S.B.H.A.C.

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2.4- Galería de personal del Ejército Popular

(Militares profesionales, de milicias, y soldados y milicianos)

- De la M a la O -

Enlaces

José Maestro Vidal

Oficial segundo del Cuerpo de Oficinas Militares, con destino en el E.M.C. terminaría la guerra como Teniente coronel y secretario general de la Subsecretaría del Ejercito de Tierra.

Julio Mangada Rosenörn.

El teniente coronel Mangada y el Estado Mayor de su columna

(1877-1946). Teniente coronel del Arma de Infantería, había defendido a Largo Caballero y a los dirigentes de la huelga de 1917, habiendo sido detenido por publicar el texto de su defensa. Tenía ideas muy radicales y participó en el abortado complot republicano de 1930 en Madrid. Ocasionó un escándalo en un banquete militar en Carabanchel en Madrid, al insistir en que debía vitorearse a la República y no a España. Se le tenía por algo chiflado, pues para un oficial español de entonces interesarse por el esperanto, el vegetarianismo y el naturismo resultaba bastante raro. Pero en realidad sólo era un excéntrico radical en un ambiente ultrareaccionario y cuartelero. A principios de la guerra dirigió una columna miliciana, que le ascendió informalmente a general. Pero sus iniciales éxitos menores no tuvieron continuación, y más aun, desaprovechó excelentes oportunidades. Fue nombrado gobernador militar en Albacete, donde transcurrió la mayor parte de la guerra, a cuyo final se trasladó a África del norte y posteriormente a Méjico, donde falleció.

Más información en: http://www.delbarrio.eu/Mangada.htm


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Este pintoresco militar alcanzó una extraordinaria popularidad en los primeros días del levantamiento, operando al frente de una columna que llevaba su nombre en los frentes madrileños. De limpia ejecutoria republicana, Mangada estaba retirado cuando se produjo la sublevación en la capital de España. Bastante antes había publicado un folleto en el que atacaba vigorosamente a la UME (Unión Militar Española) acusándola de lo que era en realidad, de ser una organización fascista dentro del Ejército. Era famoso entre sus compañeros por sus rarezas, y todos recordaban el incidente que tuvo con Goded en el campamento de Carabanchel. Confraternizaban al término de unos ejercicios de las Academias Militares algunos jefes y oficiales, cuando Goded, después de un parlamento, terminó con un «¡Viva España y nada más!» al que no contestó Mangada. Goded le reprocha su actitud, y discuten ambos acaloradamente hasta el punto de tener que intervenir el general Villegas, que ordena el arresto de Mangada. Entonces éste, en presencia de todos, se quita la guerrera, la arroja al suelo y la pisotea mientras insulta a Goded y a los militares fascistas. Mangada, ya lo hemos dicho, fue arrestado, pero Azaña dispuso el cese inmediato de Goded en el Estado Mayor Central y sustituye al general Villegas designando jefe de la I división al general Virgilio Cabanellas, Salió bien de este incidente, pues fue juzgado y absuelto. Pero en seguida que supo la sentencia empezó a despotricar contra todos los reunidos, incluido su abogado defensor. Tuvieron que mandarle callar —escribe Azaña—. Mangada está loco. Es vegetariano, esperantista y espiritista. Pertenece al tipo militar no conformista por desequilibrio mental, como había algunos durante la Monarquía. Me ha enviado un folleto escrito en verso, digámoslo así, explicando las reglas del tresillo con alusiones políticas. Debería ser motivo suficiente para expulsarlo del Ejército. Sin embargo, como es natural, Mangada tiene popularidad entre los mentecatos del Ateneo, y algunos periódicos lo jalean.» En la noche del 18 al 19 de julio lo encontramos en la Casa de Campo, donde ha establecido su cuartel general. A sus sesenta años, este militar de carrera que ostenta el grado de teniente coronel se pone al frente de una columna que opera con poco orden y menos concierto avanzando por San Martín de Valdeiglesias, Cebreros, La Adrava y Arenas de San Pedro sin encontrar resistencia. Los historiadores de la guerra civil y quienes le conocieron dan casi todos la misma imagen de él. Para Ramón Salas, «el teniente coronel Mangada, teósofo, vegetariano, enjuto y medio loco, era un tipo anacrónico y pintoresco que parecía sacado de algún viejo grabado decimonónico de tiempos de la carlistada». Cordón se limita a decirnos que «sus milicianos lo ascendieron a general», pero en cambio recuerda mucho a su mujer, la de Mangada, que estaría tan loca como él a juzgar por las visitas casi diarias que le hacía en el Ministerio y en las que solicitaba para su marido artículos tan inverosímiles como impermeables o pitos. Quizá el más cruel a la hora de darnos una semblanza de Mangada sea Guillermo Cabanellas. «Era —escribe—, además de un desquiciado mental, un histérico dispuesto a todas las extravagancias, unido ello a una actitud narcisista poco conveniente para el desempeño castrense. Se hace cargo de una columna en la que sus integrantes más parecen escapados de un manicomio que bizarros componentes de un ejército dispuesto a cosechar laureles. Esa columna, que pasaba de la ferocidad en la retaguardia a la cobardía en la lucha a campo abierto, gustaba de la popularidad exhibicionista, de los desfiles por las calles de la capital, a cuyo frente, falto de luces y de entendimiento, alto y desgarbado, el teniente coronel Mangada iría a contribuir más al éxito de los sublevados que todo un Cuerpo de ejército.»  Zugazagoitia lo ve con cierta benevolencia no exenta de socarronería: «Este militar tenía pública historia de soldado republicano. Era un hombre original, amigo de una musa paticoja que le dictaba versos hasta en esperanto, idioma auxiliar del que era adicto adalid. Su producción poética en castellano se resentía de la misma graciosa originalidad. En la masonería abierta de los esperantistas se referían anécdotas simpáticas de este militar, con el que no he tenido ocasión de hacer amistad. Sus andanzas por un sector de la Sierra de Guadarrama tenían en los diarios madrileños una estupenda repercusión ditirámbica. Con domicilio próximo al mío, cuando el general del pueblo, que éste fue el título que le discernieron sus soldados, y del que se sentía ufano, ganaba su casa por algunas horas, en descanso merecido, los vecinos de la calle, a los que se asociaban los transeúntes, le hacían unas ovaciones extraordinarias, bien salvas de vivas antifascistas y personales. Sus hombres sentían por él idéntica idolatría simplona e inocente.» El 24 de julio, maniobrando rápidamente, Mangada llega a Villacastín, donde encuentra las fuerzas del tristemente célebre comandante Doval, de la Guardia Civil, que se le oponen. Pronto acaba con ellas en Navalperal, apoyado por la aviación, consiguiendo un botín considerable. Su columna desfila por la Puerta del Sol entre las aclamaciones de los madrileños. Sus hombres le ofrecen un almuerzo en la misma estación de Navalperal; en presencia del ministro de la Guerra, uno de los oficiales de Mangada lee un documento dirigido a dicho ministro por el que le piden «obsequiar y ceñir con el fajín de general de brigada a nuestro heroico e ilustre militar, coronel julio Mangada, atendiendo a sus méritos y hazañas, que colman de heroísmo páginas enteras de nuestra historia.» Le piden asimismo «se sirva decretar lo conducente a fin de que el grado que democrática y solemnemente hemos conferido a nuestro noble y querido militar sea legalizado sin tardanza, de acuerdo con las leyes vigentes.» Más que un ruego, era una exigencia de las enardecidas milicias, a las que en aquellos momentos hubiera sido muy peligroso negarse. En Talavera sufre un descalabro del que no consigue sacarlo ni la enorme popularidad alcanzada ni el prestigio que supuso para él la entrega de la Medalla de Oro de Madrid. Ocupa cargos burocráticos hasta agosto del 37, en que aparece su nombramiento de gobernador de Albacete. Al término de la guerra ostenta el cargo de jefe militar de la plaza de Ciudad Real. Los casadistas lo detienen, pero lo ponen en seguida en libertad, tal vez considerando que se debía a «su musa cojitranca, a sus recetas para fabricar jabón sin sosa y sus intentos para descubrir pozos de petróleo» (Zugazagoitia). Logró exiliarse en el norte de África, donde se pierde su rastro.


Nos escribe José Antonio del Barrio para decirnos:

Por otra parte, debo deciros que la reseña de Cristóbal Zaragoza que aparece sobre él me parece bastante inadecuada. Hace demasiada referencia a su fama de "loco", que no se corresponde con la realidad. Además, tiene errores factuales, como la atribución a la mujer de Mangada de una anécdota que en las memorias de Cordón se relacionan con otra persona. Además, no se pierde el rastro de Mangada en el norte de África, sino que se sabe que murió en México, precisamente un 14 de abril. Dado que invitáis a colaborar, he pensado que os puede interesar el artículo que escribí sobre la utilización del esperanto en guerra civil, y que está en http://www.nodo50.org/esperanto/artik68es.htm

Otros textos sobre historia que os pueden interesar y están a vuestra disposición están aquí:

http://www.delbarrio.eu/historia-indice.htm

Un cordial saludo, y felicidades por vuestro trabajo.

Toño, http://www.delbarrio.eu/


Nota.- Sí que es una pena que Cristóbal Zaragoza, uno de los más importantes reseñadores de la GCe en el tardo franquismo, no hubiera tenido más libertad y mejores fuentes documentales para componer su famoso diccionario de la GCe. La sombra de Salas Larrazabal y otros propagandistas del franquismo disfrazados de historiadores alcanza de lleno al señor Zaragoza que iba cargado de buenas intenciones. Como otro gran reseñador, pero de época anterior, Guillermo Cabanellas, este con no tan buenas intenciones, pues amén de hacer historia, redimir su huida (tercera España), también quería limpiar el nombre de la familia Cabanellas, muy maltratada por algunos de sus miembros.

Servando Marenco Reja

Oficial del Cuerpo de Intervención Militar. Fue nombrado inspector general de Milicias y luego de los CRIM. Al acabar la guerra mandaba un batallón de ametralladoras que cubrió la retirada de Cataluña. Después de la guerra mandó el batallón vasco autónomo de las Fuerzas francesas libres con base en Londres y posteriormente en Brazzaville.

Nota: Fue director de la Comandancia Militar de Milicias. Un excelente trabajo el de este republicano que puso las bases de la militarización y en suma de la conversión de las milicias en el E.P.

Ernesto Marina Arias.

Teniente coronel de Infantería, se le encargó la formación de uno de los batallones de voluntarios organizados el 19 de julio de 1936. Luego mandó una caja de reclutas.

Nota.- Salas lo llama Julio Marina.

 Pedro Marqués Barber

Suboficial con destino en Menorca, que después que Goded se rindió en Barcelona, aprovechó la circunstancia favorable para deponer al Gobernador Militar y obtener que éste, que había declarado el estado de guerra, cesare en su actitud frente al Gobierno. Dominada la situación, se hizo cargo de la isla e inició una serie de crueles asesinatos y despojos. Murió fusilado por los franquistas después de ser juzgado por Consejo de guerra y al término de las hostilidades.

Fuente: Guillermo Cabanellas

 

 

 

 

 

Nota: Hemos tenido malas experiencias con estas reseñas tan duras de Guillermo Cabanellas, partimos de la base de que Cabanellas habla por segundas voces, pues seguro que nunca tuvo pruebas de lo que afirmó. Curiosamente, el ABC republicano del 5 de agosto de 1936 publicaba esta foto con la siguiente reseña

Manuel Márquez Sánchez

Capitán de Infantería, ayudó a la formación del Quinto Regimiento y mandó la primera compañía de Acero en la sierra. Después estuvo al frente de la 19 Brigada y de la 18 División, así como del VII Cuerpo, llegando a ser teniente coronel. Después de la guerra marchó a la URSS y estudió en la academia Vorochilov, pasando después a Yugoslavia y Praga.

José Martín Blázquez.

Capitán de Intendencia destinado a Madrid, trabajó en el Estado Mayor del Ministerio de la Guerra del Ejército Miliciano en agosto de 1936 ocupándose de los abastecimientos. Posteriormente trabajo de segundo de Antonio Cordón en la Secretaría Técnica de la Subsecretaria de Tierra. Es citado varias veces precisamente por Antonio Cordón en sus memorias, que lo tilda de personajillo y probablemente, secreto desafecto. El caso es que marchó a Francia a principios de 1937, con dineros del Ministerio, y ya no regresó a España. Escribió un libro sobre los comienzos del ejército republicano.

Huido...

Leocadio Martín Pérez.

Trabajaba en las oficinas del Canal de Lozoya, por lo que entendía de planos, cartografía y organización. Fue llamado a filas, alcanzando el grado de mayor de milicias sirviendo en varios Estados Mayores de brigadas mixtas y divisiones. Con el golpe de casado era jefe de la 65 División, acción que apoyó resueltamente. Casado le nombró Jefe del Estado Mayor del grupo de tareas que se formó para combatir a las tropas leales al gobierno. Fue detenido por los franquistas y condenado a dos años de prisión, que sorprendentemente cumplió.

Alfonso Martínez Alarcón

Era teniente de infantería retirado en Murcia. Se integró en una brigada de carabineros e ingresó en este cuerpo que potenció Negrín cuando era ministro de Hacienda. Alcanzó el grado de teniente coronel y se sabe que mando la 179 brigada mixta hacia el fina lde la guerra.

Jesús Martínez de Aragón

Martínez de Aragón con miembros de su Brigada Mixta (número 2) en el centro de Madrid

Militar y abogado de una conocida familia en Vitoria, hijo de un capitán del Ejército que había conspirado contra Primo de Rivera. Participó en el asalto al cuartel de la Montaña. Encabezó rápidamente efectivos en el eje Guadalajara-Sigüenza. En esta última población se habían instalado fuertes contingentes de milicianos, especialmente de la izquierda comunista (POUM) y de la CNT. Martínez de Aragón tenía un mando más nominal que real, pues los líderes locales y los milicianos andaban más a otras cosas que a la guerra. Y pese a la mucha palabrería que se vertió sobre Sigüenza, la realidad es que las milicias se comportaron militarmente de forma detestable, no sabiendo aprovechar su superioridad numérica y dejándose copar con facilidad. Vendría entonces, en la catedral, el heroísmo obligado que mejor lo hubieran gastado antes. A Martínez de Aragón nadie le pidió responsabilidades y hubiera sido injusto hacerlo. Metido ya de lleno en la defensa de Madrid, recibió el mando de la flamante Brigada Mixta número 2. Tras varias batallas en las que la brigada quedó deshecha y tras su reconstrucción se le ordenó a Martínez de Aragón atacar el cerro Garabitas. Una estúpida acción, una obsesión del E.M. en la que encontró la muerte Martínez de Aragón. Zugazagoitia, del que era gran amigo, dice que el superior de Martínez le había acusado de cobarde delante de todo el E. M. y que eso trastornó a Martínez que salió de la trinchera dispuesto a morir. Era el mes de abril de 1937. Por cierto, que el mismo día en que lo mataron, Joris Ivens lo había filmado para su película "Tierra de España".

 Toribio Martínez Cabrera

(1874-1939). General de brigada procedente del Cuerpo de Estado Mayor que durante la República fue subsecretario del Ministerio de la Guerra. Al estallar la guerra civil desempeñaba el cargo de comandante militar de Cartagena, permaneciendo fiel al Gobierno republicano e impidiendo que los sublevados se hiciesen con el control de la citada plaza. Durante la contienda ocupó los cargos de jefe del Estado Mayor del Ejército —del cual fue relevado al poco de su nombramiento, por presión del Partido Comunista, que desconfiaba de él— e inspector general del Ejército del Norte. Tras la caída de Bilbao en poder de los nacionalistas, entregó al presidente Azaña un informe en el que, entre otras cosas, le decía: " ... Ha faltado disciplina, mandos, unidad de acción, voluntad de cooperar en un fin común; y ha sobrado localismo, fatuidad, descuido e imprevisión optimista". Acusado, posteriormente, de traición, fue detenido y encarcelado, aunque poco tiempo después recuperó la libertad, y se le designó gobernador militar de Madrid, puesto en el que permaneció hasta el final de la contienda, prestando su apoyo a las actividades golpistas puestas en marcha por el coronel Segismundo Casado. Al entrar las tropas franquistas en Madrid, fue hecho prisionero —no quiso marcharse al extranjero—, encarcelado, sometido a un consejo de guerra sumarísimo, condenado a muerte y fusilado.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

El general de brigada Martínez Cabrera desempeñaba el 18 de julio el cargo de comandante militar de la base naval de Cartagena. Había accedido a él sustituyendo en el puesto al general López Pinto, que había pasado a ser jefe militar de Cádiz. La guarnición de la ciudad estaba constituida por el regimiento de Infantería número 33 y el de Artillería de Costa número 3, y dependía de la III división orgánica, radicada en Valencia. Los primeros intentos de sublevación fueron sofocados en seguida por la presencia del pueblo y de las clases y la marinería. Luego enviaría al regimiento de Artillería para que se integrase en la columna que se dirigía a Albacete a fin de reducir a los rebeldes. Conjuntamente con Miaja operó en la campaña inicial sobre Andalucía. La operación fracasó quizá por la lentitud del propio Miaja. En diciembre lo encontramos en Valencia, sede del Gobierno, como jefe del Estado Mayor Central. A raíz de la pérdida de Málaga es procesado, junto a Martínez Monje y Asensio Torrado. Su causa es sobreseída y, quizá para salvarlo de las iras de los comunistas, es nombrado gobernador militar de Madrid. La orden del ministro, del 13 de marzo, le da el extraño título de «delegado inspector de mi autoridad». Allí permanece hasta el final de la guerra, que es cuando empieza a conspirar con Casado; éste le nombraría subsecretario de Defensa de la junta, cargo de hecho honorífico a fin de comprometerlo y mantenerlo en la órbita de los conspiradores. Al final de la guerra se negó a abandonar Madrid, donde fue juzgado por los vencedores y fusilado en 1939.

Pedro Martínez Cartón

Diputado comunista. Organizó Milicias de Extremadura y luego la 16 Brigada en Ciudad Real, con la que capturó el reducto nacionalista de Santa María de la Cabeza en mayo de 1937. Después mandó la 64 División. Fue derrotado por las fuerzas casadistas cuando se opuso al golpe de 1939. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética.

 

Pedro Martínez Martínez.

Pedro Martínez Martínez, había nacido en Torrepacheco (Murcia) pero siempre vivió en Elche (Alicante) combatió en el 5º Regimiento, a las ordenes de Enrique Líster. En la foto, a la salida de la cárcel  en Silla (Valencia) el 15/05/41. Es el mas alto.

Fuente: su hijo, Pedro Martínez Aniorte.

Fernando Martínez de Monje Restoy

General de brigada, procedente del Arma de Infantería, que en julio de 1936 se hallaba al mando, desempeñando puesto de superior categoría, de la III División Orgánica, con cabecera en Valencia. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano —al parecer, los generales sublevados no intentaron entrar en relación con él—, si bien durante los primeros días del conflicto observó una actitud un tanto dudosa, lo que le valió la desconfianza de ciertos sectores oficiales. Destinado, posteriormente, a los frentes de Córdoba y Málaga, no le acompañó la fortuna en ninguno de los dos casos, por lo que, a la caída de Largo Caballero, fue detenido y acusado de traición, aunque no se le probaron los cargos que se le imputaban y se le puso, al poco tiempo, en libertad. Más tarde ocupó una serie de cargos burocráticos de escasa relevancia. Al final de la contienda se exilió, primero, a Francia y, después, a la República Argentina, país este último donde se supone que falleció pocos años después.

Ángel Martínez Peñalver

Coronel, jefe del Regimiento de Infantería de Almansa 18 y Comandante Militar de Tarragona. No había sido invitado a participar en la sublevación. El día 19 de julio se le ordena, desde Barcelona que declare el estado de guerra, pero se niega, por no proceder de la jefatura del Estado Mayor. Intervino en la aprobación de la condena capital de Goded y Fernández Burriel

Antonio Martínez Rabadán.

Pertenecía al sindicato de Artes Blancas (panaderos y confiteros) de la UGT de Albacete. Era también militante del PSOE y presidente de la Casa del Pueblo de Albacete. Se alistó voluntario en las Milicias Populares e ingresó en la Cuerpo de Carabineros dónde llegó a mandar la 3 Brigada Mixta (Carabineros) y posteriormente la 65 Brigada Mixta compuesta también de Carabineros. Martínez Rabadán apoyó el golpe de Casado. Los franquistas le procesaron, y siendo un líder tan señalado y recibiendo innumerables denuncias de la provincia de Albacete fue condenado a muerte y ejecutado en la propia Albacete en noviembre de 1939. Parece que las denuncias derechistas estaban completamente exageradas.

José Martínez Vallespi

Teniente coronel de Infantería con destino en el Regimiento de Albuera 25. El mismo 19 de julio es detenido por los oficiales sublevados. Una vez que se conoce la rendición del general Goded , reúne algunos soldados que se ponen a sus ordenes y logra restablecer la autoridad del Frente Popular. El 20 de julio asume el Gobierno militar de Lérida.

Manuel Martínez

Segundo maquinista que se pone, junto a las clases de la base submarina, en Cartagena, frente a sus jefes, a fin de dominar la sublevación de éstos; es designado por poco tiempo jefe de la Base de Submarinos. 

Ramón Martorell Otzet

(1901-1967). Militar del Arma de Ingenieros que durante la guerra civil se alineó en el bando republicano. Al finalizar la contienda se exilió a la República Dominicana —donde falleció—, en cuyo país fue uno de los fundadores y primer director de Instituto Geográfico y Geológico, organismo adscrito a la Universidad de Santo Domingo.


Nos escribe José Ramón Martorell Delgado para decirnos:

Estimados señores. Con enorme gusto he encontrado su página y disfrutado enormemente de su contenido. Sin embargo, al hacer una revisión de los personajes en su sección biográfica encontré grandes inexactitudes en la biografía de mi abuelo el Comandante (según el ejército franquista) o General (según el ejercito Republicano) Ramón Martorell Otzet

Algunas cosas que aclarar:

1.- Ramón Martorell termina la guerra con el grado de Comandante General de Ingenieros del Ejército del Este (un poco más que simple arma de ingeniería)

2.- Efectivamente, Ramón, Junto con su Esposa Nieves y su hijo Enrique, logran embarcar hacia la República Dominicana, donde funda y dirige el Instituto que Uds. mencionan, entre sus logros se encuentra la publicación de la "Carta Preliminar de la República Dominicana", "Mapa general de la República Dominicana", "Carta Gnomónica de las Antillas" y "Carta Gnomónica de la República Dominicana" esta última sigue siendo referencia obligatoria para los estudios de la República Dominicana.

3.- La República Dominicana fue sólo paso para Ramón y su familia (como lo fue para la mayoría de los exiliados). El gobierno de Trujillo hacía imposible para los Republicanos el permanecer allí. A mediados de los años 40 Ramón y su Familia emigran hacia México, donde Ramón se dedica a ejercer la ingeniería y lleva una vida inconspicua de clase media acomodada. Ramón juró no volver a España mientras Franco fuera jefe de estado, promesa que cumplió aun cuando se le contactó varias veces (desde el gobierno de la dictadura) para su regreso.

4.- Ramón Martorell no muere en la Republica Dominicana, país que abandona más de 20 años antes, sino que fallece en la Ciudad de México en 1967, no teniendo que ser testigo de las masacres que un año después cometería el gobierno de México contra sus estudiantes (esto hubiese matado a Ramón pues amó y defendió a México a capa y espada)  Hoy en día únicamente sobrevivimos el hijo de Ramón, Enrique, que en la actualidad vive en un pequeño poblado de Oaxaca, México y sus nietos, Isabel, Carlos y José Ramón, hijos del primer matrimonio de Enrique, e Isis, hija única del segundo matrimonio.


Nota.- La reseñas no las cambiamos originariamente, a pesar de las rectificaciones que recibimos, no por cuestiones frívolas, sino para que el lector puede calibrar el mal estado que en España tenemos del recordatorio de nuestra historia...

Francisco Martos Martínez.

Francisco Martos era un albañil que haciendo el servicio militar en África había alcanzado el grado de sargento. Era simpatizante de la CEDA, pero fue movilizado por el gobierno, alcanzando el grado de mayor de milicias. Tras el golpe de Casado le fue dado el mando de la 45 Brigada Mixta. Fue detenido por los franquistas y condenado a 12 años y un día pese a sus antecedentes políticos en la CEDA y de que tenía avales de personas derechistas a las que había protegido durante la guerra. Salio en libertad vigilada en 1942.

Carlos Masquelet Lacaci

Ascendido a general de División en 1933. Era masón y republicano liberal. Amigo íntimo de Azaña, fue ministro de la Guerra del gobierno frentepopulista de 1936 y posteriormente jefe de la Casa Militar de Azaña. Ingeniero, fue el autor del plan general de fortificaciones en torno a Madrid, pero no ocupó ningún otro puesto de mando durante la guerra. Pasó a Francia en 1939.

 

 

 


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Ferrolano, nacido en 1871, este general del Cuerpo de Ingenieros tenía, pues, sesenta y cinco años al inicio de la guerra. Es un militar de carrera brillante: secretario del Consejo Superior de Guerra, profesor de la Academia de Ingenieros, de la de Máquinas de la Armada, autor del proyecto de la base naval de El Ferrol, cuyas obras dirigió personalmente durante la Dictadura de Primo de Rivera. En octubre de 1930 ciñó el fajín de general. Su sano republicanismo y el gran prestigio profesional de que gozaba le llevaron, al año siguiente, a la subjefatura del Estado Mayor Central. Unos meses más tarde accedía a la jefatura del mismo con motivo de su ascenso al grado de general de división. Al subir Azaña a la presidencia fue nombrado ministro de la Guerra, según Jackson por lo mucho que le había ayudado en las reformas del Ejército durante el primer bienio. Más tarde ocuparía el puesto de jefe del Cuarto Militar del presidente de la República. Pero lo que realmente le confiere un puesto de honor en las armas republicanas es su labor en pro de la defensa y fortificación de Madrid, algo que hasta el momento se ha subestimado. No hay que olvidar que el general Masquelet estaba considerado como la primera autoridad en España en materia de fortificación militar. A pesar de su avanzada edad, en septiembre de 1936, siendo ya general Asensio y jefe del TOCE, se encargó por orden suya de las obras de ingeniería y fortificación de la capital de España. El 19 de julio de 1937 pasó a la situación de reserva. A pesar de ello, después de la reestructuración del Ejército en diciembre del mismo año, fue nombrado jefe de la recién creada Comisión de Fortificaciones. Exiliado en Francia, murió en los inicios de la década de los cuarenta.

Jaume Mata Romeu.

Piloto de la Fuerza Aérea que se distinguió por su audacia a los mandos de  bombarderos Tupolev SB-2 Katiuska del 24 Grupo. Participó en el hundimiento del "Baleares" Sufrió las cárceles franquistas pero pudo rehacer brillantemente su vida. Fue presidente de la Asociación de Aviadores de la República.

Alberto Matallana Gómez.

Era teniente coronel de la Guardia Civil destinado en la Inspección General. Fue declarado "disponible forzoso" por el Comité de Clasificación, lo que significaba realmente desleal a la República. Tiempo después fue expulsado del ejército, que era el siguiente paso para ser detenido. Su hermano, Manuel Matallana (reseña siguiente), acudió en su ayuda y tras pedir ayuda a Miaja y Rojo, consiguió que se le reincorporara al ejército, en una operación burocrática insólita, pues le fue otorgada plaza, nada menos que en el Cuerpo de Seguridad (Guardia Nacional Republica, ex-Guardia Civil), pero con una comisión de servicios en las dependencias administrativas de la Sanidad militar. Alberto Matallana se puso inmediatamente a su faena, el espionaje. Alberto Matallana tuvo decisiva influencia en la desmoralización y actitud de su hermano Manuel.

Manuel Matallana Gómez.

Matallana en el centro de la imagen, a su izquierda Miaja, y a su derecha un militar que hemos visto fotografiado innumerables veces alrededor de Miaja, pero que no hemos conseguido identificar, quizá era uno de sus asistentes. (Vease nota al pie)

(1894-1952). Comandante del Arma de Infantería, con diploma de la Escuela Superior de Guerra, y licenciado en Derecho. Participó en la campaña de Marruecos, y al estallar la guerra civil, se hallaba destinado en la plana mayor de la II Brigada de Infantería, de guarnición en Badajoz. Al parecer no participó en la conspiración de Mola. Lo que parece claro es que como la mayoría de los militares profesionales del Ejército Español desaprobaba el ambiente de violencia y de falta de orden público en el gobierno del recién llegado Frente Popular, sin hacer el más mínimo análisis de los verdaderos orígenes de esa violencia. Era Matallana por tanto un militar conservador, derechista y convencional, y su lealtad a la República quedó condicionada geográficamente, y más aún, por la inercia de los hechos consumados que acometió a la guarnición de Badajoz, cuya principal unidad, la 2 Brigada de Infantería, estaba mandada por el general leal Castelló, que fue reclamado a Madrid por el gobierno Giral para hacerse cargo del Ministerio de la Guerra, y Castelló quiso llevarse con él a su mejor hombre, el diplomado comandante Matallana. Los hechos se complicaron para Matallana, cuando Castelló aquejado de una depresión nerviosa cesó en sus funciones. Matallana quedó sin puesto en Madrid hasta que fue enviado al Estado Mayor del Ministerio de la Guerra. Matallana debió pasar malos ratos en el Ministerio en el verano revolucionario de 1936, rodeado de milicianos poco amantes de los militares y sin un protector efectivo. En noviembre fue nombrado jefe de la sección de Información, donde al parecer colaboró lealmente con Rojo, aunque comenzó a proteger a compañeros profesionales desafectos, de los que, evidentemente, pronto supo sus labores de sabotaje y espionaje. Participó en la confección del Plan P y de la batalla de Brunete, demostrando un señalada habilidad para las labores de Estado Mayor. En abril de 1937, Rojo dejó vacante la plaza de Jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro, plaza que le fue entregada a Matallana. Entablando gran amistad con sus subordinados Muedra y Garijo, prototipos de militares desafectos emboscados en el Ejército Popular. Matallana no podía soportar lo que denominaba injerencia de los políticos en la guerra, lo que le colocaba, como a muchos otros profesionales que servían con la República, en el mismo nivel de intervencionismo anticivilista que los propios militares rebeldes. Despreciaba a los comunistas y a los asesores rusos y no escatimó medios para hacerlo evidente en privado, en el juego de disimulos y evidencias de deslealtad del enrarecido ambiente del E.M.

Matallana protegía a su hermano Alberto, teniente coronel de la Guardia Civil, y en la clandestinidad afecto a la Quinta columna, al que ayudó, incluso cuando fue expulsado del Ejército Popular, consiguiendo por mediación de Rojo y Miaja que su hermano Alberto fuera readmitido en un puesto burocrático de la Sanidad Militar republicana. También desvió fondos para mantener a militares profesionales quintacolumnistas, que el consideraba compañeros antes que nada. Hizo la vista gorda, y puede que hasta aprobase en su fuero interno el trasvase de información de las operaciones del Ejército Popular, al SIPM franquista. Se sabe que Muedra, subordinado de Matallana, entregó una copia de todos los planes de la ofensiva de Brunete (confeccionados por el propio Matallana) a los oficiales desafectos, emboscados en el Estado Mayor del Ejército del Centro y que colaboraban con la red quintacolumnista "Antonio". Y Matallana no podía ignorar eso.

Los historiadores tienden a diferenciar en la actuación de Matallana, unos actos de otros, en relación a si ayudar a los compañeros, protegerlos y esconderlos, es éticamente aceptable, por contra de facilitar información al enemigo, o sabotear las operaciones. Los ejércitos inmersos en guerras civiles a lo largo de la historia, no admitieron jamás este comportamiento, ni en la guerra civil americana, recuérdese la espantosa cárcel sudista de Andersonville, ni en la guerra civil rusa, ni en la china, ni en ninguna.  Simplemente se considera una traición. En la Guerra Civil española con más razón, pues no había ninguna correspondencia, al menos significativa, en la zona contraria, ni mucho menos la hubo después de la guerra, más allá de avales, precisamente a militares desleales republicanos. Así que la actuación de Matallana no tiene paliativos, ni la de ninguno de los militares republicanos que, supuestamente de buena fe, protegieron, emboscaron o ayudaron en cualquier forma a rebeldes dispuestos a combatir como fuera al gobierno legítimo. Y esto desgraciadamente, que se sabía (el SIM republicano, desde luego) y muchos republicanos se hartaron de denunciarlo, afectaba a los Estados Mayores del Centro y del Grupo de Ejércitos. Vicente Rojo, Miaja y Matallana, por desgracia eran los que permitían estos comportamientos, en el conocimiento de que los gobiernos republicanos, no sólo confiaban en ellos, sino que no podían permitirse el lujo de prescindir de estos militares profesionales, sin duda leales a la República en un principio, pero con comportamientos muy dudosos, según la guerra se iba perdiendo.

A la creación de los Grupos de Ejército, El cuartel general de Miaja se trasladó a Valencia, donde se creó el nuevo Estado Mayor del Grupo de Ejército  (y el Estado Mayor Central de Rojo), a su frente un competente pero completamente desmoralizado Manuel Matallana, y sin embargo, es aquí en el frente de Levante, donde Matallana demuestra su pericia diseñando la famosa e inexpugnable línea fortificada XYZ. En el escrito exculpatorio que Matallana elaboró con sumo cuidado y con gran sentimiento para el tribunal franquista que lo procesó, esta cuestión de la línea XYZ tuvo que ser muy embarazosa, pues la concatenación del general Menéndez al mando de los refundidos ejércitos de Levante y de Maniobra, más la jefatura del Estado Mayor de Matallana al cargo de las fortificaciones de la línea XYZ, fue uno de los fiascos mayores de Franco. Para más inri, a finales de 1938, el Ejército de Levante, era el único de los que le quedaban a la República, que mantenía intacta su moral, en parte por sus victoriosas defensivas, en parte por la eficaz política militar de Menéndez y de Matallana, que consiguieron pactos tácitos con todas las fuerzas políticas para dejar hacer a los militares profesionales. Un interesante ejemplo, y quizá único en toda la guerra, y digno de ser estudiado. El caso es que Matallana se justificó en este asunto diciendo que recibió la orden de diseñarla, pero que en absoluto participó en su ejecución, lo que era una verdad a medias, pero que por los motivos que fueran, el tribunal no insistió. En enero de 1939, ascendido a general, Matallana tomó el mando supremo del Grupo de Ejércitos Centro-Sur (GERC), mientras Miaja era nombrado Inspector General, una especie de generalísimo honorario republicano. Ascenso del que Miaja, en una conversación telefónica con Negrín, dijo, ¡Yo no me chupo el dedo! Y a continuación, el que no se chupaba el dedo se levantó contra Negrín.

 La actuación de Matallana se acrecentó en la expansión de las teorías desmoralizadoras, derrotistas, y en un especial estado de opinión de balones fuera, donde todos los males de la guerra eran cosa de los políticos y en especial de Negrín y sus apoyos comunistas. Muy al gusto de los profesionales desleales o dudosos, temerosos del su incierto destino según la derrota se hacía inexorable. Estas opiniones que no llevaban en su interior ni un gramo de autocrítica, fueron el pegamento que posibilitó un común pensamiento de los militares profesionales republicanos en inequívoco apoyo de Casado, o de quién el SIPM hubiera escogido para esta labor de rematar a la República en Madrid y acabar con la guerra. Primer paso para un esperado "abrazo de Vergara". ¡Vaya perspicacia la de estos tipos!, como diría el presidente, Negrín.

En los postreros días de la guerra, Matallana asistió a la reunión celebrada en el aeródromo de Los Llanos, presidida por Negrín, en la que expuso la situación del ejército republicano en aquellos momentos (reproducimos aquí la versión dada por Guillermo Cabanellas en su libro La guerra de los mil días, Ed. Heliasta, S. R. L., Buenos Aires, 1975, tomada, a su vez, de la obra de García Pradas: Cómo terminó la guerra de España):

 "Pueblo y Ejército coinciden en la necesidad de que la guerra termine inmediatamente; el hambre obliga a tomar una decisión; la moral es de derrota. El Ejército carece de materias primas, vestuario y equipo para la tropa; la desmoralización es casi total. Las reservas son escasas; poca y desgastada la artillería; ausencia casi absoluta de morteros; reducida cantidad de armas automáticas; la Aviación, sin eficacia, y lo mismo ocurre con los carros blindados y material antitanque y antiaéreo. El problema de los transportes es pavoroso y se carece de los repuestos y accesorios necesarios. El enemigo se encuentra en inmejorables condiciones para abatir a un Ejército integrado por fuerzas débiles y mal dotadas."

 A continuación, apoyó el golpe de estado de Casado, desobedeciendo las órdenes de Negrín, haciéndose cargo de las fuerzas casadistas, y facilitando una valiosa información al enemigo a este fin (1). Esto y más, reconoce la sentencia que dictó contra él el consejo de guerra sumarísimo a que fue sometido por los vencedores recién terminada la guerra. Pues rechazado por Franco como interlocutor válido para gestionar la paz, fue hecho prisionero en Valencia por las tropas nacionalistas, tras cumplir la penosa misión de rendirse al frente de sus hombres. Condenado a doce años de prisión, salió en libertad después de pasar algunos años en la cárcel, estableciéndose en Madrid, teniendo que trabajar de capataz en la construcción para mantener a su familia y donde falleció posteriormente.


Viene de la imagen.- Me permito sugerir que se trate del capitán de milicias José María Estrugo. Este militar aparece con su nombre en una foto realizada por Juan Guzmán (John Goodman) y publicada no hace mucho por la agencia EFEhttp://www.efedata.com/foto/espana-guerra-civil-espanola-zona-republicana-madrid-1937-general-republicano-jose/FOTOTECA/8/3808/8085536 )

Eduardo G.L.

Nota nuestra.- Hay parecido físico y de constitución con la única foto que tenemos autentificada de Estrugo. Pero uno aparece como capitan y otro como mayor en fechas próximas. Estamos cerca...

    


(1) Una muestra: "Tanto la prueba testifical practicada como la documental aportada, aparece que el procesado es persona de antecedentes inmejorables de ideas derechistas, amante del orden afecto al parecer al MN (Movimiento Nacional). Según costa en lo actuado, a fines de 1937, el procesado estableció contacto con los representantes y agentes de la España Nacional en la Zona roja, procurándoles algunas informaciones, y siendo partidario de la rendición sin condiciones de la zona central ,aún en poder de los marxistas, para lo cual trabajó intensamente y que a principios de 1939, procuro a un agente de la Zona Nacional un superponible de las fuerzas en línea y reserva de Ejército rojo, para que fuera pasado a la España Nacional y estas fuerzas pudieran atacar  por donde mejor conviniera. También se ha puesto claro que el procesado reprimió la intentona comunista de 1939 y facilitó en gran manera la rendición total de la zona roja a la España Nacional. Consta igualmente aquel procesado obtuvo el ascenso automático a teniente coronel a fines de 1936, el de coronel en Septiembre de 1937 y en el mismo mes de 1938 el de general, que debe admitir forzosamente; en virtud y teniendo en cuenta que del rematado constan los antecedentes relativos a su atención a los servicios prestados ala causa Nacional que recogen hechos probados..."

Pedro Mateo Merino

Había nacido en un pueblo de la provincia de Guadalajara (Humanes de Mohernando) en 1912, pese a su origen campesino, Pedro Merino consiguió terminar el Bachillerato y posteriormente acceder a la Facultad de Ciencias. Compañero de Tagüeña en la FUE, le tocó vivir la agitada vida de los estudiantes progresistas en permanente lucha con falangistas y similares. Se encontraba en el último curso de su especialidad, matemáticas, cuando estalló la guerra. Debido a sus conocimientos y a su integración en las milicias del PCE, mandó un batallón en el Jarama, posteriormente la 101 Brigada Mixta en Brunete  bajo el encuadramiento de la 46 División que mandaba el temperamental Valentín González. Pedro Mateo Merino, aun estuvo en Teruel con la 101, donde esta unidad hubo de protagonizar una de las más dramáticas retiradas que la dejó deshecha. En el Ebro, Pedro Mateo mandó la 35 División internacional hasta el final de la guerra. En el exilió paso de Francia a la URSS donde terminó su carrera y donde con otros militares españoles formó parte del cuadro del profesorado de la academia Frunze. Vivió posteriormente en Yugoslavia y en Checoslovaquia, con muchos de sus camaradas españoles, como su antiguo superior, Tagüeña. Pasó luego a Cuba de asesor militar y finalmente regresó a España tras una inicial negativa del gobierno franquista.

  


Nota: Pedro Mateo Merino era un estudiante de Exactas, como Tagüeña, y ambos fueron autodidactas en la ciencia militar y ambos se comportaron como consumados comandantes. Mateo escribió un libro extraordinario "Por vuestra libertad y la nuestra" que era un lema de las Brigadas Internacionales. Tenía las medallas del Valor (derecha) y la de la Libertad (izquierda). En la foto con el uniforme de profesor de la academia Frunze.

Diego Medina Garijo

Capitán, médico, con destino en el Escuadrón de la Escolta Presidencial Republicana. Estaba al tanto de la conspiración, pero al fracasar ésta, se mantuvo en apariencia al lado del Gobierno. Conocía a Casado de la escolta presidencial, donde sirvieron ambos. Medina Garijo buscó el contacto con la Falange clandestina y la Quinta Columna. Casado recurría a él como médico personal, pues padecía periódicas fiebres palúdicas y feroces ataques de estómago. Medina Garijo supo aprovechar el contacto de tan bien colocado militar republicano y participó junto con el SIPM, en la elección de Casado como hombre de Franco para rendir la República. Al final de la guerra era comandante médico de la Sanidad Militar republicana, y agente de Burgos en el entorno de Casado. Acompañó a Prada en la rendición del Ejército del Centro.

Creemos que Diego Medina Garijo es el paisano del abrigo, pues de las cinco figuras en primer plano, y por la izquierda, el primero se trataría del hijo de Prada, Eduardo, después Adolfo Prada, después García Viñals (o Urzaiz Guzmán, no lo sabemos), seguido de Medina Garijo y del Coronel Losas, con chilaba. Se agradecería información. Medina Garijo es el único que sonríe.

Eduardo Medrano Rivas

El Coronel Villalba, Companys y el capitán Medrano

Había apoyado la causa nacionalista en la revolución de octubre en Barcelona. Fue detenido como tantos otros y solicitó el retiro del ejército. Con la rebelión de julio del 36 reingresó en el ejército, siendo ayudante del coronel Villalba en Aragón, actuando después en la 3 División del Ejército catalán y luego en la 33 División. Fue capturado por los nacionalistas después de la guerra y ejecutado.

Imagen: La Vanguardia

Ernesto Melero Blanco

Capitán de Infantería de 53 años de edad procedente de la tropa. Servía en el regimiento Wad-Ras nº 1. Jugó un papel importante en el aplastamiento de la rebelión en Carabanchel y posteriormente mandó la 75 Brigada Mixta y en la primavera de 1937 ascendió a teniente coronel al mando de la 61 División.

Arturo Mena Roig

El coronel Mena conversando con el comandante Ristori en el frente de Toledo en el otoño de 1936 conservando todavía las insignias del reglamento anterior.

Militar de cierta excentricidad que se encontraba retirado del ejército. Coincidiendo con su ingreso se le ascendió a coronel. Mandó unidades milicianas y defendió con sus hombres las líneas de Madrid en la batalla por esta ciudad con gran efectividad que le dio cierta fama. Era famoso también por su mascota, una mona que llamaba "Catalina". Entre las anécdotas de este curioso personaje, hay algunas de probado valor, como cuando impidió el linchamiento de pilotos enemigos (ignoramos si nacionales o extranjeros) tras ser derribado su avión. Era muy popular entre los milicianos de Madrid y se afilió al Partido Sindicalista de Angel Pestaña.  Tras la batalla de Madrid mandó la 61 División y posteriormente el VII Cuerpo. Se exilió a Francia y posteriormente a Méjico, donde murió en 1950 a los 72 años.

Julio Mena Zueco

General de Brigada, Comandante Militar de Burgos. Cesó como Subsecretario del Ministerio de Guerra y, en sustitución del general Gonzalo González de Lara, fue nombrado jefe de la XI Brigada de Infantería. El 18 de julio intenta tomar posesión de su cargo en el cuartel de uno de los regimientos de Infantería. En el mismo acto es detenido. Contrariamente a lo sostenido no fue fusilado.

Nota: Al general Mena se le dio por fusilado debido a que Antonio Ruíz Villaplana, secretario del juzgado de Burgos y que huyó a la zona republicana para salvar su vida, escribió un dramático testimonio de los fusilamientos en Burgos ("Doy Fe") donde confundió al general Mena con otro militar leal fusilado por los rebeldes en esa capital. El equívoco se mantuvo muchos años.

Rafael Menchaca Ugalde

Puente del bou Bizkaya

Marino Mercante natural de Plencia y afiliado al Partido Comunista y a la UGT. En octubre de 1936 embarcó en el Bou artillado Vendaval como Primer Oficial. Paso luego al Bizkaya donde sirvió durante toda la campaña de este Bou. Formó parte de la tripulación que sustituyó a parte de la tripulación del Ciscar en junio de 1937, en el que permaneció hasta su hundimiento en Gijón el 20 de octubre de 1937. Salió para Francia y regreso a la zona republicana, donde tomo el segundo mando del destructor Antequera ascendiendo a  Capitán de Corbeta. Tomó parte en el hundimiento del Crucero Pesado Baleares. Pasó luego al José Luis Díez dónde le tocó sufrir las penosas singladuras de este destructor en Gibraltar. Ascendido a Capitán de Fragata le fue dado la plaza de segundo comandante del Crucero Miguel de Cervantes con el que se internó en Bizerta en Marzo de 1939. Se exilió a la URSS e ingreso en la Academia Frunze. Tras varias vicisitudes en países del Pacto de Varsovia, regresó a España clandestinamente. Detenido y condenado a una larga pena de la que finalmente salió por un indulto.

El destructor Ciscar hundido en el Musel (puerto de Gijón)

 Leopoldo Menéndez López

Capitán de Infantería diplomado de EM hijo de militar y hermano de otros dos militares leales (Arturo, aviador, que ostentaría durante la República la Jefatura Superior de Policía de Barcelona y la Dirección General de Seguridad; y Emilio, artillero, que falleció en el exilio mexicano). Participa en la guerra de África. A su vuelta se saca los cursos de Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra. Se incorporó a la prestigiosa Comisión Geográfica de Marruecos en Ceuta y fue ascendido a Comandante para incorporarse al E. M. de la 6 región Militar cuya cabecera era Burgos. La llegada de la II República le cogió en Ceuta, y como muchos militares, incluido sus hermanos, acogió este cambio político con agrado, aunque Menéndez nunca se metió en política. Azaña le nombró ayudante del Jefe del Gabinete Militar del Ministerio de la Guerra. Con los cambios de gobierno, Menéndez retorna al servicio de guarnición en la 11 Brigada de Infantería (Burgos). La victoria del Frente Popular le devuelve al entorno de Azaña, mandando un batallón de la Guardia Presidencial. En este destino estaba cuando estalla la rebelión derechista. Saravia pasa a Ministro de la Guerra, y Menéndez a la subsecretaria (los segundos de a bordo, entonces). Ambos hicieron una gran labor pero dentro de lo que el Gobierno Giral podía plantearse, que no llegaba más allá de un Ejercito de Voluntarios, de sujetar la Comandancia de Milicias y de tratar de controlar los suministros y los haberes, como forma de disciplinar a las díscolas milicias. En este trabajo coincidió con Cordón, el artillero retirado que llegaría a subsecretario de Tierra con Negrín, que en sus importantes memorias "Trayectoria", describe a muchos compañeros de armas en el Ejército Popular y las Milicias. De Menéndez, Cordón, que tenía buen ojo para esto, y que no criticaba nunca por politiquería o frivolidad, afirma que era un tipo trabajador y leal, pero que era demasiado rígido en sus concepciones como para entender el nuevo tipo de ejército que la República estaba fraguando y que tenía su base en el gran pacto político del Frente Popular.

La llegada del gobierno de Largo Caballero le devolvió al frente. Concretamente a las fuerzas del futuro Ejército del Sur. Poco después Menéndez vuelve a Madrid ante la necesidad de cubrir las numerosas vacantes del Estado Mayor del Ministerio, embrión de los futuros Estados Mayores del Ejército del Centro y del Estado Mayor Central. En agosto de 1937 recibe por fin un mando activo en el nuevo XX Cuerpo del también nuevo Ejército de Maniobra con el que participa en Teruel. Tras ser ascendido a coronel recibe el mando del Ejército de Maniobra con el que sufre las vicisitudes de las retiradas de marzo de 1938. Tras la partición de la zona republicana, Menéndez toma el mando de los restos refundidos del Ejercito de Levante y del Ejército de Maniobra, es ascendido a General y con un mando prácticamente formado por militares profesionales realiza una magnífica labor defensiva, con el trío de férreos defensores, Miaja como comandante en jefe, Menéndez como general al mando del Ejército de Levante y Matallana como jefe del E.M. del Grupo de Ejércitos, que hicieron morder el polvo a las unidades de choque franquistas causándoles un quebranto sin parangón, con una relación de bajas cercanas al 4 a 1, favorable para las armas republicanas, pese a perder importante terreno aunque en absoluto decisivo. Estas sus virtudes.

Entre sus defectos estaban el desprecio disimulado a los mandos de milicias de los que hizo abundantes comentarios denigrantes en comandita, y el indisimulado anticomunismo, que junto con el de Matallana, Casado, y otros, propició la exitosa operación de intoxicación de los servicios de información franquistas que consistió en hacer creer que había forma de arreglar una paz honrosa entre militares profesionales, cosa que Franco nunca tuvo intención de hacer (ni llegar a un arreglo entre militares que mermara su prestigio de general invicto). Los mencionados militares profesionales republicanos cayeron en la trampa y acortaron la guerra, evitando que conectara con la europea como quería Negrín para salvar la República, cosa que a Franco le ponía los pelos de punta. Menéndez embarcó en el HMS Galatea en Gandía junto a su hijo y el staff del coronel Casado. Se exilió a Francia y vivió en Paris con un cargo del gobierno de la República en el exilio. Finalmente se instaló en Méjico donde murió en 1965.

(1) Cabanellas las mataba callando, parecía un bondadoso Papa Noel, pero fusiló a muchos señalados militares profesionales, precisamente para hacerse perdonar su pasado masón. Algo así como Queipo de Llano en Sevilla para hacer olvidar su pasado republicano. Sólo que a Queipo, a tenor de sus declaraciones radiofónicas y otros testimonios, el asunto le privaba.

Arturo Menéndez López.

Era hermano de Leopoldo Menéndez y como su hermano tenía amistad con el presidente Azaña. Proveniente de la artillería, era piloto y servía a la República en cargos de seguridad. Destaca su actuación como Jefe Superior de la Policía de Barcelona con el gobierno provisional, donde consiguió la admiración de los agentes sociales. En el bienio de Azaña fue nombrado por Casares Quiroga Director General de Seguridad, y en agosto de 1932 le tocó bregar con la Sanjurjada (la rebelión de Sanjurgo del 10 de agosto). Arturo Menendez se enfrentó con coraje a los rebeldes al frente de sus guardias de asalto en la ensalada de tiros que se produjo en los alrededores de la Cibeles en Madrid. Fue condecorado por ello.

En el ultimo año del bienio Azaña, se produjeron los sucesos de Casa Viejas, donde oficiales desleales de las fuerzas de orden público (el peor el capitán Rojas, un autentico canalla posteriormente premiado por Franco) ordenaron asesinar a los campesinos anarquistas y como auténticos villanos y perjuros aseguraron haber recibido órdenes del mismísimo Azaña de "tiros a la barriga" que era una infamia con la que la derecha organizó una buena. Azaña pudo salir del trance pero Arturo Menéndez hubo de dimitir y hasta fue encarcelado y procesado (1) Una vez libre fue nombrado para un carga administrativo en el puerto de Barcelona. Con la llegada del bienio Negro presentó su dimisión. La revolución de octubre hizo que sus huesos volvieran a dar con la cárcel. Azaña también fue detenido por este falso motivo, complicidad con la Huelga General revolucionaria. La derecha radical le tenía gran odio a este político. Se sabe que la magistratura mas cavernícola sólo estaba esperando la ocasión para fulminarlo.

Con el triunfo del Frente Popular fue nombrado en un puesto directivo de los Ferrocarriles del Oeste. Un puesto de bajo nivel probablemente a propósito. Con el 18 de julio estaba en Barcelona por motivo de su empleo. Ferviente republicano quiso partir para Madrid para reincorporarse a su despacho y ponerse a disposición del gobierno. Una acción que se demostró muy imprudente pero que era imposible de prever. Viajaba con él el diputado de ERC por Gerona, Joan Casanellas. El expreso paraba varias horas en Calatayud, y en esta ciudad ya circulaban patrullas rebeldes de falangistas y guardias civiles que entre otras cosas registraron el tren en busca de rojos. Solicitada la documentación y tras una llamada telefónica a la comandancia local, ambos viajeros fueron conducidos en un coche a toda velocidad a Zaragoza, donde Cabanellas apoyaba el golpe. Allí estaban esperando a Arturo Menéndez con ganas. Las palizas fueron tan brutales que estuvo en riesgo su vida. Cabanellas los envió a Pamplona donde sabía que iba a ser fusilado sin ninguna duda. Llegados a esta plaza, el 5 de agosto de 1936 una partida mixta de falangistas y requetés se lo llevó y le dio el "paseo". El 10 de agosto aniversario de la Sanjurjada, el sanguinario Queipo de Llano vomitando mierda por las ondas comunicó al país que para celebrar el tercer aniversario de la Sanjurjada se había decidido en Pamplona fusilar al que fuera Director General de Seguridad en esas fechas y principal responsable de su fracaso. Lo dicho, más su amistas con Azaña, más su fervor republicano satisficieron las ansias asesinas de sus verdugos y de otros sanguinarios voceros como pocas veces. Arturo tenía 43 años, dejaba viuda e hijos y para terminar de sembrar este odio secular nunca se le legalizó la muerte de modo que intencionadamente, sus deudos nunca pudieran tener derechos pasivos. estas indignantes actuaciones fueron muy corrientes en la represión franquista y afectaron desoladoramente a miles de viudas. Cuando la muerte de Arturo fue conocida, sus amigos, familiares y sobre todo Azaña quedaron conmocionados. Que la diosa razón tenga en su seno a este héroe de la República

(1) Años después, en 1976 el periodista Daniel Sueiro escribió que en una entrevista que le hizo a Eduardo Pardo Reina el que fuera abogado del Capitán Rojas, le contó que lo de tiros a la barriga se lo había inventado Rojas para perjudicar al gobierno Azaña. Además, los historiadores demócratas ya han desmontado este bulo y bastantes otros semejantes...

Emilio Menéndez López

Hermano de los dos anteriores, se exilio a Méjico al final de la guerra.

Leocadio Mendiola Núñez

Composición fotográfica, muy al gusto de la época, donde vemos a Mendiola, con, suponemos, personal de su grupo de Bombardeo

Nace en Badajoz el 8 de febrero de 1909. Ingresa como voluntario en el cuerpo de ingenieros de aviación y en julio de 1926 fue destinado al aeródromo de Cuatro Vientos, ascendiendo a sargento al año siguiente. Entre 1931 y 1932 realiza el curso de piloto en Alcalá de Henares y es enviado a la Escuela de Mecánicos de Los Alcázares, donde realiza el curso de ametrallador bombardeo, obteniendo posteriormente en la Escuela de Mecánica de Cuatro Vientos el título de la misma especialidad. En diciembre de 1934 es destinado al grupo 21 (León). Al poco tiempo y ya con el empleo de brigada, fue transferido a la 3ª escuadrilla de la segunda escuadra (Sevilla),hasta que en junio de 1935 solicita el traslado a la 1ª escuadrilla del grupo 31 (Getafe), donde le sorprende la Guerra Civil. Desde los comienzos destacó por su actuación, primero en los frentes de la sierra y luego en la defensa de Madrid, siendo uno de los primeros pilotos españoles que formaron en la escuadrilla de bombardeo Tupolev SB-2 "Katiuska", donde los mandos y sus pilotos eran rusos. Su actuación en los bombardeos de Pingarrón y a comienzos de la batalla del Jarama le valieron su primer ascenso por méritos de guerra. Siempre con los Katiuska, obtuvo un nuevo ascenso en la batalla de Brunete, pasando después al frente de Aragón, con base en el aeródromo de Reus. Desde aquí intervino en los bombardeos sobre Belchite, hasta la ocupación definitiva de ésta plaza. En éste mismo sector, el día 15 de octubre la 3ª escuadrilla a su mando, logró destruir seis Heinkel HE-46 y seis Fiat en el aeródromo de Sanjurjo (Zaragoza). Intervino también de forma destacada en la batalla de Teruel al mando del grupo 24 de Katiuska, ya con el empleo de comandante. Trás la batalla del Ebro siguió actuando sobre los frentes de Cataluña. La aviación republicana contribuía en éstas fechas al intento de frenar el avance nacional sobre Barcelona. Mendiola era ascendido a teniente coronel. En septiembre de 1938 recibe la Laureada de Madrid . Siendo el único condecorado con tan preciada condecoración en la F.A R.E.. En una arriesgada operación pierde a dos aviones y cuatro hombres en el bombardeo del 16 de diciembre de 1938 sobre el aeródromo de La Cenia, base de la Legión Cóndor. Salvándose los observadores Rafael Ballester Linares y Ricardo Aresté. Finalizada la campaña, marchó a Orán (Argelia), donde permaneció hasta 1942, viajando después a México, donde residió hasta febrero de 1967, fecha en la que regresó definitivamente a España. Fallece el 18 de julio de 1998.

Mendiola en su aparato

Mendiola en 1997, en una imagen perteneciente a su familia y recientemente publicada por El País, artículo de Jesús Duva, dónde nos enteramos que el gobierno de la II República, nunca le hizo entrega de la Placa Laureada de Madrid

Francisco Menoyo Baños

Capitán de Ingenieros destinado en Menorca. A principios de 1938 estaba al frente del IX Cuerpo y a finales de la guerra el coronel Casado le encargó del Ejército de Andalucía por haberse mantenido neutral en la liza. Menoyo fue detenido por los franquistas (probablemente en el puerto de Alicante), procesado y condenado a muerte, que se cumplió.

Cipriano Mera

Era un obrero de la construcción, dirigente de su sindicato anarquista en Madrid, y encarcelado en repetidas ocasiones. De hecho, el 18 de julio se encontraba en la cárcel por culpa de la huelga salvaje del ramo que la CNT madrileña le hizo al gobierno republicano. Tras haber dirigido a las Milicias que aplastaron la insurrección en Alcalá de Henares y Guadalajara, fue el responsable político de la columna del Rosal. Rápidamente aceptó la necesidad de la militarización y mandó la 14 División y posteriormente el IV Cuerpo, siendo ascendido a teniente coronel en 1938. Conspiró con Casado en Madrid contra el gobierno legítimo junto con la CNT de Madrid, esto es Val y García Pradas, verdaderos paranoicos del anticomunismo. La acción de su Cuerpo de Ejército fue decisiva para derrotar a las últimas fuerzas leales a la II República. Se exilió en avión al Marruecos francés con su jefe de Estado Mayor, el polémico Verardini. Pero en 1942, las autoridades francesas lo deportaron a España, donde fue condenado a muerte, pero la pena le fue conmutada por 30 años. En 1946 salio con libertad vigilada. Tras un tiempo en España, donde llegó a entrevistarse con el general Aranda, para concertar un golpe contra Franco, que según sus memorias, rechazó, se exilió definitivamente a Francia, donde regresó a su oficio. Murió en 1975.

Nota M. B. 2014.-

Mera tuvo entre sus correligionarios una leyenda de héroe revolucionario, cabal, honesto e incorruptible. Pero es del todo matizable. Muchos historiadores de la democracia lo consideran un tipo personalmente honesto, pero un analfabeto político que tenía salidas de pata de banco, perfectamente expresadas en sus memorias, en las que el periodista y escritor Luis Romero ya le sacó los colores al poco de publicarse, que eran de un sectarismo y de un analfabetismo que espantaba. Romero, había sentenciado, ¡Así se pierde una guerra! Pero además, su actuación en la conspiración de Casado y su Estado Mayor del Ejército del Centro, infiltrado por el SIPM y la Quinta Columna, y el Estado Mayor del Grupo de Ejércitos, en la misma tesitura, con el apoyo de una fracción del PSOE madrileño (Wenceslao Carrillo y Besteiro) y sobre todo con el ansia anticomunista de la CNT madrileña, Val, García Pradas y el propio Mera, que puso las tropas anarquistas al servicio de un golpe militar, traidor a la legalidad, pro-franquista, en puridad, su actuación, digo, es deplorable. Mera tuvo responsabilidades en la detención de militantes comunistas que fueron entregados a Franco y naturalmente fusilados. A Casado y sus consejeros les dejaron salir, A Mera, que tenía incluso responsabilidades en la represión de derechistas, lo indultaron en 1942 y hasta le ofrecieron trabajo en los sindicatos verticales años después. El historiador Ángel Bahamonde, en su último libro, "Madrid 1939, la conjura del coronel Casado", le deja bien servido, si es que quiere confirmar nuestras afirmaciones con mayor rigor.

   


Palabras de Mera al dirigirse al pueblo madrileño por radio para apoyar el golpe de Casado:

Trabajadores antifascistas: Españoles con dignidad. Un hijo del pueblo, carne de su carne y sangre de su sangre, militar porque desde julio de 1936 siente y cumple el deber ineludible de empuñar las armas para la defensa y la libertad de su patria, se dirige a vosotros con el corazón y la conciencia en los labios, para explicaros con toda sencillez la trascendencia de la actitud que con toda la responsabilidad asume en este momento histórico. La derrota sufrida por las armas antifascistas en Cataluña me ha resultado, además de dolorosa, inexplicable, mientras no he tenido el convencimiento de que fue precedida por la traición de unos hombres dispuestos a vender a precio de oro y de orgía la sangre generosa del pueblo español. La traición aludida que nos hizo perder pedazos de nuestra Patria, que ha estado a punto de dar al traste con el movimiento obrero español y que ha puesto en peligro la dignidad del antifascismo que es nuestro interés moral de mayor valía, ha culminado en la actitud alevosa v criminal de Juan Negrín, gobernante indigno de los combatientes y de los trabajadores, cuya política personalista le ha hecho incompatible con los Ministros de su Gabinete y no tiene más finalidad que la de hacer un alijo con los tesoros nacionales y huir, mientras el pueblo queda maniatado frente al enemigo. Durante las últimas veinticuatro horas ha sucedido todo lo que puede suceder donde hay gobernantes traidores a sus promesas, a su pueblo y a todos los principios ideológicos y morales. Esto nos ha creado una situación delicada, ante la cual, este militar que os habla con la emoción que le produce el recuerdo de su vida austera y dura de trabajador manual, piensa que sólo se puede servir disciplinadamente a quien sirve a su Patria y que es indispensable enfrentarse con quien la roba, la vende o la traiciona. Las tres cosas ha hecho, como gobernante perjuro y desaprensivo, el doctor Negrín, y Cipriano Mera, albañil ayer y hoy, uno de los Jefes del Ejército del Centro, pero siempre leal hijo del pueblo, al pueblo debe y quiere defender. Por eso se une a estos hombres de buena voluntad y de historia inmaculada, representantes del pueblo antifascista que constituyen el Consejo Nacional de Defensa y por eso también con toda su gente sobre las armas, y el pensamiento en la dignidad antifascista y de la Patria, os grita desde Madrid, desde este noble corazón del mundo: A partir de este momento, conciudadanos, España tiene un Gobierno y una misión: la paz. Pero la paz honrosa, basada en postulados de justicia y de hermandad. Estas palabras no son para vosotros sino para toda España. Sin humillaciones, ni debilidades, pero con la conciencia de nuestros actos, queremos la paz para España, pero, si por desgracia para todos, nuestra paz se pierde en el vacío de la incomprensión, también os digo serenamente que somos soldados y como tales estamos en nuestro puesto hasta sucumbir defendiendo la independencia de España. ¡Trabajadores y combatientes! ¡Antifascistas dispuestos a morir por el honor de nuestra causa! De cara a todos los traidores y todos los enemigos. ¡Viva la España invicta, independiente y libre! Todos en pie de guerra por la vida y el honor del pueblo que nos dio la misión de defenderle. ¡Viva su Consejo Nacional de Defensa.


(Como apuntó Negrín con su caligrafía de médico, ¡pero quién se creen que son estos tipos!) Todo está perdido, claro, pero aún hay fuerzas y medios para luchar contra el gobierno legítimo, contra Franco, no, claro.


Lea este artículo dónde Mera tiene protagonismo.

Eugenio Mesón Gómez.

Era un pequeño comerciante que pasó de las Juventudes Comunistas a las JSU a su unificación y que fue miembro del Partido Comunista en Madrid, a cuyo Comité Provincial pertenecía. También era Secretario provincial de las JSU de Madrid. Se incorporó voluntario a las Milicias Populares y sirvió en el Estado Mayor de la 8 División de Ascanio con la que participó en el intento de abortar el golpe de Casado. Junto con otros 15 mandos comunistas fue detenido por los casadistas, encarcelados y limpiamente entregados a Franco. Sufrió la suerte de los 13 del "Expediente de la Junta de Casado", que fueron fusilados el tres de julio de 1941 en las tapias del Cementerio del Este.

 

Nota 2014.-

En su vida personal era el compañero de la igualmente militante comunista Juana Doña, con la que tenía dos hijos. Ambos fueron encarcelados y perdieron la hija mayor. Tras el fusilamiento de Eugenio, Juana Doña, volvió a ser encarcelada en 1947 y condenada a muerte por su pertenencia al Comité Central del PCE. En total pasó 18 años en prisión. Escribió ensayos y novelas, donde destacan el estremecedor "Desde la noche y la niebla" y "Gente de abajo" y "Querido Eugenio", en referencia a Eugenio Mesón su amado compañero. Junto con Tomasa Cuevas, "La Reque", autora de "Mujeres en las cárceles franquistas" y otros estudios, conforma el dúo de mujeres encarceladas por el franquismo, brutalmente maltratadas por la justicia militar y cuartelera que impartían, y con sus vidas hechas jirones, pero que supieron reponerse y dar testimonio y ejemplo.

José Miaja Menant

Miaja y Rojo el 7 de marzo de 1937. Una pareja imbatible...

Había tenido una carrera en la que habían alternado los puestos de guarnición con los destinos en Marruecos y períodos en cajas de reclutas. En 1931 era coronel de Infantería y contaba 53 años de edad. Fue ascendido a general en 1932, cesado del mando a principios de 1936 y nombrado jefe de la 1ª Brigada de Infantería en marzo de 1936. Pertenecía a la UME, nido de la conspiración rebelde (1). Durante breve tiempo fue jefe de la División de Madrid, después de que Martínez Barrio le pidiera que fuese su ministro de la Guerra en el gabinete del 19 de julio de 1936, que únicamente duró tres horas, pues pensaba que tendría alguna influencia sobre los sublevados. Después dirigió un intento fallido de recobrar Córdoba. Dada su desgana en esta acción, se supone que estaba mediatizado por la situación de sus familiares, rehenes, en la propia ciudad que pretendía tomar. Su gran momento sobrevino cuando fue presidente de la Junta de Defensa de Madrid, habiéndole encargado de la defensa de la capital. Este fue su gran éxito, un pacto político del que fue garante y cuidador para la defensa de Madrid, donde supo escoger a las mentes pensantes de su Estado Mayor, Vicente Rojo y Matallana, y donde sujetó en la medida que pudo y con la ayuda de los delegados de la Junta Delegada de Defensa de Madrid, el caos miliciano, desorganizador y represivo, que hubiera llevado a Madrid al desastre. Fue lo suficientemente avispado para preferir militarmente a los comunistas en esta primera hora de la defensa de Madrid, y a cambio, la engrasada propaganda del Quinto regimiento le subió a las altares del caudillismo y le dio el carné del Partido. Aunque es bien sabido que Miaja aceptó todos los carnés del Frente Popular, ¡incluso el de las JSU! En frase de un asesor soviético, los coleccionaba como si fuesen sellos.

En cierto modo, Miaja se convirtió en el generalísimo de Madrid, para desesperación y celos del gobierno de Valencia, de Pozas, su inmediato superior, al que regateó tropas para defender el Jarama, excepto las Brigadas Internacionales, a las que no quería consigo. Miaja alcanzó un gran poder y creó una especie de corte, donde se protegió a todos los militares profesionales que corrían peligro, bien en destinos de Enseñanza militar, bien en los Servicios del Ejército Popular, y lo que era peor, en los Estados Mayores (2). Y este poder nos explica por qué los organismos de control del Ejército Popular (SIM) no pudieron ejercer su labor adecuadamente en los dominios de Miaja. Hay una leyenda sobre que el único general republicano invicto fue Miaja, pero es eso, una leyenda. El mérito de la defensa de Madrid es de todos, de Miaja naturalmente, de Rojo y su Estado Mayor y de las fuerzas milicianas y de su descendiente, el Ejército Popular. Miaja tiene el mérito de ser el general al mando y el presidente de la Junta Delegada. Hay también otro asunto, los asesinatos de Paracuellos, que podrían deslucir el honor de Miaja, al fin y al cabo comandante en jefe y presidente de la Junta de Madrid, pero el pecado de Miaja fue el no haberlo podido evitar (3).

Para la batallada de Guadalajara, Miaja ya era el jefe del Ejército del Centro. Y Rojo mandaba su Estado Mayor. Juntos protagonizan la primera victoria en campo abierto del Ejército Popular. Y así, Madrid, El Jarama y Guadalajara, hicieron del Ejército del Centro un formidable instrumento defensivo y la pareja Miaja-Rojo se mostró intratable en este aspecto. En Abril de 1937, Rojo es nombrado Jefe del recién creado Estado Mayor Central, y su vacante en el E.M. del Ejército del Centro se le da a Matallana. Los destellos ofensivos de algunas unidades de choque republicanas en Guadalajara, incitaron a Rojo a cumplir los deseos del gobierno de Valencia de buscar una batalla decisiva: Brunete. Seguro que a Miaja no le hizo ninguna gracia lanzar sus queridas unidades a la siempre incierta ofensiva, más cuando eran dirigidas desde un Estado Mayor que ya no era el suyo. La gran decepción de Brunete, fue más obra de Rojo que de Miaja, aunque parece que fue Miaja, el único que aprendió la lección de que el Ejército Popular sacaba notable en la defensiva pero todavía suspendía en la ofensiva. Como las operaciones se trasladaron a otros escenarios, Miaja se consolidó como generalísimo del Centro, con un claro objetivo, mantener su ejército, tan sólido como siempre y rehuir las aventuras.

En abril de 1938, rota la zona republicana en dos, se crearon los dos Grupos de Ejército. El de la zona Centro-Sur, se le adjudicó a Miaja, y su Estado Mayor a Matallana, ambos hicieron una buena labor de colaboración y de militarización. El supuesto predominio comunista en el Ejercito del Centro se rebajó, por contra del anarquista que se afianzó gracias a la notable labor de Mera y la CNT de Madrid. Políticamente, la zona se derechizó y el predominio de los militares profesionales en el Grupo de Ejércitos se hizo prácticamente completo, con la consiguiente burocratización, y lo peor, el infiltramiento en esta estructura militar, de espías, emboscados y quintacolumnistas. La política militar (y civil) de Miaja una vez que se instaló en Valencia como Jefe del Grupo de Ejércitos en su flamante posición Pekín en Torrente (Valencia), fue la del mantenimiento del status quo (4). El poder político-militar que Miaja y sus oficiales profesionales representaban, sabía perfectamente que la guerra se estaba perdiendo. Naturalmente, pensaban que no era culpa de ellos, ya que habían demostrado en Madrid que a la defensiva no les ganaba nadie. Y para no romper este equilibrio militar en la zona, Miaja puso todas las trabas que pudo a cualquier ofensiva que el EMC de Rojo le proponía como comandante del Grupo de Ejércitos, para aliviar el frente de Cataluña. Cuando se le pidieron refuerzos los mandó a regañadientes y en general, tomó la actitud de un virrey, con sonoros privilegios y una corte de aduladores, emboscados, espías y quintacolumnistas en los Estados Mayores, y en todos los servicios militares.

Pero cuando Franco, contra todo pronóstico, tras la batalla de Teruel decidió avanzar hacia Valencia, Miaja y sus hombres volvieron a demostrar que la defensa de Madrid no fue cosa de suerte (5). El Estado Mayor de Matallana se puso a la faena, se construyó la línea XYZ y el Ejército de Levante, con Menéndez al frente, cobró fuerzas, cohesión y moral, tal como le había pasado al del Centro en su día (pero que a la sazón andaba desmoralizado por la falta de actividad y la dura vida de las trincheras). Este otro éxito defensivo de Miaja y sus mandos, y que políticamente le reforzaba frente a su antiguo subordinado, pero ahora superior, Vicente Rojo, (del que Miaja, sin duda, tuvo celos en algún momento), reforzó igualmente las señaladas teorías de los militares profesionales republicanos, sobre la mala dirección de la guerra achacable al gobierno y, peor aún, las derrotistas ideas sobre un acuerdo entre compañeros y un posible "abrazo de Vergara" para acabar con la contienda.

Al final de la guerra, Miaja jugó a todas las barajas y no quiso comprometerse con nadie. Apoyó en la reunión de los Llanos a Negrín, pero al fin y a la postre aceptó el golpe de Casado y el puesto de Presidente del Consejo de Defensa Nacional casadista. Las cosas sucedieron así: Enterado del golpe la amanecida del 5 de marzo, se trasladó a Madrid, a petición de Casado, volviendo a los sótanos del Ministerio de Hacienda, que ahora ocupaba Casado, y que tantos recuerdos guardaban. Era el seis de marzo y de momento las cosas pintaban feas para el Consejo. Los sótanos tampoco eran seguros, los gubernamentales (comunistas) estaba cerca y Casado parecía perder el control discutiendo a voces por el teléfono con el coronel Bueno, que se resistía a sublevarse, mientras Casado, con un vaso de leche en la mano, pálido y ojeroso le amenazaba con fusilarlo. Miaja y su sequito partieron para Tarancon al día siguiente, el siete de marzo, con la misión de organizar la ayuda y el transporte de tropas casadistas. Se montó un puesto de mando en este pueblo al que denominaron posición Chamberí, donde al parecer detuvieron a una columna de tanques gubernamentales tras negociar personalmente Miaja con sus mandos. El 12 de marzo, con Madrid asegurado, Miaja regresó a la ciudad, instalándose en el edifico del Consejo de Ministros del paseo de la Castellana. En la última semana de Marzo, Miaja regresó en coche a Valencia con sus próximos y tras unos días en esta ciudad alojados en el Cuartel General del Grupo de Ejércitos marcharon, ya sin uniformes, para Alicante en un Buick de siete plazas de su servicio y el 28, entre un caos de refugiados que embotellaban todas las carreteras consiguieron llegar a la playa de San Juan, donde esperaron la llamada de  los pilotos asignados a su avión particular para dirigirse a Rabasa. A petición de los aviadores, hubieron de reunir toda la gasolina que quedara en los depósitos de los coches de la escolta y del Cuartel General y llevarla al aeródromo. Tras varias vicisitudes, pues en el aeródromo no quedaba ningún otro avión útil, los seis viajeros y los dos tripulantes despegaron rumbo a Orán. Era el 29 de marzo de 1939. Miaja consiguió reunir a su familia que se encontraba en Egipto en la legación diplomática, país del que hubo de partir. Los franceses, siempre tan amables con los refugiados republicanos españoles, tuvieron a la familia de Miaja detenida durante cinco meses. Posteriormente  Miaja voló a París y se exilió en México, vía Cuba, donde desarrolló actividades pro-rrepublicanas. Falleció en 1958.

(1) Miaja y Rojo rompieron en un sencillo y particular acto en Madrid, sus fichas de pertenencia a la UME.

(2) Pero en esto no era el único, todos los militares profesionales que servían a la República estaban mayoritariamente de acuerdo en ocultar y proteger a su compañeros desafectos. El problema es que estos militares desleales se pusieron a trabajar contra la República, a sabotear, a espiar, a crear redes de ayuda, etc... Y Miaja y su corte miraron para otro lado. Personalmente es muy entendible que uno proteja a un compañero de promoción, a un familiar, amigo, etc... Estamos hablando de la mera vida. Pero había decenas y decenas de organismos que los amparaban, embajadas, consulados, etc.. No había necesidad de integrarlos en el naciente Ejército Popular y menos en los Estados Mayores. Ese es el pecado de Miaja, de Rojo, de Matallana y de muchos otros, que de aparente buena fe, según casos, llenaron las secciones de información y operaciones de los estados mayores, los destinos de salvoconductos y la justicia y sanidad militar, de militares falangistas, quintacolumnistas, desafectos y mismamente traidores. El daño que hicieron, del que siempre nos quejamos los republicanos, está por fin saliendo a la luz, con los estudios de los historiadores Ángel Viñas, Fernando Hernández Sánchez, Ángel Bahamonde y otros, y son demoledores. Concretamente, Ángel Bahamonde sacó en 2014, su estudio del golpe casadista, basado en unas fuentes primarias incontestables, los sumarios de los tribunales franquistas. El resultado es demoledor, y confirma las quejas que siempre hicimos los republicanos, pero que la historiografía no terminaba de recoger.

(3) Lo que era muy difícil, pues estamos hablando de traslados legales de presos rebeldes en riesgo de ser liberados por sus conmilitones y por tanto de unirse inmediatamente a la infraestructura militar y política franquista, a los que la delegación de Orden Público, a la que acaban de llegar Carrillo y Cazorla tienen que dar una solución. No debió ser muy conocida en esas fechas la terrible noticia de las matanzas de Paracuellos y Torrejón (unas 2500 personas en total), pero está claro que las autoridades de Madrid se enteraron prontamente, y nada hicieron o nada pudieron hacer, ante las poderosas fuerzas militares y políticas implicadas en una solución radical. Estos asesinatos son inmorales, un crimen, aún en guerra, y la legalidad republicana los prohibía, pero son perfectamente entendibles en el dislocado escenario de la defensa de Madrid, donde previsiblemente la capital corría grave peligro de ser arrasada a sangre y fuego por los franquistas, quienes no se distinguían precisamente por su piedad. Recordemos la confesión que Yagüe le hizo al periodista del Chicago Tribune,  Jay Allen en Badajoz, reconociendo implícitamente que había fusilado a 4.000 milicianos, campesinos y trabajadores de Badajoz por la sencilla razón de que no podía llevárselos con él. Otro escenario dislocado, como el de Madrid, pero no conozco a ningún historiador derechista que haya hecho nuestro paralelismo, que es evidente.

(4) En concreto, Miaja, tenía dos ayudantes de campo, el teniente coronel José Pérez-Martínez y el mayor del aire Mario Páramo Roldán. Un secretario particular, el capitán Antonio López. Un sobrino, teniente de ingenieros, sirviendo en la sección segunda del Estado Mayor del Grupo, bajo los órdenes de Garijo, en el negociado de Orden de batalla enemigo, y que años después, en el exilio escribiría un testimonio de su tío, que como buen sobrino lo ensalzaba. Miaja tenía, además, una compañía motorizada de escolta, que contaba con buenos vehículos, y un avión particular, un bimotor, Air Speed de seis plazas, en el que partió con sus más cercanos, desde el aeropuerto de Rabasa (Alicante) para aterrizar en Oran, bajo dominio francés.

(5) La famosa tanqueta italiana destruida por los carabineros del frente de Madrid, cuyo oficial rebelde llevaba una cartera con los planes de la ofensiva de Varela sobre Madrid y que permitió a Rojo adaptar sus unidades más adecuadamente. Pero en cualquier caso, la ofensiva hubiera fracasado, la determinación republicana y el mal de victoria padecido por los rebeldes que atacaron sin valorar realmente la situación, fueron las claves de la victoria madrileña.

Miaja y el general Cardenal


 

 

 


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Es una de las figuras más controvertidas de nuestra guerra civil, pues mientras unos lo convierten en el héroe de la defensa de Madrid, otros no ven en él más que al militar mediocre elevado a la categoría de mito por los comunistas. Los juicios que emiten sobre él quienes le trataron no pueden ser más dispares. Negrín, que tanta confianza parecía haber depositado en él, le confiesa a Azaña que «Miaja es un chisgarabís, no sirve para nada, no sabe por dónde va el frente, no le caben en la cabeza cuatro soldados». Rojo, por el contrario, siente por él una especial predilección que conservará hasta su muerte: Miaja es el organizador sereno, el hombre arrojado que detiene a los milicianos en fuga a punta de pistola a pocos metros del enemigo. Casado, que tanto se aprovechó a última hora del prestigio y la popularidad de Miaja, se contenta con apuntar «ayudado por valiosos medios de información» que la popularidad del viejo general «era muy superficial, mayor en extensión, que en profundidad». Más ponderado en sus juicios, Julián Zugazagoitia lo considera un militar adicto a la causa republicana y dotado de una gran capacidad militar, mientras que para Antonio Cordón «no había hecho muy brillante carrera» y en su profesión «no se había distinguido ciertamente». La lista de opiniones se haría interminable. De hecho, Miaja fue un gran táctico militar —el fracaso ante Córdoba se debió sin duda a la desorganización de las columnas de milicianos o, quizá, a causas más ocultas, especialmente en las batallas defensivas, de ahí su obstinada resistencia a desprenderse de efectivos con los que reforzar los frentes debilitados. Miaja nació en Oviedo en 1878. Tenía, pues, cincuenta y ocho años al empezar la guerra. Allí estudió el bachillerato e ingresó después en la Academia General Militar, haciendo su carrera en África. En 1932 alcanzó el generalato —general de brigada— tras ocho años de coronel. De sus devaneos políticos se ha escrito mucho, quizá demasiado. En abril de 1936 Ángel Galarza, ministro de la Gobernación, informa a Largo Caballero en el sentido de haber encontrado la ficha acreditativa de que Miaja militaba en la UME (Unión Militar Española), de militares derechistas, ficha que el propio Miaja destruirá más tarde. El mismo ministro, Largo, que no siente ninguna simpatía por el defensor de Madrid, le dirá a Azaña en mayo del 37 que aquél se ha hecho comunista, lo cual hará sonreír al presidente porque sabe por boca del interesado que él sólo es un militar republicano de tendencia más bien moderada que afirma no transigir con los socialistas. Y es que, en lo concerniente a la política, a Miaja no hay que tomarlo muy en serio. Rodion Malinovski define esta faceta del general con las siguientes palabras: «Coleccionó, literalmente, los carnets de todos los partidos del Frente Popular, que le entregaban como héroe de la defensa de Madrid.» Y añade: «Para no faltarle, a su edad, tenía incluso el de la JSU (Juventud Socialista Unificada).» De la total ausencia de vocación política, así como de la gran humanidad y campechanía que caracterizaban a Miaja, dejan constancia estas palabras de Arturo Batea escritas en La Forja de un rebelde: «Tenía la cazurrería lenta de un campesino gallego que no quiere mezclarse en cosas más allá de su entendimiento, y sabía absolutamente de su propio valor como símbolo de la resistencia de Madrid. Sabía que estaba en su mejor momento cuando podía expresar los sentimientos de los hombres en las trincheras y en la calle, en las palabras crudas y rudas que eran su mutuo lenguaje. Y estaba en su peor momento cuando se mezclaba en el juego de la política o de los problemas estratégicos.» Es éste un retrato bastante acorde con la imagen que refleja su aspecto apacible y bonachón, propio. del hombre rechoncho que, sin exteriorizarlo, tenía exacta conciencia de su responsabilidad al frente de la defensa de Madrid cuando era rompeolas de una inconmensurable avalancha de fuego y metralla. Cuestión harto debatida es el presunto comunismo de Miaja. Se ha repetido en muchas ocasiones que perteneció al PCE. Es lo más probable, entre otras cosas porque, como asegura Malinovski con cierta socarronería, el viejo general coleccionaba carnets políticos como quien colecciona sellos. Lo que sí parece seguro es que existió cierta afinidad con los más destacados dirigentes comunistas —a pesar de haber aceptado a última hora la presidencia del Consejo Nacional de Defensa, sin representación política, en lo que quizá influyeran ocultas razones de conciencia o ciertos escrúpulos de cara a lo que se veía venir—, afinidad que podría interpretarse en el sentido de la disciplina comunista, a la que se inclinaría como un mal menor. En febrero de 1936, tras la victoria del Frente Popular, ocupa provisionalmente el cargo de ministro de la Guerra; ello explica que al producirse el levantamiento tuviera a su mando la 1 brigada de Infantería con sede en Madrid. El 19 de julio, al formarse el Gobierno Martínez Barrio, siguió con la cartera de Guerra en este gabinete, que duraría unas horas. Sin llegar a asumir funciones, trata por todos los medios de disuadir a Mola en una histórica conferencia telefónica; éste le hace saber que no se ha sublevado contra la República sino contra el Gobierno Casares. «Usted pensaba lo mismo que yo —le dice irónico— por lo menos cuando me instó repetidas veces a afiliarme a la Unión Militar Española en la época en que usted lo hizo.» Mola le cuelga el teléfono tras advertirle que se atenga a las consecuencias. Al frente de una columna emprende una expedición por tierras levantinas que culmina con la conquista de Albacete (25 de julio) tras habérsele unido algunos batallones procedentes de Murcia. Por entonces ya se había resuelto a favor de la República la situación en casi todo el país vasco. Pero también se iniciaba la revolución social en la España republicana y fuertes contingentes nacionalistas ponían todo su empeño en apoderarse de Madrid. Suérte muy distinta tendría su progresión por Andalucía, en agosto. Miaja, demasiado lento, se retrasa. Trata de montar una operación perfecta en unos momentos en que se imponía la decisión y la rapidez, y detiene sus unidades frente a Córdoba. El entonces ministro de la Guerra, general Hernández Saravia, le telefonea desde Madrid: «¿Cuándo entra usted en Córdoba, mi general?», le pregunta. Miaja contesta enfurecido: «¡Nunca!» La lealtad de Miaja se pone en duda, quizá porque el general tiene a un hijo, una hija, a su yerno y un nieto en Córdoba, en manos de los sublevarlos. Le quedan otros dos en la zona republicana, uno de los cuales, José, cae en poder de los hombres de Yagüe en Talavera. Cuando se entera Miaja se pega un tiro en la sien; la pistola no se dispara porque su ayudante ha tenido la precaución de descargarla al saber lo sucedido. Al formar gobierno Largo Caballero, para quien Miaja sigue siendo persona non grata, es destinado a la Comandancia Militar de Valencia al mando de la III división. Miaja pide a Largo plenos poderes para acabar con el desorden reinante en la región y el presidente le destituye. Aprovecha la circunstancia para descansar en Alicante del 10 al 24 de octubre; el 28 de este mismo mes toma posesión del cargo de General en Madrid. Cuando el dramático noviembre se cierne sobre la capital de España y Miaja ostenta la jefatura de la I división orgánica, poca gente cree en el milagro Miaja. El 6 de noviembre, cercada prácticamente Madrid, el Gobierno huye a Valencia. El panorama en eI resto del país no es más halagador: el Alcázar ha sido liberado el 26 de septiembre por las fuerzas de Varela y con él cae Toledo; en Europa se ha decidido la no intervención; el 1 de octubre la Junta de Defensa Nacional nombra a Franco generalísimo de los ejércitos y jefe de Estado del Gobierno. En condiciones tan precarias, Pozas y Miaja reciben sendos sobres de manos del subsecretario de Defensa, el general Asensio Torrado, con orden de que no los abran hasta las seis de la mañana. Ambos generales desobedecen de común acuerdo tratando de ganar tiempo. Pero los sobres están cambiados por error. Es lo que menos importa. Las órdenes dicen que hay que resistir a toda costa, que hay que salvar la capital de España cueste lo que cueste. En seguida que conoce el contenido de los sobres Miaja traslada su Cuartel General a los sótanos del ministerio de Hacienda, que es un verdadero fortín por las peculiaridades de su construcción. Llama urgentemente a los jefes de los distintos sectores, que se ponen a las órdenes incondicionales del viejo general, dispuestos a morir en la lucha que se avecina. Luego constituye la junta de Defensa de Madrid con los dirigentes políticos y los mandos sindicales. En el orden estratégico le ayudará el teniente coronel Vicente Rojo, nombrado por Largo Caballero jefe de Estado Mayor del general que ya empieza a ser conocido como el defensor de Madrid. Por una vez, la suerte parece acompañarle al capturar los carabineros de Trucharte a un oficial nacionalista que lleva el plan de ataque del enemigo para el día 7 de noviembre. Rojo se multiplica y reestructura las unidades de acuerdo con dicho plan, mientras solicita repetidamente a Valencia un material de guerra que parece que no llega nunca. Finalmente, el 19 de noviembre Miaja declara a los periodistas madrileños que Madrid no será tomado por el enemigo. El 23 del mismo mes Franco ordena que sea suspendido el ataque frontal sobre la capital. El milagro en el que nadie creía acaba de producirse. Han contribuido a ello la aparición en el teatro de la guerra de una poderosa fuerza de choque, anárquica pero enfebrecida, que son las Milicias Populares; más tarde, taponarán las brechas los hombres de las Brigadas Internacionales (los primeros grupos procedentes de Francia ya están listos en Barcelona el 12 de octubre). Pero el factor decisivo es el genio táctico en la lucha defensiva que despliega Miaja y, muy particularmente. su extraordinario olfato para rodearse de buenos profesionales, uno de los cuales es el ya insustituible Rojo. «El general republicano —dice Ricardo de la Cierva refiriéndose a Miaja—, gordo y bonachón, acostumbrado a jugar con todas las barajas estuvo en amistosa comunicación con Mola durante la gran conspiración de 1936, simpatizante de la UME y de la UMRA, afiliado al Partido Comunista y a media docena de sindicatos, a veces contradictorios, era en realidad, y en medio de sus defectos, un jefe excelente que poseía la principal cualidad del jefe: saber elegir a sus colaboradores inmediatos y saber mandar. En la Junta de Defensa de Madrid —la segunda, creada tras la huida del Gobierno a Valencia después de la primera casi sólo nominal que se formó en la etapa final del avance africano— mandaba Miaja; fue Miaja quien eliminó a Kléber y quien mantuvo a veces contra viento y marea a Vicente Rojo y a Francisco Galán.» A últimos de mes, Miaja tiene ganada una doble batalla. La militar y la civil, por llamarla de algún modo. Porque es lo cierto que tiene en sus manos todos los resortes del poder. Es él quien toma las decisiones, él quien coordina las distintas fuerzas, él quien preside una junta de hecho independiente de las decisiones de un Gobierno lejano, casi inaccesible. «Miaja es hombre tranquilo y cauto —escribe Ramón Salas—; bastante más inteligente de lo que ahora dicen sus aduladores de ayer, aunque menos genial de lo que entonces le consideraban o decían considerar, fue un gran jefe. Con formas suaves y habilidades de campesino ibérico, dominó la Junta de Defensa de Madrid, que siempre fue dócil instrumento de sus deseos y ambiciones, capeó al duro Largo Caballero, se enfrentó con éxito a su superior Pozas y manejó con enorme habilidad a los prepotentes consejeros soviéticos.» Dejando aparte las ambiciones de Miaja, si es que el ilustre historiador alude a las de tipo personal, la cita refleja exactamente la situación del momento y da cabal idea del enorme poder concentrado en las manos del general republicano. Especialista en batallas defensivas como dejamos dicho, y sabedor del peligro que corre Madrid, se niega a distraer parte de las unidades que defienden la capital para ponerlas a las órdenes de Pozas, angustiado por lo que está pasando en el Jarama. En cambio, prescinde de algunas brigadas internacionales, la XI y la XII, con lo que se quita de en medio a Kébler. Es la táctica que emplea y con la que salvará Madrid: retener las mejores tropas para su defensa y enviar como fuerzas de choque a las Internacionales, algunas de las cuales quedan totalmente destrozadas. Pronto, en cambio, se percatará de su error y proclamará «en el momento de asumir el mando que en el Jarama se juega el destino de Madrid y vierte sobre su nuevo territorio brigada tras brigada convoy tras convoy» Allí desaparecerá casi totalmente el batallón Lincoln, cuyo jefe, Merriman, es herido; allí se producirán diez mil bajas en el bando republicano (tres mil de ellos en las filas de las Brigadas Internacionales), pero la ofensiva desencadenada por los nacionalistas será detenida y Madrid podrá de nuevo respirar tranquilo. Como jefe del Ejército del Centro, Miaja dirige las operaciones de Guadalajara en marzo de 1937; colabora con él en el Estado Mayor Vicente Rojo. Las Brigadas Internacionales van a tener ocasión de vengar toda la sangre que vertieron en el Jarama. Los días 9 y 10 de marzo es Miaja, asesorado por Rojo, quien reorganiza los sectores y frena el avance italiano en Brihuega y Trijueque. El día 19, día de su santo, cae Brihuega en poder de las armas republicanas. Según cierta versión, desmentida categóricamente por Mera, sería el Campesino quien le ofrecería la ciudad como regalo de onomástica. Se había producido el gran desastre del CTV en España, lo mismo que antes se produjo la gran sangría de las Brigadas Internacionales en el Jarama. En el verano del 37, con el V y el XVIII Cuerpos de ejército, más algunas reservas de Madrid —Miaja fue siempre muy cauto a la hora de distraer tropas de la defensa de Madrid, que era su principal objetivo—, se monta la operación Brunete. A pesar de la opinión de Rojo, no fue ésta una batalla más, sino el intento de desmontar todo el dispositivo del ataque nacionalista sobre Madrid, sorprendiendo al ejército sitiador en su retaguardia. Fue aquélla una lucha titánica, «de resistencias decisivas» (Casas de la Vega), que terminó en tablas el 25 de julio al estabilizarse los frentes, pero que supuso el gran parón, ya que allí quedaría frenada la iniciativa de las armas republicanas. Miaja en esta ocasión mandó personalmente la agrupación de las fuerzas de Brunete. [Con anterioridad a esta batalla, Miaja se había opuesto, con Rojo, a la campaña de Extremadura, que se canceló]. Los últimos meses del 37 arrojan un saldo negativo para las tropas republicanas. Habían caído Vizcaya, Asturias y Santander, y el resultado de las operaciones de Belchite, tan espectaculares al principio, quedaba más o menos a la altura de las de Brunete. Para remediar tantos males juntos, y a fin de evitar el estrechamiento del cerco de la capital de España, se emprendió la ofensiva de Teruel (15 de diciembre), cuyo éxito más resonante sería la caída de la capital aragonesa, el 7 de enero, aunque se perdió poco después. En vista de la lamentable situación de los frentes (el 11 de marzo del 38 los nacionalistas recuperaban Belchite y el 15 de abril salían al Mediterráneo por Vinaroz), se procedió a una nueva reestructuración del Ejército el 16 de abril. Se crea el GERC (Grupo de Ejércitos de la Región Centro), que se reserva Miaja, con lo que extendía su influencia hasta los ejércitos de la zona Centro-Sur. Independientemente de este poderoso ejército surgiría el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental), al mando del general Hernández Saravia. Como se ve, Miaja sigue sin olvidar la defensa de Madrid y se desentiende del GERO, más tarde Agrupación Autónoma del Ebro, y finalmente Ejército del Ebro, al mando de Modesto y con militares de alta graduación comunistas: Líster, Tagüeña, Vega, entre los más cualificados. Tarde y desafortunadamente ordena la expedición a Extremadura. Se le acusa de pasividad. Se habla también de que se desentiende de la suerte de las unidades que operan en el Ebro en los meses julio-noviembre. Pero quizá esa pasividad del general republicano obedezca al decidido empeño de mantener bien defendida a Madrid, al fin y al cabo la misión principal que le había encomendado el Gobierno de la República. Desde otro punto de vista, su actitud supone un mentís a su pretendido comunismo. El Ejército del Ebro, lo hemos visto, es prácticamente comunista. El de Miaja es simplemente republicano. Cuando los frentes catalanes empiezan a derrumbarse, Miaja es nombrado el 24 de enero de 1939 generalísimo de los Ejércitos. Ha ganado la Placa Laureada de Madrid (decreto del 12 de junio de 1937) y se ha convertido en mito. Pero sigue pesando sobre sus espaldas la suerte que le espera a la capital de la República. Es en estos momentos cuando más confusa aparece su actuación. Tiene plenos poderes, es nombrado delegado del Gobierno el mismo día en que se declara el estado de guerra en la zona republicana (antes sólo existió el estado de alarma), pero a pesar de todo no toma iniciativas. Su obsesión sigue siendo la defensa de Madrid, la suerte de sus moradores, de sus defensores. Su ejército «fue formidable» (Ramón Salas), cubriendo hasta el último momento un frente sólido en el que se hacía punto menos que imposible el ataque. Los comunistas recelan de él y piden a Negrín su destitución y la del coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro. Negrín se niega, quizá sin sospechar las verdaderas intenciones de los conjurados. Entre el 28 de enero y el 2 de febrero de 1939, Miaja hace causa común con Casado y el general Matallana, jefe del Estado Mayor de Miaja. Cuatro son los puntos fundamentales que acuerdan: no existe más autoridad que la militar; negociación con el enemigo; en el supuesto de que Negrín vuelva a la Zona Central, será inmediatamente destituido por el Consejo Nacional de Defensa; dirigentes de todos los partidos políticos formarían parte de dicho Consejo, menos los comunistas. A la caída de Cataluña, Miaja envía a Francia al capitán López Fernández, ayudante suyo, para que se entreviste con Azaña y con Negrín. A éste le hace saber que la Zona Central no puede resistir mucho tiempo y que Miaja es partidario de la capitulación. A Azaña lo ve en la embajada de España en París. El presidente se desentiende de todo. Son sus palabras: «Dígale al general Miaja al oído que haga lo que mejor le parezca y considere su deber como militar y como español.» El 16 de febrero asiste Miaja a la reunión que se celebra en el aeródromo de Los Llanos (Albacete), convocada por Negrín. Acuden con él los generales Matallana, Escobar y Bernal, el almirante Buiza y los coroneles Camacho y Moriones. Todos son partidarios de la rendición, menos Miaja, que sostiene lo contrario: hay que resistir hasta el fin. Ha sido la única forma de engañar a Negrín, que se manifiesta de acuerdo con el defensor de Madrid alegando que «el enemigo no quiere pactar».Todavía asiste a otra reunión, el 2 de marzo, con el presidente del Gobierno, Casado, Matallana y Buiza. Negrín confía a Casado su intención de apartar a Miaja de la jefatura del Ejército y nombrarlo para un cargo tan burocrático como ridículo, dadas las circunstancias: inspector general del Ejército de Tierra. Hasta que en la noche del 5 al 6 de marzo se produce la sublevación casadista en Madrid. Todo el Gobierno, reunido en la posición Yuste, cerca de Elda (Alicante) espera la llegada de Miaja, que está en Valencia apartado de unos y de otros hasta el último momento. Cuando le llama por teléfono Cordón en nombre de Negrín, preguntándole la causa de su tardanza, Miaja se enfurece «¿Qué significa eso de mi inspección general? ¿Por qué me quitan a Matallana?» Y termina con una frase no por populachera menos expresiva: «¡Yo no me chupo el dedo!» Miaja acaba de traicionar al Gobierno al que con tanta fidelidad había servido en los tres años de guerra. Pero no traiciona a sus hombres, ni a los madrileños. No traiciona a la ciudad que viene defendiendo desde que estallara el conflicto, como si en el fondo de su ser existiera el oculto temor de que sin su presencia allí una gran catástrofe fuera a destruir físicamente la capital de España. Mientras el gobierno republicano vuela hacia el exilio, Miaja se dirige a Madrid para asumir la presidencia del Consejo Nacional de Defensa. Sabe que la guerra está irremisiblemente perdida y no es improbable que exista en su fuero interno la necesidad biológica de negociar la entrega de una plaza sitiada durante tres años y que nunca, en ningún momento, le fue arrebatada de las manos por el enemigo. El alegará más tarde que su única intención fue servir de moderador entre comunistas y casadistas, entre éstos y los vencedores. En cualquier caso, ya poco puede hacer. Asistir a unos sangrientos combates, los más inútiles de la guerra, porque Franco exige la rendición incondicional. El 29 de marzo vuela hacia Orán, desde donde lo hizo al día siguiente a París. Empezaba su vida de desterrado, que terminaría diecinueve años después en la ciudad de México. Exactamente el 13 de enero de 1958.

Modesto, Juan Guilloto León.

(1906-1969). Militante del Partido Comunista, nacido en la provincia de Cádiz, que participó como soldado en la campaña de Marruecos, y que tras una corta estancia en la URSS regresó a España, donde fue encargado de la preparación militar de algunas unidades de las milicias de dicha organización. Al estallar la guerra civil se hallaba en Madrid como jefe nacional de las MAOC, donde desde el primer momento se lanzó a la lucha armada, en la que destacó tanto por sus conocimientos como por su valor y sus dotes de mando. Empujado por el citado partido, pronto se convirtió en uno de los jefes más cualificados del ejército republicano, siendo nombrado comandante del centro de formación y entrenamiento de milicias conocido por 5° Regimiento, participando posteriormente en numerosas operaciones: frentes de Guadarrama, Tajo, Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, etc. Ascendido a teniente coronel de milicias y nombrado jefe del V Cuerpo de Ejército, tuvo bajo sus órdenes a Walter, a Líster (1), a Valentín González el Campesino, a José María Galán, etc. En agosto de 1938, siendo ya coronel, fue nombrado jefe del Ejército del Ebro, cargo que desempeñó con su acreditada eficiencia, aunque, a la larga, la suerte le fuese adversa, y las tropas franquistas se alzasen con la victoria. En los últimos meses de la contienda intervino en la campaña de Cataluña, resultando igualmente derrotado, replegándose con sus tropas hasta alcanzar la frontera francesa. Desde Francia regresó a la zona republicana, tratando de organizar el Grupo de Ejércitos de la Región Central. Ascendido a general en los postreros días de la contienda, a primeros de marzo de 1939 se exilió, en un avión pilotado por Ignacio Hidalgo de Cisneros, instalándose en la URSS, donde, tras una corta estancia en la Academia Frunze, le fue reconocido su empleo de general. Posteriormente fijó su residencia en Praga (Checoslovaquia), en cuya ciudad pronunció diversas conferencias sobre estudios militares y en la que permaneció hasta su fallecimiento. Para Michael Alpert (El ejército republicano en la guerra civil, Ed. Ruedo Ibérico, París, 1977), «la figura de Juan Modesto resulta sobresaliente. No sólo fue el oficial de Milicias de mayor graduación, siendo coronel desde julio de 1938 y ascendido a general en el último mes de la guerra, sino que además los autores de memorias sobre aquella época se cuidan de no criticarle. El propio general Rojo, jefe del E. M. republicano, se halló fuertemente impresionado por él. En febrero de 1938, durante la batalla de Teruel, escribió al ministro de Defensa: me inspira gran confianza. Tres días después, el 22 de febrero, Rojo se refirió de nuevo a las relevantes cualidades de Modesto, quien era verdaderamente admirable por su actividad y por el acierto que ha tenido en el manejo de las unidades, ya que la descomposición que aquí había ha sido perfectamente contenida y en su frente, desde que vino al mando, los acontecimientos se han sucedido con el mayor orden dentro de las dificultades inherentes a la situación táctica que tenía que resolver».

(1) Modesto se llevaba regular con Líster, fatal con El Campesino (pero eso les ocurría a todos), y bien pero con reparos con Tagüeña. Nada que no ocurra en todos los ejércitos del mundo.

José Montalvo

Mayor de milicias que tomó el mando de la 1ª Brigada Mixta al final de la batalla del Ebro en sustitución del mayor de milicias José Arévalo.

Enrique Moreno Plaza

El bou "Nabarra" de la Marina de Guerra Auxiliar Vasca, antes bacaladero de la PYSBE "Vendaval"

Natural de La Unión. Era marino mercante en la empresa de bacaladeros de altura PYSBE. En octubre de 1936 fue nombrado Capitán del Bou artillado Vendaval (Nabarra), buque que se distinguió por su combatividad. En su última y dramática misión, el Nabarra se enfrentó al Canarias para proteger al mercante Galdames, y sostuvo un duelo de varias horas con el Crucero Pesado hasta su hundimiento. El Capitán Moreno prefirió hundirse con su barco antes que ser fusilado por los rebeldes.

 

Muerto en acción de guerra.

Juan Morillo Zaragoza.

Tenia 25 cuando como estudiante de medicina, lo dejó para incorporarse a las Milicias Populares. Provenía de la FUE, como muchos jóvenes que integraron las JSU. Alcanzó el grado de mayor en la 111 Brigada Mixta que integrada inicialmente en la 10 División combatió en varios batallas del frente de Madrid, destacando la de Brunete. El 11 de octubre de 1938, se hizo cargo de la 111 Brigada y cuando se produjo el levantamiento de Casado, en marzo de 1939, la Brigada se puso del lado gubernamental, enviando su 441 Batallón a Madrid y pasando el resto de la unidad a cubrir el hueco que había dejado la 44 BM que también acudió a Madrid en defensa del gobierno. Teniendo bastante éxito inicial, fueron derrotados por las tropas e Mera y Liberino González. A raíz de estos sucesos, fue destituido Morillo, reemplazándole el mayor de milicias Francisco Castro Taboada. Detenido por los franquistas fue condenado a muerte, y pese a que contaba con declaraciones y avales de paisanos derechistas de su pueblo (Orihuela). Otras denuncias de su propio pueblo sobre el trato dado a soldados republicanos desertores impidieron el indulto. Se sabe que los denunciantes quisieron retractarse al ver el alcance de sus falsas denuncias, o quizá por la presión de los derechistas salvados por Morilla. Pero el tribunal, en asuntos de desertores era y quería ser inflexible. Y Morillo fue condenado, por denuncias falsas, pese a que, en realidad había salvado la vida de muchos paisanos. La pena de muerte que le fue aplicada el ocho de marzo de 1942. O sea que le tuvieron preso cuatro años para finalmente fusilarle.

Nicolás Molero Lobo

(1870-1947). General de división, procedente de Infantería y jefe de la VII División Orgánica, con destino en Valladolid. Trató de mantener la guarnición leal al Gobierno. En la noche del 18 de julio, el general Saliquet y algunos acompañantes lograron penetrar en su despacho, conducidos por el oficial de servicio. Se produjo entonces un tiroteo en el cual fue herido Molero. En agosto de 1937 fue juzgado por un consejo de guerra que lo condenó a tres años y un día de prisión. Un nuevo proceso pronunció una sentencia de treinta años de reclusión, que fue conmutada en 1938 por la de doce años y un día. En 1940 fue puesto en libertad bajo fianza, gracias a que Franco le tenía aprecio de cuando fue su superior en el gobierno Portela. Muchos autores le dan incorrectamente por fusilado en los primeros días de la rebelión en Valladolid.

Antonio Molina Vázquez.

Se trataba de un dirigente de la CNT y de la FAI de la provincia de Huelva. Se alistó voluntario tras abandonar su ciudad ingresando en las Milicias Confederales. Alcanzó el grado de mayor de milicias con la militarización. Sirvió en la 110 Brigada Mixta de la que fue comandante desde octubre de 1938. Casado lo sustituyo en el mando de la Brigada, aunque suponemos que para ascenderlo, dado que presumiblemente, Molina Vázquez apoyó el golpe. Fue detenido y condenado a muerte por los franquistas debido a las denuncias derechistas sobre duros castigos a soldados republicanos desertores. Hecho que los tribunales militares franquistas consideraban punible de muerte, pero que así estaba ordenado en los reglamentos del Ejército Popular, por abandonar la guardia para pasarse al enemigo con armas y bagajes, (y en todos los ejércitos del mundo cuando se está en guerra). Finalmente le fue conmutada la pena a 30 años, pero Molina murió en la cárcel sin haber cumplido los 40 años.

José Montalvo Villares

Voluntario en las Milicias Populares, que sirvió en unidades del Quinto regimiento, y que mandó la 9 Brigada Mixta tras la muerte en Brunete de su antecesor el mayor Rogelio Pando.  Participó en la batalla de Belchite, donde hubo algunas improvisaciones en la brigada y en la 11 división de Lister que propiciaron su sustitución por el mayor de milicias Joaquín Rodríguez López.

Alberto Montaud Noguerol

Aguirre, Montaud y otros en el frente vasco.

Teniente coronel de Ingenieros experto y profesor de fortificaciones en la Escuela Superior de Guerra. Tenía un hermano, también de ingenieros, Gustavo, que era experto en transportes y comunicaciones en el ejército. Alberto Montaud junto con el comandante de caballería Antonio San Juan Cañete fueron destinados al Norte, el primero como Jefe de Estado Mayor de las fuerzas vascas, y el segundo para sustituir al comandante Garmendia al frente de las Comandancia de San Sebastián que había caído prisionero de los rebeldes y fue fusilado. Montaud estableció buenas relaciones con Aguirre, por contra de Ciutat, Llano de la Encomienda y el mismo Gamir. Aguirre era muy suyo. En febrero de 1937, Montaud ascendió a teniente coronel tomando el mando de los ingenieros del Ejército de Euzkadi. Tras la pérdida de Bilbao, se exilió con Aguirre a Francia. Aguirre volvió y Montaud, no. Esto sentó muy mal en el E.M. central que ordenó fuera dado de baja del Ejército. Lo que se hizo en agosto de 1938. Se exilió a Méjico, al parecer.

Gustavo Montaud Noguerol

Hermano del anterior y comandante de Ingenieros experto en transportes y comunicaciones. Había sido el ayuda de campo de Alcalá-Zamora, el primer presidente de la República. Fue nombrado director de la Escuela Popular de Guerra (ingenieros). En 1938 se le concedió la Medalla del Deber.

Mariano Monterde Hernández

Teniente coronel de Ingenieros, jefe del Batallón Ciclista y Comandante Militar de Alcalá de Henares el 19 de julio de 1936. Con motivo de los incidentes que venían produciéndose en esta ciudad entre paisanos y militares tras las elecciones del 11 de febrero, el nuevo gobierno tras los requerimientos angustiados del alcalde de la ciudad, dispone que los regimientos de caballería Calatrava nº 2 y Villarobledo nº 3 que no sólo no habían frenado los incidentes sino que los habían agudizado, dispone, digo, que ambos regimientos sean trasladados en 48 horas a Navarra y a Palma de Mallorca, e internados en Castillos (prisiones militares) los oficiales que se negaran a hacerlo. Para sustituirlos se trae al batallón Ciclista de Palencia (que había participado en la represión de Asturias) y al batallón de Zapadores Minadores nº 7 procedente de Salamanca. En el batallón ciclista servía el capitán Mohino, al que se le suponía adscripción republicana, pues fue famoso al ser fotografiado en Madrid en uniforme de teniente enarbolando la bandera republicana el mismo 14 de abril. El caso es que el 19 de julio la oficialidad de ambos batallones requirió a sus comandantes los teniente coroneles Mariano Monterde Hernández y Gumersindo Azcárate Gómez que proclamaran el estado de guerra sumándose al golpe militar. Ambos jefes se negaron. Más aun, Monterde tenía orden de preparar una columna gubernamental. Se produce entonces la refriega donde resultó muerto Monterde y herido de muerte Azcárate. Los dramáticos hechos parece que desmoralizaron a los oficiales y se rebajó el ardor guerrero, fue entonces cuando, sorprendentemente, el capitán Mohino con palabras y exclamaciones calculadamente ambiguas reunió a la tropa, y con bandera y banda de música se dirigió al Ayuntamiento, donde, siguiendo con su ambigüedad, colocó el estandarte del batallón en el Consistorio. El gobierno supo entonces, sin ambigüedades que valieran, que la plaza no era suya y Hernández Saravia ordenó a Puigdengolas se dirigiera con su fuerzas y la redujera. La madrugada del 21, con fuerzas regulares muy superiores más una nutrida columna anarquista a las órdenes de Mera, obligan a los rebeldes a rendirse no sin que antes, los milicianos mataran a dos oficiales rebeldes. Puigdengolas, que tenía un cuajo de primera, sacó la pistola y amenazó con descerrajar la cabeza del primero que hiciera ademán de fusilar a los rendidos (1). Los oficiales fueron enviados a la Modelo y tras los sucesos de agosto en esta cárcel y la habilitación de un Tribunal Popular, Mohino y sus compañeros fueron juzgados, condenados por alta traición y ejecutados, sin que se tuviera en cuenta, en el caso de este capitán, su hazaña del 14 de abril. El hecho de que Monterde hubiera sido asesinado, les privó de toda posibilidad.

(1) Este valor del coronel Puigdengolas le costó la vida en las retiradas del valle del Tajo. Cuando trataba de detener una desbandada, alguien le disparó.

El teniente Mohino, de espaldas, sostiene la bandera republicana el la tarde del 14 de abril de 1931 en la Puerta del Sol de Madrid. La imagen es de Alfonso.

Crispulo Moracho Arregui

(1876-1936) Coronel del Arma de Infantería, jefe del Regimiento de Alcántara nº 14 de guarnición en Barcelona y de probada fidelidad a la República. Al estallar el golpe se encontraba en Zaragoza, pero el general Miguel Cabanellas ordenó su fusilamiento inmediato (como ya había hecho con Núñez de Prado y otros muchos, ¡ay Cabanellas!)

Máximo Moreno Martín

El teniente Máximo Moreno y otro personal de la Guardia de Asalto trata de contener a los concentrados alrededor del Cuartel de la Montaña

(1896-1936) Teniente de la Escala de Reserva del Arma de Infantería que había servido en regulares en África y que tras haber sido condenado a reclusión perpetua por su participación en la revolución de octubre de 1934 fue amnistiado tras el triunfo del Frente Popular. En julio de 1936 se hallaba destacado en la Guardia de Asalto de Madrid y pertenecía al grupo de oficiales alrededor del teniente Castillo y del Capitán Condés. La noche del asesinato de Castillo, Máximo Moreno se encontraba en el cuartel de Pontejos y junto con Condés y otros subió a la camioneta número 17, aunque su protagonismo fue muy reducido, dejando el mando a Condés. Al estallar el golpe militar participó en el asalto al Cuartel de la Montaña. Pasó luego a la Aviación formando parte de la tripulación de un Potez 54 como ametrallador, en concreto el rotulado con la leyenda "AQUÍ TE ESPERO". En septiembre de 1936 fue derribado su aparato y frente a versiones rocambolescas sobre supuestos suicidios, sin demostrar, lo cierto es que la tripulación no sobrevivió a la caída en zona rebelde. Su muerte fue muy sentida entre los gubernamentales, dado que Máximo Moreno era muy popular entre los Guardias de Asalto.

Bombardero Potez-54

Muerto en acción de guerra.

Domingo de Moriones y Larraga

(1883-1964) Tercer Marqués de Oroquieta y Teniente coronel en el regimiento de Ferrocarriles. Después de haber ayudado a dominar la rebelión en Madrid, mandó Milicias y posteriormente la 2 División y el I Cuerpo. En 1938 asumió el mando del Ejército de Andalucía. No apoyó el golpe de Casado y éste le destituyó. Después de la guerra, cumplió una condena de encarcelamiento. Falleció en 1965.

Medalla del Valor pensionada 1000 Ptas. anuales  por cinco años. La Gaceta 22-06-1938


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Domingo Moriones, marqués de Oroqueta, era teniente coronel de Ingenieros al empezar la guerra. En los primeros días mandó en la Sierra un batallón formado por soldados de Ferrocarriles, unidad que formaba parte de la columna del coronel Castillo. El 27 de julio, a la muerte del teniente coronel Puig, se hizo cargo de las tropas de vanguardia que combatían en este sector y operó con ellas distinguiéndose por su valor. Posteriormente sustituyó a Asensio en el mando de las fuerzas del frente del Guadarrama. Ostentó luego el mando de la 2 división y, después de su ascenso a coronel, fue nombrado jefe del I Cuerpo de ejército en marzo de 1937. En mayo del mismo año tomó parte en el ataque republicano a Segovia, con el apoyo de la división Barceló, pero no se pudo conquistar la ciudad. Al producirse la reestructuración del Ejército conservó su puesto, pasando a depender del Ejército del Centro al mando de Miaja. Colaboran con él jefes tan prestigiosos como Barceló y Tagüeña. En los primeros días de junio de 1938 se hace cargo del mando del Ejército de Andalucía, que también dependía del GERC. Asiste a la reunión de Los Llanos, cerca de Albacete (16 de febrero), en la que defiende la necesidad de una pronta capitulación. A mediados de marzo es destituido por Casado del mando del Ejército de Andalucía; le sustituye un militar socialista, el coronel Francisco Menoyo Baños, que sería fusilado por los nacionalistas en Granada después. Después se pierde su rastro.

José de los Mozos Muñoz

Comandante de Ingenieros, ayudante de campo de confianza de Azaña. Colaboró en la colocación de minas bajo el alcázar de Toledo. En 1938 era jefe de la sección de Trabajos de la Inspección general de Ingenieros del Ejército del Ebro.

Felix Muedra Miñón.

Era comandante de Infantería. El 18 de julio estaba en Madrid como disponible forzoso. Fue testigo de la debacle rebelde del cuartel de la Montaña y de otras dependencias militares en Madrid, lo que le hizo reflexionar y colaborar con los republicanos, pensando que los rebeldes tenían perdida la partida, pese a que era un señalado conservador. Ofició de jefe de Estado Mayor en unidades del frente de Somosierra, y aunque varios compañeros en su misma situación le ofrecieron pasarse a la zona rebelde con ellos, Muedra no tuvo valor. El trato con las unidades milicianas le repugnaba y el transcurso de la guerra le llevó a buscar puestos de retaguardia en centros de información republicanos. Fue jefe del E.M. de la 12 División hasta que fue destinado al E.M. del Ejército del Centro, donde colaboró de buena gana a proteger militares derechistas y civiles desafectos a quienes ayudaba a pasarse a la zona rebelde. Contactó con el SIPM (el contraespionaje militar franquista).  Al final de la guerra oficiaba de coronel Jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la zona Centro-Sur. Mantenía una excelente relación con Matallana, jefe del E.M. del Grupo y con Garijo, otro jefe de sección del E.M. del Grupo, también desleal. Naturalmente colaboró de pleno en la conspiración casadista y, muy tranquilo esperó la llegada de los franquistas, sintiéndose uno de ellos. Casado le premió ascendiéndole a la jefatura del E.M. del Grupo de Ejércitos. Detenido por los franquistas, su sorpresa fue mayúscula. Pese a los avales de innumerables militares franquistas y de las innumerables personas que había protegido, del relato de sus actividades en contra del Ejército Popular, y de lo proclives que eran los militares profesionales franquistas a perdonar los pecadillos de sus compañeros de armas sirviendo en el Ejército Popular, el tribunal le condenó a 30 años para que pagara su falta de "convicción patriótica" al inicio de la guerra. Posteriormente le conmutaron la pena a seis años y una día con pérdida de la condición de militar. Muedra no salió en libertad condicional hasta 1941. Para el historiador Ángel Bahamonde, "Madrid 1939. La conjura del coronel Casado", Muedra era el paradigma del militar desleal a la República.

Narciso Muñoz Del Corral

Capitán de Infantería y piloto aviador. El 20 de julio fue designado jefe de la Base de Armilla (Granada). Destruyó los aparatos que allí había y con la tropa a sus órdenes se retiró hasta Almería, donde logró dominar la situación.

Antonio Naranjo Limón

Era comandante de la Guardia civil, ayudante del general Pozas cuando este fue Ministro de la Gobernación, más tarde fue nombrado jefe de la sección de Organización del EM vasco. Escapó a Francia y fue expulsado del ejército republicano en marzo de 1938.

José María Navarro Abad.

Este socialista y abogado alicantino se incorporó voluntario a las Milicias Populares, teniendo distintos mandos en el Ejército Popular. En noviembre de 1938 fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la 71 Brigada Mixta del IV Cuerpo, con el grado de capitán de milicias. Parece que apoyó el golpe de Casado al igual que su unidad. Detenido por los franquistas fue condenado a muerte debido a denuncias de derechistas paisanos suyos relativos a los primeros momentos de la rebelión militar en Alicante. La ejecución se produjo en noviembre de 1939, y no había cumplido los 40 años.

Enrique Navarro Abujas.

Al finalizar la batalla del Jarama, el teniente coronel (Diplomado de Estado Mayor) Enrique Navarro Abuja tomó mando de la Segunda división del Primer Cuerpo de Ejército del recién formado Ejército del Centro, unidad que cubría el frente de la Sierra. Para mayo de 1937 pasó a mandar la Brigada de Tanques (Orden General de  Operaciones nº 35) esta unidad se llamaría posteriormente Brigada de Autos Blindados. En octubre se formó la División de Ingenios Blindados bajo mando del coronel Julio Parra Alfaro y Enrique Navarro pasó a mandar el Estado Mayor de la División, compuesta por la brigada de autos blindados y la brigada de tanques. Esta unidad con este u otros nombres y composiciones participó en todas las grandes ofensivas republicanas, pero no orgánicamente, pues sus unidades eran disgregadas y anexadas a las divisiones regladas mientras durase la acción, para retornar posteriormente a sus bases. Hay informaciones que afirman que Navarro formó parte también de la Escuela Popular de Estado Mayor.

Ismael Navarro Serrano

(1891-1936) Comandante de la Guardia Civil que en 1932 fue sancionado por su participación en la sublevación que encabezó el General Sanjurjo. Servía en el 18 Tercio de Jaen. Al estallar el golpe rebelde del 18 de julio de 1936 se puso a disposición de la República siendo enviado al frente de Alcalá la Real (Jaén) al mando de un centenar de Guardias Civiles que tras apresarle se pasaron al enemigo. Ipso facto, el comandante Navarro fue fusilado por orden de las autoridades militares rebeldes locales.

Nicolás Nicanor Menéndez.

Auxiliar naval, integrante del Triunvirato, presidido por el suboficial Marqués, que, al iniciarse la Guerra, actuaron con dureza en la isla de Menorca.

Cruz Nicolás Arévalo.

Este militante de la UGT del sindicato de Artes Gráficas se incorporó voluntario a las Milicias Populares y alcanzó el grado de mayor de milicias en el Ejército popular. Sirvió en la 90 Brigada Mixta de la que fue su último comandante, nombrado por Casado. Cruz Nicolás es un mando singular, pues se inició en una brigada de corte comunista, como lo fue en su fundación la 90. De hecho Cruz Nicolás tras afiliarse al PCE pidió la baja en febrero de 1938 y se puso bajo la protección de Mera, donde servía la 90 Brigada. Mera fue muy habilidoso deshaciéndose de toda impronta comunista en su gran unidad. Los franquistas le condenaron a 20 años y un día y fue puesto en libertad en 1945.

Andrés Nieto Carmona

Nació en 1901 en Villanueva de la Serena. Era factor en la compañía ferroviaria MZA (Madrid, Zaragoza y Alicante) en Mérida y se afilió pronto a UGT y algo después al Partido Socialista. En las municipales de 1931 salió elegido concejal. El primer consistorio democrático de Mérida. EN octubre ya era alcalde de Mérida, cargo que continuó hasta 1934. Fue un alcalde muy querido por la población pues Nieto se preocupó de la salud de los ciudadanos, creando el Instituto de Higiene Municipal, el alcantarillado y la pavimentación de las calles más concurridas. Impulso asimismo la cultura rescatando el pasado romano de la ciudad y sobre todo dando uso al teatro romano, cuando se estrenó en junio de 1933, nada menos que la Medea de Eurípides que significó una gran ocasión no solo para Mérida sino para la República y España.

Con el bienio negro, Nieto fue depuesto por el gobierno Lerroux, las leyes de régimen local, lo permitían. En cuanto se ganaron las elecciones de febrero de 1936, el Frente Popular lo repuso.  En julio de 1936 Nieto estaba en Madrid, y perdida Mérida no pudo regresar a su ciudad. Se integró en las milicias populares y a la creación de las seis primeras Brigadas Mixtas en noviembre de 1936, se le ofreció el mando de un batallón de la tercera Brigada Mixta que estaba compuesta principalmente por Carabineros y mandada por el comandante del cuerpo José María Galán. La actuación de esta unidad en el frente madrileño (y durante toda la guerra) fue muy importante para detener la embestida rebelde. En diciembre la brigada fue retirada de línea pues con tantas bajas estaba en cuadro. Tras un corto periodo en Andalucía, la brigada volvió al frente de Madrid participando en varias ofensivas. Nieto había destacado favorablemente en el mando de su batallón y a principios de 1937 solicitó el ingreso en el Cuerpo de Carabineros. En marzo de 1937 se le dio el mando de la 87 B.M. recién formada e instruida con tropa de carabineros. La brigada fue afecta a la 40 división de Carabineros que mandaba José María Galán y que estaba en reserva en el frente de Teruel. Una bomba cayó en el Puesto de mando de la brigada hiriendo a Nieto, a la sazón su comandante con rango de mayor de milicias. Las heridas no fueron graves, pero sufrió perforación de tímpanos y quedó sordo al 95%. De hecho quiso tramitar un expediente invalidez. La 40 división de Carabineros iba a participar en el plan H de Rojo de colapsar el frente de Teruel. Formaban en ese momento la división las brigadas: 82, formada por voluntarios de la CNT y del POUM y soldados del ejercito regular, la 84, formada por restos de unidades de la cenetista columna de Hierro, de muy mala fama en el Levante y con otros voluntarios de otras adscripciones políticas de la región de Valencia. En estas brigadas, la 82 y la 84 la militarización había calado escasamente. La otra brigada en Teruel, era la 87 de carabineros que mandaba Nieto que mantenía una disciplina excelente pues se trataba de miembros del Instituto de Carabineros, tropa valiente y disciplinada. De hecho, esta brigada fue siempre el núcleo de la 40 división. División, que salvo el incidente de Rubielos de Mora a cargo de dos batallones de la 84 Brigada Mixta, siempre tuvo un comportamiento ejemplar. En septiembre de 1937 en consideración a sus virtudes militares se asciende a Nieto a teniente coronel, gozando entre sus mandos de muy buena opinión.

En diciembre de 1937, Galán marchó para el Ejército de Andalucía y pasó a mandar el XXIII Cuerpo. Nieto tomó el mando de la 40 División, adscrita al XX Cuerpo. La división tuvo una actuación extraordinaria en los inicios de la batalla de Teruel, todas las brigadas acometieron sus objetivos con gran éxito. El único suceso reprochable fue cuando la división se retiró de Teruel el último día del año 1937, incapaz de soportar las condiciones climatológicas. Ni los rebeldes cercados, ni las fuerzas franquistas que se preparaban para retomar la ciudad se percataron del movimiento en medio de aquella nevada que las frenó en seco. El mando consiguió que la brigadas reocuparan sus posiciones en Teruel. Y el asunto, que podía haber sido muy grave quedó sólo en grave pues solo se perdió la posición de la Muela que los rebeldes fortificaron. El mando rebelde no se enteró en realidad. En la desbandada estaban implicadas varias brigadas de distintas divisiones, y el espectáculo de masas de soldados en retirada, muchos sin sus armas, fue demoledor para los comisarios y oficiales que intentaron impedirlo. El Ejército de Levante no había asimilado del todo la militarización, y para muchas unidades, incluido el Ejército de Maniobra esta era su primera acción.

Rojo se alarmó, y movilizó las reservas a la par que dictaba una serie de órdenes muy severas contra los desertores, los derrotistas y los bulistas, y de hecho se fusiló esos días a seis desertores, acusados de agentes del enemigo, con una severidad desconocida hasta entonces en el E.P.

En un mensaje telegráfico a Prieto, Ministro de Defensa, Rojo le aseguró que iba a someter al comandante de la 40 división a juicio sumarísimo. Y siguiendo con su planeada reorganización pasó la 40 división al XXII Cuerpo.

Nieto fue amonestado en primera instancia, y a su vez transmitió a sus oficiales que no había sitio ya en el E.P. para las desbandadas de la época de las milicias populares. Lo cierto es que que las hubo en otras brigadas, pero como la 40 ocupaba el centro de Teruel, fue la más peligrosa pues se podía haber perdido lo que tanto sacrificio costó capturar la semana anterior. Nieto reunió a sus oficiales y sin pausas pero sin pausas la división retomo sus posiciones en la ciudad cuatro o cinco horas después, parecía que no había pasado nada. Pero sí había pasado, Nieto comprendió que no se podía permitir otra. El resto de los mandos también lo entendieron, Rojo les amonestó duramente con severas advertencias

Estas medidas, junto con la gran nevada que impedía toda actividad conjuraron la crisis de nochevieja del 37. Las operaciones se centran en la periferia de Teruel, especialmente en la Muela donde los hombres de Duran, músico pero competente mando de la 47 División lucharon en inhumanas condiciones contra los mejores soldados rebeldes, la 1 de Navarra, ahora división. El 7 de enero se rendían los rebeldes cercados en el centro de Teruel con muy buena actuación de la 40. Nieto fue nombrado comandante militar de la plaza. Y todos parecían felices. Rojo retiró al V Cuerpo y otras tropas que quería reservar para su plan P.

Pero los rebeldes atacaron de nuevo y las divisiones en línea flaquearon produciéndose una peligrosa situación de cerco para muchas unidades republicanas. La 40 que apenas llevaba un par de días descanso, fue impelida a recoger los bártulos y salir pitando para el frente. Todos fueron gruñidos y protestas como es habitual en la tropa que lleva demasiado tiempo en el frente. Ya de nuevo en primera línea la división, llegaron ordenes del jefe del Ejército de Levante para que la 84 y la 87 brigadas mixtas ocuparan posiciones en Teruel y concretamente la 84 el cementerio de Teruel. En la orden, Saravia, en previsión de nuevos pánicos, aleccionaba a Nieto para que aplique el reglamento disciplinario a rajatabla ante desertores, bulistas o remisos al combate. Nieto se dio por enterado y el joven comisario de la división que era un entregado militante de las JSU, también, pero las cosas se torcieron. Los jefes de los batallones primero y segundo le comunican que la tropa se niega a combatir.

De los cuatro batallones de la brigada, el 335 había quedado en reserva y el 333 y el 334 son los que recibieron orden de atacar. Sin moverse de sus posiciones esta tropa que eran los antiguos voluntarios de batallón Largo Caballero y del batallón Azaña más anarquistas de la columna de Hierro, consideraron que habían alcanzado su límite, que ellos eran voluntarios, y que les habían prometido permisos y ascensos cuando tomaron Teruel. Los mandos de estas unidades se mantenían a la expectativa. Y lo que más temía Nieto se le vino encima. Tras escuchar las airada reclamaciones de la tropa ordenó al cuarto batallón el 336, que relevara a los amotinados. Cosa que la tropa del 336 se negó a hacer.

 La situación se volvió endiablada. Pero Saravia ya le había dado la receta. Simarro el comisario de la división le aconsejó a Nieto que aplicara el reglamento. Motín, en guerra, en campaña y con armamento. Eso era automáticamente ejecución sumarísima sobre el terreno. Seguro que Nieto buscó alguna solución menos drástica. Pero no la había. Llegado Nieto al convento que oficiaba de cuartel y para evitar incidentes armados entre los amotinados y el mando ordenó formar a la tropa y pidió a los hombres que se negaban a combatir que entregaran las armas para ser relevados. Como así hicieron un numeroso contingente. El resto de la tropa fue conducido a dependencias anexas para su encausamiento más adelante. En realidad serían enviados a batallones de castigo. La Brigada sería disuelta y sus soldados repartidos entre otras unidades. Todos los oficiales y suboficiales fueron degradados como escarmiento. De los amotinados que habían entregado sus armas, se seleccionó a los más significados, 46, y con carabineros leales, se les fusiló el día 20 de enero de 1938 en un lugar llamado Piedras Gordas, levantando acta de guerra el propio Nieto. Se supone que Simarro escribiría su propio informe. Como decimos eran 46 entre suboficiales y tropa. Unos 130 fueron enviados a pelotones de castigo, parece que por deseo expreso de Vicente Rojo. El resto de los hombres de la brigada fueron enviados a reforzar otras unidades.

La 40 división recibió dos nuevas brigadas, la 97 y 222, conservando la 87. Nieto siguió al mando y fue adscrita al XIX Cuerpo luchando valientemente en la ofensiva franquista que terminó con la ciada de Teruel. Tras el corte de la República en dos zonas, la 40 pasó al Ejército de Levante que recogió muchas de las unidades del Ejército de Maniobra que quedaron a la margen derecha del Ebro. En la ofensiva franquista contra Valencia, la 40 se distinguió y fue condecorada con la medalla del valor colectiva, aunque poco tenía que ver con la división que liberó Teruel. Nieto fue ascendido a coronel.

Al final de la guerra apoyó el golpe de Casado y embarcó en el HMS Galatea en Gandia. EN Londres parece que tuvo dificultades con las autoridades sanitarias y fue internado en un sanatorio mental durante bastantes años (esto está por confirmar) Una vez libre recorrió distintos países y recaló en España, siempre malviviendo y ocultando quien era. En 1967 se afinco en España. Murió en las Palmas de Gran Canaria en 1976.

Carlos Núñez Mazas

(1899). Capitán del Arma de Infantería y piloto observador que combatió brillantemente en la campaña de Marruecos. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno republicano. Desde el primer momento tomó parte activa en la contienda —batallas de Guadalajara, Teruel, etc—, desempeñando la subsecretaría del Aire —en uno de los gobiernos presididos por Negrín— y la jefatura del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas. Tras la derrota republicana en Cataluña pasó a Francia, aunque pocos días después regresó a la zona centro-sur de España, donde organizó la evacuación aérea de las últimas personalidades republicanas. Al terminar la guerra había alcanzado el grado de coronel. Exiliado en México, dirigió durante algún tiempo el Boletín de la Asociación de Militares Profesionales Leales a la República Española.

Miguel Núñez de Prado y Susbielas

(1882-1936). General de división, procedente del Arma de Caballería, que tomó parte en la campaña de África, en la que obtuvo, entre otras condecoraciones, la Medalla Militar Individual. En los últimos años de la Monarquía, y no obstante ser gentilhombre de cámara de Alfonso XIII, intervino con otros militares en una serie de conspiraciones encaminadas a derribar el régimen y proclamar la República. Afiliado a la UMRA. en julio de 1936 desempeñaba el cargo de director general de Aeronáutica, lo que al estallar la guerra civil le permitió ejercer un cierto control sobre las fuerzas aéreas, consiguiendo que la mayor parte de éstas permaneciesen fieles al Gobierno republicano. En la madrugada del 18 de julio de 1936, y con el fin de que se hiciese cargo de la grave situación militar, fue nombrado inspector general del Ejército. Tras intentar en vano trasladarse a Marruecos, que a esas horas estaba ya en manos de los insurrectos, se dirigió en avión a Zaragoza, acompañado de su ayudante, el comandante del Arma de Caballería Francisco León López, con el fin de sustituir al general Miguel Cabanellas y hacerse con el mando de la V División Orgánica. Detenidos por este último, Núñez de Prado fue trasladado a Pamplona y puesto a disposición del general Mola, quien poco tiempo después ordenó su fusilamiento. ¡Ay, Cabanellas!

Juan Manuel Oliva Gumiel.

Este militante de la UGT, trabajaba de operador de cabina en el cine Carretas de Madrid. Se alistó voluntario en las Milicias Populares, concretamente en el batallón Margarita Nelken, con el que se hizo veterano arrastrando todas las luchas del valle del Guadiana y del Tajo. El batallón se integró en la 41 Brigada Mixta que combatió con valor en la batalla del Jarama, con Oliva al mando bajo el mando brigadista del teniente coronel Emilio Bueno Nuñez de Prado, que al ascender a la comandancia de la 4 División, donde se integró la 41, la brigada pasó a ser mandada por Oliva Gumiel hasta mayo de 1938, cuando Oliva pasó a mandar la 4 División que Bueno dejaba vacante para mandar el II Cuerpo. Oliva tenía la medalla del valor y era un reconocido lider del Ejército Popular y por ello fue ascendido a teniente coronel. Apoyó a Casado y bajó a Madrid con tropas de la división cumpliendo las órdenes del Estado Mayor del grupo de combate creado por Casado para combatir las fuerzas leales al gobierno. Oliva no huyó a Alicante como otros mandos que confiaron en las promesas de Casado, por causa de haber protegido y emboscado en su división a desafectos y religiosos y por haber, al parecer, escondido la imagen del Cristo de Medinaceli, confiaba en un rápido indulto. Su ingenuidad estuvo a punto de costarle muy cara. Para el tribunal militar, haber pertenecido al batallón Margarita Nelken, nombre odiado donde los hubiera por los franquistas en general y por los curas en particular, era la pena de muerte, como así fue. Consiguió que le conmutaran la pena por 30 años y se salvo por los pelos. En 1945 salió en libertad vigilada.

 Urbano Orad de la Torre

El Capitán Urbano Orad de la Torre (x) y el Comandante Arellano a su izquierda

(1904-?). Capitán del Arma de Artillería y veterano militante del PSOE que en los primeros días de la guerra civil alcanzó gran popularidad en Madrid por ser el encargado de cañonear el cuartel de la Montaña, contribuyendo así a quebrantar la moral de los defensores de dicho cuartel y a que los mismos, viendo perdida la partida, decidieran deponer las armas. Durante la contienda desempeñó diversos puestos de mando. Ascendido a teniente coronel, mandó la 20 división en la zona Sur, nombrándosele, más tarde, comandante militar de Almería, en cuya plaza mantuvo el orden hasta el último momento de la contienda, negándose a entregar el mando de la misma a un quintacolumnista que lo pretendía. Condenado a muerte, le fue conmutada la pena. En 1971 vivía en España.


Reseña de Cristóbal Zaragoza

Este comandante de Artillería, veterano militante del Partido Socialista, alcanzó gran popularidad en Madrid en los primeros días del levantamiento. Fue él, en efecto, quien el 20 de julio cañoneó el Cuartel de la Montaña. Si bien fue aguerrido y supo mantener en todo momento la moral de sus hombres, no sobresalió por su capacidad de mando. Hizo casi toda la guerra en los frentes del Sur, menos en la desafortunada acción sobre Illescas, en octubre de 1936. Orad mandó en aquella ocasión una unidad de circunstancias formada por tres columnas al mando de Rojo, Puigdengolas y Modesto. Los tres jefes coinciden en la falta de capacidad de mando y en la conducta un tanto arbitraria de Orad. Destituido, fue destinado al Ejército del Sur, al frente de la 22 división formada por tres brigadas mixtas (51, 78 y 93). Sucedía esto en mayo de 1937, poco después de que Negrín formara Gobierno. Luego se incorpora al recién creado Ejército de Andalucía; manda la 20 división del IX Cuerpo de ejército. En abril del 38, después de la pérdida de Vinaroz (día 15), sigue al frente de la misma unidad con el puesto de mando en Andújar. El 5 de mayo asciende por antigüedad al grado de teniente coronel, con el que terminaría la guerra. Orad se mantuvo en su puesto en el Ejército de Andalucía hasta que fue nombrado comandante militar de la plaza de Almería. Supo mantener allí su autoridad hasta el último momento, negándose a entregar la ciudad a un representante de la quinta columna que se lo exigió. Asimismo disparó sobre el cañonero Cánovas del Castillo —disparos de aviso— cuando este navío trataba de meterse por la bocana del puerto, el día 29 de marzo. Estando ya la ciudad prácticamente tomada por los falangistas de la quinta columna, que se apoderaron de los edificios del Gobierno Civil y de Telégrafos, Orad siguió negándose a entregar la plaza. Cedió el mando al comandante Antonio Burgos, quien lo pasó al capitán Cuesta. Se desconoce la suerte ulterior de Orad de la Torre, que no llegó a embarcar en Alicante.


Hemos recibido:

HAN EXISTIDO VARIOS ORAD DE LA TORRE

JOSÉ ORAD DE LA TORRE, MI ABUELO, INGENIERO DE CAMINOS, TRABAJABA EN EL CANAL DE ISABEL II Y SI QUE MURIÓ DE UN CAÑONAZO EL 19 DE JULIO DE 1936 CUANDO SE DIRIGÍA A CORTAR, PERSONALMENTE, EL AGUA DE LA ZONA DE LOS CUARTELES QUE SE HABÍAN LEVANTADO CONTRA EL RÉGIMEN VIGENTE.

URBANO ORAD DE LA TORRE SI QUE ERA CORONEL DEL EJERCITO REPUBLICANO. MURIÓ EN SU CASA YA MUY MAYOR. ESTUVO CONDENADO A MUERTE DESPUÉS DE LA GUERRA, INDULTADO Y DESTERRADO A SEVILLA DONDE TUVO UNA ACADEMIA EN LA QUE AYUDO A APROBAR MATEMÁTICAS A MUCHOS SEVILLANOS.

ARTURO ORAD DE LA TORRE QUE MURIÓ EN LA CÁRCEL DESPUÉS DE LA GUERRA, DEJANDO MUJER Y DOS HIJOS

ROGUI ORAD DE LA TORRE, MÉDICO, QUE TAMBIÉN MURIÓ BASTANTE MAYOR EN DOS HERMANAS (SEVILLA)

LOS ORAD DE LA TORRE, QUE FUERON MUCHOS, ERAN  HIJOS DE EL GENERAL MEDICO LAUREADO CON LA LAUREADA INDIVIDUAL DE SAN FERNANDO: DON URBANO ORAD GAJIAS, POR LOS MERITOS ADQUIRIDOS EN LA GUERRA DE CUBA COMO MÉDICO Y COMO MILITAR Y CUYO NOMBRE LLEVA HOY DÍA EL HOSPITAL MILITAR DE ZARAGOZA, DE LO QUE LA FAMILIA SE SIENTE MUY AGRADECIDA Y ORGULLOSA.

B.R.deC.

 Kepa Ordoki Vázquez.

Kepa en una concentración de maquis entre la Gironda y Charente.

Nacido en Irun en 1903, cuando estalla la guerra en 1936 trabajaba de albañil y militaba en el sindicato ELA-STV y en el partido ANV. Tras participar en la defensa de Irun, pasó a combatir en el frente de Bizkaia hasta que en 1937, tras la caída de Bilbao, y ya como capitán del batallón San Andrés, fue hecho prisionero. Condenado a muerte, estuvo en capilla en varias ocasiones, pero su ejecución siempre fue aplazada por diferentes circunstancias. Consiguió escapar de prisión en 1939, cruzando la frontera por Biriatu, poco antes de la invasión de las tropas de Hitler. Durante los primeros años de la dominación nazi, Ordoki vivió en la clandestinidad, integrándose en la Resistencia. Fue detenido en tres ocasiones y en las tres consiguió escapar. En 1944 bajo las órdenes del Gobierno Vasco, formó el batallón Gernika, encuadrado dentro del 8º Regimiento Mixto Marroquíes-Extranjeros. Entre el 14 y el 20 de abril de 1945, el batallón Gernika combatió los últimos focos de resistencia alemana en Pointe de Grave, por lo que Ordoki fue condecorado con la Cruz de Guerra con la estrella de plata. Por cierto, la ikurriña de este batallón había pertenecido en la guerra civil al batallón Saseta, que fue el primero en el que se alistó Ordoki, y fue saludada por el general De Gaulle en persona, cuando pasó revista a las tropas que habían participado en este combate.

Fuente: Felipe Peña

Ramón Ormazábal Tife

(1910-1982). Dirigente histórico del PCE, formó parte de la Junta de Defensa de Vizcaya y dirigió el periódico “Euzkadi Roja”. Detenido en Alicante en 1939, logró huir de la cárcel en Valencia, exiliándose en América.

Antonio Ortega Gutiérrez.

Llevaba treinta años de servicio militar, habiendo sido ascendido recientemente a alférez de carabineros, en 1936. Al estallar la guerra civil se alineó en el bando republicano. Nombrado gobernador civil de Guipúzcoa, participó en la defensa de Irún y de San Sebastián, al mando de tropas vasco-republicanas, haciendo a partir de entonces una brillante carrera militar. En 1937, siendo director general de Seguridad, desempeñó un importante papel en la detención y posterior desaparición de Andrés Nin, así como en la disolución del POUM, a consecuencia de lo cual fue cesado en dicho cargo, enviándosele al frente de batalla, al mando del III Cuerpo de Ejército. Incondicional comunista, según Juan Negrín, adoptó una actitud un tanto ambigua cuando, en los últimos días de la guerra, el coronel Segismundo Casado se sublevó contra el Gobierno presidido por Negrín, haciendo el papel de mediador entre ambos bandos republicanos. Ascendido a coronel durante la guerra, al finalizar la contienda fue ejecutado por los rebeldes.

Daniel Ortega Martínez.

Este médico burgalés había nacido en 1898 de padres maestros. Al parecer se pagó los estudios de medicina en la facultad de Cádiz trabajando de mecánico. Ingresó en el PCE en 1921, con 23 años y de estudiante. Inició el ejercicio de su profesión en el Puerto de Santa María desde 1927 a 1936. Y dejando una profunda huella entre las gentes del barrio. Practicaba al unísono la militancia y la profesión. Creó la primera célula comunista en Cádiz, de la que formaría parte Juan Gilloto, Modesto. En 1932 es nombrado miembro del Comité central del PCE y salió elegido diputado por Cádiz en febrero de 1936. En esa fechas partió con su mujer e hijos para Madrid, donde le sorprendió la rebelión militar. Salvando así la vida en esta ocasión. Fundador del Quinto Regimiento junto con Enrique Castro Delgado y Carlos Contreras. Era buena persona y un tanto místico por lo que Castro le llamaba "El Profeta". Fue jefe de Servicios en Madrid durante toda la guerra, ascendiendo a coronel. Al final de la guerra fue detenido por Casado, precisamente en el E.M., donde trabajaba para el propio Casado. Caída Madrid, pasó a manos franquistas quienes lo trasladaron a Cádiz (solían llevar a los presos a sus lugares de origen, donde  se encontraban las gentes de derechas que los odiaban). Fue fusilado en agosto de 1941 y su mujer Luisa Rendón Martell pasó largos años de cárcel.

Leopoldo Ortega Nieto.

Militar del Arma de Caballería destinado en la Escuela Central de Tiro de Madrid. Al iniciarse la Guerra tenía el cargo de capitán y hasta hacía poco se había desempeñado en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas en Alhucemas. Parece probado que Ortega Nieto no participaba en absoluto en la sublevación del verano de 1936. Lo que hizo fue reintegrarse a su destino a la espera de que el Comité de Clasificación lo calificara. Mientras tanto fue destinado al frente extremeño en la columna del teniente coronel de Enrique Navarro Abuja, leal republicano. La actitud de los milicianos no le gustó nada y además, le asustó enormemente. Unos dicen que simuló una enfermedad y otros que se puso malo. El caso es que fue destinado a un puesto de retaguardia, como el deposito de Remonta y también a hacer cursos de Estado Mayor en la Escuela Popular de Estado Mayor, un autentico emboscadero. La situación no se pudo sostener más y fue destinado al Estado Mayor de la 67 División en plena batalla de Teruel. En febrero y en el mismo frente tomó el mando de la 66 División, donde tuvo que aguantar hasta mayo de 1938, donde, por fin, consiguió un puesto en la Sección de Organización del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la Región Central, bajo el mando de Miaja. Allí,  Ortega Nieto fue testigo de las maniobras de Matallana, Garijo y Muedra, sin que expresara el menor desagrado, todo lo contrario parece que las apoyó en la esperanza de que algo de benevolencia franquista le cayera a su persona cuando la guerra fatal e inexorablemente se perdiera. A principios de marzo de 1939 fue comisionado por Segismundo Casado para que, con plenos poderes del Consejo Nacional de Defensa, se trasladase, junto con el coronel Antonio Garijo, "al lugar o lugares que el Gobierno Nacionalista de España designase", al objeto de tratar la cuestión de entrega de la zona a cargo del Consejo y plantear las diversas cuestiones relacionadas con la misma. Ortega Nieto participó en dos reuniones con militares franquistas en el aeropuerto burgalés de Gamonal, y donde el alma se le cayó a los pies, al comprender que todas las promesas que Casado aseguraba le había hecho Franco al respecto de la rendición eran todas papel mojado y que habían sido hechas para engatusar a los militares desafectos al gobierno. Detenido Ortega Nieto, sus desvelos por acabar la guerra a favor de Franco y sus militares rebeldes protegidos y emboscados, no servían de nada y lo mismo que a su compañero de E.M., Muedra Miñón, le cayeron 30 años, finalmente conmutados a seis años y un día. Cumplió prisión hasta 1941.

Juan Ortíz Muñoz

Comandante de Aviación procedente del arma de Infantería. En los primeros días del levantamiento ocupaba el mando de la Segunda Región Aérea, que tenía su base principal en Los Alcázares (Murcia). Según Hidalgo de Cisneros, este aeródromo constituía un fuerte baluarte republicano desde que lo organizara el comandante Ricardo Burguete y «cumplió un papel importantísimo en los primeros días de la sublevación, haciéndola fracasar en varios lugares de aquella zona». Ortiz tuvo a su mando las escuadrillas que operaban en el frente de Andalucía en las primeras semanas del conflicto. A finales del 36 fue comisionado por Prieto para gestionar en Francia la compra de algunos aparatos. En febrero del 37 adquirió cinco Dw-510, pero estos aparatos nunca llegaron a España. Lo mismo sucedió con varios aviones Dw-371. Ortiz acusó a Prieto de alta traición en un documentado informe inculpatorio. Se produjo el escándalo, pero sin más consecuencias que su propia caída, la de Ortiz, producida en virtud de dos desconcertantes órdenes ministeriales. Por la primera, se obligaba al comandante Ortiz a dejar el arma de Aviación y reintegrarse a las unidades de Infantería; por la segunda (D. 26 de junio de 1937) se le expulsaba del Ejército sin ningún tipo de explicación. Ramón Salas coincide con Hidalgo de Cisneros al afirmar que la actividad del comandante Ortiz, su decidida acción en los primeros momentos del levantamiento, fue causa del fracaso de los rebeldes en las bases del Mar Menor. Estaba en posesión de la Medalla Militar.

Antonio Ortiz Roldán

Dirigente de las MAOC en Espejo (Córdoba) y miembro del PCE. Dirigió fuerzas milicianas y unidades del Quinto Regimiento, la 53 Brigada y la 226 Brigada, la primera que cruzó el Ebro. Más adelante mandó la 42 División, llegando a ser teniente coronel. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética y estudió en la academia Frunze, pasando después a Yugoslavia.

Antonio Ortiz.

Carpintero de profesión y militante de la CNT. Dirigió una de las primeras columnas de Aragón. Durante breve tiempo estuvo al frente de la 25 División, pero fue destituido por ser hostil a la militarización.

Ramiro Otal Navascúes

Ramiro Otald e capitan de E.M. Imagen: InternetEste militar africanista y conservador era coronel de E.M. al inicio de la guerra destinado en el E.M. del Ministerio de la Guerra. Permaneció fuel a la República y se mantuvo en sus puesto que quedó completamente vacío de contenido por las comisiones militares al uso creadas por Saravia en el E.M. del gobierno Giral. Mandó una columna en la sierra de Madrid y en el valle del Tajo formando parte del E.M. de Asensio. Cuando el general Asensio pasó a Subsecretario de Guerra, Pozas que tomó el mando del Centro se lo llevó como Jefe de su E.M. Con la creación del Ejército del Centro pasó al Estado Mayor Central de Rojo. Posteriormente fue destinado a la Defensa de Costas, lo que significaba en realidad pérdida de confianza. Un hijo suyo murió al intentar pasarse a los rebeldes. Al final de la guerra fue detenido y juzgado sumariamente y condenado a muerte. Esta inquina formaba parte del tratamiento dado a militares conservadores que no se habían puesto a las órdenes de Franco, bien pasándose a la zona rebelde o bien integrándose en la Quinta columna o en el SIPM clandestino. Pero, finalmente, fue indultado por intercesión y avales presentados por compañeros de muy alta graduación. Se dice que el propio Franco lo retiró de las lista de condenados a muerte. La condena se le conmutó por perpetua, de los que cumplió dos años. Murió en 1962. Otal junto con Rojo y otros es el prototipo de militar profesional que permanece al lado del gobierno pese a estar ideológicamente más cerca de los rebeldes.

Jose Otero Ferrer

Militar republicano y miembro de Izquierda Republicana, comandante del arma de Ingenieros destinado en el Estado Mayor Central en el Madrid de julio de 1936, y donde continuó su labor hasta que en noviembre de 1936 fue nombrado para la jefatura del E.M. de la novísima 4 Brigada Mixta y con ella combate en el frente de la Ciudad Universitaria. A principios de 1937 pasa a mandar el E.M. de la Agrupación Morata, participando en la batalla del Jarama. Asciende a mandar el E.M. del II Cuerpo de Ejército y poco después pasa al Estado Mayor del Ejército del Centro, siendo responsables de parte de los planes para la batalla de Brunete.

Continúa el servicio en Madrid y en marzo de 1939 es ascendido a Coronel por el rebelde coronel Casado. Desgraciadamente para él es apresado junto a otros militares casadistas en la posición Jaca malamente defendida por fuerzas de Carabineros, y por los refuerzos del IV Cuerpo que envía Mera en persona, al que acompaña su sombra, el inefable miembro de su E.M., Verardini.

Ante la amenaza de la llegada de fuerzas leales, en concreto, 200 aguerridos guerrilleros y varios tanques de la base de Alcalá, Mera, su ayudante Verardini y sus fuerzas abandonaron la posición pese a que sus efectivos eran mayores. Entraron los guerrilleros y tras una buena ensalada de tiros se capturó a los oficiales rebeldes que fueron encerrados hasta la llegada del coronel Barceló que encabezaba las fuerzas leales al gobierno. Barceló ordenó su traslado al palacio del Pardo, Cuartel General leal donde Ascanio, oficial de milicias del PCE en el Estado Mayor, tras un sumario juicio e interrogatorio ordenó su confinamiento a la espera de acontecimientos, probablemente canjes. Con la derrota de las fuerzas leales madrileñas, los tres militares fueron apresuradamente conducidos a las afueras del pueblo y fusilados y enterrados allí mismo. Se trataba de los militares profesionales Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano, todos ellos partidarios del coronel Casado.