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Objetividad y neutralidad en el estudio de la Guerra Civil española

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Hace algún tiempo (1998) y en una relevante lista de correo temática sobre la GCe, alguien sugirió que la lista apadrinase una página web sobre la GCE. La idea gustó, y se mantuvieron grandes polémicas sobre el cómo y el qué del proyecto, que en principio se puso en marcha mediante la creación de grupos temáticos, cuyos temas principales, fueron "Carteles", "Personajes" y "Armamento".

El problema surgió cuando un miembro de la lista, preguntó al resto qué se definieran sobre el la página que querían: una página de ideología republicana, o qué otra cosa. Hubo cierta polémica, pues la lista agrupa simpatizantes de ambos bandos, más los que se dicen neutrales. Pero la mayoría de los listeros se inclinaron por mantener la página igual que la lista, que cada uno se responsabilizara de sus afirmaciones. Otro grupo menos numeroso, pero más activo que el anterior se inclinaba por la neutralidad. Este segundo grupo consiguió que el debate se centrará sobre la imposible objetividad de quienes no fueran neutrales ideológicamente. Es decir, que no les importe la ideología de unos y otros. La trampa estaba servida, pues a primera vista, y para los observadores poco avispados, la ecuación era sumamente correcta:

Neutralidad = Objetividad.

 Si se comparara la rebelión militar del 18 de julio de 1936 en España con otros golpes militares de otras épocas y países, muchos españoles se sentirían ofendidos. En sus corazones, para muchos descendientes de los victoriosos soldados de Franco, más aún si lo son de militares profesionales o falangistas, o gentes de orden de toda la vida, la simple comparación entre los golpes de Pinochet, o de Tejero, con la rebelión militar, putsch africanista, en puridad, que ellos llamaron Movimiento Nacional, es ofensiva y a veces irritante.

Y sin embargo, no hay verdad más clara y más trágica también, que en realidad estamos hablando de lo mismo en todos los casos: Asalto violento a la legalidad, para evitar mejoras políticas y sociales para la mayoría de la población. Amparado y camuflado en hechos y desmanes reales o inventados, para el caso es lo mismo, del supuesto peligro en que se encuentra siempre la patria o la civilización en general ante el peligro del comunismo, en un clima de exasperación política y terror ciudadano del que en absoluto son ajenas fuerzas secretas y criminales, por las fuerzas golpistas amparadas. Más, los decididos apoyos de otros poderes fácticos, léase oligarquías e Iglesia. Y que con el transcurso de los meses y las iniciales victorias rebeldes se termina convirtiendo en un aparente movimiento de media España alzada en armas contra la barbarie marxista. No hay nada más maniqueo que este falso esquema de las dos Españas. El principal motivo de esta falta de oposición a la rebelión de la población en zona rebelde es pura y simplemente el miedo a las represalias, el terror de las gentes a las autoridades militares alzadas en armas y a sus compañeros de viaje, las partidas de la porra, escuadrones de la muerte, de tradicionalistas fanáticos, aprendices de fascistas vestidos de azul, y ultramontanos de todo tipo, de siempre en España llamados facciosos. En cualquier caso, en el tema que nos ocupa, las preguntas claves a nuestro parecer son las siguientes:

1) ¿Al estudiar este periodo histórico, debemos otorgar el mismo valor moral a ambos contendientes?

No. Poner al mismo nivel al gobierno de la nación (por poco que nos guste), con una parte del ejercito en franca rebeldía, es dar crédito moral a la traición de estado, y en el fondo, coincidir en la estrategia política de los últimos años del régimen franquista, que, avalada por sus historiadores e ideólogos, pretendía que los españoles habíamos superado la guerra civil, y que gracias al régimen, este capítulo estaba cerrado, con un ¡nunca más! al estilo del fin del nazismo en la Alemania de posguerra, pues en realidad, todos habían sido igual de bestias, y lo mejor era olvidar y buscar la reconciliación de todos los españoles. La paradoja es que al final de su vida, hasta el propio régimen franquista, parecía volverse "neutral". Tampoco cabe recurrir a la supuesta pérdida de legitimidad del gobierno republicano, echando mano de los conocidos tópicos sobre irregularidades en las elecciones del 36, o las rebeliones obreras del 34. Nada de todo eso tiene cabida en el juicio moral. La II República llegó de manera democrática y pacífica, tenía una Constitución y un parlamento que acogía incluso a partidos que buscaban su destrucción. En su gobierno se alternaron coaliciones de derechas y de izquierdas. Todas las "supuestas dudas sobre la legalidad republicana" surgieron ya iniciada la guerra de la mano de intelectuales franquistas, como muchas otras manipulaciones históricas, para justificar precisamente una rebelión militar.    

2) ¿Por tanto, qué significa realmente decir que se es neutral respecto a la Guerra Civil Española?

La neutralidad nada tiene que ver con la objetividad, ni con la verdad histórica. Querer ser neutral es precisamente no tener en cuenta las cualidades de los contendientes de la GCE, y juzgar a ambos por el mismo rasero. No siendo eso democrática y moralmente posible, tratar de ser neutral es decididamente ser benevolente con los ilegalmente sublevados y despreciar la legalidad democrática de los gubernamentales. La neutralidad reduce a unos, a "nacionales" y otros a "rojos", y eso es injusto, pues pese a lo que se pudiera cocer en cada bando, unos estaban en rebelión militar, y otros defendían, fueran o no republicanos, la legalidad vigente. Es imposible ser objetivo dando a ambos bandos la misma categoría moral y de derecho. Así pues, la objetividad nace precisamente de no ser neutral. La busca de la verdad histórica en nada va a quedar empañada por el reconocimiento de la realidad moral y jurídica de cada bando.  Las teorías revisionistas dónde se afirma que todos fueron malos, y que hay que contemplar la guerra civil desde un punto de vista equidistante, aparte de terriblemente injustas son históricamente erróneas por su subjetividad, a nadie se le ocurriría ser equidistante entre Allende y Pinochet, entre Suárez y Tejero. El argumento para poner en su lugar a los nuevos propagandistas de la derecha es muy simple. Puede que justo antes de la guerra la situación fuera crítica (que no lo era, eso o cosas peores estaban ocurriendo en todos los países de la Europa de entreguerras), y que los españoles de aquella época tuvieran la impresión de que fuerzas muy poderosas a ambos lados de las ideologías querían enfrentarse. Pero si ningún militar (funcionarios del estado encargados de velar por su seguridad) se hubiera sublevado (con motivos o sin ellos) la guerra no hubiera estallado, y nada de lo que vino después hubiera sucedido. De modo que la neutralidad y la equidistancia es irrelevante a la hora de juzgar responsabilidades, la primera y principal responsabilidad de los males que acontecieron a la patria es sin duda la de los militares traidores, todos ellos reos de muerte de haber fracasado según la legislación de la época. De modo que si los africanistas y otros compañeros de viaje hubieran dejados a los civiles la evolución política del país, desde luego sus carreras hubieran progresado menos, pero el país se hubiera ahorrado todo el horror, la miseria, la injusticia y la sinrazón que vino después.  Esta evidencia es el motivo por el que los franquistas, desde la primera hora de la rebelión no han dejado de justificarse e inventarse conspiraciones y golpes republicanos contra la propia República instrumentalizando todos los hechos anteriores, en la guerra, y posteriores para tapar como fuera este inmenso agujero moral, su traición y su felonía al estado que habían jurado defender.

Pero hay más, si precisamos, si nos centramos en personas, dejando los anónimos bandos, la situación se clarifica hasta límites insospechados. Interviene entonces la verdadera catadura moral de los personajes concretos. Es imposible ser neutral frente a Franco, Mola, Aranda, etc... de la misma manera que frente a Tejero y similares. ¿Pues no es Mola un Tejero más radical, más inteligente y con más apoyos, pero Tejero al fin y al cabo? ¿Y no es Franco un Armada, más zafio, más cuco y más cruel? Y si la República hubiera abortado el golpe en las primera horas, y hubiera aplicado las leyes militares al uso, ¿No podrían haber sido Franco y Cía, legalmente, unas grises tumbas en algún cementerio olvidado? Y de la misma manera que nadie es neutral con Tejero y sus compadres, a nadie se le ocurría ser neutral con Franco, Mola, una vez difuntos. Es la victoria y la instauración de un régimen ilegal, lo que finalmente deviene en un régimen legalizado, entre otras cosas, porque no hay otro, y porque los poderes internacionales así lo deciden. Pero de no haber sido así, nunca hubiéramos hablado de neutralidad histórica.

3) ¿Fueron, gobierno y rebeldes, unos bárbaros que no supieron dirimir sus diferencias pacíficamente?

Esta también es una visión tópica. Ya hace muchos años que señalados historiadores españoles y extranjeros, nada sospechosos de comunistas, afirmaron con rotundidad las altas diferencias cualitativas entre la represión franquista y la republicana. No sólo en las abismales diferencias entre cifras de asesinados, sino en lo más fundamental, quién ordenó y cómo se ejerció la represión. En las filas republicanas, la represión fue espontánea desde el mismo momento de la rebelión, militantes de partidos y sindicatos, por cuenta propia, más voluntarios, que no faltaron, se lanzaron a la caza del faccioso, del religioso y de todo bicho viviente que les molestara, ante el espanto de las autoridades y de la mayoría de la población republicana. Se desató un terror, sobre todo en las grandes ciudades republicanas, que costó meses detener. Personalidades, periódicos, partidos y sindicatos, horrorizados, clamaron contra la represión. Se publicaron incluso decretos amenazando con la máxima pena a los asesinos organizados, pero sólo cuando el gobierno recuperó el control del orden público se pudo acabar con la matanza, y en algunos lugares, donde el gobierno no tenía el control, aún siguió unos meses. Finalmente, reformada la justicia republicana, fueron muy pocas las penas de muerte dictadas por los tribunales republicanos, pese a casos de extraordinaria gravedad, como el asesinato de Andrés Nin y otros poumistas, sin duda responsabilidad del gobierno de la República.

En el otro lado, el terror institucional, el más terrible de los horrores perfectamente planificado desde antes del golpe, y desatado de la manera más despiadada. La Falange y las Fuerzas de Orden Público, delatores, y voluntarios, al servicio del poder militar rebelde, autoridad efectiva y omnipresente en todo el territorio rebelde. Esta inhumana represión, que en un primer momento parecía ser de la misma naturaleza que la republicana, pero que pronto queda descarnadamente clara. No son las masas enfurecidas. No. ¡Son las propias autoridades rebeldes! Los altos mandos del ejército rebelde, son los que organizan, alientan, y sostienen el terror criminal. Un terror que no tiene más propósito inicial que el de paralizar toda posible resistencia. Pero que de forma inaudita, se amplia y extiende a todo el ámbito del territorio dominado, del territorio conquistado, y más tarde al país entero, exterminando ideas, personas, bienes, todo el pasado liberal y republicano, físicamente, desaparece, en el más criminal de los terrores jamás desatados en Europa, con tasas de ejecuciones no superadas ni por el régimen de Stalin, ni por el nazismo (hagan ustedes sus cálculos), y desgraciadamente tolerado por las democracias occidentales, en nombre, primero, de la No Intervención, un crimen moral, y después, en nombre de la política de guerra fría.

Esa fue la "baraka" del régimen de Franco. La política exterior americana en la Guerra Fría. Ni en el mejor de sus sueños, los franquistas imaginaron, que quienes lucharon a muerte contra Hitler, iban a permitir, y más tarde apoyar, a una cruel dictadura militar, último rastro del fascismo en Europa. Un régimen, que no se recataba de publicar las ejecuciones en los periódicos, disfrazadas de justicia militar, apellidando a los muertos de delincuentes, tildándolos de asesinos, escoria, deshonrándolos públicamente, esquilmando sus patrimonios, hundiendo en la pobreza y la desolación a sus familias, arrojando a la miseria a sus viudas. Y lo peor, haciéndoles colectivamente culpables de centenares de miles de supuestos crímenes, que nunca pudieron demostrar, pero que en el acervo colectivo quedaron impresos como coartada de todas las personas e instituciones que participaron en aquel sangriento y gigantesco pacto de silencio sobre el que se edificó el régimen franquista, y que poco a poco, se fue olvidando, en la necesidad que los pueblos tienen de vivir, renacer, olvidar, vivir en suma como se pueda, frente al dramático amanecer de quienes iban a morir, días tras día, año tras año, para escándalo, ¡incluso! de altos jefes de las SS en visita, y fascistas musolinianos, que no entendían tanta crueldad contra su propio pueblo. Y este hecho, mas de ciento cuarenta mil ejecuciones, históricamente demostrado y documentado (más las que vengan), este espantoso crimen colectivo, jamás ha sido relatado en su completa extensión, ni cuantificado exactamente, ni identificadas aún la mayoría de las víctimas. Este hecho, permanece olvidado, maldito por sí mismo incluso, condenado a no ser, a no haber existido por el simple método de no ser nombrado jamás. Cinismo histórico, precio de la monarquía, vergüenza de la democracia, obviado incluso por los máximos dirigentes de los partidos de izquierda, cicateros hasta para reconocer los derechos y haberes de los pocos supervivientes que fueron servidores del Estado Republicano, y muertos la mayoría, sin ver sus nombres y categorías rehabilitados. Todo esto en nombre de la política de estado. Estos hechos ominosos, que están en el pasado de nuestro país, y en la conciencia colectiva, esperando ser aventados como un mínimo acto de reconciliación, desaparecerán prontamente disueltos en la estulticia, adocenamiento y majadería de una parte de las nuevas generaciones, que, mayoritariamente, incluso descendiendo de víctimas republicanas, invariablemente, responden con sorna, cuando alguno, como yo, importunadamente, al hilo de cualquier anécdota, traemos al recuerdo lo que pasó en este país, entonces, como digo, con la mejor de sus despectivas sonrisas, estos españoles desmemoriados, responden con esa suficiencia digna de su supina inconsciencia: ¿Aún estamos así? Pues sí, aún estamos así, aun no sabemos los nombres y localizaciones de nuestros muertos, aún no podemos entrar en los archivos de las Capitanías Generales, verdaderas cámaras de los horrores donde la justicia militar, en las mayor de las impunidades, almacenó sus crímenes legales, con un desparpajo que ya quisieran para sí los siniestros militares chilenos y argentinos, para asombro de los que conscientes del genocidio nos paramos a veces a reflexionar, lo qué contendrán estos archivos. Pese a que sabemos que se están perdiendo gran parte de ellos. Las pruebas de genocidio, tan cerca y tan lejos a la vez. Desapareciendo...    

4) ¿Fueron los republicanos unos ineptos militarmente hablando? ¿Cómo pudieron perder la guerra teniéndolo todo desde el principio? ¿No recibieron, además, todas las armas que quisieron de Rusia?

Estos son otros de los grandes tópicos de la GCE. El gobierno de la República tardó en comprender la necesidad de entregar armas al pueblo, una vez que se vio sin ejército y sin el control del orden público. Para los moderados gobernantes republicanos, entregar armas al pueblo significaría el fin de la República y el principio de un periodo revolucionario de incierto destino. Supondría también la reprobación internacional, y daría coartadas a los países partidarios de no ayudar a la República (la futura No Intervención). Pero frente a esta realidad, se imponía otra más terrible, la Republica no tenía fuerzas para oponerse a la rebelión, si no era el propio pueblo armado, y además, el pueblo ya se estaba armando y organizando, liderado por sus partidos y sindicatos, por tanto, al gobierno no le quedó otra alternativa que oficializar lo que ya era un hecho. Militares leales se pusieron al trabajo de organizar, controlar y dirigir aquella masa de milicianos impetuosos que carentes de toda formación militar y rezumando, por contra, un antimilitarismo radical, se disponían, allí donde fuera y como podían a enfrentarse a los bien organizados y armados rebeldes. Este choque inicial fue muy amargo para los milicianos, salvo en el frente del este, que permaneció inactivo, las columnas milicianas se mostraron incapaces de detener la rápida marcha rebelde. Las columnas de milicianos fueron militarme un desastre, propaganda aparte. La realidad se impuso de nuevo. Era necesario construir un ejercito, construirlo sobre la marcha, importar armamento de dónde fuera, crear una fuerza aérea, y convertir a la masa miliciana, en disciplinados soldados del nuevo ejercito, el Ejercito Popular. Esta tarea fue ingente, y fue obra sin duda, entre otros, del mayor talento de los militares leales, el entonces Comandante Don Vicente Rojo Lluch, y sus colaboradores, al servicio de la política militar de los gobiernos republicanos de Largo y Negrín, con la ayuda inestimable de un partido, ha nada, minoritario dentro del Frente Popular, que fue el PCE y su exitoso invento, el 5 Regimiento de Milicias Populares, centro de reclutamiento e instrucción en Madrid.

     Para esta tarea, la República lo tenía todo en contra:

a) Verdaderas dificultades para encontrar armas modernas y suministros de todo tipo, producto de una política de No Intervención terriblemente injusta para la República, y uno de cuyas principales excusas fue la represión republicana contra la Iglesia Católica.

b) Una animadversión inveterada de los españoles a organizarse militarmente, y más aún de las politizadas milicias, sustentada principalmente por la poderosa CNT y otros partidos revolucionarios, que veían, no sin particular razón, que así se fortalecía el estado burgués en detrimento de sus conquistas sociales, significando esta política el fin de toda esperanza revolucionaria.

c) Inexistencia de cuadros militares, mandos, oficiales y suboficiales para mandar tal ejército, y una absoluta falta de formación militar y de cultura de la disciplina en los miembros de las columnas milicianas.

d) Inexistencia de una industria pesada en el territorio bajo control del gobierno que pudiera manufacturar armas y suministros para este futuro ejercito.

Pues bien, en mayor o menor grado, todas estas serias dificultades fueron superadas una a una por los organizadores del EP y el gobierno de la República. Se importaron armas "ilegalmente" de todos quienes estuvieron dispuestos a venderlas, bien es cierto, que mucha parte de ellas sólo eran chatarra. El PCE se alzó como interlocutor de la URSS para el suministro masivo de armas y municiones consiguiendo que Stalin cambiara su política de amistad con las democracias europeas. Se fortaleció la industria y se reconvirtieron factorías y talleres para la fabricación de municiones y armamento ligero según la política diseñada en la Subsecretaría de Armamento para sus fábricas (FSA) y la del  Servicio de Aviación y Fabricación (SAF).

Se organizó (en un primer momento sobre el papel) un ejercito bajo el modelo francés de características muy especiales, basado primero en Brigadas Mixtas, resultante de fundir columnas y batallones milicianos, pensadas para ser autónomas al disponer teóricamente de todas las armas y servicios, y ocupar el lugar, todavía imposible, de futuras divisiones. Y aunque esta organización, se demostró posteriormente poco operativa, en un primer estadio de la formación del EP, resultó sin duda, la forma más práctica de agrupar las variopintas columnas milicianas. Además, se incorporó, una novedad que sería determinante en la caracterización del EP, los comisarios políticos. Esta medida, no vino impuesta por los consejeros rusos, como se cree, existía de facto en todas las columnas, al ser realmente mandadas por cuadros de formación política y no militar. Pero fue en las unidades creadas en el 5º Regimiento donde tomó por primera vez forma real. La traslación de esta figura a las plantillas del EP en ciernes, fue, sin duda, el resultado de la necesidad de dar al EP un contenido político que ya tenía en realidad. Las unidades siguieron manteniendo sus características políticas iniciales, y no por integrarse en la estructura militar del nuevo ejército iban a perderlo. Por tanto, como tantas otras veces, los proyectistas del EP, se limitaron a oficializar lo que ya existía, dándole carácter militar a lo que sólo era mando político.

Las Brigadas Mixtas se integraron en Divisiones, las Divisiones en Cuerpos de Ejercito, y los Cuerpos en Ejércitos. Más adelante, los Ejércitos se agruparon en Grupos de Ejércitos.

Se abrieron centros de instrucción y formación de oficiales de todas las armas (Tenientes en campaña, similar en cierto modo a los Alféreces Provisionales del bando contrario, aunque no dieron tanto juego). Se enviaron voluntarios para cursos de pilotaje en la URSS. Se reorganizó la armada, se crearon los servicios de Transporte y Fortificaciones. Se crearon servicios de Propaganda, de refugiados, se crearon las Milicias de la Cultura, los hogares del soldado. Nacieron cientos de publicaciones en las unidades combatientes, y finalmente, el Ejército de Maniobra, personal creación de Vicente Rojo, formado por unidades veteranas y reclutas movilizados. Pero, sobre todo, y tras algunos ensayos poco exitosos, se creó el Estado Mayor Central, donde Rojo y sus ayudantes diseñaron la política militar de las fuerzas armadas republicanas al servicio de los Ministros de Defensa y del Consejo Superior de la Guerra.

Si el lector ha leído con detenimiento las respuestas a las preguntas anteriores, ya sabe cuál es nuestra opinión, puede, por tanto, caso de no compartirla, abandonar estas páginas y no perder su tiempo. De lo contrario, animamos al lector a seguir en ellas y compartir o criticar las opiniones que mantenemos y que poco a poco intentaremos demostrar. Desde un punto de vista metodológico mantenemos que:

  1. No es necesario el uso de la bibliografía política franquista para componer una historia objetiva de la II República española y de la guerra civil española.

  2. No es necesario el uso de la bibliografía militar franquista para componer una historia militar objetiva de la guerra civil española.

     Además, no consideramos correctas las habituales tesis de los historiadores franquistas y en muchos casos aceptadas por algunos historiadores profesionales españoles y extranjeros con respecto a:

  1. La represión republicana fue mayor en cantidad y crueldad que la franquista.

  2. La II República dispuso de más armas y mejores que el bando rebelde. Pero la incompetencia de sus fuerzas armadas, el despilfarro y desorganización de sus servicios y la corrupción de sus agentes de compras impidió aprovechar esta ventaja armamentística.

  3. El Ejército Popular eran en realidad una desorganizada banda de milicianos, un grupito de militares leales y algunas unidades comunistas e internacionales un poco mejor preparadas.

  4. La guerra duró tres años porque Franco así lo quiso, una por motivo de afianzamiento de su poder personal, y otra por completar la destrucción del ejercito republicano.

  5. Los comunistas preparaban un golpe de estado desde febrero de 1939, lo que justifica el golpe de Casado. Y Negrín había perdido toda legitimidad desde el momento en que las instituciones republicanas se exilian en febrero de 1939.

  6. La flota republicana fue el paradigma de la incompetencia y desmoralización.

  7. Negrín estaba en manos del los comunistas y era una aventurero político. Y se creo su propia guardia de corps potenciando el cuerpo de Carabineros.

 

Por contra, nuestras posiciones son, emparejándolas con las anteriores:

  1. La represión republicana fue mucho menor y menos cruel en tiempo y espacio.

  2. La II República gasto en armas aproximadamente lo mismo que los franquistas, la República al contado y los rebeldes a crédito e hipotecando las materias primas del país, pero las armas que consiguió la República fueron mas viejas, más caras y llegaron de manera menos regular. Sus agentes de compras se comportaron honradamente ante la tesitura de los traficantes de armas de "lo tomas o lo dejas".

  3. El ejército popular no era muy distinto del ejército rebelde, es decir, ambos  arrastraban los tradicionales defectos de las fuerzas armadas españolas. El ejército rebelde aventajaba en algunos aspectos a su oponente. Los defectos del ejercito franquista que al ser victorioso no parecían existir, quedaron patentes en cuanto terminó la guerra y hubo de enfrentarse a la posibilidad de entrar en la II guerra mundial.

  4. La guerra duró tres años por la defectuosa estrategia del alto mando franquista y de Franco en particular, con la "sana" intención de prolongarla, y la decisión del gobierno republicano de buscar un alto el fuego (tablas). Estrategia que se basaba en resistir a toda costa.

  5. Los comunistas no preparaban ningún golpe contra el gobierno. Puede que Stalin y algunos altos dirigentes de la internacional comunista agradecieran el golpe de Casado, pero la masa de militantes comunistas se mantuvo leal y defendió la legalidad. Negrín conservaba toda la legalidad democrática, de hecho era la mayor autoridad legal que quedaba en el territorio de la Republica. La decisión de rendir la República no le correspondía a Casado y compañía. Los contactos con la quinta columna franquista y las conversaciones con los rebeldes para acordar las condiciones de la rendición, por parte de  oficiales del Estado Mayor del Ejército del Centro fueron ilegales y por tanto son traición, independientemente de su "buena fe". En ningún caso esta rendición sin condiciones fue beneficiosa para la población del territorio republicano y mucho menos para soldados, oficiales y militantes republicanos.

  6. La flota republicana fue arrinconada (que no derrotada) por la intervención conjunta de las marinas alemana e italiana y su mala situación estratégica. La disposición táctica de protección de convoyes fue correcta. Sufrió graves problemas de quintacolumnismo y desmoralización, como todas las fuerzas armadas republicanas hacia el final de la guerra, si exceptuamos a las fuerzas aéreas.

  7. Negrín era un socialista moderado, conocía la situación en que se encontraba la República y sabía que la única estrategia pasaba por un alto el fuego o por conservar el territorio hasta el estallido de la guerra mundial. Ambas posibilidades pasaban por resistir a toda costa. Sus gobiernos fueron competentes e hicieron lo que tenían que hacer, y lo hicieron bien. Otra cosa es que la República no tuviera posibilidades de vencer en la  guerra, desde el momento en que Francia e Inglaterra no ayudaron a la República, y Alemania e Italia si ayudaron a los rebeldes. En cuanto a su vida personal, y todas las demás descalificaciones que se le suelen hacer, además de falsas, son irrelevantes para estudiar sus hechos políticos. El cuerpo de Carabineros permaneció, en términos generales leal a la República, en una situación política en la que partidos y sindicatos poseían sus propias fuerzas armadas y cuya política general solía ser cuanto menos gobierno, mejor, la potenciación de una fuerza de orden público leal al gobierno nos parece elemental, más si como ocurrió, las fuerzas de Carabineros engrosaron el EP distinguiéndose en muchas ocasiones por su disciplina y coraje. Si hubieran sido la guardia de corps de Negrín, una fuerza tan formidable como dicen, se lo hubieran puesto más difícil a Casado.

Todas estas consideraciones han sido ya enunciadas así o en términos muy parejos por historiadores profesionales, nosotros los traeremos a colación en distintas partes de este trabajo para demostrar estas afirmaciones.

Grupo Memoria Republicana.