S.B.H.A.C.

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2.5- Galería de militares republicanos en la GCE
(incluyendo los oficiales de milicias)

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De Carlos Pedemonte SabínCarlos Romero Jiménez

Carlos Pedemonte Sabín

Comandante de E M y colaboró con las Milicias en 1936. Había regresado a la zona republicana desde África, donde estaba destinado en 1936 como gobernador de Sidi Ifni. Era conocido por sus ideas republicanas.

Antonio Pedraza Palomo.

Era maestro nacional en Ceuta y militante de la CNT y simpatizante de la FAI. Tuvo que huir de Ceuta con la rebelión militar. Se enroló en las Milicias Populares y combatió en el frente Extremeño y en las retiradas de valle del Guadiana y del Tajo. Combatió también en Madrid, donde sirvió como comisario político y como comandante de batallón ya con el grado de mayor de milicias. A finales de 1938 tomo el mando de la 98 Brigada Mixta, con la que apoyó al golpe de Casado, al igual que su división, la 12 del IV Cuerpo. Probablemente fue detenido en Alicante, pues con su historial sabía lo que le esperaba: era maestro republicano, de la FAI y huido de Ceuta. Así fue, detenido en 1939 pero procesado en 1944 fue condenado a muerte, y le tuvieron tres años en capilla hasta que en 1947 le fue conmutada la pena a 30 años de los que cumplió al menos la mitad.

Primitivo Peire Cabaleiro

Mandaba el batallón de Ametralladoras acantonado en Castellón. Después de haber ocupado distintos puestos de mando en el frente Sur dirigió la 44 División en Belchite. En 1938 se le nombró al frente de un centro de recuperación de tropas desperdigadas y gobernador militar de Igualada (Barcelona).

Cristóbal Peña Abuín

Nacido en 1872, había tenido distintos mandos en el arma de caballería. En 1930 ascendió a general y es nombrado gobernador militar de El Ferrol. Con la II República fue nombrado Gobernador militar de Madrid. En 1936, ya cercano a la jubilación mandaba la división de caballería y se negó a sublevarse. Se jubiló en 1937 y murió en 1953 a los 81 años

Guillermo de la Peña Cusi

Comandante de Infantería al frente de una caja de reclutas. Presidió el tribunal militar que juzgó a los generales rebeldes Goded y Fernández Burriel, que fueron condenados a muerte. Posteriormente mandó la 1 División del Ejército de Cataluña en 1937.

Juan Perea Capulino

Capitán de Infantería retirado, y conspirador republicano, vinculado íntimamente a la CNT. Después de haber mandado unidades de Milicias, se le encargó de la 5 División y posteriormente del IV y del XXI Cuerpos. En abril de 1938 fue nombrado al frente del Ejército del Este. Terminó la guerra de Coronel. Se exilio a Francia y posteriormente  a Méjico. Entre 1939 y 1940, Perea escribió un libro tremendamente injusto con Vicente Rojo y otros mandos del Ejercito Popular. El análisis que Perea hace de las causas de la derrota republicana en su libro "Los culpables" (hasta el título apunta maneras) no se sostiene y durante toda su lectura uno tiene la sensación de que Perea estaba terriblemente resentido con el Estado Mayor Central. En cierto modo está en la línea de Jesús Pérez Salas, y otros militares profesionales que apoyaron a la República pero que por las circunstancias que fueran no tuvieron el protagonismo militar que ellos hubieran deseado.

Reseña de Cristóbal Zaragoza

Procedente del voluntariado militar, Perea se había retirado de capitán el 20 de septiembre de 1924. Hizo su ingreso en Infantería a los catorce años —nació el 10 de febrero de 1890 e ingresó el 27 de octubre de 1904—, alcanzando el grado de teniente el 29 de enero de 1915. Muy robusto, arrojado, dotado con las virtudes castrenses del militar nato, en julio de 1936 se presentó voluntario en el Ministerio de la Guerra. Tenía cuarenta y seis años. Ascendió en seguida a comandante y se le dio el mando de una columna. El 6 de agosto se destacó en la acción de Navafría al frente de la citada unidad, más tarde convertida en 38 brigada mixta. Operó con ella en los duros combates de Somosierra. En enero de 1937 lo encontramos al mando de la V división; en mayo del mismo año se le confía el IV Cuerpo de ejército, en Guadalajara. Con él permanece hasta el 15 de septiembre. Tomó parte en la batalla de Belchite, en la que sobresalieron sus dotes de organización. Mandó, poco tiempo, el X Cuerpo de ejército y el 23 de octubre sustituía a Casado en la jefatura del XXI Cuerpo de ejército. Su carrera es, pues, meteórica. A principios de 1938, ya coronel, seguía al mando del XXI Cuerpo de ejército, en Lérida, con puesto de mando en el pueblo de Binéfar. El 30 de marzo se le confía el mando del Ejército del Este, a cuyo frente estuvo en las operaciones de Cataluña hasta el derrumbamiento de sus líneas. A pesar de sus probadas dotes de estratega y de la voluntad que puso, Perea no puede sustraerse al desastre: el 3 de abril caía Lérida, ocupada por las tropas de Yagüe, y el 4 entraba Aranda en Morelia. Roto el frente catalán, al crearse el GERO siguió mandando el ejército del Este de la región catalana. El 29 de mayo Perea sigue al frente de su unidad al crearse el ejército del Ebro con lo que antes había sido Agrupación Autónoma del Ebro, al mando de Modesto. El nuevo ejército del Este estaba formado por tres Cuerpos de ejército (el X, XI y XVIII) y algunas nuevas unidades mixtas. Con él —al frente de él— vivió el último acto de la guerra, según escribe Cordón, dispuesto a luchar hasta el último momento. Se exilió en 1939 y murió en México poco después.

Andrés Pérez Beraza

Medico militar que durante la Guerra Civil sirvió en el CRIM (centro de reclutamiento) número 1 del Ejército del Centro. Pertenecía a la Quinta columna y una de sus labores principales era boicotear la Sanidad Militar y expedir falsos certificados médicos con los que los espías infiltrados en el Ejército Popular y los militares desafectos, eludían sus responsabilidades, disponiendo a su antojo de destinos y falsos periodos de convalecencia.

Enrique Pérez Farrás.

(1885-1949). Comandante del Arma de Artillería que, con motivo de los sucesos revolucionarios ocurridos en Barcelona en octubre de 1934, fue condenado a muerte e indultado, y que, tras el triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936, volvió al servicio activo. El 19 de julio de dicho año, hallándose en Barcelona, en destino dependiente de la Generalidad de Cataluña, tuvo una destacada actuación en la sofocación del levantamiento militar con que se inició la guerra civil, entrando en el edificio de la División Orgánica de Barcelona y procediendo a detener al general Goded. Más tarde pasó algún tiempo en el frente de Aragón, como asesor militar de la columna de Durruti. Durante el resto de la contienda sólo desempeñó cargos burocráticos. Al final de ésta, se exilió a México, donde falleció.

 

Augusto Pérez Garmendia

Comandante de E M y ayuda de campo del coronel Aranda, quien se sublevó en Oviedo. Al estallar la guerra se encontraba de permiso en San Sebastián. Rápidamente solicitó su traslado a Oviedo, en la creencia de que Aranda permanecería fiel al gobierno. Pero el gobernador civil de Guipúzcoa le rogó que se quedara pues desconfiaba de los mandos de la guarnición. Como así fue. Inicialmente, se encargó a Pérez Garmendia la formación de una columna que tomara Vitoria y a la vez recogiera municiones.  Justo salir de San Sebastián que los militares traidores se sublevaron los cuarteles de Loyola al mando del teniente coronel Vallespin. Pérez Garmendia que andaba ya por Mondragón, recogió una columna de infantería, pasó por Eibar para tomar armas enrolar numerosos milicianos eibarreses (una especie de combativos obreros, al estilo de los mineros asturianos) y retornó a San Sebastián, donde les dio badana a los rebeldes al día siguiente de llegar (el 23 de julio). No contento con el tour que se había dado se dirigió con su columna a Oyarzum, donde tomó posiciones en Rentería. En frente tenía la columna reforzada de Beorlegui, que tras pasar algunos apuros había recibido el refuerzo de la columna del también rebelde Ortiz de Zárate, con más de 1000 hombres y una batería. Pérez Garmendia dispuso una eficaz defensa que tenía parcialmente copados a los rebeldes. El día 28 atravesaba el pueblo de Rentería el automóvil de mando de Pérez Garmendia con otros acompañantes, cuando fue interceptado por requetés del tercio Lacar. Pérez Garmendia quedó muy mal herido y no pudo ser rescatado pese a los intentos que hicieron sus hombres. Se dice que fue llevado en camilla a presencia de Beorlegui, quien le palmeó el hombro y le dijo: "A ver si te curas pronto para poder fusilarte de pié". Pérez Garmendia no fue atendido debidamente y murió de sus heridas. La muerte de Pérez Garmendia fue nefasta para los republicanos, pues era el único militar leal que en el mes de julio podía detener a los rebeldes. Poco después, a primeros de septiembre, Beorlegui fue herido, no se curó adecuadamente y tras una rápida septicemia, murió.

José Manuel Pérez Gazzolo

(1892-1939). Comandante del Arma de Infantería, perteneciente al Servicio de Estado Mayor, que desde que estalló la guerra civil luchó en las filas republicanas, siendo, durante algún tiempo, ayudante del general Miaja al que acompañó en su tibio intento de tomar Córdoba. Ascendido a teniente coronel, pasó a desempeñar el cargo de segundo jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos Centro-Sur. Participa en la rendición del Santuario de Santa María de la Cabeza. En mayo de 1937 es trasladado al Estado Mayor del Ejército del Centro como segundo jefe y es ascendido a coronel. Participa en la rebelión de Casado con la mala fortuna de que es cogido preso por tropas gubernamentales cuando se encontraba en la posición Jaca. Tras un juicio sumarísimo es condenado a muerte y fusilado junto con otros dos dos militares casadistas, Otras versiones afirman que fueron fusilados por iniciativa de Ángel Diéguez, hermano de Isidoro Diéguez, conocido líder comunista de Madrid, justo cuando las fuerzas comunistas abandonaban la posición. Y que el propio Isidoró reprochó a su hermano por este temerario acto, que sin duda, acrecentó los deseos, ya crecidos, de vengarse a Casado y Cía.

Antonio Pérez Quijano

Era teniente de carabineros retirado de la 4 comandancia (Valencia). Fue nombrado comandante de la 3 Brigada Mixta de carabineros en plena batalla de Brunete. Tras la cual la brigada fue destinada al teatro de operaciones de Andalucía pasando de la 10 a la 34 división. Fue relevado poco después por el comandante de carabineros Antonio Martínez Rabadán.

José Pérez Martínez

Coronel. Nació en Pamplona en 1895. Sirvió en la guerra de África donde fue condecorado. Una vez destinado a Madrid, se incorporó como comandante de la Guardia de Asalto bajo las órdenes de Muñoz Grandes. Una referencia a su participación en la Guardia de Asalto puede encontrarse en:

 http://www.ciere.org/CUADERNOS/aRT%2053/La%20guardia%20de%20asalto.htm

"Concentraba la capital los grupos de Asalto 1º, 2º y 3º, tres escuadrones de caballería, tres compañías de especialidades  y once compañías urbanas. Muchas de estas fuerzas estaban motorizadas y contaban con blindados y compañías de ametralladoras. Los grupos de Asalto estaban mandados por los comandantes Pérez Martínez, Sánchez de la Parra y Burillo, todos ellos afectos al Frente Popular".

Estuvo junto a Miaja en la defensa de Madrid. En la pág 202 del libro de J.M. Reverte "La Batalla de Madrid" cuando hace referencia al momento en que Miaja abre el sobre con las órdenes que le ha dejado el Gobierno republicano huido a Valencia y toma el mando de la defensa, puede leerse:

"Los primeros movimientos de Miaja son rápidos. Forma parte de su equipo: como ayudante tiene al teniente coronel José Pérez Martínez; como jefe de Estado Mayor llama al coronel Vicente Rojo, ayudado a su vez por los comandantes José Fontán y Manuel Matallana".

Al final de la guerra se unió al levantamiento de Casado.  Al acabar la guerra pudo salir de España escapando a Argelia, quedando su mujer y cinco hijos en Madrid. Ya durante la Segunda Guerra  Mundial, le ofrecieron incorporarse a la Legión Extranjera francesa con el grado de capitán. Esto ocurrió can anterioridad a la entrevista Franco-Hitler en Hendaya, cuando muchos pensaban que España entraría en guerra del lado de Alemania. Así lo creyó también mi abuelo, considerando además que Franco necesitaría militares de carrera y daría una amnistía a los militares republicanos para fortalecer su ejército. Empujado por esta idea,  retornó a España donde fue inmediatamente detenido, juzgado y condenado a tres penas de muerte. Consiguió que Muñoz Grandes declarara a su favor, dado que le había ayudado a pasarse al lado franquista durante la guerra. Esto le valió la conmutación de las penas de muerte por una condena de 18 años. Murió en Madrid en 1960 desposeído de profesión y tras haber pasado su familia muchos apuros económicos en los años de posguerra. Está enterrado en Pamplona (1)

Fuente: Eduardo Gómez-Leal Pérez (nieto del coronel Pérez Martínez)

Nota de M.B. 2014.- Aunque hay indicios de que Pérez Martínez había colaborado en el emboscamiento de militares profesionales desafectos, todas las fuentes que citan a este militar expresan su admiración por su bonhomía y profesionalidad.

Antonio Pérez Quijano

Mayor de milicias que recibió el mando de la 3ª Brigada Mixta para la ofensiva de la Granja en sustitución de Zulueta Isasi. La brigada participó duramente en la ofensiva de Brunete, donde su 11 batallón perdió posiciones claves de la 10 división. Pérez Quijano fue destituido por este motivo y sustituido por el comandante de carabineros Agustín Colomina.

Jesús Pérez Salas.

Había conspirado contra Primo de Rivera y había sido miembro del Gabinete Militar de Azaña durante algún tiempo. A raíz de la sublevación de 1934 se exilió, regresando a España en 1936. Acompañó a la columna Maciá-Companys y la mandó cuando fue militarizada y se convirtió en la 30 División. En marzo de 1938 fue nombrado subsecretario de la Guerra, pero fue reemplazado al poco tiempo tras la caída de Prieto. Fue nombrado para que formase el XXIV Cuerpo, que no llegó a materializarse. Representaba las opiniones de los oficiales profesionales que estaban en desacuerdo con los aspectos revolucionarios del nuevo Ejército y no perdían ninguna oportunidad de demostrarlo, estableciendo extrañas alianzas con los anarquistas que padecían pareja enfermedad. Ascendió a coronel el 5 de mayo de 1938. Después de la guerra marchó a México.

Nota: Jesús Pérez Salas escribió en el exilio "Guerra en España 1936-1939", donde defiende la aptitud de los militares profesionales republicanos versus los mandos de milicias. El libro es tan injusto como el de Mera, Perea y similares. Pérez Salas no se da cuenta de que Franco  los hubiera barrido del mapa en unos meses si la República hubiera tenido que defenderse exclusivamente con fuerzas de orden público y profesionales, de las que una importante parte tenían escasa motivación para la lucha, motivos que no vamos a juzgar ahora, pero que así eran.

En la foto, en el centro, al frente de la columna Macia-Companys se dirige al frente de Aragón.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Los Pérez Salas fueron cinco hermanos, todos ellos al servicio de las armas republicanas menos Julio, que hizo la guerra con los nacionalistas. Cuando murió, en Madrid en 1970, era teniente general de Caballería.

José vivía retirado en Barcelona de su empleo de capitán del arma de Artillería cuando se produjo la sublevación en la Ciudad Condal. En julio reingresó con el grado de comandante. Pasó toda la guerra como profesor de la Escuela Popular de Guerra de Cataluña y de la de Artillería en las postrimerías del conflicto.

Manuel fue jefe de estudios de la Escuela Popular de Guerra de Infantería, Caballería e Intendencia. Sólo actuó en los frentes al principio, al mando de una columna, en Teruel, hasta febrero de 1937. Durante los últimos meses estuvo destinado en la Comandancia Militar de Valencia y en la zona interior.

Jesús era en 1933 jefe de policía de Barcelona. De él dice Luis Guarner, que le ayudaba personalmente en su Secretaría, que era hombre desprovisto de toda ambición y que aceptó el cargo sólo por complacer al presidente Maciá, quien deseaba su colaboración para facilitar el traspaso de los servicios de Orden Público, reorganizar las fuerzas de Seguridad y Asalto y seleccionar el personal de policía que iba a prestar servicio en Cataluña. Cuando Companys sucedió en la presidencia de Cataluña al fallecido Maciá, Jesús Pérez Salas dimitió; en febrero de 1934 fue nombrado jefe de los Somatenes Catalanes, al mando de los cuales participó en octubre del 34 en la aventura de la independencia catalana. El 19 de julio de 1936 tuvo ocasión de presenciar las primeras declaraciones de Goded en la Comisaría de Orden Público. Según él, Goded, aterrado por el gentío que pedía a gritos su cabeza, levantó el puño en un momento de pánico. Mandó la columna Maciá-Companys, en la que iba como delegado civil Enrique Canturri, antiguo alcalde de Seo de Urgel. Esta poderosa unidad instaló su primer puesto de mando en Alcañiz, pasando luego a Montalbán, donde había de enlazar con las fuerzas que desde Valencia atacaban Teruel. Estabilizó el frente ante la sierra de Cucalón. En mayo-junio es ya jefe de la XXX división del ejército del Este, al mando del general Pozas. Toma parte en la batalla de Belchite. Durante algún tiempo desempeña el cargo de secretario general del Ministerio de Defensa. Asciende a coronel y es nombrado subsecretario del ejército de Tierra. Organizado el GERO, toma el mando del XVIII Cuerpo de ejército, hasta entonces en reserva. Se exilió y dejó escrita una obra muy poco conocida sobre sus experiencias en la guerra.

(Véase la siguiente reseña para Joaquín)

Joaquín Pérez Salas

Joaquín Pérez Salas y el General Castelló

Joaquín Pérez Salas, con gafas, fotografiado con otros artilleros, antes de la guerra.Hermano del anterior, había conspirado contra Primo de Rivera. En 1936 era comandante de Artillería, y gozaba de buena reputación profesional. Dirigió un grupo que intentó reconquistar Córdoba y posteriormente fue nombrado jefe provisional del Ejército del Sur. Mandó la artillería del Ejército de Maniobras y varios Cuerpos, finalizando la guerra al frente del VIII. Fue nombrado coronel el 5 de mayo de 1938. Ayudó a aplastar la sublevación de marzo de 1939 en Cartagena. Era una personalidad independiente, se negó a llevar las nuevas insignias y protegió a civiles «blancos» contra los extremistas; pero no apoyó el golpe de Casado en 1939 y fue ejecutado por los nacionalistas.

 

Otras fuentes...

Coronel de Artillería del Ejército de Extremadura donde mandó un Cuerpo, fue igualmente fusilado, a pesar de que un informe nacionalista afirmaba que había protegido a muchas personas de los excesos revolucionarios y persecuciones políticas en la zona que controlaba. Pero tenía un historial previo que le convertía en "indeseable" al haber planeado un levantamiento contra Primo de Rivera en Valencia en 1929, haber estado implicado en la rebelión de Jaca y tener amistad con Azaña.  También se había unido a los leales desde el principio y ya el 20 de julio de 1936 había dirigido una columna miliciana contra Córdoba, de manera que no podía considerársele de modo alguno un "leal geográfico", alguien que había servido a la República por haberse hallado accidentalmente en esa zona. Y además no había contribuido a acelerar el fin de la guerra, pues aplastó la sublevación de los quintacolumnistas de Cartagena el 6 de marzo de 1939. En algunas cosas, era uno de los oficiales más originales del Ejército republicano. Era fuertemente anticomunista y trataba descortésmente a su asesor soviético " Se le tenía por "loco y excéntrico", y tenía fama de haber ideado la frase de "Venceremos a pesar de los comisarios" Se rumoreó, y también era típico de él, que insultó al Comandante diplomado de E M.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Joaquín era teniente coronel de Artillería al empezar la guerra. Había ingresado en la Academia de Segovia y pasó casi toda su vida militar en Valencia, sirviendo en el regimiento de Artillería número 6 de guarnición en aquella plaza; luego, en el parque divisionario. Antonio Cordón, que coincidió con él en Andújar, dice de él que era la encarnación del espíritu artillero, que era republicano y alardeaba de anticomunista. «Había cumplido ya los cincuenta años (cuando se encontraron en Andújar), no era muy fuerte físicamente, era extremadamente miope y estaba continuamente aquejado de fuertes jaquecas. Comía poquísimo; se alimentaba fundamentalmente de café con leche y aspirina, que tomaba en cantidades verdaderamente comerciales.» Entre sus compañeros se hicieron famosas sus rarezas, que Zugazagoitia disculpa, e incluso comprende, dadas las condiciones en que tuvo que combatir en los frentes andaluces. «Afortunadamente —escribe—, el mercurio seguía en nuestras manos, gracias, por segunda vez, al coraje de Pérez Salas, un militar que no era nada más que republicano y que quizá por esta circunstancia, verdaderamente extraordinaria, gozaba fama entre los profesionales de loco y de original. Su locura y originalidad, de haberse generalizado, le hubiera sido a la República de considerable provecho. Consistía la enajenación en cumplir escrupulosamente con el deber, participando con los soldados en las vicisitudes de la campaña, de suerte que en los momentos de apuro los estimulaba con su presencia, les aconsejaba con su experiencia y les encandilaba con la victoria. [... ] Un escrito al presidente, en el que, a la vista de la monstruosa conducta que seguían los mandos en las unidades [...] le notificaba que a él, personalmente, sólo le ilusionaba la esperanza de hacerse matar avanzando al frente de sus hombres, contra el enemigo.» Al inicio de la guerra mandó en Andalucía una columna formada por guardias de Asalto en su mayoría de la guarnición de Jaén. Con esta unidad tomó parte en las operaciones de Córdoba, ciudad que no logró conquistarse por las demoras de Miaja. Más tarde fue destinado a Valencia al frente del 5º regimiento ligero. Entre sus éxitos hay que destacar la victoria alcanzada sobre Queipo en Pozoblanco, el 13 de marzo de 1937, por la que la República pudo mantener en sus manos las tan necesarias minas de Almadén. Según Ramón Salas «es la figura más destacada de los frentes andaluces y aragoneses». Queipo de Llano, por su parte, decía en sus charlas radiofónicas, no sin cierta aviesa intención, que el coronel Joaquín Pérez Salas era un gran militar en el que, además, reconocía su «caballerosidad» en el trato con los prisioneros nacionalistas que le había hecho. En mayo del 37 tiene bajo su mando la XIX división del ejército del Sur, a las órdenes éste del coronel Morales, con el que no se aviene desde el principio. Ya casi al final fue jefe del Ejército de Extremadura. El desenlace lo vivió en Cartagena como jefe de la base naval, de la que tomó posesión entre el 8 y el 9 de marzo; gracias a su energía y decisión, cortó rápidamente las represalias contra los quintacolumnistas sublevados y pacificó la ciudad. No se unió a los casadistas y se negó a seguir las sugerencias de sus subordinados para abandonar España, y fue fusilado al término de la guerra.


Nota de M. Blacksmith:

Joaquín Pérez Salas representa dentro del Ejército Popular a los militares republicano-conservadores que no comprendieron realmente la naturaleza del Ejército Popular. Joaquín Pérez Salas, enfrentado al E.M.C., es decir a Rojo, al que calificaba de "comunistoide", no dejó de crear problemas a la jerarquía del Ejército Popular durante toda la guerra, enfrentándose a Líster, quizá con razón, y a Cordón, que es el militar que más acertadamente le retrata en sus memorias. Joaquín Pérez Salas pensaba que la guerra se estaba perdiendo por culpa de los Comunistas, sus seguidores, y sobre todo por culpa de los Comisarios Políticos. Abogaba por un ejército mandado por profesionales y libre de la injerencia de los políticos. Desgraciadamente no comprendió que esa hora ya había pasado, y que los militares profesionales, salvo las excepciones de todos conocidas, se habían demostrado menos leales pero más incompetentes y desmotivados que la mayoría de los oficiales de milicias que tanto criticaba. Pero además, él mismo también hacía política en el Ejército Popular, llegando la CNT a proponerle en 1938, en sustitución de Rojo, como Jefe del Estado Mayor Central, lo que teniendo en cuenta las características del personaje y la realidad político-militar de ese año, sí que hubiera sido un desastre monumental. Muchos historiadores que se muestran muy críticos con Rojo, por su supuesta obediencia comunista, se muestran, por contra, muy condescendientes con Joaquín Pérez Salas al que elevan a una categoría militar que en realidad no tuvo, pese a algún éxito defensivo en Pozoblanco, donde, por cierto, mantenía un feudo personal, que rayaba en la más pura indisciplina. Sin embargo, los mandos que tuvo, nunca actuaron contra él, lo que pone en contradicción las afirmaciones de su hermano Jesús. A favor del personaje hay que decir que fue de los pocos militares profesionales que no se sublevaron con Casado contra el gobierno. Y es que militares profesionales rebeldes destruyeron la República, y militares profesionales republicano-conservadores le dieron la puntilla. No obstante, los franquistas, en absoluto comunistas, fusilaron a Joaquín Pérez Salas pese a que había salvado la vida de muchos derechistas. ¡Vaya!, el gobierno de Negrín, tan roído por los comunistas, nunca le tocó un pelo y encima le dio puestos militares de importancia de acuerdo a sus supuestas capacidades. Los rebeldes, que en algunas biografías de este militar aparecen meramente como comparsas, le pegaron cuatro tiros sin ninguna piedad. ¡Qué extraña guerra libraron algunos republicanos, contra el gobierno, y bueno, también contra Franco..., pero en los ratos libres!

Si simpatiza usted con el personaje, no deje de visitar este sólido estudio:

http://espanol.geocities.com/joaquinperezsalas/index.html

Lea también este texto.

Manuel Pérez Salas.

Hermano de los anteriores. Teniente coronel de Infantería, con destino en el Regimiento de Otumba 7, con Plana Mayor en Valencia. Actuó junto al Gobierno el 30 de julio en el Regimiento de Guadalajara 13, cuyo mando debía tomar. Fue detenido y poco después liberado por las milicias que ocuparon el cuartel. Dirigió los estudios de una Escuela Popular de Guerra y fue ejecutado después de la guerra.

Vicente Eugenio Pertegaz Martínez

Maestro nacional y miembro del Comité Central del PCE. Era mayor de milicias y había mandado la 99 Brigada Mixta durante un mes. En marzo de 1938 recibió el mando de la 9 división. Un año después, a primeros de marzo de 1939, viendo venir la asonada de Casado y fingiendo una enfermedad dejó la división para preparar una operación para hacerse cargo de un posible Estado Mayor de las tropas leales al gobierno. Ignoramos su suerte.

José Pieltain

Medico militar que pertenecía a la Falange clandestina madrileña en cuyo domicilio se fraguó parte de la conspiración de la Quinta columna y del SIPM, en el golpe de casado.

Rosendo Piñeiro

Coronel. Gobernador Militar de Bilbao que se mantuvo fiel al Gobierno.

Miguel Porres Anto

El soldado MIGUEL PORRES ANTO, fué destinado al EJERCITO del ESTE, XII CUERPO de EJERCITO, 44ª DIVISION, 145 BRIGADA MIXTA, 1º BATALLON, 4ª COMPAÑIA, combatiendo en el Frente de Mediana de Aragón, (Teruel), donde fue muerto en los últimos días del mes de Febrero de 1.938. Desconocemos donde reposan sus restos. Era natural de TORTOSA (Tarragona), hijo de Miguel y de Cinta, de profesión bancario, en el desaparecido BANCO de TORTOSA. Es nuestro deseo se incluya esta pequeña reseña en la web.

 

Fuente: Jorge PORRES, sobrino carnal del soldado.

Sebastián Pozas Perea

(1876-1946). General de brigada, procedente del Arma de Caballería, que hizo una brillante carrera militar en Marruecos, donde ganó una Medalla Militar Individual. En febrero de 1936, al producirse el triunfo electoral del Frente Popular, fue requerido por el general Franco, en aquellos momentos jefe del Estado Mayor Central del Ejército—«y en realidad dueño del Ministerio de la Guerra por nulidad del ministro», según Manuel Azaña (Memorias políticas y de guerra, Ed. Crítica, Barcelona, 1978)—, para que desde su puesto de inspector general de la Guardia Civil presionara al jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares, y se declarase el estado de guerra en todo el territorio nacional, pero no accedió a tal requerimiento y optó por acatar el resultado salido de las urnas. Al estallar la guerra civil permaneció fiel al Gobierno legítimo de la República, exhortando a las fuerzas a sus órdenes a que cumpliesen «con absoluta lealtad el precepto reglamentario de permanecer fieles a su deber por el honor de la Institución», y mostrándose partidario, en los primeros días del conflicto, de que se distribuyesen armas entre los afiliados a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales, a fin de hacer frente a los militares sublevados. Nombrado ministro de la Gobernación el 19 de julio de 1936 —en un gabinete presidido por José Giral—, retuvo, no obstante, el mando directo sobre la Guardia Civil, en cuyo cuerpo introdujo una serie de reformas, entre ellas la de cambiar su nombre por el de Guardia Nacional Republicana, resultando, en cambio, inoperante su labor al frente de dicho departamento ministerial. En noviembre del mismo año, con Francisco Largo Caballero en la presidencia del Gobierno, pasó a mandar el Ejército del Centro, desarrollando un importante papel en la defensa de Madrid, a pesar de que, al menos en sus comienzos, albergase pocas esperanzas de obtener algún éxito en tal operación. A lo largo de la contienda intervino en numerosas acciones bélicas, Jarama, Belchite, Guadalajara, Teruel, etc., así como en los sucesos de mayo de 1937 acaecidos en Barcelona. General jefe del Ejército del Este, al final de la contienda desempeño el cargo de comandante militar de Gerona y, ya en los últimos días, de Figueras. Al concluir la guerra se exilió a México, donde falleció.


Reseña de Cristobal Zaragoza:

Nació en 1876 en el seno de una familia conservadora. A los diecisiete años ingresó en la Academia de Caballería. Teniente en África, llega a ostentar el cargo de jefe de la Intervención Militar de la zona de Melilla. Medalla Militar individual por los servicios prestados en África. En los años de la Dictadura asciende a general de brigada. Por uno de esos extraños juegos del azar, al ser detenido Azaña el 9 de octubre de 1934 en Barcelona, el general Pozas es designado juez instructor de su causa. Ferviente republicano como era, luego le serviría fielmente en diferentes cometidos. De él dice Cordón que «no era de los que habían inventado la pólvora», y Luis Guarner lo deja retratado en sus páginas de la siguiente forma: «Era el general Pozas hombre de elevada estatura, canoso, con espesas cejas que enmarcaban una mira-da gris. Gustaba de hablar mucho, con aparente y afable benevolencia, pero sin gran dicción y como buen jefe "africano", pero no era muy conocedor de la técnica militar moderna.» En febrero del 36, siendo inspector general de la Guardia Civil, Franco le aconseja que declare el estado de guerra en vista del triunfo del Frente Popular. Pozas se niega en redondo. Además, se apresura a ponerse a la disposición del nuevo Gobierno. Cuando se produjo el levantamiento seguía en el mismo cargo, lo cual explicaría el hecho de que en las grandes ciudades este Cuerpo no secundara la acción de los rebeldes. Más tarde fue ministro de la Gobernación en el primer Gobierno del 19 de julio, sin dejar el cargo de inspector de la Guardia Civil. Participó en las acciones del Jarama y Belchite. El 22 de octubre pasó a mandar el ejército del Centro, sin por ello dejar la presidencia de la Junta de Defensa de Madrid. Por estas fechas, aún está a sus órdenes Miaja, encargado especialmente por el Gobierno de la defensa de la capital. El 28 de diciembre decide un ataque sobre Guadalajara, pero a últimos de febrero del 37 queda en situación de disponible quizá por enfermedad. Secundado por el coronel Escobar interviene en los sucesos de mayo de Barcelona. En junio del 37 dirige la campaña de Huesca con Guarner en la jefatura de Estado Mayor. En principio se, trataría de descongestionar los frentes del Norte, lo cual no consigue el Gobierno de la República: Bilbao cae el 19 del mismo mes. A finales de agosto inicia una ofensiva sobre Aragón. Se persiguen idénticos fines que en Huesca, aunque no se descarta la posibilidad de llegar hasta Zaragoza. El 28, ya en plena batalla de Belchite, choca con Modesto, que se niega a retirar la 35 división, desoyendo las órdenes de Pozas. La ofensiva republicana en el frente aragonés es detenida el 26 de septiembre. Es general jefe del ejército del Este —finales de 1937 y principios de 1938—, formado por los X, XI y XII Cuerpos de ejército y dos brigadas mixtas de reserva. Inicia el ataque a Teruel el 15 de diciembre y el 7 de enero Rey d'Harcourt entrega la guarnición. Sin embargo, su actuación resultaría tan deficiente como irregular, por lo que se le destituye; es sustituido por Perea Capulino. En los últimos momentos de la guerra es comandante militar de Gerona, puesto del que es relevado por el coronel Villalba a punto de caer Barcelona en poder de los nacionalistas. Termina la guerra como comandante militar de Figueras y se exilia.

Adolfo Prada Vaquero

Retirado del ejército por la ley de Azaña en 1931, con la graduación de capitán de Infantería. Se reintegró voluntario el 10 de octubre de 1936. Vicente Rojo le dio toda su confianza y se lo trajo para el frente madrileño, mandando diversos sectores del frente de Madrid, siendo uno de los artífices de la exitosa resistencia. Mandó después la 7 División y el VI Cuerpo, asumiendo después el mando del XIV Cuerpo en el Norte a petición de Prieto, muy a su pesar, aunque obedeció la orden con toda naturalidad. Lo que Prada encontró en el frente Norte, Santander y Asturias, pues Euskadi ya estaba perdida a su llegada, le desmoralizó completamente, al comprender que el abandonado Norte, clave de la balanza militar, no era capaz de ofrecer una resistencia militar unificada, racional y sobre todo bajo mando militar. Primaba el provincianismo, o como decía Azaña, el aldeanismo. Todos querían ser repúblicas soberanas mientras la situación militar era desastrosa. A raíz de la caída de Santander, el Consejo de Asturias le nombró comandante en jefe del Norte, permaneciendo en tal puesto hasta la caída de Gijón en octubre de 1937, consiguiendo escapar a Francia en un torpedero, prácticamente de los últimos. Sus últimas órdenes fueron para la destrucción de todo material militar susceptible de ser utilizado por el enemigo y garantías para los presos derechistas. Un aeroplano le traslado a la zona republicana.

El informe que redactó para el ministro de Defensa Nacional, Prieto, era demoledor y por ello ni solicitó ni se le ofrecieron mandos de combate. Mandó durante breve tiempo el Ejército de Andalucía y fue gobernador militar de Murcia antes de ser nombrado al frente del Ejército de Extremadura que ejerció desde finales de 1937 hasta marzo de 1938. Buen militar profesional, curtido en el pacto político que había permitido la defensa de Madrid y la constitución del disciplinado Ejército del Centro, este mando le terminó de desquiciar, pues se negaba a asumir la realidad militar y política del Ejército Popular en Extremadura, que siendo un frente tranquilo, la retaguardia política estaba continuamente presente en las trincheras, con ingerencias que Prada era incapaz de soportar pero contra las que nada podía hacer. EL PCE, con el que tan buenas relaciones había mantenido en el frente de Madrid, era aquí la bestia negra de Prada, que se dejó llevar por la desmoralización y el derrotismo. Se le ofreció un destino burocrático, de subinspector de Enseñanza e Instrucción Militar en el Grupo de Ejércitos. El coronel Casado le llamó a Madrid en marzo de 1939 para encargarle el Ejército del Centro, plaza vacante pues Casado asumió la consejería de Guerra del Consejo de Defensa. Desde este puesto, Prada tuvo su pequeña venganza contra los comunistas a los que combatió y reprimió sin piedad. El 28 de Marzo, con los miembros del Consejo en fuga, Prada rindió Madrid. Esta acción fue filmada. Y es patética. Prada había preparado al detalle este acto, en la ingenuidad, (había creído las promesas de Casado), de que era prácticamente un nuevo "abrazo de Vergara". El coronel Losas jefe de las 16 División franquista les recibió de forma inapropiada, vestido con una chilaba marroquí, les saludo incorrectamente, y les trato con tal arrogancia, que el mundo se les vino abajo, a Prada y a sus acompañantes, el teniente coronel García Viñals, el comandante médico Diego Medina Garijo y el capitán de Estado Mayor Urzaiz Guzman. Medina Garijo, era jefe de la Quinta columna madrileña, pero aún así no debió sentirse muy cómodo. Unos minutos después fue detenido Prada, metido en un camión militar descubierto y conducido a la cárcel, mientras Madrid era tomado por los quintacolumnistas y otros desafectos, entre insultos y abucheos a las columnas de presos republicanos, Prada incluido.

Ángel Bahamonde en su libro "Madrid 1939. La conjura del Coronel Casado", hace una reflexión sobre el personaje que no nos resistimos a incluir "... Prada resume la personalidad de un militar republicano cuya lealtad, y los parámetros que la informaban, entraron en conflicto sin solución con la naturaleza de la guerra, contemplada desde el lado republicano, y la secuencia de derrotas. Se sintió frustrado desde la campaña del Norte, y conscientemente puso en marcha los mecanismos de compensación psicológica. Transfirió al partido comunista la culpabilidad de la derrota, como producto al servicio de un poder extranjero, y halló en el discurso casadista la reparación del mal." La reseña es del todo paradigmática del comportamiento de decenas de militares profesionales, que en vez de examinar su compromiso con la II República, prefirieron adoptar la fácil excusa exculpatoria, por cierto usada por igual por militares profesionales que por líderes anarquistas y socialistas. Fue condenado a muerte, y como tenía avales de militares desafectos y civiles derechistas que había protegido durante la guerra, le fue conmutada la pena a 30 años y un día. Salió en libertad vigilada en 1945. Falleció en 1962.

Fuente parcial: "Madrid 1939. La conjura del coronel Casado". Ángel Bahamonde. Ediciones Cátedra. Madrid 2014

La rendición de Prada, el 28 de Marzo de 1939 en las trincheras del Hospital Clínico.


Otras reseñas de interés (Auñamendi Eusko Entziklopedia):

Ingresó en las aulas militares a los 15 años y en 1911 era capitán de Caballería en la reserva. Durante la República pidió su retiro acogiéndose a la Ley Azaña pero al estallar la guerra civil, se reincorporó al servicio activo, permaneciendo fiel al Gobierno Republicano. Simpatizante en un principio de los comunistas, tomó parte en la defensa de Madrid y, posteriormente, en la campaña de Santander donde fue ascendido a coronel. El 21 de junio de 1937, dos días después de la caída de Bilbao, el general Gamir Ulíbarri era nombrado Jefe del Ejército del Norte, sustituyéndole al mando del Cuerpo de Ejército Vasco, puesto que ocupaba hasta el momento, el coronel Vidal Munárriz. Algo después, el 28 de julio, éste era sustituido a su vez por el coronel Adolfo Prada que pasaba así a mandar el Cuerpo de Ejército Vasco. El 6 de agosto, el General Gamir, dictaba una orden por la que se reorganizaba el Ejército del Norte, que quedaba estructurado en cuatro Cuerpos de Ejército: el XIV, antiguo I o de Euzkadi; el XV, anteriormente II o de Santander, y los XVI y XVII, creados en base al primitivo de Asturias o III. El XIV Cuerpo de Ejército, es decir, el vasco, quedó al mando de Prada, con el comandante Ernesto de la Fuente como Jefe de Estado Mayor, estando constituido por las Divisiones 48, 49, 50 y 51 (antiguas 1.º, 2.º, 3.º y 4.º). Prada participó en la retirada de Santander que culminó con la caída de esta ciudad. Ante esta derrota, el Consejo Provincial de Asturias se autoproclamó "Consejo Soberano de Asturias y León" y una de las primeras cosas que hizo fue sustituir al general Gamir Ulíbarri -a quien se culpaba de la pérdida de Santander- por el coronel Prada, el cual nombró Jefe de Estado Mayor al Capitán Ciutat, comunista, intentando reorganizar y reagrupar lo que quedaba del Ejército del Norte. Del Cuerpo de Ejército Vasco -el XIV- mandado hasta ese momento por el mismo Prada según se ha dicho, sólo quedan las Divisiones 50 y 48 ya que las restantes se han rendido en Santoña. A pesar de todo se lleva a cabo la reorganización de este Cuerpo de Ejército con el resto de las Divisiones anteriores y algunas tropas de refresco, contando a partir de este momento con dos únicas Divisiones, la "A" y la "B", al mando del teniente coronel Francisco Galán. Prada intentó parar las ofensivas franquistas pero nada pudo hacer al final. Después de la huída del "Consejo Soberano" logra escapar de la represión saliendo en el último momento en un avión desde Gijón y poniéndose de nuevo a disposición del Gobierno republicano. En el "Informe" que realiza sobre su actuación al mando del Ejército Republicano en el Norte, señala que: "La lucha en el Norte ha sido una agonía prolongada en un esfuerzo que, por lo desigual, cabe calificar justamente de heroico; más de 100.000 heridos y cerca de 30.000 muertos es un balance ejemplar en un Ejército que llegó a contar con 70.000 infantes en el momento de su apogeo, cuando la movilización general de Euzkadi". Posteriormente, Prada es designado Jefe del Ejército Republicano de Andalucía alejándose ya de los comunistas con los que había colaborado activamente en el Norte y, por último, del Ejército del Centro, donde, bajo las órdenes de Segismundo Casado, participa en la entrega de la capital de España a los franquistas. Hecho prisionero al final de la guerra, es juzgado y condenado, saliendo en libertad algunos años después, incorporándose a la vida política clandestina, formando parte de la A.F.A.R.E. (Agrupación de Fuerzas Armadas Republicanas Españolas). Falleció en Madrid cuando estaba próximo a cumplir los ochenta años

 

Artemio Precioso Ugarte

Era hijo del conocido escritor y periodista Artemio Precioso.  Los estudios de enseñanza media los realiza en Madrid, París, San Sebastián, Hellín y Toledo. Cuando comienza la guerra civil trabajaba en Madrid corno empleado Y estudiaba el tercer curso de la carrera de Derecho. Desde 1936 militó en la Juventud Socialista Unificada y en el Partido Comunista. El primer día de la guerra se incorpora voluntario a las milicias ferroviarias, después al Batallón Aida Lafuente, de la Columna Mangada (frentes de Navalperal de Pinares y de Talavera), que a finales de 1936 se integra en la 34 Brigada Mixta (frente de El Escorial). Siendo capitán pasa como jefe de operaciones, y después como jefe de Estado Mayor, a la 3ª División que mandaba Manuel Tagueña (frente de El Escorial). A mediados de 1937 es trasladado a la 30 Brigada Mixta, como jefe del Batallón 119 (frente de Guadarrama). A comienzos de 1938, con el grado de mayor, es nombrado jefe de un batallón de la 206 Brigada Mixta. La brigada se había formado en Madrid, en mayo de 1938, como siempre a estas alturas de la guerra, con personal bisoño y con algunos veteranos muy curtidos. Esta brigada se fogueó de lo lindo repeliendo la ofensiva rebelde sobre Valdesequillo. Después de la batalla de Valdesequillo, el mayor Antonio Sempere, su comandante, pasó al Estado Mayor de la 10 División, y fue sustituido en el mando de la Brigada por Artemio Precioso y la unidad enviada a la retaguardia, concretamente a Valencia, para su reconstrucción, sin retornar al frente de Levante, donde oficiaba su división, al mando desde marzo del 38 de Víctor de Frutos. A principios de marzo de 1939 y coincidiendo con al sublevación pro-franquista de Cartagena, Precioso recibió órdenes de reducir la rebelión de Cartagena y sobre todo controlar la Base Naval, para ello se adelantó a su tropa y entró en la ciudad, donde fue hecho prisionero por los rebeldes. Visto el panorama de traición y derrotismo que imperaba en la ciudad, Precioso consiguió huir, tomar contacto con sus fuerzas y con un escuadrón de tanques de la base de tanques de Archena, que habían sido enviados en su ayuda desalojó a los rebeldes de todas las instalaciones de Cartagena en día y medio. En realidad, los rebeldes eran militares emboscados en la comandancia exenta de Cartagena, que querían hacer méritos de última hora, más quintacolumnistas y falangistas de poca experiencia bélica. Desgraciadamente, la flota desertó cuando más falta hacía y Casado dio su golpe para rematar a la pobre República. Precioso se mantuvo firme en la ciudad, las baterías controladas por la 206  hundieron un transporte de tropas franquistas, el Castillo de Olite, que venía en ayuda de los rebeldes, pero que al no tener radio no se había enterado del vuelco en la ciudad. Hubo gran mortandad de soldaditos de Franco y se atendió dignamente a los náufragos supervivientes. Precioso se enteró al interrogar a los soldados rescatados del mar, que en el barco venían un tribunal militar listo para actuar. Y se imaginó la suerte propia y la de los mandos de la Brigada. Estando enterado por Claudín, llegado en los primeros días de la rebelión de Cartagena, del golpe Casadista y de su éxito, recibió instrucciones de tomar el aeródromo de Totana, la escuela de polimotores de la Región Aérea, para poder dar salida a dirigentes comunistas e internacionales que llegarían rápidamente a la ciudad tras el triunfo de Casado en todo el territorio leal. La disyuntiva era quién los fusilaba primero, si el traidor Casado o los franquistas que venían detrás. Precioso seleccionó un grupo de asalto entre sus hombres, se despidió de su brigada y asaltó la base sin ningún riesgo. Los aviones eran tipo Dragón Rapide, donde los alumnos pilotos realizaban sus prácticas. En tres aviones, dos de ellos pilotados por profesores y el tercero por un inexperto alumno, partieron para el Norte de África, Oran concretamente. Tras el aparatoso aterrizaje del avión de Precioso, los españoles fueron internados en un campo de concentración de las Argelia francesa, pero en mayo de 1939 fueron reclamados por la URSS. Ya en la Unión Soviética inició cursos en la academia militar Frunze y junto con otros militares republicanos españoles, pasaron a la plantilla de profesores de la citada academia. Siguiendo el mismo destino de muchos compañeros ex-militares del Ejército Popular, pasó a la Yugoslavia de Tito en 1946 como consejeros militares, donde fueron tratados con gran afectuosidad (el ejército de Tito estaba lleno de ex-brigadistas yugoslavos). A finales de 1948 se traslada a Checoslovaquia que tenía un ambiente menos autoritario. Allí terminó sus estudios, se doctora en Ciencias Económicas alcanzando la cátedra de Macroeconomía en la facultad de Praga. Regresa a España en 1961 y aunque no milita especialmente en ningún partido es detenido por la policía franquista varias veces. Precioso funda varias empresas de import-export para ganarse la vida, pero sus ideas de madurez, tras las experiencias vividas y los conocimientos adquiridos, le llevan al ecologismo. En los años setenta, fundó el Centro de Estudios Socioecológicos para educar a jóvenes estudiosos en Economía medioambiental y fue Secretario general de Greenpeace España y su presidente honorario desde 2004. Tiene el Premio Nacional Extraordinario de Medio Ambiente. Ha escrito numerosos estudios sobre Ecología y Economía.

Lea el relato de Artemio Precioso sobre estos hechos.

 

 

Artemio Precioso, padre.

Ricardo de la Puente Baamonde

Comandante de Ingenieros y aviador militar. Era primo carnal del general Franco, aunque escribían de distinta manera el apellido materno. Jefe de las Fuerzas Aéreas de África. En la tarde del 17 de julio se niega a aceptar el ultimátum que le formula el coronel Sáenz de Buruaga y resiste con las armas en el Aeródromo de Sania Ramel. En la madrugada del día 18 se rinde con las fuerzas a su mando y poco después es detenido y fusilado con conocimiento de Franco que no se atrevió a indultarlo para no quedar como débil con los africanistas. Es lo malo que tiene levantarse en armas contra el gobierno legal, que se desenvainan las espadas y se manchan de sangre, que la gente sufre calamidades e infortunio y el país se hunde en la barbarie y el atraso secular. Y eso, los militares, cuya obligación es defender el Estado y la famosa Patria.

 

Antonio Puig

Teniente coronel de Infantería; acompañó a Ramón Franco en la sublevación de Cuatro Vientos el 15 de diciembre de 1930; participó en la Guerra al lado de los republicanos. A la caída de Cataluña, pudo pasar a Francia, siendo allí detenido por la Gestapo sin que, sin embargo, fuera entregado a los franquistas.

  

Ildefonso Puigdengolas Ponce de León

Coronel de Infantería. Había mandado el Cuerpo de Seguridad y Asalto. Actuó enérgicamente al mando de columnas de milicianos en el ataque a Alcalá de Henares y Guadalajara. Posteriormente, actuó en la defensa de Badajoz, de donde pudo escapar a Portugal. Regresó a la Zona republicana y el 30 de octubre de 1936, encontrándose peleando en el sector de Illescas, muere a consecuencia de las heridas recibidas.

 

 

Nota: Comentario sobre Puigdengolas aparecido en la lista Tinet: 

La fuente más directa que tenemos para saber qué pasó con Puigdengolas, por encima de Guillermo Cabanellas o Manuel Rubio Cabeza, son las memorias de Ángel Lamas Arroyo, testigo presencial de lo ocurrido como ayudante del coronel que era. Y lo que cuenta es simple: Puigdengolas fue asesinado por sus propios hombres después de herir a un soldado y de matar a bocajarro personalmente a un capitán de las milicias republicanas que se retiraba con sus hombres de la posición asignada. Según el mismo autor no era la primera vez que actuaba así con los milicianos, que lo consideraban un "faccioso". Esto ocurrió cerca de Parla. Sin embargo, estas memorias ("Unos y otros") publicadas por Caralt en 1972 plantean ciertas dudas. No resulta muy tranquilizador leer a renglón seguido de la narración de la muerte de Puigdengolas lo siguiente: "No sentí la intensa indignación que por un crimen semejante, en relación con mandos de mi Ejército (sic) de siempre, sentido hubiera; ni admití la obligación de hacer causa común con los otros oficiales, en contra de la soldadesca. Puesto que no era jefe mío y de mi bando la víctima y sólo pasajera y circunstancialmente me hallé a su lado" (p. 92). Si alguien tiene datos sobre Lamas Arroyo, que parece ser la fuente de la que todos han bebido para esta historia, me gustaría conocerlos. Sinceramente, aunque factible, resulta poco fiable esa historia, en ese tono, en el 72 y en Caralt. La Biblioteca Nacional posee tres obras más de este hombre: "Fuerzas Morales: Conferencias" (Capitán Lamas, Academia Militar de Toledo, 1934), "Gibraltar" (Bilbao, 1968) y "Los muertos hablan" (Ed. del Autor, 1980). Por lo demás, sabiendo la tremenda frustración que supuso para los golpistas no hacerse con el coronel Ildefonso Puigdengolas para asesinarlo en Badajoz, ¿no representa acaso esta versión la venganza definitiva sobre la memoria de un militar al que odiaban desde 1931? El caso es que parece que lo han conseguido...

Manuel Quesada del Pino

Comandante de Estado Mayor y jefe de Seguridad y Asalto en la jefatura de La Coruña. Las fuerzas a su mando se dividen, ya que unas apoyan a los sublevados y otras al Gobernador Civil. El comandante Quesada del Pino dirige, junto con el Gobernador, la defensa de los escasos baluartes que se oponen a los sublevados. Promediada la tarde del lunes 20 de julio de 1936, cesa toda resistencia y el comandante Quesada del Pino es detenido por soldados del Regimiento de Zamora 8 y poco después asesinado.

Nota: Era de la promoción de Vicente Rojo.

Gregorio Ramírez

Mayor de milicias en la 9 Brigada Mixta que tomó el mando tras la heroica muerte del mayor Matías Yagüe en la Sierra de Pandols durante la batalla del Ebro. Ramírez mandó la brigada hasta el final de la guerra, y es de destacar la férrea defensa de sus posiciones que la 9 brigada hizo bajo su mando durante toda la retirada de Cataluña, destacando en la zona de Aspe, la acción de los sirvientes de la batería antitanque, que destruyeron doce blindados italianos del CTV, parando la ofensiva de este cuerpo en seco durante varios días.

Vicente Ramírez

Teniente de navío que se encontraba, al iniciarse la Guerra, al mando del submarino C-2, en la Base Naval de Cartagena. Se mantuvo fiel al Gobierno de la República y se opuso a la sublevación militar. Al término de la lucha era jefe del Estado Mayor. Decidió embarcarse, junto a otros jefes, cuando los restos de la Escuadra levaron anclas en Cartagena para fondear en la base francesa de Bizerta.

José Recalde Vela

Militante del PCE, que se alistó al Ejército Popular llegando a alcanzar el grado de mayor de milicias. Recibió el mando de la 52 Brigada Mixta durante breve tiempo pues fue destinado al frente Norte, donde mandó la 13 Brigada Asturiana.

Antonio Rexach Fernández Parga.

Capitán de aviación que conspiró contra la Dictadura de Primo de Rivera y desafió al hijo de éste, José Antonio. Participó en el ataque al Cuartel de la Montaña y en las jornadas iniciales de la Guerra. Se marchó al extranjero en circunstancias que fueron muy criticadas en ese momento. Murió en el exilio, que compartió entre Cuba, los Estados Unidos y México.

José del Rey Hernández. 

Guardia de asalto perteneciente al Cuartel de Pontejos, que viajó en el camión 17 y participó en la detención y asesinato de José Calvo Sotelo. Era escolta de la diputada Margarita Nelken.

Nota: Fusilado en Madrid según el estudio de Mirta Nuñez y Antonio Rojas del libro de inscripción de defunciones del Cementerio del Este de Madrid.

Felipe del Río

Obtuvo el título de piloto militar durante su servicio militar en Cuatro Vientos el año 1933, antes de incorporarse ya era piloto civil. La sublevación le sorprende de vacaciones en su tierra natal, Cantabria, e inmediatamente comienza a prestar servicio en misiones de bombardeo tanto sobre objetivos en Burgos, Oviedo o Vitoria, como sobre la línea del frente franquista. Al llegar a Bilbao los aviones de caza soviéticos I-15, los populares Chatos, es incorporado a la Escuadrilla Vasca radicada en Lamiako, donde tuvo una actuación destacada en los combates contra los aviones de la Legión Cóndor alemana. Tras sucesivos ascensos llega al grado de capitán, y es nombrado jefe de la Escuadrilla en febrero de 1937. En abril fue derribado por error por las defensas antiaéreas del destructor republicano “José Luis Díez”, aunque según otras fuentes lo fue por fuego de los aviones alemanes, cuando volaba en misión de protección del puerto de Bilbao. Tenía tan sólo 21 años, ocho victorias aéreas en su haber, y era considerado un auténtico héroe popular entre la población de Bilbao.

Fuente: Felipe Peña

Luis del Río Díaz.

Nacido en 1900, trabajó en la Fábrica de Armas de Trubia hasta su depuración en 1934. En 1935 ganó una plaza como Administrativo en el Ministerio de la Guerra en Madrid. Al comenzar la Guerra Civil es militarizado y se le otorga el grado de Capitán. Queda destinado en la Presidencia de la República y se desplaza con ésta y sucesivamente a Valencia, Barcelona. Pasa a Francia con el resto de refugiados españoles en 1939, siendo internado en el campo de concentración de Argéles Sur Mer. Al término de la Segunda Guerra Mundial solicita el visado para emigrar a Argentina pero se le deniega por motivos políticos dado su pasado comunista. Logra ser aceptado en Venezuela donde residirá trabajando como contable en Caracas, hasta su muerte en 1978.

Fuente: Sirio Valdés del Río

 

 

Ruperto Riobóo Llobera.

Comandante de Infantería y ayudante del general Molero, jefe de la VII División. En la noche del 18 de julio, al intentar el general Saliquet tomar el mando de la VII División, Riobóo actuó en defensa de su jefe e hizo fuego con su pistola. Herido gravemente por quienes acompañan a Saliquet, falleció poco después.

José Riquelme y López Bago.

Riquelme, escuchando el informe de pastores extremeños pasados a la zona republicana.

Nació en Tarragona el 31 de agosto de 1880. Era un militar africanista y experto arabista con profundas simpatías republicanas. Combatió en África durante la dura guerra del Rif, siendo coronel. Tuvo gran protagonismo en la reconquista del territorio tras el desastre de Annual. También tuvo enfrentamiento con el conocido espadón Sanjurjo, con motivo de las críticas de militares conservadores al expediente del general Picasso que Riquelme defendía. Por motivos parecidos fue pasado a la reserva hasta que a la llegada de la II República fue ascendido a general y puesto al mando de la III División en Valencia, pasando luego a la II en Sevilla. En el bienio negro fue cesado con otros muchos militares republicanos. Al inicio de la Guerra Civil, se le puso al mando de la I División Orgánica, es decir Madrid. Tuvo fortuna en Madrid contra la fuerzas de Mola, pero en los valles de Guadiana y del Tajo, sus fuerzas fueron rebasadas, en varias batallas decisivas, Badajoz, Mérida, Oropesa y Talavera que dejaban expedito el camino a Toledo y por ende a Madrid. Su posición resultaba insostenible y el nuevo gobierno de Largo Caballero lo cesó, tomando el relevo el coronel José Asensio Torrado que no es que se hubiera cubierto de gloria precisamente. Tras un periodo sin destino y sometido a investigación, recibió finalmente el puesto de comandante militar de Barcelona. Se exilió a Francia y murió en Paris a los 91 años.


Reseña de Cristobal Zaragoza:

Este viejo militar —tenía cincuenta y seis años al empezar la guerra— había hecho su carrera en África y se caracterizaba por sus ideas democráticas y su republicanismo. En 1921, siendo coronel y jefe de la Policía Indígena, tras el desastre de Arruit se pronunció por que el expediente Picasso llegara hasta el fin para depurar las responsabilidades, por muy altas que fueran las personas que cayeran. Su polémica con el general Sanjurjo llegó a tal extremo que estuvieron a punto de batirse en duelo, pero todo se resolvió con la destitución de Riquelme del cargo de jefe de la Policía Indígena. En 1924 tomó parte en la conquista de Tetuán. Enemigo de Primo de Rivera, ya que Riquelme era partidario de un régimen de libertad y de la penetración pacífica en África, forma parte del consejo de guerra que juzga a Sánchez Guerra con los generales Fernando Berenguer, López de Roda, Ceferino Pérez y Manuel García Benítez. Riquelme, ya general, es el primero en votar por la absolución del acusado, que en efecto queda absuelto por sentencia dictada el 28 de octubre de 1929. Era el primer golpe serio contra la Dictadura. Al proclamarse la República y volver a la actividad los generales pasados a la reserva durante la Dictadura, el general de brigada José Riquelme pasa a ocupar la Capitanía General de Valencia. Azaña lo mantiene alejado momentáneamente, aunque no tardará en convencerse de su lealtad. Cuando Gil Robles consigue de Lerroux el ministerio de la Guerra designa a Franco como jefe de Estado Mayor con plenos poderes. Franco remueve los altos cargos militares, separando del mando a los republicanos; uno de los generales que cesa en su cargo al frente de la III división orgánica en Valencia es Riquelme. Con el triunfo del Frente Popular no mejorará mucho su suerte: está ocupando un cargo burocrático, el de vocal del Consejo Militar de las asambleas de las órdenes militares de San Fernando y San Hermenegildo. El viejo general se resigna. Al producirse el levantamiento, siendo ministro de la Guerra el general Castelló, Riquelme es designado el 20 de julio jefe de la I división orgánica, por destitución del general García Antúnez. Combate en la Sierra y defiende el Guadarrama sustituyendo al coronel Castillo, que muere en combate. El 6 de agosto del mismo año es nombrado jefe del Teatro de Operaciones del Centro; le sustituye en la división el hasta entonces ministro de la Guerra, general Castelló. Pero empiezan los reveses. Sufre un descalabro en Oropesa, que cae en poder del enemigo. Lo mismo le sucede en Talavera de la Reina, conquistada el 3 de septiembre. Infructuoso es asimismo el ataque que dirige para rendir el Alcázar de Toledo. Riquelme es desposeído del mando y procesado. Durante un tiempo se mantiene alejado de los puestos de responsabilidad en espera de ser juzgado. Finalmente, cuando los nacionalistas rompen el frente por Vinaroz (15 de abril de 1938), es nombrado comandante militar de Barcelona tras haberse visto su causa, que se resuelve en su favor. Se mantiene en este puesto bastante oscurecido hasta el final, en que es sustituido por Brandaris de la Cuesta. Se exilia en Francia y muere en París, a los 91 años, en enero de 1972.

Riquelme en sus tiempos de la guerra de África (x).

Ambrosio Ristori de la Cuadra

Ristori, en el frente de la Sierra y a la sazón Ayudante del Ministro de la Guerra, con el político socialista francés, Faure y la diputada Nelken.

Ristori con miembros de la Guardia de Asalto tras tomar Guadalajara y reducir la rebelión de los militares del Regimiento de Aerostación

Ristori retirando de la carretera los camiones que habían puesto como barricadas los rebeldes del regimiento de Aerostación de Guadalajara

Comandante de Infantería de Marina; ayudante de José Giral cuando éste fue jefe del gobierno a finales de julio y agosto de 1936. Tuvo destacada actuación al iniciarse el Alzamiento. Fue el hombre fuerte que consiguió en el Ministerio de Marina que las clases y marinería permanecieran fieles a la República contra órdenes de sus jefes rebelados. Así incorporó gran parte de las unidades navales a favor del Gobierno. Resultó muerto en el otoño del mismo año en la sierra de Madrid.

Nota: Se le concedió la Laureada de Madrid.

Luis Rivas Amat

Mayor de milicias que fue comandante de la 100 BM, la 101 BM en Brunete y Teruel y la XII B.I. y la 45 División Internacional en el Ebro. Se demostró excelente jefe de unidad. Durante su estancia en la 46 División palió la falta de capacidad de su jefe Valentín González.

Joaquín Rodríguez López

Tras la batalla de Belchite, el mayor de milicias Joaquín Rodríguez López recibió el mando de la 9 Brigada Mixta en sustitución del mayor José Montalvo Millares. Rodríguez mantuvo el mando hasta después de las retiradas de Aragón, donde la brigada fue de nuevo reorganizada.

Joaquín Rodríguez Mantecón

Coronel de Carabineros. Fue juzgado  en el segundo juicio por la sublevación de Jaca en diciembre de 1930 por negligencia y se le condenó a seis meses de arresto. Con la República fue nombrado Subsecretario del Ministerio de la Guerra de Carabineros y ascendido a General de Brigada para este cargo, aboliendo así la antigua Dirección General de Carabineros que pasó a Instituto. Sustituyó al traidor Queipo de Llano al frente de Instituto en julio de 1936. Falleció en Valencia en julio de 1937

Miguel Rodríguez Pavón.

 El 18 de julio estaba destinado en la sección cartográfica del Estado Mayor Central del Ministerio de la Guerra. No estaba en el meollo de la conspiración militar pero sabía perfectamente lo que se preparaba. En septiembre se le ordenó incorporarse como oficial de Estado Mayor a la columna de Burillo en Toledo. Con toda la repugnancia que le causaban los milicianos, ordenó abandonar Maqueda, dejando al coronel Asensio en mala situación con su recién valedor Largo Caballero. Por este motivo, se dice que Asensio amenazó con fusilarlo, pero se limitó a enviarlo a Madrid a disposición de la Comisión de Clasificación que lo clasificó como "disponible gubernativo" en espera de otra peligrosa inspección que podría dejarle como "Desafecto a la República" que podía entrañar riegos físicos. El corporativismo entre militares profesionales funcionó y en noviembre, Vicente Rojo lo destinó, nada menos que a la Primera Brigada Mixta bajo las órdenes de Líster, lo que era un regalo envenenado, pues en ese brigada si te pillaban en alguna traición, no se andaban con pamplinas. El caso es que Rodríguez Pavón se acobardó y se negó a incorporarse y se encerró en su casa. Nadie lo detuvo ni le prendió por esta grave falta en tiempos de guerra. Miaja acudió en su socorro, ¡menudos contactos los de este hombre!, y lo declaró disponible forzoso en vacante del Estado Mayor del Ejército del Centro, con puesto y sueldo pero sin tarea alguna. Un chollo. En febrero de 1937, el desatino fue todavía más lejos, Rodríguez Pavón es nombrado jefe de la Sección de Información del Estado Mayor del Ejército del Centro, que ya se está constituyendo en nido de serpientes franquistas. Rodríguez Pavón, se siente entonces seguro y conecta con el SIPM y la Quinta columna, uno de cuyos jefes, Delgado Cros, ¡asómbrense ustedes! también servía en el Estado Mayor del Ejército del Centro. Rodríguez Pavón no ingresa en la organización clandestina rebelde, pero se compromete a dejar hacer, y a ocultar y proteger a militares desafectos y civiles derechistas. También colaboró en el paso a la otra zona de militares desafectos. El SIM republicano le seguía los pasos, pues sus actividades eran escandalosas en el Estado Mayor. Y a Miaja no le quedó más remedio que cesarlo en agosto de 1937, pero impidió su detención. Lo que dice mucho de la corte de Miaja y poco y mal del SIM republicano y del recién estrenado Gobierno Negrín. Le fue luego ordenado incorporarse al Estado mayor del IV Cuerpo del Ejército del Centro, pero Rodríguez Pavón no se encontraba muy seguro de la protección que en esa unidad iba a recibir, y sin dudarlo fingió una grave enfermedad que probablemente le certificaron los médicos militares, que como él, también simulaban servir al Ejército Popular, pero servían en realidad al ejército franquista. Los expertos dicen que esta práctica era muy corriente entre médico militares en la linde de la lealtad. Al parecer el tribunal médico militar estaba compuesto de traidores afiliados a la Falange clandestina, que con total impunidad ejercían estos sabotajes a plena luz del día pues contaba con los favores de importantes militares leales. En el comisariado y en el SIM republicano se desesperaban. Cuando Casado requirió los servicios de Rodríguez Pavón para su asonada, le faltó tiempo para presentarse, cuadrarse (con la mano abierta) y ponerse a la faena. Pero cómo sabemos, Roma no paga traidores, y los franquistas se las hicieron pasar canutas condenándole a 20 años y un día, pese a todos sus avales. la pena le fue conmutada a seis años y un día como era de esperar y fue indultado en 1940.

Vicente Rojo Lluch

Era comandante y había sido profesor de Táctica en la academia de Toledo, gozando de general respeto por su capacidad. Sirvió en el EM reformado de Largo Caballero; fue jefe de EM de la Defensa de Madrid y en mayo de 1937 fue nombrado jefe de E.M. del Ejército de Tierra, siendo en calidad de tal, autor de los planes de combate de las principales batallas en que estuvo implicado el ejército republicano. En quince meses pasó de comandante a general. Después de la derrota de Cataluña se mostró renuente a regresar a España y dimitió de su cargo. Tras haber transcurrido muchos años exiliado en América Latina, regresó a España en 1957, siendo procesado y condenado a 30 años. Naturalmente fue indultado. Pero 20 años después de la guerra que se le tratara así, le afecto mucho. Falleció en 1966.

Los puntos fuertes del general Vicente Rojo son su lealtad temprana al legítimo gobierno de la nación, pese a su personal ideología conservadora, su capacidad de trabajo para revertir la desfavorable situación militar gubernamental, y sus lúcidos análisis e informes que envió a sus superiores en el Ejército y que, bien es cierto, fueron poco atendidos.

Sus puntos flojos son precisamente las faltas que cometió contra esta lealtad, permitiendo el anidamiento en los Estados Mayores del Ejército Popular y en otras instituciones militares de retaguardia, de militares profesionales completamente desleales al gobierno que terminarían colaborando con la Quinta Columna. Situación que Rojo conocía perfectamente y que permitió en todos los Estados Mayores donde ofició. Rojo, como se dice habitualmente, miró para otro lado y siguió con su valioso trabajo personal minusvalorando los efectos de la traición, el espionaje, la desafección y el derrotismo en el Ejército Popular. Sus planes llegaban antes al franquista SIPM que a los Estados Mayores republicanos. Se sabe que desde los tiempos de su permanencia en el Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Madrid, que uno o varios oficiales desafectos ponían un calco más en su máquina de escribir para entregar una copia a la Quinta Columna madrileña (1).

Otro punto flojo fue no detener la derrotista deriva del Grupo de Ejércitos del Centro, donde cada vez tenía menos autoridad, y donde compañeros de la milicia a los que tenía afecto se entregaban a la Quinta Columna con mayor o menor descaro. Tampoco evitó nombramientos que perjudicaban a la causa republicana, como el de Casado al mando del Ejército del Centro, personaje del que Rojo abominaba y del que sabía a ciencia cierta las desgracias que acarrearía dar mando a semejante resentido. De este modo, esta perjudicial laxitud de Rojo contribuyo a la derrota política del Ejército Popular, derrota anterior a la militar, y que cualquier analista militar puede detectar perfectamente en las actitudes derrotistas de las jefaturas y Estados Mayores del Grupo de Ejércitos del Centro.

Finalmente, Rojo, tras el paso a Francia de los restos del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental, se negó a cumplir la orden de Negrín para regresar a la zona Centro. Según interlocutores sus repuestas a esta cuestión fueron variadas, desde que no se tiraría por las ventana por mucho que se lo mandaran, hasta que había que quedarse para ocuparse de los miles de soldados del Ejército Popular en malísima situación en los campos de internamiento francés. Respuesta, ésta última un tanto deslucida teniendo en cuenta la situación de medio millón de combatientes republicanos que sí lo tenían verdaderamente crudo si la República se rendía sin condiciones. Y que además chirría con sus declaraciones en "Alerta los pueblos", meses después, donde reconoce que le sentó como un tiro que Lister, Modesto, Tagüeña y otros mandos que habían servido a sus órdenes volviesen a la zona Centro sin que nadie le consultase, y que Preston señala con justeza en su libro "El final de la guerra"

(1) Para estas afirmaciones conviene consultar los últimos estudios de los historiadores Viñas y Hernández, "El desplome de la República", Preston, con "El final de la guerra", y Bahamonde "Madrid, 1939, La conjura del Coronel Casado"

 


Reseña de Cristobal Zaragoza:

Nació en 1894 y muy niño quedó huérfano de padre, un sargento del Ejército colonial. Su instrucción primaria transcurre en la fría rigidez de un colegio para huérfanos de militares. Ingresa luego en la Academia General de Infantería de Toledo, de la que más tarde sería profesor. Tomó parte en la guerra de Marruecos, breve paréntesis casi obligado para los hombres de armas de la época. Pero la verdadera afición de Rojo eran los libros, de texto y de historia y táctica militar, por lo que pronto se incorporó como dejamos dicho a la Academia de Toledo. Al mismo tiempo siguió los cursos de Estado Mayor. Políticamente no es un exaltado. Si creemos a Largo Caballero, Rojo sería de la UME (Unión Militar Española), una asociación de jefes y oficiales monárquicos. Su ficha sería destruida por Miaja, junto con la suya, durante las primeras semanas de la contienda. Al inicio de la guerra era comandante y, a pesar de sus antecedentes más o menos monárquicos, fue uno de los puntales más sólidos con que contó el Ejército de la República. Para Julián Zugazagoitia fue el más caracterizado, «el mejor» de los colaboradores de Miaja. Hidalgo de Cisneros expresa su admiración por él con las siguientes palabras: «En aquellos días [se refiere a los primeros del levantamiento en Madrid] me di cuenta de su gran valor como jefe militar, de su sangre fría en situaciones gravísimas y de su plena lealtad a la causa de la República. Es decir, me produjo una impresión francamente buena. Más tarde, por los puestos que ocupábamos, tuvimos que colaborar constantemente (él era oficialmente jefe del Estado Mayor, pero en realidad, hasta el fin de la guerra, fue el verdadero jefe del Ejército), y puedo asegurar que cuanto más le iba conociendo, más me gustaba como persona y como militar.» Escritor, profesor de táctica, director de una revista militar y autor de varios tratados sobre materias relativas a su especialidad, Rojo sobresale por su capacidad organizadora. Medita la orden que tiene que dar y la da con precisión y energía. Para Miaja, que sigue a pies juntillas sus disposiciones, es uno de los «sabios», de los que «lo saben todo y nunca se equivocan». Lo dice con cierta socarronería, propia de su carácter, pero lo cree. Según Ramón Salas, que no parece demostrar excesiva simpatía por él, Rojo es un temperamento vacilante y desconfiado. Lo que no se le puede negar es la gallardía. En el verano del 36, en Lozoyuela, le dice de pronto al comunista Castro Delgado, responsable del Quinto Regimiento: «Yo soy católico, apostólico y romano.» El otro debió de mirarle perplejo, y Rojo se explicó: «Pero estoy a las órdenes de un Gobierno legítimamente constituido, aunque no esté de acuerdo con él, ¡aunque esté contra él desde el punto de vista católico y político!» Castro Delgado exclamó: «¡Usted debería estar con ellos!» Y Rojo se encogió de hombros: «Pero estoy con ustedes.» Castro comprende en seguida el valor que representa para los comunistas contar con un jefe de Estado Mayor católico practicante, de cara a la galería, aunque no consiguió que le confiase, al menos, su republicanismo. Mientras combate al frente de una columna en Somosierra, la milicianada saquea la casa de Rojo en Toledo, ciudad en la que se ha hecho fuerte Moscardó en el histórico edificio del Alcázar. Rojo parlamenta con el coronel Moscardó y sus antiguos compañeros de armas. Invitado por éstos, se niega a unirse a los defensores. Accede, sin embargo, a la petición de enviarles un sacerdote, y se designa para ello al canónigo Enrique Vázquez Camarasa, de la catedral de Madrid. En noviembre, cuando el Gobierno de la República se traslada a Valencia, es nombrado jefe de Estado Mayor de Miaja, el general bonachón que sabe rodearse de excelentes colaboradores. Cuenta para la defensa de la ciudad con 13.700 hombres en primera línea y unos 10.000 más en reserva; el enemigo dispone de más de 30.000 atacantes. Es un momento de tensión, de angustia. Corre el rumor de que el bastión defensivo del extrarradio está a punto de caer de un momento a otro. Incluso se da la fecha exacta de la ocupación. Pero en la noche del 7 de noviembre cae en poder de Rojo un detallado plan de campaña para el día siguiente, al ser apresado un oficial que lo llevaba consigo. El enemigo se infiltraría en la capital atacando por la Casa de Campo y progresando por el Manzanares, hasta ocupar una base o cabeza de puente entre el Cuartel de la Montaña y la Cárcel Modelo. El documento encontrado en poder de este oficial nacionalista impedirá que caiga Madrid. Se refuerza el sector el día 8, al tiempo que desfilan por las calles de la ciudad sitiada los primeros contingentes de las Brigadas Internacionales, al mando de Kléber. Rojo urge a este general para que con la brigada XI entre en fuego la noche del 8 al 9. Se resiste éste alegando que no ha recibido órdenes del Ministerio de Defensa, pero accede llegadas éstas. Los choques entre Rojo y el general soviético no han hecho más que empezar. Esa noche a la que acabamos de referirnos Madrid es un infierno. Las unidades que entran en combate se desgastan rápidamente a causa de la violencia e intensidad de los mismos. Pero los rebeldes no consiguen entrar. El 26 de noviembre, quizá celoso por la popularidad alcanzada por Kléber al frente de los internacionales, en quienes muchos madrileños ven a los salvadores de la capital deslumbrados por la propaganda comunista, Rojo eleva a Miaja abundantes quejas contra el general soviético, que parece despreciarle olímpicamente. Finalmente Kléber es alejado de allí y retirado del mando hasta bien entrado 1937, en que se hará cargo de la XII brigada internacional a la muerte de su jefe, Lukács. Ha transcurrido menos de un mes desde que se iniciaran los ataques frontales a Madrid, cuando, el 19 de noviembre, Miaja, su defensor, y a la sombra de éste su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel Rojo, anuncian a la prensa la buena nueva: la capital de España se ha salvado. De momento, es inexpugnable. Pero la batalla de Madrid no ha hecho más que empezar. Ahora se trata de alejar el frente e intentar la ruptura del cerco. Rojo monta la operación Brunete, para lo cual busca el asesoramiento de los soviéticos —concretamente le hace el ruego a Rodion Malinovski— de mayor prestigio. Se trata, además, de obligar al enemigo a distraer fuerzas del Norte, demorando el avance sobre Santander, ya que Bilbao ha caído el 19 de junio. El infierno de Brunete, donde bajo el sol y el fuego arden la tierra y los hombres, se prolongará desde el 6 al 25 de julio. Como batalla, quedará en tablas, aunque desde el punto de vista estratégico constituya un fracaso: Santander cae el 20 de agosto. Belchite es una batalla de características muy parecidas a la de Brunete, de idénticos resultados, con los mismos fallos. El principal, quizá un fallo de la táctica de Rojo, al que habría que añadir la debilidad de Miaja, que se niega a distraer los hombres que tiene empeñados en la defensa de Madrid. Prieto se queja ante Azaña de que en Belchite se han cometido los mismos errores que en Brunete «a cargo de la misma gente». Líster le echa toda la culpa del fracaso a Rojo, si bien solapadamente, por agotar las reservas en el ataque a Belchite y no intentar la penetración por la franja de más de treinta kilómetros que separan este pueblo de Codo, mal defendida por el enemigo. Desde el punto de vista táctico, las operaciones de Aragón tienen «un atractivo extraordinario» para Vicente Rojo: la conquista de Zaragoza o, en su defecto, su amenaza constante. Estratégicamente se trataría de frenar el avance de los nacionalistas en el Norte. Los combates son de los más sangrientos de la guerra y la batalla constituye un fracaso, al decir del propio Rojo, ya que no consigue el objetivo principal, Zaragoza, y el mismo día de la conquista de Belchite por los republicanos los nacionalistas conquistan Santander. El 20 de marzo de 1937 Rojo asciende a coronel, tras el desastre sufrido por los italianos del CTV en Guadalajara. El 21 de octubre termina la campaña del Norte con la caída de Gijón. El mismo mes asciende a general (B. O. 254, del 22 de octubre de 1937). Después de la conquista de Teruel por los republicanos y de su pérdida, y tras la imparable ofensiva sobre Aragón a cargo de las tropas de Franco, sólo queda el último acto, la última gran batalla librada por Rojo: la del Ebro. En esta ocasión hay que evitar que caiga Valencia, que se salva en efecto, si bien a costa de las mejores unidades del Ejército del Ebro. Para entonces, las tropas de Alonso Vega han salido al Mediterráneo por Vinaroz (15 de abril de 1938) y dos meses justos después ha caído Castellón. Rojo concibe una operación que es pura artesanía en la táctica militar: una ofensiva en el Ebro, entre Mequinenza y Cherta, con fuerzas del general Hernández Saravia bajo el mando del jefe de la Agrupación del Ebro, Modesto. «La difícil maniobra a que nos habíamos aventurado —dice Rojo— tuvo una preparación minuciosa [...] Tenía la mira ambiciosa de alcanzar Gandesa, Batea, Valderrobles..., buscando una salida ofensiva al Ejército de Cataluña hacia el Sur, y ligar sus operaciones al Ejército de Levante; propósitos que la realidad de nuestras posibilidades iría restringiendo hasta conformarse en alcanzar el primer objetivo... y el cual había de lograrse del siguiente modo:

  • 1º Forzar el Ebro en dos zonas de paso.

  • 2° Alcanzar, por el norte, los montes de la Fatarella y por el sur las sierras de Pándols y Caballs.

  • 3° Reducir por envolvimiento la zona comprendida entre Aseó, Camposines, Benisanet y el río, con Mora de Ebro.

  • 4° Profundizar en las direcciones de La Fatarella-Villalba-Batea y Corbera-Gandesa-Bot.

  • 5° Como acciones secundarias: una al norte, entre Fayón y Mequinenza, para cortar las comunicaciones del frente adversario de norte a sur; y otra, al sur, en el sector de Amposta, para atraer la atención hacia la costa y facilitar la caída de la zona montañosa.»

Por aquellas fechas Rojo ya ha ascendido a general. Ha ganado la Placa Laureada de Madrid después del doble desastre, para uno y otro bando, de Teruel. Se lleva bien con los comunistas y con los republicanos, a pesar de que ambos saben, lo mismo que los anarcosindicalistas, que tiene sobre su mesa de noche un crucifijo. Su prestigio, y el de Miaja, no tiene límites. Se le permite intentar la gran aventura del Ebro, que pudo haber cambiado la suerte de la guerra. Y el 25 de julio de madrugada el XV Cuerpo de ejército, al mando de Manuel Tagüeña, cruza el Ebro. La operación, planeada minuciosamente por Modesto, es impecable, como lo sería la retirada, a cargo de Tagüeña, cuando las vanguardias nacionalistas cruzan de nuevo el río por Flix y Ribarroja y finaliza la batalla más sangrienta de la guerra de España, que costó más de treinta mil hombres y acabó con el ejército más combativo de la República. Rojo ha salvado Valencia, pero ha decidido la suerte de Cataluña y de la guerra. El 26 de enero de 1939, Azaña y el jefe de Gobierno, Negrín; se entrevistan con Rojo en el castillo de Perelada. El informe que da el jefe del Estado Mayor no puede ser más objetivo y, en consecuencia, más pesimista: la guerra se ha perdido irremisiblemente. Aunque la zona Centro se conserva, no existen posibilidades de defensa, privada como está la República de industria pesada, de alimentos, de material bélico, de hombres, de ilusiones... Rojo sugiere a Negrín la rendición para ahorrar vidas humanas. Negrín se niega por varias razones. Sin embargo, cuando el general visita a Azaña en la Embajada de España en París, afirma todo lo contrario: la guerra debe continuar, puesto que en el Centro existen posibilidades todavía. Azaña dimite sin atender a razones. Rojo se indigna y se dispone a incorporarse a su puesto en Madrid. Todo parece dispuesto en París para emprender el viaje a España, y de repente decide quedarse, posiblemente al conocer la sublevación que prepara Casado.

De 1939 a 1957, en que vuelve a España, vive un destierro tal vez atormentado a causa de sus escrúpulos. Por último, vuelve a España y muere en Madrid en 1966. Al parecer, y según Carlos Rojas, un domingo de este año de 1966, «camino del cementerio su entierro se cruza con la comitiva del general Franco, que iba a los toros». Rojo es autor de Alerta los pueblos (Aniceto López, Buenos Aires, 1939); Así fue la defensa de Madrid (Ed. Era, México, 1967) y la ya citada España heroica. Diez bocetos de la guerra de España (vid. nota 64).

(Lea la reseña de Cristóbal Zaragoza con reservas. Maneja demasiados tópicos de propagandistas)

Manuel Romerales Quintero.

General de Brigada de Infantería y jefe de la Circunscripción Oriental de Marruecos. En marzo de 1936 cesó en el cargo de Jefe de la Comandancia Militar de Navarra, en el que lo sustituyó el general Mola. Por orden de Azaña fue llevado a aquel cargo, en el que procuró mantener disciplina y contacto con una oficialidad rebelde. En la tarde del 17 de julio, el general Romerales era detenido en Melilla y poco después juzgado por Consejo de guerra y fusilado.

Luis Romero Basart.

Teniente coronel de Infantería, jefe del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache 4. Escapó a la zona francesa. Actuó con los republicanos. Al terminar la Guerra se expatrió. En 1942 regresó a España, fue condenado a 12 años de prisión.


Reseña de Cristóbal Zaragoza:

Nació en Cuba, donde el padre, procedente de tropa, era teniente de la Guardia Civil. Africanista, jefe de Regulares en Larache antes de pasar al cuerpo de Aviación, fue un hombre de profundas convicciones anarquistas y aficionado al periodismo y la literatura. El 18 de julio estaba destinado en Ceuta y se opuso a los sublevados escapando al Marruecos francés, desde donde se trasladó a la península. En Madrid, debido a sus conocimientos teóricos, se le destina a la oficina de mando de Aviación. Ya ascendido a coronel, pasa a desempeñar el cargo de comandante militar de Málaga, pero al parecer choca con los mandos militares. Es trasladado de nuevo a la jefatura de operaciones aéreas de Madrid, de la que toma posesión a primeros de diciembre de1936. Inmediatamente inicia una labor asidua en la prensa: artículos revolucionarios de un contenido anarquista a veces bastante personal. En julio de 1937 Prieto lo expulsa del Ejército (D. del 12 de agosto), acusado de abandonar su puesto en el frente de Madrid. Se traslada a Barcelona, donde actúa como asesor militar de las milicias de la CNT. Al final de la guerra se exilia a Francia. Vuelve a España en 1943 y es condenado a cadena perpetua por un tribunal militar. Su hermano Pedro fue segundo jefe del Alcázar de Toledo. A él se debe en buena parte la leyenda del Alcázar.

Carlos Romero Giménez

Coronel Romero (Cortesía familia)Se había retirado del ejército, pero reingresó al estallar la guerra. Romero era un militar de amplia experiencia bélica en África y de mando valiente y expeditivo. Primero mando una columna en el Puente de los Franceses con el grado de comandante. Allí fue felicitado y ascendido por el propio Miaja en los días de la verdad de noviembre de 1936 en la batalla de Madrid, donde los supuestos héroes de la prensa se disolvían como azúcar y los verdaderos permanecían en silencio, dándolo todo, como es el caso de Romero. Tras la formación de la 4 Brigada Mixta mandó primero el batallón inicial y luego la brigada misma.  Posteriormente mandó la 6 División y el II Cuerpo. En el Ejército de Levante estuvo al mando del XIII Cuerpo. Ascendió a coronel el 5 de mayo de 1938. Fue gobernador militar de Barcelona durante breve tiempo antes de su caída en 1939. Ya en Francia fue detenido por la Gestapo y llevado a un campo del que se escapó pudiendo llegar a Méjico. Escribió un libro de memorias.

 

 

 

 

 

 

 


Nos escribe el nieto de Carlos Romero (del  mismo nombre) para decirnos que:

Mi nombre es Carlos Romero, vivo en México y tengo 28 años. Soy descendiente directo (nieto) del coronel Carlos Romero Jiménez. Pues resulta que fue capturado por la GESTAPO, escapó después de 36 días y se exilió a México.

Romero en Melilla en 1921 (Cortesía familia)

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