S.B.H.A.C.

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1.1- Galería de políticos republicanos en la GCE

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De Gabriela Abad Miró A Fernández Montesinos (122)

Gabriela Abad Miró.

Nacida en Alcoi, en 1913; fallecida en México (D.F.) en 1941. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Madrid. Dirigente de las Juventudes Comunistas del PCE y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Militante del PCE, responsable de política de acción social del Comité de Madrid. Responsable de Acción Social del 5º Regimiento (1936-1937). Responsable de Acción Social del Socorro Rojo Internacional en Madrid (1938 - 1939). Secretaria del Comité del campo de Internamiento de Chateaubriad (Francia) en 1939. Amiga y colaboradora de Tina Monotti, responsable en España del Socorro Rojo Internacional y compañera de Vittorio Vidali (Comandante Carlos Contreras, comisario político del 5º Regimiento) En 1939 se exilió a México, donde murió de septicemia dos años después.

Fuente: Familia Abad Miró. Alcoy (País Valencia)

Mario Abad Gutiérrez

Poco sabemos de este miembro de las Milicias de Retaguardia de Madrid. Parece que fue Maestro Nacional pues pertenecía a la F.E.T.E. (Trabajadores de la Enseñanza) y concretamente a las milicias que esta organización creó en el verano de 1936. Fue procesado en rebeldía por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo en 1944 y declarado en rebeldía.

Diego Abad de Santillán (Sinesio García Delgado)

Destacado dirigente anarcosindicalista, nacido en un pueblo de León, de donde, en su niñez, emigró con su familia la República Argentina. En 1913 regresó solo a España para estudiar el bachillerato, que cursó en dos años y medio, matriculándose después en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Cuatro años después, y con el fin de eludir el servicio militar, volvió a emigrar a Argentina, donde ingresó como redactor en el periódico anarquista, La Protesta. En 1922 se trasladó a Berlín como corresponsal de dicha publicación, contrayendo matrimonio con la hija de Fritz Katar, uno de los líderes más cualificados del movimiento ácrata alemán. Poco tiempo después retornó a Argentina, viéndose obligado a buscar refugio en Uruguay por haberse opuesto al golpe de estado del general José Félix Uriburu. En 1931 volvió de nuevo a España, y tomó parte en el congreso extraordinario de la CNT que se celebró en Madrid. Tres años más tarde se instaló en Barcelona, donde trabajó como redactor del diario Solidaridad Obrera, dirigió el semanario Tierra y Libertad, fundó la revista Tiempos Nuevos y trabó estrecha amistad con los hombres más representativos del anarquismo: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Juan García Oliver. En la noche del 18 al 19 de julio de 1936 se hallaba en Barcelona, y se presentó, junto con otros dirigentes de la misma ideología, a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña, demandando la inmediata entrega de armas para los voluntarios anarquistas. Pocos días después, y en representación de la FAI, formó parte del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, verdadero y único gobierno de Barcelona durante los primeros días de la guerra civil. Designado consejero de Economía de la citada Generalidad, patrocinó y financió el Batallón de la «Muerte» y convenció al citado Durruti para que no asaltase el Banco de España, de Barcelona, operación que este último tenía proyectada. Durante los sucesos acaecidos en dicha ciudad en mayo de 1937 volcó todo su prestigio y prestó una eficaz colaboración al restablecimiento de la normalidad, lo cual le obligó a renunciar a algunos de sus ideales y deseos. Poco a poco fue distanciándose de la política, limitando su quehacer a la dirección de la revista Timón, desde la cual criticó duramente la actuación del Gobierno. Al finalizar la campaña de Cataluña (enero de 1939) se exilió a Francia y, posteriormente, a Buenos Aires. Regresó a España en 1976. Autor, entre otras obras, de Psicología del pueblo español, La revolución y la guerra de España (publicada en Barcelona en plena guerra civil), Por qué perdimos la guerra (llevada al cine en colaboración con Luis Galindo), Contribución a la historia del movimiento obrero español, De Alfonso XII a Franco y Memorias 1897-1936 (Ed. Planeta, Barcelona, 1977). Fue, además, el compilador de la Gran Enciclopedia Argentina (obra compuesta en ocho tomos).

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Nota de M.B.-  Abad de Santillan fue uno de los mayores y más injustos detractores de Juan Negrín y propició varios falsos mitos sobre su gobierno.

Amós Acero Pérez

(Toledo 1893-Madrid 1941). Diputado socialista, colaborador de El Socialista y alcalde de Vallecas desde 1931 a 1939. Estudió Magisterio en la Escuela Normal de Madrid y dio clases gratuitas a muchos niños del barrio y a personas mayores. Salió para Alicante en compañía de Carlos Rubiera y su familia. Fue detenido y procesado, acusándosele de pertenecer a la checa que funcionaba en la Casa del Pueblo de Vallecas y de ser defensor de «la resistencia a toda costa», de carecer de ideas religiosas y de hacer burla y escarnio de la fe católica. Estuvo en la cárcel de Porlier y fue ejecutado en el Cementerio del Este (hoy de la Almudena) el 16 de mayo de 1941.

 

 

Aguirre con curas vascos. El del centro fue fusilado por los franquistas, pero ignoramos su nombre.

José Adarraga Larburu.

(1881-1936) Sacerdote guipuzcoano destinado en Hernani que al estallar la guerra civil prestó apoyo al gobierno autónomo del País Vasco. Hecho prisionero por los rebeldes y conducido a Ondarreta (San Sebastián) fue juzgado por un consejo de guerra, el cual le condenó a muerte y ordenó su ejecución.

Ángel Agirretxe Goikoetxea

Nacionalista vasco, fue director de la revista Jagi-jagi del movimiento mendigoxale (montañeros), que eran la expresión social del nacionalismo independentista escindido del PNV. Fue el primer comandante del batallón “Lenago il” (Antes morir), y durante la II Guerra Mundial comandante médico de las Fuerzas de la Francia Libre. En la foto es el de la derecha, el de la izquierda es Luis Arana, hermano de Sabino y fundador del PNV, y el del centro es Lezo de Urreiztiteta.

Fuente: Felipe Peña

Juan María Aguilar Calvo

(1889-1948) Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, elegido en 1936 diputado a Cortes por dicha ciudad (Izquierda Republicana). Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa gubernamental, exiliándose a Panamá al finalizar la contienda, donde fue profesor de la Universidad Nacional y en cuyo país residió hasta su fallecimiento.

José Antonio Aguirre Lecube

(1904-1960). Abogado —experto en temas municipales—, empresario y jugador de fútbol del Athletic de Bilbao. «Joven, elegante, amable: por su aspecto parece un artista, pero su especialidad es la producción de chocolate», lo describe Koltsov, en su Diario de la guerra de España, aludiendo, sin duda, a los negocios a que se dedicaba su acomodada familia, vinculada al carlismo por tradición. Organizador y presidente de las Juventudes Católicas bilbaínas, hizo suyo el lema «Dios y la Ley Vieja». Al advenir la República se convirtió en el máximo exponente del nacionalismo vasco, que él mismo definió como una agrupación de «católicos viriles e íntegros»; hizo causa común con los carlistas y formó en las filas de la oposición al Gobierno en el bloque vasconavarro. Sin embargo, con el tiempo fue rompiendo con sus antecedentes pro monárquicos hasta convertirse en un decidido partidario de una república vasca dentro de una federación de repúblicas españolas. Promotor, con otros de sus correligionarios, de la asamblea de Estella, celebrada el 14 de junio de 1931, en la que se aprobó un proyecto de Estatuto que, según Indalecio Prieto, constituía un intento de convertir el País Vasco en un «Gibraltar vaticanista». Diputado en las Cortes constituyentes por Navarra, en representación del Partido Vasconavarro; reelegido en 1933 y 1936 por la provincia de Vizcaya (Partido Nacionalista Vasco). En 1933, tras el triunfo electoral de las derechas y ante el temor de que la aprobación del Estatuto se estancara, buscó apoyo en las izquierdas, lo cual justifica, en gran parte, su alineación posterior. Fracasada la sublevación militar en Vizcaya y en Guipúzcoa en julio de 1936, se prestó a colaborar con el Gobierno formado por Largo Caballero —en el que figuró un representante del  nacionalismo vasco— a cambio de que el Estatuto autonómico se convirtiera en una realidad. Efectivamente, por ley de 1.0 de octubre de 1936, promulgada el día 4 del mismo mes y año, «Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se constituían en región autónoma dentro del Estado Español, adoptando la denominación de País Vasco». El 7 de octubre, antes de que la Gaceta de Madrid publicara el Estatuto, Aguirre era elegido presidente del Gobierno provisional del nuevo país autónomo. Poco tiempo después, y ante los continuos descalabros sufridos por las tropas republicanas en el frente del Norte, puso especial empeño en organizar un ejército propiamente vasco, del que se nombró jefe supremo —de ahí el apodo que le dieron de Napoleontxu—, a pesar de lo cual no consiguió mejorar la situación. De igual modo procedió respecto a la Marina, creando una Armada de emergencia, consistente en artillar cuatro grandes barcos bacaladeros, los cuales se comportarían con más coraje que las Fuerzas Navales del Cantábrico que dejó Prieto. «Hablar del Ejército del Norte —escribe Dolores Ibárruri en El único camino— era un eufemismo. Había las milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco, que en general actuaban cada una con sus propios mandos... No se toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la República...» «Todas las cuestiones vinculadas con la guerra —pone Dolores Ibárruri en boca de José Antonio Aguirre—, relativas a la utilización de los efectivos humanos y de los recursos materiales en el territorio de Euzkadi, a excepción de la dirección de las operaciones militares, son competencia directa del Gobierno de Euzkadi y de su ministro de la Guerra.» Tras la caída de Bilbao en manos de los nacionalistas, Aguirre se retiró a Santander, y ante la gravedad de la situación, el Gobierno vasco hizo algunas gestiones oficiosas para llegar a una paz pactada con los nacionalistas, pero ninguna de tales gestiones dio resultado positivo. Con la pérdida de Santander se derrumbó definitivamente el frente del Norte. Aguirre escapó milagrosamente a Francia, y de allí pasó a Barcelona, donde pretendió el traslado de las tropas vascas al frente catalano-aragonés para, con ellas, atacar Navarra, pero no consiguió que el Gobierno republicano prestara atención a su demanda. Al finalizar la guerra en Cataluña se refugió en Francia. Buscado por la policía alemana cuando los ejércitos de Hitler ocuparon este último país, consiguió despistarla huyendo a Berlín. De allí pasó a Estados Unidos, donde es nombrado profesor de Historia de la Universidad de Columbia. Terminada la segunda guerra mundial, regresó a Francia, donde se ocupó, hasta su muerte, de la reorganización del Gobierno vasco en el exilio. Es autor, entre otras obras, de Entre la libertad y la revolución, 1930-1935 (1935) y De Guernica a Nueva York pasando por Berlín (1944).

 Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Artemi Aiguader i Miró

(1889-1946). Político catalán, afiliado a Esquerra Republicana de Catalunya, que durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana. Miembro del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fue más tarde consejero de Seguridad Interior del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, hasta que, en mayo de 1937, cesó en dicho cargo como consecuencia de los sucesos acaecidos en Barcelona en los primeros días de dicho mes. Al término de la contienda se exilió a Francia y, posteriormente, a México, donde falleció.

Jaume Aiguader i Miró

(1882-1943). Hermano del anterior. Político, médico y periodista catalán, afiliado, primeramente, a la Unió Socialista de Catalunya y, después, a Estat Catalá, que demostró gran preocupación por los problemas sociales de la época y tuvo estrecha relación con sindica-listas de cierto renombre, como Salvador Seguí y Francisco Layret. Perseguido por la dictadura del general Primo de Rivera, asistió, en representación del citado Estat Catalá, al acto que en agosto de 1930 culminó con la firma del Pacto de San Sebastián. Diputado a Cortes por Barcelona en 1931, 1933 y 1936 (Esquerra Republicana de Catalunya), y alcalde de  Barcelona en 1933, al iniciarse la guerra civil prestó incondicionalmente apoyo al bando gubernamental, siendo nombrado ministro sin cartera en noviembre de 1936, en un gabinete presidido por Francisco Largo Caballero, y más tarde, en otros dos presididos por Juan Negrín, ministro de Trabajo y Asistencia Social, dimitiendo su cargo, en la última ocasión, por no prestar su conformidad a algunos decretos dictados por el Gobierno que, en su opinión, recortaban los poderes de la Generalidad de Cataluña. Poco antes de que acabase la contienda se exilió a Francia y, posteriormente, a México, donde falleció. Autor, entre otros libros, de Cataluña y la revolución, publicado en 1932.

Gregorio Aineto Bosque

Afiliado a Izquierda Republica y viajante de comercio, se integró en las Milicias de Carabanchel alcanzando el grado de capitán de milicias. Fue de tenido al final de la guerra y tras pasar por varias prisiones salió en libertad condicional. Posteriormente fue condenado a doce años que quedaron en prisión domiciliaría, siendo indultado en 1949.

Felipe Alaiz

Este periodista nació en 1887 en un pueblo de Huesca (Belver de Cinca). De padre militar que quería carrera ídem para su vástago. Como el padre murió a tierna edad de nuestro protagonista, Felipe pudo dedicarse a lo que le gustaba, el periodismo. Estudió en Huesca y Lérida donde tomó contacto con otras mentes inquietas como Ramón Acín, Joaquín Maurín, Sender, Samblancat, y el particular Gil Bel, alrededor de un semanario radical denominado Talión que al parecer fue la vanguardia revolucionaria de toda la zona en los primeros años de la Gran Guerra y que precedieron a la Gran Huelga General Revolucionaria de 1917. De vida bohemia e ideas anarquistas, abandonó los estudios se dedicó a colaborar con cabeceras radicales locales, aunque también colaboraba en El Sol. En este despreocupado camino, Alaiz vivió en Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Madrid y hasta París. El periódico dónde más trabajó fue Solidaridad Obrera. Naturalmente, acabó con sus huesos en la cárcel en más de una ocasión como le pasaba a todos los periodistas anarquistas al uso. En 1930 ya era director de Tierra y Libertad (el órgano de la FAI) y en 1931 de Solidaridad Obrera, cabecera en la que fundamentó principalmente su carrera periodística. Al estallido de la guerra, radical como era, se opuso a que la CNT participará en gobiernos "burgueses", motivo por el cual se exilió a Lérida, donde no obstante siguió con el oficio en el periódico Acracia. Al final de la guerra pasó a Francia y con la llegada de los alemanes, Vichy lo metió en un campo de concentración. Pasó sus últimos años en París en mala situación económica. Falleció en 1959. Fue autor de varios relatos cortos y una novela larga "Quimet" que publicó en la editorial de Federico Urales.

Años de cárcel...

Manuel Albar

Dirigente socialista miembro de la comisión Ejecutiva del POSE, que durante la guerra civil trabajó a las órdenes directas de Indalecio Prieto Tuero, de que era ferviente admirador, cuando éste desempeñaba la cartera de Defensa, coordinando una serie de agencias de noticias y sustituyendo en ocasiones a Julián Zugazagoitia en la dirección del periódico El Socialista.

Francisco Albert Reigada

De una familia gallega afincada en Madrid. Era del gremio confitero. Se alistó en la Brigada Atadell de las Milicias Populares de Investigación, donde oficiaba de cocinero en el local donde se acuartelaba la Brigada. Pasó luego al Comité Provincial de Investigación Pública, y a la huida de Atadelll, fue alistado a las Milicias de Vigilancia de Retaguardia y posteriormente al Servicio de Inteligencia/Información Militar (SIM). Reigada puede decirse que hizo todo el recorrido de los organismos de represión republicanos en Madrid. No pudo huir, aunque probablemente lo intento por Alicante. Detenido, fue acusado de decenas de muertes. Los franquistas consideraban viles asesinatos el que la Republica fusilara a traidores, espías y saboteadores de la quinta columna. Esta consideración no se le aplicaban a sí mismos. Reigada fue fusilado contra las tapias del cementerio del Este el 13 de julio de 1940. Dos de sus hermanos, comisarios del Ejército Popular, Mariano y Jesús habían sido fusilados semanas antes en el mismo lugar.

Gervasio Albisu Vidaur.

(1871-1936). Coadjutor de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora en Rentería (Guipúzcoa) que durante la guerra civil prestó apoyo al Gobierno autónomo del País Vasco. Hecho prisionero por los nacionalistas a las pocas semanas de producirse el alzamiento, fue acusado de separatismo, lo cual, al parecer, fue motivo suficiente para que la autoridad militar ordenase su inmediato fusilamiento sin previa formación de causa, no obstante la fama que gozaba de ser un sacerdote ejemplar.

Álvaro de Albornoz y Liminiana.

Gordón Ordax, Indalecio Prieto y Álvaro de Albornoz

(1878-1954). Abogado asturiano afiliado al partido Republicano Radical, por cuya organización política fue diputado a Cortes en la monarquía de Alfonso XIII. Perseguido por sus ideas políticas durante la dictadura del general Primo de Rivera, en 1929 fundó, junto con Marcelino Domingo, el Partido Radical Socialista. Autor de algunos libros, entre los que destaca el ensayo titulado El partido republicano, y colaborador de la prensa diaria de mayor circulación: La libertad, El liberal, etc. En agosto de 1930 suscribió, con otros políticos, el llamado Pacto de San Sebastián; formó parte, a continuación, del comité revolucionario que preparó el advenimiento de la República, motivo por el cual fue reducido a prisión en unión de otros firmantes del mencionado pacto. Ministro de Fomento en los gobiernos provisionales de la República presididos por Alcalá-Zamora y Manuel Azaña. Más tarde, ministro de Justicia en un gabinete presidido por el citado Azaña. Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales. Diputado por Oviedo en las Cortes constituyentes (Partido Radical Socialista). Reelegido, también por Oviedo, en las elecciones de 1936 (independiente). El mismo día que estalló la guerra civil fue nombrado embajador de España en Francia, donde gestionó, con escaso éxito, la ayuda de este último país al Gobierno republicano. Al terminar la contienda se exilió a México, donde falleció. Había presidido uno de los gobiernos republicanos en el exilio y desarrollado una gran actividad internacional contra el régimen franquista, formando parte de la Junta Española de Liberación. En 1941 fue condenado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo "como convicto de pertenecer a la Secta."

José Alcalá-Zamora y Castillo

En la imagen, José Alcalá-Zamora, con Pasionaria, tras ingresar en el Partido Comunista a principios de 1937

(1914-1938). Hijo de Niceto Alcalá-Zamora y Torres —primer presidente de la II República española— y miembro del Comité Nacional de la FUE. Al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, de regreso de un largo viaje que en unión de sus padres e hermanos habla realizado por el norte de Europa, de donde se trasladó inmediatamente a España y se enroló en el ejército republicano, formando parte del cual tomó parte en las operaciones que tuvieron por escenario las proximidades de Madrid (Villaverde, Cuesta de las Perdices, Cerro de los Ángeles, Jarama, etc.) y alcanzando el grado de teniente en campaña del Ejército Popular de la República, tras pasar por la academia correspondiente. En marzo de 1937, hallándose en el frente de Guadalajara como oficial de la 11 División, mandada por Enrique Líster, dirigió una carta pública al citado padre en la que, entre otras cosas, le decía: Yo soy feliz luchando en las filas del Ejército Popular; lo soy porque cumplo con mi deber de español. Todos los que abandonen España, los que tacita o expresamente acuden a los invasores, máxime cuando han ocupado puestos tan altos como el de presidente de la Republica, no tienen derecho en este momento histórico a llamarse españoles. Hoy mas que nunca, estoy seguro de la victoria del pueblo español, que no sólo será la victoria de España, sino también la victoria de la democracia universal.» Un año después falleció en Valencia, a consecuencia de una enfermedad.

Luis Alcalá-Zamora y Castillo

(1912) Hermano del anterior. Al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, de donde regresó a España para incorporarse al ejército republicano, en el que, tras una corta permanencia en el frente de Madrid, fue elegido para asistir a la Escuela Popular de Guerra de Paterna (Valencia), en la cual se graduó como teniente en campaña; posteriormente intervino en las operaciones de Teruel y Cataluña. Finalizada la contienda se refugió en Francia, donde fue internado en un campo de concentración. En 1942 consiguió marcharse a Argentina, donde fijó su residencia.

Niceto Alcalá-Zamora y Castillo

(1906-1985). Primer hijo de Niceto Alcalá-Zamora y Torres. Catedrático de Derecho Procesal, al estallar la guerra civil se hallaba en Francia, donde optó por exiliarse y no participar en la contienda. Poco tiempo después se trasladó a Argentina y, posteriormente, a México, en cuya Universidad fue profesor durante muchos años y  recibió el titulo de investigador emérito de dicho centro docente. En 1946, junto con Alicio Garcitoral y Guillermo Cabanellas suscribió un llamamiento de concordia a los españoles, propugnando la apertura de un frente que condujera al establecimiento de la III República española, llamamiento que tuvo escaso eco en España y fuera de ella. Autor de numerosos trabajos de carácter jurídico y presidente del Instituto de Derecho Procesal Iberoamericano. Tras la muerte del general Franco regresó a España, fijando su residencia en Madrid, donde falleció.

Niceto Alcalá-Zamora y Torres.

(1877-1949). Abogado. Miembro, desde su primera juventud, del Partido Liberal Monárquico. Letrado del Consejo de Estado. Profesor auxiliar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid. Durante muchos años, diputado a Cortes por el distrito de La Carolina (Jaén). "Cacique contumaz", según lo definió Mella. Llamado, despectivamente, el Botas, por usar habitualmente este tipo de calzado. Director general de Administración Local. Subsecretario de Gobernación. Ministro de Fomento. Representante de España en la Sociedad de Naciones. Ministro de la Guerra. Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación v miembro de la Real Academia Española. Transigió, en un principio, con la dictadura del general Primo de Rivera, aunque, puco tiempo después de caer ésta, en un discurso pronunciado en Valencia (abril de 1930) se declaró abiertamente republicano, suscribiendo el llamado Pacto de San Sebastián en representación de la Derecha Liberal Republicana, lo que influiría no poco para que, en abril de 1931, muchos elementos burgueses y conservadores votasen a favor de la República. A finales de 1930, siendo presidente del comité que preparaba el advenimiento del nuevo régimen conocido por el nombre de Comité Revolucionario— fue detenido y encarcelado, siendo condenado, junto con otros prohombres republicanos, a seis meses de prisión, aun-que todos los encausados fueron puestos en libertad en el momento mismo en que concluyó el juicio. Al proclamarse la República, en abril de 1931, fue elegido presidente del Gobierno provisional —Gobierno que asumió todos los poderes del Estado tras la huida de Alfonso X111—, puesto del que dimitió al discutirse en el Congreso de los Diputados el articulo 27 de la Constitución, que prohibía que las órdenes religiosas se dedicasen a la enseñanza, autorizaba la nacionalización de los bienes de dichas órdenes y acordaba la disolución de la Compañía de Jesús y la expulsión de sus miembros, todo lo cual pugnaba con su condición de católico convencido y practicante. En diciembre del mismo año, dos días después de haberse aprobado la Constitución —que, en su articulado, recogía todos aquellos principios que tanto le contrariaron mientras se discutían en el Parlamento—, fue elegido primer presidente de la II República española, cargo del que fue depuesto por las Cortes el 7 de abril de 1936, tras ser acusado de haber rebasado las facultades que la Constitución confería al jefe del Estado.  Al estallar la guerra civil se hallaba en el extranjero realizando un viaje de recreo en unión de su familia, y optó por no regresar a España ni apoyar a ninguno de los dos bandos contendientes, no conociéndosele otra intervención política durante la contienda que la de demandar a su consuegro, el general Queipo de Llano, que interviniese en favor del general Batet, condenado a muerte por los nacionalistas y ejecutado poco tiempo después. Al final de su citado viaje vivió algún tiempo en París, Pau y Marsella, en cuyo puerto se embarcó, ya en plena segunda guerra mundial, con rumbo a Buenos Aires, adonde llegó 236 días después, y en cuya ciudad residió hasta su fallecimiento. Tras la restauración de la monarquía en la persona de Juan Carlos I, sus restos mortales fueron trasladados a España. Durante su estancia en la República Argentina, que se desenvolvió en un ambiente rayano en la pobreza, desarrolló una callada labor intelectual, pronunciando conferencias v colaborando en los periódicos y revistas de mayor circulación de Buenos Aires. Autor de numerosos libros sobre cuestiones jurídicas y otros diversos temas, entre los que cabe señalar El Poder en los Estados de la Reconquista, Los intentos del pacifismo contemporáneo, El Derecho y sus colindancias en el teatro de D. Juan Ruiz de Alarcón, Reflexiones sobre las Leyes de Indias, Régimen político de connivencia en España, La oratoria española, Figuras y rasgos, El pensamiento de «El Quijote» visto por un abogado, Dudas y ternas gramaticales, La guerra civil ante el Derecho Internacional, Los protagonistas en la vida y en el arte, etc. Autor, asimismo, de un libro titulado Memorias (Segundo texto de mis Memorias) las primeras, según testimonio del propio Alcalá-Zamora, le fueron sustraídas durante la guerra civil por orden de las autoridades republicanas (Largo Caballero, Ángel Galarza y Santiago Carrillo, entre otros) de la caja de un banco en el que se hallaban depositadas, publicadas por Ed. Planeta, S. A., Barcelona, 1977. Miembro de la Real Academia Española.

Alcalá Zamora con sus compañeros del Gobierno Provisional en abril de 1931

Sentados, Alvaro de Albornoz, Victoria Kent y Alcala-Zamora. Detrás Largo Caballero, Jiménez de Asúa y Álvarez del Vayo, en Madrid en 1932.

Mariano Aldabe

Era redactor de Castilla Libre y sólo sabemos que fue condenado a muerte y posteriormente conmutada la pena por treinta años. (1)

(1) Hay un Mariano Aldabe Molina, de profesión pescador y natural de Pamplona que fue fusilado por los franquistas el 2 de diciembre de 1936.

Bruno Alonso González.

(1888-?). Político socialista —amigo personal de Indalecio Prieto—, elegido diputado a Cortes por el PSOE en 1931, 1933 y 1936 (Santander). Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana, siendo designado, a finales de 1936, Comisario General de la flota, cargo que desempeñó hasta que finalizó la contienda. A lo largo de su mandato, y a falta de otros aciertos —era lego en cuestiones navales—, consiguió reimplantar la disciplina en la Marina republicana, muy relajada desde los primeros momentos del conflicto. En los últimos días de la citada guerra desempeñó un importante papel en la decisión unilateral de internar dicha flota en el puerto de Bizerta (Túnez) dejando sin escapatoria a miles de cuadros republicanos (aunque las tripulaciones embarcaron sus familias). A continuación se exilió a México, donde escribió algunos libros sobre temas de historia española contemporánea: La Flota republicana en la guerra civil española (Memorias de su comisario general), Imp. Gratos, México, 1944; El proletariado militante, Casa Ramírez, México, 1957; Los últimos momentos de la guerra civil de España, Revista Mundo, México, 1943; etc.

José Alonso Mallol.

Alicantino y militante de Izquierda Republicana con gran protagonismo en la política nacional. Durante el gobierno provisional en 1931 fue nombrado gobernador civil de Asturias y de Sevilla donde se mantuvo firme contra todo extremismo que pusiera en cuestión la actividad gubernamental. Con la llegada del gobierno del Frente Popular en febrero de 1936, fue nombrado Director General de Seguridad en sustitución del general Mola. Era muy consciente, al contrario que los dirigentes de su partido, de los terribles peligros que acechaban a la II República, y ordenó por su cuenta, escuchas telefónicas en los domicilios, cuarteles e instalaciones de todo tipo, donde medraban los golpistas. En mayo de 1936 se entrevistó con Azaña y con Casares Quiroga, máximas autoridades republicanas, y les mostró las transcripciones de cientos de conversaciones que implicaban en la conspiración a más de medio millar de derechistas, militares, religiosos y demás. Azaña y Casares valoraron las informaciones, pero con la cabeza puesta en la Sanjurjada que tan fácil se reprimió, y pensando en las dificultades y brutales reacciones de la vociferante y poderosísima derecha, decidieron esperar acontecimientos, para desesperación de Mallol, que sabía muy bien lo que se tramaba. Ya con la rebelión y en el gobierno Giral, no quiso seguir en el puesto de Director General de Seguridad, horrorizado por la represión de derechistas, y Giral accedió a encomendarle una misión en el Norte de África, para impedir internacionalmente a los militares rebeldes, reclutar mercenarios marroquíes. Siendo imposible esta misión se exilió en Francia y trabajo para los Aliados en la Francia ocupada, poniéndose al servicio de la JARE (Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles, patrocinada por Indalecio Prieto en la que participaron todos los partidos republicanos en el exilio, excepto el PCE y el PNV). Mallol pudo salvar a más de 4000 republicanos y enviarlos al exilio. Él mismo partió para Méjico, no dejando nunca de militar en el antifranquismo. Mallol representa al cuadro republicano consciente, realista y democrático que no duda en emplear todos los medios legales en la defensa del estado de derecho, pero que sucumbe ante la irreal visión de los dirigentes políticos. Como dice su biógrafo Pedro Luis Angosto, Mallol fue el hombre que pudo salvar la República si los líderes de Izquierda republicana, principalmente Azaña, hubieran tenido más bemoles.

Plácido Álvarez-Buylla y Lozano.

Asturiano nacido en 1885. Diplomático y político republicano afiliado a Unión Republicana que durante la monarquía de Alfonso XIII desempeñó diversos puestos en el extranjero. Al proclamarse la República fue nombrado director general de Marruecos y Colonias, cesando en dicho cargo tras el triunfo electoral de las derechas, en 1933. Ministro de Industria y Comercio en sendos gabinetes presididos por Manuel Azaña, Diego Martínez Barrio y José Gira]. Durante la guerra civil volvió a la carrera diplomática, desempeñando el cargo de embajador de la República en Uruguay y en Francia. Falleció en París antes de que concluyese la contienda.

Santiago Álvarez Gómez

Había nacido en Orense y organizado sindicatos y participado en actividades de izquierdas antes de cumplir los veinte años, transcurriendo un breve período en la URSS. Al principio de la guerra fue comisario de las Milicias gallegas y más tarde comisario de la 1ª Brigada, la 11 División y el V Cuerpo, acompañando a Líster, que estaba al frente de esas unidades. Incluso Castro Delgado, normalmente hostil, comenta de mala gana a este respecto: "No era malo cuando Líster no estaba delante". Cuando el Ejército de Cataluña pasó a Francia en 1939, se le ordenó permanecer en Francia para facilitar la repatriación de militantes. Marchó a Rusia, y después a América latina, regresando a Europa después de la guerra y fue capturado en España, siendo condenado a una larga pena de cárcel. Fue un escritor muy prolífico, siempre en la línea de defensa del Partido Comunista y aportando buena información de hechos y situaciones.

 


Necrológica publicada en el País de 1 de mayo de 2002 de Santiago Álvarez:

Con Santiago Álvarez, fallecido anteayer en un hospital madrileño a consecuencia de una neumonía, desaparece uno de los grandes luchadores antifascistas del siglo XX europeo. Nacido en San Miguel de Outeiro (Valdeorras, Ourense) el 11 de febrero de 1913, desde muy joven estuvo con todos los intelectuales que vinieron al mundo no sólo para estudiarlo, sino también para transformarlo. Con pocos y pobres estudios primarios, Santiago Álvarez, llevado de su curiosidad intelectual, siempre alerta, percibió ya a los 18 años que la República de 1931 era el régimen político más idóneo para luchar contra los privilegios que la Monarquía defendía, y no tardó en percibir -intuición de humillado lúcido- que el socialismo (el socialismo sin adjetivos, salvo los humanistas) era la única música moral concorde con la causa universal del progreso. Ya en el verano de 1936, días después de la gran sublevación reaccionaria, Santiago Álvarez, con la entusiasta colaboración del diputado galleguista Castelao, organiza las Milicias Populares Gallegas, constituidas, en parte, por campesinos gallegos que habían ido a Castilla a segar trigo ajeno. Castelao y Álvarez les hicieron ver, con su oratoria, simple y rigurosa a la vez, que la causa de aquellos humildes segadores era la de la República del Frente Popular. Estamos convencidos de que, de conservarse aquellas alocuciones, constituirían, como piezas "literarias", un capítulo del discurso universal contra la injusticia. Santiago Álvarez, campesino y segador en su primera juventud, fue, en la guerra de España, muy joven, un comisario político querido por muchos y respetado por casi todos. Ya en el exilio trabajó por la causa comunista en Francia, Cuba y otros países. En 1945, clandestino en Madrid, cae en las garras de la policía de Franco. No hay hipérbole: aún hoy los calabozos de la Dirección General de Seguridad recuerdan el horror de la tortura infligida a Santiago Álvarez durante tres días y tres noches. No cantó. Ya en la prisión de Logroño, estuvo aislado en celda -la número 8- de 1946 a 1951, situación inhumana que no le enloqueció ni le rompió, porque, consciente del peligro, se sometió a un régimen severo de lecturas, todas las que eran posibles en el duro sistema penitenciario franquista. Lector de Cervantes y de Homero, de algunas obras de Shakespeare y de todo Fray Luis de León, era un gozo oírlo hablar del Quijote, de Tirso de Molina o de la Historia de España de Rafael Altamira, que fueron sus universidades en la celda número 8 de la prisión de Logroño, y también su salvación... Santiago Álvarez fue, desde su fundación en 1968, secretario general del Partido Comunista de Galicia. En los últimos 15 años, este luchador, este revolucionario, se dedicó, no a hacer la historia -consciente del paréntesis en que estamos-, sino a escribirla. Ahí están, entre otros estudios y libros, los seis volúmenes de sus memorias (Ediciós do Castro), fundamentales para entender el proceso político español de 1931 a 1980. Páginas hay que fueron escritas por quien no es ajeno al ejercicio literario. Sus cenizas laicas serán enterradas en Madrid hoy, día 1 de mayo de 2002, en su día.

XESÚS ALONSO MONTERO, catedrático de Lengua y Literatura Gallega.

Segismundo ("Segis") Álvarez.

Mecánico, dirigente de las Juventudes Comunistas y alumno de la Escuela Leninista de Moscú en los años 30. Tras la fundación de las JSU fue elegido secretario de organización. Organizó el 13 Batallón "Pasionaria" durante los primeros compases de la guerra civil, antes de la formación del histórico 5º Regimiento. Posteriormente, se centró de nuevo en la actividad política: ingresó en el Comité Central del PCE y ascendió al Secretariado de la Internacional Juvenil Comunista. Salió de España el 24 de marzo de 1939, en la última expedición aérea, encabezada por Jesús Hernández, que abandonó el país con destino a Argelia. Tras un breve internamiento en un campo de refugiados, marchó a la URSS, donde siguió con las tareas de enlace entre las JSU y la IJC, colaborando en las emisiones de Radio España Libre y supervisando las condiciones de vida de las colonias infantiles españolas. Se alineó junto a Jesús Hernández en la lucha por la secretaría general del PCE tras la muerte de José Díaz. Ello le valió la caída en desgracia ante Dolores Ibárruri, la posterior marginación del trabajo político -quedó relegado a la función de mero bibliotecario de la Komintern- y su definitiva depuración en 1947. Depuesto de todas sus responsabilidades partidarias, fue enviado a trabajar a las cadenas de montaje de la fábrica de automóviles "Stalin", de Moscú. Retornó a España con su familia en 1971

Fuente: Fernando Hernández Sánchez

Ramón Álvarez Palomo

(Gijón, 1913-2003). Miembro de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI); secretario regional de la CNT en Asturias. León y Palencia en 1933; jugó un importante rol corno secretario del comité revolucionario de Gijón durante la Revolución de Octubre y después durante la guerra civil. En 1939 se exilo en Francia para regresar en 1976 tras la muerte de Franco. A su vuelta se hizo cargo de la CNT y fue uno de los fundadores de la Confederación General del Trabajo (CGT) tras la escisión de la CNT. "Ramonín" creció rodeado por las ideas anarcosindicalistas y se crió en la escuela neutra dirigida por Eleuterio Quintarrilla. Empezó a trabajar a los 12 años como ayudante en una farmacia y después como ayudante de panadería. Ramón Alvarez Palomo fue un hombre fundamental dentro del anarquismo asturiano y español.

Imagen: Web de Marcelino Laruelo "Asturias Republicana"

Basilio Álvarez Rodríguez

(1877-1943). Sacerdote, abogado y periodista gallego que se acreditó como un acendrado defensor del campesinado de su tierra natal, del que se convirtió en uno de sus más cualificados líderes. Fundador del diario La Zarpa de Orense y del grupo político de tendencia pro socialista Acción Gallega, que propugnaba la desaparición de los foros —contrato muy frecuente en Galicia en virtud del cual una persona cede a otra, ordinariamente por tres generaciones, el dominio útil de una cosa mediante cierto canon o pensión— y del caciquismo, la fundación de bancos y cajas de ahorros que atendieran las necesidades económicas de las gentes del campo, etc. Al advenir la República fue elegido diputado por Orense en representación del Partido Radical, siendo reelegido por los mismos partido y distrito en 1933. El 18 de julio de 1936, aunque de hecho no militaba en ninguna organización política, se puso a disposición del Gobierno republicano («lo mismo sirvo para barrendero que para gobernador de Galicia>›, dijo en aquella ocasión). Escribió una serie de artículos, publicados en la prensa argentina, cubana y estadounidense, contra los militares sublevados y en apoyo de la legalidad republicana. Murió en el exilio, en el hospital del Centro Español de Tampa (Florida).

Caricatura del cura Basilio Álvarez por Ramón Suárez Picallo

Julio Álvarez del Vayo.

(1891-1975). Político socialista que desarrolló una intensa actividad como periodista, escritor y diplomático. Hombre de sólida formación humanística —estudió en la London School of Economics y en la Universidad de Leipzig, y trabajó como traductor en EE. UU.—, fue colaborador de los más prestigiosos periódicos españoles de la época y corresponsal de prensa en diversos países europeos y americanos, lo que le brindó la oportunidad de conocer a gentes de especial significación en los campos intelectual y político: Rosa Luxemburg, Liebkneckt, Lenin, etc. Tras varios viajes a la URSS, contó sus experiencias en una serie de libros que despertaron gran interés: La nueva Rusia, La senda roja, Rusia, a los doce años, etc., en los que expuso con todo detalle los logros alcanzados por el comunismo ruso en lo que respecta a la investigación científica, las artes, el teatro, el cine, etc., sin eludir un amargo comentario sobre el «innecesario rigor de la represión» . La actividad política de Álvarez del Vayo está enmarcada por completo en el PSOE, aunque Largo Caballero —de quien Álvarez del Vayo se manifestó siempre leal seguidor— dijera de él, en un libro publicado en México en 1954, que "se titulaba socialista, pero se hallaba incondicionalmente al servicio del Partido Comunista", extremo éste que apuntan también algunos historiadores. Participó en los preparativos de la proclamación de la República y, al advenimiento de ésta, fue nombrado embajador en México, estando, además, a punto de serlo en la URSS, de cuyo Gobierno ya había recibido el placet, aunque luego se malograran las conversaciones para la apertura, por primera vez, de relaciones diplomáticas entre la República Española y la URSS. Diputado a Cortes en 1933 y en 1936 en representación del Partido Socialista por Madrid, capital, y Madrid, provincia, respectivamente. Vicepresidente de la Asociación Socialista madrileña. Patrocinador de la fusión de las juventudes socialistas con las comunistas, lo que dio lugar al nacimiento de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), de clara tendencia comunista, propugnando, además, la creación de milicias populares convenientemente armadas. En vísperas de estallar la guerra civil acompañó a Largo Caballero a Londres, formando parte de la delegación de la UGT que asistió a un congreso sindical internacional. Tras el alzamiento militar, fue nombrado ministro de Estado en el gabinete presidido por Largo Caballero, cargo que desempeñó del 5 de septiembre al 5 de noviembre de 1936, y desde esta última fecha, hasta el 18 de mayo de 1937, representando a España ante la Sociedad de Naciones en Ginebra, ante cuya asamblea pronunció una serie de discursos acusando al Comité de No Intervención de poner a la España republicana en igualdad de condiciones que a los rebeldes —lo que calificó de "monstruosidad jurídica"— y denunciando reiteradas veces la ayuda que Italia y Alemania prestaban a los alzados, pidiendo, además, que se condenara a estos países por haber reconocido el Gobierno nacionalista. Nombrado, asimismo, comisario general de Guerra —cargo que simultaneó con la cartera de Estado— participó, como miembro nato, en el Consejo Superior de Guerra, lo que le obligó a protagonizar gran parte de los acontecimientos de la época. Simpatizante, cada vez más, de los comunistas, se solidarizó con éstos en cuantas crisis se presentaron a lo largo de la guerra. Desde el 5 de mayo de 1938 hasta el final de la guerra, volvió a desempeñar el Ministerio de Estado, en el segundo gabinete presidido por Negrín, compartiendo con éste la idea de prolongar la guerra hasta que se produjera un conflicto bélico de dimensiones internacionales o, como última esperanza, hasta que pudiese garantizarse una paz sin represalias. Ante la inminente caída de Cataluña en manos de las tropas de Franco, organizó la salida de España de la mayor parte de las obras pertenecientes al Museo del Prado de Madrid, que se hallaban en Figueras, trasladándolas a Ginebra (Suiza), donde quedaron depositadas bajo la custodia del secretario general de la Sociedad de Naciones. En los últimos días de la guerra trató, junto con Negrín, de llegar a un entendimiento con los nacionalistas, valiéndose de los buenos oficios de los embajadores británico y francés, pero la operación no tuvo éxito, como tampoco lo tuvo el viaje que hizo de Madrid a París con el propósito de convencer a Azaña, todavía presidente de la República, de que regresara a Madrid, para hacer frente a los últimos acontecimientos. Tras el golpe de estado del coronel Segismundo Casado abandonó España y fijó su residencia en el extranjero, donde permaneció hasta su fallecimiento. En 1974 fue nombrado presidente del Frente Revolucionario Antifascista Patriótico (FRAP). Autor, entre otros libros políticos, de La senda roja, Las batallas de la libertad y El último optimista. los dos últimos de carácter autobiográfico, publicados en inglés.

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Juan Ambou

Cartel de Juan Ambou encabezando la candidatura del PCT en  Asturias durante las primeras elecciones libres.

Obrero ferroviario, nacido en Lérida, y presidente del sindicato ferroviario de Oviedo, que durante la revolución de Asturias de octubre de 1934 se reveló como uno de los líderes comunistas más cualificados; formó parte, posteriormente, de la delegación española que asistió al VII Congreso de la Internacional comunista y de la Internacional juvenil de dicho partido. Durante la guerra civil se alineó en el bando republicano; asumió la dirección de la Consejería de Guerra del Comité del Frente Popular de Asturias y, más tarde, la de Instrucción Pública del Consejo Interprovincial de Asturias y León. Tras el derrumbamiento del frente republicano del norte de España, consiguió huir de esta zona y reincorporarse a la España gubernamental, donde fue nombrado miembro de la comisión político-militar del Comité Central del Partido Comunista, cargo que desempeñó el resto de la contienda. Al finalizar ésta se exilió a Francia y, algún tiempo después, a Hispanoamérica. Regresó a España años después, y fijó su residencia en Oviedo. Autor de un libro titulado Los comunistas en la resistencia nacional republicana (Ed. Hispamerca, Madrid, 1978), con el que se aportan numerosos e interesantes datos sobre las campañas del País Vasco, Santander y Asturias.

Manuel Amil Barcia.

(Santiago de Compostela ? -Pontevedra 1972). Algunas fuentes escriben García como segundo apellido. De origen gallego, participó en las milicias de Cipriano Mera. Secretario de la Regional de Galicia de la CNT. Pasó muchos años en prisión. Era de temperamento sanguíneo y animoso, cualidades que le sirvieron para revitalizar la CNT clandestina durante el franquismo.

Juan Andrade.

Era miembro del minúsculo Partido Comunista Español de 1920 salido de las Juventudes Socialistas Españolas y al hilo de la revolución de octubre. En 1921, este PCE se fundió con el PCOE, dando lugar al PCE actual. Andrade dirigía La Antorcha el órgano de expresión. En la izquierda no comunista se conocía al los comunistas del PCE, como "los chinos" y a su cabecera como "El Cirio". Como Andrade viraba mucho para la izquierda, fue expulsado en 1927. Pero Juan Andrade tenía vocación y tras fundar y militar en varias organizaciones a la izquierda del PCE, terminó como socio fundador del POUM tras la fusión de la Izquierda Comunista con  el Bloque Obrero y Campesino. Como en sus tiempos de La Antorcha, Andrade pasó a redactor de La Batalla, el combativo órgano del POUM. Detenido, después de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona y juzgado. Su detención se produjo el 22 de junio de 1937 y en octubre de 1938 se celebró la vista de la causa. Andrade fue condenado pero pudo exiliarse a Francia.

Daniel Anguiano Mangado

Anguiano en 1916.Este insigne riojano fue el primer diputado socialista de su provincia, como muy bien señalan sus paisanos. Había nacido en Haro en 1882 de padre ferroviario. Estudio Peritaje Mercantil y recaló en Madrid como empleado de los Ferrocarriles del Norte. Tras un breve paso por el Partido Republicano Federal, ingresó en PSOE. Anguiano fue clave en el desarrollo de la poderosa Federación de sindicatos ferroviarios de UGT. Tanto es así que formó parte del Comité de la Huelga General Revolucionaria de agosto de 1917, sufriendo condena a Cadena Perpetua (así se las gastaba la monarquía alfonsina), junto con otros miembros de UGT, como largo Caballero, Saborit y Besteiro. También formó parte de la delegación socialista que visitó Rusia a propósito de la necesidad o no de que el Partido Socialista ingresara en la exitosa III internacional. Fernando de los Ríos, abogado y profesional de prestigio, informó negativamente, pero Anguiano, ferroviario, sindicalista y por tanto amante de una burocracia cuidadora del trabajador, informó positivamente. El caso es que el partido no ingresó en la III Internacional como todo el mundo sabe, a resultas del duro congreso de 1921. La división fue tan seria que prohombres partidarios de la III Internacional, entre los que se encontraba Anguiano, Nuñez Arenas y el famoso líder vasco Facundo Perezagua, se escindieron creando el Partido Comunista Obrero Español, que con los meses se fusionaría con el Partido Comunista Español para fundar el PCE. En los años de la III República, Anguiano estaba retirado de la política, pero al final de la guerra hubo de exiliarse a Méjico para salvar su vida.

Mariano Ansó Zungarren

 (1899-1981). Abogado y político navarro que defendió ante los tribunales de Justicia a los líderes anarquistas Juan García Oliver y Aurelio Fernández —que durante la guerra civil desempeñarían, respectivamente, la cartera de Justicia y la jefatura de los servicios de Orden Público de la Generalidad de Cataluña—, acusados de haber intentado asaltar el Banco Hispano Americano de Pamplona. Alcalde de la citada ciudad al proclamarse la República y diputado a Cortes por Navarra en 1931 (Acción Republicana) y por Guipúzcoa en 1936 (Izquierda Republicana). Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno legalmente constituido, desempeñando la subsecretaría de Justicia y, posteriormente, dicha cartera ministerial en sendos gabinetes presididos por Juan Negrín. Al finalizar la contienda se estableció en Francia y en Suiza, donde permaneció durante muchos años. Según sus propias palabras, «después de largos años de exilio, en diciembre de 1956 tuve el honor de poner en manos del Gobierno del general Franco toda la documentación relativa al depósito de oro español en Rusia». Poco tiempo después fijó su residencia en España, donde permaneció hasta su fallecimiento. Autor, entre otros trabajos, del libro titulado: Yo fui ministro de Negrín (Ed. Planeta, Barcelona, 1976).

Francisco Antón.

Militante comunista, de cuyo partido fue secretario del Comité Provincial de Madrid, que durante los primeros meses de la guerra civil tuvo una destacada actuación política a través del 5º Regimiento, participando en numerosos actos de propaganda organizados por dicha unidad. Protegido por Dolores Ibárruri se negó a ser movilizado cuando por su edad fue llamado a filas, lo que desató las iras de Indalecio Prieto, a la sazón ministro de Defensa, que lo destituyó del cargo que venia ejerciendo de comisario-inspector del frente del centro, no obstante lo cual siguió desempeñando dicho puesto. Al concluir la contienda se exilió a la URSS, donde, junto con otros prohombres comunistas, prosiguió su lucha contra el franquismo, siendo uno de los organizadores y realizadores de la emisora Radio España Independiente, Radio Pirenaica.

Nota: Francisco Antón adquirió notoriedad cuando Prieto le ordenó incorporarse con su quinta a un destino anodino. Antón que ya era Comisario en el Quinto regimiento, aunque en puridad atendía otras tareas del PCE, recibió el apoyo de Dolores Ibarruri y por ende del poderoso PCE. La Ibarruri, con quien Antón mantenía discretas relaciones sentimentales, se tomó el acto de Prieto como una ofensa personal. Prieto perdió este conflicto. Terminada la guerra, Antón emigró a la URSS y rompió con Dolores solicitando visado para Francia donde quería casarse con su novia. La Ibarruri se lo puso muy difícil y Antón estuvo a punto de tener un serio disgusto, convirtiéndose además en un marginado político. Antón era un "guapo" y también un trepa, pero no se merecía tan mal trato.

David Antona.

Albañil de profesión y líder  cenetista, de cuya organización era secretario general del Comité Nacional, que al estallar la guerra civil se hallaba preso en la cárcel Modelo de Madrid por su intervención en la dura huelga de la construcción del verano de 1936, y que el 20 de julio de 1936 fue puesto en libertad por orden del ministro de la Gobernación, general Sebastián Pozas, incorporándose acto seguido a las milicias republicanas. Tuvo una destacadísima actuación en la sofocación del alzamiento militar en Alcalá de Henares y en Guadalajara. Hacia el final de la guerra fue nombrado gobernador civil de Ciudad Real. Apresado en Alicante, fue conducido al campo de Albatera. Condenado a muerte, le será conmutada por 30 años. Pero en la prisión de Porlier, en aquellas condiciones de higiene y alimentación tan deficientes, enfermó de tuberculosis, como tantos otros presos republicanos, y pese a ser liberado en 1943, falleció de la enfermedad. Antona fue redactor de la CNT.

Graciano Antuña

Graciano Antuña Álvarez nació en 1903 en El Entrego, entonces denominado Ciaño-Santa Ana. Muy joven ingresó en las filas del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA) y formó parte como representante obrero en el consejo de la Caja Asturiana de Previsión Social. En 1932 fue elegido secretario del SOMA y en enero de 1934 presidente de la Federación Socialista Asturiana (FSA). Como representante de esta última participó en las reuniones que dieron lugar al compromiso de Alianza Obrera, firmado por él, entre otros, el 28 de marzo de 1934, y fue tesorero del Comité Ejecutivo Provincial de Alianza Obrera. Tuvo una destacada participación en la revolución de octubre de 1934, y tras su fracaso, se exilió a Francia. Fue incluido en la candidatura del Frente Popular que ganó las elecciones de febrero de 1936, y resultó elegido diputado al Congreso. Participaron en las reuniones que se celebraron en el Gobierno Civil de Oviedo una vez que llegó la noticia de la sublevación militar en África. Al producirse el levantamiento militar de la guarnición de Oviedo, encabezada por el coronel Aranda, el 19 de julio de 1936, no quiso, o no pudo, salir de la capital asturiana. Vivía en ella, con su mujer y su hijo en una pensión en la calle Posada Herrera, pero pasó esa noche en el domicilio de un conocido en la calle Matemático Pedrayes, donde fue detenido en la mañana del 20 de julio. Ingresado en la cárcel modelo de Oviedo, fue conducido a Luarca el 23 de marzo de 1937, siendo fusilado el 13 de mayo de 1937 delante de las tapias del cementerio de la villa marinera.

Fuente: Asturias 1934. P.I. Taibo II

Luis Araquistaín y Quevedo.

(1886-1959). Escritor —periodista, ensayista, novelista y dramaturgo— y político socialista que evolucionó de la social-democracia a un socialismo moderado, pasando por el revolucionarismo pro soviético y el anticomunismo. Cuñado de Julio Álvarez del Vayo, fue consejero intelectual de Francisco Largo Caballero y subsecretario de Trabajo cuando este último desempeñó dicha cartera al proclamarse la República. Elegido diputado por el Partido Socialista en las Cortes Constituyentes (Bilbao), salió reelegido por el mismo partido (Madrid, capital) en las de 1933 y 1936. Miembro de la Diputación Permanente de las Cortes en esta última legislatura y concejal del ayuntamiento de Madrid. Director del periódico Claridad, órgano de las juventudes caballeristas, publicación siempre en pugna con El Socialista, diario del ala prietista del PSOE. Embajador en Berlín. Director de Leviatán —revista de «hechos e ideas y— y de la revista España, que también había dirigido Manuel Azaña. Durante la guerra civil fue embajador en París puesto que llevaba aneja la presidencia de la comisión republicana encargada de la compra de armas en Francia—, cargo del que dimitió cuando Largo Caballero cesó como presidente del Gobierno y fue sustituido por Negrin. Autor de numerosos libros de viajes, novelas, obras escénicas, ensayos, etc., y de algunos otros relacionados más o menos directamente con la guerra española de 1936-1939: El comunismo en la guerra civil española (Imp. de Travailleurs Réunis, Carmaux, 1939), España ante la idea sociológica del Estado (UGT, París, 1953), España en el crisol (Un Estado que se disuelve y un Pueblo que renace) (Minerva, Barcelona, s.a.), La verdad sobre la intervención y la no intervención de España (Barcelona, s.a.), Mis tratos con los comunistas (Ed. de la Secretaría de Propaganda del Partido Socialista Obrero Español en Francia, Toulouse, 1939). Colaborador de los principales diarios y revistas españoles e hispanoamericanos. Al terminar la guerra se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Nota de M.B..- Araquistaín es uno de los fabuladores contra Negrín. Junto con Prieto compusieron una retahíla de falacias y calumnias contra el que había sido el más preclaro prohombre de la República en guerra. Amargaron la posguerra a Juan Negrín, ellos, que no no sólo no habían estado a la altura de las circunstancias, desde la soberbia necedad de Largo Caballero, hasta el derrotismo enfermizo de Prieto, sino que se comportaron al final de forma terriblemente desleal con los soldados y republicanos españoles, aliándose con militares republicanos traidores, anarquistas eternamente destructores de la República, y algunos socialistas, también eternamente agraviados, de despreciable deslealtad. Ellos, que al borde del apocalíptico final no tenían más emoción que aniquilar al gobierno y sus apoyos, pese a que sabían a ciencia cierta, que vencida la República, Franco los aniquilaría todos, ellos incluidos. Y que como los franquistas, para justificar lo injustificable, se inventaron miles y miles de mentiras y calumnias poniéndose en la misma posición mendaz que los propagandistas del franquismo.

Carlos Arias Esperanza

(1915-1984). Licenciado en Filosofía y Letras y político gallego, cofundador, junto con Lorenzo Varela y Angel Fole, de un movimiento político representativo de la izquierda de su región natal. Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana y participó en numerosas operaciones militares de la contienda —entre ellas, la defensa de Madrid— como oficial del ejército. Ya en la paz actuó en la clandestinidad contra el régimen franquista, siendo detenido en numerosas ocasiones.

José Joaquín Arín Oyarzábal

(1875-1936). Sacerdote vasco, cura ecónomo y arcipreste de Mondragón, de notoria y reconocida piedad, que tras la ocupación de Guipúzcoa por las tropas que mandaba el general Mola fue hecho prisionero por éstas, siendo entonces acusado de separatista, por lo que fue reducido a prisión en Ondarreta (San Sebastián), de donde fue sacado poco tiempo después y fusilado sin formación de causa, en unión de otros sacerdotes y seglares. En opinión del obispo de Vitoria, Mateo Múgica, "mejor habrían hecho Franco y sus soldados besando los pies de este venerable sacerdote, que fusilándolo".

Antonio Ariño Ramis

Apodado El Catalán. Anarquista catalán fusilado en la cárcel de Porlier junto con otros sesenta presos, entre los que se encontraban Avelino Cabrejas Platero, Fidel Losa Petit y Benigno Mancebo Martín. Activista anarquista desde su juventud, parece que fue detenido en Francia por un atraco y enviado a la Guayana de donde, dicen, consiguió fugarse. Volvió a España y militó en la CNT de Madrid. Al comienzo de la guerra se puso a las órdenes del Comité de Defensa trabajando en la represión derechista de la zona sur de Madrid y capitales cercanas, operando desde instalaciones del Puente de Vallecas. Perteneció a las Milicias de Vigilancia de Retaguardia. Al final de la guerra, como la mayoría de los cuadros y militantes madrileños del Frente Popular partió a Alicante con la esperanza de que las promesas casadistas de evacuación se cumplieran. En Alicante fue detenido y tras pasar por los campos de Albatera, fue trasladado a la carcel de Porlier, probablemente en la expedición de los 101 (los que con más urgencia querían los franquistas fusilar) y acusado de haber acabado con la vida de muchos ricos al comenzar la guerra. Fue enjuiciado en el consejo de guerra contra la checa de Bellas Artes y fusilado el 27 de abril de 1940. Eduardo de Guzmán no ofrece una semblanza muy positiva de Ariño en uno de sus testimonios. En cambio, para el republicano Régulo Martínez "era la imagen del hombre recio y noble, de cuerpo y alma enteros".

José Ariztimuño Olaso “Aitzol”

Este sacerdote natural de Tolosa desarrolló una gran actividad periodística y literaria, pertenece al igual que “Lauaxeta” al movimiento que supuso un renacimiento de las letras y la cultura vasca. Participó activamente en la organización de certámenes de poesía y de bertsolaris, siempre teniendo como objetivo la defensa de la lengua vasca, cuyo retroceso le angustiaba. Asimismo, fue un impulsor del sindicalismo de inspiración cristiana.  “Aitzol” fue capturado por los franquistas en un barco que zarpó de Baiona en dirección a Bilbao, fue encerrado en la cárcel de Ondarreta y finalmente fusilado en el cementerio de Hernani. La "cruzada cristiana" de Franco no dudó en fusilar a 17 sacerdotes vascos, entre ellos a Aitzol, por considerarlo nacionalista, sindicalista y precursor de la doctrina social cristiana. El Obispo Mateo Múgica, escribe de los sacerdotes fusilados "Desde Franco hasta el último soldado debieron no matar al venerable y ejemplarísimo Arcipreste de Mondragón, y a otros sacerdotes, sino besar las huellas de sus plantas."

Fuente: Felipe Peña.

Aurora Arnáiz Amigo.

José Cazorla y Aurora Arnáiz

Profesora y escritora nacida en Sestao (Vizcaya) en 1913. Era hija de militantes socialistas e inmersa en la política desde niña. Estudió derecho en Madrid donde militó en la Juventudes Socialistas. Al inició de la guerra participó en la formación de columnas de las JSU. Se casó con José Cazorla, también de las JSU. El Coronel Casado, tras su golpe en 1939, los detiene a ambos y a su pequeño hijo, que muere en prisión. Liberados antes de la entrada de los franquistas en Madrid, José Cazorla decide quedarse en Madrid para organizar la resistencia. Aurora inicia un largo y penoso peregrinaje hasta alcanzar la frontera francesa. Poco después debe iniciar un nuevo exilio que le llevó finalmente a Méjico, donde se enteró de la muerte de su marido. En Méjico, Aurora rehizo su vida familiar y profesional con gran éxito. En la imagen en un mitin a propósito de la solidaridad catalana con el Madrid sitiado.

Domingo Ascaso Abadía

(?-1937). Dirigente anarquista y panadero de profesión. Perteneció al grupo "Los Solidarios", fracción más radical de la FAI y que detentaba el control de la organización. Tomó parte en el asalto al cuartel de Atarazanas en Barcelona y mandó la columna que lleva su nombre en Aragón. Tras la muerte de Francisco Ascaso el 18 de julio de 1936 y de Durruti en Madrid, Domingo quedó como figura más destacada de la FAI. Murió en 1937 durante los «sucesos de mayo» en Barcelona.

 

 

 

Francisco Ascaso Abadía

(1901-1936). Fundador, con García Oliver, Durruti, Ricardo Sanz y otros, del grupo "Los solidarios", calificados activistas del anarquismo. Fue acusado de participar en el asesinato del cardenal arzobispo de Zaragoza (conocido por su intransigencia y su participación en procesos contra anarquistas), se le acusa también del fracasado atentado contra Alfonso XIII y del asalto al Banco de España de Gijón. La República lo exilió. Al estallar la guerra se encontraba en Barcelona, tomando parte muy activa en el aplastamiento de los rebeldes, de resultas de ello murió el 19 de julio durante el asalto del Cuartel de Atarazanas en Barcelona.

 

 

 

Joaquin Ascaso Budría.

Pariente (¿Tío?) de los hermanos Ascaso y que como el resto de su familia tuvo una destacada actuación en los primeros días de la Guerra Civil en Barcelona. Fue presidente del Consejo de Aragón, territorios colectivizados por la fuerza de las armas por la CNT, con más oscuros que claros, hasta que la 11 división gubernamental (Líster) bajo las órdenes directas de Prieto, coincidiendo en esto con los comunistas, lo disolvió.

Juan Manuel Astigarrabia Andotegui.

Político vasco, carpintero de oficio, fundador en 1935 del Partido Comunista del País Vasco, en el que ocupó el cargo de secretario general. Un año después, iniciada ya la guerra civil, desempeñó la cartera de Obras Públicas en el Gobierno autónomo vasco que presidió José Antonio Aguirre y más tarde, cuando las tropas nacionalistas estaban próximas a Bilbao, fue nombrado miembro de la Junta de Defensa de dicha ciudad. En 1937 fue expulsado del citado partido, acusado de hacer una política seguidora del nacionalismo vasco en detrimento de los ideales y fines perseguidos por los comunistas. «Nos ha salido con la ideita —escribe sobre él, Mijail Koltsov— de que el Partido Comunista de Euzkadi no es una parte del Partido Comunista de España, sino que mantiene con él meras relaciones fraternales.» Poco tiempo después abandonó España y regresó en 1982, tras cuarenta y cinco años de exilio.

Emilio Ayensa

Nació en el año 1900.  Hijo de una familia de periodistas (su padre Emilio Ayensa Ferro había sido redactor de «La Correspondencia de España» y de «El Debate» y Alfonso, su hermano, fue también redactor de «El Liberal» y de la agencia «France Press»). Emilio hijo, además de redactor fue también director de «El Liberal». Fue autor de varios libros, entre los que se encontraba «YO NO MEREZCO SER MINISTRO DEL REY, NI GOBERNANTE EN ESPAÑA , VISTA DE LA CAUSA SEGUIDA CONTRA EL SEÑOR SÁNCHEZ GUERRA». Fue un destacado militante y activista republicano. Tras la derrota pudo exiliarse a Méjico. En sus inicios en el país americano, Ayensa tenía problemas económicos y de audición. En este exilio, su audífono -adquirido en París- fue reparado en 1942 con cargo a la Junta de Auxilio a los republicanos españoles (JARE)  por el costo de 114 pesos, según reza una página del archivo Esplá. Ayensa editó en Méjico la revista veracruzana «Rumbo». Murió en el país azteca en 1960.

Manuel Azaña Díaz.

Cuadro del Sr. Presidente de la II República, Manuel Azaña, pintado por López Mezquita y depositado en la Hispanic Society de Nueva York

(1880-1940). Político, escritor y presidente del Ateneo de Madrid. Fundador y dirigente de los partidos Acción Republicana e Izquierda Republicana. Ministro de la Guerra (de abril a octubre de 1931) y jefe del Gobierno (de octubre de 1931 a septiembre de 1933). Uno de los principales artífices de la coalición de izquierdas o Frente Popular, cuyo triunfo electoral en febrero de 1936 lo llevó de nuevo a la jefatura del Gobierno, pasando en mayo del mismo año a ocupar la presidencia de la República, en la que se mantuvo hasta febrero de 1939. Renunció al cargo en circunstancias trágicas. Era partidario de obtener una paz honrosa. Gran escritor. Sus ensayos de crítica son sus mejores páginas. El 4 de noviembre de 1940 fallecía en Montauban (Francia). Sus restos contra toda lógica permanecen en Francia y no en Alcalá de Henares.


Nota: Sí que es significativo que en la transición se trajeran al país los restos de Alfonso XIII y los de Alcalá Zamora (dos Jefes de Estado) y que Azaña (que también fue Jefe de Estado), siga enterrado en el Extranjero.


Nota 2: Hemos encontrado en la lista Tinet este pequeño pero excelente análisis de Maribel a propósito de Azaña:

Estimados compañeros: Vaya por delante que a mi entender Azaña es posiblemente el político español más clarividente del siglo XX. A pesar de ello, y a pesar también de  que yo suelo citar mucho sus memorias en esta lista, Azaña es también un personaje multifacético donde sus características personales en muchos casos aparecen como contradictorias. Es cierto que hay pocas autocríticas del lado franquista. Yo solo conozco unas realmente sinceras, las memorias de Ridruejo. Esto es porque generalmente los vencedores no hacen autocrítica, y aún menos cuando lo único que se puede contar es muerte, muerte, y muerte. No obstante este argumento, siendo cierto es débil, porque elude el  debate de fondo, y sobre todo, porque ni los diarios de Azaña ni la Velada de Benicarló son una autocrítica. Azaña era un individuo al que su extraordinaria inteligencia racionalista, le hacía ser muy soberbio y creerse siempre en posesión de la verdad, aunque no lo manifestase con agresividad, sino con desdén. En sus escritos, hay sobre todo críticas a sus compañeros de bando por no hacer lo que él hubiera hecho o les haya dicho que hicieran. Cuando se publicaron las Memorias de Azaña a finales de los años 60, Max Aub se sintió una "terrible impresión" por lo beligerante y despreciativo que era con quienes no eran sus amigos. Era un hombre de pocas filias (Casares, Giral, Ossorio, Cipriano, Prieto durante la guerra...) e incontables fobias (la mayor: Negrín). En este aspecto Azaña es uno de esos odiosos personajes que todos conocemos que no se quitan el "ya lo decía yo". Unas cosas las decía, y otras cosas decía que las decía pero no las decía.  El Azaña político (el Garcés de la Velada) provenía del liberalismo francófilo de la Ilustración: Mucho racionalismo, mucha democracia, mucho Estado bien organizado y mucha reforma desde el poder (una especie de Revolución Burguesa dirigida desde arriba con retraso de casi un siglo). En sus propias palabras, sus instrumentos de poder eran "los votos y las razones". Es el mismo que ingenuamente, en 1937 sostiene que hay que llegar a un arreglo con el enemigo basado en dos premisas "Paz y República" siendo negociable todo lo demás. El Azaña intelectual (Morales en la Velada) es aquel Azaña del que decía Unamuno: "no hay nada más peligroso que un escritor sin  lectores". La tesis de Azaña (del intelectual, no del político) es que los problemas de España son de orden psicológico, ya que somos portadores de la violencia fratricida en nuestro inconsciente colectivo "los españoles llevamos la violencia en las entrañas", aunque él no se aplica a si mismo la frase "Alguien tendrá que comenzar a resolver problemas sin fusilar a nadie. Comenzaré yo mismo". Dicha tesis, proveniente del psicoanálisis, queda muy plástica, pero es relativamente fácil de desmontar. Varios autores han establecido las raíces del conflicto en el antagonismo feroz de quienes no estaban dispuestos a perder ni un solo privilegio (sobre todo económicos), y los que no confiaban en que la democracia fuese un sistema suficientemente eficiente y veloz en reformar y concederles lo que les había sido negado durante generaciones. El momento en el tiempo coincide con la aparición de los grandes movimientos políticos de masas, negadores del concepto de individuo, y casi también del de sociedad. Visto desde la perspectiva de hoy, lo que asombra es que la República Democrática durase lo que duró. El Azaña político desdeñaba la economía, que casi siempre está en el núcleo de los problemas políticos. El Azaña intelectual pensaba que el  modo de arrancar "la violencia de las entrañas" a los españoles era mediante la Cultura. Azaña, como su amigo Prieto, nunca pensó que la guerra se podía ganar, aunque conservó esperanzas hasta el otoño de 1937 de que la guerra se podía "no perder" y llegar a un arreglo razonable, donde las potencias Europeas presionasen a Franco para suspender hostilidades y entablar negociaciones (algo parecido a la ex-Yugoslavia de los años 90). Recordemos que la Velada de Benicarló se escribió en Barcelona, en la primavera de 1937, antes de los "Hechos de Mayo".

Un cordial saludo. Maribel

Justino de Azcárate y Flórez.

(1903). Abogado y político leonés formado en la Institución Libre de Enseñanza y en la tradición liberal v republicana de su familia, que en la década de los veinte militó en el Partido Reformista que acaudillaba Melquíades Alvarez. En abril de 1931 fue elegido diputado a Cortes por León por el grupo Al Servicio de la República (del cual fue secretario) y más tarde, al disolverse éste, participó en la constitución, junto con Felipe Sánchez-Román v otros intelectuales, del Partido Nacional Republicano, partido que en 1936 se negó a integrarse en el Frente Popular por formar parte de éste el Partido Comunista. Durante el régimen republicano fue subsecretario del Ministerio de Justicia, siendo Fernando de los Ríos titular del departamento, y posteriormente de Gobernación, en un Gobierno de coalición republicana. Al estallar la guerra civil, exactamente la noche del 18 al 19 de julio de 1936, fue nombrado ministro de Estallo con el Gobierno presidido por Diego Martínez Barrio Gobierno que sólo duró unas horas—, sin que llegara a tomar posesión del cargo por hallarse en León, ciudad que desde el primer momento quedó en poder de los sublevados. Detenido en Burgos pocos días después por un grupo de falangistas, fue trasladado a Valladolid, siendo encarcelado y quedando a disposición del general Mola, en cuya situación permaneció por espacio de año y medio, al cabo del cual fue canjeado por el líder falangista Raimundo Fernández-Cuesta. Al recobrar la libertad se marchó de España y, según propia confesión, "por razones de principio, no quiso intervenir en la guerra. No dude de mi simpatía e inclinación por el bando republicano, pero por cuestiones de humanidad me dediqué a trabajar en todo lo que sirviera de acercamiento entre los dos bandos. En esta tesis estaban Ortega, Marañón, Castillejo, Madariaga y gente importante de la política francesa e inglesa. A través del movimiento Paz Civil de España, desde París, participé en la promoción de canjes, indultos y conmutaciones de penas de muerte" (1). Exiliado a Venezuela al terminar la contienda, regresó a España en 1977, ocupando el cargo de senador por designación real en las primeras Cortes convocadas después de la muerte del general Franco. En 1984 fue elegido miembro de la Comisión Ejecutiva del Partido Reformista Democrático.

(1) La famosa tercera España, que se exilió en primera clase. Este es un asunto muy manido. Muchísima gente que en absoluto simpatizaba con el estado de cosas que dislocaron a la II República tras la rebelión militar, muchísima gente, insisto, se quedó para cumplir con su deber con el gobierno legítimo. A muchos de los terceristas se les vio el plumero en la posguerra, no dudando en regresar tempranamente a España, aunque hubiera que practicar relamidas genuflexiones. ¡En fin!

Pablo de Azcárate y Flórez.

(1890-1971). Hermano del anterior. Jurisconsulto y diplomático madrileño que hizo sus primeros estudios en la Institución Libre de Enseñanza, a la que familiarmente estaba muy vinculado, v que después fue catedrático de Derecho Administrativo en las universidades de Santiago y de Granada, diputado a Cortes y secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones. Durante la guerra civil prestó apoco ala causa republicana y desempeñó el cargo ale embajador de España en Londres, desde el cual se esforzó en vano para que el Gobierno británico prescindiera de los acuerdos riel Comité ele No-Intervención y se decidiera claramente a ayudar a la España republicana. En los últimos días de la contienda llevó, al parecer, a cabo una serie de gestiones para que, con la intervención de Gran Bretaña, se pusiese fin a la lucha armada, siempre y cuando los nacionalistas renunciasen a toda clase de represalias, pero, corno es sabido, tales gestiones no obtuvieron ningún éxito. Al llegar la paz fue expulsado de su cátedra por disposición del Gobierno de Franco. Dirigió desde el exilio el servicio de ayuda a los republicanos españoles. En 1948 fue elegido presidente de un comité de la ONU para la tregua de Palestina. Autor, entre otros libros, de La liga de las Naciones y las minorías nacionales, Wellington en España, La intervención nazi-fascista en la guerra de España, La protección de las minorías, La guerra del 98.

Santiago Aznar Sarachaga.

(1903-1979). Político socialista vasco que militó en el Sindicato Metalúrgico de la UGT y que en 1923, tras el golpe militar del general Primo de Rivera, hubo de exiliarse durante algunos años. A su regreso a España fue elegido secretario general de la citada organización sindical en Vizcaya, cargo que conservó hasta 1936. Elegido concejal del ayuntamiento de Bilbao en 1931, participó muy activamente en el movimiento municipalista de 1934, así corno en la revolución de octubre de dicho año, por cuya causa fue condenado y encarcelado, si bien poco tiempo después logró huir al extranjero. Al triunfar el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 volvió a Bilbao y desempeñó un papel decisivo en los acontecimientos que tuvieron lugar en los primeros días de la guerra civil. Durante la contienda formó parte del Gobierno autónomo vasco que presidió José Antonio Aguirre, consiguiendo mantener la operatividad de la industria vizcaína y, especialmente, la de la flota mercante vasca. Nombrado miembro de la Junta de Defensa de Bilbao, desempeñó dicho cargo hasta poco antes de caer la ciudad en poder del ejército de Franco. Al terminar la guerra se exilió a Francia y, posteriormente, a Londres, México, Nueva York y Venezuela, falleciendo en este último país. En 1940 pretendió la formación de un Partido Socialista Obrero Vasco de exclusiva «obediencia vasca», pero no consiguió su propósito dada la tenaz resistencia de la mayoría de los socialistas en el exilio, y muy especialmente de Indalecio Prieto, a cualquier movimiento de carácter secesionista.

Mauro Bajatierra.

Periodista de raza, Bajatierra, nació en Madrid en 1884. De conciencia muy despierta desde su juventud, Bajatierra militó en distintos sindicatos pese a su ideología anarquista, lo que no le impedía relacionarse con todo tipo de políticos y organizaciones. Se dice que era masón, de activa militancia, como decimos, fue juzgado como colaborador en el intento de asesinato de Alfonso XIII y en el posterior atentado contra Dato, político al que la CNT condenó a muerte, por nombrar a Martínez Anido, responsable de la guerra sucia -pistolerismo- y por la criminal Ley de Fugas (se pegaba dos tiros al preso y se decía que había intentado huir). La contumacia gubernamental de encausar a los intelectuales anarquistas en los atentados de los radicales anarquistas, le costó la vida a Ferrer Guardia, y estuvo a punto de costársela a Mauro Bajatierra, magistralmente defendido por el futuro alcalde de Madrid, Pedro Rico. Absuelto por falta de pruebas, cómo sería la acusación de absurda, Bajatierra continua su actividad profesional y política. Se sabe de su presencia como corresponsal en los frentes aliados de la Gran Guerra.

Con la llegada de la Guerra Civil, Bajatierra, como corresponsal de los diarios CNT, Solidaridad Obrera y la revista Estampa, acude a todos los frentes, ganado pronto fama por sus crónicas realistas y hasta desenfadadas, un estilo que fue muy imitado, quizá excesivamente, y que hacía que los reporteros buscaran siempre la nota curiosa y la imagen graciosa. Estilo que posteriormente sacado de su contexto ha sido utilizado por algunos historiadores pro franquistas para desprestigiar sutilmente a los milicianos.

Cuando cayó Madrid, un pelotón de falangistas acudió a su casa para prenderle. Bajatierra se defendió a tiros hasta que fue muerto. Los franquistas adujeron que había muerto de un ataque al corazón. Desde luego, de un ataque de balazos al corazón...

Asesinado...

Isidro Bajo Mateos

Médico que tuvo cargos con la República, concretamente, Director General de Higiene Infantil. Era especialista en salud infantil. Hay mucha propaganda en carteles y murales a este respecto, pues, la guerra, la desnutrición y las condiciones insalubres preocupaban mucho a las autoridades republicanas al respecto de la población infantil. El gobierno republicano organizó numerosas colonias infantiles en el Levante, para evitar a los niños, sobre todo a los madrileños, los rigores de una ciudad sitiada. Al termino de la guerra, el Doctor Bajo fue detenido y encerrado en el campo de Albatera. Su familia también sufrió prisión pues todos eran activos partidarios de la República.

Carlos de Baráibar Ezpondaburu

(Vitoria 1895 - Méjico 1972). Político y periodista. Fue nacionalista vasco y después socialista, siendo una figura destacada de la UGT. Sus primeros pasos profesionales los inició en la revista vitoriana Ateneo. Fue redactor de El Sol, La Luz y editor y redactor-jefe del diario Claridad. Colaborador cercano y amigo de Largo Caballero, en quien influyó, principalmente, en cuestiones militares. Como subsecretario de guerra (1937), y debido que conocía al exiliado en Egipto, lider rifeño Abd el Krim, intentó inútilmente sobornar a las tropas marroquíes para que se sublevaran contra Franco. Fue también subsecretario del Ministerio de la Guerra con Largo Caballero. Se exiló en Chile donde continuó su vida periodística. Falleció en Santiago en julio de 1972.

Exilio...

Benjamín Balboa López.

(1901-1976). Oficial de 3.a clase del Cuerpo Auxiliar de Radiotelegrafistas de la Armada y destacado masón que al producirse el alzamiento militar de julio de 1936 desempeñó un importantísimo papel en el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en la estación de radio o centro de comunicaciones que la Marina tenía instalada en la Ciudad Lineal de Madrid, desde la cual, mediante la TSH y utilizando el sistema Morse, se establecían todas las comunicaciones con las bases navales y los buques de la flota. Aunque existen diversas versiones sobre cómo se produjeron tales hechos, parece fuera de toda duda que el citado radiotelegrafista, sobre las 6.30 de la mañana del día 18  de julio, captó un mensaje del general Franco, transmitido desde Tenerife y dirigido al jefe de la Circunscripción Oriental de África (Melilla), que decía: «Gloria al heroico Ejército de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta de estas guarniciones, que se unen a vosotros v de-más compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con honor. General Franco.» Momentos después volvió a detectar otro radiograma con el mismo texto e idéntica firma, dirigido «al general jefe de la 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª y 8.a División Orgánica, en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Burgos, Valladolid y La Coruña; al comandante militar de Baleares; al general jefe de la División de Caballería, en Madrid; al jefe de la Circunscripción de Ceuta y Larache; al jefe de las fuerzas militares de Marruecos y a los almirantes jefes de las bases navales de El Ferrol, Cádiz y Cartagena». Todavía captó un tercer mensaje, transmitido desde la base naval de Cartagena, que terminaba con la orden de «cúrsese a las guarniciones» y que despertó aún más sus sospechas. «La indignación que le produce el hecho en sí —escribe Daniel Sueiro en La Flota es roja, Ed. Argos Vergara, S. A., Barcelona, 1983—, se acrecienta en Balboa ante la descarada pretensión de los sublevados de servirse de ellos y utilizar nada menos que la vía oficial para propagar el alzamiento y levantar a los cuarteles v demás dependencias militares de Madrid; y, sobre todo, le duele que sea un compañero el que, desde la estación de radio de Cartagena, esté dando curso a tales mensajes. Obedeciendo al primer impulso, con el texto de la circular de Franco garra-pateado en una hoja que sostiene nerviosamente en la mano, pulsa el entrecortado reproche que quiere hacer llegar al radiotelegrafista de Cartagena: ... no hagas eso, compañero.... no transmitas esa circular..., no te das cuenta de que es un acto de subversión... La respuesta quiere ser una justificación y es una llamada angustiosa por parte del auxiliar de radio, Albiol, que Balboa sabe captar: estaba cumpliendo órdenes superiores, de jefes que en ese momento le rodeaban en la misma estación de radio. Y la circular no solamente había sido transmitida ya a Madrid, sino también a la base de Mahón. Sin perder más tiempo, Benjamín Balboa corre a uno de los teléfonos, cuidándose de no utilizar el que estaba conectado con el domicilio del jefe de la estación, el capitán de corbeta Cástor Ibáñez Aldecoa, sin duda al pie del aparato en sus habitaciones, a la espera de aquella noticia. Saltándose así a su jefe inmediato, por las buenas razones que él tiene para hacerlo, se pone al habla con el jefe de la secretaría del ministro de Marina, el teniente de navío Prado Mendizábal, al que lee por teléfono el texto lanzado por Franco. Prado copia rápidamente las palabras que Balboa le dicta y antes de colgar y pasárselas a su ministro, Giral, le indica al auxiliar radiotelegrafista que, por su parte, pase a limpio la circular y se la envíe con toda urgencia y en sobre cerrado y personal al ministro de la Guerra y presidente del Consejo, Casares Quiroga.... Y en ese momento es cuando aparece el jefe del servicio, capitán Ibáñez Aldecoa. Al darse cuenta de que el esperado mensaje de Franco, en lugar de ser transmitido a las guarniciones, para que se sumen al alzamiento, como estaba previsto por la conspiración, iba a ser enviado al ministro o al jefe del Gobierno, se apoderó bruscamente de él, arrebatándolo de las manos del funcionario, reclamando la vía jerárquica del jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Salas, como primer destinatario natural y obligado del mismo. Mientras se dirigía a la cabina telefónica de la misma estación, no ahorró palabras de desprecio y de amenaza por la conducta del auxiliar Balboa. Con el almirante Salas sostuvo una eufórica y alborozada conversación en alta voz, después de la entusiasmada transmisión de la circular de Franco, manteniendo ostensiblemente abierta la puerta de la cabina, como para contagiar a las fuerzas de custodia y demás presentes de su propia alegría. El capitán y jefe del centro hizo hincapié, antes de atravesar los cien metros de jardín que le separaban de su vivienda privada, de que desde ese momento era más rigurosa aún la orden dada por él acerca de la utilización exclusiva del teléfono conectado con su casa, con la prohibición consiguiente de utilizar los otros dos teléfonos. Y ese teléfono que Ibáñez Aldecoa quería que le sirviera para enterarse de lo que hablaban subordinados suyos en los que no confiaba, sirvió también a éstos, que por lo demás mantenían hacia su jefe una actitud equivalente y opuesta, para escuchar algo de lo que él mismo decía en tal momento. Así fue como el mismo Balboa pudo oír la conversación personal que, a renglón seguido, mantuvo Ibáñez Aldecoa con su jefe el vicealmirante Javier de Salas. Quería éste que el mensaje de Franco se hiciera llegar, por los medios que fuera, a todas las guarniciones. Y replicaba Aldecoa: Hazlo tú. Un nuevo apremio de la otra parte. Ibáñez Aldecoa confiesa: Es que tengo aquí un hueso... En un momento dado, Ibáñez Aldecoa se decide a intentar transmitir la llamada de Franco a las guarniciones, de acuerdo con los deseos de Salas y siguiendo, sin duda, los planes trazados con anterioridad. Ya es de día cuando atraviesa de nuevo el jardín, y llega a la puerta del gabinete telegráfico. Allí le sale al encuentro Benjamín Balboa, que seguramente le está esperando. El capitán de corbeta quiere hacer valer su autoridad y le indica al auxiliar que se considere arrestado. Usted —le grita— está contraviniendo mis órdenes. Retírese, como arrestado, a su habitación. Y a partir de este instante le prohíbo terminantemente que entre en la sala de aparatos. Balboa reacciona con energía y con ira. Le replica: No acato esa orden. Tengo una misión que cumplir v la cumpliré, cueste lo que cueste y pese a quien pese. Estoy aquí para defender a la República contra aquellos que, como usted sabe, la traicionan. Y desde este momento es usted, no yo, quien tiene prohibida la entrada en el local. El auxiliar de radio apunta al capitán Aldecoa con su pistola, una Luger 22, de nueve tiros, más uno en la recámara, con el cargador completo. Allí mismo lo detiene y lo encierra con llave en sus habitaciones. No salga usted de su casa, capitán —le advierte, antes de retirarse—. Si lo intenta, se hará fuego contra usted.» De esta forma se hizo dueño de la situación, y el Gobierno de la República no perdió el contacto con las bases navales ni con la mayoría de los barcos que componían la escuadra, impidiendo, entre otras cosas, el paso del estrecho de Gibraltar al grueso de las fuerzas sublevadas en el protectorado marroquí. Convertido en hombre de confianza de la Marina de guerra republicana, fue ascendido a oficial primero, equiparado a capitán, del cuerpo al que pertenecía, desempeñando diversos cargos públicos a lo largo de la contienda, entre ellos el de subsecretario de Marina y Aire. Al finalizar la guerra civil se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Exilio...

Augusto Barcia Trelles

(1881-1961). Abogado, político y escritor. Diputado desde 1916 hasta 1923 por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez; también en las Cortes de 1933 y 1936. Gran Oriente o Gran Maestro de la Masonería Española y Gran Comendador de su Supremo Consejo. En el Gobierno de Azaña en 1936, y posteriormente en el de Casares Quiroga, fue Ministro de Estado. Se exilió en la República Argentina.

Exilio...

Dolores Bargalló

Militante de ERC y Presidenta de la Unión de Dones de Catalunya. En la foto en un Mitin antifascista en el teatro Olimpia, Barcelona, 20 Sep de 1936. Fue muy comentada su intervención como interviniente de ERC en el mitin del día internacional de la Mujer Antifascista. Se exilio a Méjico pero siempre mantuvo conexiones con el exilio francés de los políticos de ERC

Fuente: Mary Nash

Exilio...

Francisco José Barnés Salinas.

Había nacido en Sevilla en 1977. Era catedrático y miembro del partido Radical Socialista. Fue Ministro de Instrucción Pública en el bienio Azaña y también en el Gabinete de Casares Quiroga al estallar la Guerra. Había sido diputado en las Constituyentes de 1931. Durante la Guerra fue Cónsul de España en Orán. Se exilió en México.

 

Martín Barrera y Maresma

(1899). Sindicalista catalán, colaborador de Salvador Seguí y de Ángel Pestaña, que al advenir la República fue diputado al parlamento catalán, y en 1936, diputado a Cortes por Barcelona (capital), en representación de Esquerra Republicana. Consejero de Trabajo de la Generalidad de Cataluña, fue condenado a treinta años de reclusión por los sucesos del 6 de octubre de 1934, aunque parece poco probable que tuviese intervención alguna en los mismos. Tras el triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, fue indultado y volvió a desempeñar el mismo cargo en el gobierno catalán. Durante la guerra civil fue nombrado presidente de la Comisión de Responsabilidades Políticas, y al final de la contienda se exilió a Francia. En 1950 regresó a España.

Eduardo Barriobero Herrán

(1880-1939). Abogado criminalista y laboralista, miembro del Partido Social Revolucionario, que fue perseguido y sancionado durante la dictadura del general Primo de Rivera por su participación en la «Sanjuanada», y que en 1931 fue elegido diputado por Oviedo a las Cortes constituyentes de la República en representación del Partido Federal Independiente. Tuvo destacada actuación durante todo el final de la monarquía y los años republicanos. Escribía novelas de tinte radical y era el más popular abogado de los sindicalistas en apuros, que en el final de la monarquía eran apuros de vida o muerte las más de las veces. Llevaba una vida bohemia en Madrid de gran disfrute. Al estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, donde creó por su cuenta un "tribunal popular" que funcionó durante mucho tiempo al margen de las autoridades legales. Tribunal al que la propia justicia republicana acusó de haber dictado injustas sentencias de muerte y de haber cometido atropellos y arbitrariedades. Reducido a prisión por orden de las autoridades republicanas, fue hallado en tal situación cuando las tropas nacionalistas ocuparon dicha ciudad, las cuales, sin pérdida de tiempo, procedieron a su fusilamiento. Pero lo hubieran fusilado igual aunque Barriobero no hubiera pertenecido a ningún tribunal, pues era persona señalada y odiada por la derecha. Durante su periodo de preso en la República escribió una crónica de su paso por los tribunales populares donde se defiende ardientemente.

Melchor Baztán

Militante de la CNT en los sindicatos ferroviarios de esta organización. Era miembro del Consejo de Defensa Confederal y representante de la CNT en el Estado Mayor de la Zona Centro (los famosos Servicios Especiales), hasta que Rojo se hartó y los echó a todos. Al final de la guerra partió para Alicante con la esperanza de evitar su aprensión por los rebeldes. Detenido en el puerto fue internado en los campos de concentración próximos a Alicante. Fue procesado y pasó largos años en la cárcel. Murió en Madrid con cerca de 80 años.

Víctor Bernáldez

Era cartero rural en la zona Pastrana (Guadalajara), muy conocido por sus simpatías por el gobierno del Frente Popular del que hacía propaganda en su recorrido diario, por lo que era muy apreciado por el pueblo y adiado a muerte por los caciques locales y sus sicarios los criminales señorítos falangistas, en una zona que era controlada políticamente por el romanismo más reaccionario. Como así fue. El once de marzo de 1936 mientras realizaba su trabajo fue atacado por un grupo de derechistas que lo apedrearon hasta la muerte, dejando abandonado el destrozado cuerpo. La noticia cayó como un mazazo en la zona, y a la justicia no le quedó más remedio que investigar la muerte. Fueron procesados 27 derechistas pero sólo fueron condenados 17, en abril de 1936.

Asesinado...

Fuente: RF32.- La represión Franquista en Guadalajara

Julián Besteiro Fernández.

(1870-1940). Político socialista nacido en Madrid, hijo de un comerciante de comestibles de origen gallego, que estudió en la institución Libre de Enseñanza, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense, amplió estudios en París, Berlín, Leipzig y Munich, y fue profesor de los institutos de enseñanza media de Orense y de Toledo, y catedrático de Lógica Fundamental de la Universidad Central (Madrid). A la vuelta de su estancia en el extranjero, y tras una breve militancia en el Partido Radical de Lerroux, se afilió al Partido Socialista Obrero Español y a la Unión General de Trabajadores, en cuyas organizaciones alcanzó los puestos de máximo honor y responsabilidad. En 1917, junto con Francisco Largo Caballero, Andrés Saborit y Daniel Anguiano, fue condenado por un tribunal militar a la pena de reclusión perpetua por su participación en la preparación de la huelga general revolucionaria que tuvo lugar aquel ano —de cuyo comité nacional formaba parte—, pero poco tiempo después tanto él como sus correos, salieron en libertad al resultar todos ellos elegidos diputados a Cortes y beneficiarse de una amnistía que, tras una in-tensa campaña popular, el Gobierno no tuvo más remedio que acordar. El 13 de septiembre de 1923, es decir, el mismo día que se proclamó la dictadura encabezada por el general Primo de Rivera, suscribió un manifiesto dado conjunta-mente por el Partido Socialista y la UGT, manifiesto que también firmaron Pablo Iglesias, Francisco Núñez. Tomás y el citado Largo Caballero, en el que, entre otras cosas, se decía: "... El pueblo español, y especialmente la clase trabajadora, que tan dolorosa experiencia ha adquirido del proceder de las altas jerarquías militares, no debe prestar aliento a esta sublevación, preparada y dirigida por un grupo de generales que pueden ostentar como emblema el favor y el fracaso enlazados...» Al morir Pablo Iglesias, en 1925, fue elegido presidente del PSOE y de la UGT, el primero de cuyos cargos desempeñó hasta poco después de ser proclamada la República, y el segundo, hasta 1934, al negarse a optar por la vía de la rebelión en los prolegómenos de los sucesos revolucionarios que se desarrollaron, principalmente en Asturias, en el mes de octubre de dicho 1934. En 1931, no obstante haberse opuesto al Pacto de San Sebastián y haberlo criticado duramente, fue elegido presidente de las Cortes Constituyentes de la República, cargo que, a juicio de José María Gil-Robles, ejerció con equilibrio, autoridad y caballerosidad ejemplares». Diputado, por Madrid (capital), en 1931, 1933 y 1936 (PSOE). Al estallar la guerra civil se hallaba en dicha ciudad, en la que permaneció durante toda la contienda sin ocupar cargo político alguno, si bien en mayo de 1937 fue enviado a Londres como embajador extraordinario del presidente de la República española a los actos que con motivo de la coronación de Jorge VI se celebraron en la capital británica. Aprovechando esta oportunidad, Manuel Azaña le encargó, a titulo personal y a espaldas del Gobierno, que gestionase con Eden y Blum la posibilidad de una mediación extranjera que pusiese fin al conflicto armado español, pero las conversaciones que sostuvo con dichos políticos no dieron el resultado apetecido o, al menos, el resultado apetecido por Azaña. "... La designación de Besteiro —escribe a este respecto Julián Zugazagoitia en Guerra y vicisitudes de los españoles, Ed. Crítica, Barcelona, 1977— la hizo el gobierno de Largo Caballero, quien no le confió otra misión que la de representar a España en la solemne ceremonia. Cuando Besteiro regresó de Londres, el ministerio había cambiado. Negrín estaba al frente de él. No hubo otra explicación del viaje que la muy sumaria de algunas conversaciones políticas. Nada fundamental, en suma. Y, sin embargo, el embajador en Londres tenía razones especiales, así como el de París, para afirmar que Besteiro realizó en Londres trabajos particularmente importantes. Se dio por seguro que el encargo de ellos procedía directamente del presidente de la República.»  Rival de Largo Caballero y enemigo político de Negrín, al cual consideraba un agente de Moscú y apodaba Karamazov —no obstante estar afiliados los tres al mismo partido político—, se mantuvo muy alejado de los diferentes gobiernos y, especialmente, de sus respectivos presidentes, rechazando los diversos ofrecimientos que se le hicieron para que ocupara algunos cargos públicos, uno de los cuales era el de embajador de España en Buenos Aires. Tras la derrota del ejército republicano en Cataluña, la posterior dimisión del presidente de la República y la huida más o menos decorosa de la mayoría de los líderes políticos, se percató de que lo más lógico era buscar el camino que, cuanto antes y por el sendero menos oneroso, condujese al fin de la contienda y, a poder ser, a una paz honrosa. "... No era secreto en Madrid —escribe Luis Romero en El final de la guerra, Ed. Ariel, S. A., Barcelona, 1976— que Besteiro se mostraba partidario de llegar a una paz lo antes posible, y había corrido el rumor de que se iba a destituir a Negrín y encargar a Besteiro de formar nuevo gobierno para poner fin a las hostilidades. Como también era público —público en privado—, que el coronel Segismundo Casado se manifestaba igualmente partidario de gestionar la paz, no resultaba sorprendente que el contacto entre ambos se produjera, a pesar de que no se conocían personalmente. A Segismundo Casado le alegró recibir recado de Besteiro y no debieron quedarle dudas sobre la significación y propósito del mensaje... En señal de deferencia fue Casado quien visitó a Besteiro en su domicilio. Tras las primeras cortesías, y como Besteiro pidiera al coronel que le informara sobre la situación, le expuso su acuerdo de principio con Miaja, Matallana y Menéndez —que tenía que ser recientísimo— para formar una junta, consejo o gobierno que sustituyera a aquel que en Cataluña se había esfumado, y en consideración a que la única autoridad era la militar. Añadió que de esta junta formarían parte partidos y sindicales con la única excepción del PCE, y que su misión exclusiva consistiría en negociar la paz. Aprovechó Casado lo favorable de la coyuntura para ofrecerle a Besteiro la presidencia del proyectado gobierno. Respondió éste que se hallaba dispuesto a formar parte del mismo, puesto que su único deseo era negociar el fin de las hostilidades, pero que, teniendo en cuenta las circunstancias legales que concurrían, declinaba el honor de presidirlo y que en su opinión la presidencia debía asumirla un militar. Cabe suponer que Casado le manifestara que acababa de tomar contacto con el enemigo; no hay constancia de si lo hizo así o no. La incorporación de Besteiro fue muy bien recibida por cuantos estaban decididos a eliminar al Gobierno y a los comunistas. De la importancia que Casado otorgó al acuerdo con el prestigioso socialista tenemos prueba en el hecho de que en la primera ocasión que se le presentó lo comunicara a los elementos nacionales con quienes mantenía contactos, para que, a su vez, lo anunciaran en el Cuartel General de Burgos.» Así las cosas, en la noche del 5 de marzo de 1939, se constituyó en Madrid, en los sótanos del Ministerio de Hacienda, lo que se llamarla el Consejo Nacional de Defensa, del que fue elegido presidente el general Miaja que también había presidido la Junta de Defensa que se constituyó en Madrid, en noviembre de 1936—, encargándose el coronel Casado de la cartera de Defensa y Besteiro de la del Estado, estando, además, representados en dicho Consejo la CNT, el Partido Socialista, Izquierda Republicana, Unión Republicana y la UGT. «En Madrid —dice Guillermo Cabanellas en La guerra de los mil días, Ed. Heliasta, S. R. L., Buenos Aires, 1975—, que se jactaba en 1936 de ser la tumba del fascismo, se fragua el complot que va a darle sepultura a la Segunda República Española.» Sobre las doce de la noche del indicado día 5, a través de los micrófonos de Unión Radio Madrid y de Radio España. antes o después de que lo hicieran el coronel Casado y Cipriano Mera —porque hay distintas versiones al respecto—, demacrado, casi cadavérico, según los testimonios gráficos que se han conservado, lee, con la voz entrecortada, unas cuartillas escritas la noche antes:"

 ... ¿Cuál es la realidad de la vida actual de la República? En parte lo sabéis; en parte lo sospecháis o lo presentís; tal vez muchos, en parte al menos, lo ignoráis... La verdad es, conciudadanos, que después de la batalla del Ebro, los Ejércitos Nacionalistas han ocupado totalmente Cataluña, y el Gobierno republicano ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses. La verdad es que, cuando los ministros de la República se han decidido a retornar a territorio español, carecen de toda base legal y de todo prestigio moral necesario para resolver el grave problema que se presenta ante nosotros. Por la ausencia, y más aún, por la renuncia del Presidente de la República, ésta se encuentra decapitada. Constitucionalmente el presidente del Consejo no puede sustituir al presidente dimisionario mas que con la obligación estricta de convocar elecciones presidenciales en el plazo improrrogable de ocho días. Como el cumplimiento de este precepto constitucional es imposible en las actuales circunstancias, el Gobierno Negrín, falto de la asistencia presidencial y de la asistencia de la Cámara, a la cual seria vano dar una apariencia de vida, carece de toda legitimidad y no puede ostentar título alguno al respecto y al reconocimiento de los republicanos. ¿Quiere decir esto que en el territorio de la República exista un estado de desorden? El Gobierno Negrin, cuando aún podía considerarse investido de legalidad, declaró el estado de guerra, y hoy, al desmoronarse las altas jerarquías republicanas, el Ejército de la República existe con autoridad indiscutible y la necesidad del encadenamiento de los hechos ha puesto en sus manos la solución de un problema gravísimo, de naturaleza esencialmente militar. ¿Quiere decir esto que el Ejército de la República se encuentra desasistido de la opinión civil? Aquí, en torno mío, se halla una representación de Izquierda Republicana, otra del Partido Socialista, otra de la UGT y otra del Movimiento Libertario. Todos estos representantes, juntamente conmigo, estamos dispuestos a prestar al Poder legitimo del Ejército Republicano la asistencia necesaria en estas horas solemnes. El Gobierno Negrin, con sus veladuras de la verdad, con sus verdades a medias y con sus propuestas capciosas, no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo, tiempo que es perdido para el interés de la masa ciudadana, combatiente y no combatiente. Y esta política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional permita desencadenar una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo. De esta política de fanatismo catastrófico, de esa sumisión a órdenes extrañas, con una indiferencia completa ante el valor de la nación, está sobresaturada ya la opinión republicana toda. Yo os hablo desde este Madrid que ha sabido sufrir y sabe sufrir con emocionante dignidad su martirio; yo os hablo desde este "rompeolas de todas las Españas" que dijo el poeta inmortal que hemos perdido, tal vez abandonado en tierras extrañas; yo os hablo para deciros que cuando se pierde, es cuando hay que demostrar, individuos y nacionalidades, el valor moral que se posee. Se puede perder, pero con honradez y dignamente, sin negar su fe, anonadados por la desgracia. Yo os digo que una victoria moral de ese género vale mil veces mas que una victoria material lograda a fuerza de claudicaciones y de vilipendio. Yo os pido, poniendo en esta petición todo el énfasis de la propia responsabilidad, que en este momento grave asistáis, como nosotros lo asistimos, al Poder legítimo de la República que, transitoriamente, no es otro que el Poder militar.»

Los acontecimientos se precipitaron por momentos. La hecatombe era ya inevitable. Dos días después volvía a los mismos micrófonos de la radio:

 «Soldados de la República: El Consejo Nacional de Defensa se halla firme en su puesto en Madrid. El Gobierno huidizo del doctor Negrin no se sabe dónde se encuentra. El Consejo Nacional de Defensa quiere impedir que el Gobierno de la España republicana caiga definitivamente en poder del comunismo que tiraniza al pueblo. La lucha establecida es la lucha contra la tiranía comunista, y esa lucha ha sido establecida por iniciativa exclusiva del Partido Comunista, actuando desde las alturas del Poder e infiltrada en las filas de nuestras tropas. El Gobierno del doctor Negrin, sin presidente de la República, sin Parlamento, carece de toda base legal. El único Gobierno legitimo de la República es el Consejo Nacional de Defensa. ¡Pueblo antifascista! ¡Milicianos de la República! No os dejéis engañar por ningún género de equívocos. Aprestaos a defender al Consejo Nacional de Defensa, garantía de vuestra salvación contra el intento de implantar entre nosotros el despotismo terrorista que esclaviza al pueblo.»

El 16 de mayo, también por radio, dirige un mensaje al Gobierno nacionalista:

«Ha llegado el momento de que este Consejo Nacional de Defensa se dedique por completo a su misión, y en consecuencia se dirige a ese Gobierno para hacerle presente que estamos dispuestos a llevara efecto negociaciones que nos aseguren una paz honrosa y que, al mismo tiempo, pueda evitar estériles efusiones de sangre. Esperamos decisión..»

Pero Franco y los suyos no le escuchan: exigen la rendición sin condiciones. A pesar de la tensión del momento, todavía hace algunas gestiones en orden a asegurar que Francia admita mayor número de refugiados de los que, en principio, había anunciado acoger. Por otra parte trata de que Gran Bretaña proporcione algunos buques para el transporte de evacuados, pero el cónsul de este último país pone el reparo de que no puede acceder a tal petición si no es con la autorización expresa del general Franco. El 27 de marzo asiste a la última reunión del Consejo Nacional de Defensa, exponiendo su firme decisión de no abandonar Madrid y afrontar toda clase de responsabilidades. «Encontrándose viejo y enfermo, y habiendo perdido toda ilusión en el futuro del Socialismo, no pensaba moverse de Madrid», escribirá algunos años después Wenceslao Carrillo. Haciendo todo cuanto le es posible, se ofrece a trasladarse a la zona nacionalista para gestionar la rendición, pero el enemigo insiste en que sólo está dispuesto a tratar sobre una rendición incondicional, desechando, por otra parte, cualquier conversación que no sea con elementos militares. Por última vez le aconsejan que huya, ya que corre el peligro de ser fusilado por los nacionalistas, pero insistió en querer permanecer en Madrid. «Sí, admito esta posibilidad —pone en boca de Besteiro José del Río, miembro del Consejo Nacional de Defensa en representación de Unión Republicana—, y hasta la deseo. No temo morir; porque con mis 69 años y mis achaques físicos, ¿qué otro servicio mejor podría yo prestar a la causa de los trabajadores que han quedado sin bandera y sin guía? ¡Si mi nombre pudiese ser para ellos esa bandera, preferiría que se me fusilase!» El 28 de marzo, momentos antes de que comenzaran a ocupar Madrid las tropas nacionalistas, ordena al anarquista Melchor Rodríguez que haga entrega del ayuntamiento de la capital a las autoridades franquistas. Pocas horas después fue detenido por los vencedores en el Ministerio de Hacienda v conducido a la prisión de Porlier. El 8 de julio de 1939 compareció ante un consejo de guerra, que presidía el general de brigada Manuel Nieves Camacho. Fue juez instructor del procedimiento—sumarísimo— el capitán de Caballería Carlos Sabater Gaitán de Ayala. Sostuvo la acusación el auditor de brigada Felipe Acedo Colunga. Y actuó de defensor el abogado Ignacio Arenillas. Para el fiscal, que ha sido discípulo del acusado, éste ha cometido consciente y responsablemente un delito de adhesión a la rebelión. «El caso Besteiro —dice Acedo Colunga— es un caso representativo de la revolución española, y con todos los respetos debo decir que de la actuación de don Julián Besteiro no se deducen más que graves errores para el país y para él mismo, víctima de sus propios errores... El Ministerio Fiscal, después de hondas meditaciones y de dolorosas perplejidades, declara la culpabilidad de Besteiro con agravantes, porque es doloroso, terrible, pero verdad, que don Julián Besteiro Fernández, persona honrada, caballero en el régimen de su vida y por tanto simpático a la multitud y hasta a nosotros mismos desde el punto de vista personal, es nefasto, terriblemente nefasto, en la política española; lo es para la Patria.» Después de un informe que se prolongó por espacio de más de dos horas, el fiscal pidió para el procesado la pena de muerte. Habló a continuación Ignacio Arenillas, que pidió para su patrocinado la absolución. Besteiro, viene a decir, no ejerció ninguna influencia política en la zona republicana desde el momento mismo en que comenzó la guerra. Lo prueba el hecho de que un sobrino suyo, de su mismo apellido, fue asesinado en Madrid, en agosto de 1936, sin que su defendido pudiese evitarlo. Para su defensor, Besteiro trató, desde el primer momento, convencido como estaba de que la guerra la perdería la República, de llegara un entendimiento con los nacionalistas que condujera a la paz. Desde su puesto en el Consejo Nacional de Defensa, se esforzó por ahorrar vidas humanas y acelerar la suspensión de hostilidades. Y termina diciendo: «Si Besteiro se quedó en Madrid es porque su conciencia estaba tranquila.» Habla, por último, Besteiro. En primer lugar, da las gracias a su defensor por lo que ha dicho y cómo lo ha dicho en su favor. Agradece también al fiscal el que haya reconocido la «honradez privada» del reo. «Pero yo soy más ambicioso que eso —añade—; yo no me contento con ser en mi vida privada honrado. Yo estoy seguro de haberlo sido en mi vida pública. Y lo que yo quiero no es solicitar un fallo favorable. Lo que yo quiero es que se me conozca tal como soy, no sólo por los hechos externos sino por la expresión de mis ideas, de mis propósitos v de mis anhelos. Mi aspiración sería, ya que nunca he pertenecido a una sociedad secreta, que salvados aquellos secretos que pertenecen al pudor de mi alma, mi vida interior fuera completamente diáfana para que todo el mundo la viera...» Condenado a treinta años de reclusión mayor, fue conducido a Dueñas (Palencia) y, poco tiempo después, a Carmona (Sevilla), en cuya prisión trabó estrecha amistad con un grupo de sacerdotes vascos que cumplían condena por delitos políticos. Como consecuencia de un corte que se hizo en una mano se le produjo una septicemia que, en las especiales circunstancias en que se hallaba, agravó su ya precario estado de salud y le ocasionó la muerte. Enterrado provisionalmente en el cementerio de Carmona, en 1960 sus restos fueron trasladados al Cementerio Civil de Madrid.

Fuente: Manuel Rubio Cabeza.


Crítica de Fernando Hernández, de la Lista Tinet sobre la CGE:

Hola a todos: De antemano me pongo la venda y me abstengo de enjuiciar moralmente la actitud de Besteiro. Antes que catedrático de ética fue uno de los políticos más influyentes del primer tercio del siglo XX, y es en ese ámbito, el político, donde debe enjuiciársele. Y debe señalarse que Besteiro fue coherente con el pablismo, esa mezcla de fraseología pseudoradical y praxis reformista caracterizada por la obsesión de conservar el aparato del partido a toda costa: lo fue bajo Primo de Rivera, impulsando la colaboración con la dictadura con la perspectiva de heredar el espacio dejado por una CNT laminada por el aparato represivo y los pistoleros de Martínez Anido; lo fue durante la República, jugando las cartas de que fuesen otros - los partidos republicanos -los que se quemasen en el gobierno antes que arriesgar un apoyo decidido a las reformas con su participación en el gabinete, por mor del mantenimiento de un purismo ideológico más propio de las "vírgenes necias" que de un partido comprometido con el cambio social; lo fue bajo el Frente Popular y hasta que la guerra colocó al viejo partido socialista en el vórtice de una dinámica que escapaba a su control... La participación de Besteiro en el Consejo de Casado es el último acto de coherencia con la doctrina de la supervivencia partidaria a toda costa: la oportunidad de retomar el timón, aunque sea de la nave que se hunde, y de preservar a buen recaudo los restos del naufragio hasta nueva oportunidad. El resultado es suficientemente conocido. Tuvo la gallardía de afrontar el error con la pérdida de la libertad que acabaría con su vida. Otros muchos la dejaron en las hecatombes de los puertos de Alicante y Cartagena, consecuencia directa de la desbandada incentivada por la actuación de Casado y Besteiro. Como ejemplo de ética, su decisión personal de arrostrar el cautiverio merece respeto. Como colofón de una estrategia política, su última actuación pública fue irresponsable y suicida.

Saludos, Fernando Hernández.

Crescenciano Bilbao.

Miembro del Partido Socialista Español que tuvo destacada actuación después de iniciada la Guerra; representó a dicho partido en la organización de los comisarios políticos. Había nacido en Palencia en la zona minera, profesión que ejerció durante su juventud a la par que militaba en la UGT y en el PSOE. Fue nombrado Comisario General de Guerra y dedicó sus labores a organizar y alimentar ideológicamente la tarea del comisariado. Intervino en la investigación del asesinato de un miembro del POUM, concretamente el marido de su sobrina, también militante del POUM. Junto a otros diputados, participó en la última reunión de Cortes celebrada en el castillo de Figueras. Al final de la guerra se exilio a Méjico donde continuó su labor política.

 

Pere Bosch Gimpera

(1891-1974). Prehistoriador y arqueólogo catalán de gran prestigio internacional. Afiliado a Acción Catalana, en 1933 fue nombrado primer rector de la Universidad Autónoma de Barcelona. Un año después, y como consecuencia de la revolución de octubre de 1934, pasó algún tiempo preso en el vapor Uruguay, surto en el puerto barcelonés. Al estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, donde recibió el nombramiento de comisario de Cultura del Gobierno de la Generalidad de Cataluña, desde cuyo cargo ejerció no poca influencia para evitar la destrucción de edificios, obras de arte, bibliotecas y otros centros de cultura pertenecientes a la Iglesia, además de ayudar a que significados derechistas —entre ellos Blas Pérez González, que más tarde fue ministro del general Franco—pudieran abandonar la zona republicana sin riesgo para sus personas. Propuesto para desempeñar la embajada española en Berlín, no recibió el placet del Gobierno alemán. En mayo de 1937 fue nombrado conseller de Justicia de la citada Generalidad, desde cuyo cargo puso gran empeño en revestir de legalidad el funcionamiento de los tribunales, humanizar el trato dado a los justiciables y tratar de normalizar las relaciones con la Iglesia. Al término de la contienda se refugió en Francia y, más tarde, en Gran Bretaña, Colombia, Panamá y México —donde falleció—, en cuyos países prosiguió su labor docente e investigadora.

Juan Botella Asensi

Histórico republicano conservador que pese a tener pocos estudios en su infancia dirigió prensa local en Alcoy donde había nacido. Como periodista aficionado tuvo vida agitada por culpa de sus incendiarios artículos contra la corrupta monarquía alfonsina. Tras la del Barranco del Lobo en Marruecos se produjeron violentas protestas en su pueblo de las que fue acusado como instigador. Fue procesado y condenado a muerte y rápidamente indultado. Con 30 años se trasladó primero a Alicante donde terminó el bachillerato, y luego a Madrid donde se hizo abogado y comenzó su carrera política en el Partido Republicano Radical Socialista. Salió diputado en las constituyentes del 31 y fue Ministro de Justicia en el breve gabinete Lerroux del septiembre-diciembre del 33. No tuvo ya intervención política de relevancia y pasó la guerra en Barcelona, de la que se exilió primero a Francia y luego a Méjico.

Antonio Bouthelier (1)

Quintacolumnista camuflado en la CNT. Antonio Bouthelier pertenecía al cuerpo de letrados de las cortes (2) y era fundador de Falange Española. Bouthelier se vio inmerso en los trágicos sucesos que aventó la rebelión militar. Fue testigo desde la cárcel modelo de las sacas de sus correligionarios en noviembre de 1936. Su padre, médico militar fue asesinado en noviembre de 1936.  Cuando salió de la cárcel (3), Bouthelier contactó con la Quinta Columna. Encontró su tapadera en la CNT, llegando a infiltrarse en los Servicios Especiales que la CNT tenía en la calle Serrano bajo el mando del Manuel Salgado. Tanto es así que pronto se encontró de redactor del periódico Frente Libertario, donde lanzaba espeluznantes soflamas antigubernamentales. Bouthelier, culto y extremadamente inteligente se movió hacía la reformada justicia republicana, consiguiendo no solo oficiar de abogado defensor de desafectos, traidores y quintacolumnistas procesados, sino también contactar y organizar con personal, fiscales y jueces derechistas que se pusieron a sabotear los Tribunales Populares. Sus éxitos fueron cuantiosos. Bouthelier tuvo gran participación en la actividad de la Quinta Columna madrileña y en la conjura de Casado. Es muy conocida su declaración ante el fiscal de la Causa General. Tras la guerra retomó sus actividades civiles. Murió en noviembre de 1981.

Quinta columnista...

(1) Personaje no republicano. Está aquí por haber sido secretario de anarquista jefe de los Servicios Especiales de contrainteligencia, Manuel Salgado. Que lo protegía y que sabía muy bien quién era.

(2) Los letrados, abogados del Estado, entonces, ahora y siempre, fueron y son un grupo tan conservador como influyente, cuyos miembros que suele terminar participando o dirigiendo Consejos de Administración de grandes empresas que precisan de personal conocedor de los entresijo de la burocracia estatal.

(3) Al parecer escapó con su padre en un bombardeo cercano a la cárcel modelo. Su padre fue capturado.

Javier Bueno Bueno.

Fue director del periódico Avance, órgano socialista asturiano y del SOMA. Javier Bueno era un tipo extraordinario que alimentó el socialismo asturiano y la revolución de octubre pagando por ello un alto precio personal con prisión, terribles torturas y maltrato psicológico que en absoluto hicieron mella en su ánimo revolucionario. Con la guerra, consiguió reeditar el periódico en Gijón tras ser rescatado de las trincheras ovetenses donde combatió en un principio y que se negaba a abandonar.  Tras la pérdida de Asturias huyó a Francia desde donde regreso a Madrid, donde había nacido. Con la derrota, fue apresado en la embajada de Panamá y fusilado a las seis de la mañana del 27 de septiembre de 1939. Su vida está llena de jugosas anécdotas que dibujan un personaje radical pero honesto y antiautoritario.  Los franquistas le indultaron dos meses después de muerto.  Que detalle...


En la imagen, Javier Bueno muestra las heridas resultantes de las brutales torturas a que fue sometido tras su detención en octubre de 1934.

José Bullejos Sánchez

(1899-1975). Dirigente comunista, en cuyo partido desempeñó el cargo de secretario general y del cual fue expulsado poco después de proclamarse la República. Posteriormente militó en el Partido Socialista Obrero Español, si bien no desempeñó cargo alguno ni participó activamente en la vida política española durante la guerra civil. Al término de la contienda se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento. Autor, entre otros libros, de Europa entre dos guerras (Ed. Castilla, México, D. F., 1944) y España en la Segunda República (Ed. Júcar, Madrid, 1979).

 

José Calvet i Mora.

(1856-1950) Político catalán nacido en la provincia de Barcelona, que fue presidente de la Unión de Rabassaires v de la Federación de Sociedades Agrícolas de Cataluña, y diputado a Cortes por Barcelona (provincia) en 1933 y 1936 (Esquerra Republicana de Cataluña). Durante la guerra civil prestó apoyo a la causa gubernamental; desempeñó el cargo de consejero de Agricultura de la Generalidad de Cataluña, en representación de los rabassaires, desde julio de 1936 hasta el final de la contienda, oponiéndose a la colectivización del campo y exigiendo la sindicación obligatoria de los campesinos. Al acabar la guerra se exilió a Colombia, en cuyo país permaneció hasta su fallecimiento.

Francisco Caminero Rodríguez

Miembro del Partido Sindicalista y Consejero de Evacuación de la Junta Delegada de Defensa de Madrid.

José del Campo.

Era mecánico y había realizado actividades de agitación política entre los soldados con ocasión de la revolución de octubre de 1934. Fue comisario de la 9 Brigada, la 11 y la 46 División. Pasó la posguerra en la URSS y regresó a España, muriendo en 1962, mientras militaba clandestinamente.

Juana Capdevielle.

Licenciada en Filosofía y Letras y esposa del Gobernador Civil de La Coruña, Pérez Carballo  con quien había contraído matrimonio poco tiempo antes de ser designado para ese cargo por el Gobierno del Frente Popular. Asesinado el 28 de julio su esposo, fue días después detenida, puesta en libertad, posteriormente otra vez fue detenida, y a la noche siguiente, el 18 de agosto, fue asesinada en Rabadé, Lugo.

Saturnino Carod Lerín.

Aragonés y militante anarquista que dirigió al inicio de la guerra una pequeña columna de anarquistas aragoneses llamada Carod-Ferrer. La columna se integró en la Columna Ortiz que más tarde formaría la 25 División de Vivancos. Carod fue nombrado comisario de la 118 Brigada, donde mayoritariamente formaban sus antiguos hombres. Al final de la guerra fue detenido y cumplió la friolera de 18 años de cárcel. Tras su puesta en libertad sobrevivió como acomodador de cine. Murió en 1988.

Manuel Carrasco i Formiguera

(1890-1938) Diputado a Cortes por Girona, se destacó por su defensa de religiosos en la Cataluña republicana en guerra. Por este motivo tuvo que huir, siendo detenido el mercante donde viajaba por el crucero Canarias. Conducido a Burgos fue fusilado en abril de 1938 por orden expresa de Franco, indignado con la crítica que recibió del Vaticano por los terribles bombardeos de Lérida. Fusilar a un católico republicano parece que fue la respuesta de Franco a la petición de clemencia del Papa.

 

 

José Carreño España

Dirigente de Izquierda Republicana que fue Consejero de Comunicaciones de la Junta Delegada de Defensa de Madrid y posteriormente Delegado de Prensa y Propaganda.

Wenceslao Carrillo Alonso.

Wenceslao Carrillo entre largo caballero y un militar, en la Sierra o en Toledo

(1889-1963). Obrero fundidor y líder socialista que desde muy joven militó en las lilas de la UGT y del PSOE. Detenido en varias ocasiones por sus actividades obreristas—fue secretario general del Sindicato Metalúrgico Asturiano y redactor del diario El Socialista—, representó a la citada UGT en París, en unión de Largo Caballero, ante los organismos laborales internacionales. Durante el régimen del general Primo de Rivera fue partidario de la línea posibilista, prestando su colaboración al Gobierno dictatorial y afianzando de esta forma la organización sindical a la que pertenecía. Al advenir la República fue elegido concejal del ayuntamiento de Madrid y diputado a Cortes por Córdoba, cargo este último para el que fue reelegido por el mismo distrito en 1936, colaborando, igualmente, con los partidos burgueses del nuevo régimen. Durante la guerra civil desempeñó los cargos de director general de Seguridad y subsecretario de Gobernación, permaneciendo en Madrid cuando en noviembre de 1936 el Gobierno se trasladó a Valencia. En los últimos días de la contienda fue designado miembro del Consejo de Defensa —encargado de los asuntos de Gobernación— que gestionó la rendición del ejército republicano. Al terminarla guerra se exilió a Inglaterra, Bélgica y Francia. Autor de un libro titulado "El último episodio de la guerra civil española", editado por la Secretaría de Publicaciones de la JSE, en Francia, Toulouse, 1945.

Santiago Carrillo Solares.

(1915). Hijo del anterior. Político comunista que a los trece años de edad se alistó en las Juventudes Socialistas, de cuya organización llegaría a ser secretario general en 1934, año en que fue encarcelado por su participación en la revolución de Asturias. En 1936 fue uno de los principales artífices de la fusión de las citadas Juventudes Socialistas con las Juventudes Comunistas, fusión que dio lugar a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), de clara tendencia y preponderancia comunista, en las que desempeñó siempre puestos de especial significación. Al estallar la guerra civil ingresó en el Partido Comunista, y, en noviembre de 1936, al constituirse la Junta Delegada de Defensa de Madrid, fue nombrado consejero de la misma, encargado de las cuestiones de orden público —de cuyo puesto dimitió en los primeros días de 1937—, por lo que se le ha achacado, por algunos historiadores la responsabilidad de las ejecuciones que tuvieron lugar en Paracuellos del Jarama (Madrid) en los meses de noviembre y diciembre de 1936, imputación que, treinta años después, ha rechazado en diversas ocasiones, diciendo que él se limitó a ordenar el traslado de unos presos de Madrid a Valencia, los cuales fueron fusilados en el camino «por fuerzas que en ese momento no pudimos concretar quiénes eran». Al terminar la guerra —fue el último dirigente comunista que abandonó Madrid— se exilió al extranjero —Francia, URSS, EE. UU.. Argentina, México, Cuba, Africa del Norte, etc.—, desde donde prosiguió su actividad política. Fue uno de los principales dirigentes de la lucha guerrillera en los Pirineos y culminó su carrera política en el VI Congreso del Partido Comunista Español, celebrado en 1960, en el que fue elegido secretario general del partido, cargo en el que cesó a finales de 1982. Tras la muerte del general Franco y la restauración de la democracia, regresó a España, siendo elegido diputado a Cortes por Madrid. Autor, entre otros libros, de Después de Franco. ¿qué? (Ed. Sociales, París, 1965), La JSU está forjada en el yunque de la lucha (JSU. Toulouse, 1946), Sobre algunos problemas de la táctica de lucha contra el franquismo (Ed. España Democrática, Montevideo, 1961), Euro-comunismo y Estado (Ed. Critica, Barcelona, 1977), Partido Comunista de España (Ed. Albia, Madrid, 1977), La propuesta comunista, (Ed. Laia, Barcelona, 1977), etc.

Joan Casanellas e Ibarz.

(1904). Abogado barcelonés, fundador del diario L'Opinió y miembro de Izquierda Republicana de Cataluña. Concejal y teniente de alcalde del ayuntamiento de Barcelona. Diputado al Parlamento de Cataluña y en 1936 diputado a Cortes por Gerona por el mencionado partido. En la madrugada del 18/19 de julio de 1936, siendo subsecretario de Trabajo, cuando se dirigía en tren de Barcelona a Madrid, portando por encargo de Companys una importante documentación sobre las actividades conspiratorias de la guarnición militar de Barcelona que había de entregar al presidente del Gobierno, Santiago Casares Quiroga, fue detenido en la estación del ferrocarril de Calatayud (Zaragoza) por unos agentes de policía que, al parecer, obedecían órdenes del general Cabanellas. Mientras era conducido a Zaragoza, donde fue reducido a prisión, pidió permiso a los agentes que le custodiaban para que le permitieran atender a sus necesidades fisiológicas, circunstancia que aprovechó para hacer desaparecer los aludidos documentos. Tras pasar algún tiempo encarcelado en el fuerte de San Cristóbal de Pamplona, fue canjeado por José María Mita y Camps, conde de Montseny, que había sido presidente de la Diputación Provincial de Barcelona durante la dictadura del general Primo de Rivera. Al recobrar la libertad volvió a Barcelona, donde permaneció hasta finalizar la contienda, exiliándose entonces a París y, posteriormente, a México, donde fundó el Banco de la Propiedad y desempeñó la presidencia de las Cortes españolas en el exilio. Al subir al trono Juan Carlos I regresó a España, siendo elegido senador por Barcelona.

Joan Casanovas Maristany

(1890-1942). Abogado y político catalán que alcanzó cierto renombre profesional como defensor ante los tribunales de justicia de elementos anarcosindicalistas. Consejero de la Mancomunidad de Cataluña, se opuso al régimen impuesto por el general Primo de Rivera, por lo que, en evitación de ser perseguido, se exilió a Francia, donde permaneció hasta la caída de la Dictadura. A su regreso a España tomó parte activa en la fundación de Esquerra Republicana de Cataluña. Elegido concejal de Barcelona en 1931, fue, más tarde, consejero de Gobernación y de Fomento de la Generalidad de Cataluña, y diputado y presidente del Parlamento catalán. Durante la guerra civil desempeñó los cargos de consejero y presidente del Consejo Ejecutivo de la mencionada Generalidad, oponiéndose tanto a los excesos de los anarcosindicalistas como al predominio del Gobierno central, llegando, incluso, a exigir a José Giral, a la sazón presidente del Gobierno de la República, la entrega de ciertas cantidades de divisas para atender a algunas necesidades apremiantes de Cataluña. A finales de 1936, tras fracasar en su intento de catalanizar la guerra, se marchó a Francia, donde, al parecer, contando con la mediación de dicho país y la de Inglaterra, trató de llegara un acuerdo por separado con el general Franco, al cual estaba dispuesto a reconocer su victoria militar sobre el resto de España si éste, a su vez, se comprometía a respetar la autonomía de Cataluña. En 1937 regresó a España pero, ante el temor de ser objeto de represalias por parte del Gobierno republicano —que conocía al detalle las gestiones hechas en París—, volvió a marcharse a Francia, donde permaneció hasta su muerte.

Santiago Casares Quiroga.

(1884-1950). Abogado y político coruñés que en 1930 suscribió el llamado Pacto de San Sebastián, en representación de la Federación Republicana Gallega, de la que era una de sus principales figuras, y que, a finales de dicho año, fue enviado a Jaca, como delegado del comité revolucionario republicano que actuaba en la clandestinidad, para evitar que el capitán Fermín Galán se sublevara, lo que no pudo conseguir porque llegó tarde y el alzamiento ya se había producido. Al proclamarse la República fue nombrado ministro de Marina, pasando posteriormente a desempeñar la cartera de Gobernación, cargo que ostentó durante todo el bienio azañista, teniendo lugar bajo su mandato los tristemente famosos sucesos de Castilblanco, Arnedo y Casas Viejas. Líder máximo del galleguismo —fue diputado a Cortes por La Coruña en 1931 (Federación Republicana Gallega), 1933 (Organización Republicana Gallega Autónoma) y 1936 (Izquierda Republicana)—, fusionó su partido, la citada ORGA, con la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, del cual era amigo personal e incondicional seguidor. En 1936, tras el triunfo electoral del Frente Popular, fue ministro de Obras Públicas y, poco después, al ser elevado el citado Azaña a la presidencia de la República, jefe del Gobierno, cargo que simultaneó con la cartera de Guerra. Desbordado por la violencia callejera, su paso por la presidencia del Consejo de Ministros ha sido negativamente criticado por los políticos de todos los signos, achacándosele haber hecho caso omiso de las muchas advertencias que de todas partes le llegaron, entre ellas la que por carta le hizo el general Franco días antes de que estallara la guerra civil. En junio de 1936 protagonizó un durísimo debate parlamentario con el prohombre monárquico José Calvo Sotelo —debate que algunos historiadores consideran como el prólogo de la citada guerra—, declarándose «beligerante» contra el fascismo y acusando al citado Calvo Sotelo de «cualquier cosa que pudiera suceder». Al producirse el alzamiento militar de julio de dicho año, se negó a distribuir armas a las milicias de los partidos de izquierda y de las organizaciones sindicales, lo que desató aún más la violencia de tales milicias. Durante la contienda no desempeñó cargo político alguno, salvo el meramente simbólico de diputado a Cortes. Al terminar la guerra se refugió en Francia, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Mariano Casasús Lacasta

Nacido en 1911. Fue miembro de la Peña Salduba de Zaragoza con Ramón Acin Aquilue. Emigró a Cataluña y colaboró en 1935 en el Centro Obrero de Barcelona.  Durante la Guerra Civil fue miliciano de la columna Carod-ferrer y capitán del Estado Mayor de la 118 Brigada mixta. En 1937 fue director junto con Manuel Salas Blasco del periódico "Cultura y Acción". Fue redactor de CNT y más tarde Comisario en la 25 división. Se exilió a Francia, pero entraba y salía de España. Hacia 1945-46, Casasús Lacasta fue director de Solidaridad Obrera, órgano clandestino de la CNT, que tenía una tirada de unos 15.000 ejemplares. Perteneció a un grupo clandestino de militantes de la CNT llamado Grupo de Levante. En la década de 1970 fue miembro de  "los Maños" de Barcelona. participó en 1976 en la Asamblea de Sants donde se sentaron las bases para la reconstrucción de la CNT. El fue uno de los pocos militantes clandestinos que no fueron arrestados. Mariano Casasús murió en Barcelona el 21 de julio de 2004.

Honorato de Castro Bocel

(1885-1962). Catedrático de Cosmografía y Física del Globo; diputado a Cortes en 1931 por la provincia de Zaragoza (Acción Republicana) y reelegido en 1936 por la misma circunscripción (Izquierda Republicana), que durante la guerra civil prestó apoyo a la causa republicana. Al término de la contienda se exilió a México, donde prosiguió sus actividades profesionales hasta su fallecimiento.

Enrique Castro Delgado.

Primer comandante del Quinto Regimiento, puesto que dejó en septiembre de 1936 para ocupar el de director general de Reforma agraria. Compartió el cargo con el de Comisario Inspector del frente de Madrid y después de Secretario General del Comisariado. Su historia posterior es oscura, pero el hecho es que salió de España, regresando probablemente a finales de los años 50 y publicando libros contra los comunistas españoles.

 

 

 


Nota: En la imagen tomada en el patio del cuartel del 5º Regimiento, Castro es el de la Izquierda. El de la derecha es el Comandante Barbado. Castro era un tipo de armas tomar o así se pinta él. Y para comprobarlo, no se pierda su libro "Hombres made in Moscú", que aunque es el libro de un resentido y no tiene ningún rigor histórico, explica sin tibiezas como eran las cosas entre los dirigentes del PCE durante la guerra. Lister, sin ir más lejos, dice de él: "Cuando fui observando sus características, entre las que destacaba su cobardía —nadie puede decir que lo haya visto jamás en una trinchera en primera línea—, su falta de humanitarismo  y su desprecio por la vida de los combatientes, sus ridículos aires de estratega y sus estúpidas poses napoleónicas, yo me preguntaba cómo semejante cretino podía haber sido nombrado jefe del Quinto regimiento". Teniendo en cuenta que los líderes comunistas que escribieron libros, excepto Tagüeña, estaban muy sujetos a que si la persona aludida había caído en desgracia, podemos creer a Lister al 50%, con lo que Castro ya va sobrado. Lo que está claro es que Castro era un intrigante y un ambicioso y no supo perder. Por lo demás era un tipo canijo y pequeñín que en la única ofensiva militar en que participó se puso malo. Lo cuenta él.

Enrique Castro Delgado (marcado) durante los momentos iniciales al asalto al Cuartel de la Montaña. Así que, en alguna sí estuvo.

Roberto Castrovido.

(Madrid 1864- Méjico 1941) Periodista madrileño de reconocido prestigio y que fue director de El País y que apoyó la causa republicana exiliándose al fin de la guerra a Méjico. Inició sus andanzas periodísticas en Barcelona, pero también pasó por Santander para recalar finalmente y de nuevo, en Madrid. Era 1903. Pronto fue nombrado director de El País periódico de entonces y de cierto prestigio. Con sus editoriales se explayó con la guerra de Marruecos y con la Semana Trágica. Ni las autoridades ni los espadones le tenían mucho cariño. Adscrito al Partido Republicano-Federal que era un híbrido político de difícil digestión, consiguió un escaño de diputado por Madrid, por sustitución de un compañero. Posteriormente revalidó el asiento y con la proclamación de la II República revalidó otra vez el escaño como independiente y en febrero de 1936, también y con el Frente Popular. Al estallar la guerra cumplió sus labores parlamentarias y al final se exilió a Méjico donde al poco falleció

José Cazorla Maure

De las JSU, fue consejero de Orden Público en sustitución de Carrillo en la Junta de Defensa de Madrid. Durante los dos primeros días de su cargo y el de Carrillo (7 y 8 de noviembre) se produjeron las principales sacas de presos de las cárceles de Madrid con la supuesta intención de trasladar a los presos más proclives a colaborar con los rebeldes en cuanto fueran liberados. Pero que en realidad, salvo unos 300 que llegaron a su destino, fueron fusilados en los pueblos de Paracuellos y Torrejón y que según los estudios de Ian Gibson alcanzarían a casi 2000 personas (1). Posteriormente, José Cazorla,  ocupó el cargo de gobernador civil de Albacete y Guadalajara. En 1939 fue detenido por los casadistas junto con su mujer Aurora Arnáiz y su hijito Carlos e ingresados en la prisión de Guadalajara, donde falleció su hijo, que ya estaba enfermo. Liberados antes de la llegada de los franquistas partieron para Alicante con la esperanza de salir de España en los barcos prometidos por el Consejo de Defensa. Ante la caótica situación y la falta de barcos y el cariz que estaban tomando las cosas en el puerto. José y Aurora decidieron separarse. Aurora partiría con un grupo que intentaba llegar a la frontera Francesa. José decidió volver a Madrid con otro grupo en la esperanza de poder reconstruir al menos el partido (PCE) en Madrid, o en el peor de los casos unirse a la guerrilla que se suponía actuaría en la sierra madrileña. Una vez en Madrid, Cazorla pasó a la clandestinidad, buscó un trabajo anodino y se propuso reorganizar el maltrecho Partido Comunista. Detenido, acusado de hechos terribles en las declaraciones de republicanos presos, antiguos compañeros de la Dirección General de Seguridad, fue condenado a muerte y fusilado en 1940 en las mártires tapias del cementerio del Este.

(1) Nota de M.B.- Se trataba de personalidades y militares derechistas, fervientes partidarios de la rebelión, detenidos y sin juzgar, y que probablemente hubieran sido condenados a largos años de prisión por la justicia republicana. El motivo del traslado era evitar que fueran liberados por los franquistas con lo que se incorporarían sin duda al aparato militar y político del enemigo. La realidad es que las milicias encargadas de su traslado los fusilaron durante esos días, según habían acordado al parecer, representantes de CNT, PCE y PSOE en los distintos organismos represivos y de inteligencia de la incipiente Junta de Defensa de Madrid del otoño del 36 y de otros organismos anteriores. Carrillo y Cazorla puede que no supieran nada de estos fusilamientos, hay diversas opiniones. Carrillo dijo que se enteró cuando un diplomático le avisó de lo que estaba ocurriendo, pero también es cierto, que una vez que las autoridades republicanas tuvieron noticias de los terribles hechos, no enfocaron el asunto con justicia y verdad, sino que trataron de taparlo, pensando en el daño que aquello haría a la causa republicana. Mucho se ha calumniado a ambos personajes, por estar precisamente allí, pero su responsabilidad es la misma que la de todos los republicanos que en aquella época tenían cargos y responsabilidad en las Milicias e Instituciones encargadas de velar por la seguridad de la República en Madrid. Pues enfocado debidamente el asunto, se evidencia que la responsabilidad es colectiva de todas las autoridades madrileñas en ese momento. Bien es cierto, que con una capital, al borde de ser tomada, donde justamente estos presos se unirían a la lucha contra la República, y no sólo eso, ya que, con toda probabilidad, caerían con cruel saña, como ya pasó en otros escenarios, sobre los posibles presos republicanos madrileños de haber caído la prisión con los presos sin evacuar, en ese escenario, digo, se entiende perfectamente que nadie mirara por estos presos. Esto no rebaja la culpa, pero ayuda a entender la situación. Pero es más, la Junta de Defensa de Madrid se distinguió por tratar de acabar con las ejecuciones extrajudiciales, especialmente Carrillo y Cazorla, aunque indudablemente, Paracuellos y Torrejón es un baldón inaceptable para el honor de la República. Aproximadamente la mitad de fusilados que en Badajoz por las tropas de Yagüe, matanza, por otra parte, de la que, Paracuellos y Torrejón, son herederas en cierto modo, como ya ocurrió en la Cárcel Modelo en agosto de 1936. Nos gustaría ver una página conservadora donde se asuman las responsabilidades de la matanza franquista de Badajoz, o que se hubiera llamado a Yagüe, duque de Badajoz, como a Carrillo, se le llamó duque de Paracuellos. Pues eso.

Agustí Centelles.

(1909-1985). Fotógrafo catalán que inició su actividad profesional en el Diario Gráfico de Barcelona, y que, posteriormente, establecido por su cuenta, recogió con su máquina todo tipo de acontecimientos políticos, sociales y culturales, manifestaciones, huelgas, incidentes callejeros, etc. Al estallar la guerra civil se hallaba en Barcelona, siendo, quizá, el único fotógrafo profesional que se atrevió a salir a la calle el 19 de julio de 1936, a "dar fe de lo que estaba sucediendo en la ciudad". A lo largo de la contienda prosiguió su trabajo, alcanzando un sólido prestigio profesional tanto por la calidad como por la oportunidad de sus testimonios gráficos: un ataque a la bayoneta en el frente de Huesca —que consiguió fotografiar con auténtico riesgo de su vida—, bombardeos, enfrentamientos urbanos, miseria de los combatientes, etc. Finalizadas las hostilidades se exilió a Francia, donde obtuvo magníficos documentos gráficos sobre los campos de concentración de refugiados españoles y otras actividades del exilio. Pasados unos años regresó a España, dedicándose desde entonces a la fotograba industrial. La obra gráfica de Agustín Centelles ha servido para ilustrar gran número de libros y otras publicaciones que versan sobre la guerra civil española de 1936-1939.

Mari Pepa Colomer.

Fue la primera mujer española que obtuvo el título de piloto. Desarrolló muy variadas actividades relacionadas con la aviación, como concursos, enseñanza, etc... Durante la guerra civil colaboró con los servicios de propaganda y como profesora en la Escuela de Pilotos Militares de la Generalitat. Se exilió a Londres.

Fuente e imagen: El País, 26 mayo 2004

Juan Comorera.

(1895-1960). Político catalán que durante los primeros años de su juventud residió co la Argentina, en cuyo país militó en el Partido Socialista. Poco antes de proclamarse la República regresó a España, donde se afilió a la Unió Socialista de Catalunya, pequeño partido del que, en poco tiempo, fue su secretario general. Nombrado consejero de Agricultura del Gobierno de la Generalidad, participó como miembro de ésta en la revolución de octubre de 1934, siendo procesado y condenado a treinta años de prisión, pena que pasó a cumplir en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz), del cual salió en febrero de 1936 cuando, tras el triunfo del Frente Popular, fue elegido diputado a Cortes por Lérida en representación de Esquerra Republicana. Al iniciarse la guerra civil consiguió la fusión de un grupo de partidos minoritarios catalanes de inspiración marxista —el Partido Comunista Catalán; los escasos afiliados en Cataluña al PSOE; el Partido Proletario Catalán; los disidentes del POUM y el pequeño grupo que constituía la Unión Socialista de Cataluña—, constituyendo el PSUC, del que también fue nombrado secretario general, partido que inmediatamente se adhirió a la III Internacional, subordinada plenamente a la persona de Stalin. Poco tiempo después fue nombrado miembro del Comité Central del Partido Comunista de España. A lo largo de la contienda desempeñó varias consejerías en el Gobierno de la Generalidad, Servicios Públicos, Abastos, Justicia, Trabajo, Obras Públicas, etc. Enemigo acérrimo de la CNT, hizo cuanto pudo por desmantelar la estructura del anarcosindicalismo catalán, jugando un importantísimo papel en el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en Barcelona en mayo de 1937 —hasta el punto de que algunos historiadores le atribuyen no poca responsabilidad en la desaparición y asesinato de Andrés Nin—. Al terminar la guerra pasó a Francia y, más tarde, a Moscú. Luego se instaló en México, colaborando con el Gobierno republicano en el exilio y volviendo de nuevo a Francia, en 1945, donde cuatro años después fue acusado de "títista" y expulsado del PSUC. En 1950 pasó clandestinamente a España, siendo descubierto y detenido por la policía en 1954. Reducido a prisión, murió en Burgos, seis años después, sin que recobrara la libertad. En opinión del escritor y político Josep Benet, Comorera fue el político más polémico del siglo en Cataluña...

Lluis Companys i Jover.

(1882-1940). Abogado y político catalán, nacido en la provincia de Lérida, que fue discípulo de Francisco Layret, en el despacho del cual hizo sus primeras armas profesionales, defendiendo a numerosos obreros que militaban en la CNT. Afiliado a Unió Republicana, junto con el citado Layret y Marcelino Domingo Sanjuán, fundó en 1916 el periódico La Lucha, al tiempo que colaboraba en La Publicidad, La Barricada y La Forja. Un año después fue elegido concejal del ayuntamiento de Barcelona, formando parte de la Comisión de Gobierno de dicha corporación. En 1920 fue detenido y deportado a la isla de Menorca por sus relaciones con el Sindicato Único y las actividades desarrolladas por éste. A su regreso a Cataluña creó la Unió de Rabassaires, especie de sindicato campesino opuesto al de San Isidro, que era en el que militaban los propietarios de las tierras. Durante la dictadura del general Primo de Rivera volvió a ser detenido en diversas ocasiones, aunque en ninguna de ellas se le formularon cargos graves y siempre recobró la libertad poco tiempo después. En marzo de 1931, al agruparse las tendencias republicanas catalanas en el partido Esquerra Republicana de Catalunya, se convirtió en uno de los líderes más cualificados de esta organización. Poco tiempo después, el 14 de abril, se autodesignó alcalde de Barcelona —dos días antes había sido elegido concejal del mismo municipio— y proclamó la República desde el balcón de honor del ayuntamiento de dicha ciudad. Diputado a Cortes por Barcelona en 1931, 1933 y 1936 (Esquerra Republicana de Catalunya). Gobernador civil de Barcelona; ministro de Marina (de junio a septiembre de 1933) en uno de los gabinetes presididos por Manuel Azaña, y presidente del Parlamento de Cataluña. Elegido presidente de la Generalidad de Cataluña tras la muerte de Francecc Maciá, el 6 de octubre de 1934 proclamó el Estado Catalán de la República española, por lo cual fue acusado del delito de rebelión militar y condenado a treinta años de reclusión. Al triunfar el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 fue amnistiado y repuesto en el cargo de presidente de la Generalidad, regresando a Cataluña —se hallaba preso en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz)—en olor de multitud. El 16 de julio de 1936, al anochecer —durante toda la jornada había corrido por doquier el rumor de que, de un momento a otro, los militares iban a alzarse en armas contra el Gobierno—, recibió en su despacho oficial a Buenaventura Durruti, Francisco As-caso, Juan García Oliver y Diego Abad de Santillán, quienes, en nombre de la CNT y de la FAI, pretendían que se les entregasen armas con las que poder hacer frente a cualquier eventualidad sediciosa, pero el presidente de la Generalidad, que en esta ocasión prefería que los acontecimientos se precipitasen por sí solos, se negó a tal entrega. El 18 del mismo mes, por la mañana, conocedor ya del levantamiento de las tropas destacadas en Marruecos, habló por teléfono sobre el tema con Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno central, el cual, optimista, restó importancia al hecho y le aseguró que en pocas horas el país volvería a la normalidad. El mismo día, por medio de Federico Escofet Alsina, comisario general de Orden Público de la citada Generalidad, se enteró de que habían sido detenidos tres oficiales de la Guardia de Asalto, a los cuales se les habían ocupado algunos documentos altamente comprometedores, reveladores de la inminencia de la sublevación. En la madrugada del 18 al 19 las tropas rebeldes se lanzan a la calle, pero, al cabo de unas horas y tras una sangrienta batalla, son derrotadas por las fuerzas de la Guardia Civil, la Guardia de Asalto, los Mozos de Escuadra y las milicias anarcosindicalistas. El general Manuel Goded Llopis, que se había trasladado de Mallorca a Barcelona para encabezar la rebelión, es hecho prisionero. Conducido al despacho del presidente de la Generalidad, es invitado por éste a que se dirija por radio a los últimos focos de resistencia, a fin de que, en evitación de mayores males, les ordene que depongan su actitud. «General —le dice—, cuando se juega y se pierde hay que pagar lealmente. En otra ocasión yo me vi en este despacho, vencido por la fuerza del Ejército como usted lo está ahora por la fuerza del pueblo. Entonces, cumpliendo el deber de evitar sacrificios estériles, me acerqué a ese micrófono y recomendé que la lucha cesara porque el movimiento había fracasado. Usted está en el deber de imitarme.» Aceptó el general rebelde la invitación, desligando a sus secuaces del compromiso que tenían contraído. Satisfecho por su victoria, el presidente de la Generalidad habló por los mismos micrófonos que Goded: «¡Catalanes! Sólo unas palabras, porque éstos son momentos de hechos y no de frases. Acabáis de escuchar al general Goded, que dirigía la insurrección y que pide que se evite el derramamiento de sangre. La rebelión ha sido sofocada. Es necesario que todos continuéis a las órdenes del Gobierno de la Generalidad, atendiendo a sus consignas. No quiero terminar sin hacer un fervoroso elogio de las fuerzas que con bravura y heroísmo han luchado por la legalidad republicana ayudando a la autoridad civil. ¡Viva Cataluña! ¡Viva la República!» En la tarde del 20 de julio, dominada ya Barcelona por las fuerzas leales al Gobierno, recibe, otra vez, aun grupo de militantes de la CNT y de la FAI —Durruti, García Oliver, Ricardo Sanz y Joaquín Ascaso (el hermano de este último, Francisco, había muerto el día antes en el asalto a unas dependencias militares de Barcelona)— y les dice: «Habéis vencido y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo.» Aunque, según Jaume Miravitlles, testigo de excepción de aquellos acontecimientos, «a las cuarenta y ocho horas del estallido [de la guerra] ya no regia el Gobierno de Cataluña» y las patrullas armadas anarquistas y socialistas se habían hecho las dueñas de las calles de Barcelona, el presidente de la Generalidad hizo todo lo posible para que la ciudad recuperase la calma y la normalidad. Con este propósito dirigió a los catalanes una nueva alocución radiofónica, en la que no es difícil entrever el estado de indisciplina que debía reinar entre las masas: «El Gobierno de Cataluña —dice Companys— ha adoptado las medidas necesarias para hacer frente a las circunstancias actuales, en las que las fuerzas fascistas vencidas en la calle en toda Cataluña y en casi toda España por el heroísmo de las masas populares y de las fuerzas leales, oponen en algunos lugares la última desesperada resistencia. El Gobierno mantendrá la dirección de la lucha, puesto que él tiene la responsabilidad, e impondrá la disciplina con el concurso y la asistencia de las organizaciones obreras y de los partidos políticos antifascistas. Los que han luchado y vencido han de permanecer unidos, para dar a los impulsos de la indignación el camino eficaz de la victoria y la pureza, el honor y la gloria del movimiento triunfante. Repito a todos el acatamiento a las disposiciones, órdenes y acuerdos del Gobierno... Pido y repito a todos que rechacen y se enfrenten contra todo intento que venga a perturbar el orden revolucionario...» El 23 de julio se crean las Milicias Ciudadanas o Milicias Antifascistas de Cataluña, que constituirían, el auténtico poder en Cataluña durante algunos meses. El 10 de agosto se constituye un nuevo Gobierno catalán, el cual despierta no pocos recelos en Madrid: primero, porque Companys deja de llamarse presidente de la Generalidad de Cataluña para hacerse llamar presidente de Cataluña; después, porque en dicha Generalidad se crea una nueva consejería, la de Defensa, que suena más a organismo propio de un Estado soberano que a simple departamento administrativo de una región autónoma.

Companys y parlamentarios catalanes en 1932. Ventura Gassol y Tarradellas por la izquierda. A su vera Jaume Aiguader

A este Gobierno suceden varios más, lo que revela la inestabilidad de la situación y su difícil sostenimiento. Ossorio y Gallardo (Vida y sacrificio de Companys, Ed. Losada, Buenos Aires, 1943) describe la atmósfera reinante en aquellos momentos y los esfuerzos que continuamente hace Companys para evitar peligros e incomodidades a determinadas personas: «... Cuando después de julio de 1936 [Companys] fue desbordado por la revolución y Cataluña tomó un aspecto fantástico y todos tuvimos que acudir a la Generalidad para proteger amigos e instituciones, pude darme cuenta de que hizo lo que pudo para salvar lo que fuese posible, aunque a veces no lo consiguiera. Me consta que muchos de nuestros políticos de derechas que se hallaban en Barcelona, Abadal, Ventosa i Calvell, Puig i Cadafalch, el conde de Montseny, así como muchos industriales que pudieron escapar, los altos dignatarios del clero e innumerables curas salvaron la vida gracias a la intervención de Gassol y España, que actuaban por encargo y con plena anuencia de Companys. Yo hablé con el obispo de Gerona y con el canónigo Carreras en el despacho de Gassol y con el abad de Montserrat en el patio gótico y vi los montones de pasaportes que firmaba España y luego supe los esfuerzos de Andreu [presidente de la Audiencia], que se jugó muchas veces la vida para arrancar de las patrullas a muchos inocentes y aun a muchos que no lo eran y sé que todo esto se hacía de acuerdo con el Presidente. Sé también que después de los primeros fusilamientos de militares sublevados (Goded, etc.) a los que él, en principio, se opuso siempre y que sólo consintió porque con ellos se evitó una matanza en masa que no tenía fuerza de impedir, Companys votó todos los indultos y luego facilitó todos los cambios de presos. A finales de octubre de 1936, la Generalidad acordó la colectivización de las empresas de más de cien obreros. En principio, el presidente catalán —fiel a su linaje y a su espíritu burgués— se opuso a la firma del correspondiente decreto pero, según cuenta Abad de Santillán, testigo presencial de los hechos, accedió a suscribirlo amenazado casi pistola en mano por el consejero de Economía. Las relaciones con el Gobierno central son poco cordiales y, en este sentido, irán in crescendo a lo largo de toda la guerra. Ante Ilia Ehrenburg, corresponsal del diario soviético lzvestia, Companys se quejó de que en Madrid «nos tratan como a una provincia». Cuando Manuel Azaña se traslada a Barcelona es recibido como un jefe de Estado... extranjero. En poco tiempo la Generalidad de Cataluña se apropia de un sinfín de servicios y de funciones que estatutariamente no le corresponden, todo ello con el asentimiento, cuando no por obra, del propio Companys; la Consejería de Gobernación de dicha Generalidad se arroga la mayoría de las funciones que corresponden al Gobierno central; el presidente de Cataluña —título que oficialmente no existía pero que a Companys le satisfacía, y mucho, utilizar— se atribuye la prerrogativa de indultar a los condenados por los tribunales de justicia; dependiendo del Gobierno catalán se crean los departamentos de Comercio Exterior y de Asuntos Exteriores; la misma Generalidad emite papel-moneda, de curso obliga-torio en Cataluña, por un importe inicial de 200 millones de pesetas; se crea un ejército de Cataluña independiente del ejército de la República; etc. En mayo de 1937 estalla en Barcelona una guerra civil dentro de la guerra civil, que terminará con la práctica desaparición del poder anarcosindicalista del panorama catalán, la defenestración de Francisco Largo Caballero y el acceso de Juan Negrín a la jefatura del Gobierno central y de los comunistas al Poder. Carlos Rojas (Diez figuras ante la guerra civil, Ed. Nauta, S. A., Barcelona, 1973), hace esta rápida síntesis de aquellos momentos: «... Agrias discordias entre las fuerzas republicanas aperciben a tiros el mayo sangriento hasta hacerlo inevitable. Más de ciento cincuenta muertos, en atentados, pringan Cataluña en aquellos meses. El 30 de julio asesinan a Desiderio Trilles, Manuel Séster y Miguel Moraña, de la UGT, en la puerta de la Paz. El 23 de enero, en el pueblo de La Fatarella, Tarragona, las patrullas de control abren fuego contra los campesinos que protestan la colectivización. Treinta cadáveres arroja el balance. El 17 de febrero matan en Barcelona a un cenetista. El 26 sale siniestro. Cae otro confederado en un tiroteo entre sindicales en Manresa; balean al presidente de las juventudes anarquistas de Centelles; hay nuevos crímenes en Vilanova i la Geltrú, y en Granollers acaban a tiros con un guardia de Asalto. Una manifestación de compañeros suyos llega a la Generalidad, donde apacíguala el propio Companys. Tres días después, en el entierro de un guardia civil también sacrificado en Olesa de Montserrat, enciéndese otro tiroteo y cae el obrero Juan Gozalbo. El 5 de marzo, apropiase el PSUC de diez tanques ligeros de la Maquinista Terrestre y Marítima, falsificando un volante del sindicalista Antonio Vallejo, jefe de las industrias de guerra. El mismo Tarradellas, presidente del Gobierno, reclámalos en vano. El 24 de abril disparan contra el comisario de Orden Público Rodriguez Salas. A la mañana siguiente, sucumbe Roldán Cortada, del comité regional de la UGT, a manos de otros pistoleros. El 27, números de Asalto enviados por Rodríguez Salas y Artemi Ayguader, consejero de Seguridad Interior, acaban con Antonio Martín, el cojo de Málaga, en su cantón de Puigcerdá, donde reinaba abierto bandidaje. El 2 de mayo, víspera del estallido, sucumbe un faísta en la calle del Pino, bajo las balas de Estat Catalá. La serenidad de Alfredo Martínez del comité regional de las juventudes libertarias, impide inmediatas venganzas en otros miembros de Estat Catalá, reunidos con él, en el pleno del frente de la juventud revolucionaria. Martínez, empero, será también víctima de sicario anónimo, en los sucesos que se avecinan...» Efectivamente, el panorama en Cataluña es desolador. «Hay para escribir un libro —dice Azaña en sus Memorias políticas y de guerra, Ed. Crítica, Barcelona, 1981— sobre el espectáculo que ofrece Cataluña, en plena disolución. Ahí no queda nada: Gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos, fuerza armada; nada existe...» No menos pesimista se muestra Abad de Santillán: «... Companys —dice— no supo o no pudo imponerse al caos que reinaba en aquella época...»

Companys recibe a José Antonio Aguirre en Barcelona

A principios de noviembre de 1937, considerando concluido su mandato presidencial, Companys pone su cargo a disposición del Parlamento catalán, pero éste vuelve a elegirlo para el mismo puesto por cuarenta y un votos a favor y uno en contra. No obstante, las relaciones Gobierno central-Generalidad de Cataluña se deterioran tanto que el necesario engranaje deja de funcionar. Parece claro que la colaboración de Cataluña al esfuerzo general de guerra es cada vez menor, está cada vez más falta de entusiasmo. Companys se queja de Prieto —que ha sucedido a Largo Caballero en la cartera de Guerra, que simultaneaba con la presidencia del Gobierno— y de Negrín; Azaña se queja de Companys: «Lo mejor de los políticos catalanes es no tratarlos.» Todos se quejan de todos. En un determinado momento se rumorea que va a suprimirse la Generalidad y a nombrarse, otra vez, un gobernador general de Cataluña. En el paroxismo de su amargura, Azaña, artífice máximo, en su día, del Estatuto catalán, escribe: «... Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos.» Moralmente derrumbado, Companys no sabe qué camino elegir: personas que lo trataron de cerca en aquellos momentos sospechan que había perdido o que estaba a punto de perder el juicio. El establecimiento del Gobierno central en Barcelona no sirve si no para agravar la situación. El Gobierno transgrede continuamente el Estatuto y la Generalidad viola cada día la Constitución. En círculos que se decían bien informados —cosa que nunca ha podido comprobarse y que muy posiblemente era una mentira más entre las muchas mentiras que circulaban por entonces— se asegura que Cataluña está gestionando una paz separada con Franco. En ocasiones, pocas, se enciende una luz que parece posibilitar el entendimiento y que sirve para albergar algunas esperanzas. «En las filas del Ejército —dice Companys—, victoria quiere decir unidad, disciplina, mando único, virtudes militares y cívicas en todos los órdenes, y esto ha sido conseguido por las características insuperables de abnegación y de resistencia y de moral del alma popular, y el acierto de la eficacia técnica y de dirección que me obligan ahora a pronunciar el nombre de Indalecio Prieto...» Pero esta luz se apaga en seguida. Cuando la guerra se acerca a Cataluña, la República va ya, inevitablemente, a la deriva. Negrín propone a Companys como presidente del Gobierno central pero éste, como es lógico, rehúsa la proposición. En diciembre de 1938 comienza la gran ofensiva nacionalista sobre Cataluña, que a los pocos días se convertirá, más que en ofensiva, en un paseo militar. Según Carlos Rojas (op. cit.), un grupo de militares republicanos propone, a través de Diego Abad de Santillán, un plan «entre saguntino y fantástico, que prevé, para Barcelona, la resistencia y voladura de la ciudad, casa por casa. Companys jura estar dispuesto a sepultarse con ella, pero Negrín rebate el proyecto». El 26 de enero de 1939, el ejército nacionalista entra triunfalmente en Barcelona. Tres días antes, exactamente en la madrugada del 22 al 23, Companys había abandonado la ciudad. «Tardaremos mucho tiempo en regresar a nuestra tierra», dice al contemplar por última vez el palacio de la Generalidad de Cataluña. Pasando por Sant Hilari, Montsolís, Darnius y Agullana —donde se encuentra con José Antonio Aguirre Lecube, presidente del Gobierno autónomo del País Vasco, que también huía—, llega a la frontera francesa, de donde pasó primero a Perpiñán y, posteriormente. a Paris. Más tarde. fijó su residencia en La Baule, en unión de su esposa. Cuando, en 1940, Francia es invadida por los ejércitos de Hitler, le propusieron huir a América, pero Companys se negó a ello, pues tenía un hijo enfermo mental recluido en un sanatorio próximo a París. Poco tiempo después se enteró de que, tras un bombardeo, su aludido hijo había desaparecido, lo que le obligó a realizar una serie de gestiones en averiguación de lo sucedido. En el desarrollo de tales gestiones fue detenido por la GESTAPO alemana y conducido a París. Allí fue entregado a la policía española, que lo trasladó a Madrid. Tras una serie de interrogatorios en la Dirección General de Seguridad, lo llevaron a Barcelona, quedando preso en el castillo de Montjuit. El 14 de octubre del citado 1940 se celebró contra él un consejo de guerra sumarísimo, en el que fue acusado de haber cometido un delito de adhesión a la rebelión militar. Horas después se dictó la correspondiente sentencia, en virtud de la cual era condenado a la pena de muerte. Al día siguiente, de madrugada, tras haber confesado y comulgado al parecer muy devotamente —no obstante su antigua militancia en la Masonería—, fue fusilado en los fosos del mencionado castillo. No parece cierto que, como dice la leyenda, se descalzase ante el pelotón que lo iba a ejecutar para morir pisando tierra catalana.

Fuente: Manuel Rubio Cabeza (Diccionario de la GCe)

Cayetano Continente Bernudez

Campesino aragonés y guerrillero anarquista nacido en Tuesta (Zaragoza). Le llamaban "El Abuelo". Mandó una unidad Confederal de guerrillas (Los libertadores) cuya misión consistía en infiltrarse en las líneas enemigas y provocar el caos y la desmoralización del enemigo. Al termino de la guerra fue detenido en el puerto de Alicante e internado en Albatera. Trasladado a Madrid fue fusilado en las tapias del Cementerio del Este en 1940.

Manuel Cordero Pérez.

Este histórico socialista había nacido en Castroverde de Lugo en 1885 de una humilde familia de labradores. Pese a que era un niño espabilado, precisamente, terminó trabajando como aprendiz en tabernas y colmados. Luego hubo suerte, y pudo colocarse de ayudante de panadero y aprender el oficio, nada más y nada menos que en la tahona de la familia Baroja (la de Pío Baroja) (1). Manuel Cordero fraguó su carrera socialista en Madrid de cuya Agrupación ya era miembro en 1905. En UGT, siempre representó a los sindicatos de panaderos y pasteleros, esto es, los llamados sindicatos de "Artes blancas". En 1919 fue elegido concejal para el ayuntamiento de Madrid, cargo que ejerció hasta 1923, cuando se postulo como diputado por Madrid. En el ínterin fue nombrado Presidente del Sindicato de Artes Blancas de Madrid. En 1930 dirigió la Mutualidad Obrera de la Casa del Pueblo de Madrid. Con la llegada de la II República vuelve a ser concejal de ayuntamiento y también diputado por Madrid. Fue nombrado por el gobierno delegado en el monopolio CAMPSA. Manuel Cordero sufrió duras campañas de desprestigio por parte de la prensa de derechas (2). Durante la guerra cumplió con sus labores en el ayuntamiento de Madrid y en el parlamento. Posteriormente partió para Barcelona ocupándose de tareas de organización de sindicatos y del partido. Al terminar la guerra se exilió a Francia de donde partió para Casablanca desde donde embarcó para Argentina en 1940. Un año después falleció. Manuel Cordero bien podría ser uno de los personajes del "Rick´s Cafe americain", atrapado en Casablanca mientras sorteaba a la corrupta policía francesa y a la criminal GESTAPO.

(1) Como todos los históricos socialistas, aprendió por su cuenta, poca escuela, y mucho intercambio de ideas y de libros con los compañeros. Esto te conciencia, que duda cabe, pero lo que un adelantado estudiante aprende en una semana, un autodidacta necesita un semestre. En política, el valor del autodidactismo esta en la irrenunciabilidad de las ideas aprendidas, pues en verdad que llegan a nuestro magín como si hubieran salido de las propias entrañas, lentas, a veces, algo incorrectas, pero propias. Así fueron los grandes líderes obreros de la izquierda española.

(2) Como las que  hoy hace la prensa amarilla y la TDT party ultracatólica a cualquiera que respire de izquierdas.

Fernando Cordón García

Administrador de la aduana de Verín. Con la rebelión partió para Orense para ayudar en la resistencia contra la sublevación. Pero su chofer le denunció. Al descender del coche fue tiroteado sin previo aviso y detenido sin que se le prestara ayuda médica. Inmediatamente se le aplicó el bando de guerra rebelde y condenado a muerte. Como no se tenía de pie lo ataron a una escalera. Su muerte se publicó en "El faro de Vigo". Era hermano de Antonio Cordón militar republicano que fue subsecretario del ejercito de Tierra en el gobierno Negrín.

Joan Cornudella Barbera.

(1904-1985). Político catalán, afiliado a Estat Catalá, que durante la guerra civil fue secretario general de dicho partido. Una vez concluida la contienda se exilió a París, donde fundó el Front Nacional de Catalunya. Más tarde regresó clandestinamente a España, siendo detenido en diversas ocasiones por sus actividades políticas. Tras la restauración de la Generalidad de Cataluña fue elegido diputado al Parlamento Catalán por el Partido Socialista.

Francisco Cruz Salido.

Dos amigos que compartieron vida y muerte, Julián Zugazagoitia y Francisco Cruz Salido

(1898-1940). Empleado de la Compañía Telefónica, militante del PSOE y redactor del diario El Socialista, en cuyas páginas publicó el 30 de julio de 1932 un articulo que le valió la inquina de un gran sector de la clase militar. «Pregonemos —decía entre otras cosas—nuestro orgullo: tenemos médicos para los soldados, y médicos para los jefes, cada uno de ellos especialmente capacitado para sus funciones respectivas. A veces, sin embargo, el médico de un capitán especializado en capitanes y preparado para vigilar la salud de los capitanes, se ha visto en el caso de tener que asistir de parto a la señora del capitán. Terrible conflicto. Terrible, porque, por muy psiquiatra que el médico sea, no había previsto que los capitanes pudieran llegara esos trances. En estos casos debería establecerse una competencia de jurisdicción entre el médico de los jefes y el médico de los soldados; en definitiva, tendría que intervenir este último, porque podría demostrarse que la culpa de todo era del asistente.» Durante la guerra civil siguió colaborando en el mismo periódico, siendo durante algún tiempo secretario particular de Indalecio Prieto. Al terminar la contienda se refugió en Francia, donde fue detenido por la Gestapo alemana cuando los ejércitos de Hitler ocuparon dicho país, siendo, a continuación, entregado a las autoridades franquistas. Conducido a Madrid y juzgado por un consejo de guerra, fue condenado a muerte y fusilado en Madrid en las tapias del Cementerio del Este..

Nota: En la imagen es el de la derecha, junto a Julián Zugazagoitia. Ambos, como en la foto, unieron sus vidas y sus muertes, pues, fueron capturados en Francia por la Gestapo, entregados a los franquistas y fusilados en Madrid, en las tapias del Cementerio del Este en 1940. Y así, los franquistas acabaron con sus vidas, con su talento y con su honestidad. Descansen en paz estos dos insignes y leales socialistas.

Luis Cuenca Estevas

(1910-1936). Estudiante fracasado de Aduanas y militante del PSOE, apodado el Cubano —por haber pasado una larga parte de su vida en la isla de Cuba— y el Pistolero —al parecer fue guardaespaldas del dictador caribe Machado—, que gozó de escasas simpatías entre sus correligionarios, no obstante lo cual formó parte de «La Motorizada» y de la escolta personal de Indalecio Prieto. Los especialistas en el tema —Luis Romero, Ian Gibson, etc.— coinciden todos en que fue el autor material del asesinato del líder monárquico José Calvo Sotelo. La policía gubernativa le detuvo al día siguiente del asesinato, pero la rebelión militar paró las investigaciones. Cuenca murió en acción de guerra, en la sierra de Madrid, a los pocos días de iniciarse la guerra civil.

Pedro (Fernández) Checa

(1906-1943). Delineante y dirigente comunista, miembro del Comité Central del partido, que durante la guerra civil desempeñó diversos e importantes cargos en el seno de la más alta organización del mismo, gozando fama de hombre íntegro, honesto, sencillo y eficiente. En los últimos días de la contienda trató de organizar una especie de células comunistas para que después, cuando llegase la paz, pudiesen funcionar en la clandestinidad y, como consecuencia, mantener viva la presencia del citado partido en la vida política española, cosa que no logró a pesar de sus reconocidas cualidades de buen organizador. Al finalizar la guerra se exilió a México, donde falleció poco tiempo después.

Luis Delage.

Fue nombrado comisario de la recién formada 6 Brigada en noviembre de 1936. Fue comisario, sucesivamente, de la 4 División, el V Cuerpo y el Ejército del Ebro. Antes de la guerra había estado encargado de la propaganda en el comité provincial del PCE en Madrid. Después de la guerra marchó a la Unión Soviética y luego a América Latina, regresando a Francia en 1944 para actuar entre los exiliados españoles.

 

Delage con el comandante Agustín Lafuente a su derecha, sentado enfrente del Jefe de Servicios del Ejército del Ebro

Manuel Delicado.

Manuel Delicado a la izquierda, junto a Grimau y Dolores Ibarruri en el exilio.

Antiguo trabajador sevillano del corcho y afilado en la CNT que terminó militando en el PCE en 1926. Durante la guerra civil fue Director General de Agricultura y miembro del Comité Central del PCE. Se exilió al extranjero al termino de la guerra, regresando a España tras la muerte de Franco continuando sus labores dentro del PCE.

Periodistas de Mundo Obrero y miembros del CC del PCE en sede de Mundo Obrero (ex-sede de El Debate)

José Díaz Alor.

Militante socialista, alineado en el ala izquierda del PSOE, que durante la guerra civil, siendo ministro de la Guerra Francisco Largo Caballero, fue encargado por éste. junto con cinco inspectores más, de examinar la acción de los generales, jefes, oficiales, suboficiales y comisarios del ejército republicano, para estar el indicado ministro debidamente informado del comportamiento político de sus subordinados. Próximo ya el final de la contienda fue elegido miembro del Comité Ejecutivo de la Unión General de Trabajadores. También fue tesorero de la Ejecutiva de UGT de 1934 y vocal en la de 1938, con Ramón González Peña de Presidente. Al finalizar la guerra, fue internado en el campo de concentración de Albatera (Alicante).

Ángel Díaz Baza.

Militante socialista que durante la guerra civil fue nombrado por Indalecio Prieto, a la sazón ministro de Defensa Nacional, jefe del SIM, desde cuyo cargo hizo, a finales de 1937, algunas gestiones encaminadas a llegar a un compromiso con los nacionalistas que pusiese fin a la contienda, gestiones que resultaron totalmente infructuosas.

Vicente Díaz Perdiguero

Había nacido en Cebreros, Ávila y era de origen campesino. Se trataba de un joven dirigente de la CNT madrileña que presidía el Comité de Defensa de la Federación Local de la CNT madrileña, que teóricamente dependía del Comité de Defensa de la CNT de la Región Centro, que presidía Eduardo Val, pero que en la realidad rivalizaban. Participó activamente en la toma del Cuartel de la Montaña, y como todos los partidos y sindicatos, en la fiebre requisadora que les entró recién se rindió el cuartel, participó digo, en la incautación del conocido cine Europa, edificio al que denominaron Ateneo Libertario de Cuatro Caminos. No muy lejos, los comunistas del Radio Norte, con Enrique Castro Delgado, se incautaban del Convento de los Salesianos de Francos Rodríguez para fundar el Quinto regimiento. Días después, los dirigentes de la CNT declararon al cine Europa, Cuartel General de Milicias Confederales, con Vicente Díaz y Antonio Segura de responsables. Parece que Vicente Díaz también participó en los incidentes de la Cárcel Modelo del 24 de agosto, cuando tras un motín de presos comunes y de otros, derechistas, los milicianos entraron en la prisión matando a una docena de importantes presos. En estos hechos participaron también milicianos de otros partidos y sindicatos. Se ha dicho que Vicente Díaz se encargó al final de la guerra del traslado de los objetos de valor, joyas, dinero, etc... que la CNT había confiscado en Madrid a los derechistas represaliados. Convoy que a principios de marzo de 1939 se dirigió al puerto de Alicante con ocho camiones cargados de botín. Vicente Díaz fue detenido e interrogado por el SIPM franquista. Su declaración trasluce sin dudas las brutales palizas a las que fue sometido, en las que llegado el caso firmaban las declaraciones que directamente confeccionaban los interrogadores. (1)  En el caso de Vicente Díaz se le involucró en el tráfico de alhajas, dinero y valores que desde el Comité de Defensa Local se dirigían hasta el Comité de Defensa de la Región Centro, presidido por Eduardo Val, que era el mandamás en la CNT madrileña, aunque muy contestado por sus dictatoriales formas de llevar la organización y sobre todo por su papel en la represión madrileña. Vicente Díaz fue condenado a muerte y ejecutado en las tapias del cementerio del Este el 25 de octubre de 1941, tenía 42 años.

 

 

(1) Así se compuso la posterior y denigratoria fama de muchos cuadros del Frente Popular. Las declaraciones de republicanos interrogados por la Policía Militar franquista al final de la guerra, no deben tomarse muy en cuenta por la forma en que fueron obtenidas. Así de Vicente Díaz se dijo que se había quedado con el reloj de Melquíades Álvarez, fusilado en la cárcel Modelo de Madrid el 24 de agosto. También se afirmó que en las dependencias del Ateneo Libertario de Cuatro Caminos, se asesinó nada menos que a 6.000 personas, lo que está cerca del total de derechistas fusilados en Madrid por los republicanos durante toda la guerra, Paracuellos incluido.

José Díaz Ramos.

Francisco Antón, José Díaz y Koltsov. Tres pesos pesados del comunismo en la guerra civil española

(1896-1942). Panadero y político sevillano que desde muy joven militó en las filas de la CNT, por lo cual sufrió varias detenciones y encarcelamientos. En 1927, junto con otro sevillano, Manuel Delicado, abandonó el anarcosindicalismo e ingresó en el Partido Comunista, en el que muy pronto fue designado miembro del Comité Central, y poco después, secretario general v vocal de la comisión ejecutiva de la Internacional Comunista. En 1936 fue elegido diputado a Cortes por Madrid (capital), en representación de su partido, y miembro de la Diputación Permanente del parlamento, amenazando desde su escaño a Gil-Robles de que moriría con los zapatos puestos». Durante la guerra civil concentró toda su actividad en el Partido Comunista —desde el cual ejerció una notoria influencia en la zona republicana, sin desempeñar cargo alguno en el Gobierno, lo cual no fue obstáculo para que, en diversas ocasiones, chocase con los asesores soviéticos que prestaban sus servicios en la zona gubernamental y se quejase de la influencia que éstos ejercían en la política española. En diciembre de 1938 se trasladó a la URSS, enfermo de gravedad, donde siguió trabajando como miembro del Komintern, falleciendo cuatro años después.

Isidoro Dieguez

(Puertollano 1909- Madrid 1942) Activo miembro del PCE que fue Consejero de Milicias en la Junta de Defensa de Madrid. Pertenecía al Comité Central del PCE y a su Buró Político. Al fin de la guerra se exilió, pero el partido le pidió que regresara para hacerse cargo de la resistencia comunista contra Franco. Junto con otros militantes fue detenido en Lisboa por los salazaristas, y por supuesto, entregado a Franco, quien tras una pantomima de juicio los fusiló en 1942.

Máximo de Dios.

Miembro del Partido Socialista que fue Secretario de la Junta Delegada de Defensa de Madrid. Arriba en la imagen conversando con prisioneros tomados en Cerro Rojo y que posteriormente serían juzgados y absueltos en una operación de propaganda republicana. Abajo consolando a un campesino en Brihuega recién conquistada, cuyo hijo fue asesinado por falangistas.

Marcelino Domingo Sanjuán.

En la imagen con el Dr. Negrín

(1884-1939). Político catalán, nacido en Tortosa (Tarragona), en cuya comarca llegó a ejercer una notable influencia. Maestro de primera enseñanza, periodista, concejal del ayuntamiento de su ciudad natal y fundador del Bloc Republicá Autonomista y Masón. Encarcelado en 1917, con motivo de la huelga general revolucionaria, tomó parte en diversas conspiraciones contra la dictadura del general Primo de Rivera, suscribiendo a la caída de éste el llamado Pacto de San Sebastián. Al proclamarse la República fue nombrado ministro de Instrucción Pública y, poco tiempo después, de Agricultura, Comercio e Industria. Diputado a Cortes por Tarragona en 1931 (Partido Radical Socialista). Ministro, otra vez, de Instrucción Pública con el primer Gobierno del Frente Popular. Al estallar la guerra civil formó parte de una delegación española que visitó a Léon Blum para recabar ayuda del Gobierno francés, ayuda que no pasó de buenas promesas. Más tarde se encargó de llevara cabo una misión de propaganda en Hispanoamérica, labor que reportó algunos beneficios morales y materiales a la causa republicana. Poco después abandonó España, fijando residencia en Francia y falleciendo en Toulouse poco antes de que concluyera la contienda. Autor, entre otros libros, de En la calle y en la cárcel, ¿Dónde va Cataluña?, ¿Qué espera el rey?, ¿A dónde va España?, La experiencia del poder, etc.

Edmundo Domínguez.

Político socialista que con anterioridad a la guerra civil había desempeñado los cargos de presidente de la Casa del Pueblo de Madrid y secretario de la Federación Nacional de la Construcción (UGT), y que durante la contienda, alineado más próximamente al gobierno que a sus antiguos correligionarios, fue elegido vicepresidente de la Unión General de Trabajadores y comisario inspector del ejército republicano operante en la Región Central. Autor, entre otros libros, de Los vencedores de Negrín (Ed. Nuestro Pueblo, México, 1940).

Juana Doña.

Joven luchadora republicana que tras la guerra se pudrió en las cárceles franquistas como tantas otras. Escribió libros sobre la represión Franquista: "Desde la noche y la Niebla" y "Gente de abajo". Su heroicidad fue resistir las cárceles franquistas, el fusilamiento de su compañero Eugenio Mesón y la muerte de su hija mayor sin desmoronarse y sin abandonar su militancia antifascista. Aquí se la ve con otras compañeras de infortunio. Es la que está sentada a la derecha.

 

 

Nota: Juana Doña falleció el 18 de octubre de 2003, el mismo día que Manuel Vázquez Montalbán. Descansen ambos en paz en una estrella gigante roja, donde la diosa Razón, nuestra memoria, lleva siempre a nuestros héroes.

Buenaventura Durruti.

(1896-1936). Obrero mecánico leonés, uno de los máximos líderes del anarquismo español del siglo XX y, sin duda, el que alcanzó mayor popularidad, el cual desde su primera juventud desarrolló una intensa actividad revolucionaria, tanto en España como fuera de ella. Desertor del ejército, participó muy directamente en la huelga general revolucionaria de 1917 incendiando locomotoras, levantando el tendido de vías férreas, etc., por lo que tuvo que huir a Francia, siendo detenido algún tiempo después y juzgado por un tribunal militar, que lo condenó a prisión, de la cual consiguió evadirse. Instalado en Barcelona, constituyó un grupo de acción ácrata denominado «Los Solidarios,,, del que formaron parte, entre otros, Juan García Oliver, Francisco Ascaso, Ricardo Sanz, etc., grupo vinculado a la FAI, cuya principal finalidad era la lucha callejera —en la que Durruti era un verdadero experto— contra las bandas armadas que actuaban por cuenta de los empresarios catalanes, y que proyectó en París un atentado, que resultó frustrado, contra el rey Alfonso XIII. Poco tiempo después tomó parte en un atraco perpetrado contra la sucursal del Banco de España, de Gijón, por cuyo hecho fue detenido su citado correligionario Francisco Ascaso, el cual sería libertado, pocos días después, por Durruti y sus colaboradores. Participó también, al parecer, en el asesinato del cardenal Juan Soldevilla Romero, arzobispo de Zaragoza, consiguiendo huir después de realizado el hecho. De España saltó a la República Argentina —donde fundó un sindicato anarquista— y después a México, Cuba, Uruguay, Chile, Perú, etc., participando en las luchas revolucionarias de cada uno de estos países y siendo buscado por la policía de todos ellos. Al advenimiento de la República regresó a España, interviniendo en la sublevación anarquista del Alto Llobregat —por lo que fue desterrado a Bata (Guinea)— y en la revolución de octubre de 1934, siendo varias veces encarcelado. Al triunfar el Frente Popular, en febrero de 1936, consiguió salir de la prisión del Puerto de Santa María (Cádiz), en la que se hallaba recluido. El 18 de julio de dicho 1936 se hallaba en Barcelona donde destacó como uno de los principales dirigentes anarquistas que intervino en la sofocación del alzamiento militar. Derrotados los sediciosos, y acompañado de los citados Ascaso, García Oliver y otros, se presentó a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Catalana, al que exigió un papel preponderante para los anarquistas en el seno del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, de cuyo comité formó parte Durruti en representación de la CNT. Pocos días después de iniciada la guerra se puso al frente de una columna compuesta por unos 2500 anarquistas, saliendo de Barcelona y dirigiéndose a Zaragoza, ciudad esta última que no alcanzó a conquistar no obstante los diversos intentos realizados a este respecto. Lleno de fervor, implantó el comunismo libertario en la zona aragonesa ocupada por sus hombres. En noviembre de 1936 acudió a la defensa de Madrid al mando de una columna compuesta por unos 2000 confederales, a la cual se encomendó la defensa de un sector de la Ciudad Universitaria próximo al hospital Clínico, columna que no pudo impedir que dicho hospital cayese en manos de las fuerzas nacionalistas. El 19 del citado mes de noviembre cayó mortalmente herido —falleció al día siguiente— en un accidente con su subfusil o el de alguno de su escolta. Su cadáver fue trasladado a Barcelona, donde fue enterrado. El acto del sepelio, presidido por Lluís Companys, Juan García Oliver —por entonces ministro de Justicia— y el cónsul de la URSS en Barcelona, constituyó una masiva manifestación de duelo, a la que, según cálculos que merecen crédito, asistieron más de 200.000 personas.

Nota: A la familia de Durruti le ocurrió lo que tantas familias republicanas, que quedó destrozada por la lucha. Los padres de Durruti tuvieron nueve hijos, que fueron, Santiago, Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto, Pedro, Manuel y Rosa. Y de los que sólo sobrevivieron tres al finalizar la guerra, En 1932, en una huelga murió en León uno de ellos, otro cayó en la revolución de Octubre. Manuel se afilió a Falange en León y fue fusilado por los mismos falangistas al negarse éste a probar su lealtad a la falange de manera criminal. Pedro, antiguo afiliado a Falange, fue fusilado por los republicanos. Triste historia esta la de las familias españolas, como la de los Pérez Salas, militares, la de los Ascaso, también, la de la Ibarurri, la de los Carrillo, padre e hijo enemistados a muerte, la propia de Largo Caballero, y tantos otros...

Joseba Elosegi Odriozola.

Joseba Elosegi se hizo célebre por intentar quemarse a lo bonzo en el frontón de Anoeta de Donosita, en un partido de pelota televisado al que asistía Franco. Según explicó después, fue la forma que se le ocurrió de devolverle de alguna forma el fuego que devoró Guernica. Al estallar la guerra se presentó voluntario para frenar la invasión de Guipuzcoa, ascendiendo pronto a oficial. Testigo desde la ladera del monte Urko del bombardeo de Durango, fue el único oficial con mando de tropa que se encontraba en Guernica el día del bombardeo. Tras el pacto de Santoña por el que los gudaris entregaron las armas a los italianos a cambio de que se les respetara la vida, le tocó también entregar las armas, pero el pacto fue incumplido y Elosegi, por entonces ya capitán, fue encarcelado y condenado a muerte, aunque fue canjeado por un condenado a muerte en territorio republicano, y se incorporó al frente catalán con el grado de comandante. Se exilió a Francia y durante la ocupación nazi actuó como espía y colaboró en el paso de fronteras. Tras su acción del frontón de Anoeta y tras estar 17 días entre la vida y la muerte, fue condenado a 7 años de cárcel. Tras la muerte de Franco ocupó cargos en el PNV, su partido de toda la vida hasta la escisión de EA, en la que tomó parte. Activista como siempre, en 1984 “robó” (la palabra correcta sería recuperó) una ikurriña expuesta en el Museo del Ejército de Madrid, denunciando que tras varios años de democracia, se exponía junto con otras muchas enseñas en la sección de “Trofeos arrebatados al enemigo”. En la foto, contemplando Guernica en un documental de 1.979.

Ernesto Ercoreca Regil.

(1866-1957) Político vasco, miembro del Partido Socialista Obrero Español, que desempeñó la alcaldía de Bilbao desde la proclamación de la II República en 1931 hasta la caída de Bilbao en 1937. Fue detenido y canjeado posteriormente por mediación de la Cruz Roja Internacional por el tradicionalista Esteban Bilbao Eguía.

Pedro Escobal López, "Perico"

(1903-2003) Este deportista riojano que fue jugador del Madrid, y que se encontraba en Logroño el 18 de julio para unas gestiones laborales, fue inmediatamente detenido por su adscripción a Izquierda republicana, sufriendo duras cárceles y malísimos tratos a resultas de los cuales contrajo el mal de Pott del que consiguió recuperarse gracias a la ayuda de familiares de su mujer residentes en Argentina. Obligado al exilio, residió en Estados Unidos dónde pudo ejercer su profesión de Ingeniero en altos puestos. Publicó un libro "Fila de la muerte" que se edita ahora en España con el título de "Las sacas".

Manuel Escorza del Val

Miembro importante de la CNT barcelonesa, que habiendo padecido poliomielitis en su infancia y quedó tullido de por vida. Tenía un aspecto lastimero que rápidamente contrastaba con su fortaleza de carácter, agrio, duro y autosuficiente pese a sus discapacidades físicas. Era muy culto, leído e interesado en el arte, la cultura, el teatro y el propio periodismo. Poseía una fuerza de voluntad insuperable. Dentro de la FAI, pertenecía al Comité Peninsular. Fue responsable de los Servicios de Investigación del Movimiento Libertario en Cataluña. Pese a lo que se cree, los anti-Estado, también organizaron sus KGB´s al modo y manera de la mejor tradición policial (recuérdese la represiva policía de Caspe del Consejo de Aragón). Estos servicios costaban de dos departamentos, Exterior e interior. Se investigaba a todo el mundo, de otros partidos y sindicatos, fascistas y hasta a los propios militantes anarquistas. Tuvo intervención directa en las negociaciones que periódicamente llevaba la CNT-FAI con los gobiernos de ERC, para contrarrestar la creciente influencia del tandem UGT-PSUC y que finalmente desembocaron en los sucesos de mayo de 1937. Escorza era un tipo realista que sabía que para ganar la guerra se necesitaban pactos duraderos y realistas entre el gobierno del Frente Popular y el Movimiento Libertario, actitud que ya habían encabezado García Oliver y Federica Montseny. Durante la época de mayor represión en Barcelona, el organismo de inteligencia que dirigía Escorza, llevó a cabo la discreta eliminación de elementos irresponsables que reprimían arbitrariamente para robar y cometer desmanes (al estilo de García Atadell). Como fue el caso de José Gardenas de la construcción y Fernández, líder del sindicato de la Alimentación. Escorza se exilió  a Valparaíso (Chile) donde prosperó de periodista y crítico de arte gracias a sus conocimientos y cultura. Murió en 1968.

Carlos Esplá Rizo.

(1895-1971). Político y periodista alicantino, que colaboró en La Vanguardia de Barcelona, El Pueblo de Valencia, y en El Liberal y ,El Heraldo de Madrid, y que fue secretario del novelista Vicente Blasco Ibáñez. Durante la República desempeñó los gobiernos civiles de Alicante y de Barcelona, siendo elegido diputado a Cortes en 1931 y en 1936 por Alicante (Izquierda Republicana). Al estallar la guerra civil se hallaba en Valencia, donde desempeñó un importante papel en los acontecimientos de aquellos días, logrando convencer al general Martínez Monje, jefe de la IIl División Orgánica, de que debía permanecer fiel al Gobierno y no sumarse a la sublevación militar. Nombrado por Giral subsecretario de la Presidencia, formó parte de la Junta Delegada de Levante que presidió Martínez Barrio. Más tarde fue ministro de Propaganda —el primero que desempeñó tal cartera en España— en el segundo Gobierno que presidió Francisco Largo Caballero. Al terminar la contienda se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento.

Martín Esteve y Guau

Abogado y periodista catalán, director del diario La Publicitat y colaborador de La Ven de Catalunya. Diputado a Cortes en 1931 por Barcelona (capital) yen 1936 por Solsona (Lérida), en representación de Esquerra Republicana. Miembro de la comisión parlamentaria que redacto el Estatuto catalán y consejero de Finanzas de la Generalidad de Cataluña, fue condenado v encarcelado como con-secuencia de los sucesos de octubre de 1934. Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936 volvió a ocupar el mismo cargo en el Gobierno catalán. Durante la guerra civil fue asesor jurídico de la embajada española en Francia, residiendo largo tiempo en París. Al final de la con-tienda se exilió a Cuba y, después, en México.

Irene Falcon.

Irene Falcón, Amaya Ruíz (hija de Dolores) y Dolores Ibárruri

Joven comunista que fue secretaria personal de Dolores Ibárruri. Había conocido al artista uruguayo, Cesar Falcón en la pensión de su madre.  Ella, Irene Lewi de soltera, se dejó seducir por el amigo Falcón y le siguió en sus andaduras artísticas y políticas, ingresando en el PCE. Separada amistosamente de Falcón que andaba ya por otras faldas, Irene trabajó para Pasionaria a la que acompañó como secretaria hasta el final de sus días.

Nota: La imagen superior ha dejado a Irene Falcón cortada, pero pese a todo es una imagen excelente que junta en un plano a los dirigentes comunistas más ortodoxos del Ejército de Ebro: Modesto, Barcia, Delage, Lagos y Bascuñana.

En el exilio ruso.

Francesc Farreres y Durán.

(1900-1985) Ingeniero agrónomo y político catalán, que militó en Esquerra Republicana de Catalunya —por cuyo partido fue elegido diputado en 1932— y fundó la Joventut Nacionalista de Manresa y el Centro Republicano de dicha ciudad. Durante la guerra civil apoyó al bando republicano. Al terminar la contienda se exilió a México, en cuyo país residió hasta su fallecimiento.

Aurelio Fernández

Militante de la Confederación Nacional del Trabajo que durante la guerra civil desempeñé los cargos de jefe de la Comisión de Investigación que se constituyó en Barcelona en los primeros días de la contienda; miembro del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña (en representación de la FAI) y, por último, consejero de Sanidad de la Generalidad de Cataluña.

Manuel Fernández-Montesinos Lustau

Alcalde de Granada, de filiación socialista, cuñado de García Lorca. Fue fusilado por los rebeldes inmediatamente después de iniciada la Guerra, concretamente el 16 de agosto.

Rev. 4.00 Enero 2012. - SBHAC Nº 1.2