sustitución del coronel Casado, que iba a mandar el Ejército de Andalucía. La orden es de Negrín, nuevo ministro de Defensa caído Prieto, y Guarner la obedece con gusto. Ha ejercido muchos años la enseñanza, y siente una especial predilección por la Escuela que va a dirigir y en la que imprime una nueva dinámica. Allí permanece hasta el 11 de septiembre de 1938, en que Negrín le nombra agregado militar en la legación de Tánger, con el encargo de organizar el servicio secreto en Marruecos. Allí le sorprende el final de la guerra, iniciándose su exilio en Casablanca y, más tarde, en México, donde muere en 1981.

Ernesto Güemes Ramos

Capitán de Infantería, había servido en Marruecos. Mandó la 24 Brigada en el Jarama y posteriormente una División y el III y XXI Cuerpo. Como teniente coronel estuvo a las órdenes del general Leopoldo Menéndez en la defensa de Valencia con el XXI Cuerpo. Ignoramos su suerte tras la guerra, pero suponemos que fue procesado y sufrió prisión. Se sabe que terminó sus días en 1970 en la ciudad de Sagunto que tan bien defendió.

Casiano Guerricaecheverría Usabel

Capitán de Artillería en 1936 y mandó los Miñones de Vizcaya, una policía vasca. Jefe de la artillería vasca, desertó poco antes de la caída de Bilbao.

Diego Guevara Martínez

Nació en el año 1905, en Cuevas de Almanzora (Almería). Fué Secretario de la UGT y afiliado al partido Socialista, posteriormente ingresó en el partido Comunista, siendo organizador y Secretario General de las Juventudes Socialistas Unificadas. Desempeño el cargo de Concejal del Frente Popular del  Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora y formó parte del primer comité revolucionario, marchando voluntario al frente e ingresando posteriormente en la Escuela Popular de Guerra alcanzando la graduación de Teniente de Ingenieros zapadores, siendo destinado a la 88 Brigada Mixta. Al terminar la guerra le fue aconsejado que abandonase España, pero él quería regresar con su familia y eso le costó caer prisionero. Fue fusilado en Diciembre de 1939, sin juicio alguno. (Descanse en paz).

 

Fuente: Santiago López Guevara

Joaquín D´Harcourt Got

Era hijo de militar y había nacido en Cuba en 1896. Hizo la carrera de medicina en la de San Carlos obteniendo su titulo en 1917. La Junta de Ampliación de Estudios le concedió una beca para perfeccionar estudios en los Estados Unidos. Tras ingresar en la Sanidad Militar, inició su carrera medico-militar en África como teniente. Se encontraba en campaña cuando el desastre de Annual, y consiguió llegar a Melilla luego de penosas peripecias. Junto con su hermano Miguel, también médico, profesaban ideales de izquierda. Con la llegada de la II República ingresó en el PSOE. Al inicio de la guerra era comandante médico y colaboró con los servicios médicos gubernamentales hasta que fue nombrado teniente coronel médico y Jefe de los Servicios Quirúrgicos del Servicio de Sanidad del Ejército. Era un gran cirujano ortopédico, un gran científico y un auténtico fuera de serie en la organización de los Servicios Quirúrgicos de campaña. Junto con el Dr. Bastos (Madrid) y el Dr. Trueta (Barcelona), compone el trío de ases de la sanidad militar republicana y fueron los creadores del "Spanish Method" para la cura oclusiva para el tratamiento de las heridas con fracturas abiertas que evitaba la gangrena y que tantas vidas de compatriotas salvó. Se exilió a Méjico donde falleció en 1970.

Julián Henríquez Caubin

Había ingresado en el PCE en 1931 tomando parte en actividades revolucionarias. Comenzó la guerra en el comité político del batallón Canarias Libre. Luego mandó la 37 Brigada y fue jefe de E.M. de la 35 División. Después de la guerra, en México, escribió un relato sobre el papel de su División en la batalla del Ebro.

Ángel Hernández del Castillo

Capitán de Infantería en Gijón. Posteriormente ocupó cargos de Estado Mayor y mandó una División del ejército republicano del Norte.

Francisco Hernández Chacón

Capitán de las FARE con mando en el grupo 30 de Natachas que tuvo que entregar sus naves a los franquistas de acuerdo con las cláusulas de la rendición de Casado.

Juan Hernández Sarabia

(1880-1962). Teniente coronel del Arma de Artillería, perseguido durante la dictadura del general Primo de Rivera, que al advenir la República desempeñó el cargo de ayudante del ministro de la Guerra, cuando Manuel Azaña desempeñaba esta cartera, y que se retiró del servicio activo en 1933, tras la victoria electoral de las derechas. Era considerado un artillero de grandes conocimientos técnicos. Al triunfar en 1936 el Frente Popular, reingresó en el ejercito, pasando a ocupar la secretaria particular del mismo Azaña, en esta ocasión ya presidente de la República. Al estallar la guerra civil fue designado subsecretario del Ministerio de la Guerra y, posteriormente —en el Gobierno presidido por Giral—, ministro del mismo departamento, desde cuyo cargo realizó no pocos esfuerzos para reorganizar el quebrantado ejército republicano y, al mismo tiempo, mantener la lucha en los frentes de batalla. Al ocupar Largo Caballero la cartera de Guerra —al mismo tiempo que la presidencia del Consejo de Ministros—, fue destinado al frente, dirigiendo la artillería republicana en las operaciones de Málaga y Brunete, y, más tarde, siendo ya general, mandó el Cuerpo de Ejército que conquistó Teruel y fracasó en Alfambra, así como el Grupo de Ejércitos que participó en la batalla del Ebro, nombramiento que pese a los pudiera parecer era más de hecho que de derecho, dado que el E.M. controlaba férreamente las unidades de choque, es decir los reconstruidos V y XV Cuerpos que compondrían el Ejército del Ebro.

Se ha hablado mucho de su rivalidad con Rojo, su superior en Teruel y en el Ebro. La batalla de Teruel es la obra de Prieto en la dirección política, Rojo en la estratégica, y Saravia en la táctica. Los tres fueron derrotados. Prieto por Negrín que acabó con las ofensivas de "atacar a ver qué pasa", y largó a Prieto del Ministerio de Defensa, del SIM, y sobre todo de los politiqueos a los que tan aficionado era Prieto. Rojo fue derrotado por Franco, que aceptó contra toda lógica (olvidando la ofensiva definitiva sobre Madrid), el desafío irrelevante de la pérdida de una pequeña ciudad de provincias, cosa que Rojo no se esperaba, pues para el jefe del E.M. Central, Teruel sólo la primera parte de un gran plan estratégico para cambiar la suerte de las armas. Y Saravia fue derrotado por los generales franquistas con la ayuda de los mandos del Ejército de Maniobra, que hicieron lo que pudieron y en cierto modo lo que les vino en gana en cuanto las cosas se pusieron feas, para desesperación de Saravia. Demostrándose que un Ejército de Maniobra, inadecuadamente armado, instruido y disciplinado no es apropiado para atacar, y menos en condiciones climatológicas adversas. Aquella mezcla de curtidos veteranos y bisoños novatos del Ejército de Maniobra, más los soldados, ex milicianos ha poco, de los Cuerpos en línea del Ejercito del Este, hartos de cole, pero poco fogueados, no era apta para aquella ofensiva, y poco también para la defensiva, como se demostró en el Alfambra. Las lecciones de Teruel son muy duras, para los tres personajes citados, Teruel modificó el eje del ataque de Franco, que pretendía lanzar una gran ofensiva decisiva sobre Madrid. Prieto y Rojo, los artífices de esta decisión no pensaron que Franco iba a disolver la concentración de tropas para la citada ofensiva por una ciudad como Teruel, y esperaban, como en Belchite, que el objetivo principal se conservara y Franco atacara Madrid pese a que le picotearan la retaguardia. Pero la República tomó Teruel y eso era inaceptable para Franco. El eje cambió y eso decidió la suerte de la República, pues la ofensiva que proyectaba Franco era muy incierta. El Ejercito del Centro era un hueso durísimo de roer a la defensiva, y Miaja, su comandante, todavía más, de hecho era el único general invicto republicano. Pero Prieto y Rojo le dieron una estupenda oportunidad a Franco ayudando a corregir este error estratégico típico suyo, como el de la ofensiva de Valencia tras la conquista de Aragón, ciudad que se empeñó de nuevo en conquistar, y donde Miaja volvió a darle badana. Así era el "Comandantín". De modo que con su habitual "baraka" Franco salió del incierto trance de atacar Madrid para atacar en Aragón, recuperar Teruel y con la primavera derrotar al agotado Ejercito de Maniobra y al no menos exhausto de Levante. Políticamente, la llegada al Mediterráneo fue un aldabonazo para Franco, pero en puridad no se le había pasado nunca por la cabeza esta campaña, él seguía empeñado en Madrid, y los incautos políticos republicanos y su E.M. le iban diciendo por donde debía contraatacar. Y allí estaba el Ejército del Centro, pletórico y esperando una gran batalla que lo librara de la burocratización de los militares profesionales, ahora que los mandos de origen popular (comunistas, mayormente) se defendían en Aragón como buenamente podían, y que desgraciadamente dejaría las mejores tropas de la República sin nada que hacer mientras se perdía Aragón y la zona quedaba partida en dos. Esta es militarmente la herencia de Prieto y del E.M. de Rojo. Las culpas de Saravia, son menores pero importantes, pues no fue capaz de disciplinar a los mal acostumbrados mandos del V Cuerpo, que con grandes virtudes personales y militares adolecían de verdadera disciplina si exceptuamos la partidista. Además Saravia, tampoco le transmitió a Rojo los errores de apreciación que estaba cometiendo retirando tropas de una batalla que no había terminado, por mucho que el E.M. así lo creyera en su insensata premura por iniciar el ataque en Extremadura. (1)

Saravia tendría otra oportunidad de oro para demostrar su valia, el Ebro, donde el Ejército del Ebro (hijo del de maniobra), aun estando igual de mal armado, sí estaba mejor instruido y sobre todo disciplinado, pero ¡ah!, eran unidades cien por cien comunistas y Saravia quedó en segundo plano pese a su gran capacidad de trabajo, obviado en cierto modo por Rojo. En los últimos meses de la guerra intentó inútilmente contener el derrumbamiento del frente de Cataluña —para lo cual, al parecer, sólo contaba con 17.000 fusiles—. Partidario de defender Barcelona a ultranza, lo que evidenciaba su desconocimiento de la realidad, fue cesado en el cargo y dejado disponible. La apurada situación daba lugar a estos ceses y nombramientos imposibles. Saravia se encaminó con Azaña al exilio, acompañándoles Negrín hasta la raya de la frontera por cortesía. A la muerte de Azaña —al que acompañó hasta sus últimos momentos—, abandonó Francia y se exilió en México, donde falleció.


(1) Se preguntará el lector, porqué somos tan críticos. Parece que lo sabemos todo, pero a posteriori. Pero una cosa es cierta, a la vista de los resultados, a la República le hubiera ido mejor no desplazando el eje de ataque a Aragón. Para nosotros, Belchite y Teruel son dos batallas innecesarias, y donde se podían haber ahorrado miles de vidas y que en nada beneficiaron a la República más allá de pequeños factores morales. En Belchite Franco se limitó a mandar parte de la aviación y muy pocos efectivos de tierra. No se jugaba nada. En Teruel, si se jugaba, y aceptó un reto militar que nadie veía más que él. En el segundo año triunfal no se podía perder una capital de provincia. Fue una derrota política y militar para la República trasladar el eje de ataque a Aragón. Capturar Zaragoza era un sueño imposible para el Ejercito Popular. Se trataba de la táctica Prietista, "golpear a ver qué pasa" y que Rojo nunca debería haber aceptado. Por contra, en el invierno de 1937 el más interesante eje de ataque para la República era en Extremadura, contra Queipo, al que Franco dejaría sufrir lo suficiente para tener alguna ventaja que aliviara la pretendida ofensiva de invierno sobre Madrid. Una vez desencadenada la ofensiva gubernamental en Extremadura, Franco no tendría más remedio que cancelar sus planes y acudir, aunque de mala gana, al quite de Queipo. La batalla terminaría naturalmente en tablas con ventaja para el contendiente que más resistiera. La zona rebelde difícilmente quedaría partida en dos. Seguramente los republicanos hubieran quedado a las puertas de Mérida, pero el objetivo estratégico hubiera quedado cumplido, desbaratando los planes de Franco y de paso no poniendo en cuestión su liderazgo militar al no perder una capital de provincia. El eje de la lucha se hubiera desplazado ligeramente al sur, con cierto peligro sin duda, pues el valle del Guadiana tenía malos recuerdos para los republicanos, pero también era una oportunidad para contragolpes ofensivos de pequeño calado que obligaran a Franco a aprovisionar este frente con suficientes efectivos como para rebajar sus intenciones en Madrid y dejarle atrapado en una serie de pequeñas pero interminables batallas, cerca de su objetivo natural, Madrid, pero suficientemente lejos para todo intento serio, y que beneficiarían la estrategia negrinista de resistir hasta el estallido de la guerra en Europa sin perder Aragón y Cataluña, bazas que permitían aspirar a unas tablas.


Reseña De Cristóbal Zaragoza:

Artillero de mucho prestigio y republicano por convicción, el teniente coronel Hernández Saravia —«hombre de gran formación militar y temperamento ecuánime» (Zugazagoitia)— había sido jefe del Gabinete Militar de Azaña y ayudante suyo. Siendo aún comandante había sido perseguido por Primo de Rivera con verdadera saña. Cordón, que lo trató íntima-mente, dice de él las siguiente palabras: «Juan Hernández Saravia, comandante entonces en situación de excedente en Madrid, era uno de los artilleros más activos en la preparación de la acción militar antidictatorial. Ya en la anterior sublevación de los artilleros se había distinguido mucho. Tanto que, según decían, Primo de Rivera había asegurado que si capturaba a Saravia lo haría fusilar. A pesar de que había orden de detenerlo, se había quedado en Madrid, pero se había dejado crecer la barba y el bigote para desfigurarse. Su idea no le dio muy buen resultado en cuanto a cambiar de fisonomía y hacerse irreconocible: el primer artillero que lo vio por la calle vestido de paisano y barbudo lo saludó. En vista de ello, a ruegos de su familia, decidió marchar a Portugal, y allí esperar a que pasase el chubasco dictatorial.» A su regreso de la nación vecina tuvo ocasión de intimar con Azaña, que más tarde le nombraría ayudante suyo. En julio de 1936 tenía cincuenta y seis años, y desempeñaba el cargo de subsecretario del Ministerio de la Guerra. Poco después ascendía a coronel. Por aquellos días, el titular de Guerra, general Castelló, perdió la razón como dejamos dicho, y Hernández Saravia ocupó el cargo vacante el 6 de agosto, en el que estaría poco menos de un mes. Luego relevó a la columna Bernal en Córdoba. El 1 de enero de 1937 cesa en el mando de esta unidad. Después de la batalla de Brunete, en agosto se hace cargo del Ejército de Levante, prácticamente inactivo. El 15 de diciembre ataca Teruel con tres columnas en una hábil operación montada por Rojo. Consecuencia de ella sería la caída de la ciudad en manos de las unidades republicanas el 7 de enero de 1938. Su acción ha sido tan brillante, que el 25 de diciembre es ascendido a general. Después de la reestructuración del Ejército vuelve, a principios de 1938, a hacerse cargo del de Levante. El 2 de junio es nombrado jefe de un grupo de ejércitos de los recién creados, el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental), formado por el Ejército del Este y la Agrupación Autónoma del Ebro, al mando de Modesto. Su actuación en la batalla del Ebro es muy destacada. Al producirse la caída de Barcelona, Hernández Saravia opina que se impone la defensa de la ciudad. Pero ante su indignación, fue relevado de su puesto. Zugazagoitia y Cordón coinciden en que Saravia recibió el relevo como una ofensa a su honor militar. «No pronunció una palabra —escribe el primero—, una queja. Se ciñó, los ojos llenos de lágrimas, al deber de la obediencia. No acertaba a comprender quién, ni por qué, le asestaba el golpe.» Cordón, por su parte, afirma que el destituido general le confió que consideraba absurda e injusta la medida que se había tomado con él y que podría ser interpretada por muchos por una deserción. Permaneció en Barcelona hasta el 25 de mayo, según testimonio de Modesto, que estuvo en la retirada con él. Pasó la frontera francesa y se exilió en México, donde moriría en 1974.

Emilio Herrera Aguilera.

Piloto de Chato. Hijo del general Emilio Herrera Linares. Durante la Batalla de Belchite fue derribado. Al parecer los rebeldes ocultaron su cuerpo. Tenía el mote de "Pikiki" y era hermano de Jose Herrera "Petere" (véase intelectuales)

Emilio Herrera Linares.

(1879-1967). General procedente del Arma de Ingenieros, con diploma de la Escuela Superior de Guerra, y piloto aviador militar, uno de los pioneros de la aviación española y europea —fue director de la Escuela de Aerotecnia de Cuatro Vientos (Madrid)—, que alcanzó merecida fama en todo el Mundo por sus investigaciones sobre aerodinámica. Aunque de convicciones monárquicas —había sido gentil-hombre de cámara de Alfonso XIII—, durante la guerra civil permaneció fiel a la República, sin ocupar cargo alguno a lo largo de la contienda. Al final del conflicto se exilió a Francia, donde trabajó para la Office National d'Études et de Recherches Aérospatiales. En 1960 fue elegido jefe de uno de los gobiernos republicanos que se constituyeron en el exilio. Hallándose en situación de extremada pobreza, la Academia de Ciencias francesa, a la cual pertenecía, le otorgó —gracias a una gestión que hizo Salvador de Madariaga— una pensión que le permitió vivir decorosamente hasta el final de sus días, pensión que luego se hizo extensiva a su viuda. Era el padre de José Herrera "Petere" premio nacional de literatura en 1938, otro de sus hijos, Emilio, murió luchando por la República como piloto de caza.

Nota.- Emilio Herrera, de no ser por la Guerra Civil española, hubiera sido el mayor científico aeronáutico en trajes de soporte vital, es decir, trajes de astronauta. De hecho, la NASA, se inspiró en el modelo por Herrera diseñado, y naturalmente, como son los americanos, le ofrecieron trabajo con un cheque en blanco. Herrera, que las estaba pasando canutas por falta de recursos financieros, tuvo una salida de pata de banco, típica de español: trabajaría a cambio de que la bandera española ondeara en la Luna junto a la americana, la republicana, claro. Los americanos dieron un bufido y se largaron con viento fresco. Prohombres de exilio republicano tuvieron que buscarle un sustento al general. ¡Español y republicano de pro! Ni las penurias económicas le hicieron doblegar de unas ideas, que, asómbrese lector, no eran las suyas, pues el se limitó a ser fiel al juramento de lealtad al gobierno legítimo, como Vicente Rojo y tantos otros militares leales. Gentes que no juran en vano, no mienten, no engañan. Españoles bien nacidos a quienes militares felones destrozaron sus vidas, carreras y familias.

Ignacio Hidalgo de Cisneros y López de Montenegro.

(1894-1966). Militar del Cuerpo de Intendencia y aviador, descendiente de una aristocrática familia vinculada al tradicionalismo carlista, que durante la Monarquía participó, junto con Ramón Franco y otros compañeros de armas, en la sublevación de Cuatro Vientos (Madrid), por lo que hubo de huir a Portugal. Al proclamarse la República regresó a España, contrayendo matrimonio con Constancia de la Mora, también de familia aristocrática y nieta del viejo líder monárquico, entonces ya fallecido, Antonio Maura. Reincorporado al ejército, fue nombrado agregado aéreo de la embajada de España en Roma, cargo que desempeñó hasta que José María Gil-Robles ocupó la cartera de Guerra. En octubre de 1934, si bien no tomó parte en el movimiento revolucionario que tuvo lugar por aquellas fechas, facilitó la huida de España de Indalecio Prieto, transportándolo a Francia en el maletero de su automóvil. Al estallar la guerra civil se puso del lado del Gobierno, consiguiendo, de la mano del general Núñez de Prado, que la mayor parte de las fuerzas aéreas permaneciese fiel a la legalidad republicana, siendo nombrado jefe del Estado Mayor de tales fuerzas cuando Francisco Largo Caballero desempeñó el Ministerio de la Guerra al tiempo que la Presidencia del Gobierno y, más tarde, jefe supremo de las mismas, con el empleo de general. Se afilió tempranamente al Partido Comunista con gran disgusto de Prieto que dejó de hablarle. En 1938 fue enviado por Negrín a Moscú para tratar de conseguir que la URSS enviase más armas a la España republicana, lo cual consiguió sólo en parte dado que las reservas de oro españolas depositadas en Rusia no cubrían el total del importe del armamento solicitado, armamento que, por otro lado, llegó demasiado tarde a la zona gubernamental. Al final de la contienda, tras algunos contactos con Segismundo Casado, de los cuales informó a Negrín, se exilió a México. En 1954 fue nombrado miembro del Comité central del PCE y falleció en Bucarest en 1966. Escribió un importante libro titulado: "Cambio de rumbo". Miembros de IHCA están intentando traer sus restos a España, según nos comunican fuentes próximas.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

De familia entroncada con la aristocracia alavesa, nace este militar en Vitoria en 1894. Cursa allí el bachiller con los maristas e ingresa en la Academia de Intendencia Militar de Ávila, de la que sale graduado en 1914 con destino inmediato a la Intendencia de Sevilla. Quizá siguiendo el ejemplo de tres de sus hermanos que servían en Regulares; pide ser destinado a África. En Melilla, precisamente cuando las tropas del general Silvestre se hallaban más comprometidas, Hidalgo recibe la orden de incorporarse al aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, para asistir al curso de aviación que previamente había solicitado. Sucede esto a principios de 1920. Dos años después, ya con el grado de teniente de aviación, vuelve a Melilla. Tras unos breves destinos en Sevilla y Madrid, en los que actuó como profesor de vuelo de algunos jefes y oficiales procedentes de distintas armas, hace el curso de piloto de hidros en Barcelona. Es destinado a la base de hidros de Mar Chica, en Melilla. De las dos escuadrillas de que consta la nueva unidad, vuela en la primera a las órdenes del capitán Pedro Ortiz; al mando de la segunda va Ramón Franco. Es herido en las operaciones aéreas sobre la zona de Tafersi, en el camino de Alhucemas. Asciende a capitán. Por su actuación, poco después, en el desembarco de Alhucemas, es ascendido a comandante. Se efectuaba por entonces la nueva organización de la Aviación Militar y se exigían los títulos de piloto y de observador para poder optar a lo que más tarde sería la escala del Ejército del Aire. Hidalgo de Cisneros hizo los cursos en Los Alcázares, cursos que dirigía el infante don Alfonso de Orleáns. Poco después se le destina al Sahara, con la misión de proteger los aviones correo de la Latecobre, una compañía francesa que en la ruta Toulouse-América del Sur tocaba el desierto. Hidalgo ostenta el rimbombante título de «jefe de las fuerzas aéreas del Sahara español». En el Sahara conoció e intimó con Saint-Exupéry, que escribía por entonces Correo del Sur. Con el teniente coronel Camacho, con el capitán Sandino y los tenientes Mellado y Valle, toma parte de la sublevación de Cuatro Vientos sin que exista en él una verdadera conciencia de republicano auténtico. Coordinaba la acción de los aviado-res Ramón Franco, que a última hora decidió no bombardear el palacio real para evitar víctimas entre la población civil. El intento fracasa, y los aviadores sublevados aterrizan en Portugal, desde donde se trasladan a París. Allí conoce a casi todo el Comité Republicano, emigrado también, pero con quien hace una amistad íntima es con Prieto. «Es curioso —escribe— y un tanto extraño que Prieto y yo, tan distintos en todo, hiciéramos tan buenas migas. Yo sentía por él verdadera admiración y respeto. Le había tomado cariño y todo lo que hacía me parecía bien. El creo que también me apreciaba y sentía afecto por mí. Cuando en alguna ocasión no podía acompañarle a la estación, según me decía Marcelino Domingo, se llevaba un disgusto.» "La amistad con Prieto le duraría hasta que el líder republicano se enterara, años después, de que Hidalgo militaba en el Partido Comunista, pero en cambio le sirvió para ocupar puestos clave en el arma de Aviación de la República. Cuando vuelve a España, ya proclamada la II República, se ve convertido poco menos que en héroe nacional. El Gobierno había nombrado a Ramón Franco jefe de Aviación, y éste le da el cargo de segundo jefe de la Escuela de Vuelos de Alcalá de Henares, a las órdenes del comandante José Legorburu. En Madrid sigue visitando con regularidad a Prieto, que le presenta a Negrín y a Azaña. Se relaciona asimismo con los intelectuales de izquierda: Lorca, Alberti y María Teresa León, Neruda. Por aquellos días conoce a Constancia de la Mora, con la que más tarde se casaría.  Constancia de la Mora era hija de un financiero, director de la compañía Electra de Madrid, y de una hija de don Antonio Maura. [Casada a los veinte años con un hermano de Bolín, el aviador que llevó a Franco a Marruecos en el Dragón, y dotada de un carácter enérgico, se separó de su marido. Fue una de las primeras mujeres que se acogió a la ley del divorcio del Gobierno de la República, conservando la custodia de la hija habida en su matrimonio. Tenía veinticinco años cuando conoció a Hidalgo de Cisneros, con quien se casó por lo civil en 1932. Es autora de Doble esplendor, en la que cuenta su vida, cómo se afilió al Partido Comunista]. Entre fines de 1933 y principios de 1934, es agregado militar en las embajadas de Italia y Alemania. Desde aquel país, viaja a España para ver la forma de sacar a Prieto del país, lo que consigue tras un alucinante viaje en automóvil; el voluminoso líder de los socialistas tuvo, en efecto, que pasar la frontera francesa escondido en el portamaletas de un viejo Renault, huyendo de las iras del gobierno Lerroux, con el que se iniciaba el tristemente célebre bienio negro. Hidalgo cae también en desgracia, y reclamado por el Gobierno se incorpora al nuevo cargo a que le destina Gallarza, en la sección de Cartografía de Aviación. Poco después era enviado a Tablada, en Sevilla, como segundo jefe del campo. Los acontecimientos se precipitan con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36. El nuevo Gobierno, presidido por Azaña, nombra director de Aeronáutica al general Núñez de Prado, que había aprendido a volar con Hidalgo de Cisneros. Era la intención del nuevo jefe desmontar el cuadro de mandos de Aviación de Gallarza y hacer de ésta un Arma al servicio de la República. Trabaja intensamente con Hidalgo durante unos días para eliminar a los jefes y oficiales peligrosos, separándolos del servicio o enviándolos a otros destinos, pero la propuesta debió de parecer exagerada al Ministerio de la Guerra. Núñez de Prado se indigna ante la inconsciencia de los gobernantes, incapaces de ver la inminencia del levantamiento. El nuevo presidente del Gobierno, Casares Quiroga, nombra inesperadamente a Hidalgo de Cisneros su ayudante. «Mi nuevo destino como ayudante de don Santiago Casares, jefe del Gobierno y ministro de la Guerra, me colocó de golpe y porrazo muy cerca de los que dirigían la política gubernamental.» El puesto, en efecto, iba a permitir a Hidalgo descubrir buena parte de los entresijos de una política vacilante, que nunca ha estado clara, y que tan funestas consecuencias iba a tener para el futuro del país. No se puede echar en saco roto que, concretamente en el arma de Aviación, Goded había sido director de Aeronáutica y Gallarza jefe de las Fuerzas Aéreas en el Gobierno anterior. Con todo y con ello, este Arma, al contrario de lo que sucedió con la Marina, tenía un marcado espíritu republicano. Al producirse el levantamiento, Núñez de Prado se puso en contacto con los aeródromos a fin de ver cómo respiraban sus jefes. En vista de lo que estaba sucediendo en Tetuán, le propuso al ministro trasladarse allí. Incluso telefoneó personalmente a Cuatro Vientos para que le prepararan un avión. Pero, mientras, Hidalgo había logrado comunicar con Alvarez Buylla, alto comisario de España en Marruecos, quien le dio a entender que aquello estaba perdido. Desistió, pues, Núñez de Prado de su proyectado viaje, y decidió ir a Zaragoza para entrevistarse con Cabanellas; éste, sabido es, hizo prisionero al general, ayudantes y tripulación, que fueron todos fusilados. Quedaba vacante la jefatura de Aeronáutica. Tras el gobierno relámpago de Martínez Barrio se formó el presidido por el líder socialista Largo Caballero, que nombró a Prieto ministro de Marina y Aire. Al día siguiente aparecía la designación de Hidalgo de Cisneros como jefe de las Fuerzas Aéreas de la República. Durante los primeros días, alterna el trabajo de organización con los vuelos de castigo, generalmente bombardeos en la Sierra, algún vuelo especial o los largos, como cuando se trataba de hostigar al Cervera, que cañoneaba San Sebastián. También acomoda los aparatos comerciales de la LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) a las nuevas exigencias de la guerra. «La instalación que hicimos fue muy simple: quitamos la puerta del fuselaje y pusimos en la parte baja del hueco una rampa de madera, como las que emplean las lavanderas, bien encerada. Sobre ella colocábamos una bomba de cien kilos. El observador, con su visor, iba en la cabina del piloto. Cuando calculaba que el avión estaba pasando sobre la vertical del objetivo, levantaba un brazo. A esta señal se empujaba la bomba con el pie, haciéndola deslizar por la rampa.» Otra de las misiones que se cumplían casi a diario eran los bombardeos, por este procedimiento tan rudimentario, sobre los aeródromos facciosos y sobre las columnas enemigas que avanzaban sobre Madrid. Estando en Albacete para organizar el Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas, a finales de 1936, Hidalgo de Cisneros ingresa en el Partido Comunista. Con su habitual sinceridad, él mismo confiesa su falta de convicción en el credo marxista. «Me daba cuenta de que había adquirido ciertas obligaciones y estaba decidido a cumplirlas, pero no tenía ni idea de cuáles eran mis nuevos compromisos. Ni por un instante se me ocurrió pensar en el socialismo, ni me preocupó lo más mínimo del objetivo final a que aspira el partido, es decir, al comunismo. Para mí, en aquellos momentos, el socialismo y el comunismo eran cosas tan vagas que me parecía natural no preocuparme de ellas.» En aquella época, al parecer, su comunismo era tan epidérmico como años antes lo fuera su sentimiento republicano. Desde la jefatura de las Fuerzas Aéreas consigue de Francia doce Dewointine de caza y seis Potez de bombardeo, con los que llegan a España unos cuantos aviadores franceses dirigidos por André Malraux. Duro es el juicio que sobre el autor de L'espoir emite Hidalgo de Cisneros en su libro de memorias. «Malraux [...] se anuló a sí mismo al pretender hacerse jefe de una escuadrilla, sin haber visto en su vida un avión, sin tener la menor idea de lo que es la aviación, y sin darse cuenta de que no se puede jugar a los aviadores sin serlo, y mucho menos en una guerra.» Con estos aparatos y algunos cazas más sería defendido el cielo de Madrid en los momentos más críticos. Poco después desembarcarían en Cartagena los primeros aviones y pilotos soviéticos enviados por la URSS, cuyo montaje se hizo con mucho sigilo en Los Alcázares. Voló la primera escuadrilla de éstos sobre Madrid en la mañana del 5 de noviembre. Eran los I-15, que el pueblo bautizó con el nombre de chatos. Aunque Prieto había instalado el Ministerio del Aire en Valencia, el Estado Mayor seguía funcionando en Albacete. Hidalgo de Cisneros, mientras, trabajaba en Alcalá de Henares, centro de coordinación de las operaciones aéreas desde el que volaba regularmente a despachar con Prieto. En marzo del 37 interviene personalmente en la batalla de Guadalajara y, aunque la proporción de aparatos era de tres a uno en favor de los nacionalistas, fueron factores decisivos en favor de la aviación republicana la calidad de los aviones y la proximidad de los aeródromos. Dos meses después unas escuadrillas bombardean Ibiza, en cuyo puerto se habían concentrado las unidades enemigas. Al parecer, fue tocado un crucero de bolsillo que enarbolaba bandera nazi, y no tardaron en producirse las represalias más brutales sobre Almería. «La Alemania nazi —escribe Hidalgo— desató una agresión brutal, cobarde y contra todo derecho, martilleando con los cañones de su escuadra la indefensa ciudad de Almería, donde habían encontrado refugio miles y miles de personas, que se vieron obligadas a huir de Málaga cuando esta localidad fue ocupada por los italianos. En una hora, la pacífica Almería quedó convertida en un montón de ruinas. Los supervivientes, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que albergarse en cuevas de los alrededores.» Agotado por la tensión y aquejado de serias crisis cardíacas, Hidalgo es alejado del teatro de la guerra. Cuando se recupera, avanzado el invierno del 37, marcha a Moscú como agregado militar y aéreo de la embajada española. Allí se entrevista con Vorochilov, ministro de Defensa. Cuando vuelve a España los nacionalistas inician la ofensiva sobre Aragón, a la que seguiría la batalla del Ebro. Prieto, temiendo la gran ofensiva que desencadenaría sobre Cataluña el enemigo, envía de nuevo a Moscú a Hidalgo de Cisneros con cartas para Stalin, Vorochilov y Kalinin, en las que pedía desesperadamente material de guerra. El Kremlin accede, y el enviado español se ve obligado a firmar una especie de pagaré por valor de ciento tres millones de dólares, pues el crédito que tenía la República en Moscú se había agotado. Tras la retirada de Cataluña, Hidalgo vuelve a España sin haber logrado el permiso de las autoridades francesas para transportar a la zona Centro-Sur las tropas de aviación que habían cruzado la frontera. Recorre los aeródromos dispuesto a continuar la lucha hasta el último momento, organiza los restos de la aviación que en otro tiempo fuera aclamada como «La Gloriosa» y de la que apenas quedan unos aparatos que ni siquiera pueden aterrizar porque los campos de aviación están destrozados. Casado, que preparaba la rendición, lo invita a comer en su puesto de mando y le habla de una paz honrosa, prometiéndole que no habría vencedores ni vencidos y que podría salir de España todo el que quisiera. Asombrado, Hidalgo refiere esta conversación a Negrín, quien parece no tomarla muy en serio. Tampoco ve clara la actitud de Miaja. El torbellino de los últimos acontecimientos lo envuelve. En Elda, tras la marcha del Gobierno, se reúnen los mandos del Partido Comunista, que deciden quiénes tenían que quedarse y los que habían de partir hacia el exilio. Hidalgo de Cisneros es de los últimos. Sale, pues, al amanecer en uno de los aviones hacia Toulouse. Empezaba para él un largo destierro, primero en México, y luego en diversos países europeos. Muere en Bucarest en 1966.

Juan Ibarrola Orueta.

En la imagen, Ibarrola visita el Pais vasco después de la guerra.

Capitán de la Guardia Civil que al estallar la guerra civil se puso incondicionalmente al lado del Gobierno de la República, participando en la campaña de Asturias, al mando de la 50 División, y en la de Teruel, como jefe del XI Cuerpo de Ejército. Al finalizar la contienda ostentaba el empleo de teniente coronel. Era vasco y católico practicante.


Extracto de una reseña aparecida en internet:

"En julio de 1936 IBARROLA se hallaba de Capitán de la Guardia Civil en Bilbao, en el Cuartel de La Salve. Allí también me encontraba yo, como simple guardia civil,. Del ambiente pro-faccioso que se respiraba en ese Cuartel no merece la pena hablar, pues es cosa que todo el mundo sabe. IBARROLA, al encontrarse solo, pues los demás oficiales se hallaban en franca rebelión (al menos en teoría) se presentó en el Gobierno Civil de Vizcaya, ofreciendo sus servicios incondicionales al Gobierno legítimo. Es de notar que IBARROLA ha sido siempre católico practicante, lo que se decía vulgarmente entonces en algunos medios "un reaccionario". Y siempre un perfecto caballero. IBARROLA fue el único oficial de la Guarda Civil de Vizcaya que tuvo ese gesto. Salió al frente con la primera columna que se formó en Vizcaya, hacia Ochandiano y Ubidea (en ella fui yo también). Dos meses o poco más estuvimos juntos y no hay ninguno de los supervivientes de aquella columna que no guarde verdadera adoración por él. El malogrado Fulgencio MATEOS, si viviese, podría certificar lo mismo. Después nos separamos, cada uno a diversos frentes. No le vi después más que esporádicamente. Pero siempre que he hablado con alguien que le ha conocido en el frente, han coincidido todos en que era una verdadera lástima el no tener muchos jefes como él.

Sobre su actuación en los frentes de Santander y Asturias, seguramente estará Vd. más al corriente que yo, que para entonces ya estaba mutilado y evacuado a Francia. Pero todos aquellos que conocieron aquellos amargos días coinciden también en lo que he dicho antes. No ignorará Vd. tampoco su actuación en Teruel, donde el Coronel faccioso REY d´Harcout se rindió precisamente a él. Según mis noticias, Ibarrola pasó después al frente de Valencia y luego al de Extremadura, donde le sorprendió el final de la guerra mandando un Cuerpo de Ejército. No quiso evacuar al extranjero, aun teniendo facilidades para ello. Detenido, pasó meses en malísimas condiciones (como los demás combatientes de la República presos, por supuesto). Juzgado en Consejo de guerra por "adhesión a la rebelión", fue condenado a treinta años de prisión, habiéndole salvado de ser condenado a muerte el estar en aquel entonces algo deficiente mental, debido a sufrimientos. Su principal preocupación estando en la cárcel fue el que su esposa ayudase a los escasos guardias civiles leales también presos, entre ellos mi pobre padre, que más tarde murió en la cárcel. Salió en libertad vigilada hace ya algún tiempo. Por informaciones que poseo de compatriotas que han venido pasando aquí, sigue en el mismo plan antifranquista de siempre. Una prueba de ello, entre otras, es la siguiente: Varios Jefes de la Guardia Civil, antiguos compañeros suyos, no ignorando el inmenso prestigio de IBARROLA en todos los órdenes, le propusieron hace poco el reingreso en la Guardia Civil, ocupando en el Escalafón el puesto que les correspondería si hubiese hecho la guerra con ellos. Es de notar que IBARROLA se gana la vida humildemente como simple empleado de oficina. Pues bien, se negó rotundamente a ello diciendo que él tenía razón y que si mil veces habría que empezar, volvería a hacer lo mismo."

Avelino de la Iglesia Martín.

Teniente coronel, al frente de una Caja de Reclutas. Durante algún tiempo fue el segundo jefe del Frente Sur en 1936.

Federico de la Iglesia Navarro

Comandante de EM, trabajó en el Estado Mayor de Madrid en 1936, siendo más tarde jefe de EM de la 4 División, del V Cuerpo y del Ejército de Levante. Fue testigo en el juicio contra el teniente coronel Carlos Noreña que en julio de 1936 en Madrid se negó a cumplir las órdenes del Ministro de la Guerra general Castelló que además era amigo suyo.

Daniel Irezábal Goti.

Comandante de Infantería, estaba al frente de la Caja de Reclutas de Bilbao. Mandó una División y fue fusilado por los rebeldes.

Leoncio Jaso Paz

Teniente coronel de Carabineros, jefe de la Comandancia de Cádiz. Había nacido en El Puerto de Santa Maria en 1876. Había luchado en África como teniente de infantería. Posteriormente ingresó en el Cuerpo de Carabineros. En 1936 fue trasladado a la 11 Comandancia de Carabineros con sede en Cádiz. Al estallido de la rebelión y no contando con apoyos militares y de orden público suficientes, un grupo de voluntarios partidarios del gobierno se refugiaron en el Gobierno Civil, con el Presidente de la Diputación, Francisco Cossi y el Gobernador Civil, Mariano Zapico, donde aguantaron todo el dia 18 y 19 a los regulares de África. Tras la rendición, se les procesó en un sumarísimo Consejo de Guerra por rebelión militar el 22 de julio, junto con en el presidente de la diputación, Francisco Cossi, su secretario particular, Antonio Mascalio, el gobernador civil, Mariano Zapico, el oficial de telégrafos Luis Parrilla Asensio, el capitán Yáyez-Barnuevo y el capitán de fragata Tomás de Azcárate García de Lomas. Condenado a muerte el 2 de agosto junto con Zapico, Yáñez-Barnuevo y Parrilla, fue fusilado cuatro días después.

Carlos Jiménez Canito

Comandante de Infantería, mandó la 21 División, tras haber dirigido Milicias. A finales de la guerra era gobernador militar de Murcia. Fue condenado a muerte por los franquistas acusado de pasividad en las ejecuciones irregulares en la prisión provincial de Murcia, en las que según algunas fuentes no actuó con la suficiente energía.

Gregorio Jover Cortés

Dirigente anarcosindicalista, amigo personal de Buenaventura Durruti, que durante la dictadura del general Primo de Rivera tuvo una destacadísima actuación al enfrentarse, en muchas ocasiones, con los pistoleros de los llamados Sindicatos Libres, y que durante la guerra civil asumió el mando de diversas unidades de milicias confederales que se alinearon junto a las fuerzas leales a la República, con las cuales combatió en diversos teatros de guerra. Mandó la 28 división y se exilio a Méjico.

 

 

En primera fila, Lola Iturbe, Edma Goldman, Herrera, Juan Molina y Jover

Luis Jubert Salieti

Capitán de Infantería en la columna Ortiz en Aragón en 1936. Mandó la 25 División durante breve tiempo, resultando muerto en acción. Posteriormente una de las divisiones del Ejércitod e cataluña llevó su nombre por breve tiempo.

 Enrique Jurado Barrio

Jurado, Rojo y el agregado militar ruso Maximov en la batalla del Ebro

De familia militar, Jurado había nacido en 1882. Ingresó en la academia de Artillería de Segovia. Destinado a África, participó en las campañas del Rif posteriores al desastre de Annual. Fue ascendido a comandante por méritos de guerra pese a que Jurado era personalmente contrario a este tipo de ascensos. La llegada de la República le sitúa de guarnición en Ceuta, pero de vacaciones en Madrid. Rápidamente se dirigió al cuartel de artillería de Getafe con la intención de asegurar el regimiento. Los oficiales, al borde la sublevación, le toman preso, pero el desarrollo de los acontecimientos hace que deba tomar el mando del regimiento. Prontamente organizó un grupo de artillería que tuvo destacada actuación en la toma de los cuarteles de Campamento, de la ciudad de Alcalá y Guadalajara y de la defensa de Somosierra. A mediados de agosto, y dada la falta de oficiales de infantería leales, toma el mando de una columna miliciana posicionada en Oropesa (Toledo). Tras algunos avances menores, el grueso de la columna rebelde, el Ejército de África, le obliga a retroceder. Se le traslada al frente de la Sierra y en octubre es ascendido a teniente coronel. Con la militarización, su columna, que ha formado Brigadas Mixtas pasa a constituir la 1 División de Maniobra, quedando Jurado al mando. En marzo de 1937, se le nombra comandante del reconstruido IV Cuerpo que detiene y bate al CTV italiano. De baja por enfermedad, Jurado no tomará mando de unidad alguna hasta la batalla de Brunete, donde manda el XVIII, donde Jurado tuvo dificultades con al disciplina de algunas unidades, y volvió a pedir la baja por enfermedad. Le sustituyó el teniente coronel Casado que tuvo también diferencias con otros altos mandos. Jurado fue retirado de primera línea dándosele el mando de la artillería antiaérea (DECA) y ascendido a coronel. En este mando, él era un probado artillero, se demostró excelente, y con el material que tenía y lo que se consiguió adquirir, la DCA republicana vendió cara la tierra republicana. Al final de la campaña de Cataluña, y perdida la confianza del E.M. en el mando del Grupo de Ejércitos Oriental, Hernández Saravia, le fue dado este mando a Jurado, que tenía fama de buen organizador. Y Jurado fue lo que hizo, organizar la retirada de la forma más ordenada y sin apenas presentar combate, salvo la voladura de puentes y ocasionales y localizados contraataques para permitir la retirada de columnas de civiles y militares. Una vez en Francia, Jurado, como Rojo, se negaron a volver a la zona Centro. Jurado se exiliaría a distintos países sudamericanos, recalando finalmente en Uruguay donde trabajo de cartógrafo. Murió en 1965 y la familia trasladó los restos a España.

Pedro La Cerda y López Mollinedo

Fue uno de los primeros ascendidos a general de División bajo la República. Ocupó puestos de importancia durante el gobierno de Azaña, pero fue cesado en el período derechista, en 1935. Mandó la División de Burgos en 1936 por breve tiempo. En febrero de 1937 se encargó del mando de Valencia. Poco después se retiró.

Más información en:

http://okonkwo.lacoctelera.net/post/2009/06/03/vida-inconclusa-d-pedro-la-cerda

Víctor Lacalle Seminario.

(1889-?). Teniente coronel del Arma de Ingenieros, que al estallar la guerra civil se puso de parte del Gobierno republicano, encargándose, el 19 de julio de 1936, de la formación y de la preparación de uno de los cinco batallones de milicianos que se constituyeron en Madrid en los primeros días del alzamiento militar. Posteriormente mandó varias columnas, que combatieron en las proximidades de la capital, la 50 Brigada, la 12 División y la Agrupación de Cuenca.


Reseña de internet:

Al estallar la sublevación era teniente coronel del cuerpo de Inválidos, procedente de Ingenieros, y estaba destinado en Madrid. El 19 de julio el Ministerio de Guerra le entrega 1.000 fusiles con los que organiza el 2 batallón de voluntarios, compuesto por anarquistas, con el que participa en el asalto al cuartel de la Montaña. En agosto de 1936 se dirige con su batallón al sector comprendido entre Somosierra y la carretera Madrid-Zaragoza, teniendo su puesto de mando en Cardoso, cubriendo así el frente norte de Guadalajara. En enero de 1937 participa en una fallida ofensiva sobre Sigüenza, sustituyendo días después a Jiménez Orge en el mando de todas las tropas del frente de Guadalajara. Hacia febrero de 1937 pasó a mandar la recién creada 12 División, que englobaba todas las tropas que defendían el sector de Guadalajara. Al iniciarse la ofensiva italiana sobre Guadalajara (8 de marzo), y ya ascendido a coronel, su 12 División es la única que se opone a los italianos. La llegada de refuerzos republicanos importantes al sector, hace que Lacalle pierda la confianza de Miaja, que crea el IV C.E. y se lo entrega a Jurado, y no a él. Lacalle, ofendido por continuar siendo sólo jefe de la 12 División, se retira del mando pretextando enfermedad, siendo sustituido el 13 de marzo por Nino Nanetti. El 25 de marzo de 1937 pasa a mandar la Agrupación Autónoma de Cuenca, y a mediados de abril participa en el segundo ataque sobre Teruel, en el sector de Albarracín, sin mucho éxito. Cuando en junio de 1937 se forma el XIII C.E., pierde el mando de su unidad, quedando en situación de disponible. Estuvo luego en cargos administrativos y sin importancia, como jefe del centro de recuperación de San Mateo (Castellón)

Jesús Larrañaga

Metalúrgico comunista del País vasco, había estado en la URSS antes de la guerra. Fue diputado en Cortes por Guipúzcoa. Mandó Milicias y ocupó importantes puestos administrativos en el Norte. Después de la guerra fue ejecutado.

Domiciano Leal

Miembro de las JSU. Mandó la 10 Brigada y luego sustituyó al Campesino al frente de la 46 División, resultando muerto en combate en el Ebro.

Virgilio Leret Ruiz.

Militar profesional al mando de la Base de Hidroaviones de Melilla y que defendió hasta agotar las municiones del ataque de los regulares rebeldes. Fue fusilado días después. La República lo ascendió a Comandante a título póstumo. Leret fue probablemente una de las primeras víctimas de la rebelión facciosa. Leret era también gran inventor y científico y su familia entregó recientemente al IHCA especificaciones y planos de un motor a reacción. Naturalmente en España era como darse de cabezazos contra la pared. Su hija, Carlota Leret O´Neil dedicó muchos afanes a honrar la memoria de su madre y escribió un emotivo libro publicado recientemente. En la prensa han salido bastantes imágenes de este prohombre de la aviación española y de su familia, de las que reproducimos algunas.

 

 

Ángel Liberal Travieso

Comandante de Infantería y ayudante del general Molero, jefe de la VII División Orgánica. Fue muerto por quienes acompañaban al general Saliquet cuando se opuso a que éste se hiciera cargo del mando de la División, destituyendo a quien desempeñaba dicho puesto hasta entonces.

Enrique Lister Forján.

Militante comunista, nacido en una aldea de Galicia, en el seno de una familia muy humilde, con la cual, siendo todavía un niño, emigró a Cuba, en cuyo país pasó algunos años dedicado a diversos oficios. En 1932, tras una corta estancia en España, se marchó a la URSS, donde trabajó en las obras del ferrocarril metropolitano de Moscú, ingresando posteriormente en la Academia Frunze, en la cual adquirió conocimientos militares. Tres años más tarde regresó a España, empleándose como obrero de la construcción y participando en la mayoría de los conflictos sociales de la época, al tiempo que se encargó de dirigir la propaganda comunista en los cuarteles y otros centros militares, valiéndose de un periódico titulado Soldado Rojo. Al estallar la guerra civil era uno de los dirigentes de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, con las cuales participó en el asalto al cuartel de la Montaña, donde arengó a los sitiados, consiguiendo de esta manera que algunos soldados se incorporasen voluntariamente a la causa republicana. A continuación se marchó a la sierra de Guadarrama, al frente de una compañía de milicianos voluntarios que lo eligió capitán, permaneciendo en el frente durante algún tiempo, donde fue ascendido a comandante por méritos de guerra. Al constituirse el 5.° Regimiento, se convirtió en uno de sus principales organizadores, siendo nombrado comandante en jefe de dicha unidad a finales de septiembre de 1936. Allí desarrollaría una intensa labor, tanto desde el punto de vista militar como desde el ideológico, participando en gran número de actos propagandísticos y culturales, e influyendo, no poco, en sus seguidores a través de las páginas de Milicia Popular, diario del citado regimiento, en las que publicó multitud de órdenes y consignas. Más tarde fue nombrado jefe de la 1.° Brigada Mixta y, posteriormente, de la 11 División —verdaderas unidades de choque—, al frente de las cuales puede decirse que estuvo presente en todas las grandes batallas de la contienda: Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Ebro —donde mandó el V Cuerpo de Ejército—, Cataluña, etc., interviniendo además, por orden del Gobierno, en la disolución del anarquista Consejo de Aragón. Ascendido a teniente coronel y a coronel, se reveló a lo largo de toda la contienda como uno de los jefes militares republicanos procedentes de milicias con más personalidad y que gozó de más prestigio y popularidad. Al finalizar la campaña de Cataluña volvió a la zona Centro-Sur, donde permaneció prácticamente hasta el final de la contienda, en que abandonó España, por vía aérea, y se trasladó a la URSS. En Moscú volvió a cursar estudios militares, participando en la segunda guerra mundial y alcanzando el empleo de general del ejército soviético. Desde los tiempos de la guerra española era miembro del Comité Central del PCE, pero en 1970 fue expulsado del mismo por sus diferencias con el sector carrillista. Algunos años después de la muerte del general Franco regresó a España, fijando su residencia en Madrid y asumiendo la jefatura del Partido Comunista Obrero Español, entidad de escasa influencia en la vida política del país. En 1986, tras la calda de Santiago Carrillo, se reintegró al Partido Comunista de España. Autor, entre otros libros, de Nuestra guerra, ¡Basta! y Memorias de un luchador. Durante la guerra civil, bajo el título de «A Líster, Jefe de los Ejércitos del Ebro», el poeta Antonio Machado le dedicó este soneto:

 

Tu carta —oh, noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte—,
tu carta, heroico Líster, me consuela
de esta que pesa en mí carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,
de monte a mar, esta palabra mía:
«Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría.»

 

Francisco Llano de la Encomienda.

(1879-1963). General de brigada del Arma de Infantería que en el mes de julio de 1936 estaba al mando de la IV División Orgánica (Cataluña), con cabecera en Barcelona. Republicano convencido, antifascista declarado y, al parecer, masón. Al producirse el alzamiento militar permaneció fiel al Gobierno, no obstante lo cual no pudo o no supo evitar que la guarnición de Barcelona se sublevase, siendo detenido por el general Goded cuando éste, tras trasladarse a Barcelona desde Palma de Mallorca, se hizo cargo de la jefatura de la mencionada división. Dominada la insurrección de Barcelona, fue puesto «en cuarentena» durante algún tiempo por las autoridades republicanas, que no estaban muy seguras de la lealtad del general, dada su poca operatividad para sofocar el levantamiento en la unidad de su mando y a pesar de haber sido testigo de cargo en el proceso que se siguió contra los generales Goded y Fernández Burriel. Tras esta «depuración» fue nombrado jefe del Ejército del Norte, ejército del que formaban parte las tropas nacionalistas vascas, mandadas directamente por el presidente José Antonio Aguirre, las cuales muy precariamente aceptaron el mando del general, lo que produjo no pocas fricciones entre éste y el citado presidente, hasta el punto de que Llano de la Encomienda telegrafió a Largo Caballero, entonces presidente del Gobierno y ministro de Guerra, en términos que, a este respecto, no dejan lugar a dudas —«Ruego a S. E. me indique si existe o no el ejército para cuyo mando tuve el honor de ser designado...»—, todo lo cual condujo a una serie de fracasos y coadyuvó a la derrota republicana en aquel frente. Con los mismos o parecidos resultados actuó también en Gijón, donde permaneció hasta el último momento de la resistencia republicana, huyendo por mar a Francia, por lo que fue sometido a un proceso, del que resultó absuelto. Tras la ocupación de Cataluña fue destinado a la zona Centro, donde permaneció hasta el final de la guerra. Al finalizar la contienda buscó refugio en Francia y, poco después, en México, donde falleció.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

El 18 de julio era general en activo al mando de la IV di-visión orgánica de Barcelona. Su conducta al principio fue bastante extraña, a causa de sus vacilaciones, ya que se negó a arrestar a los oficiales comprometidos en Barcelona con los sublevados. Según Luis Guarner, esta actitud era causada por la confianza que dicho general tenía en sus hombres. «El general Llano siempre estuvo convencido de la lealtad de quienes eran sus subordinados, hasta que la evidencia de los hechos le demostró la realidad de la conspiración.» En la confusa situación de los primeros momentos, Llano de la Encomienda fue prisionero de Goded en Capitanía, quien le exigió que declarara el estado de guerra y le trató de «traidor a España y al Ejército» a lo que el capitán general se negó. Por el recelo que inspiraba a los militares republicanos y a los jefes de Milicias, fue destituido del mando de Barcelona —le sustituyó el coronel Aranguren —y nombrado el 14 de noviembre jefe del Ejército del Norte. Su labor allí, sin embargo, se vio dificultada por los roces con el presidente de Euskadi, Aguirre, y por la indisciplina de las tropas. Optó, pues, por trasladarse de Bilbao a Santander, con lo que de hecho renunciaba a cualquier autoridad en el ejército vasco. El 3 de junio de 1937 era sustituido en el mando. Bilbao caía el 19 del mismo mes. Tampoco en Santander mejoró la suerte de Llano, que fue relevado del mando el 23 de julio y nombrado inspector general del Arma de Infantería con residencia en Valencia. Para sustituirlo, Prieto nombró jefe del Ejército de Santander-Asturias al general Gámir Ulibarri. La capital montañesa caería en poder del enemigo el 26 de agosto. Julián Zugazagoitia es quizá el cronista más objetivo a la hora de enjuiciar a Llano. «Lo que sucede es que fue recibido con desgana, acaso con antipatía, y se ha preferido darle de lado a robustecer su autoridad. Sabe que no puede luchar contra esa enemiga y está presidiendo pasivamente el desastre, que, sin ningún motivo, se le atribuía a él. Es un valor, con mayor o menor precio, que nos hemos complacido en desgastar sin cuidarnos de someterlo a prueba. Lo único cuerdo que cumple hacer es sustituirlo rápidamente, pero eso a condición de que quien le sustituya venga investido de la máxima autoridad y sepa, previamente, que le será reconocida. De otro modo, el caso del general Llano de la Encomienda se repetirá en otra persona y no se habrá adelantado nada. Nuestra ceguera es única: hemos agotado todas las posibilidades de encomiar al Ejército y nuestro retroceso no conoce término.» Si bien es cierto que él se consideraba «gastado», utilizando aquí la misma palabra que emplea Zugazagoitia, hay que reconocer que estaba dispuesto a ejercer su cometido con toda honestidad y aceptando las responsabilidades inherentes al cargo. Pero entendía que era misión del Gobierno unificar el mando y prestigiarlo, así como hacerse presente en la campaña del Norte. Llano, a quien alguien motejó llamándole «general patata», ocuparía en lo sucesivo puestos de escasa responsabilidad. Se exilió en 1939 y murió en México.

Antonio López Fernández

El Capitán Don Antonio López Fernández era el secretario particular y militar del General don José Miaja y, en su momento, fue Secretario de la Presidencia del Consejo Nacional de la Defensa. Incansable defensor de la Republica y hombre siempre fiel al General Miaja, una vez en el exilio, fue un constante luchador y defensor por la amnistía para todos los españoles en el exilio hasta su muerte en 1980 en la ciudad de México, donde siguió lealmente al General Miaja en el destierro, y donde nacimos sus nietos y bisnietos. Escribió el libro: "El general Miaja, defensor de Madrid".

Fuente: Sigfrido Miracle-Lopez

Justo López Mejías

Teniente de Infantería implicado en la rebelión de Jaca de 1930. Fue agregado al Cuarto militar de Azaña. Dedicado a la organización de Milicias al principio de la guerra, mandó después la 20 Brigada y las 31 y 68 División. Ya en la carcel y tras la guerra, preso en el Reformatorio de adultos de Alicante, Justo López Mejías fue testigo del fusilamiento de Etelvino Vega y otros compañeros en una escenas muy tristes que se pueden leer en:

http://elpais.com/diario/1999/04/02/cvalenciana/923080689_850215.html

José López Otero.

Comandante de Ingenieros, destinado en el E M del ejército del Centro. Durante la lucha con las fuerzas que apoyaban el golpe de Casado fue muerto por comunistas.

Rafael López-Tienda.

Capitán de Ingenieros, acompañó a la expedición de Bayo a Mallorca. Posteriormente mandó la columna Libertad, formada por miembros del PSUC y de la UGT y resultó muerto en Madrid en octubre de 1936.

Vicente López Tovar

Sustituyó a Valentín González en el mando de la 46 división al final de la batalla del Ebro. Tras la derrota, pasó a Francia dónde organizó con gran éxito la guerrilla española contra los nazis. Terminada la guerra y al mando de la 204 división de guerrilleros, y al parecer por mandato de Carrillo, se inició la invasión del valle de Arán por los guerrilleros antifascistas españoles, principalmente comunistas. La invasión terminó en fracaso, como no podía ser de otra manera, pues Franco envió a Moscardó con un Cuerpo de Ejército al completo para dominar a unos miles de hombres que en guerrilla hubieran sido muy duros de vencer, pero que puestos en línea de batalla apenas podrían resistir. Tovar, que no creía en la operación, no cayó en la trampa de Moscardó y se limitó a pequeñas incursiones por el Valle de Arán sin intentar tomar Viella, y evitando así el riesgo de quedar copado. Y pese a que la invasión pirenaica era un secreto a voces en la España franquista, las fuerzas de seguridad e incluso el ejército de Franco fueron mayoritariamente sorprendidas, tardando bastantes días en reaccionar. En realidad las tropas de Moscardó estaban mal preparadas, poco motivadas y con armamento anticuado (los defectos del ejército de Franco sólo salieron a la luz, después de su victoria). Si Tovar hubiera contado con cuarenta mil hombres en vez de cuatro mil, los franquistas hubieran tenido serias dificultades. Los republicanos tuvieron doscientos muertos, un centenar de heridos, y mas de quinientos prisioneros, muchos de los cuales fueron fusilados. Otros doscientos guerrilleros consiguieron infiltrarse en territorio español llegando, ¡a pié!, a los más lejanos escenarios guerrilleros, como Levante y Extremadura, amén de todo el Norte. El ejército franquista tuvo cien muertos, doscientos heridos y trescientos prisioneros que fueron devueltos más tarde por las autoridades francesas. Franco sacó conclusiones claras de la incursión y retiró al ejército de la lucha antiguerrillera, poniendo a la Guardia Civil en esta tarea. Tovar terminó finalmente en el Norte de África, donde constituyó unas denominadas Fuerzas Armadas de la III República Española.

 

Julián López Viota

General. Mandaba la 2ª Brigada de Artillería en Sevilla, fue detenido por Queipo y dado de baja del Ejército, y así continuó durante toda la guerra, sin proceso ni causa. Juzgado finalmente en febrero de 1939 y condenado a seis meses y un día de prisión. Puesto en libertad, murió en 1945.

Baltasar Lucas Martín.

Natural de Vilavega de Ojeda (Palencia) y residente en Arañones (Huesca). Al iniciarse el movimiento patrulló con armas por el pueblo de Arañones y al fracasar la intentona huyó a Francia. De allí se alistó en la zona roja voluntariamente para formar parte de las tropas republicanas donde fue hecho cabo y sargento de la escuela creada a estos efectos por dichas milicias siendo en el mes de diciembre del 37 promovido a comisario político del 337 batallón de la 85 Brigada Mixta con cuyo cargo y fuerzas actuó en los distintos frentes de Levante, Extremadura Y Andalucía hasta el final de la campaña. Según Carlos Engel, en su libro Historia de las brigadas mixtas, después de la acción bélica del ataque sobre las avanzadillas nacionales de la Pingana, el Conjuro y la Garnatilla que fue rechazado y le costaron fuertes pérdidas el 337 batallón. Fue enviado al frente de Levante en la primavera de 1938 y reemplazado por personal veterano a otras unidades. Posteriormente llegó a comisario político de la 73 Brigada, según el DOMD de 24-3-39, siendo hecho prisionero en Gandia ,  entrando en la prisión provincial las Capuchinas de Barbastro, donde fue sentenciado a 30 años.

Imágenes y fuente: Marta Lucas (Nieta de Baltasar Lucas Martín)

Nota: Las divisas que lleva Baltasar en el gorro son las de Comisario de Batallón.

Pulse aquí para ver una interesante imagen de Baltasar armado de un fusil Mosin-nagant y de tres granadas  defensivas de fabricación republicana.

Julio Mangada Rosenörn.

El teniente coronel Mangada y el Estado Mayor de su columna

(1877-1946). Teniente coronel del Arma de Infantería, había defendido a Largo Caballero y a los dirigentes de la huelga de 1917, habiendo sido detenido por publicar el texto de su defensa. Tenía ideas muy radicales y participó en el abortado complot republicano de 1930 en Madrid. Ocasionó un escándalo en un banquete militar en Carabanchel en Madrid, al insistir en que debía vitorearse a la República y no a España. Se le tenía por algo chiflado, pues para un oficial español de entonces interesarse por el esperanto, el vegetarianismo y el naturismo resultaba bastante raro. Pero en realidad sólo era un excéntrico radical en un ambiente ultrareaccionario y cuartelero. A principios de la guerra dirigió una columna miliciana, que le ascendió informalmente a general. Pero sus iniciales éxitos menores no tuvieron continuación, y más aun, desaprovechó excelentes oportunidades. Fue nombrado gobernador militar en Albacete, donde transcurrió la mayor parte de la guerra, a cuyo final se trasladó a África del norte y posteriormente a Méjico, donde falleció.

Más información en: http://www.delbarrio.eu/Mangada.htm


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Este pintoresco militar alcanzó una extraordinaria popularidad en los primeros días del levantamiento, operando al frente de una columna que llevaba su nombre en los frentes madrileños. De limpia ejecutoria republicana, Mangada estaba retirado cuando se produjo la sublevación en la capital de España. Bastante antes había publicado un folleto en el que atacaba vigorosamente a la UME (Unión Militar Española) acusándola de lo que era en realidad, de ser una organización fascista dentro del Ejército. Era famoso entre sus compañeros por sus rarezas, y todos recordaban el incidente que tuvo con Goded en el campamento de Carabanchel. Confraternizaban al término de unos ejercicios de las Academias Militares algunos jefes y oficiales, cuando Goded, después de un parlamento, terminó con un «¡Viva España y nada más!» al que no contestó Mangada. Goded le reprocha su actitud, y discuten ambos acaloradamente hasta el punto de tener que intervenir el general Villegas, que ordena el arresto de Mangada. Entonces éste, en presencia de todos, se quita la guerrera, la arroja al suelo y la pisotea mientras insulta a Goded y a los militares fascistas. Mangada, ya lo hemos dicho, fue arrestado, pero Azaña dispuso el cese inmediato de Goded en el Estado Mayor Central y sustituye al general Villegas designando jefe de la I división al general Virgilio Cabanellas, Salió bien de este incidente, pues fue juzgado y absuelto. Pero en seguida que supo la sentencia empezó a despotricar contra todos los reunidos, incluido su abogado defensor. Tuvieron que mandarle callar —escribe Azaña—. Mangada está loco. Es vegetariano, esperantista y espiritista. Pertenece al tipo militar no conformista por desequilibrio mental, como había algunos durante la Monarquía. Me ha enviado un folleto escrito en verso, digámoslo así, explicando las reglas del tresillo con alusiones políticas. Debería ser motivo suficiente para expulsarlo del Ejército. Sin embargo, como es natural, Mangada tiene popularidad entre los mentecatos del Ateneo, y algunos periódicos lo jalean.» En la noche del 18 al 19 de julio lo encontramos en la Casa de Campo, donde ha establecido su cuartel general. A sus sesenta años, este militar de carrera que ostenta el grado de teniente coronel se pone al frente de una columna que opera con poco orden y menos concierto avanzando por San Martín de Valdeiglesias, Cebreros, La Adrava y Arenas de San Pedro sin encontrar resistencia. Los historiadores de la guerra civil y quienes le conocieron dan casi todos la misma imagen de él. Para Ramón Salas, «el teniente coronel Mangada, teósofo, vegetariano, enjuto y medio loco, era un tipo anacrónico y pintoresco que parecía sacado de algún viejo grabado decimonónico de tiempos de la carlistada». Cordón se limita a decirnos que «sus milicianos lo ascendieron a general», pero en cambio recuerda mucho a su mujer, la de Mangada, que estaría tan loca como él a juzgar por las visitas casi diarias que le hacía en el Ministerio y en las que solicitaba para su marido artículos tan inverosímiles como impermeables o pitos. Quizá el más cruel a la hora de darnos una semblanza de Mangada sea Guillermo Cabanellas. «Era —escribe—, además de un desquiciado mental, un histérico dispuesto a todas las extravagancias, unido ello a una actitud narcisista poco conveniente para el desempeño castrense. Se hace cargo de una columna en la que sus integrantes más parecen escapados de un manicomio que bizarros componentes de un ejército dispuesto a cosechar laureles. Esa columna, que pasaba de la ferocidad en la retaguardia a la cobardía en la lucha a campo abierto, gustaba de la popularidad exhibicionista, de los desfiles por las calles de la capital, a cuyo frente, falto de luces y de entendimiento, alto y desgarbado, el teniente coronel Mangada iría a contribuir más al éxito de los sublevados que todo un Cuerpo de ejército.»  Zugazagoitia lo ve con cierta benevolencia no exenta de socarronería: «Este militar tenía pública historia de soldado republicano. Era un hombre original, amigo de una musa paticoja que le dictaba versos hasta en esperanto, idioma auxiliar del que era adicto adalid. Su producción poética en castellano se resentía de la misma graciosa originalidad. En la masonería abierta de los esperantistas se referían anécdotas simpáticas de este militar, con el que no he tenido ocasión de hacer amistad. Sus andanzas por un sector de la Sierra de Guadarrama tenían en los diarios madrileños una estupenda repercusión ditirámbica. Con domicilio próximo al mío, cuando el general del pueblo, que éste fue el título que le discernieron sus soldados, y del que se sentía ufano, ganaba su casa por algunas horas, en descanso merecido, los vecinos de la calle, a los que se asociaban los transeúntes, le hacían unas ovaciones extraordinarias, bien salvas de vivas antifascistas y personales. Sus hombres sentían por él idéntica idolatría simplona e inocente.» El 24 de julio, maniobrando rápidamente, Mangada llega a Villacastín, donde encuentra las fuerzas del tristemente célebre comandante Doval, de la Guardia Civil, que se le oponen. Pronto acaba con ellas en Navalperal, apoyado por la aviación, consiguiendo un botín considerable. Su columna desfila por la Puerta del Sol entre las aclamaciones de los madrileños. Sus hombres le ofrecen un almuerzo en la misma estación de Navalperal; en presencia del ministro de la Guerra, uno de los oficiales de Mangada lee un documento dirigido a dicho ministro por el que le piden «obsequiar y ceñir con el fajín de general de brigada a nuestro heroico e ilustre militar, coronel julio Mangada, atendiendo a sus méritos y hazañas, que colman de heroísmo páginas enteras de nuestra historia.» Le piden asimismo «se sirva decretar lo conducente a fin de que el grado que democrática y solemnemente hemos conferido a nuestro noble y querido militar sea legalizado sin tardanza, de acuerdo con las leyes vigentes.» Más que un ruego, era una exigencia de las enardecidas milicias, a las que en aquellos momentos hubiera sido muy peligroso negarse. En Talavera sufre un descalabro del que no consigue sacarlo ni la enorme popularidad alcanzada ni el prestigio que supuso para él la entrega de la Medalla de Oro de Madrid. Ocupa cargos burocráticos hasta agosto del 37, en que aparece su nombramiento de gobernador de Albacete. Al término de la guerra ostenta el cargo de jefe militar de la plaza de Ciudad Real. Los casadistas lo detienen, pero lo ponen en seguida en libertad, tal vez considerando que se debía a «su musa cojitranca, a sus recetas para fabricar jabón sin sosa y sus intentos para descubrir pozos de petróleo» (Zugazagoitia). Logró exiliarse en el norte de África, donde se pierde su rastro.


Nos escribe José Antonio del Barrio para decirnos:

Por otra parte, debo deciros que la reseña de Cristóbal Zaragoza que aparece sobre él me parece bastante inadecuada. Hace demasiada referencia a su fama de "loco", que no se corresponde con la realidad. Además, tiene errores factuales, como la atribución a la mujer de Mangada de una anécdota que en las memorias de Cordón se relacionan con otra persona. Además, no se pierde el rastro de Mangada en el norte de África, sino que se sabe que murió en México, precisamente un 14 de abril. Dado que invitáis a colaborar, he pensado que os puede interesar el artículo que escribí sobre la utilización del esperanto en guerra civil, y que está en http://www.nodo50.org/esperanto/artik68es.htm

Otros textos sobre historia que os pueden interesar y están a vuestra disposición están aquí:
http://www.delbarrio.eu/historia-indice.htm

Un cordial saludo, y felicidades por vuestro trabajo.

Toño

http://www.delbarrio.eu/


Nota.- Sí que es una pena que Cristóbal Zaragoza, uno de los más importantes reseñadores de la GCe en el tardo franquismo, no hubiera tenido más libertad y mejores fuentes documentales para componer su famoso diccionario de la GCe. La sombra de Salas Larrazabal y otros propagandistas del franquismo disfrazados de historiadores alcanza de lleno al señor Zaragoza que iba cargado de buenas intenciones. Como otro gran reseñador, pero de época anterior, Guillermo Cabanellas, este con no tan buenas intenciones, pues amén de hacer historia, redimir su huida (tercera España), también quería limpiar el nombre de la familia Cabanellas, muy maltratada por algunos de sus miembros.

Servando Marenco Reja

Oficial del Cuerpo de Intervención Militar. Fue nombrado inspector general de Milicias y luego de los CRIM. Al acabar la guerra mandaba un batallón de ametralladoras que cubrió la retirada de Cataluña. Después de la guerra mandó el batallón vasco autónomo de las Fuerzas francesas libres con base en Londres y posteriormente en Brazzaville.


Nota: Fue director de la Comandancia Militar de Milicias. Un excelente trabajo el de este republicano que puso las bases de la militarización y en suma de la conversión de las milicias en el E.P.

Ernesto Marina Arias.

Teniente coronel de Infantería, se le encargó la formación de uno de los batallones de voluntarios organizados el 19 de julio de 1936. Luego mandó una caja de reclutas.

 Pedro Marqués Barber

Suboficial con destino en Menorca, que después que Goded se rindió en Barcelona, aprovechó la circunstancia favorable para deponer al Gobernador Militar y obtener que éste, que había declarado el estado de guerra, cesare en su actitud frente al Gobierno. Dominada la situación, se hizo cargo de la isla e inició una serie de crueles asesinatos y despojos. Murió fusilado por los franquistas después de ser juzgado por Consejo de guerra y al término de las hostilidades.

Fuente: Guillermo Cabanellas


Nota: Hemos tenido malas experiencias con estas reseñas tan duras de Guillermo Cabanellas, partimos de la base de que Cabanellas habla por segundas voces, pues seguro que nunca tuvo pruebas de lo que afirmó. Curiosamente, el ABC republicano del 5 de agosto de 1936 publicaba esta foto con la siguiente reseña.

Manuel Márquez Sánchez

Capitán de Infantería, ayudó a la formación del Quinto Regimiento y mandó la primera compañía de Acero en la sierra. Después estuvo al frente de la 19 Brigada y de la 18 División, así como del VII Cuerpo, llegando a ser teniente coronel. Después de la guerra marchó a la URSS y estudió en la academia Vorochilov, pasando después a Yugoslavia y Praga.

José Martín Blázquez.

Capitán de Intendencia destinado a Madrid, trabajó en el E M embrionario del ejército republicano en agosto de 1936. Marchó a Francia a principios de 1937, y ya no regresó a España. Escribió un libro sobre los comienzos del ejército republicano.

 Toribio Martínez Cabrera

(1874-1939). General de brigada procedente del Cuerpo de Estado Mayor que durante la República fue subsecretario del Ministerio de la Guerra. Al estallar la guerra civil desempeñaba el cargo de comandante militar de Cartagena, permaneciendo fiel al Gobierno republicano e impidiendo que los sublevados se hiciesen con el control de la citada plaza. Durante la contienda ocupó los cargos de jefe del Estado Mayor del Ejército —del cual fue relevado al poco de su nombramiento, por presión del Partido Comunista, que desconfiaba de él— e inspector general del Ejército del Norte. Tras la caída de Bilbao en poder de los nacionalistas, entregó al presidente Azaña un informe en el que, entre otras cosas, le decía: " ... Ha faltado disciplina, mandos, unidad de acción, voluntad de cooperar en un fin común; y ha sobrado localismo, fatuidad, descuido e imprevisión optimista". Acusado, posteriormente, de traición, fue detenido y encarcelado, aunque poco tiempo después recuperó la libertad y se le designó gobernador militar de Madrid, puesto en el que permaneció hasta el final de la contienda, prestando su apoyo a las actividades golpistas puestas en marcha por el coronel Segismundo Casado. Al entrar las tropas franquistas en Madrid, fue hecho prisionero —no quiso marcharse al extranjero—, encarcelado, sometido a un consejo de guerra sumarísimo, condenado a muerte y fusilado.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

El general de brigada Martínez Cabrera desempeñaba el 18 de julio el cargo de comandante militar de la base naval de Cartagena. Había accedido a él sustituyendo en el puesto al general López Pinto, que había pasado a ser jefe militar de Cádiz. La guarnición de la ciudad estaba constituida por el regimiento de Infantería número 33 y el de Artillería de Costa número 3, y dependía de la III división orgánica, radicada en Valencia. Los primeros intentos de sublevación fueron sofocados en seguida por la presencia del pueblo y de las clases y la marinería. Luego enviaría al regimiento de Artillería para que se integrase en la columna que se dirigía a Albacete a fin de reducir a los rebeldes. Conjuntamente con Miaja operó en la campaña inicial sobre Andalucía. La operación fracasó quizá por la lentitud del propio Miaja. En diciembre lo encontramos en Valencia, sede del Gobierno, como jefe del Estado Mayor Central. A raíz de la pérdida de Málaga es procesado, junto a Martínez Monje y Asensio Torrado. Su causa es sobreseída y, quizá para salvarlo de las iras de los comunistas, es nombrado gobernador militar de Madrid. La orden del ministro, del 13 de marzo, le da el extraño título de «delegado inspector de mi autoridad». Allí permanece hasta el final de la guerra, que es cuando empieza a conspirar con Casado; éste le nombraría subsecretario de Defensa de la junta, cargo de hecho honorífico a fin de comprometerlo y mantenerlo en la órbita de los conspiradores. Al final de la guerra se negó a abandonar Madrid, donde fue juzgado por los vencedores y fusilado en 1939.

Pedro Martínez Cartón

Diputado comunista. Organizó Milicias de Extremadura y luego la 16 Brigada en Ciudad Real, con la que capturó el reducto nacionalista de Santa María de la Cabeza en mayo de 1937. Después mandó la 64 División. Fue derrotado por las fuerzas casadistas cuando se opuso al golpe de 1939. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética.